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Villa de Sariñena


Sariñena villa inmortal, inconmensurable de tiempos pretéritos, noble historia, pasado, presente y futuro. Resistes imparable al tiempo, a la vera del Alcanadre que nos brinda su paso con sus aguas entrecortadas, badinas, ripas y frondoso y bello soto. Resistes, al igual que la altiva ermita de Santiago, fundada en tiempos por tu discípulo San Eufrasio, y permaneces erguida y entronada, con tu crucero, contemplando, con tu románica elegancia, la villa que tanto nos enorgullece, nos cuida y protege.

Contempla la ermita la huerta vieja, aquella que tanta hambre aplacó. Somos hijos de la huerta, de sus hortalizas y frutos, aunque seamos carnones, sariñenenses y sariñenensas somos hijas de la acequia Valdera y del Molino, de las jadas, jadicos y jadetas que tanto ahondaron la tierra y la hoz y dalla que tantos secanos segaron. Somos hijos del esparto, de los pastos y ganados que apacentaron tus agostadas tierras, encostradas y secas como una piel desnuda agrietada por la sed, de pastores de yermos y rabiosos secanos. Somos hijas de las Almunias, Cachicorba, las Ciquinaltas y Ciquinbajas, los Cajales y Corcullos, los Sasos, Presiñena o Puyalón, de Salaver, Miranda, Moncalvo, La Cenadilla y La Sandena, de las masadas, casetas, parideras y balsas, del barranco Malfaras y el Gallipuente. Somos hijos de la vid, las almendreras y oliveras, de las higueras, las manzaneras, minglaneras y pereras, de nuestros abuelos y abuelas. De los campos roturados, despedregados, de la transformación y modernización de regadíos, felizmente fértiles, regados con aguas del canal que tanto dolor causaron y la lluvia que tanto rogamos, Virgen de las Fuentes.

Somos hijas del cierzo, del bochorno, la boira y la ontina y el sisallo, de la aliaga y el ababol, de la tamarizera y la rabosa, de la cardelina y el gurrión, del ciquilín y el esparvero, de la sabina y la carrasca, del albardín y el jabalí, del arraclán y la gripia, somos polvo y al norte los Pirineos. Somos la Isuela y su corriente chispeante, de su devenir y porvenir. Somos de la sierra callada, de la sierra Alcubierre que da nombre a nuestros oscuros montes de Los Monegros. Somos de los yesos, del salagón y las calizas. Somos hijos del mallacán, del arar y labrar, de cosechar un futuro que espiga como la cebada y el trigo y despunta como el panizo.

Sí, somos hijos del sol, aquel que implacable nos domina desde el horizonte, aquel que nos forja como tierra árida y se abre paso en la vida. Siempre con rasmia y sin reblar. Corazón ardiente en cada amanecer y en cada vibrante atardecer, con su paleta de colores en el cielo, de rojizos profundos que hacen arder al mismo cielo. Somos hijos de la noche, de un firmamento rebosante de estrellas y un universo deslumbrante.

Sariñena palpitante, de calles inquietantes, con sus cicatrices del pasado, con sus arrugas que esconden tantas historias de sus gentes, de su ir y venir, de una villa de fuerte impronta y seña de identidad. Somos hijos de la adoba, del tapial, del ladrillo, cañizos y tejares, de sillares de areniscas y pueblo herido de guerra que siempre ha sabido volverse a levantar. Somos de cada casa, con su propio apodo o mote.

De Aragón, tierra y villa, escudo rojo corazón, entre ramas de olivo y laurel, corona real y cinco escudetes señales de Aragón, dorada ballesta, cargada de ilusión por una tierra baldía hecha hogar y paisaje, con el esfuerzo y lucha de sus gentes; nuestra memoria y legado.

San Salvador, rondan entorno a ti joteros y joteras con voz valiente y brava, templada y fuerte, bailan y honran danzantes sus antiguas danzas y vibra Sariñena al son de la gaita que tanto furor aguarda, tanto como amor te profesamos, villa de Sariñena.

Sariñena azul y blanco, azul como su laguna, oasis de Los Monegros y blanco como la pureza de su gente, que en nuestro corazón llevamos bordada nuestra villa, la inmortal y siempre eterna villa de Sariñena. Zagales y zagalas, quios y quias, peñistas, la agrupación de Peñas y el Casino, la albahaca y la Virgen de Loreto, el melocotón con vino, la pañoleta y el fajín ¡Preta el codo gaitero! Que Sariñena vibra con tan solo sentir el rugir del bordón, la bordoneta y el clarín con piel de culebra. Que comiencen las mudanzas y los palos a entrechocar, los cascabeles a resonar, los danzantes y volantes con su cintas rojas y verdes, el diálogo entre el mayoral y el rabadán -la pastorada-, el duelo entre moros y cristianos, el rosco, los dichos, el degollau y el tarirán a nuestro patrón san Antolín.

Historia y tradición. Cultura en un pueblo de artesanos, del tonelero y el botero, el guarnicionero, carnicerías y todas las tiendas y negocios de siempre, de sus plazas llenas de risas, de correteos por sus calles, por las Barceladas, el Carmen, Castillo Alto, Corruncueis, el Enado, el Mercado, el Mercadal, el Portillo, la Ronda de San Francisco o el Muro, por los Cuadrones o el barrio de la Estación y su patrón San Jorge, con sus silos, harinera y estación ferroviaria, por camino las Torres, los Esquiñones o los Olivares, por las eras, placetas y replacetas, el pesquero o las fuentes de Villanueva, del Cántaro, del Matadero, del León o la fontaneta del Juez y a la fresca, en las noches de verano, mientras el Alcanadre pasa sereno y tranquilo y en sus orillas late este lugar que llevamos grabado en nuestros corazones, querida villa, villa de Sariñena.

De los sucesos acaecidos en la Villa de Sarinyena a finales del siglo XV


           

 Los hechos que a continuación narro, bien pudieron haber sucedido en la vieja villa de Sarinyena en un momento en el que la Edad Media daba sus últimos coletazos y se avecinaba la era de la modernidad y la razón. Por aquel entonces gobernaba el reino de Aragón el Católico Fernando II apoyado en la sombra por la Inquisición y su brazo secular. Mientras tanto los judíos soportaban su enésima persecución.

Por M.A Corvinos Portella.

   La noche del 14 de septiembre de 1485 fue asesinado en la Seo de Çaragoça Pedro de Arbués, primer inquisidor general del nuevo Tribunal del Santo Oficio del reino de Aragón. El crimen, instigado por la comunidad conversa zaragozana, motivó una dura represión contra los judíos alentada por el pueblo y se extendió por todos los confines del reino aragonés.

 Hasta la villa de Sarinyena llegaron los sobresaltos de la persecución y seguramente por esa circunstancia ocurrió un suceso a finales del año 1487 en el que se vio envuelto un judío converso llamado Johan de Santa Fe. Era comerciante de productos agrícolas y ganaderos que exportaba a Levante y también prestamista cuando surgía la oportunidad. El vigilante que lo denunció aseguraba haberle visto leer el Talmud, mudarse de ropa los sábados y por si fuera poco hacer el ayuno del Yom Kippur.

  Esas acusaciones en aquellos tiempos revueltos, generalmente terminaban como poco con la ruina de los presuntos acusados. Por este motivo, las minorías conversas debían ir con mucho cuidado con lo que hacían o decían puesto que si alguno de ellos era sorprendido en actitudes contradictorias sería catalogado de judaizante “ipso facto”. También solía haber denuncias falsas guiadas por intereses personales, denuncias que si se llegaba a revelar su falsedad no acostumbraban a tener consecuencias para el desaprensivo confidente.

  En el caso que nos ocupa, el delator era un “familiar” (así eran llamados los vigilantes de la pureza cristiana) a las órdenes del tribunal inquisitorial y daba la casualidad que dicho confidente tenía una deuda de 300 sueldos jaqueses a un interés del 8% con el denunciado.

  Avisado el Tribunal de la Inquisición de Çaragoça por el prior de Sarinyena, no tardó en dirigirse el Santo Oficio a la villa para analizar si la denuncia era conforme a delito o no y obrar en consecuencia.

  Era pues el primer viernes del undécimo mes del año del señor de 1487 cuando el inquisidor ordinario Martín García, maestro en Sancta Theología, canónigo de la Seu de Çaragoça, vicario de dicho Sancto Oficio de la Inquisición y amigo de Pedro de Arbués, se llegó hasta la villa con el fin de iniciar las indagaciones pertinentes y los trámites necesarios que en estos casos se llevaban a cabo.

  Serían la cuatro de la tarde cuando, entre la bruma habitual del invierno monegrino, apareció el cortejo por el camino que viene de Çaragoça y que divide en dos a la laguna de la villa. El inquisidor se hacía acompañar de un teólogo llamado Agustín Oliván, del asesor doctor en derecho Andrés Palacios, del notario Juan de Anchías por si fuese necesario registrar las propiedades del encausado, de un escribano, de dos sacerdotes dominicos y de dos alguaciles.

  Aquella inquietante comitiva fue recibida por el sonido acusador de las campanas de la torre; también por distintas dignidades eclesiásticas como Juan de Rebolledo, primogénito de los señores de Salas Altas y Salas Bajas, abad de Montearagón y de San Victorian; por el converso Sánchez prior del priorato de Sarinyena; por mossen Salvador Gómez vicario de San Salvador y por el resto de clérigos y racioneros.

  Entre las autoridades civiles estaban los jurados de la villa, los cuatro consejeros del concejo, el notario, el sobrejuntero y el lugarteniente del justicia.

  Y como espectadores curiosos y ávidos de presenciar aquel primer acto de la morbosa representación teatral que se avecinaba, se llegó un gentío que con sus antorchas iluminaba el mortecino crepúsculo.

  El viejo lavadero, que es abastecido por la acequia denominada Baldera, sirvió como punto de reunión para grupos tan dispares.

  Después de los besamanos, bendiciones y saludos preceptivos, todos juntos se aproximaron a los altos muros que protegen la villa y sin entrar en ella cogieron el camino de la izquierda que bordea la muralla aproximándose al arrabal de los moriscos que habitan en la calle denominada Meca.

  Llegados al citado barrio, la turbamulta giró a la derecha y se dirigió al viejo convento de los franciscanos, que se halla contiguo a la iglesia de Loreto y cuya fundación data de mitad del siglo XIII. Allí, los del Santo Oficio fueron recibidos por el superior y por sus veinte frailes menores conventuales con sus hábitos de color gris. Después de las salutaciones y de un breve oficio litúrgico, los inquisidores y demás acompañantes religiosos tomaron alojamiento en el cenobio, los laicos en alguna dependencia del castillo y el resto se fue cada uno a su casa comentando preocupados la experiencia vivida.

  Al día siguiente sábado, Martín García, hombre circunspecto y de mirada sagaz, mandó al alguacil que clavara en la puerta de la iglesia del Salvador (antigua mezquita reconvertida hacia el año 1.141) un requerimiento por el que conminaba a todo el pueblo (158 fuegos, el equivalente a unos 700 habitantes) a que asistiera a la misa dominical del día 6.

  Amaneció para los “pecadores” el citado día entre nieblas, miedos y malos augurios. También amaneció para los cristianos viejos que, a pesar de su contrastada pureza de sangre, no las tenían todas consigo. Y, por supuesto, amaneció entre los muros terrosos del convento franciscano después de que se cumpliesen los rezos de maitines.  

   Aposentada definitivamente la luz entre los mortales, no tardó en abrirse el portalón del Monasterio de San Francisco. Salieron los clérigos entre las miradas de los curiosos y, sin mediar palabra, se fueron colocando en orden preeminente antes de dar comienzo a la procesión. En primer lugar, y abriendo camino, se situaron los dos clérigos dominicos, uno portaba la Cruz Verde de la inquisición enlutada con velo negro por la tristeza que causaban a la iglesia los agravios de sus hijos y el otro con una antorcha recordando el fuego del infierno. Inmediatamente detrás se colocaron las figuras del legado del Santo Tribunal y la del abad de Montearagón, después el resto de representantes inquisitoriales y clérigos. Seis frailes del convento flanqueaban con antorchas a la comitiva que con paso ceremonioso se dirigió hacia su destino entre el soniquete de las plegarias y la fascinación que produce el incienso.

 Accedieron a la villa por la puerta norte de la muralla y se fueron adentrando por entre las callejuelas bien empedradas de Sarinyena que desembocan en la plaza que acoge al templo vicarial. El gentío expectante no perdía detalle del ceremonial que le ofrecían los eclesiásticos y seguía atónito las evoluciones de los ministros de Dios.

  Mientras la procesión discurría hacia San Salvador, las campanas bandeadas por Johan de Corrigel no cesaban de recordar a los fieles cuál era su obligación esa mañana. En las puertas de la iglesia estaban esperando: el vicario Mossen Salvador Gómez; los clérigos Mossen Belenguer Martín, Mossen Carcassén, Mossen Guillem Dolz y Mossen López Conesa; los 18 racioneros, entre los que destacaban Antonio Úrbez Reyner, Iosephi Mazuque, Antonio Mazuque (naturales de la villa y ordenados curas) y trece más; el Hermitanyo de Santa María de Las Fuentes; Pere Miguel hospitalero encargado del albergue de los caminantes que van a Santiago; Johan Fames (lugarteniente del Justicia); Jayme Carcares (Merino cobrador de impuesto reales); Steban de la Cueba notario de la villa; Martín Falcón Escribano Real, el Sobrejuntero encargado del mantenimiento del orden público y los tres jurados de la villa.

  Llegada la comitiva a las escaleras del templo y después de los saludos de rigor, todos juntos entraron en el lugar sagrado y se acercaron al presbiterio. Allí el inquisidor se sentó en un lugar preferente al lado del altar mayor, el resto de clérigos en los primeros bancos y el pueblo llano donde pudo.

  Comenzó la misa con los cantos ordinarios de frailes y racioneros, sonidos que poco a poco se fueron introduciendo inexorablemente en las preocupadas conciencias de creyentes y conversos. El miedo que se escapaba de aquellas desdichadas almas volaba a sus anchas por la bóveda del templo mezclándose con el humo de las velas, con el olor a incienso, las letanías y los motetes. Aquella extraña combinación de emociones, sustancias volátiles y soniquetes fue transformando la atmósfera sacra en una antesala del desasosiego y la incertidumbre.

  Terminó el evangelio y el dominico de más edad subió al púlpito donde comenzó un sermón vibrante dedicado íntegramente a resaltar la fe católica y a exhortar a los vecinos a defenderla. Seguidamente, se rezó el Credo y se llevó a cabo la liturgia de la Eucaristía, terminada ésta y después de la bendición final se levantó el reverendo inquisidor de su sitial, se encaminó al púlpito con la lentitud del que se sabe superior, subió pausadamente los seis peldaños y llegando a lo alto de la plataforma miró fijamente, durante unos eternos segundos, a los presentes. Su mirada los hizo sentir culpables de algún secreto pecado. Inmediatamente y mientras utilizaba su dedo índice como puntero acusador, procedió a leer con atronadora y amenazante voz los pecados y las herejías que hasta los oídos del Santo Tribunal habían llegado.

  Terminado el alegato, cambió el tono de su diatriba animando a todos los feligreses a acudir a los Tribunales de la Inquisición para descargar sus conciencias. Finalizó su intervención dando el nombre del presunto culpable y le dirigió las siguientes palabras: -Johan de Santa Fe, te conmino a que abjures de tus herejías y pecados cometidos contra las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia. Si no lo haces serás excomulgado y tu alma acabará en el fuego eterno del infierno y tus herederos serán desposeídos de todos los bienes terrenales que posees.- advirtió intimidante el clérigo.- Pero si te retractas, obtendrás el perdón de la Iglesia y tu familia mantendrá el patrimonio y las rentas de que dispones.-concluyó indulgente.

   Luego acabó animando al resto de la población a que delatará a algún otro hereje, si lo hubiese.

  Finalizada la invectiva de Monterrubio, la mayoría de feligreses se sintieron aliviados y el templo se llenó de murmullos y suspiros.

  Al concluir el oficio litúrgico, las autoridades y el pueblo en masa prestaron juramento de defender la fe y ayudar en la persecución de los herejes. Después, el “culpable” fue llevado a la torre que hacía las veces de calabozo entre las miradas atónitas de unos y los vituperios de los más exaltados.

  Aquella misma tarde Esperanza Santa Fe, mujer de Paulo de Santa Fe y cuñada del reo, y Clara Diez, mujer de Martín Díez,se acercaron apesadumbradas al convento de los franciscanos y pidieron convertirse a la fe cristiana y allí mismo recibieron el bautismo. El notario Juan de Anchías tomó nota de la conversión y extendió el acta que las convertía en cristianas nuevas.

  El resto de la tarde el convento fue un ir y venir de presuntos testigos que fueron contando al tribunal lo que pretendían saber o lo que habían oído decir de segunda o tercera mano del judío converso.

  Los comisionados de la Inquisición visitaban diariamente al “marrano” (judeo converso que seguía practicando el judaísmo secretamente) para llevar a cabo el programa que la institución tenía pensados para estas ocasiones.

  El primer día, lunes 7 de noviembre, preguntaron al desgraciado por su instrucción religiosa, o sea, por el conocimiento que tenía de las principales oraciones católicas, tales como el Padre Nuestro, el Ave María, el Credo y el rezo del Santo Rosario. Al ver que su conocimiento sobre esta materia era impecable ese día no lo importunaron más.    

  Al día siguiente y recién comenzada el alba, los delegados del tribunal se acercaron hasta la torre para interpelar al reo sobre sus herejías:

-¡Johan de Santa Fe!, ¿admites o niegas las herejías de las que se te acusa?. Has de saber que en caso de que te obceques y rechaces las acusaciones, el tribunal no se hace responsable de los daños que se te puedan causar.

  Él, a pesar de las claras amenazas, negó vehementemente todos los cargos que se le atribuían.

  -No soy culpable de lo que se me acusa, es una falsedad que ha propalado alguien contra mi persona por algún motivo que desconozco y por eso mismo no puedo aceptar mi culpabilidadarguyó, entre apesadumbrado, afligido y digno.

  Entonces los alguaciles, a una señal del inquisidor, comenzaron a torturarle. Ese primer día de suplicios le aplicaron la técnica de los cordeles. Rodeáronle con ellos brazos y piernas y fueron tensándolos progresivamente hasta que el dolor le hizo perder el conocimiento. El dolor debió ser insufrible, pero ese día el converso resistió los embates de los verdugos.

  La tercera jornada no auguraba nada bueno para el reo. El día se levantó gris y la densa niebla que lo envolvía todo parecía querer añadir un toque fantasmagórico a la representación dramática que se estaba viviendo.

  El tribunal se personó en la torre y después de cerciorarse de la situación del judío le preguntaron sobre su modo de vida y por los viajes que había realizado. Luego le volvieron a inquirir sobre la herejía y como volvió a negar la acusación le fue aplicado el potro. Para ello le ataron pies y manos a dos rodillos y los alguaciles los hicieron girar poco a poco de manera que el cuerpo del desventurado infeliz se iba estirando irremediablemente hasta cerca del desmembramiento. El dolor se hacía inaguantable, causándole gran aflicción y quebranto. Los quejidos salían por las estrechas aspilleras angustiando los corazones de los pocos habitantes que se habían congregado a los pies de la torre. A pesar de todo tampoco ese día consiguieron arrancarle ninguna confesión.   

  El jueves día 10 y antes de preguntarle nada le administraron el tormento del agua o suplicio del ahogamiento. Lo colocaron boca arriba y le introdujeron un paño en la boca, enseguida le fueron derramando lentamente un cántaro de agua sobre ella simulando un ahogamiento. Los espasmos y las toses que siguieron a la asfixia lo dejaron exhausto, casi muerto, por lo que tuvo que ser atendido por el cirujano local. Terminada esta tortura, el inquisidor le recordó que su negativa a aceptar los cargos podría salirle muy cara a él y a su familia, pues además de perder el patrimonio les esperaba el destierro. Hacia las dos de la tarde se marcharon todos y le dejaron meditar sobre lo que le estaba ocurriendo.

  El viernes 11 de noviembre apareció por la villa el prestigioso jurista Blas Dorante de Salazar (esposo de la sarinyenense Mariana de la Estrella) acompañado de dos pasantes, enviados por la Alhama de Çaragoça para ayudar al presunto hereje a elegir la solución más práctica para todos. Terminado el asesoramiento, los tres juristas se reunieron con Martín García y le manifestaron que el reo estaba dispuesto a admitir sus pecados y abjurar de sus costumbres judaicas.

  El inquisidor aceptó la solución y les comunicó que el domingo día 13 estaría todo dispuesto para llevar a cabo, en la iglesia del Salvador, el Auto de Fe Singular establecido por la Inquisición para estos casos. Para ello, manifestó que se realizaría una ceremonia colectiva con el objetivo de reafirmar la fe de los feligreses y de oficializar la culpabilidad del acusado.

  El sábado a las dos de la tarde se llevó a cabo la procesión de la Cruz Verde (símbolo de la Inquisición) por las calles principales de la villa hasta el templo del Salvador donde quedó alojada.

  Llegada la madrugada del domingo 13 de noviembre de 1487 se reactivó la vida en el convento franciscano y después de maitines y de un ligero refrigerio se puso en marcha el cortejo dirigiéndose a la prisión para recoger al reo. Al llegar, lo vistieron con un sambenito de color amarillo (color de los arrepentidos) y le colocaron un capirote en la cabeza. Reanudaron la marcha hacia el templo parroquial entre la máxima expectación popular.

  La iglesia, como cabía esperar, estaba abarrotada de familiares, vecinos y autoridades, ávidos todos de presenciar el desenlace de aquel drama.

   En el presbiterio, alrededor de una gran mesa, se sentaron: Monterrubio en la presidencia y a ambos lados se colocaron el teólogo Agustín Oliván, el jurista Andrés Palacios, el notario Juan de Anchías, un escribano y los dos dominicos. De pie figuraban los dos alguaciles.

  En primer lugar, uno de los dominicos subió al púlpito y realizó un sermón que versó mayoritariamente sobre las herejías y la abominación que Dios sentía por ellas. Seguidamente tuvo lugar el proceso de reconciliación con el juramento del reo que avalaba las confesiones realizadas por él en la cárcel y a partir de ese momento, ya no hizo falta seguir con la causa y el tribunal se retiró a deliberar durante un tiempo prudencial.

  Serían las doce del mediodía cuando regresaron los inquisidores de sus cavilaciones. Todo el mundo se puso de pie en señal de respeto. En medio de un gran silencio y después de ocupar sus asientos los miembros del tribunal, tomó la palabra el notario Juan de Anchías y se aprestó a leer el veredicto:

-Johan de Santa Fe, has sido hallado culpable de practicar ciertas costumbres heréticas por lo que se te culpa de judaizante y por ello deberás cumplir las siguientes penas aliviadas por tu sincero arrepentimiento: vestirás el sambenito durante un período de tres meses, pagarás a la hacienda del rey una cuantía dineraria de 400 sueldos, dispensarás la deuda del delator, pagarás las costas del proceso y no podrás salir de la villa hasta el total cumplimiento de dichas penas.

   Oídas las sanciones, el reo no dijo nada y marchó a su casa cabizbajo acompañado por sus familiares. En llegando a ella se dispuso a dar gracias, posiblemente a Jehová, por haber salido casi indemne de una situación tan apurada.

   Pasado el tiempo establecido y cumplimentado todo el castigo, la familia Santa Fe, no soportando las vejaciones sufridas, vendió su casa y sus negocios y se estableció en la villa de Montsó. Poco tiempo después le siguieron otros judíos y conversos hasta que la judería de Sarinyena se quedó vacía.

   A pesar de todo, los judíos ya nunca alcanzarían la paz en estas tierras en las que habían nacido puesto que en la definitiva persecución, la de 1.492, fueron expulsados por los Reyes Católicos. Se estima que en ese año de 1.492 debía haber unos 9.000 judíos en Aragón y que 5.000 de ellos eligieron el exilio. La mayoría tomaron los caminos de Navarra, del norte de África o de Turquía y los que se quedaron lo hicieron convirtiéndose al cristianismo.

   Tras incontables siglos de permanencia en la península, cerca de 100.000 judíos dejaron Sefarad y tanto ellos como sus descendientes se siguen llamando sefarditas.

                                                                               M.A Corvinos Portella.

                  

Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena XIII


Pa San Miguel acontecía la “Miguelada”, fecha en que los jornaleros y criadas podían cambiarse libremente de casa para la que trabajaban. Pa Todos los Santos se llevaban lamparillas y flores al cementerio. La noche de las “animas”, la noche anterior a todos los Santos, se colocaban en las casas unas lamparillas o candelarias y esa noche se tocaban las campanas y contaban que salían las almas, “dichoso mes de noviembre que empieza con Todos los Santos y acaba con San Andrés”.  Las candelas también se encendían cuando había tormentas, para Santa Bárbara la patrona de las tormentas.

El día de Santiago se refrescaban con la gaseosa de papel de la samaritana y la armisen (la llamada gaseosa de pito). Se iban a las fuentes al lau del puente actual, al puente viejo más abajo del instituto y del Gallipuente, ande aún quedan las pilonas, y a la fontaneta del juez. Muchos pozos de casas son de agua blanda, no apta para personas. Pa hacer el hielo emburaban una zona cóncava en una era, ande luego vertían agua pa que s´helase por la noche. A la una de la noche iban a coger el hielo y lo guardaban en neveros, en algunas casas tenían uno pequeñer, “antes helaba mucho más”. No se abrían los neveros hasta hacer horchata o la limonada en verano. Llega a la memoria que s´hacia ponhe: azúcar, canela, naranja y vino rancio, hoy en día no falta en el belén viviente.

El vinagre se empleaba como desinfectante. Recuerdan como iban mujeres a recoger el carbón quemado a las vías del tren. Al carbón quemado y muy seco se le decía cagacierros. Las mujeres pobres lo cogían para venderlo. A muchos maquinistas les daban pena aquellas mujeres y les tiraban alguna vigueta de carbón, se lo disputaban entre ellas.

            Los lunes a lavar la ropa, los martes a aclarar. De Castejón de Monegros y Pallaruelo de Monegros traían leña con las caballerías. Los romeros eran muy apreciados, especialmente para los hornos de pan, junto a la poda de los olivos. De Lanaja traían leña de carrasca pero los pobres se tenían que conformar con la cañufla, las barrillas, las aliagas, el fiemo… De la Almolda traían el yeso, también desde Valfarta. Llegaban a la plaza de Villanueva ande más que un mercado era un trueque, las naranjas las cambiaban por alpargatas de esparto.

            Unos de Sariñena fueron a vender judías y otras legumbres de estraperlo a Alcubierre, con el miedo de ser detenidos por la guardia Civil. Una vez en Alcubierre a una mujer le dieron prisa para que comprara -¡qué nos va a pillar la guardia civil!- a lo que ella respondió: “Este-sen ustedes muy tranquilos que soy mujer de guardia civil y sepan que nosotros también pasamos mucha hambre.”  Da una idea del hambre que se pasó.

Con este último artículo se pone fin a los apuntes etnográficos de la villa de Sariñena. Cumpliendo el objetivo de la transmisión, queda recogido y contado al pueblo.  Gracias a todas las personas que han participado.

«Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.»

                            José saramago, Cuadernos de Lanzarote.

Publicau en Os Monegros el 17 de febrero del 2014.

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Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena XII


  

        * Hoguera de San Antón

Pa San Juan y San Pedro s´hacían verbenas en el casino. Pa San Sabastian se llevaban los roscaderos viejos pa quemar en la plaza de la iglesia. Tamién en San Antón s´hacían hogueras y existía la tradición de realizar una esquilada recorriendo las calles del lugar bandiando las esquilas. Las esquiladas tamién s´hacían cuando un viudo se casaba: “¿Quién se casa? (pausa con sonido de esquillas y tambor) / ¡Fulanito! (nueva pausa…) / ¿Con quién se casa? (última pausa…) / ¡con Menganita!.

Pa la Virgen del Carmen se estrenaba traje y se elegía a la reina y a las damas de las fiestas mayores. Pa San Antón se bendecían a los animales, “¡se entraban hasta los burros a la iglesia!”. “Pa San Antón la boira en un rincón!” y “las gallinas ya ponen güevos a trompón”. Existían las cofradías de Loreto y la cofradía de San Antolín. Pa la Candelera se daban velas y s´en tenían que prender tres veces, la tradición aún contina en nuestros días. Pa Santa Águeda, la patrona de las mujeres, subían las mujeres al campanario de la iglesia y tocaban libremente las campanas a su antojo, hasta cansarse. Después de la tocada de campanas s´hacían meriendas y verbena, ellas eran quienes sacaban a bailar a los mozos. Pa San José s´hacían muchas fiestas, era un día muy festivo, se celebraban muchos santos, s´hacían bodas etc…  Tamién pa San Pedro y San Juan s´hacían verbenas, pues cuentan que antes se trabajaba mucho y se aprovechaban los días festivos pa las verbenas.

En la década de los setenta, más bien a principios, actuó en Sariñena Rocío Jurado, quien antes de actuar se puso indispuesta, teniendo que ser llevada a la farmacia, ande se le fue puesta una inyección.  En Sariñena han pasau grandes artistas, entre ellos el gran cantador de cuplé Pepe Blanco con Carmen de Lirio, que actuaron en el histórico Romea. Lugar ande, en la época de la Republica, la  Pasionaria dio un memorable mitin político. El Romea tenía una forma muy distinta a la de aura, había butacas y gallinero, s´hacían actuaciones de teatro y sesiones de cine. Las actuaciones mayores se realizaban en los entoldaus (carpas de fiestas), se ponía un entoldau ande estaba la peluquería de Flora, casi en la plaza de la iglesia; normalmente lo ponían pa las fiestas patronales mayores en honor a San Antolín. Pa grandes actuaciones se colocaba un entoldau cerca de la casa de Torres, en la avenida Huesca.

Publicau en Os Monegros el 8 de enero del 2014.

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Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena XI


Los sariñenenses y sariñenensas acudimos en romería cada 15 de mayo en honor a San Isidro a la ermita de Santiago, portando la imagen de la Virgen de Las Fuentes. Antes se iba de romería al monasterio de la Cartuja de Nuestra Señora de Las Fuentes. Marchaban en carros, se cantaban jotas y otras músicas y se hacían sartenadas.  En “Sariñena y el Diario de Huesca”, de Salvador Trallero, aparece una crónica de la romería al monasterio en 1884, que narra la procesión de más de 200 carruajes, realizando la romería desde Sariñena, tardando unas tres horas en ir y otras tres en volver y congregando en el monasterio cerca de unas 4000 personas. Pero cuentan que un año una gran tormenta sorprendió la romería, provocando una catastrófica vuelta y a partir de ello, la romería fue perdiendo fuerza. Después de la guerra se dejó de ir al cartujo y desde entonces se acude a la ermita de Santiago.

En la ermita de Santiago vivía Carmen la “Marrita”, conocida como “la ermitaña”, vivía por ande ahora s´encuentra el escenario y “había casa y corral”. Cuidaba la ermita y pedía limosna por el pueblo pa vivir. Cuando los zagales y zagalas subían a la ermita, ella siempre les daba agua.

En la guerra civil se quemaron los retablos de la iglesia y los archivos. Entre lo que se quemo en la plaza de la iglesia, s´alcontraba la imagen de la virgen de las fuentes, cuando to ardía la cabeza rodó escapando de la hoguera y sin que naide se percatase la “Cibora” (Nogues), la cogió y pudo llevársela a esconder en casa de Isabel la “Panara”. La escondieron entre la paja y mientras fueron los bombardeos a Sariñena, fue escondida en el monte, “¡En el cado de los conejos!”.  El manto de la virgen tamién se salvo y pasada la guerra se le hizo el cuerpo con un tronco.

Se celebraba la patrona de Loreto, se comían judías blancas, con laurel y ajo, y carne asada. Se cenaba en casa Julia y Juan José Bornau, los zapateros, que vivían en la calle del medio y la comida se realizaba cada año en casa de un cofrade.

En las fiestas de San Antolín se daba torta de llama. Pa San Sebastian s´hacían hogueras y los roscaderos viejos se llevaban a la plaza de la iglesia pa quemar. Tamién pa San Antón se realizaban hogueras y la cencerrada, la tradición s´ha recuperau este año y varios vecinos volvieron a hacer sonar los cencerros por las calles de la villa. Las cencerradas tamién s´hacían cuando algún viudo se volvía a casar.  Pa San Juan y San Pedro s´hacían verbenas en el casino.

Pa la noche de todos los Santos se tocaban las campanas y salían las almas. Las anemias, la miseria hacia ver cosas: “¡Los zagales iban a pedir un poco de pan a los hornos!”. Cuando moría un niño se tocaba la campaneta, la campana pequeña del campanario de la iglesia. Había un hombre ciego que se ganaba el dinero buscando caracoles. Soplaba al caracol y sabía si estaba lleno u bofo. Mucha gente se ganaba el dinero con los caracoles. La gitana, “la siña Maria”, a quien recuerdan con mucho cariño, compraba pieles de conejo a cambio de hilos, dedales y trenzaderos. Tamién la Federica compraba pieles. Un señor, José el trapero, cambiaba trapos y ferralla por naranjas y mandarinas, siempre venía con una burreta.

Publicau en Os Monegros el 4 de noviembre del 2013.

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Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena IX


Los apuntes  han sido posibles especialmente gracias al encomiable trabajo realizado por Ana Otal, quien impulsó en nuestra villa la realización de un exhaustivo cuestionario etnográfico. Un impecable trabajo que fue posible gracias a la colaboración de Pilarin Latre, Victoria Ballarín, Simoné Andreu y Manuel Queralto.

Entre los apuntes etnográficos se encuentran muchos de los refranes que aparecen recogidos en este refranero de Sariñena y redolada. Además, para la realización de este refranero, han participado la Asociación de Mayores “San Antolín”, la residencia de la tercera edad y la biblioteca de Sariñena. Se ha contado con la colaboración de Manuel Antonio Corvinos, Olga Carilla, Juan José Carilla Tricas y Aurora Peralta Peralta. Gracias a las trabajadoras de la residencia de la tercera edad de Sariñena, especialmente a la directora Pilar Guerrero y a  la trabajadora Marta Ramos y a los residentes Carmen Novellón, Visi Mir, Francisco Mora, Teresa Latorre, Josefina Casaña, Paco Arroyo, Felisa Mir, Pilar Aragón, Carmen Sampedro, María Calvete, Carmeta Royo, María Alegre y Nieves Cucalón.

Muchas gracias a todos/as, para un servidor todo un placer: “un trabajo del pueblo de Sariñena pa la villa de Sariñena”. Seguimos continando…

Refranero popular de la Villa de Sariñena y redolada

“A caballo regalau, no le mires el diente”

“A caballo regalau, no le mires el pelo”

“A los años mil, vuelve la liebre a su cubil”

“A puerta cerrada, el diablo se torna”

“A quien no le sobre pan, no críe can”

“Al burro viejo, ramal colorau”

“Cada maestrillo tiene su librillo”

“Cada puchero tiene su cobertera y se casa con su tapadera”

“Cagallón de mora, que tanto ríes como lloras”

“Con la ayuda de un vecino, mato mi padre un tocino”

“Cuando dicen “lobo”, “lobo”: rabosa segura”

“De fuera vendrán, que de casa nos sacarán”

“De padres gatos: hijos michinos”

“Del que comen, alguno escapa”

“Dime con quien andas y te diré quien eres”

“Dios aprieta, pero no ahoga”

“El casado, casa quiere”

“El comer y el rascar, todo es empezar”

“El conejo por el cado se hace viejo”

“El pan tierno y la leña verde, la casa pierde”

“El pez grande se come al pequeño”

“El que algo quiere, algo le cuesta”

“El que come y bebe, de alguna se escapa”

“El que con críos se hecha, meau se levanta”

“El que mucho abarca, poco aprieta”

“El que no llora, no mama”

“El que pega primero, pega dos veces”

“El que quiera peces, que se moje el culo”

“El que venga detrás que arree”

“En casa del herrero, sartén de palo”

“En la puerta el rezador, no pongas el trigo al sol, que rezando, se lo va entrando”

“En martes ni te cases ni te embarques, ni lueca eches, ni hija cases”

“En tratándose de caballos, no hay caballeros, sino gitanos”

“Eres más tonto que el Blas, que amaso las migas p´almorzar”

“Favor olvidau, ni agradecido, ni pagau”

“Hablando se entiende la gente”

“Haz el bien sin mirar a quien”

“Genio y figura hasta la sepultura”

“Las penas con pan, son buenas”

“Le dijo el muerto al degollau, que jodido estas hermoso”

“Le dijo la graja al cuervo: hazte p´allá, que eres muy negro”

“Lo olvidau, ni agradecido, ni pagau”

“Los amores de los gatos: empiezan riñendo y acaban bufando”

“María patata frita, culo caliente mata a la gente”

“Más sabe el diablo por viejo que por diablo”

“Más vale caer en gracia, que ser gracioso”

“Más vale pájaro en mano, que ciento volando”

“Más vale prevenir que curar”

“No hay mal que por cien años dure, ni bien que no se acabe”

“No hay mejor sordo que el que no quiere oír”

“P´a las cuestas arriba te quiero burro, que las cuestas abajo, yo me las subo”

“Pá lo que es el burro, le sobra albarda”

“Por el mismo precio, alpargatas de hombre”

“Por el mismo precio, alpargatas grandes”

“Por el mismo precio, siéntate”

“Quién a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”

“Quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón”

“Si en mi casa cuecen habas, en las tuyas calderadas”

“Si te fiza l´arraclán, ya no mincharás más pan”

“Si te pica el arraclán, coge la manta y vete a acostar”

Continará…

Publicau en “ Os Monegros el 14 de julio del 2013.

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Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena VIII


Antes se cazaban murciélagos con boinas y los reyes magos llegaban por el pesquero. En las ventanas se dejaban tenazas abiertas contra las supersticiones y cuando había tormentas s´encendían las velas que aún se guardaban de semana Santa, tamién s´encendían las velas cuando existía miedo a las brujas. Antes la gente iba a apacentar el ganau por la laguna, con la dula (tos los animales domésticos del pueblo). Por la redolada de la laguna s´alcontraba el muladar y en la realización de estos apuntes etnográficos remeramos que el tan característico avetoro hace años que está presente.

Se cuenta la historia, sentida por tos los lugares de Los Monegros, de un zagal que iba por el camino de los olivares hacía el molino con un saco de trigo. Su padre li había avisau que podía alcontrarse con el temible bandido Cucaracha y qu´este le podía robar to lo que tenía. Al alcontrarse con unos hombres, el zagal contó las palabras que su padre le´n dijo ante quien resulto ser el bandido cucaracha. En estás, el Cucaracha explicó que robaba a los ricos pa dar a los pobres y le dio una moneda como muestra de su solidaridad. Por Sariñena, la banda del Cucaracha pasó por un pajar y se llevó a Bornau, pa después liberarlo exigiendo dineros. Uno del pueblo se unió a la banda del Cucaracha, fue el Petiforrol.

A la ermita de Santiago se acude en romería cada 15 de mayo, en honor a San Isidro y portando la imagen de la Virgen de Las Fuentes. Antes se marchaba de romería al monasterio de la Cartuja de nuestra Señora de Las Fuentes. Se iba en carros, se cantaban jotas y otras músicas y s´hacían güenas lifaras y sartenadas. Después de la guerra se dejo de ir al cartujo y desde entonces se acude a la ermita de Santiago. Carmen la “Marrita” era la ermitaña, vivía en la ermita, por ande aura s´encuentra el escenario y “había casa y corral”. Cuidaba la ermita y pedía limosna por el pueblo pa vivir. Cuando los zagales subían a la ermita, ella siempre les daba agua.

En la guerra civil se quemaron los retablos de la iglesia y los archivos. Entre to lo que se quemó en la plaza de la iglesia, s´encontraba la imagen de la virgen de las fuentes. Cuando to ardía, la cabeza rodó escapando de la hoguera y, sin que naide se percatase, la cogió la “Cibora”, quién pudo llevársela pa esconderla en casa de Isabel la “Panara”. La escondieron entre la paja y mientras bombardearon los fascistas Sariñena, fue escondida en el monte “¡en el cado de los conejos!”. Pasau la guerra, a la imagen se le hizo el cuerpo con un tronco y por suerte el manto tamién se salvo.

Se celebraba la patrona de Loreto, se comían judías blancas, con laurel y ajo, y carne asada. Se cenaba en casa Julia y Juan José Bornau, los zapateros, que vivían en la calle del medio, ande está la peluquería de chamorro. La comida de los cofrades era cada añada en casa de un cofrade. Pa las fiestas de San Antolín se daba torta de llama.

Pa la noche de tos los Santos se tocaban las campanas y salían las almas. Las anemias, el hambre, la miseria hacia ver cosas: “¡Los zagales iban a pedir un poco de pan a los hornos!”. Cuando moría un niño se tocaba la campaneta, la campana pequeña del campanario de la iglesia. Había un hombre ciego que se ganaba el dinero buscando caracoles, soplaba al caracol y sabía si estaba lleno u bofo. Mucha gente se ganaba la vida con los caracoles. La gitana, “la siña María”, a quien recuerdan con mucho cariño, mercaba pieles de conejo a cambio de hilos, dedales y trenzaderos. Tamién la Federica compraba pieles. Un señor, José el trapero, cambiaba trapos y ferralla por naranjas y mandarinas, y siempre venía con una burreta.

Publicau en “ Os Monegros el 6 de mayo del 2013.

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Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena VI


Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena VI

Antiguamente los remedios naturales, la folk-medicina, se utilizaban de forma habitual, siendo parte de la sabiduría tradicional, de nuestra tradición oral, cultural y, en muchas ocasiones, la solución a nuestros males y enfermedades. La medicina popular ha sido objeto de diversos trabajos de recopilación que incorporamos a los remedios recogidos en la realización de los “Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena” Los trabajos son del libro “Pilmadores y curanderos del Altoaragón” de Rafael Andolz, el maravilloso escrito-poema de Simoné Andreu y Pilar Villa de Sariñena “Remedios caseros”, publicau en la revista “Quio” y el gran artículo “Medicina popular en Sariñena y Los Monegros” de M. Cruz Ullod.

Cuando sufrías los azuelos s´había de pasar una llave por los ojos u se decía “Siñora mía, ¡Aquí te dejo esto!” y se tiraban tres piedras. Los azuelos o anzuelos son unos granos en los ojos.  Si te picaba u fizaba  una “abejeta” te ponían “buro”, que tamién lo recoge Rafael Andolz, quien añadía: y si te pica una pulga lo que no hay que hacer es maldecirla porque si no, te sale un “mal” en donde te ha picado. Si un zagal tenia celos d´otro, de su hermano por ejemplo, se tiraban tres piedras p´al río, p´ol puente pa bajo. P´al dolor de cabeza se colocaba el culo d´un pepino o calabaza en las sienes. Pa las verrugas n´hay que coger tres caracoles en la noche de San Juan y frotarlas con la baba, después n´hay qu´enterrar los caracoles. Y p´al sarampión n´había que poner un trapo royo en la bombilla y abrigar bien al niño pa que no s´enfriara y le saliera antes el “sarrampión”, quizá se creía que el color rojo atraería a esta enfermedad y así se curaría antes.  Pa las quemaduras, pa que no quede ninguna marca, n´hay que machacar un cristal blanco (no verde porque es muerte, puntualizan) en un mortero de hierro hasta que se convierta en un polvillo paizido a la harina y después  n´hay que aplicarlo, cada vez que supura, en el lugar quemau.

Listau d´algunos remedios replegaus en Sariñena:

– Aceite: Pa los oídos y pa males de oído leche d´una mujer que criara.

– Anís de grano: Pa los gases.

-Cagadetas de bebe: Pa curar males, heridas e infecciones.

-Canela y vino rancio: To cocido s´usaba pa los resfriaus.

-Cebolla: Pa la tos y cataplasma de cebolla asada pa reventar los granos.

-Culebra: Sebo de culebra pa quitar las punchas.

-Fenojo: (Hinojo) S´hacían infusiones pa desinfectar.

-Higos: La leche pa las verrugas.

-Leche de madre: Pa los oídos.

-Limón: S´hacían gárgaras con limón y miel.

-Malvas: Pa resfriaus en infusión.

-Malvavisco: S´hacia un cataplasma pa las heridas.

-Manteca de tozino: Pa la piel.

-Manzanilla: Digestivo.

-Noguera: Se cocían las hojas pa no desteñir el negro de la ropa.

-Panizo: Vaso de pelo de panocha hervida pa la infección d´orina.

-Sanguijuelas: Pa chupar las sangres malas, pa la pulmonia.

-Telarañas: Pa los cortes, en vez d´esparadrapro te ponían telarañas.

-Olivo: Las hojas pa la tensión.

-Orina: Pa las “Crebazas” (grietas en la piel, generalmente en las manos por el frío). “P´al sarpudillo y querebazas (especie de herpes)  mearrada”.

-Sebo de culebra: Pa los uñeros.

-Tremoncillo: Pa la tensión en ayunas y en lavativa para la infección de tripas.

Pa “retorcijones u empachos: agua de tremoncillo puesta en el lavativero”.

Recordamos algunas muy güenas estrofas de “Remedios caseros”:

Si te daban un peñazo, / te ponían una perragorda / con un pañuelo bien preto atau, / y no te lo quitaban / hasta que el rebullón (chichón) / ya había rebajau.

Pa los orzuelos tirar tres piedras al patio de la tía de Marisa y al mismo tiempo decir “Siñá María, ahí le dejo ese regalo”.

Las ensundias de gallina, / con azúcar las maceraban, / y cuando tenían chordos (paperas), / detrás de las orejas te untaban

Continará…

Publicau en “ Os Monegros el 21 de enero del 2013.

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Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena IV


Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena IV

* Foto: Portalón de Cascales, une la calle mayor con los porches del mercau.

Nos sumergimos en las semblanzas monegrinas de Antonio Beltrán Martínez, el zagal de la botica de los porches del mercau, y en las remembranzas de los tiempos pretéritos de Arturo Morera. Nos zambullimos en el arcón de la cadiera de los recuerdos, en los testimonios escritos y autobiográficos de dos grandes personalidades sariñenenses.

Antonio Beltrán (Sariñena, 1916 – Zaragoza, 2006) recuerda su infancia en el lugar de Sariñena, recuerda al alpargatero que trabajaba en los porches del mercau, al confitero Blasito, al carpintero “El Rosico”, que cantaba mientras ensamblaba los tablones de pino pa las cajas de muerto, al botero “d´allá afuera”, al guarnicionero o talabartero, a la hornera “perifollos” con la pirámide de panes sobre su cabeza y las tiendas de Sagarreta, el Currutaco, Bretos, Buisán, a Blas Casañola, alias Petiforro, tartanero que fue personaje en “Horas solitarias” de  Pío Baroja y el coche de Juanillo.

Narra Antonio Beltrán, en sus memorias, el recuerdo de una “miñona” que volvía de servir en Barcelona y que a su paso por la barbería el Chespín comentó en tono burlón:  “mia la fulana- no recuerda su nombre-  que bien trajiada va, hasta una gasica lleva pa que no se le caguen las moscas”.

En sus memorias hay espacio pa honrar l´adoba monegrina, empleada desde los egipcios, ha sido esencial pa los cerraus y los tapiales de muchas de las edificaciones que configuraban y configuran la Villa de Sariñena. Otros tiempos sin pavimento y ni alcantarillado, la luz llegaba al atardecer y entonces el “Cinema Torres el Rayo” de Mariano el Cabalero y el Teatro Romea comenzaban la función.

* Cabalero es palabra aragonesa con el significau del hijo de una casa que no recibe tierras en herencia y en su lugar percibe dinero o tiene potestad para trabajar asalariado.

Arturo Morera, un sariñenense de corazón, fue uno de los muchos vecinos/as que emigraron de los pueblos a las ciudades. Pero parte de su esencia constantemente ha residido entre nosotros, su amor por este singular lugar l´han llevau a recorrer y transmitirnos la historia sariñenense.  En sus tiempos pretéritos nos encontramos con los recuerdos de cuando Ramón Torres “el Cabalero” quiso competir  con el Teatro Romea, pues tenía un anfiteatro ande acudían a ver el cine mudo de la época las personas con pocos recursos económicos. El cine el Rayo, que se ubicaba ande aura s´alcuentra actualmente el Casino de Sariñena, era más barato que el Romea, pero les situaban detrás de la pantalla a los zagales y zagalas que no sabían leer,  y al que sabia leer, se le hacia imposible. Recuerda jugar por los güertos, por el brazal, la era del Celestino, la era de Mora y el médico Pedro Cascales. Recuerda al músico y gran maestro José Guioni Lebetti, quien s´hacia cargo de la explotación del teatro Romea, ande realizaba clases para que los zagales/as pudiesen aprender a tocar cualquier instrumento musical.

Los albergeros, las claudieras (ciruelo), los peral, las minglaneras… De la “pastura”, que es un cocido pa los tozinos con salvado (cascarilla del trigo)  y patatas, recuerda que con los amigos cogían algunas patatas antes de que bulcasen el caldero en la zolleta.

Una vez que sufrió una torcedura  en la muñeca fue llevado hasta la torre de Mirallas, que estaba a las afueras de la villa por el lado de las escuelas, donde la señora Ángela “La Torrera”, una buena curandera que logro recomponer el mal pudiendo realizar sin gran inconveniente el ingreso para el instituto en Huesca.

Continará…

Publicau en “ Os Monegros el 19 de agosto del 2012.

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Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena II


Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena II

En el año 2009 varias personas de nuestra localidad se juntaron para contestar un cuestionario etnográfico, el resultado se transmite a continuación para que la información sea compartida con los Sariñenenses y Sariñenensas.

 Hacemos un viaje por la memoria reciente de la Villa de Sariñena, una antigua Villa que constaba del pueblo viejo, con unas partes diferenciadas del castillo bajo y el castillo alto. Existía antiguamente una muralla ande aura s´alcuentra la calle del muro, la calle Ronda San Francisco, que subía por la calle Goya pa volver a unirse con la calle del muro. La muralla, al no carecer ya de utilidad defensiva, se fue abriendo para dar salida a las calles del pueblo como es el caso del antiguo callejón del “saco”, ande s´alcuentra la panadería del Vidriero y que actualmente es la calle que une la plaza del ayuntamiento con el muro. Fuera de la muralla se ubicaba la zona de extramuros, tamién conocida por “cantarranas” y allí existía la balsa de Cabalero, por ande estaba el último taller artesanal del tonelero.

En la parte alta del pueblo s´alcuentra la zona conocida como el hospitalillo, que fue un convento de monjas y fue destruido completamente después de la guerra. El convento suscitaba miedos a la población y se solía decir que “Las brujas s´aparecían en el entorno del convento”. Cerca del hospitalillo s´alcontraba la era bolera, ande actualmente existe una casa, antes los zagales y zagales solían ir a jugar a las eras. Las eras llevaban el nombre del dueño y asinas recordamos la “era Lerín”.

Las calles recordadas y nombradas son Barceladas (Barzal: zarzal), el Corcullo (gorgojo), Enado (balcón elevau), Mercadal (calle del mercado), calle de Moncalvos, camino de los Esquiñones (quiñon: turno para riego), calle Meca (C/ botanico Nasarre), calle Las Peñetas, calle Larrosa, camino de los Corruncueis (camino de los güeis: bueyes)…

Las plazas recordadas y nombradas son plaza Rebolería (Rebolería es el nombre aragonés de la casa ande se secaban y se curtían las pieles de los animales), plaza Roda, plaza Villanueva, plaza de la Iglesia, plaza de la Cárcel (Plaza Mezín o parque de las monjas, ande esta la capilla de Loreto).

Como nombre de casas recordadas y nombradas son casa Penén, el Bolero, el Gallego, Torres, las Torres, Guillen, Castanera (Lerín), el Miñón, Agustiner (el basto), el Cabalero (Mariano Torres), Antolina, la Pincheta, el Corrotillo, casa el Chandro, el Casero, Blanco, Damaso, Potreta, Tripa Negra, Titana, Posada de la Luisa (casa la Míguela, ande el Museo de la Laguna), el Estichano …

Ande aura es la calle “maestro Justo Comín”, en la esquina de la calle del medio con la plaza del ayuntamiento, en la calle  que va al muro por el antiguo callejón del saco, estaba el bar de las camareras, que era un puticlub. Se recuerda una gran pelea que sucedió una madrugada en el bar de las camareras: “los colchones volaban por las ventanas y ¡hubo hasta heridos!”, otro puticlub que se recuerda es ande esta el casino, justamente pegado a la iglesia, ¡cosetas del pasau!.

Continará…

Información obtenida a raíz de un curso de iniciación a la etnografía de Los Monegros, impartida por el gran etnólogo y escritor oscense Manuel Benito Moliner y las encuestas realizadas en el el 2011 en la localidad de Sariñena bajo la dirección de Ana Otal. 

Publicau en “ Os Monegros el 19 de abrl del 2012.

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