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Soy un sariñenense de los ochenta


Siempre cambian los tiempos, las modas, y cuando te das cuenta ha cambiado tu pueblo y tu gente. No tenía pensado hacer una retrospectiva, pero he caído en la trampa y descubro que no deja de ser un ejercicio de etnografía. La edad no perdona y la memoria es un juego caprichoso que nos traslada a tiempos llenos de magia, tan distintos, que la distancia comienza a ser vertiginosa.

 

Sariñenense hasta la médula y a mi manera, sin dudar en significarme si pienso que es lo mejor para el pueblo, aunque me equivoque, aunque me critiquen, que le voy a hacer, mi pueblo es, y lo digo bien alto y con orgullo, Sariñena y sariñenense soy. Apostando vivir aquí, en el medio rural, por sus montes y sierras, ¡en Los Monegros! aprendiendo de su historia y sus gentes.

Así que me libero de mis recuerdos de niñez y juventud, animando a quien quiera compartir los suyos no dude en compartirlos. Soy sariñenense de jugar en las montañetas, por las eras, calles y plazas; de tardes del fin de semana en el patio de entrada del casino, del parque de las monjas y su fuente redonda que había en el centro. Del quiosco del parque y del cine Victoria donde veíamos alguna película de estreno y a veces circo. De ir a comprar el pan al vidriero, entrar adentro del obrador y ver como amasaba la masa, donde hacía los enfarinosos y empanadicos y lo que daría por volver a comerlos, de Virgili, de Cabezarota… Me acuerdo débilmente del Peti, del bar de la plaza de la iglesia y del estanco de regaño, cuando me regalaba sugus. Y de casa Ancho, donde comprábamos por la parte de atrás y los domingos, tras salir de misa, a Trallero íbamos en tropel a comprar lamines, buenas colas se formaban.

Nos tocó ir a las monjas, cuantos recuerdos de sor Felisa y cuanto la queríamos. Después unos íbamos a las escuelas, a parvulitos, y otros aún se quedaban dos años hasta llegar al colegio, a la EGB. Vimos construir el nuevo pabellón y llegamos a disfrutarlo. Comprábamos a través de las vallas a la tienda en frente de la escuela y los viernes teníamos el mercadillo pegado a la escuela, un puesto de ganchitos, gusanitos… se colocaba bien pegado a la valla donde podíamos comprar. A veces, después de la escuela, pasábamos por el tonelero y allí nos quedábamos un rato viendo como hacía los toneles. Y el señor Coto, que se encargaba del colegio, iba con un carro de mano y se traía sobras del comedor para su perra Linda, a veces nos llevaba montados en el carro, cuanto cariño le teníamos.

A la una del mediodía sonaba la sirena y la clase la dábamos por acabada por mucho que los maestros/as aún no diesen por terminada la lección. ¡Habría que recuperar aquella enigmática sirena!.  Algunos nos quedábamos en el comedor, de Sariñena éramos muy pocos y la mayoría eran de los pueblos de la redolada. El comedor y el patio tenía su lado muy divertido a pesar de los garbanzos y el pescado del viernes, casi ni comíamos menos mal que de postre teníamos donuts. Jugábamos en los fosos de arena del colegio, pasábamos el agua de un foso a otro y construíamos presas y canales. Por las tardes muchos iban a mecanografía a las monjas, otros a música, a atletismo, fulbito, fútbol o música entre muchas otras actividades; algunos iban a catequesis y luego a Conques de campamento en verano. Y ya pasamos al instituto, al nuevo, aún me acuerdo cuando iban del uno al otro, del Hospital al de los pisos.

Crecimos con dos canales en la televisión, con Espinete, Un dos tres, la Bruja Avería..,  aún me acuerdo cuando aparecieron Antena Tres y Telecinco, fue toda una novedad. Llegó el vídeo, las películas vhs, los casetes de música, dejando atrás los vinilos, grabando la música de la radio y rebobinando con el boli. Vimos aparecer los primeros ordenadores, los disquetes y el “indestructible” cd… La biblioteca estaba en el piso de abajo del ayuntamiento.

En las Antonas comprábamos lacasitos y toneletes a peseta que contaban uno a uno y Ferraz que repasaba las cuentas producto a producto. En la plaza estaba la farmacia, las zapaterías y las loterías, la calle del medio era el centro de Sariñena, el casco tenía vida, con la joyería, las zapaterías, las carnicerías, las barberías, la pescadería de Gloria, la tienda de Emilieta, los porches, con la frutería de Cambra, que siempre me daba algunas cerezas o peretas.  Comprábamos clavos en la ferretería de Ballarín, una treintena para construir un matagatos. Las camisetas de la caja rural, la piscina, con los trampolines que quitaron o el tobogán en la mediana y los cuatro metros de profundidad de la piscina grande. Jugar a zaborrazos y dar vueltas por las acequias y los campos. Preparábamos las carrozas de san Isidro con una semana de antelación. Siempre con las bicis de un lado para otro, no parábamos, con las bicis de calle, las motoretas, las de cross y  cuando aparecieron las de montaña todos queríamos una, ¡eso sí que fue un gran avance!. El taller de López siempre estaba lleno de bicicletas y de motos, y todos pasábamos por el taller.

Hacíamos  más trastadas, a veces más inocentes. Camanduleando por el pesquero, por la parte de atrás de las monjas, los campos y huertos; arramblar fruta y ser emprendidos y perseguidos, caer en acequias y brazales, con rotos y llevar parches. Ir al río, bañarse por las badinas de Santiago y del Hospital, ir en bicicleta a la estación y poner alguna moneda para que la chafase el tren. Llenos de parches y rodilleras, con camiseta de propaganda y en la feria, en la Femoga, recogíamos gorras y propaganda como salvajes. Soy sariñenense de los ochenta, de la feria en las piscinas, las peñas en el antiguo cine y de las dos salas de maquinetas que abrieron a la vez.

Aquellas fiestas de calles llenas de gente, de Gorgorito dando estacazos al lobo, el dance en la plaza del ayuntamiento y el toro de fuego en la plaza de Villanueva. Rosendo y Vitales haciendo fotos, las peñas con pancartas en la cabalgata y el famoso bombo. Las vedetes de las peñas, la huevo fritada y la calzoncillada; y la despedida del baile de las peñas: todos agachándonos para levantarnos y bailar al son de Nellie the Elephant de Toy Dolls.

Quedábamos en el cruce de Sobella o nos buscábamos por el pueblo, no había móviles, pasábamos por casa o por el teléfono fijo. Las noches de verano íbamos al parque de las monjas, la gente aún tomaba la fresca y algunos días se sentía el afilador avisando con su chuflador su llegada. Luego llegó el instituto, las verbenas en la discoteca de los viernes, las noches de verano en el parque, los trabajos yendo a coger melocotones o tomates… Lo dicho, que uno ya puede ir recordando que ya hay muchos recuerdos que se van olvidando y que no cuesta tanto y es divertido compartirlos. Estos son algunos recuerdos y hay muchos más, también están los tuyos ¡no los pierdas!.

Así, que no queda otra que continuar, consciente de mis raíces, de esta Sariñena tan hermosa de la que tan orgulloso me siento: ¡Viva Sariñena!, ¡Viva san Antolín! y ¡Felices Fiestas!

 

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El casino de Sariñena


* Sala de arcos del casino

La Asociación Cultural y Recreativa “El Casino de Sariñena” es un lugar d´encuentro social y cultural, una sociedad dinamizadora de actividades de ocio, festivas, tradicionales y deportivas con un gran arraigo en la Villa de Sariñena. El Casino es historia, tradición y compromiso, que s´ha consolidau en un pilar imprescindible en la sociedad sariñenense.

Fundadores Casino Sariñena

Fundadores Casino Sariñena.

El Casino de Sariñena prencipió su andadura, aproximadamente, en la segunda mitad del siglo XIX, en referencia a la primera cita conocida que aparece en el Diario de Avisos de Zaragoza. Lamentablemente los archivos de la sociedad fueron quemados en la guerra civil. En el libro de “Sariñena Antigua”, de Salvador Trallero, se cita que el “Casino de Sariñena” en 1900 s´alcontraba situau en la calle del Sol, hoy en día la calle Ugarte, la calle del medio en el tramo que va desde la plaza del Ayuntamiento a la plaza de la Iglesia. Tamién, en el libro de Salvador Trallero “Sariñena y el diario de Huesca”, se replega una noticia sobre el casino del 22 de febrero de 1906:En el “Nuevo Casino de Sariñena” el carnaval será saludado con animados bailes, amenizados con escogida música de cuerda. Una sociedad cultural cuya cultura, organización y estado financiero pueden competir con los mejores de su clase.

El edificio del “Casino de Sariñena” está ande s´alcontraba el granero y l´abadía de la iglesia de San Salvador. En 1928 adquieren, a un particular, el antiguo granero de la iglesia, ande tamién s´alcontraba una bodega de vinos. En 1929 es inagurau el actual casino en la plaza del Salvador u plaza de la Iglesia, un edificio de estilo aragonés actualmente llamau de forma popular “casino viejo”. Más tarde s´amplía con el solar dejau por l´antigua abadía. Tras la guerra civil, en 1938 se reabre el Casino que contina hasta nuestros días y que continará.

Lo impresionante del “Casino Viejo” es la maravillosa “Sala de Arcos” de estilo gótico, ¡sorprendente!. A un lau, de la sala d´arcos, alcontramos una sala en la que, en palabras del presidente de la asociación José María Plaza, se puede observar “un aljibe de grandes proporciones, recubierto de losas de cerámica negra (abacial), una ventana gótica abierta hacia la pared de la actual iglesia con restos del ábside de  la primitiva iglesia y varios accesos a túneles de ignorado paradero”. Un gran conjunto histórico, un tesoro patrimonial desconocido que deberíamos de conocer, valorar y preservar.

             

* Casino de Sariñena

En la Asociación Cultural y Recreativa “El Casino de Sariñena” los socios cuentan con un servicio de bar-restaurante, con diferentes zonas ande s´alcuentra el centro social y se desarrollan los cafés, las tertulias, la zona de televisión, los juegos y concursos de guiñote y butifarra, las partidas al ajedrez, al domino… En la parte alta del casino s´alcontraba el antiguo baile, pero tanto brincar hacía tremolar el suelo del baile, que tuvo que ser trasladau a los entoldaus que se colocaron junto a la plaza.

Pa el baile y otros actos se construyó el “Casino Nuevo”, ande s´alcontraban las escuelas graduadas. El edificio de las escuelas presentaba graves deficiencias, con peligro d´espaldar-se, por lo que fue escachau en 1973 y es ande aura se levanta el edificio de pisos y el casino nuevo. En el casino nuevo se realizan los cafés-conciertos, bingos, bailes, cenas y homenaje a los matrimonios que cumplen 25 o 50 años de casaus y muchas más actividades pa las fiestas, fechas señaladas y pa lo que haga falta.

Con la fogueta bien escoscada

y con el traje bien mudau

to apañau y arreglau,

a un lau queda l´azada.

Preparau pa la fiesta

imos de espabilar

y p´al casino a bailar

que ante la flojera no hay ni siesta.

P´al almuerzo y el vermut

comidas y cenas

lifaras varias

con las mejores amistades.

P´al baile del casino de Sariñena

dicen que las orquestas son mui güenas

iguales que las verbenas

pues la noche desenfrena.

Con el vaso caramullau

¡güen lamparazo!

y cuidau con rujiar

asinas tos a bailar

menos alguno entiparrau

que va de lau a lau.

¡Viva El Casino de Sariñena!

Publicau en “ Os Monegros el 9 de diciembre del 2012.

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