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 JUDÍAS VIUDAS


    El sabroso título de este nuevo trabajo de investigación surgió en una grata conversación con Luis Arasanz de la Venta Ballerías  una mañana del mes de junio en el tozal de Mataliebres y  terminó en la trastienda de la guarnicionería de A. Royo con José Lerín de entendido en el tema. Tertulias en las que se habló del vivir diario de la gente que salía al monte a segar en verano,  a coger olivas en invierno o a preparar el sementero en otoño.

   Eran veranos duros y calurosos, de gabilladoras en los montes y trilladoras en las eras, faenas que bien podían durar un mes o mes y medio y de  inviernos fríos,  reumas, sabañones y velas en la nariz.

   En el monte la comida no andaba escasa porque a lo que solían llevarse de casa le añadían la caza que conseguían con escopetas o preseras. Más modernamente, cuando se generalizaron las cosechadoras a finales de los cincuenta, uno de los segadores se colocaba estratégicamente encima del aparato y desde ese mirador privilegiado disparaba a los conejos que salían asustados por el ruido de la máquina. También podían llevarse de casa a las gallinas y pollos para que aprovechasen los granos que se desperdiciaban por los campos, para comerse los huevos que ponían e incluso la carne de alguno de esos volátiles .  Se bebía vino en bota y agua del río o de las balsas, previo desalojo manual de los bichos que pululaban  por la superficie de estas últimas.

   Había tanta caza que  los de la Venta tenían permiso de Gobernación para cazar en el coto que llamaban Industrial hasta 7.500 conejos al año, pero con la particularidad de que el 50% de ellos debían de donarlos para caridad. Casi cada mañana sacaban a la Sesantina un saco lleno de conejos, mientras en la oscura estación de la calle Cabestany esperaba  un funcionario de la DPH para recoger el saco y repartirlos por las distintas casas de beneficencia de la capital.

  Pero sigamos con los menús-tipo de aquellos esforzados segadores: desayunaban  al amanecer gazapos al ajillo; al mediodía era muy apreciada la sartenada de conejo, patatas, arroz y caracoles y cuando se ponía el sol no podían faltar la lechuga, el pepino, la verdura, el bacalao con cebolla o tomate y de postre fruta. Si quedaban ganas  venían bien unas partidas de guiñote y con la incipiente oscuridad se retiraban a un ”mullido” rincón de paja para dormir en compañía de arañas, roedores y alguna culebra despistada. La iluminación le correspondía a la luz de un candil de mecha (hilo de algodón o tela vieja  y aceite).

  Como  podemos imaginar, la higiene era escasa y sólo se bañaban cuando  el río estaba cerca. La ropa interior se la cambiaban muy de vez en cuando y siempre dependiendo de la distancia al pueblo.

  Al más joven o al que menos aguante tenía, se le encargaba, cuando era necesario, la misión de acercarse al pueblo en burro a hacer recados, a buscar el pan, el vino, las judías, el aceite o el agua.

 Y para finalizar les traslado la receta que me contó Luis y que me aseguró que era la preferida de los segadores: “las judías viudas”.  Se ponía un puchero al fuego con judías blancas de las llamadas “chata blanca” originarias de Sariñena (hizo una excelente alabanza de dichas judías tildándolas de las mejores y sin embargo ahora casi perdidas), se le añadía laurel, una cabeza de ajos, aceite y sal, mientras tanto se cogía una fuente de porcelana y se cubría el fondo de pan cortado como para sopas y se empapaba de aceite. Cuando las judías estaban cocidas se echaban hirviendo sobre la fuente de pan y ya se podían comer a rancho.

   Eran tiempos de cromos de futbolistas, Calcio 20, aceite de hígado de bacalao, pan con vino o aceite y azúcar, de críos jugando por las calles a los pitos de roña,  cristal o hierro, patinetes artesanales deslizándose por la calle del Enado o la del Horno, marro,  carreras ciclistas con chapas, a las perras negras, al cuadro con enormes clavos o navajas, a las cartas en forma de carpetas, a las tabas (tripa, hoyo, rey y verdugo) con toda la mala leche de algunos, a la una andaba la mula, a churro media manga o manga entera, al aro,  al palmo, etc… y las niñas, a la comba , a catarro  al duble, al corro, hacer comidetas, a tú la llevas, al pañuelo, al cordón, al aeroplano, a cortar el hilo, etc.

   Desgraciadamente todos ellos perdidos en la actualidad.

M.A.C.P.

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EL PORTILLO TABICADO O LA VERDAD AL DESCUBIERTO


   Hasta que desapareció la mili en el año 1999, algunas de las quintas sariñenenses habían conseguido dejar su huella en la pequeña historia local. Los mozos llegaban a realizar todo tipo de actividades permitidas o no, a sabiendas de que la sociedad miraría hacia otro lado, consintiendo tácitamente las simpáticas extralimitaciones de aquellos jóvenes que  estaban en puertas de comenzar una nueva etapa de su vida. Una vieja costumbre les avalaba y cada nueva generación cumplía fielmente con el papel establecido por la tradición popular.

  La descabellada idea no se sabe muy bien de quien partió, pero la tarde anterior a la noche de autos, Jesús C., que a la sazón trabajaba de albañil para Salvador Grustán, le pidió  a éste que si le podía proveer de un carretillo, dos calderetas, cincuenta ladrillos huecos y dos sacos de yeso. Grustán extrañado le preguntó que para qué quería todo aquel material y  Jesús le contestó enigmáticamente que al día siguiente se enteraría. Así que J.C  preparó el material en el garaje que éste tenía en la Ronda San Francisco y…

   Aquella noche, una cualquiera del mes de febrero del año 1970, los futuros 26 quintos  se fueron a cenar al restaurante Ilsa (Anoro). Allí, entre bromas, jotas y chistes, pasaron varias horas en franca camaradería. Al terminar, y como la noche era joven,  decidieron recalar en el  bar Romea para proseguir  la “marcha”.  Ese fue el momento en que desaparecieron misteriosamente varios de aquellos “fichajes” para llevar a cabo un hilarante  plan que daría que hablar durante muchos años.

   Entre los ocho trasladaron el material de construcción al lugar de los hechos (calle Obispo Zacarías Martínez) y seguidamente se repartieron sus cometidos como si de una película de cine negro se tratara, así que:  Jesús Correas levantaría el tabique, Miguel Millera traería el agua necesaria desde el abrevadero de las escuelas para amasar el yeso, Martín Bergua, Paco Huerva, Vicente Tierz.,  Eleuterio Grau.,  José Mª  Oliván y Antonio Conte vigilarían por las distintas calles por si aparecía “el enemigo”. El enemigo no era otro que la pareja de la Guardia Civil o el sereno, ya que ambas fuerzas del orden  podían dar al traste con la consecución del bien urdido plan y por si fuera poco llevarlos a dormir al cuartel de la avenida de Huesca.

  En menos de veinte minutos y con gran maestría,  J. Correas levantó una pared de metro y medio de alto que unido al actualmente desaparecido bordillo daría una altura total aproximada de 1,80 m. Constatar que la obra se realizó desde el amparo que daba la oscuridad del callejón de la abadía y sin problemas logísticos inoportunos.

  Terminada la faena, y cuando iban a reunirse con el resto de quintos, se percataron de la presencia de un carro que su dueño había tenido la inoportuna idea de aparcarlo en la puerta de su casa, sita en esa misma calle.  Lo cogieron entre los ocho y lo llevaron en volandas hacia la plaza Rebolería; llegados allí giraron con pericia hacia la derecha y subieron raudos por el Muro en dirección a la plaza Villanueva, pero… ocurrió que, llegados al cruce que está próximo a las escaleras del Carmen, se toparon en la misma curva con la pareja de la benemérita. Ambos guardias al ver aquella situación tan surrealista se debieron de quedar atónitos  y sin reacción. Nuestros porteadores pusieron cara de póker y como si fuese lo más normal del mundo siguieron empujando el artefacto hasta la plaza,  hoy llamada Estatuto de Aragón. Allí, percatándose de la peliaguda situación vivida, abandonaron el testigo de cargo y bajaron a toda prisa por la calle del Horno a buscar asilo en el bar Romea donde les esperaba el resto de la tropa. Al poco rato llegó al café la benemérita junto con el sereno José Gómez; miraron con aire inquisidor a todos los clientes y preguntaron, sin mucha convicción,  si sabían algo de un carro abandonado. Las respuestas debieron ser lo suficientemente convincentes porque el asunto no pasó a  mayores. Cabe la posibilidad, también, de que el trío, conocedor de qué iba el tema, no quisiera estropear la noche a los futuros defensores  de la Patria.

   Dado que ya no había establecimientos hosteleros abiertos y como quedaba mucho tiempo hasta las ocho de la mañana, unos decidieron irse a dormir y otros se acercaron a la vieja bodega del padre de V. Tierz a beberse unos cocos del buen vino que éste tenía.

   Al día siguiente, domingo, y como si nada hubiese ocurrido, toda la banda se acercó al Ayuntamiento para llevar a cabo las formalidades propias para las que habían sido citados, a saber: toma de filiación, medida de  altura y pecho, pesaje y un reconocimiento físico superficial. Todos estos asuntos los llevaron a cabo con su natural carácter, Domingo Pardo Lacruz, Crisanto Mazuque y D. Pedro Cascales,  que terminaron declarando a los mozos, útiles para el servicio militar.

  Al mismo tiempo que se llevaba a cabo toda esta burocracia, salió de la abadía D. Vicente Fuertes Oliván, arcipreste de la parroquia que, viendo el dislate ocurrido se llevó un buen sobresalto.   El párroco, al ver anulada totalmente la ya exigua comunicación que tenía con su iglesia, no tuvo más remedio que dar un rodeo para llegar al Salvador donde debía preparar la celebración dominical. Avisado del asunto el responsable municipal, por aquel entonces D. Félix Regaño, dio orden a Antonio Lana para que demoliera el tabique y devolviera al portillo su habitual fisonomía.

 Y esta es la  crónica de un pequeño tabique que aunque tuviese una corta vida, su eco ha llegado hasta nuestros días y se ha convertido en un emblema de la quinta del 70 que siempre marcará las distancias con otros reemplazos.

   Esta historia ocurrida en el último tercio del siglo pasado es verídica y me ha sido contada por los propios protagonistas, aunque alguno de ellos no fuese, en principio, proclive a hacerlo.

  Con la desaparición  del servicio militar en 1999, se perdió una de las tradiciones más arraigadas en las zonas rurales de toda España. Ahora, como rescoldo de aquellas viejas costumbres, aún queda la buena práctica de reunirse cada cierto tiempo a comer y renovar lazos de amistad que seguirán perdurando durante toda la vida.

   Y como curiosidad histórica, recordar que el nombre de quintos viene de una Ordenanza del rey Carlos III por la que se imponía el servicio militar obligatorio  para la quinta parte de los mozos de todas las poblaciones españolas. Esta leva habría de hacerse por sorteo.

M.A.C.P.

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OFICIOS DESAPARECIDOS V “Colchonero”


MANUEL MARTÍN AINOZA Y ROSA AYALA MORILLA: COLCHONEROS

     Por entre las medievales calles del barrio del Castillo vive un entrañable matrimonio que con toda amabilidad me reciben en su casa y me cuentan numerosos detalles de un oficio que desapareció a principios de los años setenta.

     Hasta hace cuatro décadas en todas las casas de nuestro pueblo se  utilizaban únicamente colchones de lana y teniendo en cuenta que la lana se iba apelmazando por el uso, cada año había que “parar” el colchón, por lo que este oficio contó con numerosas personas que vivían de él o que lo tenían como un apoyo  a la economía familiar. Era una profesión ambulante y nuestros colchoneros/as  se desplazaban por casi toda la comarca

     Dada la imposibilidad de hablar con Manolo, las preguntas me las responde su esposa Rosa.

    Me cuenta que ella es de Lorca (Murcia).

——————————–

-¿Vuelve mucho por Lorca?

Muy poco, en 60 años he ido un par de veces. Ya no la conocería.

-¿De dónde les viene el conocimiento de este viejo oficio?

La colchonera era la madre de Manolo y ella fue la que le enseñó el oficio. Manolo la ayudaba si se lo permitía su otro trabajo.

Se llamaba Josefa Ainoza Castejón y era de Castejón de Monegros.  Imagino que  lo aprendería de su madre, allá en Castejón.

-Entonces, ¿ el oficio de Manolo no era el de colchonero?.

Bueno, ese y otros más, trabajó en empresas como Corominas o el tejar y también llevaba el huerto. Después de morir la abuela “paró” colchones esporádicamente si alguien se lo pedía. Al final  lo tuvo que dejar  cuando se cayó de la moto y se rompió los tendones del hombro.

-¿En qué año se perdió el oficio?

Recuerdo que el último colchón que paró fue el año en que  murió la abuela, más concretamente en el año 1973. Ya se habían puesto de moda los colchones FLEX.

-Tengo entendido que había dos tipos de colchones de lana.

Sí, estaba el sencillo y el inglés.

El sencillo no tenía ningún misterio, se cosía redondo y sin bordes y al inglés se le cosía con un bordillo de tres dedos de “reciura” con lo que las camas quedaban  mejor hechas y se dormía mejor. También se unían con cintas las dos superficies del colchón por varios sitios simétricos para que la lana no se moviese haciendo ese característico dibujo de bultos y hondos

…Pero, ¿el precio no sería el mismo?

Los sencillos muy pequeños valían 800 pesetas, los sencillos pequeños 1.000 pesetas, los sencillos de matrimonio 1.500 pesetas y los de estilo inglés sobre 2.000 pesetas, porque se trabajaba el doble.

-¿Cómo se hacía un colchón?

Se ponía un cañizo en alto y en él se colocaba la lana y se “bareaba” con una “bara” de avellano para esponjarla y quitarle la suciedad gorda. Después se iba colocando la lana bareada encima de una tela y cuando se cubría toda se ponía otra encima, se sentaban en  el suelo y se disponían a coser las dos telas. Esta última fase era muy pesada.

-Se necesitarían pocos  materiales.

Pocos: un cañizo, unas “baras” y unas agujas. El cañizo, las telas, la lana y las cintas para coser las ponía la casa. La aguja grande nos la hizo Paquito Casabón (el herrero) q.e.p.d. artesanalmente con martillo y forja..

-¿De dónde sacaban la lana?

Si en la casa no había ovejas la gente compraba la lana en las casas que había, luego la tenían que ir a lavar al río para quitarle la grasa y otras porquerías. Cuando se “bareaba”, la suciedad  se depositaba debajo del cañizo.

-¿Cuántos colchones se podían hacer en una jornada?

En un día se podían hacer dos y si apuraba el trabajo tres. Recuerdo que la abuela Josefa empezaba a las ocho de la mañana y volvía a las tres de la tarde.

¿Sin parar a tomar algo?

No paraba, se llevaba un corrusco de pan en el bolsillo y se lo iba comiendo mientras trabajaba.

¿Sólo trabajaban en Sariñena?

No, también paraban colchones en Albalatillo, Pallaruelo, Capdesaso y en La Estación. Allí iban Manolo y su madre solamente los sábados y domingos, durante todo el día. Hacían los colchones de tres o cuatro casas y comían en una de las casas para las que trabajaban.

Manolo ha hecho colchones hasta en Barcelona. Recuerdo que estuvo durante 20 días parando colchones para la familia que tenemos allí.

-Dado  los difíciles años  de los  que estamos hablando, ¿cómo se desplazaban?

Iban en bicicleta, Manolo llevaba a su madre en el portamaletas y ella llevaba las dos “baras” en la mano.

-¿Había mucha competencia?

Por supuesto, había colchoneros en casi todos los pueblos de la comarca. En Castejón había varios, hasta Sariñena se desplazaban Margarita y su hija Miguela, la madre tenía bastante genio; de Sena venían el matrimonio formado por Victor Mored y Candelaria Alvira que era la encargada de coser los colchones. En Sariñena estaban Catalina “la Eulogia”, Pablo Tomás y sus hijos Faustino y Emiliano y  no recuerdo ninguno más.

    Hoy hemos conocido un oficio de origen medieval que desempeñaron un buen número de monegrinos.

   Las nuevas tecnologías y las nuevas modas arrinconaron hasta su desaparición a los viejos oficios. Podemos decir que el colchón Flex mató al trabajo de colchonero

   Terminó una época y  apareció un nuevo negocio, el del  que compraba la lana de los colchones inutilizados.

   Por las calles sonaba la potente voz  del ¡COLCHONERO LANERO, COMPRO LANA!!!

M.A.C.P.

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OFICIOS DESAPARECIDOS IV “Estañador y paragüero”


                                 

JOSÉ Aº LÓPEZ MOYA EL ÚLTIMO ESTAÑADOR

   Para realizar este cuarto capítulo me entreviste con un convecino cuyo nombre es el que encabeza este artículo. Reside en el barrio del Carmen junto a su esposa y a pesar del exagerado calor que hacía ese 26 de junio (cerca de los 40º a las 13 horas) y lo intempestivo de la hora, se mostró, en todo momento, amable y abierto al diálogo.

-¿Dónde nació usted?

   Yo nací hace 72 años en un pueblecito de la comarca de Calatayud llamado Olvés, ahora tiene alrededor de 110 habitantes, después toda la familia nos fuimos a vivir a Illueca y en Sariñena llevo viviendo 46 años.

-¿Cómo aprendió el oficio de estañador?

   Tanto mi padre como mi madre conocían a la perfección este oficio y ellos me enseñaron. Cuando tocaba, generalmente con el buen tiempo, cogían el carro y a sus 8 hijos y se lanzaban camino adelante por los pueblos buscando a los posibles clientes, que entonces eran muchos debido a las condiciones económicas y sociales de la época. Vivíamos duramente tres o cuatro meses al año.

-No me imagino a diez personas viviendo en un carro.

   Nos arreglábamos, unos dormían dentro y otros debajo, la comida la hacíamos al lado del carro y el agua…, la del río que pasara más cerca. De día nos mandaban a ganarnos algo por el pueblo que visitábamos. Recuerdo que en un  pueblo me gané una peseta paseando varias horas alrededor de un campo haciendo sonar un truco (esquilla) para espantar los pájaros para que no se comieran el ordio.

-¿Qué pasó después?

   Cuando me independicé compré un carro y una caballería y me fui a trabajar en lo que sabía, o sea de estañador. Me recorría provincias como Guadalajara, Soria, Navarra, Zaragoza, Huesca o Teruel . En una ocasión tardé dos años en volver a casa. Mi carro era mi hogar, en él comía y dormía.

-¿Y cómo aparece por Sariñena?

   En uno de mis viajes por esta comarca decidí quedarme porque me gustó el pueblo. Cambié el carro por un furgón y seguí dedicándome a lo mío, pero sin alejarme demasiado, o sea por la parte sur de la provincia. En 1980 llegó la hora del cambio y me dediqué a las ovejas. No lo debí de hacer mal porque tengo cinco premios conseguidos en la feria de FEMOGA , en 1990 recibí el primer premio al mejor lote de corderas.

-Volvamos a su antiguo oficio, ¿qué herramientas utilizaba?

   Eran bastantes, todas muy sencillas, pero muy prácticas:

Tijeras para cortar la hojalata, el Palo de Vuelta que tenía un agujero en la parte superior y que servía para introducir y sujetar la herramienta que estábamos utilizando, la Uña era una barra de hierro terminada en forma de uña con la que se hacían los bordes de los pucheros, las Tranchas eran herramientas de hierro que servían para hacer los remaches de cobre, luego se sacaban y se ponían en los calderos, un compás para marcar el camino que debías seguir, una barra de hierro, un taladro para agujerear, el soldador que era una delgada barra de hierro terminada en una especie de martillo, un gato para atirantar los somieres, grapas para las tinajas y algunas más.

   Para estañar calentábamos el antiguo soldador en una pequeña estufa de carbón y cuando estaba a una temperatura adecuada lo colocábamos encima del agujero y derretía el estaño, luego añadía  salfumán para que agarrara mejor el estaño, cuando se enfriaba lo lijaba hasta que quedaba fino.

-Además de estañar, ¿qué más cosas hacía?

    Hacía fondos de pucheros, de pozales, reparar calderos de cobre para las matacías, poner grapas en las tinajas, arreglar varillas de paraguas o cambiar la tela, hacer canaleras para los tejados, arreglar sillas y camas y más cosas que ahora no recuerdo, pero vamos, arreglaba de todo.  También fabricaba algunos objetos, sobre todo de hojalata.

-Por curiosidad, ¿Cuánto valían estos arreglos?

   Cuando mis padres podemos hablar de perricas y perragordas no me acuerdo exactamente cuanto, pero de mi época puedo decirte que de arreglar un puchero cobraba  dos reales, en cosas más complicadas podía cobrar tres, cuatro pesetas o incluso un duro.

  ¡¡¡EL ESTAÑADOR Y PARAGÜERO, SE ARREGLAN SARTENES, CALDEROS, SILLAS, PUCHEROS…!!!!

   Muchas gracias José Antonio por su atención. Sus palabras nos han abierto una pequeña ventana a nuestro pasado, hemos conocido un oficio que la vida se  llevó por delante y nos ha dado a conocer las dificultades por las que se movía una parte de la sociedad rural española de no hace mucho.

                                                                              M.A.C.P.

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OFICIOS DESAPARECIDOS III “Cañicero”


  

 El Cañicero

 Duro oficio el del cañizero que servía para completar la economía familiar  en tiempos difíciles al igual que el esparto o el regaliz.

     Las cañas había que cortarlas en invierno en tiempo de mengua (aunque alguno no lo respetara), las más rectas se usaban para las costillas y las torcidas para abrirlas y tejer con ellas. Los lugares más reconocidos para cortar las cañas eran las Cequinbajas, los Charcales, la Capellanía, o las acequias del Molino y Albalate. Las  herramientas que se usaban  para su elaboración eran muy sencillas: una astral para cortar las cañas, una hoz para pelarlas y un partidor de madera con punta de cono que se introducía en la caña y la reventaba  en tres o cuatro varas. En cuanto a la calidad de las  cañas, las buenas eran las duras, las otras llamadas banas no servían por su blandura. Después de cortadas no debían ser almacenadas en el suelo porque se estropeaban. Se utilizaban 23 pares para el cañizo y 15 cortadas para las  trasversales. La medida estandar era de 90cm x 2m.

    El uso que se le daba era muy variado, lo mismo se utilizaban para los cielos rasos de las casas como para secar higos, tomates, claudias, cerollas, escurrir el cerdo de la matacía, vallas en las parideras o varear la lana.

    Hubo un comercio muy pujante de este producto que se llevaba a Huesca en carros con caballerías como hacía Félix Marías.

    La familia Anoro (Joaquín, Francisco, Salvador y Rafael) podían hacer unos 1000 cañizos al año.

    Los ricos mandaban hacer los suyos, se quedaban dos tercios y regalaban el tercio restante al cañizero.

    Según me contaron mis informadores los cañizos mejores y más limpios eran los de Jesús el Can Can.

M.A.C.P.

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OFICIOS DESAPARECIDOS II “El Sereno”


El Sereno

   El oficio de sereno se perdió a principios de los años sesenta del siglo pasado. Su principal misión era la vigilancia nocturna de las calles. Impedían los alborotos, los excesos de los borrachos y los cantos en las vías públicas o en las tabernas, vigilaban por si había peleas o robos y en casos graves avisaban a la Guardia Civil. También daban la hora y el estado del tiempo. Estaban investidos de cierta autoridad.

    Generalmente su jornada comenzaba a las once de la noche y terminaba cuando amanecía. En nuestra villa la  ronda la hacían dos serenos cada noche.

    Su equipamiento consistía en un uniforme gris con gorra de plato y un chuzo (palo armado que utilizaban como defensa) que golpeaban en el suelo para avisar de su presencia y generar tranquilidad en el vecindario; en invierno se protegían con un grueso abrigo uniformado.

   Entre los serenos más conocidos por ser los  últimos se encuentran:  Paco “el Manco”, Plácido Encuentra “Masvino”, José Gómez “Ciriaco”y José Nogués Carpi. Nótese que casi todos tenían un sobrenombre: el primero por la carencia de un brazo, el segundo por tener una taberna con ese nombre y el tercero por un apodo familiar bastante antiguo.

   La soledad, la nocturnidad , la climatología y el sueño eran los principales inconvenientes de esta antiguo oficio.

“LAS DOCE EN PUNTO Y SERENOOOOO…”

M.A.C.P.

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OFICIOS DESAPARECIDOS  I «El pregonero»


Entre recordar algunas cosas y preguntar el resto uno ha ido componiendo una serie de modestos informes que irán viendo la luz sucesivamente. Espero también que estas líneas y las próximas sirvan de pequeños homenajes  a aquellos que desempeñaron estos trabajos.

Por Manuel Antonio Corvinos Portella

pregonero sariñena

José Gómez, el último pregonero de Sariñena.

El Pregonero

   Seguro que mucha gente  recuerda con cariño a los que ejercieron de pregoneros en nuestra villa y a su peculiar forma de decir los mensajes.. Según las fuentes consultadas este oficio de pregonero dejó de realizarse en Sariñena en el año 1975 siendo José Gómez Camón el último de estos personajes de la historia local.

  Ciñéndonos a nuestro pueblo podemos recordar que había tres tipos de pregones y que de su redacción se encargaba Mª Carmen Callén. Para anunciar unos se utilizaba siempre el redoble de un tambor y para los otros, el toque de una trompeta.

  Cuando se oía la peculiar llamada del pregonero la gente callaba y silenciaba al de al lado si era necesario; los que estaban en el interior de sus casas se asomaban por las ventanas, y los que estaban comprando salían a la calle para no perderse detalle; podríamos decir que la vida social se detenía por unos instantes. El interés de los vecinos era muy alto, téngase en cuenta que era el único medio de comunicación social-local de la época. El pregonero recorría las calles y se detenía en lugares predeterminados, siempre los mismos.

    El pregón que se realizaba con tambor era únicamente para dar información del Sindicato de Riegos, tocaba unos redobles y comenzaba:

– “ De parte del Sindicato de Riegos, se hace saber que…” – y avisaba a los regantes interesados que ya podían regar en tal acequia, entre tal y cual boqueras.

   En cuanto a la trompeta se utilizaba para pregonar bandos de interés general tanto del Ayuntamiento como de otras entidades públicas, igualmente de cortes de agua, de luz e incluso de difusión comercial.

   Para los mensajes institucionales y después del toque de trompeta correspondiente, el pregonero comenzaba el bando:

 -“De parte del señor alcalde, se hace saber…”

   Para hacer publicidad de los comercios locales y después del consabido toque  voceaba:

-“Se hace saber que ha llegado a la pescadería de Candela, o a la Perla, o a la  Flor, sardineta fresca a 2 pesetas el kilo…”-

   (toque)

-“Se hace saber que ha llegado Roseta la de Fraga con naranjas a la plaza del Ayuntamiento…”- en este caso la tal Roseta cambiaba kilos de naranjas por kilos de trapos o de hierros.

   (toque)

– “Se hace saber que se vende vino en casa el Cubano, o en casa Lerín a peseta el litro…

   (toque)

-“Se hace saber que ha llegado a la Tienda de Jesús Portella …”.

  En Navidad entregaban una felicitación y a cambio se les daba alguna propina. Parece ser que en este oficio no era tan usual el aguinaldo y que  incluso se utilizó poco..

  Los últimos pregoneros fueron Vicente Capitán Inglán que pregonaba con su clásico traje de pana negro, era hombre de muchos oficios: gaitero, alguacil, pregonero, cestero o carcelero y José Gómez Camón con su uniforme de alguacil municipal, también hombre de varios oficios. Esporádicamente realizaron pregones José Nogués Carpi y Pedro Royo.

   Todos con gorra de plato.

M.A.C.P.

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Apuntes etnográficos de la villa de Sariñena III


Apuntes etnográficos de la villa de Sariñena III

Sariñena, como pueblo rural y agrícola, se componía de algunas  casas dispersas fuera de la población. Principalmente eran las masadas en el campo, ande las familias pasaban varios días realizando las fainas propias del campo, arando con animales, segando…, solamente volvían p´al pueblo los sábados por la noche pa guardar la fiesta del domingo. Se recuerdan las torres, casas de campo, y así llamau el camino de las torres hacia las dembas u güertas. Las masadas son las casetas en el monte, a la masada de la Diega se llegaba por los cipreses de la carretera de Huesca (Cipreses de Gascón) dirección hacia el río Alcanadre, y se comenta que aún se conserva en pie. También se recuerdan la casa Bautista, que s´alcontraba por la Laguna, y en los terrenos de los Torres estaban las masías de los jornaleros, la masada el Cantero y la masada el Zagal.

Ande aura s´alncuentra la sucursal de la caixa, antes estuvo el Banco Central, el Hispano Americano y el taller del de Enrique y Ana, al lau estaba la ferretería de Ballarín, en el cruce “de siempre” que s´ha llamau durante muchos años el cruce de Sobella, por la droguería del mismo nombre. Allí se alcontraba una fuente, al igual qu´en la calle Goya, que aún existe y otra en las antiguas escuelas (ahora casino nuevo), por el muro a la altura de casa Trallero y el almacén de Frechinacha. En la plaza de la iglesia, en el centro, había una columna de granito que era una fuente. La plaza entonces se dividía en dos partes a diferentes alturas, ande s´alncontraba un muro de poco más d´un metro. Por ultimo se recuerda la “fontaneta del Juez” que se ubicaba en la aura conocida calle de la OCA.

El lavadero principal y que más antiguo se recuerda s´alcontraba en la parte alta del pueblo, cerca de la laguna. Exactamente estaba en dirección hacía la laguna, desde el cruce del centro medico y la palanca de Ariste. L´acequia Valdera pasa por allí, hacía un sifón y salía l´agua p´al lavadero. Cada barrio tenía su sitio pa lavar. Se recuerda que algunas criadas bajaban a lavar p´al río, cantaban mucho y sufrían por el frío, y apuraban mucho el jabón para poder quedarse un poquer pa casa. La colada s´hacia con ceniza, el jabón era de pieza. Se ponía un caldero con agua hirviendo, se metían las sabanas de cañamo y después con la ceniza y la ropa se s´hacia un saco y s´enjabonaban. El agua sobrante se usaba pa fregar.

Con los posos del aceite, “morgas” desechos del cerdo y la sosa se hacía el jabón.  La “enzundía” es el sebo del tozino, antiguamente s´hacía un plato de “patatas con enzundía”.

Continará…

Publicau en “ Os Monegros el 9 de julio del 2012.

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La trashumancia


La trashumancia

Partiendo en trashumancia

La trashumancia en Aragón

      El ganau esquilau, marcau y contau; los chotos con las esquilas, esquillas u trucos colgaus; los perros manejando el ganau, ladrando y corriendo arredol del rebaño y los pastores con el morral y el palo de pastor, el garrote u gayata. To s´alcuentra preparau pa prencipiar la trashumancia, una dura faina que s´alcuentra en peligro de desaparición. En el horizonte los altos Pirineos, ande s´alcuentran los verdes pastos que, como cada añada, aguardan la llegada de los diferentes rabaños (rebaños) del seco llano. Esperemos, qu´en esta añada, aiga güenos pastos.

    Amadrugada una güena mañana del mes de junio en la que han partido de trashumancia, del lugar monegrino de San Lorenzo del Flumen,  un ganau ovino d´unas 3000 cabezas,  pa la Sierra de Sis y p´al Valle de Castanesa.

     Poquer a poquer s´han ido marchando, sintiendose chuflar al pastor, al rabadán dando estacazos al suelo con la vara de pastor; sintiendose los sonidos de las esquillas bandiadas que se van perdiendo por el horizonte. El rebaño va por los caminos levantando una gran polvarera, por las antiguas cabañeras (cañadas en aragonés) del Reino de Aragón. Antiguas vías pecuarias, rutas de tránsito trashumante, de uso histórico y tradicional.

Rutas de trashumancia en Aragón

     Pastorearán por el camino, por los ribazos, por los rastrojos,  pararán pa abrevar en las balsas y bebederos, se detendrán pa resguardarse del calor y reposarán en corrales, rediles,  parideras y en mallatas (majadas). Camino, polvo y sol, esto es la trashumancia. Asinas paice qu´escampan de los rabiosos secanos monegrinos hacia los verdes prados de la montaña, si no fuese porque siempre s´ha de tornar de vuelta.

      La trashumancia significaba, y aún significa en menor medida, una complementariedad natural entre ganaderos de la montaña y del llano, una solidaridad necesaria que se tradujo en un potente intercambio cultural qu´ha ido desapareciendo. Aura, los conflictos hidráulicos han abierto heridas entre los afectaus por los embalses y los regantes de las zonas bajas, una problemática cuya solución pasa por asumir, en el llano, la nueva cultura del agua, que nos permita de nuevo la histórica, natural y necesaria convivencia.

    El romance del montañés o el “Romance de Marichuana” es un ejemplo del intercambio cultural y s´ha transmitido gracias a la trashumancia.  El romance es cantau y s´ha cantau en el lugar de Castejón de Monegros, y la versión del romance contiene abundantes rasgos lingüísticos del aragonés más oriental.

Rebaño en Trashumancia

     En l´altero de la sierra de Alcubierre tamién alcontramos pastos de verano, el barranco de la Estiva, cuyo significau es prados de verano en aragonés. La trashumancia tenía el doble recorrido, en invierno los pastores montañeses bajaban a la tierra plana con sus rebaños, en busca de pastos de invierno, pues los suyos s´alcontraban bajo la nieve, lo que en verano garantizaba güenos pastos.

    La trashumancia l´han gravau p´al programa de Aragón TV “Tempero”, del que podremos, de sobregüena manera disfrutar de su güen hacer el próximo 30 de junio. La trashumancia no deja de ser un gran acontecimiento en el medio rural que, por su excepcionalidad y dificultad, cada día s´hace más complicau su realización. Reconocer y poner en valor la trashumancia es una deuda pendiente de nuestra sociedad a nuestra historia y a nuestro maravilloso legado patrimonial inmaterial.

Bibliografía:

 – El léxico pastoril en Aragón por M.ª Pilar Garcés

 – La repoblación forestal en la provincia de Huesca y sus impactos geográficos. Francis Chauvelier. Colección de estudios altoaragoneses, 34.

Publicau en “ Os Monegros el 10 de junio del 2012.

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Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena II


Apuntes etnográficos de la Villa de Sariñena II

En el año 2009 varias personas de nuestra localidad se juntaron para contestar un cuestionario etnográfico, el resultado se transmite a continuación para que la información sea compartida con los Sariñenenses y Sariñenensas.

 Hacemos un viaje por la memoria reciente de la Villa de Sariñena, una antigua Villa que constaba del pueblo viejo, con unas partes diferenciadas del castillo bajo y el castillo alto. Existía antiguamente una muralla ande aura s´alcuentra la calle del muro, la calle Ronda San Francisco, que subía por la calle Goya pa volver a unirse con la calle del muro. La muralla, al no carecer ya de utilidad defensiva, se fue abriendo para dar salida a las calles del pueblo como es el caso del antiguo callejón del “saco”, ande s´alcuentra la panadería del Vidriero y que actualmente es la calle que une la plaza del ayuntamiento con el muro. Fuera de la muralla se ubicaba la zona de extramuros, tamién conocida por “cantarranas” y allí existía la balsa de Cabalero, por ande estaba el último taller artesanal del tonelero.

En la parte alta del pueblo s´alcuentra la zona conocida como el hospitalillo, que fue un convento de monjas y fue destruido completamente después de la guerra. El convento suscitaba miedos a la población y se solía decir que “Las brujas s´aparecían en el entorno del convento”. Cerca del hospitalillo s´alcontraba la era bolera, ande actualmente existe una casa, antes los zagales y zagales solían ir a jugar a las eras. Las eras llevaban el nombre del dueño y asinas recordamos la “era Lerín”.

Las calles recordadas y nombradas son Barceladas (Barzal: zarzal), el Corcullo (gorgojo), Enado (balcón elevau), Mercadal (calle del mercado), calle de Moncalvos, camino de los Esquiñones (quiñon: turno para riego), calle Meca (C/ botanico Nasarre), calle Las Peñetas, calle Larrosa, camino de los Corruncueis (camino de los güeis: bueyes)…

Las plazas recordadas y nombradas son plaza Rebolería (Rebolería es el nombre aragonés de la casa ande se secaban y se curtían las pieles de los animales), plaza Roda, plaza Villanueva, plaza de la Iglesia, plaza de la Cárcel (Plaza Mezín o parque de las monjas, ande esta la capilla de Loreto).

Como nombre de casas recordadas y nombradas son casa Penén, el Bolero, el Gallego, Torres, las Torres, Guillen, Castanera (Lerín), el Miñón, Agustiner (el basto), el Cabalero (Mariano Torres), Antolina, la Pincheta, el Corrotillo, casa el Chandro, el Casero, Blanco, Damaso, Potreta, Tripa Negra, Titana, Posada de la Luisa (casa la Míguela, ande el Museo de la Laguna), el Estichano …

Ande aura es la calle “maestro Justo Comín”, en la esquina de la calle del medio con la plaza del ayuntamiento, en la calle  que va al muro por el antiguo callejón del saco, estaba el bar de las camareras, que era un puticlub. Se recuerda una gran pelea que sucedió una madrugada en el bar de las camareras: “los colchones volaban por las ventanas y ¡hubo hasta heridos!”, otro puticlub que se recuerda es ande esta el casino, justamente pegado a la iglesia, ¡cosetas del pasau!.

Continará…

Información obtenida a raíz de un curso de iniciación a la etnografía de Los Monegros, impartida por el gran etnólogo y escritor oscense Manuel Benito Moliner y las encuestas realizadas en el el 2011 en la localidad de Sariñena bajo la dirección de Ana Otal. 

Publicau en “ Os Monegros el 19 de abrl del 2012.

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