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Javier Giral Ezquerra


Tiempos de cantera y del canal de Monegros, del túnel de Alcubierre y de un Castejón de Monegros prospero en tiempos de trabajo, viendo como el canal que construían pasaba de largo. La piedra y su explotación, cantería, pero también perforación con técnicas y metodología similar al de la minería. Profundizamos en el túnel de Alcubierre pero también, gracias a Javier, en el Castejón de Monegros de la segunda mitad del siglo pasado.

Javier Giral Ezquerra nació en Castejón de Monegros el 2 de diciembre de 1934, de casa de los Quinquilaires, por parte de sus abuelos paternos, pues se dedicaban a la quincalla, comerciaban con ella e iban por los pueblos vendiendo y reparando objetos de metal, cacharros y utensilios de cocina, alajos y bisutería.

Tenían algo de tierra, muy poco y algún trozo que fueron comprando, aunque se repartió, como era costumbre y poco le llegó a Javier. Así que su padre fue agricultor de secano. En Castejón de Monegros era y es casi todo secano, algunas tierras salobres que solo ha salvado la tierra buena de JubierreSi llovía daba mucho, es muy buena tierra-. Para la siega se quedaban por las masadas y por medio de los rastrojos. Venían peones de fuera, manchegos y extremeños, hacían las orillas a hoz y luego se pasaba la atadora que cortaba y hacía fajetes. Luego estaba la gabilladora que cortaba la mies, la llevaba a una plataforma y la sacaba en gabilla. Las casas grandes tenían almendreras y olivares, pero no mucho, solo trozos pequeños, como las casas de Antillón y Romeral. 

No obstante, en Castejón de Monegros hubo algo de huerta -Solo de las casas ricas, de casa Antillón, Buil y Romairal- gracias a la fuente Madre de la que brotaba abundante agua, aunque también se perdía bastante. A la fuente Madre prácticamente se iba a buscar agua a diario ya que el agua era muy blanda y no se conservaba bien. En el Plano había otra fuente y dos balsas, debajo del Castillo, donde ahora están los depósitos, una balsa para beber y otra para los animales y en verano, para la siega, iban a recoger el agua con cubetas que iban montadas en carros -Cada cubeta llenaba unos 80 cantaros y se llevaba para la siega-.

Ha habido mucho ganado, unas 15.000 a 16.000 cabezas en la sociedad Monte Blanco. A azada cortaban romero para leñas que cargaban en carros y bajaban a vender a Sariñena y La Almolda. Hacían algo de pino, pero para casa, estaba muy controlado y no daban permisos. Hubo carboneras, pero no las llegó a ver -sí que hay un par de sitios donde las hacían-. Los pinos, cuentan, llegaban hasta el castillo -había lobos y aún hubo uno por Jubierre después de la guerra, el último que se conoce por Castejón de Monegros-. Muchos albalatilleros iban a Jubierre a hacer leña de pino y esparto.

Había familias que vivían de la miel, los arnales de Castejón de Monegros. Los arnales eran construcciones, recintos amurallados donde, en la pared protegida del cierzo, existían diferentes banqueras y gradas conformando diferentes compartimentos para alojar las colmenas. Entonces las colmenas eran vasos de caña rebozadas de güeñas de vaca, eran fuertes y dentro las abejas hacían los panales. Adosado había una pequeña caseta, formando un conjunto amurallado asemejándose a la construcción a una paridera. Los vasos los ponían en los arnales aunque a lo último ya ponían las colmenas de caja.

La familia de Javier vivía en la plaza de las escuelas y durante la guerra vio pasar milicianos, se alojaban en casa Antillón, cercana a la suya. Hacían rancho, hacían fuego y cocinaban en unos calderos grandes, judías con patatas, y les invitaban a comer. Hasta los 13 años fue a la escuela, cuando tuvo que coger las caballerías de casa para ir a labrar y a realizar todas las faenas que tocaban. Sobre 1948, su padre cayó malo, con fiebres de Malta, estando enfermo durante 2 años y pico hasta que tristemente falleció. En casa eran cuatro hermanos, tres chicas y él (Ester Giral Ezquerra). Ya desde pequeño había ido a segar mucho a Jubierre, a veces iban por Sariñena, por si bajaba mucha agua por el Alcanadre y no lo podían cruzar. Para subir el grano tardaban toda la noche y llegaban a Castejón de Monegros al amanecer.

Con las caballerías estaba siempre ocupado, todos los días tenían trabajos que hacer, labrar, sembrar, segar… A veces hasta buscaban algún obrero para que ayudase en casa y en la siega hasta la pequeña de la casa iba a ayudar, a atar gavilla. Segaban, lo acarreaban y dejaban la mies en la era, trillaban, aventaban la parva, separando el grano de la paja, si hacía aire, y guardaban el grano. En Castejón de Monegros se construían carros y galeras, que son los carros de cuatro ruedas. Los construían los Vivetes, de casa Vived, y también Francisco el Carretero y los Royos, que eran herreros y carreteros, quienes además solían herrar las caballerías.

En el monte de Castejón de Monegros había canteras de piedra para la construcción, canteras abiertas, como la de la Plana de Santana, que era piedra más fuerte, y la Plana de Varella, que era más floja pero que se trabajaba muy bien. Había varios albañiles, aunque muchos particulares iban a sacar piedra en el Monte Blanco, una sociedad de todos los vecinos. Cerca estaban los yesos de la Almolda: –Machacaban la piedra con la maceta, la metían en hornos y luego la llevaban con el carro al molino, que había uno en La Almolda-.

Hizo la mili y tras finalizarla, a los dos o tres días, enganchó a arrancar piedra en la cantera de la Rabosa donde estuvo dos años con barrón y pico, todo a mano, hacía una falquera y cortaban la piedra que luego empleaban para hacer carreteras por la zona. Dos años más estuvieron sacando piedra para la construcción del pueblo de San Lorenzo del Flumen, para la construcción de las casas. Iban una cuadrilla de 5 o 6, desde Castejón de Monegros en bicicleta. Antes de llegar a la Portellada a mano derecha, incluso llegaron a tirar de dinamita, sería sobre 1957 y 1959.

Entonces se estaba realizando el túnel del canal para su paso por la sierra de Alcubierre. Casi todo el pueblo de Castejón de Monegros y pueblos como Bujaraloz y La Almolda fueron a trabajar al túnel. También vino mucha gente de fuera, brigadas de trabajadores y presos -Tenían vigilantes, guardias de los presos además de la guardia civil-.

Muchos se quedaban por las mases del monte y muchos otros en el pueblo, por las casas de Castejón. Construyeron barracones de madera que luego desmontaron, vivían allí, con cocinas y cocineras, eran gentes principalmente del norte. Los domingos bajaban a misa a Castejón hasta que hubo un incidente con uno que se pasó con la bebida y el cura empezó a subir a los barracones para hacer misa allí. También construyeron alguna vivienda para trabajadores que no eran presos.

Instalaron un polvorín, se empleaba mucha dinamita y la tenía custodiada la guardia civil. En la cantera donde trabajaba Javier también tenían un pequeño polvorín. Un amigo suyo estuvo de barrenero, barrenaba, metían la dinamita y realizaban explosiones, retiraban el material y continuaban con la misma operación.

Aquellos años fueron muy malos para el campo y gracias a la obra del canal hubo mucho trabajo en Castejón de Monegros y mucha vida. Al acabar el túnel mucha gente marchó, la gente de afuera pero también mucha gente de Castejón, de unos 3000 pasaron a ser unos 1500.

Luego, Javier estuvo dos años trabajando en el canal, por la zona entre Robres y Lanaja, encofrando y echando hormigón. En la zona de Robres saneaban el canal, había filtraciones, sumideros, y reemplazaban tramos. Trabajaban bien y el encargado les cogió confianza y los llevó a sanear zonas donde había manantiales para desviarlos y que no dañasen la obra. La comida se la llevaban de casa, en una cesta de mimbre y el agua en un buyol, como un botijo, pero más grande. También estuvo unos dos años más de vigilante de las obras del canal, entre 1992 y 1994, había mucha maquinaria y trabajaba por las noches por la parte de Valfarta y fines de semanas y domingos enteros.

Con el tiempo, Javier adquirió una furgoneta y se dedicó durante 20 años a vender por los pueblos fruta y verduras. Le dieron la invalidez por las obras, aunque cuando le operaron las rodillas se recuperó totalmente. Para vender obtuvo la patente de frutas y verduras, lo que le permitía ir vendiendo por toda España, aunque, con la furgoneta, Javier iba vendiendo por Monegrillo, Pallaruelo de Monegros y Castejón de Monegros. También vendía aceite, pues podía vender todo tipo de comestible. Tres veces por semana iba a Zaragoza, a las tres de la mañana a Merca Zaragoza, para adquirir producto, hizo buenas amistades y en el oficio trataba mucho con la gente y aquello le gustaba mucho -Era un trabajo tranquilo, pero sin parar-.

El primer vehículo que tuvo no tenía calefacción y pasó mucho frio yendo a zaragoza por la noche, en las frías noches. Iba por Monegrillo, peor carretera, pero nada de circulación, cuando hacía mucha niebla se orientaba por las ontinas y las matas de la orilla de la carretera, no había ni marcas ni señales. Aún recuerda Javier el coche de línea, de Castejón salía todos los días a Zaragoza, salía a las 6 de la mañana y volvía por la noche -La parada la tenía en la calle predicadores de Zaragoza, donde tenía garaje, y pasaba por Bujaraloz, Osera, Pina y Alfajarín-.

Se casó en Castejón y tuvieron una chica. Con el tiempo se jubiló y desde entonces se dedica a sus almendreras y oliveras que tiene cerca del taller de Pedro Vived. Le gustaba mucho ir a cazar la perdiz, codorniz, conejo, liebre… casi nada de jabalí, aunque cuando entró la mixomatosis peló el monte de conejos. Lamenta que Castejón de Monegros ha perdido mucho -Hay muchas casas cerradas, apenas se ve gente por las calles, solo los fines de semana cuando vuelven. Antes en cada casa había más de ocho personas, abuelos, padres e hijos. Había 3 o 4 tiendas y otros tantos bares, 2 o 3 panaderías, carnicerías ¡como había personal había de todo!. La vida era integra en el pueblo. Un par de tocinos se tenían en casa que mataban cada año, había un matachín. Los pastores sabían de todo y los corderos se mataban en casa-.

Memoria viva de Castejón de Monegros, tiempos de cantería, tiempos de prosperidad con el túnel de Alcubierre, de una tierra dura y seca que ansiaba el agua para solo verla pasar, como un sueño aun pendiente. Gracias a Javier por acercarnos a aquellos tiempos y a Pedro Vived por su amabilidad y acogernos para poder hacer la entrevista, gracias.

  • Bocoit: Cubas, toneles grandes.
  • Carretel: Tonel pequeño, 4l, que se llevaba en el carro, con sacos o espartos empapados en agua.
  • Buyol: se llevaba el agua o el vino, toneletes de 10 o 12 l. En el carro se llevaba en el cenacho, una caja hecha con correas de cuero y tela basta o piel de cabra.

Liborio Maestro Camón


Liborio Maestro Camón nació en Sariñena el 26 de noviembre de 1936, de padre sariñenense Carmelo Maestro y madre najina Isabel Camón. Su familia trabajaba el Espartal, un campo de casa Paraled, y la huerta “La Garnacha”, con cepas, parras de vino, y árboles frutales, que su abuelo José Maestro Martínez y abuela María Pueyo arrendaron en su época.

Su abuelo vivía en la calle Lalueza y ellos pegados a una casa de José Casas, quien fue director del banco Aragón junto con Emiliano Gaspar. De hecho, Liborio aún recuerda como Emiliano –Nos dejó 2.000 pesetas para comprar una vaca-.

A los 9 años, Liborio dejó de ir a la escuela. Por aquel entonces padecía de ataques epilépticos, lo que le llevó a visitar a un especialista en Zaragoza, al doctor José María Julián -Había que subir escaleras en la escuela y me dijeron que no fuese a la escuela-. Los ataques epilépticos le daban mucha debilidad por lo que le pusieron un régimen muy “bárbaro”. Pero, a pesar del régimen, le volvieron a dar ataques epilépticos hasta que, con 10 años, Josefa, la Mauricias, dueña del campo donde trabajaba, le pone jamón en un plato y vino en bota. Liborio rompe su estricta dieta y desde entonces no vuelve a sufrir ningún ataque más.

Liborio recogía remolacha e iba al esparto con su padre. Cuando Liborio apenas tiene 11 años, su familia arrienda tierras de Adrián Basols, que este había comprado a Eduardo Millera (El Casader). Allí iban a mallancar, entrecavar y a aclarecer remolacha -Se dejaba la más grande-. Al esparto llevaban dos burros para hacer dos cargas, su padre hacía 4 fajas y él 2. Con 12 años, su padre hacía la carga del burro y él la floja, con 13 Liborio ya se hacía el fajo de la grande y con 15 años hacía la carga de los dos burros. Iban a buscar esparto a los comunes de Moncalver, por el tozal de Mataliebres; estas eran propiedades comunes que vendieron -Los privados no se quejaban-. El esparto lo vendían a Basols y a Jesús Del Río, casado con la del Estichano. Jesús del Río estaba enfrente del actual taller de Arasa.

Se cogían dos panes en un saco, ½ kilo de arroz, 4-5 kg de patatas, 1 abadejo, 1 chorizo, 1 kg. de tozino rancio, 1 o 2 cebollas y con aquello pasaban toda la semana en el monte, eso era todo el rancho. Guisaban y comían en el monte, con 11 años, y dormían por alguna paridera. Muchas veces, la primera faja de esparto que hacían era para hacer la cama. Si había luna hacían esparto por la noche. Iban hasta Alcolea, monte Pitarque y Montes. Arrancaban el esparto a tirón, a jada o con dallón y lo dejaban en una ringlera. Igual se juntaban 60 personas, la mayoría de Sariñena y Lanaja, pero sobre todo de Lanaja. Liborio iba con sus amigos.

Arrancaban el esparto y Antonio Huerva lo pesaba mientras Lobateras apuntaba. Hacían cuatro fajas. Lo fajinaban y al día siguiente al camión de Letosa. Con un par de obreros Antonio Mir (Machín) y José Giménez, cargaban los camiones y lo descargaban en la era Basols, trabajaban muchas personas. El esparto se rastrillaba para quitar los peines, como peinarlo, apunta Liborio. Si estaba en un fajo pequeño y con diez fajadas lo ponían en una empacadora y lo pesaban. Sacaban fajos grandes para la papelera, la mayoría para San Sebastián, un tal Leza, un camión nuevo que compró Basols.

Entonces el esparto se cotizaba bastante y en Sariñena quitó mucha hambre a muchas familias. Siempre que se podía se hacía esparto, al igual que otros trabajos de campo.

Con Jesús Puyol, el Risas, estuvo haciendo esparto en Alcolea, iban a pie. También con Puyol estovo por las Negras junto con Pablo Olivan, José Carpi y Luis guerrero, con la plataforma de Pablo Olivan. Arrancaron esparto durante todo un día y toda la noche, llenaron el carro y lo vendieron en Sariñena. Liborio, de cansado que llegó estuvo 3 días durmiendo, cuando se levantó para ir de fiesta, su madre le dijo que ya había pasado, tenía 16 años.

En un día hizo más de 1000 Kilos, unos 37 fajos arrancados, pero el pesador, que era Pascual Palacio de Del Río, no le quiso poner más de 1000 kilos. Casi siempre iba con Antonio Orús, que eran muy amigos y trabajaban juntos. A veces le marcaba lo que tenía que arrancar. También iba mucho con Cheringa, Antonio Peralta. Lo único que se le daba mal era que no tenía mucha destreza para atar los fajos, pero la faena se la repartían, algunos arrancaban, otros ataban los fajos y otros lo cargaban.

La remolacha se jodió cuando cerró la azucarera de Monzón. La pesaban los Mauricios, repartían la semilla y la recogían en la estación ferroviaria de Sariñena, a veces tenían que cargar ellos el vagón. Carros, galeras, bulquetes a base de caballerías. El tuerto, El Chupón, descontaba el barro que llevaba la remolacha, el 2% o el 3%. Las Pepetas, madre de Murillo, una hermana de su madre estaba debajo de la maquina cuando accidentalmente la chafó, sería por la década del 48 o 52.

En el 46 cayó una gran nevada, el peor invierno que Liborio recuerda -No había agua en las casas y se helaron todas las fuentes-. Las oliveras se murieron, cortaron y arrancaron muchas para leña. Fue un invierno muy malo, tenía unos 10 años. En casa de Alonso había una fuente, en el barrio Lalueza, y hicieron fuego para que saliese agua. Desde casa El Sillero no veían de la nieve que había

Hizo la mili y tras ella enganchó en Nivel Campo con Genaro Llorens y José Escanero. Cogieron la contrata de los marguines y lo hacían todo a mano, los desagües a pico y pala y los balates, echaba tierra el tractor y a pala y jada hacían el marguín. A cuerda y al drecho con un tiro partían los bancales. Luego, el grupo de tractores se dedicaban a nivelar.

Pronto Liborio comenzó a llevar una oruga. Fueron a Cihuela, Soria, encima de Contamina, a nivelar. Fue con la pala a hacer balates, pero le hicieron coger la oruga, que se le dio bien, comenzando a ser maquinista con 27 años hasta los 63 que se jubiló sin parar de llevar maquinas. Con Pujol estuvo 7 años haciendo nivelaciones. Con Eugenio Tortajada 14 años. También fue a trabajar a Colominas con Juan Manuel Olivan. El primer día en el monte un hombre pregunto por él y cogiéndole el morral, le mandaron con el coche a Tramaced donde le hicieron coger el tractor y a los 15 días tractor con una cuba de agua.

Un día que estaba en el bar Azul jugando al Truque, le llamaron a la oficina, que estaba en casa Sabineta. La empresa, asociada con Giral, necesitaba un maquinista en Asturias para llevar una cargadora. Aunque no la había llevado nunca, le dijeron que el sábado a Asturias. A los tres meses se llevó a la familia, su mujer María Luisa Casañola Blanco y sus hijos María Luisa, Carmelo y Gloria. Sin embargo, a los dos meses regresó y trabajó en el canal de Terreu con la misma empresa “Tortajada Colominas y Giral”.

A los años, Tartajada paró y se lo quedó Auxini S.A., empresa estatal del estado. Con Auxini S.A. estuvo 7 años hasta que hizo revisión de plantilla y se tuvo que ir. Estuvo realizando el travesal desde Pertusa hasta Tardienta, el ceme (cuadrado), lo ha cortado él con la máquina; son tramos cortos. El túnel de Sesa a Pilarces, el segundo tramo, la segunda sección la hizo él con la máquina. Estuvo un año entero trabajando en el túnel.

  • 1er túnel Pertusa – Salillas.
  • 2do túnel Sesa – Tramaced.

Luego estuvo en el paro hasta que de nuevo le fueron a buscar los de Auxini S.A., dijo que no y al día siguiente con Pepe Bierge, los de la Madelenas de Grañén, lo cogieron para la gasolinera de Castejón para llevar el camión de gasoil para las obras del canal.

Espartero, remolachero, ha ido al caracol y ha cogido miles de kilos además de ser maquinista, una vida de trabajo y esfuerzo. Liborio ha visto la transformación de esta tierra de duros secanos a todo un regadío. Orgulloso de sus orígenes y de su pueblo, su memoria indudablemente forma parte de la Sariñena actual que sin el trabajo y el esfuerzo de su gente no se podría entender.

Relacionado: Esparteros y esparteras de Lalueza.

Beatriz Serrate, bibliotecaria de Castejón de Monegros


Beatriz Serrate Giral nació en Huesca un 29 de junio de 1967 aunque se puede decir que natural de Castejón de Monegros, su pueblo. Una imprescindible que ejerce de bibliotecaria en su pueblo, amando a su biblioteca y a su gente.

Recuerdos de la niñez, escuela, juegos, tradiciones, la vida en el pueblo, marchar y quedarse.

Tuve una infancia feliz. Me gustaba ir a la escuela junto a mis vecinos. Recuerdo que nos avisábamos de unos a otros y subíamos juntos al colegio, con unas carteras de cuero que nos hizo de forma artesanal un guarnicionero de Castejón de Monegros.

En el patio del colegio jugábamos a la comba, la goma, balón prisionero y a las canicas. También nos gustaba coleccionar cromos de series infantiles televisivas: La Abeja Maya, Heidi.

Con 12 años cursamos la segunda etapa de EGB en el CRA de Peñalba, junto a alumnos de las localidades de Valfarta y Peñalba. Fue una experiencia muy enriquecedora y creamos unos lazos de amistad que se siguen manteniendo actualmente.  Fue la época de mi despertar cultural, colaborando en el periódico escolar, formando grupo de teatro y en el año 1980 una profesora me animó a participar en los I Juegos Florales de Poesía resultando ganadora del premio de La Rosa. Desde entonces me gusta mucho la poesía.

La vida en el pueblo era y es tranquila. La mujer desde siempre ha ocupado un papel muy importante en el medio rural, ejerciendo principalmente de cuidadora de sus hijos y de sus padres; y apoyando en las tareas agrarias y ganaderas.

En los años 70 hubo mucha emigración a ciudades como Zaragoza y Barcelona. Son los que ahora regresan a pasar sus últimos años de jubilación en el lugar que les vio nacer y mucho de ellos nuevos lectores de nuestra biblioteca.

¿Bibliotecaria? ¿Cómo has llegado a ser bibliotecaria rural?

Tras finalizar mis estudios universitarios de Trabajo Social en la Universidad Laboral de Zaragoza, en la que fui colaboradora de forma voluntaria de la Biblioteca de este centro; regresé a mi pueblo en el año 1988 y posteriormente fui la responsable de la biblioteca Pública de Castejón de Monegros.

¿Bibliotecaria rural, mucho más?

La Biblioteca es el principal centro de referencia cultural de nuestros pueblos. Es el lugar en el que los niños leen sus primeros cuentos, donde muchos adolescentes se han iniciado en el uso de las tecnologías, ya que allí se encuentra el telecentro rural de DPH; y el sitio en el que los lectores disfrutan de las últimas novedades literarias.

¿Qué es un libro?

Un libro nos permite soñar con los ojos abiertos y viajar a través de nuestra imaginación; nos abre puertas a otros mundos.

Un género literario, un libro imprescindible, escritor/a, una poesía, una palabra bonita, una gran frase, una película y una canción

Me gusta mucho la poesía, cualquier poema de Antonio Machado y un poema que me encanta es uno de Mario Benedetti “Te quiero”, principalmente esta estrofa que dice:

Te quiero en mi paraíso
Es decir que en mi país
La gente viva feliz
Aunque no tenga permiso.

Una palabra bonita: empatía.

Una gran frase: “Toda Biblioteca es un viaje; todo libro es un pasaporte sin caducidad”, Irene Vallejo (El Infinito en un junco).

Una película: Memorias de Africa, Sydney Pollack.

Una canción: Y nos dieron las diez, de Joaquín Sabina, el mejor poeta de nuestro siglo.

Una reflexión sobre el papel de las bibliotecas en nuestros pueblos y, sobre todo, frente a la despoblación.

Es un lugar de encuentro con nuestros lectores, una fuente de sabiduría y un servicio que se debe mantener en nuestros pueblos, a pesar de la despoblación.

¿Qué sientes al oír Los Monegros?

Es La tierra en la que nací, donde vivo y en la que quiero morir: “es esa tierra hermosa, dura y salvaje, donde he formado un hogar y disfruto mucho de sus paisajes, de sus espectaculares amaneceres y atardeceres”

Una esperanza, ilusión o deseo.

Esperanza de un mundo mejor, que podamos vivir en armonía y en paz.