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Puentes de guerra, Sariñena


La historia de los puentes sobre el Alcanadre, a su paso por Sariñena, es una mirada a la lucha contra el tiempo, contra la naturaleza y las guerras, una mala relación que nos ha ido dejando un montón de hechos y sucesos que repasamos acercándonos a nuestro río Alcanadre. Sobre todo, los últimos puentes desaparecidos, destruidos por las fuerzas republicanas en su huida ante la avanzada militar del bando nacional. Ambos puentes eran grandes obras de ingeniería y respondían a construcciones de gran belleza que, lamentablemente, no han llegado a nuestros días.

Artículo enmarcado en la serie sobre la guerra civil en Sariñena

Carros y caballerías, 1920. Puente sobre el Alcanadre, Sariñena.

Aun así, por Sariñena todavía quedan restos del viejo puente medieval a los pies de la ermita románica de Santiago, datado en el siglo XII, en el antiguo camino que iba de Sariñena a la ermita. El Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés lo describe de la siguiente manera: “Quedan escasos restos del puente, reducidos a las pilas correspondientes a los 5 ojos que tuvo la construcción, construidas en sillería y mampuesto grosero (este último puede corresponder a reparaciones posteriores). Las arcadas originales debieron de ser de medio punto. En el estribo de la orilla derecha se abrieron dos hornos de cal de forma circular, construidos en adobe, con una abertura en la parte baja para el combustible. Estas boqueras y el frente donde se abren son de sillarejo lavado.” Tristemente, los restos van deteriorándose ante la desidia y el abandono.

También, aguas abajo de Sariñena, poco antes de llegar a la zona de la desembocadura del barranco de Malfaras, hay restos de pilastras de sillerías de un viejo puente. Y por añadir, aguas arriba, justo por encima de la ermita, hay restos del antiguo azud de Sariñena. 

El antiguo puente de Sariñena fue obra de Joaquín Pano y Ruata y respondía a un puente metálico de arcos parabólicos, como a los igualmente desaparecidos puentes de Ontiñena, Graus y Monzón. Construido en torno a 1880, en una comunicación del ingeniero Joaquín Pano a Magin Cornet, la Maquinista Terrestre y Marítima, manifiesta su intención de introducir innovaciones “Disponer las juntas como en el puente de Sariñena” (Los puentes parabólicos de hierro y el ingeniero D. Joaquín Pano y Ruata (1849-1919) Pilar Biel Ibáñez y José Luis Pano Gracia).

Gracias al Diario de Huesca del 31 de julio de 1916, podemos concretar la fecha de su construcción en 1883. En su sección de hemeroteca “Hace 33 años” recoge como el 31 julio de 1883 “Trabajaban en la colocación del puente de hierro sobre el Alcanadre en las inmediaciones de Sariñena, según proyecto del ingeniero don Joaquín Pano”.

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Puente sobre el Alcanadre, Sariñena.

Sin embargo, el puente de Joaquín Pano Ruata no fue el primer puente de hierro sobre el Alcanadre a su paso por Sariñena. El 28 de octubre de 1879 una gran avenida destruyó el puente de hierro de Sariñena, tal y como queda recogido en el Diario de Huesca 30 de octubre de 1879: “El Alcanadre experimentó una importante crecida, arrastrando el puente de hierro de Sariñena”.

“Terrible avenida del Alcanadre. Arrancado y arrastrado el puente de hierro de esta villa. Tememos hayan acontecido desgracias en los pueblos ribereños La corriente ha subido en el cauce del rio 7 metros sobre su nivel ordinario.”

El corresponsal. Diario de Huesca – 30 de octubre de 1879.

De la misma manera lo comunicaba el Correo de Madrid del día 30 de octubre de 1879: “El río Alcanadre ha destruido y arrasado el puente de hierro de Sariñena, cuyo coste era de 10.000 duros. Es seguro que han ocurrido desgracias personales en los pueblos de la ribera, y que los destrozos en la huerta han sido inmensos. El tren correo que salió a las diez de la mañana de Barcelona se halla detenido entre Selgua y Sariñena, por estar interrumpida la vía por las aguas. Estas han tenido una subida de siete metros sobre su nivel ordinario”.

La avenida causó grandes daños en diferentes localidades sumándose a un año malo de cosechas: “Vacíos los graneros por la total pérdida de la cosecha del pasado año; sin esperanzas sobre el presente, pues en los yermos campos la lluvia no abrió blando lecho a la semilla; agotados los recursos de la caridad privada; en forzada holganza los hombres útiles al trabajo; apurados hasta los más rudimentarios medios de alimentación, el hambre arroja de sus hogares a los habitantes de algunos pueblos del Bajo Aragón, de Los Monegros, Sariñena y Tamarite” (Diario de Avisos, 23 de noviembre de 1879).

SARIÑENA 29 DE OCTUBRE.  

Escríbole a V., señor Director, bajo la triste impresión que me produce la terrible avenida del rio Alcanadre. Temíamosle ayer cuando el deshecho temporal duraba horas y más horas y las tormentas se sucedían unas a otras sin interrupción, arrojando gran cantidad de agua sobre esta ribera y a lo que ahora se ve sobre toda la cuenca hidrográfica del rio que riega nuestra huerta. Más de siete metros ha subido el agua sobre el nivel ordinario de la corriente, y ante esta devastadora avalancha de agua, ni puentes, ni árboles, ni diques, ni murallas han resistido su destructor ímpetu.  

Corresponsal de Sariñena. Diario de Huesca – 30 de octubre de 1879.  

Aquello llevó a la necesidad de construir un puente provisional, esta vez de madera, aunque lamentablemente poco duró. El “Diario de Avisos” de Zaragoza del 2 de noviembre de 1879 daba cuenta de su destrucción: “Las avenidas de los ríos Cinca, Gállego y Alcanadre, por efecto de los últimos temporales, han ocasionado perjuicios de consideración de aquella provincia y han arrastrado el puente provisional de madera construido en Sariñena (que sustituía al puente de hierro arrasado en la inundación del mes de octubre)”. Mismamente el Diario de Huesca, del 2 de diciembre de 1879 comentaba “La corriente de las aguas destruyó y arrastró el puente provisional de madera construido con no pucos sacrificios en sustitución del que desapareció en la desgraciada noche del 28 de octubre”. El recuerdo de aquel suceso volvió a aparecer en la sección “Hace 33 años” del Diario de Huesca del 7 de diciembre de 1912 “En Sariñena destruyó y arrastró el puente provisional de madera, sustituto del que desapareció el día 28 de octubre último”. Igualmente, la sección “Hace 33 años” Diario de Huesca del 10 de diciembre de 1912, recordaba: “En Sariñena se llevó el río el puente de hierro, valorado en 10.000 duros, y en las huertas hizo bastante daño”.

De nuevo una nueva riada sucedió en 1882, atendiendo a la reseña aparecida en La Unión, Madrid, 9 de septiembre de 1882: “Una grande avenida arrasó el puente provisional que tenía esta villa en el Alcanadre. Las aguas del río subieron cuatro metros 86 centímetros sobre su ordinario nivel”.

Carta 5 de septiembre. El Corresponsal  

Una grande avenida arrastró en la pasada noche el puente provisional que tenía esta villa en el Alcanadre. Las aguas del rio subieron cuatro metros ochenta y seis centímetros sobre su ordinario nivel, causando también perjuicios de mucha consideración al contratista que levanta el nuevo puente sobre dicho rio. Cinco hiladas de piedra que tenía ya labradas al pie del estribo de la derecha, que es el que falta que levantar, han sido envueltas entre piedras y arenas, arrastradas por las aguas o rotas e inutilizadas para la construcción de dicho estribo. Este imprevisto contratiempo retardará, sin duda alguna, la terminación del puente, legítima aspiración de esta villa, por espacio de cuatro o más meses, causando graves trastornos a los machos propietarios que tienen sus tierras al otro lado del rio. Aunque hasta ahora no se ha podido averiguar, también han debido sufrir mucho los azudes que toman el agua para el riego de nuestra vega, y mucho más los campos situados en la parte superior de la ribera de Alcanadre donde el aluvión ha debido ser excesivamente grande. Esta es una nueva calamidad que tenemos que añadirá las muchas que pesan sobre este poco afortunado país. La sequía continúa, y solé ayer un pequeño chaparrón de agua refrescó algo el polvo de los caminos.  

Un herido que hubo anteayer en esta villa, donde se celebraba la fiesta de su patrono San Antonino, ha fallecido en la mañana de hoy. Son estos los recuerdos que quedan después de celebradas las festividades de muchos pueblos de nuestras provincias.  

Diario de Huesca – 06 de septiembre de 1882.  

Las diferentes noticias dan cuenta de la importancia que han tenido históricamente las avenidas en el Alcanadre y su capacidad de afección a las distintas localidades y terrenos anexos a su recorrido. Así, el Estudio de la calidad ecológica integral de los tramos fluviales más importantes del río Cinca: río Alcanadre (Confederación Hidrográfica del Ebro) define al Alcanadre por su paso por Sariñena como carácter estacional muy marcado en este tramo: “En Sariñena, en julio de 2001 era de 1,6 m/s, mientras que según datos históricos llega a haber máximos primaverales de más de 50 m/s (EA033)”.

Tal y como hemos visto anteriormente, en 1883 se construyó el puente metálico de arcos parabólicos de Joaquín Pano y Ruata que duró hasta su destrucción en marzo de 1938 por las tropas de la República en su retirada. Para ello colocaron cargas explosivas volando el puente por completo.

Con el avance de las fuerzas nacionales, los pontoneros prepararon un puente provisional y más tarde se construyó una pasarela de madera, “Quedando durante más de un año los restos rotos y retorcidos del puente en el lecho del río” Salvador Trallero “Sariñena Antigua”.

Jefatura de Obras Públicas. Provincia de Huesca. Anuncio:  “Ateniéndose a lo dispuesto en el decreto de 16 de Febrero de 1932 (Gaceta del ocho de Marzo) y a la Instrucción para su aplicación de 27 del mismo mes y año, (Gaceta del 5 de Marzo), esta Jefatura ha resuelto celebrar un concurso para la ejecución por destajo de las obras de reconstrucción del puente sobre el río Alcanadre en el kilómetro 73’640 de la carretera de tercer orden de Mequinenza a Sariñena (Camino Comarcal C-129), las cuales deberán ajustarse al proyecto redactado en 15 de Junio de 1939 por el ingeniero de Caminos don Gregorio Chóliz Andériz, y cuya ejecución por administración ha sido autorizada por la Dirección General de Caminos en 29 de septiembre de 1939 por su presupuesto de pesetas 225.588’89 (doscientas veinticinco mil quinientas ochenta y ocho pesetas, ochenta y nueve céntimos), y después de ser este crédito favorablemente informado el 24 de Octubre de 1939 por la Intervención General de la Administración del Estado y previa la autorización del correspondiente gasto por el excelentísimo señor ministro. Las obras deberán estar terminadas en 30 de septiembre de 1940.”

Nueva España – 12 de noviembre de 1939.

Así, el actual puente fue obra del ingeniero de Caminos don Gregorio Chóliz Andériz y contó con un presupuesto de pesetas 225.588’89. Después de varios años de construcción, las obras finalizaron dos años más tarde de lo previsto, entrando en servicio en servicio en 1942.

“Tocan a su fin las obras de la construcción del magnífico y airoso puente de tres tramos que sobre el río Alcanadre, en la carretera de Huesca a Fraga y Lérida, a diez minutos de la villa, Obras Públicas de la provincia, por el contratista señor Cuota, está llevando a cabo en substitución del que elegante arcada volaron los rojos en su huida. Dicho puente, buena mejora de comunicación, con el llevado a ejecución por la Compañía del Norte en las cercanías de la estación, considerado como uno de los más grandes y solidos de la línea, marcan firmes jalones en el plan de reconstrucción de nuestra provincia y de España.”

  Nueva España – 19 de marzo de 1942.

“El puente sobre el río Alcanadre (Sariñena) en la carretera comarcal de Mequinenza a Sariñena, Km. 71, de tres tramos de 19,20 metros de luz, ancho siete metros.”

 Datos Jefatura de Obras Públicas Nueva España – 18 de julio de 1954.

El 27 de julio del 2012 se resquebrajaron y desprendieron al suelo trozos de hormigón de uno de los estribos del puente sobre el que se apoya una de las jácenas. Aquello restringió el tráfico y ocasionó graves perjuicios, pues el único paso alternativo dista a unos 50 kilómetros. (Diario del Altoaragón 23 septiembre del 2021 Marga Bretos). El puente estuvo 138 días afectado el tráfico a su paso por el puente, hasta que el 11 de diciembre del 2012 se volvió a restablecer (Diario del Altoaragón 12 de diciembre del 2021 Marga Bretos).

Puente ferroviario sobre el Alcanadre

El antiguo puente metálico ferroviario sobre el Alcanadre de Sariñena pertenecía a la línea ferroviaria entre Madrid y Barcelona, línea que comenzó a funcionar el 18 de septiembre de 1861. Una línea construida por la Compañía de Ferrocarril de Barcelona a Zaragoza, por lo que podemos estimar su construcción en los años anteriores a la puesta en funcionamiento de dicha línea.

Respondía a un puente metálico rectangular con tramos metálicos dispuestos de manera independe, estaban formados por vigas largueros en forma de cruces de San Andrés los extremos, y por una celosía de segundo orden el central. Los vanos salvaban unas luces de 22,8+67,8+22,8 m. (La ingeniería de caminos durante la Guerra Civil española. Destrucción y reconstrucción de puentes. Autor/a: Vanesa M García-Lozano Tesis doctoral / 2015).

El 8 de Julio de 1875, una partida del ejercito carlista, dirigida por Dorregaray, destruyó el puente de hierro sobre el río Alcanadre. Al parecer, el ejército levantó la vía en el último tramo del viaducto y desde Sariñena lanzó un convoy con 25 unidades, entre coches y vagones, y con tres locomotoras por cabeza y una por cola: “Una vez los reguladores de las tres máquinas estuvieron abiertos a todo vapor, los maquinistas y fogoneros abandonaron el tren, dejando inutilizado el viaducto y la línea férrea” (Antoni Nebot).

La Estación de Ferrocarril de Sariñena | os monegros

“Las obras de reconstrucción del magnífico puente de la vía férrea de Zaragoza Barcelona, inmediato a la estación de Sariñena, sobre el rio Alcanadre, están muy próximas a su terminación, debiendo recibirse por los ingenieros del Estado dentro de breves días.”

Diario de Huesca – 20 de febrero de 1877.

“Iban a ser recibidas por los ingenieros del Estado las obras de reconstrucción del magnífico puente tendido sobre el río Alcanadre, en la vía férrea de Zaragoza a Barcelona, inmediato a la estación de Sariñena”.

 Extractado de El Diario, Sección “Hace 33 años”, correspondiente al 20 de febrero de 1877. Diario de Huesca – 21 de febrero de 1910.

Desafortunadamente, el puente ferroviario de Sariñena sobre el río Alcanadre fue completamente destruido durante la retirada del bando republicano, el 26 de marzo de 1938, a través de la voladura de la pila de apoyo de los tramos metálicos: “Fue destruido por completo con la caída de su tramo central, que arrastró a los dos extremos que cayeron con grandes destrozos. El Ejército republicano, en su retirada, había volado la pila del lado de Zaragoza a la altura de la cimentación, aproximadamente de unos 20 metros. La otra pila, al salir lanzados los tramos metálicos por efecto de la explosión, fue cortada en bisel, quedando destruida por el frente de aguas arriba en una altura de 10 metros.” (La ingeniería de caminos durante la Guerra Civil española. Destrucción y reconstrucción de puentes. Autor/a: Vanesa M García-Lozano Tesis doctoral / 2015).

La reconstrucción fue rápida, de alguna manera prioritaria para el avance nacional hacía Cataluña, como puente enmarcado en la línea de ferrocarril de Zaragoza a Barcelona perteneciente a la Compañía del Norte: “Fundamental para mantener la circulación y el abastecimiento al frente”.

Con la 54 División

“Atrás quedó el ferrocarril, imposibilitado para seguir la forzada marcha de nuestras tropas por la voladora de un puente en Sariñena –uno de los mayores de España- que se está reconstruyendo a toda la velocidad y que, por su envergadura, aún tardará cerca de un mes en quedar utilizable.” 

La prensa: diario republicano: Año XXVIII Número 10447 – 1938 mayo 13.

Sin embargo, lo primero fue restablecer la comunicación ferroviaria a Sariñena:

Se restablece la comunicación ferroviaria

Santander. El ministro de Obras Públicas ha manifestado a los periodistas que han sido restablecidas las comunicaciones ferroviarias entre Tardienta y Sariñena. Este servicio se dedica, de momento, solamente a transporte militares.

El Diario Palentino: defensor de los intereses de la capital y la provincia. El más antiguo y de mayor circulación: Año LVII Número 16332 – 1938 marzo 30.

Las comunicaciones ferroviarias de Aragón se restablecen

“También se ha restablecido el tráfico entre Zaragoza y Sariñena.”

El Adelanto: Diario político de Salamanca: Año 54 Número 16548 – 1938 marzo 31.

En la reconstrucción del puente participó Didac Ortiz Pérez de Tudela, dejando constancia de su testimonio en Diario de un Biberón, de Manuel Fernández Sosa, La Patumaire Edicions SL, pág. 191. Didac, prisionero de guerra, al cumplir los 18 años fue destinado al Batallón de trabajadores nº 151, destinado por un tiempo en la reconstrucción del puente ferroviario de Sariñena:

¨Llegamos de noche a la estación de Sariñena y nos instalan en una casa sin luz, a tientas nos acomodamos como podemos para pasar la noche. De madrugada, todavía de noche, nos levantan y, tras un café aguado, nos dirigimos vía abajo hasta llegar a un puente.


La riada se ha llevado un pilar del centro y nuestro trabajo va a consistir en poner travesaños en forma de columna -los travesaños son las piezas de madera que sostienen los raíles de las vías del tren-. Es un trabajo muy penoso por el peso de las maderas, sobre la tierra y el agua vamos subiendo la plataforma, entrecruzando entre si y reforzándolas con unas falcas hasta llegar arriba. Con gatos se consolida el puente y los trenes pueden circular lentamente mientras en el río se empieza a cavar los cimientos de un nuevo pilar. Esto lo hemos hecho sólo en tres días. Maltratados, mal alimentados, con un frío terrible proveniente del fuerte viento del Moncayo, que es peor que la tramontana de mi país. Si tenemos que cruzar el puente por arriba, debemos hacerlo a rastras y agarrados a los raíles para no salir despedidos al vacío debido al viento, que tiene 30 o 40 metros de altura.

Hoy, domingo, parece que vamos a descansar, pero no es así. Otra vez al puente. A media mañana llega una máquina con un solo vagón, encima montan un altar y allí un cura nos dice misa. Personalmente no hago ni caso de lo que está diciendo aquel buen hombre, me encuentro en un agujero con agua hasta media pierna y helado por el frío. ¡Esto es bestial! También recibimos <<obsequios>> de los trenes sanitarios, ya que al pasar lentamente por el puente, tienen tiempo de lanzarnos lo que quieren, tenemos que protegernos con las palas. Por fin podemos ver el lugar donde hemos estado viviendo estas terribles jornadas de hambre, frío y mucha mala leche de los mandos. Salimos de noche y entramos de noche. Es un caserío en ruinas al lado de la estación, y al fondo, a unos tres kilómetros, se ve el pueblo de Sariñena.

Le decimos adiós muy contentos de dejar este infierno, si hubieran tardado más en sacarnos de aquí, dejamos la piel”.

Para su reconstrucción se utilizaron los tramos metálicos del puente Adaja, que pertenecía a la línea Villalba a Medina (por Segovia), una información muy detallada recogida en La ingeniería de caminos durante la Guerra Civil española. Destrucción y reconstrucción de puentes. Autor/a: Vanesa M García-Lozano Tesis doctoral / 2015:

“Con los dos tramos laterales (Del puente de Adaja) se salvó el vano central del puente de Sariñena, tras la construcción de un castillete central de madera en el que se apoyaron. Con el tramo central del puente Adaja que se dividió en dos, y un trozo nuevo de 5m, se salvaron los laterales del mismo viaducto.

Como particularidad en este viaducto no se reconstruyó la pila de lado Zaragoza sino que se situó un castillete en su lugar donde situarían los tramos con pescante de 15 m. Como había que adaptar los tramos del río Adaja, se desmontó el terraplén de acceso del lado de Zaragoza hasta conseguir una caja de 40 m de larga por 7 m de ancha y 6 de profundidad para efectuar el montaje al nivel definitivo. Se ejecutó el castillete central de madera sobre una losa de cimentación de hormigón armado para la que hubo que hincar pilotes debido a la gran cantidad de agua que apareció, mientras se reparaban el resto de los elementos dañados (pilas y estribos). Se realizó el montaje de los tramos metálicos y se corrieron hasta su posición definitiva, dando paso tras rellenar de tierras la caja del terraplén abierto.” (La ingeniería de caminos durante la Guerra Civil española. Destrucción y reconstrucción de puentes. Autor/a: Vanesa M García-Lozano Tesis doctoral / 2015).

“De este modo, desde Altos Hornos de Vizcaya, se transportaron los materiales y medios auxiliares hasta Sariñena y desde allí hasta el puente sobre el río Cinca en el PK 125,725 de la línea de Zaragoza a Barcelona de la Compañía del Norte.” Reparación y construcción de puentes durante el Glorioso Movimiento Nacional. Compañía de los Caminos de Hierro del Norte. Revista de Obras Públicas, número especial 1936-1939, número 07.

“Los materiales que se emplearon en los castilletes dependían de los existentes en la zona. En la reconstrucción provisional del puente de Sariñena se emplearon dos tipos de castilletes, metálicos y de madera, debido a la facilidad de disponer de estos elementos en dicha zona de manera inmediata.” En Reparación y construcción de puentes durante el Glorioso Movimiento Nacional. Compañía de los Caminos de Hierro del Norte. Revista de Obras Públicas, número especial 1936-1939, número 07.

Sariñena, la retirada. | os monegros

Finalmente, el nuevo puente ferroviario entró en funcionamiento en mayo de 1938, apenas un mes después de su voladura. Tanto el ministro de obras públicas en Zaragoza como el mismo Francisco Franco acudieron a visitar el puente ferroviario sobre el Alcanadre a su paso por Sariñena:

El ministro de obras Públicas en Zaragoza

Mañana visitará la línea del Cinca inaugurando los puentes de Monzón y Sariñena, volados por los rojos.

La prensa: diario republicano: Año XXVIII Número 10448 – 1938 mayo 14.

El Caudillo visita el Frente (Visita realizada el 20 de mayo)

Desde este punto se trasladó Franco al puente de Sariñena, la famosa obra de 23 metros de altura que ha sido reconstruida en menos de un mes, a pesar de sus sesenta metros de largo.” 

Imperio: Diario de Zamora de Falange Española de las J.O.N.S.: Año III Número 476 – 1938 mayo 21.

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Esta es parte de la historia de los puentes sariñenenses sobre el Alcanadre, parte porque seguro que quedan muchas cosas por descubrir y contar pero que forman parte esencial de nuestras vidas, de nuestras comunicaciones y relaciones y sobre todo de un gran curso fluvial, un río que permitió asentarnos como población y al que debemos nuestra propia existencia: el río Alcanadre.

Historia de los puentes sobre el río Alcanadre a su paso por Sariñena

El puente de hierro


Jesús Cancer Campo
Publicado en la revista El Tarirán en febrero del 2020.
Fotografías Pilar Laín.

Fotografía Pilar Laín.

Todos conocemos nuestro “Puente de Hierro”, no muy lejos del Real Monasterio de Sijena. Por él cruzamos el río Alcanadre camino de la sierra y el monte alto. Hasta él llevamos más de cien años paseando los de Sena y Villanueva para hacernos alguna fotografía con sus vigas herrumbrosas de fondo. Novios, cuadrillas de amigos y amigas, familias… todos, una u otra vez, hemos ido hasta allí para disfrutarlo de cerca y ver correr las aguas de nuestro río desde el vértigo de sus pasarelas laterales.

Personalmente, es uno de los recuerdos indelebles de mi niñez. La excitante experiencia de apearme del carro, camino de la siega estival (y a la vuelta), para cruzarlo caminando de la mano de Cristina, mi hermana mayor, bajo la atenta mirada de nuestra madre. Pisar aquella plataforma metálica bajo nuestros pies y ver correr las imparables aguas del río, que se iban al mar, es una vivencia que se ha grabado en nuestro ADN.

Después de algunos meses buscando información en distintos estamentos oficiales (CHE, DGA, DPH, Fomento…), finalmente conseguí encontrar información sobre nuestro puente. Fue en la ciudad de Huesca, Departamento provincial de Carreteras de la DGA. Allí me encontré con Paco Tomás, un hombre paciente y amable que desempolvó viejos legajos que guardaban datos, planos y referencias sobre nuestro objeto de estudio: El puente sobre el río Alcanadre en el término municipal de Villanueva de Sijena, dentro de “una carretera de tercer orden que discurre entre la Estación Férrea de El Tormillo y Bujaraloz, km 19´677 de dicha vía”. Se hace necesario explicar ese recorrido, pues en la actualidad se nos hace algo incomprensible, ya que esa “carretera de tercer orden” venía desde la estación de Ferrocarril de El Tormillo ( a unos 17 km. de Sena) y llegando a nuestra almazara bajaba por la actual carretera A-131 y tomaba el desvío a la derecha, antes de Villanueva, hasta el puente sobre el río Alcanadre y continuaba por el actual camino del monte recorriendo nuestro alargado término municipal hasta llegar a Valfarta y desde allí a Bujaraloz.

El proyecto de su construcción data de 1909, efectuado por el ingeniero D. Blas Sorribas. Dos años después, en 1911, se realiza una detallada memoria. Pero no es hasta el 22 de diciembre de 1913 cuando se adjudican las obras para la definitiva construcción del puente.

Su construcción conllevó algunos problemas que dilataron su definitiva ejecución. Hemos de tener en cuenta la precariedad de los medios técnicos, incluso mecánicos de aquella época. Así el 17 de febrero de 1919 se efectuaron las pruebas de resistencia con resultado favorable, aunque un año más tarde, en 1920 y en plazo de garantía, una gran avenida del Alcanadre produjo importantes daños que requirieron su reparación. Por fin, el ingeniero jefe D. Juan Serrano y Piñana realizó su definitiva liquidación en 1922.

La obra se adjudicó a la Sociedad Anónima Astilleros del Nervión en 1913, como hemos apuntado ya; debiendo comenzar su construcción el 19 de febrero de 1914, con un plazo de finalización de las obras que vencía el 18 de junio de 1917. Su coste total fue de 186.543,63 pesetas, ¡algo más de mil euros!

Sobre algunos datos técnicos podemos señalar:

Su longitud es de 127,700 metros, dividido en tres tramos iguales.

Se realizó un sondeo de 3 metros de profundidad en el cauce del río para las pilastras de soporte de la estructura.

Su peso es de 303.783 kg. (más de 300 toneladas). Solo sus 72 cuerpos visibles (36 a cada lado) y las barandillas –grosso modo y por lo que he calculado– suman unos 40.000 remaches, además de la tornillería. No tiene tantos como la Torre Eiffel, pero ya son…

Nos ha llegado alguna noticia de que el Ministro de Justicia de entonces, procedió a su inauguración, aunque, por ahora, no he hallado documento fehaciente acerca de este dado. Seguiremos investigando.

Fotografía Pilar Laín.

En cien años de vida solamente ha recibido “un lavado de cara”, fue por año 1945 cuando se convocó una primera subasta pública para obras de pintura. Una vez adjudicados los trabajos en 1946 (las personas más mayores quizás lo recordaréis) al contratista Marino Sanz Carijo, la empresa de José Tello Espinosa se encargó de la pintura del puente, que debió comenzar el 9 de septiembre de 1946 y finalizar dos meses después. Según parece, un problema con el suministro de aceite de linaza retrasó algo el comienzo de los trabajos.

En la liquidación final se contabilizaron 2.650 metros cuadrados de superficie pintada y un gasto total presupuestado de 80.212,80 pesetas.

Actualmente, y a la vista de su estado, nos animamos a instar a las autoridades competentes a que presten nuevamente atención a nuestro Puente de Hierro, para que se reparen sus numerosas herrumbres, se efectúe un pulido de su estructura total y se pinte de nuevo a la máxima urgencia. Ah, y algo muy importante: a quien corresponda también, se debería evaluar seriamente el estado del hormigón de sus pilastras, a buen seguro desgastadas por la erosión permanente del agua, y reforzarlas tanto como sea necesario. Es una cuestión de JUSTICIA y SEGURIDAD PÚBLICA.

Crónica de un domingo en los años 60/70


Durante muchos calurosos domingos de julio y agosto en los años 60 y principio de los 70, unas cuantas familias del Barrio de la Estación y de Sariñena nos juntábamos en una arboleda a la orilla del río Alcanadre para pasar el día. Crónica de un domingo en los años 60/70, por Asun Porta Murlanch. Fotografías Asun Porta y Araceli Pueyo.

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La aventura de “ir al río” empezaba en la puerta de casa porque el juego y la diversión estaban garantizadas desde el minuto uno.  Mis padres, mis hermanos y yo bajábamos andando sobre las nueve o las diez de la mañana, a esas horas que, aunque nos diéramos un buen paseo al sol y cargados con toda la comida y la bebida, el aire todavía era fresco y se podía respirar.

Había varios caminos, pero solíamos ir por el más corto, que además era el más emocionante. Dejábamos a la derecha la iglesia del barrio y cogíamos un camino paralelo a la vía del tren por la parte de arriba del terraplén, después nos encontrábamos lo que llamábamos “la fija”(*). Cerca había un puente sobre la vía, era una parada obligatoria, allí nos entreteníamos un buen rato, buscábamos unos surcos que alguien había marcado en el borde de las dos barandas, colocábamos una piedra pequeña y la empujábamos suavemente al vacío, esperábamos en silencio unos segundos hasta que oíamos el sonido metálico y agudo que hacía la piedra al darle al raíl de la vía del tren.

Un poco más adelante bajábamos a la vía por el terraplén con mucho cuidado, el sendero era muy estrecho y resbaladizo por las piedras.  A veces, mientras caminábamos al lado de la vía pasaba algún tren y nos separábamos un par de escasos metros, allí se mezclaban los gritos, el miedo, el atrevimiento, las risas, esas emociones que hacen que esos momento no se olviden.

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Por fin llegábamos a un camino más ancho que enlazaba hacia el pueblo con el de los Olivares de Sariñena y pasábamos la vía por debajo, por un túnel que nos inspiraba a jugar: a pasar el túnel sin respirar, a pasarlo gritando sin parar, a pasarlo a la pata coja sin caernos, sin reírnos, callados, a oír el eco…, lo que daba de sí aquel estrecho y oscuro túnel.  Un poco más abajo estaba el camino que discurría entre la acequia del Molino y las huertas y más adelante cogíamos otro más estrecho hasta la arboleda de Chabarriga.

Al llegar dejábamos las cestas y capazos encima de la hierba, todos llevábamos algún bulto y nos tirábamos largos, entre risas, rodando por la hierba, a veces nos quedábamos descansando tumbados a la sombra respirando el aire más fresco y mirando los rayos de sol, que vistos desde allí debajo eran como destellos, pequeños rayos que pretendían pasar entre las hojas de aquellos enormes chopos, álamos y sauces. Era una sensación muy agradable poder disfrutar aquel descanso después de una hora caminando bajo el sol.

Mi madre colocaba la manta o el mantel en el suelo para coger sitio, al lado dejábamos las cosas y llevábamos el melón, los tomates, cebollas y bebidas a la fuente, lo depositábamos todo entre las piedras debajo del chorro de aquella agua fresca y cristalina, las botellas un poco más abajo atadas con una cuerda para que la corriente no se las llevara, así asegurábamos que se refrescara todo para la hora de comer. En el lecho de la fuente y hasta que salieron las típicas neveras azules de hielo, cabíamos todos, allí reposaban todos los tomates, melones, sandías, melocotones, botellas, de todas las familias que allí pasábamos el día. Algunos llevaban una gaseosa de brida así una vez que nos bebíamos el contenido, la llenábamos del aquel agua tan buena de la fuente y la poníamos otra vez a refrescar.

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Al poco rato llegaba Luis Pueyo con su Vespa y su familia, todo perfectamente colocado para que en el viaje desde Sariñena no se perdiera nada ni nadie. De conductor iba Luis, entre él y el manillar de la moto la más pequeña, Ana de pie, sentada detrás de su padre  Mariceli y  después Rosario, su mujer,  que se agarraba a Luis con una mano sujetando a la vez a Mariceli  y con la otra la cesta de la comida, porque a pesar de que iba bien atada al portamantas que llevaba la moto en la parte trasera, Rosario no se fiaba de que en algún bache saltase alguna fiambrera. Venían por la carretera hasta que ya no les quedaba otro remedio que recorrer los caminos y entonces debían evitar los agujeros, pedruscos y charcos del riego manteniendo el equilibrio por la seguridad de la comida y los pasajeros.

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Otra familia que solía venir eran Emilio Pallás, René y sus dos hijos Jos y Emilio, lo que era un lujo para los críos que estábamos por allí pues nos abastecían de flotadores hechos con las cámaras de las ruedas de motos, coches y alguna enorme de camión. Pallás les quitaba las válvula para que no nos hiciéramos daño y sellaba el agujero con el buen hacer de un gran profesional de las ruedas.

Nos juntábamos también con Paco el relojero y su familia, Teresa, su hija Tere y sus dos hermanos pequeños, Jesús Maza, Nati su mujer y sus hijas Mª Rosa y Nati y otras familias de Sariñena y la Estación.

Quizás recuerde mejor a las familias que nombro porque la amistad, la complicidad y el cariño que surgió en aquella arboleda entre las chicas y chicos que nos reíamos y jugábamos juntos muchos domingos, se ha mantenido en todas las etapas de nuestra vida. Recuerdo, con el mismo cariño y la ternura que ella repartía siempre, a Tere, que se fue demasiado joven.

Acudían también otras familias de la Estación. Cuando venían los Sanclemente no hacía falta que lleváramos tomates, cebollas o pepinos para la ensalada y algún melón o sandía para el postre porque, al pasar por delante de su huerta, cogíamos para todos. Eso nos encantaba, primero porque no teníamos que llevar peso desde la Estación y luego porque todo estaba buenísimo por recién cogido, por natural y por el hambre que un día de baño al aire libre nos levantaba.

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Una vez colocado todo, era la hora de bañarse en la “badina de la piedra”, debíamos cruzar el río delante de la arboleda, en esa parte  llevaba poca agua pero había muchas piedras, muchos cantos rodados de todos los tamaños, así que íbamos muy despacio y con mucho cuidado para no caernos, y así acercarnos a la badina que estaba a unos doscientos metros del puente de la vía, el sitio era además de bonito muy singular porque saludábamos con entrega a todos los trenes que pasaban por el puente y porque en esa badina aprendimos todos a nadar y a tirarnos de todas las formas posibles al agua.

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El hambre que teníamos al acabar la sesión de baño era tremenda, en la arboleda nos esperaba una buena ensalada, carne rebozada, tortilla de patata y una buena tajada de melón.  Otras veces hacían fuego, la leña no faltaba por los alrededores, y allí se cocía poco a poco una buena caldereta de cordero o conejo que nos encantaba. A algunos les gustaba comer a rancho directamente de la cazuela y a los críos nos la repartían en plato para controlar lo que comíamos. Ni que decir tiene que los platos quedaban limpios. Así era mejor, porque aquellos platos de metal había que fregarlos junto a la cazuela con la arena del río.

Recuerdo la arboleda siempre limpia, era la época que todo se aprovechaba y todo se recogía, la comida venía en fiambreras, la bebida en botellas retornables y lo metíamos todo en cestas o capazos, el uso de los plásticos aún no era muy habitual y si había restos orgánicos los tirábamos lejos, seguro que algún conejo, ratón o jabalí acabaría con ellos.  Encendíamos fuego entre los árboles en plenos meses de verano y no recuerdo que nunca hubiera ningún incendio porque se tenía mucho cuidado. Nos gustaba mucho ese rincón que año tras año la naturaleza nos regalaba y que su dueño, Chabarriga, nunca puso objeción alguna para que lo utilizáramos.

Después los mayores se echaban la siesta con unas mantas o trozos de telas, o se quedaban charlando o jugando a las cartas a la sombra de los árboles y nosotros nos dedicábamos a buscar culebras, ranas, renacuajos en las charcas que hacía el río entre las piedras, nidos entre los arbustos, también nos gustaba jugar al escondite y escondernos entre los cañaverales, carrizos y tamarices.

Siempre se oía a alguna madre gritar: -¡¡ Ven!!  ¡qué te voy a dar crema! ¡¡qué te vas a poner malo con tanto sol!!- Daba igual embadurnarnos de Nivea para que no nos “quemáramos con el sol”, ese remedio según se ha demostrado en el futuro no era eficaz y siempre regresábamos rojos como tomates.

La vuelta a casa también era una odisea porque al atardecer y al lado de la acequia había verdaderas nubes de mosquitos, entonces arrancábamos cañas con sus hojas largas y verdes y con las uñas las rasgábamos a lo largo para hacernos espantamoscas, y con las últimas hojas de la caña nos hacíamos un chuflete.  Así que entre los improvisados antimosquitos, el ruido de los chufletes acompañados de las risas y el bullicio, no sé si espantábamos algún mosquito, pero no había gorrión que se acercara por muy atrevido que fuera.

Como volvíamos sin peso, nos gustaba mucho, si era la época, coger moras en las abundantes zarzas que había al lado de la vía del tren o caracoles al lado de los brazales y la acequia.

Esperábamos a nuestro regreso coincidir con algún tren que nos pasaba al lado lleno de pasajeros, les decíamos adiós saltando, gritando y braceando y con ese gesto despedíamos también el día porque al llegar a casa caíamos rendidos.

“La fija”

En el Barrio de la Estación llamábamos así a un lugar dónde estaban los depósitos que recogían agua de la acequia Valdera. Había una casa con una chimenea que albergaba un motor que bombeaba el agua hasta un tanque en el Barrio de la Estación. Este motor funcionaba con el mismo sistema que las máquinas de vapor del tren de aquella época, había que echar carbón y mantenerlo en marcha para que el agua llegara a su destino. Vicente Sanclemente me contaba que con solo diez años se pasaba allí muchos días echando carbón ayudando a su padre, Teodoro, que era mecánico de RENFE. Años después colocarían un motor más moderno que era eléctrico, pero cuando se estropeaba se volvía a usar el de carbón. Con esos motores, el primero era muy antiguo,  se llevaba el agua tan necesaria para el Cuarto Agentes, las máquinas de tren, los lavabos, y al final para todo el barrio. El carbón que se utilizaba se quemaba a medias y se acababa de quemar en las casas porque los vecinos del barrio iban allí a recogerlo. En esos tiempos se aprovechaba todo.

Vicente Sanclemente (hermano de Teodoro) era el guarda de “la fija”. Allí había una cama, más bien camastro, y a Vicente más de una noche le tocaba quedarse a dormir.  En una ocasión, cuando ya estaba durmiendo, oyó un tremendo ruido que lo despertó, salió con su lámpara de carburo a averiguar qué había pasado, entonces encontró una gran roca que se había desprendido de un lateral del terraplén y había caído en la vía, al tiempo oyó el pitido de un tren que se acercaba, corrió hacia el tren haciendo señales de stop con sus candilejas. El tren consiguió parar a pocos metros de la roca, el maquinista bajó y le dio un gran abrazo a Vicente. Mi padre nos contaba muchas veces este hecho con verdadero orgullo de amigo.

Asun Porta Murlanch

 

 

EL TOCINO EN EL RÍO


    El asunto que nos ocupa en esta ocasión ocurrió pocos años después de terminada la Guerra Civil y en él se vio involucrado de nuevo una “recatalla” de críos cuya única diversión veraniega era la de irse a bañar a alguna de las distintas badinas que jalonan nuestro olvidado río Alcanadre.

   Fue en un día cualquiera de un caluroso verano de principios de los años cuarenta cuando  un vecino de la localidad tuvo la irracional idea de desembarazarse de un tocino que se le había muerto arrojándolo al río en la badina que está situada debajo de la ripa del Cuervo.

   Como todas las tardes aquella pandilla, entre los que se encontraban Vicente Romerales, Basilio Grañón, José Tierz y otros, se fue a bañar al citado lugar, aunque en esa ocasión no se dieron cuenta de que en las proximidades de su lugar de recreo había un indeseado bañista en un avanzado estado de descomposición. Parece ser que el cadáver del cerdo quedó  atascado entre los juncos y demás vegetación de la ribera del río, en contra del plan del insensato dueño que no era otro que hacerlo desaparecer embarcado en un macabro viaje en dirección a Sena.

   Los muchachos nadaron, rieron, se lo pasaron bien y posiblemente bebieron de aquella agua emponzoñada por salmonela y no pasó nada; pero al cabo de unos días empezaron a enfermar uno a uno y todos ellos con los mismos síntomas. Avisado el médico D. Pedro Cascales dictaminó el asunto como epidemia de fiebres tifoideas (lo que en lenguaje popular de aquella época se conocía como las fiebres: lo mismo fueran malta, reumática, aftosa, o la que nos ocupa). El cansancio extremo, la falta de fuerzas, las diarreas y la fiebre, que rondaba  los 40º, hicieron que los enfermos permanecieran postrados en cama durante dos o tres semanas.

   Hubo grandes preocupaciones familiares por el riesgo de  posibles  fatales consecuencias y lloros por parte de las madres. El doctor Cascales viendo el grave riesgo que corrían aquellos muchachos no los dejó de la mano ni un solo momento, incluso los iba a visitar noche y día. Les recetó un tratamiento adecuado de antibióticos y mucha cama y la cosa no pasó a mayores.

   El médico denunció el caso a la Guardia Civil, a pesar de la opinión contraria de alguno de los perjudicados, pero no se pudo averiguar nada porque nadie dio pista alguna sobre el culpable de tal acto criminal y pasado un tiempo se dio carpetazo al asunto.

   El aburrimiento que debieron sentir aquellos chavales en el lecho del dolor, sin tebeos, radio, televisión, ni amigos que los visitasen por miedo al contagio debió ser eterno en unas mentes juveniles inclinadas a “parar” poco en casa. Aunque “como no hay mal que por bien no venga” se libraron durante una buena temporada de asistir a aquellas clases de las Nacionales, digamos también… un poco eternas.

   Aunque parezca mentira, la historia volvió a repetirse  a mediados de los sesenta cuando varios mozalbetes, acuciados por la sed, decidieron beber agua del brazal denominado de las Monjas que baja desde  el campo de fútbol hacia el convento del Carmen y volvió a suceder lo mismo. En este último acto delictivo alguien había arrojado varios pollos muertos en el citado brazal

    Seguramente que, en ambos casos, se obró solamente por ignorancia, sin embargo esa necedad no puede utilizarse para dejar de calificarlos como actos execrables y penables .

   Esta historia me la contó D.R.G. en una mañana de un día cualquiera del pasado mes de agosto.

M.A.C.P.

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Río Alcanadre


Río Alcanadre

El río Alcanadre nace a los 1700 metros de altitud en la sierra del Galardón y, tras recorrer 160 kilómetros, muere ante las imponentes ripas de Ballobar al desembocar en el río Cinca.  Manteniendo una clara dirección norte sur atraviesa en una profunda foz las calizas de la sierra de Guara y contina por el Semontano encajado entre sus areniscas y margas hasta llegar a Pertusa ande s´abre paso a la tierra plana. Aguas abajo de Sariñena, ande es conocido l´Alcanadre como “mata panizos”, el río experimenta un cambio de orientación d´unos noventa grados hacia el este, esbarrandose de la sierra d´Alcubierre y en vergencia con el valle del Cinca.  El Alcanadre recoge las aguas de los ríos Mascún, Isuala o Balces, Formiga, Calcón, Guatizalema y la Isuela (Flumen).

S´encuentran las diferentes primeras referencias escritas sobre el topónimo Alcanadre como: Flumen de Alcanatre, Alcanatro, Alkanatis y Alquanadre (año 1087).  S´ha aceptau durante tiempo l´origen del topónimo d´acuerdo con la propuesta del gran etnógrafo altoaragonés Manuel Benito, según quien el significau correspondía a un arabismo AL-KANDARAD: “los puentes”. Tamién explicó los significaus de los otros ríos monegrinos, el Guatizalema que corresponde a una descripción ibera que se descompone en Guaiti: río y Zalema: de la paz, en honor al carauter de río tranquilo, río de la paz. El Guatizalema se junta al Alcanadre abajo del lugar de Huerto (Güerto), ande s´encuentran los puentes del rey.

Al río Isuela tamién se le atribuye un origen árabe de  Isuelar: rebasar, río que rebasa. Aceptamos la denominación de Isuela frente a l´actual de río Flumen. Por su uso actual e histórico y como recientemente ha señalau Arturo Morera, en su artículo publicau en la revista Quio “el nomenclator toponímico de Sariñena”, Isuela es de uso común en el primer tercio del siglo XX”. Existe un documento, fechado en octubre de 1.170 y otorgado en Fraga por el rey AlfonsoII de Aragón, que concede carta de población a la villa de Sariñena a la que da el Fuero de Zaragoza, uno de cuyos párrafos dice así: Similiter dono et concedo vobisquod laciatis acequias quantasplus potueritis in Alcanatre et in Isola. Pero Bienvenido MASCARAY  discrepa del origen árabe y nos aporta un origen etimológico ibero, Isola es la forma primitiva iberovasca que indica la presencia, antiguamente, de zonas de baños termales ibéricos “el lugardonde se toman las aguas”.Para que después digan que s´ha mejorau la calidad de las aguas de nuestros ríos.

            Es otra vez Bienvenido MASCARAY quien nos profundiza a la verdadera raíz de la palabra. El primer término al- de Alcanadre que ha propiciado la interpretación Árabe del topónimo, corresponde a la voz Ibérica alka- de significado desviarse, separarse, en relación al esbarre de noventa grados que p´al este realiza el río en relación a la sierra d´Alcubierre.  Junto al pronombre –n forma la voz  alka-n “el que se aleja, o desvía”, completando el topónimo dos formas iberas ater que es cesar, acabar y el sufijo –ere “cuando está próximo a acabar”, pues l´Alcanadre s´esbarra por Albalatillo, próximo al acabar o terminar muriendo en el río Cinca. Asinas que la traducción, tal y como concluye Bienvenido MASCARAY, es Alkanadre:“el que se desvíapróximo a acabar”.

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Publicau en “ Os Monegros el 26 de mayo del 2011.

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