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Los Pierretes


Los Pierretes

 *Foto: Antonio Susín, Carmen la Pomara y Elías Capitán.

      Elías Capitán Inglán, apodado “Pierretes”, debido al amor que su padre José Capitán tenía a los animales, fue “General” del Dance de Sariñena. Elías participó durante muchos años en la representación del duelo entre “Moros y Cristianos”, interpretando al General cristiano. Así aparece elegantemente inmortalizado en una fotografía  de 1940, con un traje militar de alto rango. Su hermano Vicente Capitán Inglán (1899-1967), fue un conocido gaitero del Dance de Sariñena. Vicente aprendió de Sixto Lana “El Rey”, de quien, además de transmitirle su arte, heredó su gaita. Vicente fue huertero, cestero y pregonero. Con la trompeta anunciaba el pregón de asuntos varios del ayuntamiento o anunciaba la presencia de vendedores ambulantes y tocando un tambor anunciaba el pregón sobre asuntos del sindicato de riegos. Vestía un característico traje negro de pana y con su mujer Mónica, con quien hacía las cestas, tuvieron dos hijas, Ilumina y Consuelo.

     Elías Capitán trabajó un pequeño huerto de arriendo por los bancales de Portera, tejía cañizos y blanqueaba con cal. Las brochas las hacía con pelo de burro, triaba el pelo bueno y lo fijaba a un palo con un “modroño” en la punta, con liza iba atando los manojos de pelo hasta formar la brocha. Por aquellos años, Elías y Morcilla eran los únicos blanqueadores del lugar. Para blanquear por lo alto ataba la brocha a una caña. «Pintaba por unas 25 pesetas la habitación» recuerda su hija Josefina Capitán. Josefina es una de las tres hijas de Elías, junto a María y Cristina, y nos ha recibido amablemente en su casa. Mira al pasado con la nostalgia de una época dura, pero en la que se respiraba mayor conciencia de pueblo, más unidad y vecindad: “las puertas de las casas estaban abiertas y nadie entraba”.

     Josefina con sus hermanas tenían que ayudar a su padre, primero era comer antes que la escuela, aunque trataban de faltar lo menos posible. Madrugaban para ir a pelar las cañas y con una hoz las iban pelando de arriba abajo. Su padre cortaba y hacía los fajos de cañas, los tapaba por la noche con las hojas para que no cogieran la rosada y al día siguiente las pelaban. Los cañizos se los compraba Basilio el albañil, a 1,25 pesetas el cañizo. A la hora de comer llegaba su madre con la comida y se la comían en el mismo tajo, con suerte alguna sopa de patetas o de alguna cabeza de cordero. Entre risas, Josefina cuenta la extrañeza que su padre se llevaba al percatarse que a las sardinas de cubo “guardia civiles”, compradas en casa Ancho, siempre les faltaban los ojos, pues Josefina se los comía en el trayecto de vuelta a casa.

   Para las fiestas se mataba un tocino y pollos tomateros, que eran pollos muy tempraneros. Criaban conejos y con una jadeta, Josefina, iba a buscar hierba para criarlos. En casa hacían sogueta, respigaban almendras, arrancaban lino, iban a buscar carbón quemado a la estación para calentarse e iban a comprar romeros que traían de Castejón de Monegros: “amadruga, que te darán los mejores”. Josefina nos recuerda la forma de hacer las criadillas, que las considera mejor que los sesos, para cocinarlas les quita la piel y las hierve un «poquer», las apaña con un poco de aceite y ajo y listas para comer. Con las tripas de cordero hacían sopa, las tenían que lavar muy bien. La forma que tenían para limpiar las tripas era dejarlas a remojo con cal en polvo y al día siguiente se rascaban dejando las tripas limpias y blancas. Muchas personas iban a su casa a comprar cal para limpiar las tripas.

     Gracias a  Josefina Capitán por abrirnos la cadiera monegrina de los recuerdos, siempre un placer aprender de la gran sabiduría popular. Y también gracias a Manuel Antonio Corvinos porque, como siempre, ayuda y hace disfrutar de la aventura de viajar a las raíces de nuestra tierra monegrina.

     * La cal la elaboraban utilizando los hornos que se encuentran en el antiguo puente de Santiago sobre el Alcanadre en Sariñena. (Ampliada la información el 11/11/2014).

Publicau en Os Monegros el 20 de octubre del 2014.

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Pallaruelo de Monegros


Pallaruelo de Monegros se encuentra al pie de la sierra de Alcubierre, entre campos de cereales salpicados por sabinas centenarias. El paisaje es único, el sabinar de Pallaruelo es un tesoro, un bosque formidable de sabina albar junto a especies esteparias como el romero, la ontina y el sisallo. Pallaruelo resalta en el paisaje, es un pueblo costanero culminado por los restos de una antigua torre, el último vestigio de la antigua iglesia construida en 1258. Se han perdido gran parte de las tablas góticas del retablo, del siglo XIV, obra de Martín Soria, pero afortunadamente aún se conservan algunas en el Museo Provincial de Huesca.

Las primeras referencias escritas de Pallaruelo corresponden a 1170 y son: Pallaruelo, Pallerolo, Payleyrol, Pallyaruelo, Palarolo. Manuel Benito ha relacionado su origen etimológico a “Palacio”, del latín PALATIUM: propiedad, granja. Pero es Bienvenido Mascaray, en Toponimia altoaragonesa, quien nos ofrece un análisis más profundo considerando Pallaruelo un topónimo ibérico cuyo significado es “el terreno costanero de avena”, y más completamente “el terreno costanero sembrado de avena”.

La Iglesia parroquial a San Salvador es contemporánea, de 1808, de un estilo Barroco clasicista. Las fiestas patronales se celebran los días de San Salvador (6 de agosto) y San Roque (7 de agosto). En las vísperas de las fiestas se cantaban coplillas y se iba por las casas donde tenían buen vino. El gaitero Vicente “El Capitán” acompañaba los bailes y mudanzas del dance. Acudía a cantar el jotero de Ballobar  “Remetes” y el jotero de Santalecina iba a cantar a Albalatillo; el que cantaba en un pueblo no podía ir al otro, eran rencillas sanas entre pueblos. La ronda jotera ha estado sin realizarse más de cincuenta años, pero ahora goza de una completa implicación y participación de todo el pueblo. Lo mismo ha sucedido con el dance, que se recuperó tras 30 años de ausencia.

La cofradía de San Sebastian nació para dar entierro a los transeúntes que fallecían en el término de Pallaruelo, se hacía cargo de los costes del enterramiento. Además se acompañaban y velaban los enterramientos de los cofrades, éstos pagaban una cuota periódica para cubrir los gastos. Para San Gregorio, el 9 de mayo, se bendecían los términos municipales y el 19 de enero se hacía una hoguera para la víspera de San Sebastian. En el centro del pueblo se encuentra el cruecero de La Cruz, una cruz de hierro en base de piedra, situado en la intersección de las dos principales vías.

El geógrafo Madoz, en su diccionario geográfico de 1845-1850, describe Pallaruelo como un lugar bien ventilado, con 70 casas, casa consistorial, cárcel e iglesia. Se cultivaba trigo, ordio, avena; cría ganado lanar, y caza de conejos, perdices, lobos y zorros.

Pallaruelo ha sido y es un pueblo agrícola y ganadero; antes los cultivos eran de secano  y con la llegada del canal de monegros, y la modernización, muchos campos se han transformado en regadío. Tradicionalmente la actividad ganadera se ha basado en el pastoreo de ganado ovino con un pequeño porcentaje de caprino; se consumía mucha leche de cabra. Existían cinco balsas: la balsa Buena y la del Tío eran balsas de consumo humano y las balsas el Consejo, el Tozal y la del Tío Celestino (ya desaparecida) servían para consumo animal. La balsa Buena es de planta circular y revestida con un muro de piedra. En la balsa del Tozal se encontraba el recogimiento para los transeúntes. También, al lado de la balsa del Tozal, estaba  el tejar, donde acudía la familia Dobon de Alcolea, para fabricar las tejas. El viejo pozo Servando se encuentra enronado. La construcción de las casas es en piedra, adobe y tapial.

No había ni huerta ni frutales, pero sí viña y oliveras, en Pallaruelo siempre han gozado de muy buen vino. Abunda la caza menor de conejo, liebre, perdiz… Se recogían carretadas de sosas, romeros y ramas de sabinas para vender como leña, principalmente para hornos de pan. Francisco Lasheras recuerda los 11 kilómetros de distancia entre Pallaruelo y Sariñena, los recorría en carro con su padre y puede describir al detalle el recorrido.

La escuela llegó a tener hasta 36 críos y hoy en día aún permanece abierta. Hace medio siglo había más de 350 habitantes, quizá ahora sean unas 80 personas las que residan habitualmente. En el pueblo hubo una tienda de ultramarinos del tío Villa, la panadería de Victorino, la carnicería de Francho y el herrero  Francisco Soñen. El bar de Antolina estuvo entre los años de 1960 a 1990 y antes estuvo el bar del tío Villa, desde después de la guerra civil. El médico acudía desde Sariñena, el Doctor Pedro Cascales y el Doctor Andión. Del pueblo había un médico, D. Carlos Ruata, que ejercía en Barcelona, pero pasaba largas temporadas en Pallaruelo y siempre atendía a sus vecinos. La comadrona era la Jacoba.

Entre calvos y pelaos

Y gente de poco pelo

Se ha formado un guirigay

En la fiesta de Pallaruelo.

José Pleyan de Porta, Sariñena. En “Aragón histórico, pintoresco y monumental” I Huesca p. 400.

“Pallaruelo, tres cebollas con un huevo”

 Refrán del manuscrito de Gonzalo Correas.

Publicau en Os Monegros el 27 de junio del 2014.

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Acto republicano Los Monegros 2014


En nuestra memoria Elisa García Sáez

“Muerta heroicamente

luchando contra el fascismo

en el frente de Aragón

sector Tardienta”.

 ¡Siempre en nuestros corazones!

¡Estás en nuestra memoria!

 

En nuestro recuerdo: todas las mujeres republicanas que con sus compañeros muertos o encarcelados, sobrevivieron en la postguerra recogiendo “Cagacierros”, carbón quemado que los maquinistas de los trenes arrojaban a las vías. Aquellas mujeres volvían destrozadas, cargando los pesados sacos a sus espaldas, caminando durante los más de tres kilómetros que distan las vías del tren al pueblo. Volvían con el miedo de encontrarse a la guardia civil y les incautase el carbón, su trabajo, su único medio de vida, el pan de sus hijos, en esa continúa represión que la dictadura fascista de Franco ejerció violentamente contra las vencidas y los vencidos. Para aquellas mujeres que volvían negras del carbón, mujeres luchadoras y valientes, todo nuestro reconocimiento y homenaje.

En nuestra memoria todas las mujeres y  hombres que lucharon por un mundo más justo, igualitario y humano.

En nuestro presente la crisis mundial que asola y margina grandes partes del mundo: las malditas guerras, las hambrunas, la explotación infantil, las epidemias, la pobreza y la gran crisis ambiental que hace peligrar nuestra madre tierra.

Nuestro presente dominado por el capitalismo, las desigualdades, el poder y la riqueza en unas pocas manos. Han creado esta estafa llamada crisis para mantener su estatus de poder y someternos a la esclavitud del capital, nos quieren arrodillados a sus pies. Nuestro presente se encuentra ante el fundamentalismo religioso que trata de someter a la mujer imponiendo el anti-abortismo a todas y todos, dominando una sociedad en la que impera el machismo, el sexismo y una retrograda moral cristiana. Nuestro presente es la lucha por la sanidad, la educación, la ley de la dependencia, por los transportes públicos e infraestructuras, la memoria histórica, los derechos sociales y libertades. Presente de lucha contra los desahucios y las estafas bancarias, los despidos y la profunda precarización laboral, impuesta por los mercados, salvando el capitalismo y asumiendo muertes como inevitables, cuando hay culpables y responsables que han de responder. Nuestra lucha es contra la división de la clase obrera, contra los muros y las vallas que desgarran vidas, contra la violencia de un estado que asesina en Melilla y reprime salvajemente a sus ciudadanos en las calles, nuestra lucha es por la solidaridad y la justicia.

En nuestro horizonte la esperanza, la tercera república, defender nuestro medio rural y nuestros servicios, defender las conquistas sociales y libertades que tantas vidas han costado, vidas que quieren que olvidemos, que olvidemos que la lucha social, la unión del pueblo puede y tiene el poder de derrocar el sistema corrupto y perverso. Nuestra utopia es posible, lo irresponsable es continuar con el actual modelo de desigualdades e injusticias. En nuestro horizonte no hay ni reyes ni reinas, ni privilegios, ni machismo, ni fascismo… tan sólo hay personas cooperando en igualdad y libertad.

Como ciudadanos tenemos el deber de construir un mundo mejor, avanzar por una sociedad más humana y un planeta tierra más habitable. Personas como Elisa García son un ejemplo de lucha y compromiso, una estrella libertaria más en cielo que nos guía.  Con las ideas y la convicción, vamos caminando por la 3ª Republica: ¡Viva la republica!

Sariñena

13 de abril del 2014

Publicau en Os Monegros el 13 de abril del 2014.

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Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena XIII


Pa San Miguel acontecía la “Miguelada”, fecha en que los jornaleros y criadas podían cambiarse libremente de casa para la que trabajaban. Pa Todos los Santos se llevaban lamparillas y flores al cementerio. La noche de las “animas”, la noche anterior a todos los Santos, se colocaban en las casas unas lamparillas o candelarias y esa noche se tocaban las campanas y contaban que salían las almas, “dichoso mes de noviembre que empieza con Todos los Santos y acaba con San Andrés”.  Las candelas también se encendían cuando había tormentas, para Santa Bárbara la patrona de las tormentas.

El día de Santiago se refrescaban con la gaseosa de papel de la samaritana y la armisen (la llamada gaseosa de pito). Se iban a las fuentes al lau del puente actual, al puente viejo más abajo del instituto y del Gallipuente, ande aún quedan las pilonas, y a la fontaneta del juez. Muchos pozos de casas son de agua blanda, no apta para personas. Pa hacer el hielo emburaban una zona cóncava en una era, ande luego vertían agua pa que s´helase por la noche. A la una de la noche iban a coger el hielo y lo guardaban en neveros, en algunas casas tenían uno pequeñer, “antes helaba mucho más”. No se abrían los neveros hasta hacer horchata o la limonada en verano. Llega a la memoria que s´hacia ponhe: azúcar, canela, naranja y vino rancio, hoy en día no falta en el belén viviente.

El vinagre se empleaba como desinfectante. Recuerdan como iban mujeres a recoger el carbón quemado a las vías del tren. Al carbón quemado y muy seco se le decía cagacierros. Las mujeres pobres lo cogían para venderlo. A muchos maquinistas les daban pena aquellas mujeres y les tiraban alguna vigueta de carbón, se lo disputaban entre ellas.

            Los lunes a lavar la ropa, los martes a aclarar. De Castejón de Monegros y Pallaruelo de Monegros traían leña con las caballerías. Los romeros eran muy apreciados, especialmente para los hornos de pan, junto a la poda de los olivos. De Lanaja traían leña de carrasca pero los pobres se tenían que conformar con la cañufla, las barrillas, las aliagas, el fiemo… De la Almolda traían el yeso, también desde Valfarta. Llegaban a la plaza de Villanueva ande más que un mercado era un trueque, las naranjas las cambiaban por alpargatas de esparto.

            Unos de Sariñena fueron a vender judías y otras legumbres de estraperlo a Alcubierre, con el miedo de ser detenidos por la guardia Civil. Una vez en Alcubierre a una mujer le dieron prisa para que comprara -¡qué nos va a pillar la guardia civil!- a lo que ella respondió: “Este-sen ustedes muy tranquilos que soy mujer de guardia civil y sepan que nosotros también pasamos mucha hambre.”  Da una idea del hambre que se pasó.

Con este último artículo se pone fin a los apuntes etnográficos de la villa de Sariñena. Cumpliendo el objetivo de la transmisión, queda recogido y contado al pueblo.  Gracias a todas las personas que han participado.

«Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.»

                            José saramago, Cuadernos de Lanzarote.

Publicau en Os Monegros el 17 de febrero del 2014.

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Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena XII


  

        * Hoguera de San Antón

Pa San Juan y San Pedro s´hacían verbenas en el casino. Pa San Sabastian se llevaban los roscaderos viejos pa quemar en la plaza de la iglesia. Tamién en San Antón s´hacían hogueras y existía la tradición de realizar una esquilada recorriendo las calles del lugar bandiando las esquilas. Las esquiladas tamién s´hacían cuando un viudo se casaba: “¿Quién se casa? (pausa con sonido de esquillas y tambor) / ¡Fulanito! (nueva pausa…) / ¿Con quién se casa? (última pausa…) / ¡con Menganita!.

Pa la Virgen del Carmen se estrenaba traje y se elegía a la reina y a las damas de las fiestas mayores. Pa San Antón se bendecían a los animales, “¡se entraban hasta los burros a la iglesia!”. “Pa San Antón la boira en un rincón!” y “las gallinas ya ponen güevos a trompón”. Existían las cofradías de Loreto y la cofradía de San Antolín. Pa la Candelera se daban velas y s´en tenían que prender tres veces, la tradición aún contina en nuestros días. Pa Santa Águeda, la patrona de las mujeres, subían las mujeres al campanario de la iglesia y tocaban libremente las campanas a su antojo, hasta cansarse. Después de la tocada de campanas s´hacían meriendas y verbena, ellas eran quienes sacaban a bailar a los mozos. Pa San José s´hacían muchas fiestas, era un día muy festivo, se celebraban muchos santos, s´hacían bodas etc…  Tamién pa San Pedro y San Juan s´hacían verbenas, pues cuentan que antes se trabajaba mucho y se aprovechaban los días festivos pa las verbenas.

En la década de los setenta, más bien a principios, actuó en Sariñena Rocío Jurado, quien antes de actuar se puso indispuesta, teniendo que ser llevada a la farmacia, ande se le fue puesta una inyección.  En Sariñena han pasau grandes artistas, entre ellos el gran cantador de cuplé Pepe Blanco con Carmen de Lirio, que actuaron en el histórico Romea. Lugar ande, en la época de la Republica, la  Pasionaria dio un memorable mitin político. El Romea tenía una forma muy distinta a la de aura, había butacas y gallinero, s´hacían actuaciones de teatro y sesiones de cine. Las actuaciones mayores se realizaban en los entoldaus (carpas de fiestas), se ponía un entoldau ande estaba la peluquería de Flora, casi en la plaza de la iglesia; normalmente lo ponían pa las fiestas patronales mayores en honor a San Antolín. Pa grandes actuaciones se colocaba un entoldau cerca de la casa de Torres, en la avenida Huesca.

Publicau en Os Monegros el 8 de enero del 2014.

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Arturo Morera Corull


       * Portada “Remembranza de los tiempos pretéritos”

Aunque nació “accidentalmente” en Monzón en el año 1921, su verdadero lugar, su pueblo es Sariñena. Su vida profesional ha transcurrido en Barcelona, ciudad donde ahora disfruta de su jubilación dedicando su tiempo a la investigación y documentación sobre el pueblo de su infancia y juventud: Sariñena. Ha escritos numerosos escritos de historia sobre la localidad, publicados en la revista local y comarcal “Quio”. Escritos variados acerca de la vida del bandido Cucaracha, el general Nasarre y Noguero, el nomenclátor toponímico de Sariñena, la Cartuja de las Fuentes “una historia accidentada”, el dance de Sariñena, retazos de vida pretérita en Sariñena, los Franciscanos de Sariñena, los Luteranos, San Antolin de Pamiers, el refranero medieval de Pedro Valles y ha publicado numerosos documentos encontrados en el archivo de la Corona de Aragón relacionados con Sariñena. También nos ha desvelado los secretos profesionales del origen de los guijarros de Picasso, en la sede del colegio de arquitectos de Cataluña, por aquel año de 1959, Arturo era jefe del departamento de presupuestos de la constructora.

En 1995 se le reconoció como pregonero de las fiestas mayores de Sariñena. El 22 de mayo del 2010 se le realizó un homenaje descubriendo una placa en la calle que lleva su nombre, la calle de la residencia o de la acequia del molino. En 1997 realizó una petición al ayuntamiento de Barcelona para que dedicase una calle a Sariñena, aunque desconozco cual fue el resultado la intención es muy reconocible. Su principal legado son sus publicaciones“Salvador Sarinianus, historia novelada de Sariñena” y“Remembranza de los tiempos pretéritos”, unos libros con su peculiar forma de transmitir pasión y cariño a nuestra tierra y a sus gentes, vecinos y amigos.

En el número 99 de la revista“Quio” aparece el artículo Anécdotas de los tiempos de guerra del 36, narra como a nuestra villa llegaron milicias del P.O.U.M. desde Barcelona. “Muchos jóvenes de Sariñena y de otros pueblos de la comarca, se unieron a los milicianos y, junto a ellos, combatieron a los militares sublevados en Lanaja, Alcubierre y en las afueras de la ciudad de Huesca. Los jóvenes Pinós, Romerales, Puértolas, Ancho, Buil, Orquín, Lana y muchos otros, se lanzaron a la lucha plenos de ardor y entusiasmo, aunque muy escasos de armas y de disciplina.”  Continúa reseñando a Luis Buil en su libro autobiográfico quien escribe que muchos jóvenes sariñenenses fueron a la conquista de Lanaja con una toalla, como única impedimenta y las manos vacías. Arturo cita las palabras que recogió el periódico “Hoy”, del 12 de agosto de 1939, del comandante Aguerri: “En sariñena, me presenté al jefe del frente (Teniente Coronel Alfonso reyes) y le doy cuenta de mi misión… Hablamos largamente durante la comida y me cuenta su tragedia. No manda nadie, no puede hacerse obedecer a nadie. Cada jefe de columna es un semidiós que no admite órdenes, ni consejos ni indicaciones…” Pero la verdadera anécdota de Arturo es la que le aconteció una noche durmiendo en el frente de Huesca. Aquella noche un centinela comenzó a cantar una jota y acabó discutiendo con uno del lado fascista, la discusión sobre en que bando se comía mejor aumento de intensidad hasta que el centinela republicano le tiró una granada que comenzó un fuego cruzado sin sentido en medio de la noche. El “aguerrido” jotero era un sariñenense. Aquel artículo es respondido por Daniel Grustán Ballarín en el “quio” número 100. El escrito es un reencuentro entre buenos amigos de la niñez, intercambiando puntos de vista. Daniel Grustán Ballarín, luchador antifascista y pintor, es autor del libro “Guerra, Exilio y Represión”. Orbituario Daniel Grustán.

Cuando desde este blog comencé a colaborar con la revista “Quio”, en el año 2005, elaboraba una sección de recomendaciones de libros y discos de música aragonesa. Uno de los libros que reseñé fue “Ni el árbol ni la piedra” de Daniel Pinós Barrieras, que relata la historia de su padre Gabriel Pinós Regalado, sariñenense republicano y zapatero de profesión, se incorporó como miliciano en la columna “Roja y Negra” y marchó a combatir al frente de Huesca. Gabriel fue un gran amigo de la infancia de Arturo, la última vez que se vieron fue en el nevado y frío pirineo Leridano, un 25 de diciembre de 1938, y tan sólo pudieron desearse suerte. Nunca ha sabido de su paradero hasta que, gracias a ver la cita del libro, Arturo consiguió conocer la vida que había llevado su gran amigo Gabriel, quien exiliado a Francia luchó contra el fascismo alemán y luego pudo formar una familia. Arturo en su escrito “Gabriel Pinós, Héroe del Maquis” nos cuenta su historia, como el sabe hacerlo, con el corazón. Siempre le ha gustado interactuar con los demás colaboradores de la revista “Quio” y he de agradecer sus comentarios sobre el vocabulario aragonés en monegros del que manifestó que le traían recuerdos de su infancia y juventud en Sariñena.

Efemérides de la guerra civil del libro “Salvador Sarinianus”:

– En 1932 aparece el seminario Adelante, órgano del partido Radical Socialista de Sariñena, dirigido por don José Bruned Puertas.

– En 1936 se establece en Sariñena el cuartel general, el hospital militar y campo de aviación de las fuerzas republicanas durante la guerra.

– 1937 enorme explosión de un polvorín en la plaza de la iglesia con resultado de varios muertos y numerosos heridos.

Visita al campo de aviación del presidente de la Generalitat de Cataluña, Luis Companys, quien pasó revista  a las fuerzas militares republicanas estacionadas en la villa.

El afamado escritor soviético Ilya Ehrenburg visitó Sariñena, interesándose por la marcha de la guerra en la zona.

– Año 1938 Ocupación por las tropas del cuerpo del ejército del general Moscardó, del ejercito de Franco, después de un feroz bombardero de la aviación nacionalista que asoló a una buena parte de las edificaciones de la villa.

A Arturo el inicio de la guerra civil le sorprendió en Zaragoza, donde permaneció el primer año de la contienda. Luego pasó a Francia y consiguió llegar a Barcelona desde donde, un 18 de julio de 1937, pudo regresar a Sariñena para reencontrarse con su familia. Describe una Sariñena sede del Cuartel General de los ejércitos republicanos del frente de Aragón, con los servicios de Estado Mayor, batallón de transmisiones, cuerpo de tren, hospital militar, brigadas de reserva, depósitos de munición y el campo de aviación.

Narra en sus remembranzas descubrir la iglesia saqueada y desmantelada y convertida en un gran taller de mantenimiento de vehículos militares. Notó la gran actividad de tropas y aviones, los “chatos” y las “moscas” que marchaban a los combates de Belchite y que aviones enemigos sobrevolaban la población, sonaba la alarma situada en la torre de la iglesia, causando que los vecinos escaparan a los campos y casetas lejos de la población. En la localidad existían refugios, su familia construyó un refugio a pico y pala con su vecino Mariano Mairal. Arturo se afilió a las Juventudes Socialistas Unificadas de Sariñena, ocupando el cargo de secretario de organización del comité local de Sariñena, pero sus estudios en Barbastro no le permitieron desempeñar su cargo.

El 19 de abril de 1937 estalló el polvorín que se encontraba en la calle de los porches, calle del “mercau”, la explosión causó lesiones a una niña de trece años de edad, Ascensión Vicente quien, años más tarde, se convirtió en la esposa de nuestro admirado Arturo Morera.

El escuadrón “Junkers 52”, bajo las ordenes de Joaquín González Gallarza,  bombardeó el pueblo de Sariñena el 26 de Marzo de 1938. El pueblo quedó desvastado, las tropas republicanas habían abandonado la localidad y los vecinos se encontraban resguardados en las masadas y casetas del monte. Aún así, hubo dos víctimas. El 27 de marzo una división de marroquíes dirigidas por el general Moscardo ocuparon Sariñena.

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  * Arturo Morera Corull

En 1938, Arturo Morera ingresa como Carabinero y es destinado al batallón 52, marchó al frente de Sant Joan de l´Erm, hasta que el 29 de enero de 1983 se retiraron por Andorra condenados al exilio. Fue concentrado en el campo de La Tour de Carol, junto a más de diez mil refugiados españoles. Allí encontró al médico de Sariñena Pedro Cascales, quien con otros médicos hicieron lo imposible por salvar vidas. A los pocos días, arturo fue trasladado al campo de Mazeres. Después participó en las “compagines de Travailleurs Espagnols”. En junio de 1941 regresó a España, volviendo a la localidad monegrina. En su pueblo de corazón conoce a su mujer, con quien se casa y se traslada a vivir a Barcelona donde desarrolla su vida laboral. Tras su jubilación ha dedicado gran parte de su tiempo libre a examinar archivos para investigar  y novelar la historia de Sariñena.

La revista “Quio” celebra su 25 aniversario y en el reciente número 150, Arturo continúa demostrando su extraordinario valor e implicación con la cultura e historia de Sariñena y Los Monegros. En este reciente número 150, aparece publicado su artículo “Noticias del diario Nueva España de Huesca en el año 1938”, en el que se describen las impresiones del corresponsal de guerra del bando nacional “Flecha”, al que Arturo desmonta con sus recuerdos lo que corresponde a la propaganda fascista. Entre las diferentes noticias destaco las siguientes:

– “En la calle Dato, encontramos centenares de hojas que declaran las excelencias de aquel papel Adelante. ¡El radical-socialismo redivivo!. Los señores Lana, Esteban y Bruned, elogian el republicanismo con ribete socialista.”

-“En el Hotel Anoro tiene su sede las Juventudes Libertarias: telas rojas con rótulos inmensos, banderas, folletos del peor gusto y colores. Prensa que atosiga, carteles que marean. En la plazaEnado tienen la sede las Juventudes Unificadas. Tenían, vamos.”

– En este piso espléndido estaba el socialismo instalado. Sería el académico por la elegancia de la instalación y el perfil de la Enciclopedia Espasa que sostiene un magnífico bureau.”

– En una planta baja del mercado vimos la biblioteca más indecente que se pudo coleccionar. ¿Cultura? ¡Perversión! Combinada con aquel cine grosero que ha sido servido a la procacidad de milicianos y milicianas.”

Un cadáver rojo

Ante el “Hotel Anoro”, sirviendo de dosel unos rótulos inconmensurables de gritos “antifascistas” se encuentra el cadáver de un miliciano. Quedó rezagado en la huída de sus compañeros.

Cuando habían llegado las fuerzas nacionales a la plaza, este miliciano quiso defenderse usando granadas de mano. Un certero disparo de pistola le desplomó y quedó con los brazos extendidos y los ojos abiertos.”

Da la sensación que sin Arturo Morera la historia de Sariñena no existiría. Su narración tan cercana demuestra un profundo amor y nostalgia que representa la persona de Arturo Morera, una de las muchas gentes de nuestros pueblos avocados al exilio del medio rural para sobrevivir. Un vecino ejemplar que ha vencido la distancia y siempre se encuentra muy presente entre nosotros, con sus escritos, su historia y amistad. Un excelente e imprescindible trabajo.

* Basado en sus libros y artículos.

Publicau en Os Monegros el 4 de diciembre del 2013.

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Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena XI


Los sariñenenses y sariñenensas acudimos en romería cada 15 de mayo en honor a San Isidro a la ermita de Santiago, portando la imagen de la Virgen de Las Fuentes. Antes se iba de romería al monasterio de la Cartuja de Nuestra Señora de Las Fuentes. Marchaban en carros, se cantaban jotas y otras músicas y se hacían sartenadas.  En “Sariñena y el Diario de Huesca”, de Salvador Trallero, aparece una crónica de la romería al monasterio en 1884, que narra la procesión de más de 200 carruajes, realizando la romería desde Sariñena, tardando unas tres horas en ir y otras tres en volver y congregando en el monasterio cerca de unas 4000 personas. Pero cuentan que un año una gran tormenta sorprendió la romería, provocando una catastrófica vuelta y a partir de ello, la romería fue perdiendo fuerza. Después de la guerra se dejó de ir al cartujo y desde entonces se acude a la ermita de Santiago.

En la ermita de Santiago vivía Carmen la “Marrita”, conocida como “la ermitaña”, vivía por ande ahora s´encuentra el escenario y “había casa y corral”. Cuidaba la ermita y pedía limosna por el pueblo pa vivir. Cuando los zagales y zagalas subían a la ermita, ella siempre les daba agua.

En la guerra civil se quemaron los retablos de la iglesia y los archivos. Entre lo que se quemo en la plaza de la iglesia, s´alcontraba la imagen de la virgen de las fuentes, cuando to ardía la cabeza rodó escapando de la hoguera y sin que naide se percatase la “Cibora” (Nogues), la cogió y pudo llevársela a esconder en casa de Isabel la “Panara”. La escondieron entre la paja y mientras fueron los bombardeos a Sariñena, fue escondida en el monte, “¡En el cado de los conejos!”.  El manto de la virgen tamién se salvo y pasada la guerra se le hizo el cuerpo con un tronco.

Se celebraba la patrona de Loreto, se comían judías blancas, con laurel y ajo, y carne asada. Se cenaba en casa Julia y Juan José Bornau, los zapateros, que vivían en la calle del medio y la comida se realizaba cada año en casa de un cofrade.

En las fiestas de San Antolín se daba torta de llama. Pa San Sebastian s´hacían hogueras y los roscaderos viejos se llevaban a la plaza de la iglesia pa quemar. Tamién pa San Antón se realizaban hogueras y la cencerrada, la tradición s´ha recuperau este año y varios vecinos volvieron a hacer sonar los cencerros por las calles de la villa. Las cencerradas tamién s´hacían cuando algún viudo se volvía a casar.  Pa San Juan y San Pedro s´hacían verbenas en el casino.

Pa la noche de todos los Santos se tocaban las campanas y salían las almas. Las anemias, la miseria hacia ver cosas: “¡Los zagales iban a pedir un poco de pan a los hornos!”. Cuando moría un niño se tocaba la campaneta, la campana pequeña del campanario de la iglesia. Había un hombre ciego que se ganaba el dinero buscando caracoles. Soplaba al caracol y sabía si estaba lleno u bofo. Mucha gente se ganaba el dinero con los caracoles. La gitana, “la siña Maria”, a quien recuerdan con mucho cariño, compraba pieles de conejo a cambio de hilos, dedales y trenzaderos. Tamién la Federica compraba pieles. Un señor, José el trapero, cambiaba trapos y ferralla por naranjas y mandarinas, siempre venía con una burreta.

Publicau en Os Monegros el 4 de noviembre del 2013.

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La post guerra


* Prototipo de carro de combaste realizado en Barbastro que fue trasladado a Sariñena. Info: Foro Worldoftanks.

Conversaciones con Manuel Olivan Foj

Episodios de la memoria histórica de Sariñena, 3ª Parte.

Fue dura la guerra y fue dura la postguerra. Durante la dictadura, muchas mujeres de maridos republicanos encarcelados o muertos, para poder alimentar a sus hijos y sobrevivir, iban a recoger el carbón quemado que tiraba el tren en un terraplén de la vía. Aquel carbón aún servía y las mujeres acudían a recogerlo, les costaba llenar sacos que después debían de llevar hasta el pueblo, a más de tres kilómetros de distancia. Volvían negras, destrozadas por el peso y la distancia, y asustadas por no encontrarse con la guardia civil, quienes les quitaban el saco a las pobres mujeres, les hacían la vida imposible. Una cara más de la represión franquista. Manuel recuerda esconder los sacos en el carro cuando volvía con su padre de recoger leña, normalmente romeros, para el horno de pan. El saco lo vendían por unas tres pesetas, para aquellas mujeres tan represaliadas y humilladas era la única forma de sobrevivir.

A una mujer la iban a coger todos los domingos la guardia civil, la mujer de Manuel fue a coser para ellas. El padre estaba exiliado en Francia y el acalde les enviaba a la guardia civil todos los domingos, a ella y a sus hijas las llevaban al cuartel, ya no comían, y reiteradamente las interrogaban. Las marcaban, las sometían, las culpaban… la represión tuvo infinitas caras en la dictadura fascista de Franco.

En la postguerra existió el “Auxilio social”, unos comedores sociales para las personas que no tenían para comer. A muchos niños y niñas de republicanos cuando les tocaba la vez los mandaban de nuevo al final de la cola, a veces ni les daban comida. A los pobres niños los trataban con odio y desprecio, como basura, y simplemente eran sólo unos niños.

Manuel tuvo que ir a la escuela, recuerda que un día les hicieron rezar, solamente alguno sabía rezar, otros balbuceaban las oraciones y otros comenzaron a reír sin parar. A un amigo de Manuel, que no podía parar de reír, el cura le soltó un manotazo que le rompió las narices. Manuel salió en su defensa -si fuéramos hombres no te atreverías-  y el cura soltó un manotazo a Manuel, rompiéndole también las narices. Manuel escapó corriendo del cura, pero el fascismo se estaba instaurando, la represión y el adoctrinamiento debían de mantener el poder del régimen franquista.

Escuchar a Manuel es abrir la tapa del arcón de la memoria de la vieja cadiera sariñenense.  La historia siempre está presente, en el silencio es amarga y en su recuerdo está la verdad y la libertad, el conocimiento y la dignificación de quienes sufrieron  el fascismo. Queda mucho por contar, muchas historias que rescatar del olvido. Historias como la de “La Mala”, una mujer que al ver pasar los aviones nacionales exclamó -¡ojala os esnucarais, (desnucarais) que vais a matar a mis hijos!-, la escucharon los republicanos y la detuvieron, después de la guerra aún permaneció unos años en la cárcel. La cárcel de Sariñena se encontraba en la plaza de Mecin, donde estaba la casa de las monjas. Otra  mujer, la siñora Juana, con una trompeta llamó a la manifestación a las mujeres para manifestarse contra el secretario, fue detenida y fue un acto muy impactante llevado a cabo por una mujer.

Ha sido un gran honor escuchar, un placer recoger la memoria y una suerte de contar con Manuel. Persona de un enorme carácter afable y familiar, gracias Manuel por compartir tus recuerdos.

Publicau en Os Monegros el 25 de octubre del 2013.

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* 31 de Octubre del 2013

Repasando lo recopilado para la elaboración de los “Apuntes etnográficos de Sariñena”, me he encontrado la memoria a las mujeres carboneras de la post guerra.

«Recuerdan como iban mujeres a recoger el carbón quemado a las vías del tren. Al carbón quemado y muy seco se le decía cagacierros. Las mujeres pobres lo cogían para venderlo. A muchos maquinistas les daban pena aquellas mujeres y les tiraban alguna vez viguetas de carbón, se lo disputaban entre ellas.»

La guerra, sucesos


        * La laguna de Sariñena conlos pirineos al fondo.

Conversaciones con Manuel Olivan Foj

Episodios de la memoria histórica de Sariñena, 2ª Parte.

Las colectividades no funcionaron bien en Sariñena. Una colectividad ocupó las tierras de casa Castanera (casa Mirallas). La familia de Manuel no vendió sus mulas, las mantuvieron para trabajar sus tierras, otros labradores vendieron sus mulas a la colectividad. Faltaba mano de obra, dos quintas de jóvenes habían marchado a la guerra, más de 80 chicos perdieron su vida en la guerra. A los jornaleros les pagaban unas 10 pesetas, que para entonces estaba muy bien. Otros iban a trabajar al aeródromo de voluntarios, pero también les pagaban, la pista se hizo a mano, se amasaba la grava a mano. También muchas mujeres encontraron en el campo trabajo como cocineras. La presencia del campo de aviación aseguro la existencia de mucho orden por las calles de Sariñena, las continuas patrullas paraban pronto cualquier altercado. Había mucho militar, se hacía cine todos los días y en el salón de cine se hacían bailes, los soldados tenían dinero.

Un piloto del bando nacional, despegó del aeropuerto de Zaragoza para sobrevolar tras las líneas enemigas. Cometieron el error de partir sin repostar combustible, por lo que se quedó sin el combustible teniendo que aterrizar al lado de fuerzas republicanas. El piloto fue arrestado y trasladado al campo de aviación de Sariñena, lo presentaron ante el comandante Reyes del aeródromo “Alas rojas”.  El joven piloto fue interrogado por el comandante, para corroborar su versión se hizo entrar a varios pilotos del campo y ante  la sorpresa de todos se dio un fuerte abrazo con un antiguo compañero de la escuela de aviación de Madrid. A los pocos meses, fue cambiado por un piloto republicano preso por las tropas nacionales. Se escuchaban los bombardeos al campo de aviación y como contestaban con las ametralladoras.

Su hermano, Julián Olivan Foj marchó a Barbastro de donde partió al frente de Huesca. Las últimas noticias que tuvieron fue que estaba luchando en el frente de Teruel. Julián perteneció a la 28 división de Ascaso, 127 brigada 3er batallón 4ª compañía. Manuel se enteró que en la localidad de Sarrión, provincia de Teruel, se enfrentaron contra las tropas italianas. En la batalla quedaron atrapados por los tanques italianos y se libró un tremendo enfrentamiento de los milicianos, a cuerpo descubierto, contra los acorazados. Murieron muchos milicianos, ante una muerte segura se echaron encima de los tanques, disparaban por cualquier hueco, fue algo atroz, los tanques se tuvieron que retirar llenos de cadáveres por dentro, algunos republicanos lograron sobrevivir. Pronto tocaron a medianoche que el frente lo habían roto, las tropas nacionales avanzaban sin resistencia. Se formaron pequeños grupos de republicanos para enfrentarse a las tropas nacionales, para frenar su avance. Uno de aquellos hombres fue Miguel, “uno del pueblo de Sariñena”, quien contó a Manuel lo que le sucedió aquella noche.  Iban en la oscuridad, campo a través, hasta que llegaron a un barranco donde oyeron voces, se acercaron lentamente, intentando pillar desprevenidos al enemigo, pero pronto reconoció una voz familiar, era Julián Olivan, su amigo de Sariñena; después de saludarse y compartir la escasa información los grupos se despidieron. Fue la última vez que alguien vio a Julián con vida. Años más tarde, a Manuel, uno del pueblo le contó que un guardia de la prisión de Santoña había conocido a un tal Julián de Sariñena. Nunca más se ha sabido nada de él.

En uno de los bombardeos a Sariñena, Manuel se encontraba volviendo de recoger leña de romero del gallipuente, con su padre; leña para los del molino de harina del camino de  Los Olivares. Los del molino se criaban un tocino con los desperdicios, su cuñado era el molinero y fue voluntario en el campo de aviación. La leña la llevaban para la matacía. Pero pasado el puente del río y llegando ya al pueblo, sintieron el ruido de la aviación. Se acurrucaron al costado de una aguadera, que conduce el agua a las balsas. Manuel recuerda que en los días soleados y claros las bombas brillan, aquel día la vio brillar terriblemente esplendida en el cielo. –Papa, ya han tirado una bomba– y al momento sintieron una gran explosión muy cerca de donde estaban. Tenían una mula muy asustadiza que siempre tenían que atar para que no se espantase, pero esa vez ni se movió. El aeroplano volvió a pasar rasante, quizá lo que antes vio como objetivo enemigo lo distinguió claro, ellos se refugiaron en una paridera cercana de casa Torres. También cayó una bomba detrás de la iglesia, en casa de Barrieras, causando daños materiales.

El gran bombardeo fue atroz. Murieron algunas personas, casi todo el pueblo escapó a las masadas del campo. El zumbido, el estruendo y seguido la tierra temblaba;  por si se derrumbaba el tejado se colocaban los colchones encima. Manuel recuerda que estaban sin comida en el monte y tuvieron que ir con su padre al pueblo en busca de comida. Al llegar al puente sobre el Alcanadre se encontraron a las tropas republicanas preparando la retirada. El puente estaba preparado para ser dinamitado. Les dejaron pasar, les apartaron las ametralladoras,  los soldados abatidos reflejaban una dura derrota, algunos aún permanecían por el pueblo, replegándose y defendiendo unas posiciones ya perdidas. Por la calle de la avenida no podían subir, los escombros cortaban el paso, subieron por el camino de las torres, pero a la altura de las antiguas escuelas ya no pudieron pasar con el carro. La calles se encontraban llenas de enrona (escombros), pero consiguieron llegar hasta su casa y coger un saco de harina de unos 100 kilos que su padre llevo encima entre la enrona y los maderos que cubrían las calles. Manuel cargo en un roscadero un pequeño tociner(cerdito) y después cargaron algunos víveres que pudieron coger. Volviendo con el carro, éste se enrolló con unos cables de luz de un tendido caído, las mulas tuvieron que emplearse a fondo para vencer y romper los cables. Al pasar el puente, que dinamitaron en el último momento, huían los soldados republicanos en formación de dos líneas a cada lado de la calzada, en medio pasaban los camiones y vehículos con las ametralladoras, a ellos los dejaron ir en medio.  El abuelo de Manuel permaneció en el pueblo durante el bombardeo, sobrevivió de casualidad, la casa se derrumbó y tan sólo quedo el hueco donde permaneció, entre la puerta y la escalera de la casa; vio un poco de luz y esgarrapando (escarbando) pudo escapar. Un vecino murió por las ametralladoras, era Perifollos.

             Continuará…

Publicau en Os Monegros el 18 de octubre del 2013.

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Conversaciones con Manuel Olivan Foj


                    * Manuel Olivan Foj

Episodios de la memoria histórica de Sariñena, 1ª Parte.

Juegos interrumpidos por la guerra

Manuel Olivan Foj nació en Sariñena en el año 1927, ha trabajado como agricultor y ha sido militante del Partido Comunista. Conserva una esplendida memoria, la guerra civil la vivió con 9 años, pero hay episodios que los recuerda como si hubiesen sucedido ayer. Manuel refleja la mirada de una persona integra, honesta y de fuertes convicciones. Narra la historia con absoluto respeto, con sinceridad, con nostalgia de una juventud interrumpida por la guerra, hubo tragedia pero también tuvo su lugar la felicidad. Sirvan estas palabras como reconocimiento al ejemplo de tantas personas, como Manuel, que mantienen en su memoria el dolor que tanto se sufrió por una guerra que después instauró una terrible dictadura que oscureció los aires de libertad que soplaron en su juventud.

La familia de Manuel regentaba un horno de pan en la calle del muro (Ronda San Francisco), cerca de la plaza de la iglesia. Vivió la guerra mientras jugaba en la plaza con sus amigos, recuerda el trasiego de tropas, las fiestas, los bombardeos y varios hechos muy marcados en la historia de Sariñena. Recuerda como se llevaban al cura detenido, Manuel se encontraba jugando en la plaza. Al cura le habían ordenado en varias ocasiones que no debía celebrar misa, pero él contestaba mal, no reconocía la autoridad y a regañadientes cerraba la iglesia. Era un cura joven, al anterior lo querían mucho en el pueblo, Mosén Pedro murió antes de la guerra, era muy mayor. Un día, el joven cura, a la media hora de cerrar la iglesia por orden de ayuntamiento, la volvió a abrir para realizar misa. Cuando entró la comitiva del ayuntamiento le encontraron una pistola escondida, lo apresaron y se lo llevaron; más tarde, lo asesinaron en el cementerio.

En aquellos tiempos enterrar costaba mucho, el enterrador era mayor y las fosas las tenía que picar a mano. El cuerpo del joven cura lo quemaron, fue la solución más fácil. También quemaron los cuerpos de unos treinta falangistas que atraparon y fusilaron en la sierra de Alcubierre. Relatan que los cuerpos al quemarse parecían encogerse y el enterrador asustado vio como algún cadáver se sentaba, infundiendo un miedo desconocido para un hombre muy curtido en el oficio de enterrador.

Tras la guerra, el enterrador permaneció preso cuatro años, el pobre nunca se había significado, simplemente lo encerraron por ser enterrador. Antes de la guerra muchos zagales iban de rabadanes, a veces tan sólo por un trozo de pan al día. Cuando el enterrador contaba con once años acudía como rabadán a una finca de Moncalvo, en el lugar permanecían por periodos de unos quince días; así que tenía que ir al pueblo en busca de provisiones cada cierto tiempo. Una vez volvía con la burreta cargada de pan, patatas, judías, aceite… que el amo del ganau, el siñor Pedro Salavert les había proporcionado. Al pasar por unos corrales escachados cerca de la viña de Portera (a la salida del pueblo dirección Pallaruelo), le salió al paso un gitano -¿ande vas chiquer? ¡trae to p´aca!-, y le arrebató toda la comida. Entonce, el joven enterrador, agarró la vara de pastor (con la que cazaban alguna liebre) y lo pilló por detrás, arreándole un garrotazo que lo dejó muerto. Preocupado retornó al pueblo para contárselo al siñor Pedro, quién además era el alcalde, -¡siñor, siñor, lo he muerto!- . Quedaron en tirarlo al brazal de los Estopañales, nadie lo había visto, así que si lo escondía bien y nadie lo veía, de lo acontecido nadie se enteraría, y así ha sucedido durante años.

Cuando fueron a quemar todo lo de la iglesia ofrecieron la madera para el horno de la familia de Manuel. Su madre se negó rotundamente, aunque la tirasen al río. Para tirar el altar ataron una soga a un santo y una veintena de hombres se pusieron a tirar, el altar era tan fuerte que solamente se rompió el santo. Muchos zagales dejaron sus juegos para ver lo que hacían. Todo se quemó, todas la imágenes y altares de la iglesia.

Cuando se produjo el alzamiento militar, Luis el capitán de la Guardia Civil del puesto de Sariñena telefoneó a su hermano, el teniente coronel de la Guardia Civil de Huesca. El encargado de la telefonía de Sariñena, Mariano López Javierre, espió las conversaciones. Luis le contó a su hermano la situación en Sariñena, mala para los sublevados. Luis recibió la orden de bajar hasta Fraga e ir sublevando los cuarteles hasta Huesca, Luis le trasladó a su hermano que no había incidentes y que no querían exponer sus vidas. Pero era una orden y la tuvo que acatar, así que se montó en un coche junto a otros guardias civiles y se dirigieron hasta Monzón. Ahí les recibieron unos vecinos que montaban guardia, les dejaron pasar y les dijeron que realizaban una patrulla rutinaria. En Binefar también se encontraron a varios vecinos haciendo guardia, pero pronto se percataron que los estaban esperando y viéndose atrapados pensaron en disparar, pero sabían que no tenían escapatoria, además tenían familia y debían velar por ella. Al final dejaron marchar a todos menos al capitán Luis, lo encarcelaron en Barbastro y lo fusilaron al poco tiempo, en el mes de agosto.

 Al mando del cuartel de Sariñena se quedó un Brigada, pronto un comité de personas del ayuntamiento les hizo entregar las armas. El brigada tenía un hijo que marchó de voluntario a la columna de Durruti. Eran una familia numerosa y pidió al ayuntamiento sustento, se quedaba sin nada al dejar el puesto, así que lo contrató el ayuntamiento y se dedicó a supervisar y organizar las guardias que se hacían en el pueblo.

En Lanaja había varios obreros que se encontraban realizando las obras del canal de Los Monegros. Aquellos obreros supusieron para Lanaja una entrada de ideas sindicalistas, compartían conversaciones con las gentes del lugar cuando se tomaba un café o cuando se juntaban para tomar un chaterde vino. A unos dos o tres días de comenzar el alzamiento militar, dos sobrinos falangistas de una casa de Lanaja, subieron desde Zaragoza con dos camiones junto a unos 6 u 8 falangistas. Detuvieron a unos 16 trabajadores y sindicalistas del canal, los subieron a los camiones y comenzaron su regreso a Zaragoza. Los camiones se detuvieron en la plaza del pueblo de Alcubierre, donde antes existía un frontón. Ahí fueron rápidamente fusilados los 16 obreros, pues los falangistas sabían que dos camiones habían partido desde Sariñena para interceptarlos. Los falangistas no tuvieron tiempo de rematar los cuerpos, de dar el tiro de gracia y así, uno de los trabajadores, sobrevivió haciéndose pasar por muerto entre los cadáveres de sus compañeros.

       Continuará…

Publicau en Os Monegros el 11 de octubre del 2013.

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