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AURORA PIQUERAS CISUELO


 Una vida dedicada a los demás, a su casa y a su familia, una vida de trabajo y esfuerzo, de dedicación y lucha. Un rostro entrañable que Alberto Lasheras nos relata descubriendo la vida de Aurora Piqueras Cisuelo; transmitiendo el respeto y cariño que Aurora se ha labrado en los secos y áridos monegros, entre Alcubierre y San Juan del Flumen.

Aurora

Aurora Piqueras

      Nació el 2 de junio de 1924, en Alcubierre. Era la novena de diez hermanos: Emilia, Modesta, Juana, Félix, Eusebio, Pilar, Paco, María, Aurora y Luis. Iban creciendo en el pueblo, colaborando en las tareas que sus padres les encomendaban y ayudándose unos a otros.

      Sus padres, María y Félix, trabajaban sin descanso dedicados a la venta ambulante por los pueblos para poder vivir honradamente. Cuando su madre no le podía dar el pecho, lo recibía de Cándida Suñén, que había tenido una hija tan sólo un mes antes. María se ponía en las plazas, en su puesto de mercado, y gritaba con energía y mucha gracia: ¡Naranjas como bombas!” Luego cuando vendían su mercancía regresaban a su casa, con su carro tirado por alguna yegua que habían renovado en el mercado de ganado.

        En 1930 la sequía se acentúa y las ventas se redujeron; malos tiempos se avecinaban. María y Félix deciden irse a Barcelona, allí habría trabajo para los dos. Las tres hijas mayores ya habían emigrado antes y encontrado trabajo. La mayor, en casa de los dueños de una fábrica de harinas, la Harinera de La Asunción, donde empezó Félix a trabajar nada más llegar para sacar adelante a su familia. María vendía helados en la playa de San Adrián del Besós, barrio en el que se instalaron. Félix murió de repente al año de llegar a Barcelona, dejando viuda, nueve huérfanos y a María embarazada.

     Todos se trasladaron a una casita del barrio obrero de Las Corts. Los chicos, adolescentes, trabajaban en el carbón, en la harinera y de botones en un banco. Eran tiempos convulsos de fuertes luchas sindicales con una gran implantación de la CNT y del anarquismo en Barcelona. Aurora cuenta que su hermano Félix era amigo de José Gavín Casaus (Alcubierre 1914-zaragoza 1935 “Otro Gavin de Alcubierre”, Desdemonegros), que a veces le permitió pasar la noche y dormir en su casa de la Colonia Castell, en Las Corts, escondiéndose de la búsqueda de la policía, si bien siempre le decía que “marchase al amanecer, cuanto antes, para no comprometer a su familia”.

     Las chicas, unas se casaron y otras trabajaban. Los tres pequeños (una de ellos Aurora), por mediación de los dueños de la harinera, fueron acogidos en un colegio de protección de la infancia en Pueblo Nuevo, en la calle Batrás. Para ello, la hermana mayor medió para que el dueño de la casa en la que servía ayudase a que admitieran a sus hermanos pequeños en dicho colegio de huérfanos, ya que les habían notificado que no accederían por ser aragoneses. Este señor, se tomó interés y notificó al colegio que si no admitía a los tres hermanos, retiraría su aportación anual a dicha institución. Un coche grande y negro los recogió y Aurora recuerda cómo su madre lloraba porque su economía no le permitía criarlos. Las niñas con las monjas y el chico con los curas. Al hermano, con ocho años, no le gustaba que le obligasen a ir a misa ni que le hiciesen rezar, las veía por una valla del patio y las llamaba por su nombre: “ ¡Marieta, Auroreta,  si os pegan decídmelo a mí! “.  Aurora lo aprendió todo en catalán, y a los siete años la eligieron para leerle unos versos a Lluis Compayns, en una exposición en Barcelona.

    Fue una experiencia dura e inolvidable que les permitió recibir una educación, alimento y disciplina. Salieron con un oficio aprendido: María se hizo modista y Paco tornero mecánico, lo que le permitió más adelante montar un taller con su hermano Eusebio.

       Aurora contaba tan sólo nueve años, cuando su hermana mayor le pidió a su madre que la sacara del colegio, para ayudarle con dos niños pequeños que tenía. La madre accedió y Aurora cuidó de los pequeños, siendo uno de sus cometidos recorrer un kilómetro de ida y otro de vuelta, tres veces al día, con la niña en los brazos que era un bebé y el hermanito de la mano, para que la niña tomara el pecho, ya que la hermana de Aurora tenía  una tienda de comestibles, al frente de la cual trabajaba.

      Aurora vivía con su hermana y su cuñado cuando estalló la guerra en 1936. Conoció el horror, la tristeza, los muertos, las carreras a los refugios en los que se escondían, el silbido de las bombas y el impacto sobre los edificios. Una noche tembló su cama, se agrietó la pared de su habitación y mirando por la ventana vio una bomba clavada en el suelo que no explotó. Pasarían muchos años y ese silbido aterrador le venía a la mente cada vez que alguien cerca de ella comenzaba a silbar.Tres de sus hermanos varones fueron al frente, a la guerra, da igual el bando en el que lucharon, el que les llamó más desde sus ideales de juventud o decidieron las circunstancias. Cuenta Aurora que en la Batalla del Ebro, estaban sus hermanos en diferente bando y Paco le comentó años más tarde: “¡Cómo iba a disparar si mis hermanos estaban en frente y podía darles!”. Al acabar la guerra, sus hermanos vuelven a Barcelona con algunas heridas, procedentes de campos de concentración pero, al fin vivos.

    Contaba Aurora quince años cuando una hermana mayor, Emilia, que vivía en Alcubierre y había perdido una hija de meses, enfermó. Aurora fue a cuidar a su hermana y ayudarla a superar la muerte de su hija. Se lo pidieron y ella obedeció. Tomó el tren y acompañada de una vecina  regresó al pueblo en el que nació. Emilia pidió a su madre que le enviara a su hermano pequeño Luis, para llenar el vacío creado por la muerte de su hija. Así, Luis fue el consuelo de Emilia, al que crió como si fuese su propio hijo.

        En Alcubierre, ayudó mucho a su hermana y su cuñado en la tienda que regentaban. Trabajó con ellos en el campo, con los animales, con unas mulas que tirando de un carro los llevaban a Zaragoza cada semana a buscar género que luego vendían en el pueblo.

       Cumplió 26 años cuando un amigo de la familia le presentó a Pedro Lalana Royo. Con él se casó y recuerda que el coche que llevaba al novio a la boda, pinchó y ella le esperaba escuchando las campanas de la iglesia que ya daban el tercer toque cuando Pedro llegó. Tras un viaje de novios por Zaragoza y Barcelona, a los cinco días, regresó a Monegros a otra casa, a otro pueblo, con otra familia. En Sariñena, vivió unos años y allí nacieron sus cinco hijos; cuatro chicas y un chico. Pedro quería tener un niño para que le ayudara en el campo y continuara  las tareas. Cuando éste nació, le gastó una broma a su marido y puso al recién nacido desnudo en la cama, diciéndole que había sido otra niña. La sorpresa y alegría del padre fue mayúscula al ver que había llegado su deseado varón.

      La vida le deparaba un nuevo destino; habían solicitado en San juan del Flúmen, nuevo pueblo de colonización, una casa y un lote de veinte hectáreas de tierra, a pagar en veinte años y, se lo concedieron. Les llegó una carta comunicándoles que debían vivir allí. Aurora contaba cuarenta y tres años y con su esposo cargó el remolque con sus enseres, sus hijos, un tractor recién comprado, a plazos, y se lanzaron a una aventura, con ilusión hacia un nuevo e incierto futuro.

      Fueron años muy duros, sin muchos medios. Los hijos ayudaban en todo lo que podían. Nueva escuela, tienda, médico, cura y nuevos amigos. Los vecinos se ayudaban y colaboraban  en un proyecto increíble que transformó aquellas casas en acogedoras viviendas y los lotes en fértiles tierras, creando potentes vínculos de amistad entre los nuevos habitantes de San Juan.

      En junio de 1992, su marido sufrió un  fuerte derrame cerebral. Tras siete meses hospitalizado volvió a casa con hemiplejia en el lado izquierdo de su cuerpo. Toda la familia se volcó en atenderlo durante doce años, afrontando con fuerza y cariño la dura situación.

      Hoy vive tranquila, sufrió un ictus en el 2012 del que se recuperó de una forma asombrosa. Con 93 años cumplidos, disfruta de la compañía de sus hijos, nietos y biznietos a los que adora, y a los que sigue transmitiendo amor, valentía, optimismo e ilusión. Siempre ha sido una mujer positiva, alegre y conserva su sonrisa de siempre con la que nos recibe cada vez que la acompañamos.

Con todo afecto y cariño.

Alberto Lasheras Taira

 

      Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que va relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas gracias Alberto Lasheras por un relato tan emotivo, escrito desde el corazón, con cariño y respeto.

 

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En América del Sur también hay moscas


En América del Sur también hay moscas

El capitalismo, el omnipresente capitalismo, condiciona el mundo, limita las democracias y estructura al pueblo. El capitalismo configura nuestras sociedades, nuestras formas de relacionarnos, nos globaliza como productores y consumidores, nos hace iguales y desiguales en el mundo. Todas las ponencias, de los diferentes participantes de países de América del Sur y Europa, van girando sobre el capitalismo. Son enriquecedoras las diferentes miradas, las situaciones en cada país, la historia, la crisis, las dictaduras, las revoluciones, el poder, las luchas sociales, la derecha y la izquierda.

Son los mismos problemas con matices diferentes. Son los mismos problemas que causan las mismas desigualdades, que limitan los derechos sociales, las libertades, y aún así, hay diferentes mundos. Existen países que el mundo condena a guerras, a terribles hambrunas… y mientras el mundo “desarrollado” esquilma sus recursos, su pesca, sus minerales, su oro, diamantes, petróleo, gas etc.…

En el mundo, es la izquierda quien ha conquistado los derechos y las libertades en muchos territorios, pero las izquierdas… sus errores los han pagado siempre muy caros. Las diferentes conquistas de la izquierda, que han supuesto lucha y sacrificio, se han ido asumiendo con el tiempo, como un avance de la humanidad. Sin embargo, las sociedades que se han desarrollado gracia a los derechos y libertades no han aprendido la lección de continuar construyendo un mundo más igual, justo y solidario. Perdemos la conciencia de pueblo, perdemos el poder y nos cuesta recuperarlo.

Absorto en mis reflexiones, por un momento perdí la concentración e inevitablemente desvié mi atención siguiendo el perturbador vuelo de una mosca, que terminaba sus cortos vuelos sobre la piel de un asistente cercano. La mosca molestaba continuamente a la persona, desviaba su atención y la mía. El día era muy caluroso y pegajoso, al fin desperté de mi estado abstraído y concluí que en América del Sur también hay moscas, igual de molestas y pesadas.

El foro se desarrolló con motivo de la cumbre de los Pueblos, en Santiago de Chile entre el 25 y el 27 el pasado mes de enero. Circunstancias de la vida, yo andaba por esas tierras y acudí al Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz (ICAL). En el instituto se desarrollaba un foro sobre la relación entre movimientos sociales y partidos políticos, con presencia de varios representantes de diferentes países de Suramérica.

Las diferentes experiencias en los distintos países son interesantísimas, la   convergencia de los partidos políticos y los movimientos sociales es complicada, pero inevitable. Voy recogiendo las reflexiones de los ponentes, las apunto. Se habla de la necesidad de que cada actor reconozca el papel que juega: los partidos, sindicatos y movimientos sociales. Los partidos de izquierda han de realizar participación social en la calle y no limitarse a las instituciones. Los diferentes sectores deben de complementarse con independencia, establecer relaciones de dialogo y nexos comunes. La participación social es imprescindible ante un nuevo proceso constituyente, el mundo necesita dar una respuesta internacional contra el capitalismo y el neoliberalismo.

El capitalismo no sólo impone un modelo económico,también impone el político.

La democracia son intenciones, la soberanía es del capitalismo. Es el pueblo quien ha de recuperar la soberanía, no nos podemos quedar agarrados a un sistema que nos está ahogando. Se han mercantilizado nuestros derechos y es nuestra responsabilidad ciudadana transformar el orden social dominante. Y en un mundo global, con una crisis mundial, la respuesta ha de ser mundial. Un ponente añade “la unión es urgente, al paso que vamos cuando sea efectiva nuestro estado de derecho estará destruido.”

El dinero es la mayor privatización, la producción de moneda ha sido la causante de la crisis. El dinero se encuentra monopolizado y evoluciona sin control, favoreciendo el capitalismo y la especulación. El resultado es la crisis, la inestabilidad y los conflictos sociales.

Reflexiono que la crisis económica, social, de valores, derechos y libertades es tan global. El sistema capitalista no está en crisis, se está ajustando y las personas somos peones y consumidores, en el mejor de los casos, que nos han de controlar y regular. Para el capitalismo los recursos son mercancía, se han de distribuir a quien más capital y poder posee. Pero es la lucha, que nos está enseñando al mundo Sudamérica, lo que da esperanzas: la nacionalización de los recursos. Hay que luchar para no permitir que nos roben los recursos al pueblo, que el pueblo no sea explotado para la obtención de los recursos y los pueblos no se mueran de hambre.  Especulan con los alimentos mientras la mayor crisis del mundo mundial es la hambruna, el sistema no puede ser más miserable. La humanidad no puede permitir que entes abstractos tengan el poder, somos el pueblo y podemos construir un mundo justo y humano, otro mundo es posible.

La cumbre de los Pueblos desarrolló múltiples foros y debates, me permitió acercarme a la realidad latinoamericana: a sus privatizaciones, a las represas, a la minería, la lucha de los pueblos indígenas, la pobreza, la marginalidad, las multinacionales, los transgénicos, el anti-imperialismo… Me sentí ilusionado y esperanzado del despertar latinoamericano. Participe en la marcha de los pueblos, admirando la gran diversidad que conformábamos la marcha, sintiendo la fuerza de los pueblos unidos. Siempre me incomodó la sensación de pertenecer a un estado, el español, incapaz de reconocer el genocidio que España cometió, hoy en día una actitud completamente despreciable. Sentí la percepción de arrogante superioridad que ha practicado España hacia América latina, pero también sentí la cercanía humana que nos une.

La lucha es larga y hay que convencer al pueblo, hay que luchar contra el capitalismo, contra el poder, contra esa derecha que busca privilegios y manipula al pueblo. En América del Sur también hay una derecha molesta y pesada, en América del Sur también hay moscas, igual de molestas y pesadas.

¡¡Respeto, justicia y libertad a los pueblos!!

En la senda de la lucha

Ya viene, ya se va y ya vuelve

Yace, se agacha y se levanta

Sorprende, en pie avanza.

P´adelante la esperanza

El amanecer llegará tras la noche

En movimiento el pueblo se mueve

Y el grito desgarrado se escucha

Son los versos que en la hoguera avivo

¡Es la tierra libre en avalancha!

Santiago, 2013

Publicau en “ Os Monegros el 24 de febrero del 2013.

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