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Jubierre


Jubierre aparece espectacular bajo las confluencias del Alcanadre y la Isuela (oficialmente Flumen), tras la depresión de Sariñena y a los pies de la intersección de las sierras de Alcubierre y Sijena. Un laberinto elegante y sinuoso, con escarpes y barrancos que juegan caprichosamente con un tiempo inexorable, pretérito y a la vez, aunque parezca imposible, en continua evolución.

Un lugar excepcional en plena depresión del Ebro y en el corazón de Los Monegros, ocupando una superficie aproximada de unas 3.199,92 hectáreas y que pertenece al término municipal de Castejón de Monegros, lindando con Albalatillo, Sariñena y Sena. Desde el 2015 se encuentra protegido como Área de Interés Geológico «Badlands de Jubierre» incluido en el Catálogo de Lugares de Interés Geológico de Aragón (Código LIG : ARA062).

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Jubierre es un amplio conjunto de depósitos y formas de modelado de origen fluvial y eólico, Jubierre es una unidad de relieve propia. Sedimentos del mioceno erosionados de forma diferencial, de calizas, areniscas, arcillas y margas con fuertes procesos geomorfológicos activos de erosión hídrica superficial, principalmente de lluvias torrenciales. Una amplia red de drenaje profundamente desarrollada en barrancos, cárcavas y regueros, tierra desierta con un suelo escasamente fértil y muchas veces desnudo, sin vegetación. Romerales, ontinares, espartales, tomillos, aliagas, coronillas de fraile, algún espino, alguna sabina albar y pinos rastreros de repoblación que difícilmente sobreviven en un paraje de inhóspita apariencia. El paisaje atrae con gran intensidad, fascina y muchos de sus espacios nos trasladan al viejo oeste cinematográfico. Jubierre va desarrollando su potencial de entorno único y singular, una marca propia y reconocida que cada día es más visitada y disfrutada.

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El terreno aparece desquebrajado, su rota horizontalidad nos va descubriendo matices que nos envuelven en el mismo paisaje, sorprendiendo con sus imponentes tozales, formaciones eminentes dominadas por materiales resistentes (areniscas) sobre materiales débiles que crean formas imposibles que desafían la misma gravedad. Un sustrato de margas y arcillas versicolores que crean caprichosas morfologías con infinidad de detalles, con intensas oxidaciones rojizas (debido al hierro férrico) y reducciones grisáceas verdosas (épocas de inundación), con un amplio abanico de tonalidades: ocres, amarillos, marrones, pardos, blanquecinos… pinceladas de un entorno natural que es pura creación artística. Más al piedemonte de la sierra, las margas (el salagón) son culminadas por una mayor capa resistente de caliza lacustre.

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Ermita de San Miguel

Jubierre es un lugar con profundidad, con historia, lugar de remotos asentamientos, con yacimientos ibéricos que posiblemente sean de los más importantes de la provincia de Huesca. Además parece que existió el pequeño poblado de Jubierre, donde actualmente se encuentra la ermita de san Miguel, y también un viejo molino harinero, destruido hace algunos años.

Pascual Madoz lo cita en su Diccionario Geográfico – Estadístico – Histórico de 1845-1850, recogiendo su forma de Chubierre:  «En el territorio donde se encuentra la ermita de San Miguel, y a la izquierda  y junto al r. Alcanadre, hubo antiguamente un pueblo llamado hoy Jubierre y antes Chubierre, del cual se conservan algunos vestigios. Dicho pueblo (arruinado ya), con todas sus pertenencias de pastos, montes, sierra, dicha ermita de San Miguel y un molino harinero, destruido hace algunos años».

Igualmente Pablo Riera y Sans, en el siglo XIX recoge la constancia de la existencia del poblado de Jubierre: «En el sitio donde se halla  la ermita de San Miguel, y a la izquierda del río Alcanadre, hubo en otros tiempos un pueblo llamado Jubierre, del cual aún existen vestigios» (Diccionario geográfico, estadístico, histórico, biográfico, postal, municipal, marítimo y eclesiástico de España y sus posesiones de ultramar / publicado bajo la dirección de Pablo Riera y Sans. 1881-1887).

Jubierre es comprado en el año 1419 por Castejón de Monegros, tal y como cita Madoz: «Fue comprado en el año 1419; y es ahora propiedad de Castejón de Monegros» (Diccionario Geográfico – Estadístico – Histórico de 1845-1850). Aunque algunos autores apuntan a unos años antes, a 1399 cuando Castejón de Monegros compra a Sariñena el «Rincón de Jubierre» (Buil y cols., 2011).

Madoz incluso apunta que fue aldea de Sariñena aunque en el siglo XIV o principios del XV se separa de Sariñena ostentando, incluso, el privilegio de villazgo y de celebrar una feria una vez al año: «Esta v. antiguamente no era mas que una ald. de Sariñena, más en el siglo XIV o principios del XV, se separó de la juisd. de esta y obtuvo el privilegio de villazgo, dado y firmado en Zaragoza por uno de los reyes de Aragón, y de celebrar una feria cada, por los días de San Antonio Abad, en el mes de enero».

También, por último, Adrián Balbi, en 1836, lo recoge bajo la denominación «El coto redondo de Juvierre» (Compendio de geografía universal : redactado bajo un nuevo plan, con presencia de los ultimos tratados de paz y los descubrimientos mas recientes).

Jubierre ha sido una zona de pastos invernales que aprovechaban pastores trashumantes aportando importantes ingresos a la villa de Castejón de Monegros, aun hoy  el ayuntamiento dispone de pastos municipales en Jubierre (Aproximación a la gestión del agua en Castejón de Monegros. José Antonio Cuchí, José Luis Villarroel y Carlos Garcés. Revista Lucas Mallada). Para Castejón de Monegros, Jubierre fue su acceso al agua del río Alcanadre y su aprovechamiento para la agricultura de regadío, a través de la acequia Jubierre, el abastecimiento al ganado y su utilización para el molino, el molino de Buil.

Jubierre es árido y seco, esquivado por el magnifico soto del Alcanadre que se desvía antes de llegar a Jubierre, antes de desembocar aguas abajo en el Cinca. De ahí el nombre del río Alcanadre, de la vieja lengua ibera que Bienvenido Mascaray nos describe como el río que se desvía próximo a acabar. Y a buen seguro que la misma lengua ibera de respuesta al origen del topónimo de Jubierre, que quizá lo describa como terreno “separado” o “partido”, debido a su segundo término berex.

Los tozales de Colasico, la Cobeta y los tozales de los Pedregales, el tozal Solitario, el mirador de Peñaltar… un paisaje espectacular, impresionante que a nadie deja indiferente. Suelos lunares, de fuertes contrastes, lugar de inspiración y de creación, un paraje lleno de vida y de magia, un tesoro natural, geológico y monumental imprescindible para descubrir.

Martín Blecua Vitales


Un enamorado de su pueblo, de sus tradiciones, de su gente y su familia. Un amante del dance de Sariñena, un apasionado del dance aragonés, de sabiduría y conversación excepcional. Un gaitero accidental del que afortunadamente tenemos el placer, el orgullo y la suerte de disfrutar. Junto a Pedro Mir Tierz recuperaron la gaita de boto aragonesa y hoy en día responden a leyendas vivas del dance aragonés. La cultura popular aragonesa les debe mucho y danzar debe de ser su mayor expresión.

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Fiestas de Sariñena 1998. Fotografía Mario Gros.

Martín Blecua Vitales nació en Sariñena en 1955 y tanto él, como su hermano Luis, vivieron desde muy pequeños el dance de Sariñena. Su madre regentó durante años la tienda de ultramarinos Pilar Vitales, viuda de Blecua, hasta que falleció en 1987, la tienda continuó abierta hasta 1992. Cerca se encontraba la casa de Antonio Susin, antiguo mayoral del dance de Sariñena, y la casa de Vicente Capitán, excepcional gaitero también del dance de Sariñena. Desde casa Martín escuchaban a Vicente Capitán cuando en mayo comenzaba a tocar para empezar la temporada de dances: Vicente colgaba la gaita cerca del hogar, para que la pez del boto no se le pegase. Pero sin duda, fue Susín quién influyó totalmente en los hermanos Blecua, a quienes transmitió su inmenso saber sobre el dance, convirtiéndose ellos mismos en parte fundamental del resurgir del dance.

1999_08_08 Sariñena 4Los hermanos Blecua pasaban mucho tiempo en la casa de Teodora Palacio, madre de Antonio Susín. Escuchaban de Susín historias sobre el dance, canciones, cuentos, trovas, motadas, dichos, pastoradas… Antonio Susín era pintor blanqueador, mientras preparaba la cal le tarareaba la música de las mudanzas  y Martín, con los mangos de las brochas, danzaba golpeando la pared. Así, Martín se impregnó del dance, de sus entresijos, historia, y esencia. Los palos eran de carrasca y algunos se hacían con los radios de las ruedas de los carros o galeras.

El dance es el alma de las fiestas y es gracias a su gente, todos han dejado su impronta, mayorales, danzantes, generales, diablos, rabadanes, gaiteros…, todos dejaron algo de sí.

Martín Blecua Vitales

Ecos del diario del Altoaragón 

Con diez años, Martín comenzó a danzar con el dance de Sariñena, debutó en Zaragoza en 1965. Al año siguiente danzó en el teatro Olimpia de Huesca, cuando Sariñena ganó el primer premio de grupos de dance: Entonces estaba ya Juan Mir como gaitero. Como todo danzante joven comenzó como volante, para pasar a ser danzante adulto en 1967, debutó en una actuación en la Alfajeria de Zaragoza. Luego, después de su hermano Luis, ejerció de rebadan hasta 1976 (1975), último año del gaitero Juan Mir.

Martín es “manos a la obra”.  Le tocó danzar y danzó. Si hubo de tocar, aprendió,  tocó y es el “gaitero de Sariñena” (que ya es decir). Midió, probó y construyó cuando la gaita estaba en peligro. Transmite su sabiduría sin guardarse nada. Generosamente. Mirando de frente. Con honesta humildad. Sin perder el tiempo. Como siempre.

Mario Gros Herrero

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Mariano Pascual, Pedro Mir, Juan Mir, Martín Blecua, Mario Gros y Mariano Labat.

Tras Juan Mir el dance de Sariñena se quedó sin gaitero, tuvieron que ir a Zaragoza y comprar tres gaitas gallegas. Susín trató de enseñar a tocar la gaita en el piso de arriba del ayuntamiento, sabía tocar algo el clarín, aunque no tenía mucha movilidad en la mano derecha debido a un accidente que sufrió en Barcelona. Martín no se unió al grupo de futuros gaiteros, pero un día volviendo a casa pasó por la plaza del ayuntamiento, escuchó la gaita y subió a alcahuetear. Sería sobre febrero o marzo de 1976, Susín le dio un clarín y le dijo: Eh!! Qué tú te lo manejas. A Martín la mecanografía le ayudó mucho, enseguida  destacó y Susín le dijo: Mañana ven a casa. Al ver la marcha que llevaba, Susín dejó de enseñar a los demás y trabajó y pulió mucho a Martín. En mayo del mismo año ya salió con el dance para la festividad de san Isidro, en romería a la ermita de Santiago honrando a la Virgen de las Fuentes. Aunque ese año fue llamado a filas y no pudo debutar en las fiestas patronales en honor a san Antolín. Como gaiteros, aquellas fiestas ejercieron Calvete, Luis y Domingo Lana. Desde entonces, Martín nunca ha faltado con su firme compromiso con el dance.

El sonido de la gaita es un sonido ancestral, festivo y alegre. Sí, tiene algo de sensual. Vas abrazado a ella y no puedes ser brusco, has de tocarla casi acariciándola, suena mejor.

Martín Blecua Vitales

Ecos del diario del Altoaragón

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Gaita de boto aragonesa «La Famosa». Foto Mario Gros.

Es en mayo de 1980 cuando Martín Blecua, junto a Pedro Mir Tierz, escriben una de las páginas más importantes de la gaita de boto aragonesa: su recuperación. Tras mucho trabajo y esfuerzo y ante el asombro de todos los asistentes al concurso de dance de la Asociación Artística Aragonesa, celebrado en la capital aragonesa, la gaita de boto aragonesa volvió a sonar, a resurgir. Fue con La Famosa, la primera gaita de boto aragonesa reconstruida tras su desaparición.

Lo más difícil es ser gaitero del dance, el gaitero ha de hacer bailar al dance.

 Martín Blecua Vitales

Además del dance de Sariñena, Martín ejerce de gaitero de los dances de Castejón de Monegros desde 1984 y de Pallaruelo de Monegros y Valfarta desde 1983. Martín ha construido gaitas, principalmente para amistades y algún compromiso, las hace por placer desde 1989, cuando el tiempo se lo permite. Para la recuperación de la gaita fue fundamental el botero de Sariñena, a la hora de realizar el boto y el manejo de la pez. Tenían  nociones, muchas historias escuchadas entorno a la fabricación de gaitas, aunque hubo muchos retos que superar: la afinación del clarín, el curtido de la piel de culebra, la fabricación de las cañas…, el proceso fue un aprendizaje. Susín le explicó más de una vez a Martín como se elaboraban las cañas, a pesar que él no las sabía hacer. Los Malos, Padre y dos hijos gaiteros sariñenenses, fueron los últimos que hicieron cañas en Sariñena, fueron muy buenos gaiteros, recuerda Martín. Las cañas son diferentes y cada maestro artesano presenta sus matices, una caña de Martín es diferente a una caña de Pedro.

Cuando toco la gaita por mis venas corren recuerdos y sobre todo distintas emociones según el momento.

Martín Blecua Vitales

Ecos del diario del Altoaragón

El trabajo de recuperación dio origen, en 1998, al libro: La gaita de boto aragonesa, una obra que ha garantizado la supervivencia de un instrumento imprescindible en la tradición musical aragonesa. En el año 2002 los Gaiteros de Tierra Plana les rindieron un sentido homenaje a Martín y a Pedro y en el 2015 en la IX Trobada de Gaita de boto aragonesa, jornadas organizadas por la Asoziazión Cultural Bente d’Abiento, homenajeó a Martín Blecua.

Martín, desde 1976 compartiendo un sueño, que gracias a su deseo de aprender, su honestidad y su valía, supo salir airoso de todos los que a su alrededor intentaban frenarlo movidos por la desconfianza y la cerrazón. Se abrió al mundo, a los desconocidos, formando una familia de amigos con los que el sueño se llegó a hacer realidad. Conoció nuevas tierras, su gaita sonó en Madrid, Francia, Suiza, Holanda…y en una amplia discografía. ¡Bravo Martín! eres un ejemplo!.

 Pedro Mir Tierz

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Luis Bajén, Pedro Mir, Luis y Martín Blecua. Foto: Mario Gros.

Goza de muy buenas amistades con otros gaiteros y dances aragoneses. Ha acudido a diferentes encuentros de dances y de gaiteros y ha investigado el dance de Sariñena y el dance Aragonés, es una enciclopedia del dance y de la gaita de boto aragonesa. Estuvo presente en las grabaciones que el reputado musicólogo Arcadio Larrea realizó en 1980 en el casino de Sariñena, tanto en la sala de arcos como en la sala de baile. Además, Martín realizó numerosas grabaciones y recogió numerosas mudanzas y toques de gaita de diferentes dances monegrinos.

Martín, con un gran conocimiento del folclore y del saber popular sabe transmitir con pasión el amor al dance y a la gaita de boto. Me transmitió ese «veneno», me acogió, me guió y me  dio generosamente todos los conocimientos que pueda tener sobre la gaita y el dance. Cuando todos opinaban que no sería así, el me abrió las puertas del dance. Ahí comenzó una apasionada aventura que nos ha llevado a trabar amistades y experiencias que difícilmente hubiera podido vivir. ¡Gracias maestro!

Javier Espada

Martín es impronta viva del dance de Sariñena, quien acaricia la gaita en cada fiesta y con sus melodías llena las calles de alegría y felicidad, mudanzas con las que bailan los danzantes y nos hacen vibrar, latir, emocionar, recordar y sentir, un barullo de sensaciones que nos identifican con nuestras tradiciones y nuestra forma de ser, con nuestra pueblo. Que la tradición continúe, ¡Aprieta el codo gaitero y a danzar!.

La tarántula, la tarantela y la jota en Los Monegros


El tarantismo (fenómeno mítico-ritual según el cual quienes eran picados por la temida tarántula sólo podían recuperarse mediante la música y el baile) se manifestó desde antiguo en Italia, pero también en España, donde no ha sido tan estudiado, al menos desde la perspectiva de la historia cultural. De la vigencia de dicho fenómeno en Aragón hasta bien entrado el siglo XX dan cuenta las entrevistas en Fraga (Huesca) con varios informantes acerca de la llamada “Fiesta de la Tarántula”: una forma comunitaria de exorcizar todo tipo de desgracias individuales, gracias al poder de la compasión y la solidaridad vecinal.

La fiesta de la tarántula: júbilo y congoja en el Alto Aragón.

María Tausiet CCHS. CSIC. Madrid.

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En el secano aragonés, la picadura de la tarántula ha sido temida por su veneno y sus terribles consecuencias: el tarantismo. Aunque en realidad su veneno es prácticamente inofensivo en humanos y mucho menos pone en riesgo la vida. En la tradición popular su picadura debía tratarse con música y baile, una danza conocida como el baile de la tarántula o la tarantela, danza que proviene de la ciudad italiana de Tarento, de donde es originaria la tarántula. En Aragón el ritual se realizaba a través del cante y el baile de la jota. La tarántula (Lycosa tarantula), actualmente conocida como araña lobo, responde a un arácnido de un tamaño relativamente grande, velluda y de tonos pardos que vive en agujeros o cados excavados en la tierra. La tarántula picaba sobre todo en verano, en el campo y en las eras, cuando los campesinos realizaban la siega o realizaban los diferentes trabajos relacionados con la cosecha. Muchas veces picaba cuando los segadores descansaban junto las gavillas.

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En Aragón, el baile de la tarántula es una jota, la lengua vernácula de la música aragonesa. Si esto es exacto, hemos de colegir que dos medicinas musicales -la tarantela y la jota- pueden curar la misma enfermedad, aunque tanto difieren la una de la otra en su aspecto melódico. Ahora bien, en nuestro caso, la gran diferencia entre ambos bailes se borra sensiblemente, ya que la jota aragonesa medicinal tiene otro movimiento que la ordinaria. Se toca aquélla mucho más deprisa que la jota corriente “Cuanto más rápido, tanto mejor para el enfermo (Jacoba Sarrate)”.

Marius Schneider

La bailarina y experta en danzas tradicionales Manuela Adamo ha investigado el tarantismo en Aragón, estudiando un vinculo musical y etnológico entre la cultura tradicional de Aragón y el sur de Italia, su tierra. Indagando en los orígenes de la jota, Manuela descubrió que «tanto la jota como la tarantela tenían muchas cosas en común». Este nexo del tarantismo con la jota aragonesa inspiró el proyecto «Dos tierras», un espectáculo que buscaba unir culturas a través del folclore. «Dos tierras» fue representado en diciembre del 2018 en el teatro principal de Zaragoza de la mano de la compañía de Miguel Ángel Berna.

«La forma coréutica popular es básicamente la misma sin hablar de la función terapéutica y de la importancia que tuvo también la jota en el Tarantismo. Hablar de un lugar de origen de estas danzas es muy atrevido pero está claro que son dos formas musicales y coréuticas que han bebido la una de la otra. Realmente no podemos olvidar la presencia de la dominación española en Italia.»

Manuela Adamo

En Los Monegros aparecen diferentes citas sobre la tarántula y su  temible “fizadura” (picadura). Bastian Lasierra “El Marques”, en su artículo El baile de la tarántula, cita el siguiente testimonio: …hace un par de años le mordió una a un hombre de Capdesaso, pero vino el médico, le clavó un par de inyecciones y listo. El cantador de jotas José Antonio Villellas, de joven, escuchó la existencia del baile de la tarántula en su Capdesaso natal. El tío Juaner, mayoral del dance de Pallaruelo de Monegros, recogió el baile de la tarántula en un poema donde aparecen diferentes remedios tradicionales. Extracto de “Si te fiza una alacrán”:

Y si pica tarántula

U le fiza un escorpión

Ta curalo de camino

Buscaban un tañedor

Y allí venga a bailar jotas

La gente por t´ol redol

Y si había algún jotero

Tirar valiente canción

Tío Juaner

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Tarántula (Lycosa hispanica). Fotografía Costán Escuer.

En el libro «Sariñena Antigua», del escritor y editor Salvador Trallero, aparece recogido el siguiente testimonio en un fragmento de los dichos del dance de Sariñena de 1920.

Este es un gran bailador

Pero un poco desgraciado

Primero le pilló la gripe

Después le mordió la burra

Y el 21 de junio le picó la tarántula.

Otra referencia sobre la tarántula en Los Monegros la encontramos de la mano del estudioso y etnógrafo Félix. A. Rivas en A ganar el jornal, trabajo y economía social en Leciñena a partir de los recuerdos de sus propios habitantes: Sí te picaba la araña, la tarántula que decían, pues tocar la guitarra. Macario Andreu, vecino de la localidad monegrina de Lanaja, recogió de Paca, esposa de Jerónimo Tabueña, Mayoral del Dance de Lanaja, la canción de la tarantula pero se le desgració la cinta: Solamente me queda dar fe de que en Lanaja se cantaba, Paca se acompañaba dando palmas con un ritmo más parecido a una tarantela que a una jota. También Pili Monter, de la localidad de Sena y gran conocedora de la música monegrina, la recuerda como una de las anécdotas que los viejos rondadores le contaban cuando de niños les enseñaban a tañer en la rondalla: En Sena llamaban a un guitarrista que tocaba hasta que pasaba el dolor y la fiebre.

Manuel Queralto, Tonelero de Sariñena, recoge varios testimonios en la revista Quio de Sariñena y Los Monegros nº 20 , donde relata que “como era costumbre en este pueblo, cuando a una persona le picaba el susodicho bicho y le inoculaba su ponzoña, debían bailar, ininterrumpidamente, durante 24 horas si el animal era hembra y si por casualidad era macho, el baile debía durar 48 horas”.

Manuel recoge los siguientes testimonios:

En el verano de 1934 a un señor que le decían por sobrenombre “Moroto” le había picado una tarántula. El Tonelero señala que a su madre le tocó seguir el rito y “durante su vida fue una de las vivencias que más impacto le causó en su estancia en Sariñena”. (Era oriunda de Cataluña). También su madre recordaba haber visto el ritual de pequeña en casa Marianeta.

Otro testimonio que recoge fue el de María Peralta Romerales: “Antes del suceso señalado ocurrió otro igual y era el siguiente: aquí, en nuestro pueblo, residía un notario, el cual tenía un hijo que, al ir a coger moras de zarza, le picó una tarántula; al no encontrarse bien el muchacho, sus padres llamaron al médico el cual puso todo su saber para salvar al niño, pero como en aquel entonces la medicina no estaban tan adelantada como ahora en sus antídotos, el pobre niño se les moría. Quiso la casualidad que, en aquellos días, eran las fiestas patronales de nuestro pueblo, y se dieron cuenta que al pasar las rondallas por las calles las dolencias del muchacho se le aliviaban, y por fin se sanó el niño, aplicándole la terapia preceptiva para esos casos, que era bailar una y otra hora hasta que se sanaba el paciente, a pesar de la oposición de su padre, el cual no creía en métodos empíricos y tradicionales”.

También trató el tema de La Tarántula y otros Bichos Ignacio Almudévar (Programa de fiestas de Sariñena  de 1981: «Decían que a un niño le había fizado una tarántula y que se había muerto. También afirmaban que si te pica un alacrán, ya no comerás más pan. Por eso, cuando ibana buscar moras y veían esas mallas tan maravillosas que tejen las arañas, se ponían en guardia contra las tarántulas y cantaban: ¡taran-tan, mata el alacrán! ¡porrón-pon, mata el escorpión!, ¡talatula, mata la tarántula!. Cuando lograban matar alguno de estos insectos, lo colgaban en la punta de un palo y exhibían su trofeo por las calles  del pueblo. Enardecidos por sus triunfos, organizaban sus cruzadas contra tan pequeños enemigos y elegían a San Jorge como patrón, por aquello de que mataba moros, dragones y porque San Jorge mató a la araña con una escopeta de caña».

Para el antropólogo italiano Ernesto de Martino «La tarántula no se corresponde con ninguna araña de la zoología moderna, aunque existe cierta tendencia a que la mítica tarántula se identifique con una especie particular de arañas (lycosa tarentula) de aspecto espectacular (oscuras, gruesas, velludas) y, por tanto, capaces de representar las tentaciones del inconsciente. Sin embargo, otros arácnidos, como el escorpión (y, a veces, incluso serpientes o alacranes) son denominadas también tarántulas. (La tierra del remordimiento)».

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En la misma línea se manifiesta Bastian Lasierra, señalando que la verdadera tarántula peligrosa es otra: No es ésa que se esconde por los agujeros y tiene unos ojos brillantes, no. Es la otra que tiene el cuerpo negro y redondo como una oliva. Esa no tiene cado y ésa es la mala. Sin embargo la canción debe aludir a la primera, que no hay manera de cazar: La tarántula es un bicho muy malo, no se mata con piedra ni palo… Estos últimos versos según Javier Barreiro, en Tarantismo, Tarantela y Jota, responden al zapateado de la zarzuela La Tempranica, de Julián Romea y Jerónimo Jiménez, versos que canta y baila el gitanillo Grabié. En España, la profusión de atarantados en el último cuarto del siglo XVIII provocó que en 1782 se creara una comisión que inició el llamado “Expediente de la tarántula” (1787-1807), que vino a reconocer que el baile y la música eran efectivos contra la picadura. Lamentablemente, los folios donde consta la notación de dicha música se han perdido o robado, aunque sepamos que su compás es el de 6/8 de ritmo binario con anacrusa, predominio del tono menor y que va aumentando en velocidad hasta el final de la danza (Javier Barreiro).

Foto 1 y 2: Viuda negra, joven y adulta. Foto 3: Arraclán. Fotos: Costán Escuer.

Para Constantino Escuer Murillo, gran aficionado a la entomología, el único arácnido que puede causar ciertos problemas con su picadura es el arraclán (Buthus occitanicus). La llamada tarántula, Lycosa tarantula, que en España ya se ha demostrado que es otra especie que la italiana y desde hace poco es Lycosa hispanica, no tiene la capacidad de veneno como para causar problemas a los humanos. Sí que como apunta Bastián Lasierra, pudiera ser la llamada «viuda negra» (Latrodectus tredecimguttatus o su prima Latrodectus lilianae) la que puede causar necrosis en la zona de la picadura acompañada de dolor. 

El musicólogo y etnógrafo Marius Schneider, en su ensayo La danza de espadas y la tarantela, recoge la información de dos mujeres de Sariñena. De acuerdo a aquellos testimonios: En Aragón el enfermo tampoco baila, sino que guarda cama, y le basta oír la música y ver gran número de bailadores que, danzando y cantando, matan la araña, y con ésta, la enfermedad. Schneider recoge el valioso testimonio de Jacoba Sarrate de Sariñena, quién había observado como: Al oír tocar la música, la tarántula, encerrada en un vaso, se pone a bailar a más no poder. Los músicos han de tocar veinticuatro horas seguidas, hasta que reviente la araña. Muerto este bailarín animal, el enfermo consigue la curación. (Schneider, Marius. La danza de espadas y la tarantela: Ensayo musicológico, etnográfico y arqueológico sobre los ritos medicinales.)

La Tarantela se ejecuta en compás de 6/8, y su movimiento es animado, aumentando progresivamente la velocidad.

María Tausiet

El testimonio de Jacoba Sarrate y Asunción López, que Marius Schneider recogió, continúa: En Aragón el enfermo tampoco baila, sino que guarda cama, y le basta oír la música y ver gran número de bailadores que danzando y cantando “matan la araña, y con ésta, la enfermedad. En el mes de julio de 1944 fue mordida por la tarántula una mujer de unos cincuenta años. Al momento armaron un gran alboroto con almíreces y sartenes, hasta que vinieron los músicos de Sariñena. Se curaba la enferma, también sin moverse de la cama, después de haber oído tocar la jota acelerada durante veinticuatro horas. Ella también gritó y se quejó con gran violencia cada vez que los músicos hacían una pausa o tocaban mal.

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Aunque sin duda, el documento más excepcional responde a la grabación del documental: Los bailes de la tarántula en las localidades de Sariñena (Huesca) y El Cerro de Andévalo (Soria). Gracias a Mario Gros conocía su existencia y por suerte, recientemente, ha sido publicado en la hemeroteca de RTVE. El documental del director Carlos Serrano corresponde a la serie documental de Raíces de RTVE, documentales dedicados a recoger y dar a conocer las costumbres y tradiciones de los pueblos de España, incidiendo especialmente en las próximas a desaparecer. Música popular, bailes populares, artesanía, gastronomía, fiestas… Grabado en 1973, el gaitero sariñenense Martín Blecua participó en su grabación y gracias a él podemos conocer a los actores y algún que otro detalle del documental. En la primera escena aparecen en el saso Canillo de Sariñena, donde un grupo de segadores se encuentra realizando los diferentes trabajos de la cosecha del cereal. En un descanso, a Pedro Mir le pica la tarántula y entre sus compañeros aparece Juan Mir (hermano de Pedro y celebre gaitero sariñenense), Martín Blecua, Joaquín Anoro, Carlos Bilbao y Jaime Martín. Al atarantado lo llevan rápidamente a casa, calle de La Rosa, donde entre muchos aparecen Eduardo Arroyos a la bandurria, Mir y Codaneta a la guitarra, La Besuga (Visitación Mir) y Marisa (la de Anoro) a voz, Isabel La Pomara, Manuel Puyol, Manolo Royo, Espada y como gran cantador de jotas Manolo Luesma. Martín recuerda como cogieron con dos boinas la tarántula y que estuvieron grabando todo el día: Embadurnaron tanto a Pedro para que apareciese completamente sudado que tuvieron que tirar las sabanas de lo sucias que quedaron.

Eso lo montamos, que era una costumbre antes en Sariñena, cuando le picaba a cualquiera un bicho de esos, iban a la casa y le cantaban allí mil cosas. Cuanto más aire, mejor. El enfermo bailaba en la cama al son de la música…

Pa que se le fuera la picón.

Y a lo que llevaban veinticuatro horas dice que se reventaba el bicho que bailaba también al mismo tiempo. Eso son cosas…

Susín, Antonio.
Mayoral de los danzantes de Sariñena.
SIPCA, Costumbre de Sariñena para curar los enfermos de picaduras.

Para Manuela Adamo «La emisión no representa un documento real como el rodado por Gianfranco Mingozzi en 1962, La Taranta, pero tiene un gran valor desde el punto de vista del estudio del desarrollo del fenómeno» (La jota y la taranta. Ritualidad de la música y la danza en la cultura tradicional aragonesa. Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra nº 95).

Manuela Adamo entrevistó a Visitación Mir, de 95 años, cantadora de jota y protagonista del documental, a su hermana Joaquina Mir, de 92 años, y a Teresa Ferrer Villellas, de 78 años. «La primera persona que se contactó y entrevistó en dos ocasiones fue Joaquina Mir, en la residencia geriátrica de Alcubierre. La propia conversación marca grandes determinantes de los procesos musicales y de danza del fenómeno en el entorno:

Joaquina: Yo me acuerdo como si lo viera ahora. Acudíamos muchas personas cuando
había un picado pero no bailábamos. Yo me acuerdo de haber visto por lo menos a
siete.
Manuela: ¿El picado bailaba?
Joaquina: Sí, sí. Este si le había picado en la garra, la movía sin parar. La cabeza era
lo que más me daba pena, la movía continuamente y sudaban que se escurrían. El
primero que vi fue «El estudiante». La araña que le picó no la cogieron, pero aquel
hombre estuvo tan mal que la mujer le tenía que sujetar la cabeza. Pasaron tres días
hasta que la araña reventó, pero no la pudieron coger21. Otra vez sí que pudieron atrapar a la araña y la pusieron en un vaso y los críos fuimos a ver como bailaba la araña.
Tenía las patetas cortas y redondetas, la tripeta era marrón con unas vetetas y tenía una guitarra pintada en la tripa. ¡Era una araña muy grande! Una araña que si la mirara
fijamente se me quedara en el eso.
Manuela: ¿Cuántos días tocaban los músicos?.
Joaquina: Tres o cuatro. Se turnaban con el que enseñaba a tocar la guitarra y el violín. Le decíamos «Cartagena».
Manuela: ¿Tocaban jotas?
Joaquina: Si, jotas muy rápidas y con esto tenían mucho alivio. La gente tenía mucho
miedo porque al coger la garba en el verano, la picada era más fuerte. Lalueza ha sido
un lugar muy seco y se criaban muchas tarántulas y escorpiones.

La siguiente entrevista la realizó a Teresa Ferrer, esposa del violinista Eli Périz «el Baile», de la familia Cartagena, al que ya había nombrado Joaquina Mir (La jota y la taranta. Ritualidad de la música y la danza en la cultura tradicional aragonesa. Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra nº 95). .

Manuela: ¿Cómo nace la iniciativa de tocar para curar la mordedura de la tarántula?
Teresa: Yo lo había visto ya antes porque yo era una cría cuando le picó a mi padre,
pero eso ya pasaba.
Manuela: ¿Qué le pasó a su padre?
Teresa: Estaba trillando y se conoce que entre la garba estaban las tarántulas, porque
entonces había mucho secano. Muchas veces, cuando arrancábamos los espartos nos
las encontrábamos y también alacranes.
Manuela: ¿Qué pasó cuando le picó a su padre?
Teresa: Estaba trillando y lo tuvieron que llevar a casa.
Manuela: ¿Y cómo lo curaron?
Teresa: Sencillamente vinieron a tocar y el que mejor tocaba él lo sentía y cuando alguien tocaba mal él sufría. Venían a cantar mujeres y ellos notaban quién cantaba bien la jota y estaban veinticuatro horas tocando. Mi padre se resistía porque era escéptico y no creía en esto y lo pasó mal. Pasaban los días y aún se quejaba de los pies.
Manuela: ¿Dónde le picó?
Teresa: En un pie, en el tobillo.
Manuela: ¿Bailaban?
Teresa: Temblaban como si tuvieran el Parkinson y cuando los músicos dejaban de
tocar, los picados parecían que se morían de agonía.
Manuela: ¿Usted conoce otros casos?
Teresa: Sí, yo vi al tío Constantín, que era un primo de mi padre, a un vecino de Marcén. y a mucha gente de Lalueza.
Manuela: ¿Qué canciones se cantaban?
Teresa: Jotas.
Manuela: ¿Se pagaba a los músicos?.
Teresa: Era voluntad, que tampoco cobraban lo que ellos querían. Era voluntario, si
alguien quería agradecer, se lo agradecían.
Manuela: ¿Su marido iba a tocar?
Teresa: Con la guitarra, con su padre.
Manuela: ¿Ha tocado para muchas tarántulas?
Teresa: Aquí sí, lo llamaban continuamente. Pero cuando llegaron el médico y el coronel todo se paró.
Manuela: ¿Nadie vino a preguntarles por lo que pasaba aquí?
Teresa: Aquí, como era costumbre y pasaba todos los veranos, nadie le daba importancia era algo normal.
Manuela: ¿Sabíais que en otros lugares ocurría lo mismo?
Teresa: No, hasta anoche que miramos en internet. Cuando los músicos paraban de
tocar porque llegó el médico, los picados sufrían tanto que el médico volvía llamar a
los músicos.
Manuela: ¿Eran todos hombres?
Teresa: Sí, las mujeres no iban a trillar.
Manuela: ¿Su marido qué opinaba?
Teresa: Él se lo creía. Veía como tocando todo se pasaba. Todos los años le pasaba a
alguien.
Manuela: ¿Cuándo se terminó?
Teresa: Se terminó cuando llegó el regadío. Por los años sesenta, cuando se hicieron
las canaletas. Al mover la tierra, desaparecieron las tarántulas. El trabajo en el campo
empezó a mecanizarse y ya no se trabajaba tanto con las manos. Ahora la gente riega
desde casa. Lo vivíamos con miedo, no sabías lo que podía pasar. No sabemos cómo
surgió, ni quién fue el primero. Al hermano de mi abuela, ya le picó. Mi abuela hace
años que se murió.
Manuela: ¿Se asustaba usted?
Teresa: Todo el mundo estaba un poco nervioso. Se iba a ver lo que pasaba y a los
críos no se les dejaba entrar. Yo entraba porque el músico era mi padre.
Manuela: ¿Por qué no dejaban?
Teresa: Sufrían y aunque bailaban sufrían. No querían que la gente los viese.

Vicenzo Santoro en su página web sobre «Música y culturas populares de Salento al Mediterráneo: perspectivas, publicaciones e iniciativas», recoge el documental sobre el Tarantismo en España. En un análisis critico señala que «Los fanáticos del tema notarán similitudes significativas con la documentación visual sobre el tarantismo de Salento (pero también con las reconstrucciones propuestas por Edoardo Winspeare en la película Pizzicata)». No obstante, Santoro matiza que el documental «debe someterse a un escrutinio crítico, para comprender qué es «verdadero» y qué «fantasía» de los cineastas está más o menos condicionada por los textos históricos (y para ver el vídeo en cuestión existe cierta sospecha). viene, especialmente para la danza). Sin embargo, el documento sigue siendo de gran interés».

«La tarantela, igual que la danza de espadas, es un baile medicinal» (Schneider). Para Manuela Adamo, propulsora de la edición por la Institución Fernando el Católico de La danza de espadas y la tarantela, la publicación de la obra de Schneider busca ampliar el horizonte antropológico en lo relativo en las funciones que tuvo la jota en el pasado. Un gran acierto ante un rito medicinal completamente ligado a nuestro folklore que nos descubre una tradición de gran valor y excepcionalidad. Para Manuela Adamo, la jota llegó a no ser solo un recurso musical de ámbito festivo, sino también un instrumento terapéutico donde toda una comunidad participa en la sanación de un individuo.

Así que ya lo sabemos, si nos fiza la tarántula, ¡a cantar y bailar!.

Nueva España – 25/10/1981. Página 8

Recomendado:

Ángel y Jesús, memoria viva de la sierra de Alcubierre.


Jesús Perez Casamayor nació en Alcubierre en 1935. De mozo, con diecisiete años, se dedicó a cuidar las mulas de casa y a plantar pinos en la sierra de Alcubierre. Salían andando a las seis de la mañana de Alcubierre y sobre las ocho de la mañana tenían que estar por San Caprasio, fue en 1952 y les pagaban 25 pts al día. 

Ángel Lacruz Escanero nació en Alcubierre en 1932 y a los doce años fue pastor hasta los veinticuatro años, luego trabajó como labrador en casa de Ángel Cajal, en casa Biescas.

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Jesús y Ángel han estado muy ligados a su pueblo y a la sierra de Alcubierre, en la que han desarrollado diferentes labores y ocupaciones. Han sido testigos de diversos acontecimientos que nos ayudan a entender la esencia, historia y vida más reciente de la esplendida y a la vez desconocida sierra de Alcubierre. Diferentes reseñas históricas de la hemeroteca del “Diario de Huesca” acompañan el presente artículo, contextualizando la valiosísima información que los entrevistados han aportado. Muchas gracias Ángel y Jesús.

Jesús subía a la sierra para plantar pinos, subían trabajadores desde Alcubierre y de Lanaja. De Lanaja subían cuadrillas de unos veinte hombres que se quedaban a dormir por la sierra. De Alcubierre, los trabajadores subían y bajaban el mismo día. Para la plantación ahoyaban primero con la jada, hacían los hoyos cada dos metros y luego plantaban con pino carrasco. En el camino a San Caprasio aún se encuentra la caseta de los forestales, donde se ubicó el vivero forestal. Entonces los guardas forestales también subían andando a la sierra, vigilaban y se encargaban de todo lo que afectaba al monte. Había pinos enormes por la sierra y  los forestales median el diámetro y la altura de los pinos que cortaban. Con un tronzador cortaban los pinos y los bajaban arrastrando con mulas hasta el camino donde los cargaban en el carro. Sorteaban lotes de pinos, unos tres pinetes por papeleta, aunque “por no faltar la verdad” el reparto no resultaba muy equitativo y justo. Algunos llenaban el carro hasta que casi se escachaba y otros les bastaba con una mula. Las copas de los pinos la gente no las quería, las carrascas y los quejigos no dejaban ni tocarlos, aunque con el tiempo fueron algo más permisivos. Las ancianas del pueblo decían que antiguamente los pinos llegaban hasta el cementerio. Eran otros tiempos, cada año caían de dos a tres nevadas buenas. Se gastaba mucha leña, sobre todo bajera, coscojo y romeros. Ángel y Jesús recuerdan oír hablar de antiguos carboneros por la sierra, pero no los llegaron a ver: “Entonces el monte estaba muy trillado”. A Ángel le contaban que el carbón lo llevaban a Zaragoza, donde lo cambiaban por judías y otras cosas.

Información del Diario de Huesca, del 28 de diciembre de 1879, que cuenta las numerosas cantidades de árboles de grandes dimensiones que por aquellos tiempos eran objeto de concurridas subastas:

Se proyectan grandes cortas de árboles en las hoy cuasi impenetrables selvas de las sierras de Castejón de Monegros, Alcubierre, Lanaja y Almudévar, calculando en cuatro millones el número de pinos que pueden ser explotados en aquellos bosques, sin perjudicar para nada el arbolado.

Dadas las grandes dimensiones de los árboles, pues los hay que tienen sesenta y un metros de circunferencia y la excelente calidad de la madera, es de presumir que la concurrencia a las subastas, que se celebraran el 30 de febrero del próximo año, será mucha y se obtendrán en ellas fabulosos resultados.

* En la noticia hay un error con la dimensión de los árboles al atribuir una circunferencia de «sesenta y un metro», una medida completamente imposible.

Por la sierra había lobos y alimañas que causaban daños en los ganados. Para matar los lobos se solía colocar carne envenenada por el monte. El padre de tío Marino ponía una bandereta en cada trozo de carne con veneno para el lobo, una vez un hombre estuvo a punto de llevarse el cebo para comer, menos mal que consiguieron avisarle a tiempo. Ángel fue rebadán con el tío Marino: “Entonces él tenía sesenta años y contaba que cuando era joven había lobos”.  Todos los ganados llevaban mastines, por lo menos tres juntos y los lobos conocían los rebaños por las esquilas. El tatarabuelo de Carmen, la mujer de Ángel, mató a cuchillo una loba por la balsa de la Ontina y por aquello se ganó el apodo de “Matalobos”, a su madre la conocían como María la Matalobos.

Información del Diario de Huesca, del 31 de enero de 1890, sobre “Fieras envenenadas”:

Digna de imitar es la medida, tomada por el alcalde de Alcubierre, que, autorizado por el señor gobernador civil de esta provincia, y después délos anuncios exigidos por la ley de caza, dispuso la colocación de carnes envenenadas con estrignina en determinados sitios de aquel término municipal, consiguiendo disminuir notablemente el número de animales dañinos que tan considerables perjuicios causaban en los ganados de aquella comarca, puesto que, además de muchas aves carnívoras, han sido recogidos 4 zorros, 6 zorras, y 2 lobos muertos por envenenamiento; siendo de suponer que algunos más habrán ido a morir en los montes circunvecinos. Si, como creemos, se pide y otorga nuevo permiso para continuarla caza por tan expeditivo medio, y coadyuvan al mismo laudable fin, los pueblos inmediatos á la sierra de Alcubierre, pronto se verá ésta libre de alimañas, y particularmente de lobos, que hace algún tiempo ponen en cuidado á los ganaderos y aun á las personas que, aisladas, tienen necesidad de internarse en los montes.

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En 1942 se produjo un gran incendio forestal que afectó  duramente a la sierra, desde San Caprasio hasta Valmayor. El padre de Jesús se encontraba haciendo leña por el corral de José Usieto, por la plana de las yeguas, con el carro y las mulas. Era la mejor zona, donde se encontraban los pinos más grandes. Aquel día hacia mucho bochorno y de repente  el tío Jorge «el Cantador», que era guarda municipal de la sierra (había un guarda del Ayuntamiento. aparte de los forestales del Estado) les avisó y le dijo de enganchar las mulas y tirar p´abajo: “Que venía el fuego en pleno desde Farlete”. Ángel recuerda que se veía todo San Caprasio en llamas desde Alcubierre, se apagó gracias a que se volvió el aire: “Subían camiones llenos de gente a la sierra a apagarlo”.

También hubo un incendio importante, aunque mucho menor que el anterior, en la zona de las Labaneras, subiendo desde Alcubierre a Lomagorda: “Subieron de alcubierre y de lanaja a apagarlo”. Podemos situarlo a mediados de la década de los ochenta del siglo pasado. Otro incendio fue por el galacho de Paco Ramón, que está por el camino de pozo Pablico. A Jesús le tocó subir a apagar algún que otro incendio, una vez se quedó dos noches a vigilar, iban con palas de goma, azadas y palas: “Los que trabajaban “en los pinos” tenían que ir siempre a los incendios, antes iban todos”.

Información del Diario de Huesca, del 5 de agosto de 1931, cuenta el suceso de un incendio forestal en la Sierra de Alcubierre:

En el incendio del que dimos cuenta hace unos días, de la Sierra de Alcubierre, se quemaron unos 500 árboles pequeños y leña baja. El incendio fue casual.

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Tras el gran incendio de 1942 se tuvo que repoblar la zona afectada, pero la sierra de Alcubierre ya contaba con una larga trayectoria en repoblación forestal. La sierra de Alcubierre, a finales del siglo XIX, presentaba una seria y preocupante deforestación, así lo refleja un pequeño escrito en el Diario de Huesca del 15 de noviembre de 1876: Un impulso desconocido, una aversión al arbolado, que parece innata en nosotros, nos ha movido con vertiginosa rapidez á destruir matorrales, selvas y bosques. Muchos trozos de la parte baja de la provincia estaban cubiertos de espesos arbustos en los últimos años del primer tercio de este siglo: en la sierra llamada de Alcubierre abundaba por do quiera el romero, la sabina y el pino. ¿Qué se ha hecho de toda aquella espesura? La sed insaciable de roturar la ha destruido. La manifiesta deforestación llevó en septiembre de 1891 a la Diputación Provincial de Huesca a solicitar al Ministerio de Fomento su repoblación. Diario de Huesca del 7 de marzo de1892: Por la jefatura del distrito forestal de Huesca se ha enviado a la Dirección general de Agricultura un anteproyecto de repoblación de la sierra de Alcubierre, perfectamente estudiado en todos los puntos que pueden facilitar el planteamiento de una mejora tan convenientísima para los intereses públicos. El Distrito Forestal de Huesca redactó el Proyecto de Repoblación forestal de la Sierra de Alcubierre en 1925, aunque parece que su aprobación nunca llegó. Con el Plan de Repoblaciones de 1928, una superficie de 5.000 hectáreas fue comprometida para repoblar, en un plazo de 10 años, de pino carrasco, aunque también se planteó la utilización de robre y esparto. El ingeniero de Montes encargado de las repoblaciones forestales de la Sierra de Alcubierre fue Enrique de las Cuevas y Rey y en su honor existe una calle dedicada a su nombre en Alcubierre.

Según Carlos Tarazona Grasa en Esmemoriaus, se repoblaron montes públicos de Alcubierre (2.500 Ha), Lanaja (1.800 Ha) y Robres (700 Ha), todos ellos localizados en la Sierra de Alcubierre. En 1930, de las 4000 Ha. previstas, solamente se habían repoblado 690 Ha.

En 1944 se encontraron por la sierra algunos maquis desperdigados: «Estuvieron poco y de paso». Ángel encontró huellas cuando estaba trabajando de rebadán, para casa Calvo, y los maquis se le llevaron una oveja. En seguida aparecieron los guardias de asalto y partieron en su captura. En otra ocasión, estando labrando con tres o cuatro pares de mulas por el Puyalón, les aparecieron tres maquis que les pidieron algo de comida: «Estaban muy hambrientos, agotados y desconfiados». Al día siguiente aparecieron más de cien militares en su búsqueda. También aparecieron tres maquis cuando se encontraban ahoyando por la balsa de las piedras, donde actualmente se encuentra la escombrera, y los pararon allí a ver si tenían comida. Iba el padre de la abuela Carmen, Julián, con otros “menudas botas que llevaban, ¡unas botas! y olían mucho a humo”, les pidieron comida y  les dieron algo para que pudieran comer.

Jesús estuvo dos años colocando mojones, delimitando los limites de los diferentes montes de la sierra de Alcubierre. Subían con un tractor y un remolque a la sierra, tres personas y el forestal. Colocaban unos veinticinco mojones al día, los ponían con cemento, los de las huegas eran los más grandes.

Antes había muchos más manantiales, ahora no llueve tanto. Recogían salvia, romero, tomillo… se recogían con flor en mayo, se hacían vapores y con el romero hacían infusiones con miel. Ángel y Jesús guardan una gran memoria, recuerdan muchas cosas, nombran los abozos (el gamón), los “pelajes” (a las cabras le decían “pelajes” por el pelo) o como por donde ahora están las piscinas estaba la balsa del medio con un pozo o como en la plaza del ayuntamiento se encontraba la balseta de la villa.

Quedan muchas historias por contar, historias que antes contaban los mayores en la berbecana, el carasol de la iglesia de Alcubierre, donde el hijo de Ángel iba y oía contar montones de historias. Gracias a Ángel y Jesús, parte de aquella memoria se ha transmitido, recuerdos de una sierra que rebosó de vida y que late en nuestra memoria. También muchas gracias a Ángel Lacruz Pérez, el nieto, por hacer posible este artículo.

Listado recogido por Ángel Lacruz Pérez

Aves

Algarabán: Alcaraván.

Aloda collarada: Alondra collarada.

Aloda moñuda: Alondra moñuda.

Alviarol: Abejaruco.

Capú: Cuco.

Churra: Ganga/Ortega.

Correndera: Posible Aloda terrera (/Chirli/= reclamo). (terrera común)

Cudiblanca: Collalba.

Cucute: Abubilla.

Engañapastor: Lavandera.

Esparvel: Cernícalo.

Esparveles: Cernícalos.

Esquilador: (Canta a las entradas de la sierra en primavera.

Escachamatas: Chochín. Muy pequeño, más que el pinchan, cola más corta.

Falcón Perdiguero: Halcón.

Galleneta ciega: Cuco o chotacabras.

Grallas: Chovas y cornejas.

Judía: Avefría.

Pardal: Lo han oído, gorrión.

Picaraza: Urraca.

Pinchán: Chochín. Pequeño, suele estar por los sisallos. Pinzón vulgar.

Polla de agua.

Sisote: Sisón.

Tordas: Zorzales.

Plantas

Abozo: Gamón, Aaphodelus  sp.

Abrojo: Posiblemente Tribulum terrestris.

Acirón: Arce, Acer monpesusulanum. «El acirón ni vale pa leña ni pa carbón.

Almierca: Amielaga, Medicago sativa.

Almiercon. Amielga silvestre, Medicago.

Amargones/soplamocos: Diente de león.

Arañones: Endrinos.

Asnallo

Azota Cristo: Cardo lanudo.

Cachorrera: Arctium y Xanthiium spp.

Carnijuelo: Chondrilla juncea.

Carrasquilla: Ramus alaternus.

Charrachón

Clarivuela: Flor pequeña amarilla.

Coda de rata/cola de rata

Corretillas: Convovulus sp.

Crujidera

Escobizo

Escorzonera

Estepa/tabaquera: Jara.

Estripapucheros: huele mal.

Ginestra: Retama.

Marruego

Píe de cristo

Romera: Cistus clusii sp.

Ontina de cabeceta

Ontina de facera

Rudo

Salvia

Adiós Los Monegros, adiós


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Tierra muda y cortante que se desquebraja herida al sol. Tierra árida y seca que abre sus alas para huir y vagar del incandescente y abrasador sol. Tierra desnuda que trata de escapar del sol y buscar refugio en huidizas sombras. Tierra despejada donde siempre hay un abrigo bajo la sabina, cobijo que los hombres ya ni siquiera sabemos valorar. Los Monegros, secarrales de extensos estíos, de albardín, ontinas y sisallos, donde van mis amores, entre yermos y baldíos, entre balsas y cebadas.

También hay noches de cielos abiertos, tan oscuros que dejan entrever la luz, la luna, las infinitas estrellas y las purnas fugaces que surcan raudas y veloces el firmamento. Tremendamente ciegos quienes no saben contemplar la luz en la oscuridad. Tristemente ciegos quienes no saben contemplar la belleza de estos montes negros.

El cierzo, siempre tan presente azota esta tierra incansablemente, incesantemente, imparable. Escampa las boiras y nos descubre un cielo limpio y claro, de azules inmensos que inundan los amplios horizontes. Empenta la ciercera la tierra abrupta y quiebra la inexorable piel monegrina, constituyendo parte indisociable de su esencia, del paisaje y de sus gentes. También las boiras y los fríos, las rosadas y la niebla dorondonera, las heladas y gélidas ventoleras. La huidiza lluvia, la escasa y deseada lluvia se aguarda para que alivie tanta sed de tantos secanos que ansían respigar en la venidera primavera. Adiós a la boira juguetona entre sabinas y bienvenido de nuevo al sol, a su calor. Sol, a veces tan cercano y otras tan lejano.

Arena, margas y arcillas. Tierra de cielos celestes que se tiñen caprichosamente de tonos fuego, rojizos, anaranjados y morados intensos, puras creaciones artísticas que la madre naturaleza nos regala, de vez en cuando, en cada amanecer y cada atardecer. Un cuadro en movimiento de suntuosos trazos, de fantasía y armonía.

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El esparbero y el ratonero, la raposa y el tejón, el cucute, la golondrina, el abiarol, la cigüeña, la avutarda y el sisón. Fuina, fardacho, jabalí y salamanquesa. Los Monegros, has sido tierra de lobos y serás tierra de lobos. Y cantan las cardelinas y revolotean los gurriones. Tierra de aromas, sutil privilegio de esencias y fragancias. Entre tamarizeras y ginestras, carrascales y pinares, espartos y tremoncillos; florece el ababol, la aliaga y el romero.

Corretean fugitivas las capitanas, rodando libremente por güebras y rastrojos, acabando arremolinándose entre los margüines y ribazos de los campos y las calles de nuestros pueblos, deteniéndose en el tiempo. El polvo también se levanta recorriendo su propia tierra, erosionando y labrando el paisaje, también a la gente, con nuestros pliegues y arrugas, con nuestra memoria y con nuestros rostros. Bastos paramos de historias y leyendas, de forajidos bandoleros, del celebre y temible Cucaracha.

Llegan las tronadas con lluvias torrenciales a una tierra hermosa que anhela el agua. Se moldea la tierra para luego volver a desquebrajarse, retrocerse y lamentarse hasta que vuelve de nuevo el agua caprichosa a fluir en su presencia y en su ausencia. Atrevidos Alcanadre, Guatizalema e Isuela, sois vida.

Y el monte va quedando solitario, con sus casetas, masadas, malladas y aldeas, con sus pozos, balsas, balsetas y balsetes. Poquer a poquer la enrona acumula una forma de vida destruida que se desvanece. Ya no se juntan las familias alredol de los fogariles, las cadieras son de adorno, ya no hay tardes a la fresca con los vecinos, ni hay puertas abiertas, ni puertas vueltas, anchas o pataleras, ni hay historias que contar… Aquellas vidas arraigadas a la tierra, de cultura y tradiciones, de sabiduría popular, ya no se transmiten y no hay vuelta atrás. Lo aprendido durante miles de años lo desechamos, lo despreciamos, nos hemos vuelto ignorantes de nuestra propia esencia humana, de nuestra naturaleza.

Aguardan al fondo los Pirineos, lejanos al norte aparecen majestuosos como guardianes, centinelas, colosos olimpos que contemplan un Aragón inmenso. Ya no bajan rebaños de sus montañas ni suben de tierra plana, ni pastores ni repatanes, ya ni se sienten las esquillas ni los trucos. Trashumancia que unía y forjaba profundos vínculos, quedan caminos, cabañeras sin romances y sin canciones, sin jotas, sin palabras, ni versos. Pobres parideras y pastizales vacíos.

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Ni el jadón, ni la jada, ni el jadico han reblado en esta tierra dura y salvaje, miles de veces no han cejado ante el mallacán. Viejas almendreras, oliveras y viñas, raíces vivas que plantaron nuestros antepasados. Se han segado a hoz y dalla campos de doradas espigas de trigo y cebada. Pero el sudor ya no corre por las frentes de jornaleros y ahora llegan aguas lloradas, donde los ríos ya no unen sino separan. Tampoco las manos se agrietan arrancando el esparto, ni en la era trillando, ni abentando el trigo, ni yendo a carrear agua.

Desaparecen los gurriones, igual que las casas quedan desiertas. Pueblos de olvido y de futuro incierto. Y llegada la modernidad aún toca luchar por sobrevivir en esta tierra hermosa y salvaje de solitarios sasos, lomas, cerros, barrancos y estoicos torrollones. Un hogar y un paisaje, cuando, a veces, Los Monegros son simplemente un frágil susurro en la inmensidad.

Adiós Los Monegros, adiós.