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Georgina Paul Puisac


Georgina Paúl Puisac nace el 19 de julio de 1933 en Capdesaso, en casa “El café de Marina”, café que regentó su familia, principalmente su madre, nombre por el que fue conocido el bar-café. Gracias a Georgina, nos acercamos a la vida de Capdesaso y su pasado reciente a través del café de Marina que actuó de centro social y neurálgico de la localidad monegrina.

Tiempos de antes, recuerda Georgina -duros, pero felices-, cuando iban a buscar agua a la fuente -con una burra y argados de mimbre, dos cantaros a cada lado, cuatro en total- y a la balsa a lavar la ropa, donde había unas pilas de piedra, pues antes –todo se hacía a brazo-.

El pueblo se salvó gracias a la huerta de Capdesaso, fértil gracias a la acequia Valdera y del Molino. El ayuntamiento arrendaba tierras a familias y ayudó mucho. Se ponía de todo: patatas, cebollas, ajos, judías, tomates, acelga… en casa gallinas, pollos y uno o dos cerdos que mataban -uno al inicio del invierno y otro al final-. Tenían oliveras, había molino de aceite en la balsa, y viñas todo el pueblo tenía y se hacía muy buen vino-. Pasadas las fiestas de septiembre, los carros ya estaban preparados para ir a cosechar la uva. Al campo siempre se llevaba vino, en bota, para trabajar. Alguno arrancaba algo de esparto y tan solo más que dos o tres familias hacían sogueta, los “fencejos”.

En Capdesaso hubo posada, en casa Pedruelo, venían con tartanas y mulas ya que tenía muy buenas cuadras. Georgina nombra con cariño la tienda de Fidel de ultramarinos, que también hacía de carnicería, y la de Eleuterio; luego estuvo el Spar, ya sobre 1965. De hornos de pan, recuerda Georgina, primero estuvo el de Montori y luego el de Cuarte, que vino a coger el horno de Inocencio. Venían vendedores de fuera y en la plaza vendían ropas o vajillas y el alguacil, con corneta, daba cuenta de su llegada. De Sariñena venía Dusán, Viscosillas, – venía en una moto con un carro y vendía telas, lanas o hilos-.

A la escuela fue hasta los 14 años, empezó a ir a los 6 o 7 años, aunque muchos querían dejar la escuela para ir a trabajar y ganar dinero. Muchas mujeres marcharon a Barcelona a servir y, cuando regresaban para festivos y fiestas, –traían ropas y zapatos que aquí no se veían-.

Georgina, a los 14 años marchó a trabajar a Porta en el barrio de la estación ferroviaria de Sariñena. Limpiaba botellas y cargaba y descargaba camiones. Iba andando, no le llegaba para una bicicleta. Iba junto a unas chicas que iban para Anoro, que tenía unos grandes almacenes en la estación; compraba y vendía ordio y trigo. Tardaban entre media hora y tres cuartos de hora en hacer el recorrido y si llovía se tenía que aguantar, aunque a veces los de Porta las llevaban. Iban dos o tres y siempre con el paraguas. En Porta recogían almendras, las descascaraban y en una mesa las separaban. Georgina aún se acuerda de la señora Melera que iba al tren a vender gaseosas.

A veces tenía que bajar a Sariñena a comprar alguna cosa, por un balde 1 hora ir y otra hora volver. También, durante un tiempo se dedicó a hacer viajes a Sariñena para hacer encargos, con un carro y burra. También iba a buscar al médico a la estación, donde subía con el coche Ispa.

La casa familiar la hizo un hermano de su padre que fue a América, fue ayudante de cámara, de un marques y para su retiro se hizo la casa para él y toda la familia. Era buena casa, -entonces las casas eran como corrales, con barro a las entradas-. Aunque él no llegó a vivir. El bar lo hizo para su padre. Su padre no había tenido tierras y tuvo que marchar a Reus para trabajar, fue allí donde conocieron al Marques. Pero su madre se quedó viuda muy pronto y tuvo que llevar ella sola el café.

Era café y salón de baile, solían reunirse para hablar, contar sus cosas y jugar a las cartas, algunos al guiñote, pero otros hacían timbas y apostaban dinero. Algunos hasta se quedaban hasta altas horas de la madrugada, alguna vez hasta las cinco de la mañana. Una vez apareció a las tres de la mañana el juez de Sariñena para sacarlos del bar -vino con una tartana y una mula y tuvo que salir corriendo mientras le perseguían por los tejados tirándole piedras y cascotes de tejas-.

A veces daban comidas, si estaba el maestro o el practicante que también se quedaban a dormir en plan pensión. Igual les daban de comer y cama a las orquestas. Durante la guerra se alojaron milicianos -en el salón había 14 camas con milicianos y en el almacén frente a casa de Usola vivían también y tenían transmisiones-. También estuvo transmisiones en la parte de arriba de la casa de Georgina. 

Después de comer iba la gente al café y los domingos por la tarde hacían baile, tenían un patio exterior y un almacén que hacía de pista de baile, con bancos en los laterales y un pequeño escenario. También se hacía baile si había algo especial o cuando la gente lo pedía gracias a la gramola que tenían -siña Marina que haremos baile-. El café lo tuvieron hasta el 2008 cuando cerraron definitivamente.

Las fiestas eran muy sonadas, había hasta 40 chicos que pagaban el baile -¡40 chicos de gasto de orquesta!- por lo que traían muy buenas orquestas. La víspera había pasacalles con la orquesta, después se iba con la virgen todo el camino hasta la ermita de santa Elena y después de la romería, se paraba en alguna casa y se cantaba alguna jota. Había carreras pedestres, comidas… Muy conocido fue Ramón Cambra que tocaba el violín y saxofón, aprendió en Barcelona y era un virtuoso de la música. Lo llamaban para tocar por los pueblos y tocar el violín. En Capdesaso tocaba los días festivos -para san José, el día del Pilar…-.

Para santa Águeda hacían chocolate para todo el pueblo e iban a la iglesia a tocar las campanas, luego hacían baile. Un día apareció un comercial que lo pusieron de chocolate. Y para san Sebastián se hacía hoguera en la plaza de la iglesia y alguno llevaba alguna silla o mueble viejo para quemar.

Georgina se casó con Paco Borbón, agricultor que llevó las tierras de casa Antón Francisco. Georgina ha trabajado en casa, han tenido vacas de leche que vendían a un camión de la Ram de Grañén que la iba recogiendo. A pesar de la dureza de antes, Georgina habla con nostalgia – la gente con poco eran felices. Hasta hace 10 años todas las puertas estaban abiertas, hasta con la llave puesta en la puerta-.

Los hermanos Lana Torres


Paco

Francisco Lana Torres

Francisco Lana Torres nació en 1915 en Sariñena. Hijo de Pablo Lana Marías y María Torres Allué, fueron tres hermanos: Francisco, Marina y Emilia. Su padre, Pablo Lana Marías ejerció como funcionario de telégrafos.

Francisco, conocido como Paco, vivió poco en Sariñena, donde «Los pijáitos iban al casino y los obreros al café» (Plaza de los republicanos españoles: testimonios de exiliado. García, Gabrielle). Pronto comenzó sus estudios en Zaragoza, primero en los maristas y luego con los jesuitas para acabar estudiando ingeniería de telecomunicaciones. Durante su época de estudiante estuvo afiliado a la organización estudiantil y de izquierdas FUE (Federación Universitaria Escolar). Con el inicio de la guerra tuvo que abandonar sus estudios, alcanzando el grado de Teniente de Ingenieros Zapadores. Por sus conocimientos en explosivos, contribuyó a la detonación y voladuras de infraestructuras, tales como puentes, con el objetivo de impedir el avance de las tropas sublevadas.

«Mi padre era funcionario de telégrafos. Un tío, primo de mi padre, era diputado radical socialista en Huesca. De muy joven, ingresé en la FUE. Estaba cursando estudios de ingeniero de telecomunicaciones. Cuando se produjo el levantamiento militar, tenía veintiún años, me uní sobre la marcha a la columna anarquista de Durruti, procedente de Barcelona se dirigía a Barcelona. Empecé la guerra con los anarquistas, pero sin serlo. Durante la guerra, el Gobierno de la República había abierto escuelas militares. Así que acabe ingresando en una escuela popular de guerra. Era el comandante de la Centuria quien designaba quien podía acceder a una escuela popular de guerra» (Plaza de los republicanos españoles: testimonios de exiliado. García, Gabrielle). El tío, primo de su padre, al que hace referencia, responde a Casimiro Lana Sarrate.

Luchó en Teruel, al parecer un invierno durísimo: «Tomamos Teruel por primera vez en diciembre. De allí, marché a Cuenca. Quince días más tarde, las tropas franquistas atacaban de nuevo Teruel, por lo que regresé. La diferencia de fuerzas era evidente. No todos los aviones eran de la Primera Guerra Mundial, tampoco hay que exagerar. Había aviones de caza rusos que no estaban mal, pero las fuerzas franquistas eran mucho más importantes. Sobre todo la aviación. Evidentemente, yo estaba en contra de la no intervención, nos faltaba armamento. Éramos idealistas, pero al cabo de dos años, comenzamos a dudar si alcanzaríamos la victoria» (Plaza de los republicanos españoles: testimonios de exiliado. García, Gabrielle).

Tras la batalla del Ebro se exilió a Francia «De un lado del río, los fascistas; del otro, los republicanos. Me encontraba en Valencia y debía de llegar a Barcelona, el trayecto lo hice por el mediterráneo» (Plaza de los republicanos españoles: testimonios de exiliado. García, Gabrielle). Paco acabó en el campo de concentración francés de Argelès-sur-Mer del que terminó escapando para unirse a las guerrillas de maquis.

Para escapar de los Alemanes, Paco se escondió en la ciudad ocupada de Burdeos, dedicándose a la construcción de una base de submarinos de guerra del ejército nazi. Allí muchos españoles fueron usados como esclavos en la construcción de aquella instalación militar. Más de 2.000 españoles presos fueron empleados a trabajos forzados por los alemanes sufriendo penosas condiciones que acabaron con la vida de más de medio centenar de ellos. La base de submarinos nazis que construyeron 2.080 esclavos españoles, El Mundo.

Paco logró escapar y refugiarse en la Bretaña francesa. En una terraza de un bar en la ciudad de Rennes, conoció a Carmen Renault y enseguida se enamoraron. Como no tenía documentación, se escondió durante seis meses en el desván o buhardilla del colegio, donde Carmen daba clases. Carmen era maestra y el desván estaba justo encima de su clase. Cuando obtuvo una documentación falsa, Paco pudo salir de su escondite y trabajar como electricista instalando campanarios eléctricos en todas las iglesias de la zona. Paco y Carmen acabaron contrayendo matrimonio residiendo en la localidad de Rennes. Como muchos españoles exiliados, Paco soñó con volver a una España libre, pero no pudo ser. Francisco Lana Torres falleció en septiembre del 2004.

Paco Carmen Dinard 1951

Francisco y Carmen en Dinard, 1951.

En Francia, Paco trabajó y perteneció a la sección sindical de UGT y fue secretario del PSOE de la localidad de Rennes (Ille et Vilaine), también fue secretario del Grupo Departamental del PSOE de Ille et Vilaine. Además, la Fundación Pablo Iglesias recoge que participó activamente en congresos como representante de ambas organizaciones, así es el caso de los VII, el VIII, el X, el XI y el XIII Congresos del PSOE en el exilio celebrados en 1958, 1961, 1967, 1970 y 1974. En el VIII Congreso de 1961 lo hizo como delegado suplente. En la UGT fue delegado de la Sección de Rennes al VIII, IX, X y XI Congresos de la UGT en el exilio celebrados en 1962, 1965, 1968 y 1971 respectivamente. En los dos últimos como delegado suplente. En abril de 1976 representó a Rennes en el XXX Congreso de la UGT celebrado en Madrid. En 1981 continuaba residiendo en Rennes suscrito a El Socialista (Fuente: Fundación Pablo Iglesias).

Marina Lana Torres nació en 1920 en Sariñena, aunque su verdadero nombre era María Pilar. La vivienda familiar se ubicaba en la calle Goya de la localidad monegrina. A los dieciséis años, con el estallido de la guerra, Marina fue enfermera voluntaria en el Hospital Militar de Sariñena y miliciana, perteneciendo a las Juventudes Socialistas Unificadas. En el hospital conoció al teniente de intendencia catalán Tomás García-Ciaño Napal, nacido en 1911.

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Marina, segunda por la derecha con otras enfermeras. Fotografía tomada en Barbastro, calle san Ramón, con la casa nueva de Fierro y al otro lado la barbería Vargas.

Tomás no participó activamente en la guerra y se dedicó a realizar labores de intendencia en Sariñena. Gracias a su intervención, evitó que delatasen a dos monjas que se encontraban clandestinamente realizando una celebración religiosa, hecho por el que siempre le estuvieron muy agradecidas. Tomás no las delató y ocultó lo visto para proteger las vidas de las religiosas.

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Marina abanderada en un desfile en Barbastro.

Marina quedó retratada por el fotógrafo Agustí Centelles desfilando con la bandera de la JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) junto a las milicianas sariñenenses Isabel Millera, Amparo Casañola, Dolores Laín, Rosario Orquín y Emilia Huerva. El desfile transcurrió en 1937 en Barbastro, calle General Ricardos (Sariñena Antigua, Salvador Trallero).

Durante la guerra, en casa de la abuela de Marina estuvieron once mujeres solas y tuvieron que vender algunas propiedades para poder ir sobreviviendo. Con el avance del bando nacional, Marina y Tomás marcharon a Barcelona y tras la guerra no pudieron regresar a Sariñena. Además, Marina contrajo tuberculosis y tuvo que retirarse al Pirineo aragonés para sanarse, a Aísa, en la Jacetania.

Hasta 1941 Marina no pudo regresar a Sariñena y aun así no pudo volver a su casa de la calle Goya, que por entonces alojaba a un militar a modo de fonda. Así, primero se fue a vivir con una tía y luego a una casa en la plaza del ayuntamiento, en casa Manin. Allí vivió con Tomas, con quien pronto contrajo matrimonio. Al final, pudieron vivir en la casa natal de calle Goya, aunque tan solo por poco tiempo.

Marina y Tomás abandonaron Sariñena marchando a San Sebastián donde Tomás trabajó en la Mutua General de Seguros. Después lo nombraron Director de la sucursal de Mahón, en la isla balear de Menorca. Allí estuvo durante 5 años. Finalmente lo trasladaron a Zaragoza donde Marina adquirió cierta notoriedad gracias a su profesión de modista y sus diseños exclusivos y reputados. Se especializó en ropa infantil siendo una dura competencia al afamado comercio Ríos de Zaragoza. Marina tuvo una gran personalidad, con un carácter fuerte y alegre.

Pablo Lana Marías fue denunciado a pesar de sus pocas vinculaciones políticas y trasladado a una cárcel de Madrid. Allí estuvo encerrado en el corredor de la muerte durante 5 años esperando todos los días que lo fusilaran. Al final, fue el párroco de Sariñena quién logró sacarlo de la cárcel y volvió a su trabajo habitual montando postes de telégrafos. Al cabo de un tiempo, estando trabajando y subido a un poste, llegó la Guardia Civil y su denunciante y Pablo cayó al suelo perdiendo la vida. ¿Qué pasó?, nadie lo sabe, la versión oficial es que cayó del poste al suelo y perdió la vida.

En la relación de vecinos de Sariñena, con responsabilidades políticas, aparecen tanto Paco como su padre Pablo. Francisco como teniente del ejército rojo que tras la guerra se halló ausente, exiliado, mientras que Pablo fue considerado izquierdista de U.G.T. figurando en situación de detenido.

Mi agradecimiento a Yöel Lana Renault por compartir la historia, su gran disposición y amabilidad, gracias.