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Pueblo: Sodeto


Sodeto, pueblo de colonización perteneciente al municipio de Alberuela de Tubo. Establecido en las tierras del Duque de Villahermosa, comenzó a construirse según un planteamiento inicial de casas aisladas hasta que al final se constituyó definitivamente como núcleo poblacional en 1956: “60 viviendas de colonos y 10 de obreros en el núcleo, además de las 14 viviendas diseminadas en las parcelas”. En el 2000 Sodeto tenía una población de 245 habitantes y 209 en el 2018. En 2011 les tocó el gordo de navidad de la lotería nacional, un empuje vital para ir manteniendo población.  

Sodeto (4)

A través de jóvenes de la localidad conocemos su visión e inquietudes sobre la vida rural. Una perspectiva joven para reflexionar sobre el presente y futuro de nuestras localidades, una serie de entrevistas enmarcadas en la serie “Pueblo” de la iniciativa cultural “Os Monegros”. Gracias al IES Montes Negros de Grañen y muy especialmente a Lurdes Gracia por ayudar a hacer posible este proyecto.

Javier Bescós Escario

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  • IES Montes Negros Grañen
  • Curso: 4º de la E.S.O.
  • Localidad: Sodeto.
  • Libro: The Whitcher.
  • Música: La raíz.
  • Deporte: Boxeo.
  • Equipo: S.D. Huesca.
  • Aficiones: Deporte.

A Javier le gusta un tipo de ciudad intermedia Ni muy grande ni muy pequeña, tipo Monzón”.  Le gustaría quedarse en su pueblo, pero todo dependerá del trabajo: si tira para el campo y se queda a trabajar en la explotación familiar o la cocina; Javier quiere estudiar en la Escuela de Hostelería en Huesca.

Le encanta de los pueblos la relación entre personas, conocerse entre la gente y entre distintas edades, “Además, las personas mayores saben mucho y se aprende de ellos”. Lo peor de los pueblos es tener que desplazarse para hacer cualquier cosa y que hay poca gente.

De Sodeto le gusta el pinar cercano, donde está la torre de vigilancia de incendios en desuso y donde, desde una zona despejada y elevada, se contempla un amplio paisaje.

Las fiestas de septiembre son más largas y mejores que las de mayo, que son más cortas. Como tradición, en Sodeto se hace una matacía popular. Pero para Javier, sin duda alguna, el premio de la lotería nacional de navidad ha sido lo más relevante de Sodeto.

El lugar más especial es el parque de la Gabarda.

En los pueblos hace falta gente, aunque van volviendo algunos “Hay muchos empadronados pero en el día a día somos pocos, se nota mucho los fines de semana y los puentes”.

“Es muy incómodo necesitar cualquier cosa y tener que marchar a Huesca para comprarlo y además falta actividades para entretenerse”. Se siente monegrino, le gusta la gente, la zona y la agricultura. Su abuelo fue José Bescós Gil, uno de los últimos de abandonar Acín.  A Javier le parece mal la despoblación “La gente está a gusto pero en la ciudad hay más gente, servicios… sólo una tienda sería mucho, una tienda multiservicio”.

“Ahora es todo muy tecnológico, muy artificial.”

Erika Rodríguez Viñuales

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  • IES Montes Negros Grañen
  • Curso: 2º de la E.S.O.
  • Localidad: Sodeto.
  • Libro: El niño de pijama de rayas.
  • Música: Reguetón.
  • Película: La casa de papel (Serie)
  • Deporte: Fútbol.
  • Equipo: Real Madrid.
  • Aficiones: Ir en bici.

Erika prefiere la ciudad “Hay muchas más cosas, gente con quien quedar, salir por la tarde, comprar chucherías que, por ejemplo, es algo que no puede hacer en su pueblo”. Pero para Erika su pueblo es su familia, los amigos, su casa… “Todo es más tranquilo y seguro”.

Lo malo del pueblo es la soledad de diario, de su edad sólo están dos, aunque se juntan con otras edades, principalmente de menos edad. Afortunadamente en Sodeto tocó la lotería y la gente joven se ha ido quedando “Se notó mucho y ha dado mucha vida al pueblo, hay muchos niños y hasta se ha hecho una guardería”. Erika aprovecha fines de semana para ir a Huesca, para tener más vida y hacer muchas cosas, ya que en el pueblo está todo más vacío.

La loma es un lugar especial en Sodeto, Erika suele ir paseando hasta allí y donde conocieron unos amigos que tenían familiares en Sodeto, “Ahora vienen de vez en cuando e incluso van a la loma a merendar alguna que otra vez”. Le gusta mucho la fiesta de San Miguel “Como caen en verano viene mucha gente y se hacen gincanas”. “En verano se hacen hinchables en la piscina y hay mucha gente, el verano es mucho más alegre”.  Es muy tradicional la matacía popular,

Erika tiene pensado ir a estudiar a Huesca, a terminar el bachillerato y luego a la universidad, quizá criminología a Madrid. Hace falta gente joven, de su edad “Hay cosas en el pueblo pero falta gente”.  Los Monegros han tenido mucha historia, está la Gabarda donde va muchas tardes, a las tirolinas, va mucha gente y es muy conocido.

Grañen es un pueblo grande pero otros se van quedando en menos, si no hubiera tocado la lotería Sodeto igual estaría por la mitad.

Antes no había tantas comodidades.  Su abuelo le suele decir que ahora vivimos muy bien “En la casa de ahora antes estaba el establo, vestían como podían, a veces solo tenían dos mudas (una para trabajar y otra para el día de fiesta), unos zapatos… tenían muy pocas cosas”.

Continuará…

 

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Pueblo: Curbe


Curbe nació en 1958 con la finalización del primer tramo del canal de Monegros y se levantaron ochenta y ocho viviendas. Pertenece al municipio de Grañen, en el año 2000 contaba con 268 habitantes y en la actualidad cuenta con 193 habitantes.  Los pueblos de colonización han ido perdiendo población, aunque a menor medida que otros pueblos. Con su espléndido pinar aparece un típico y característico pueblo de colonización, con su peculiar iglesia. Sin duda, descubrir las distintas iglesias y torres de los pueblos de colonización es una gran aventura.   

Curbe (6)

A través de jóvenes de la localidad conocemos su visión e inquietudes sobre la vida rural. Una perspectiva joven para reflexionar sobre el presente y futuro de nuestras localidades, una serie de entrevistas enmarcadas en la serie “Pueblo” de la iniciativa cultural “Os Monegros”. Gracias al IES Montes Negros de Grañen y muy especialmente a Lurdes Gracia por ayudar a hacer posible este proyecto.

Edgar Abellán Gil

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  • IES Montes Negros Grañen
  • Curso: 3º de la E.S.O.
  • Localidad: Curbe.
  • Libro: El Quijote.
  • Música: Ozuna.
  • Película: El Imposible.
  • Deporte: Motocross.
  • Equipo: FC Barcelona.
  • Afición: Las motos.

A Edgar le gusta más el pueblo “Se está más tranquilo, aunque en la ciudad hay más gente. En el pueblo te conoces con todos y se está muy bien”. Edgar quiere estudiar mecánica en Huesca y luego volver al pueblo, le gustaría tener su propio taller. Si no, pues igual trabajar en Huesca “Ir y venir, lo hace mucha gente”.

Del pueblo le gusta el buen rollo que hay, no se lleva mal con ninguno. Lo malo es que solamente hay una tienda y cierra a las doce del mediodía. Tienen una peña donde se juntan. Se lo pasa muy bien en las fiestas, sólo hay dos y le gustan las dos “Se hacen comidas y cenas populares”. Para Santa Águeda se hace la carrera del rosco.

La iglesia es lo más representativo de Curbe, es lo que más destaca. Le gustaría tener un pabellón, un lugar cubierto y cerrado para jugar al futbito. Se siente monegrino, es donde se ha criado, donde vive, le gusta el paisaje “Hay parte de secarral y también parte arbolada”.

Ve la despoblación “Pueblos como Tramaced y Marcen están muy despoblados, cada vez hay menos gente. Algo habría que hacer pero si no hay trabajo en los pueblos, está claro que la gente tiene que ir a buscar trabajo a la ciudad”.

Continuará…

 

 

Pueblo: Montesusín


Montesusín se fundó en 1958 donde llegaron 88 colonos con sus respectivas familias. “En El Principio Era Desierto. Y Un Día Acampó La Vida” Montesusín. 50 Años Después (2009, Ayuntamiento de Grañen),  Macario Olivera Villacampa. Un sugerente titulo de un libro imprescindible para conocer la historia de Montesusín, donde Macario recoge su historia desde los difíciles inicios hasta su edad de oro.  Montesusín pertenece al municipio de Grañen, en 1980 eran 402 habitantes, en el 2000 unos 298 habitantes y actualmente  son 233 habitantes. 

Montesusin (8)

A través de jóvenes de la localidad conocemos su visión e inquietudes sobre la vida rural. Una perspectiva joven para reflexionar sobre el presente y futuro de nuestras localidades, una serie de entrevistas enmarcadas en la serie “Pueblo” de la iniciativa cultural “Os Monegros”. Gracias al IES Montes Negros de Grañen y muy especialmente a Lurdes Gracia por ayudar a hacer posible este proyecto.

Candela Pérez Mur

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  • IES Montes Negros Grañen
  • Curso: 1º de la E.S.O.
  • Localidad: Montesusín.
  • Libro: Torres de Malory.
  • Música: Melendi.
  • Película: Campeones.
  • Deporte: Judo.
  • Equipo: F.C. Barcelona.
  • Afición: Practicar judo.

Sí, a Candela le gusta más el pueblo pero también la ciudad “Depende de muchas cosas”, pues para Candela “En el pueblo se está más tranquilo pero en la ciudad hay más gente con la que estar”. Candela va a entrenar a Huesca, practica el judo y si viviese en Huesca podría entrenar más. En Huesca tiene buenas compañeras y amigas, en cambio, en Montesusín sólo están dos chicas de su edad. Así, Candela tiene pensado ir a estudiar a Huesca y, si puede, estudiar fisioterapia.

El parque y la plaza son los mejores sitios de Montesusín, es donde van cuando salen y donde más tiempo pasan. “Antes el parque estaba lejos pero ahora está cerca y eso va muy bien”. Las fiestas mayores de septiembre son muy buenas “Viene mucha más gente que para las otras y se juntan muchas amigas”. La recogida de tortas es muy tradicional, para la fiesta de septiembre, luego se hace chocolate cocido y una merienda.

A Candela le gustaría que hubiese más niños, más gente. Le gustaría una tienda donde comprar comida para no tener que ir a Huesca.

Se siente monegrina, le gusta el paisaje y los campos. Ve mal que no haya gente “Va a llegar un momento que no haya nadie”. “Habría que hacer algo para que la poca gente que queda no se tenga que ir”. Antes se hacían más cosas en el pueblo pero ahora que están pocos, se han dejado de hacer muchas cosas: “No se hace nada porque la gente se ha ido a Huesca a vivir, había tienda, la piscina era más grande, había equipo de fútbol… para las fiestas se hacían muchas más cosas”.

Nicoleta Elena Popescu

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  • IES Montes Negros Grañen
  • Curso: 1º de la E.S.O.
  • Localidad: Montesusín.
  • Libro: El diario de NiKki.
  • Música: Bad Bunny.
  • Película: El Bola.
  • Deporte: Balonmano.
  • Afición: Estar con los amigos.

A Nicoleta le gusta mucho más el pueblo “En la ciudad, en un piso, no se puede hacer mucho ruido y hay muchos coches por las calles. En una casa de pueblo hay mucha más libertad”. De Montesusín le gusta la plaza y su fiesta “Viene mucha gente de fuera para las fiestas”. Para Nicoleta “Cuando viene gente al pueblo se puede jugar a juegos de más personas, como a polis y cacos y a la lata (se pone una botella en el centro de la plaza, se le da una patada y mientras  uno va a buscarla los demás se esconden. Luego los tiene que ir buscando)”. La plaza es muy representativa.

En verano aprovechan mucho para ir a jugar a la piscina, es lo que más le gusta del pueblo. Lo malo es que cuando hay algo roto tardan en arreglarlo y además hay una calle por donde pasan muchos coches y no se les ve venir bien.

Quedan en el parque, hay una mesa redonda y allí se juntan para hablar y estar con los amigos. En invierno van al bar, toman algo, juegan al parchís o al futbolín. La fiesta de mayo es muy buena, le gusta mucho, hay hinchables y hacen muchas cosas “Se hace la carrera de la cuchara con un huevo duro, es muy divertida”.

Nicoleta quiere ser médica, quizá en Zaragoza, aunque primero tendrá que terminar bachillerato en Huesca y luego le gustaría volver a vivir a Montesusín.

Pondría más cosas en el parque, más columpios que no caben todos y un tobogán nuevo que el actual está roto. Además, el pueblo necesita alguna tienda “Hay casas viejas que los abuelos dicen que habría que renovar”.

Los Monegros es un lugar especial, Nicoleta se siente monegrina. Le gusta el paisaje y los pueblos están bien. Le preocupa que haya pueblos con tan poca gente.

El origen de Montesusín viene de cuatro casas donde vivían los Susines, por eso se llama Montesusín. Sobre la vida de antes Nicoleta explica que no había tantos coches, ni teléfonos móviles, se vivía mejor, había más gente, conocías a más gente y podías jugar con mucha más gente.

Continuará…

 

Pueblo: Frula


Frula es un pueblo de colonización creado en 1958 y perteneciente a Almuniente.  De distintas partes llegaron más de ochenta colonos y sus familias, algunas hasta con 10 o 12 hijos: vivienda, lote, yegua, remolque, una vaca y mucho trabajo y esfuerzo para tirar hacia adelante, de sudor a ritmo de jada y construir mucho más que su hogar: ¡su pueblo!. En la década de 1960 llegaron a ser casi 500, con las casas de los obreros llenas, los habitantes del Conde de Centellas, el mayoral, los guardias de campos y del agua, dos tiendas y dos bares, maestro, médico, cura, peluquero, panadero, tendero, molineros, cinero, tractoristas… Actualmente en Frula son 315 vecinos aunque en el 2000 llegaron a ser 389. En 1900 Almuniente contaba con 568 habitantes experimentando una extraordinaria crecida hasta los 955 en 1960, debido a la llegada de los nuevos habitantes de Frula, entorno a los 300 a 400 vecinos. Hoy en día Almuniente no llega a los 200 habitantes y presenta una población de unos 156 habitantes. Ambas poblaciones tienen una densidad de 12,47 hab/km² y su índice de viabilidad demográfica es de menos uno.

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A través de jóvenes de la localidad conocemos su visión e inquietudes sobre la vida rural. Una perspectiva joven para reflexionar sobre el presente y futuro de nuestras localidades, una serie de entrevistas enmarcadas en la serie “Pueblo” de la iniciativa cultural “Os Monegros”. Gracias al IES Montes Negros de Grañen y muy especialmente a Lurdes Gracia por ayudar a hacer posible este proyecto.

Leyre Esteban Launa

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  • IES Montes Negros Grañen
  • Curso: 4º de la E.S.O.
  • Localidad: Frula.
  • Música: Reggaetón, canciones en inglés…
  • Película: Divergente.
  • Deporte: Baloncesto.
  • Equipo: Real Zaragoza.
  • Afición: Estar con los amigos y la familia.

A Leyre le gusta más el pueblo que la ciudad, donde es mucho más feliz, con mucha más libertad y con sus amigos. Del pueblo valora que todo el mundo se junta: en la peña, en el bar… “Lo peor es entre semana” están pocos, unos seis o siete y en fin de semana llegan a estar hasta quince “Entre semana es más aburrido, no hay casi nada y hay pocas cosas”.

Su lugar especial de Frula es un campo donde su abuelo tenía animales, un campo con pinos cerca del pueblo. Aunque las fiestas son lo mejor de Frula y la cena popular. Con los amigos tienen una peña “Que está muy bien ya que en otros pueblos no tienen”. Leyre echa en falta algo más para los jóvenes “Para los niños hay más actividades que para los jóvenes”.

Leyre tiene expectativas de salir a estudiar fuera, en principio a Huesca, para estudiar odontología o algo relacionado con la odontología. Se siente monegrina “Los Monegros están bien”, le gusta mucho el paisaje, ir por los pueblos y conocer a la gente “Es lo bueno de estos pueblos, la gente se conoce”. Leyre es consciente que han cambiado las cosas, su abuela siempre dice que antes se pasaba mucha hambre y se enfada cuando los nietos tiran la comida “¡Qué la comida no se tira!”.

Leyre no nota mucho la despoblación, en Frula se ha quedado mucha gente joven, aunque en muchos pueblos entre semana hay poca gente: “Hay que hacer más cosas en los pueblos y dar más facilidades a las personas”.

 

Iker Monesma Arrieta

Iker Monesma

  • IES Montes Negros Grañen
  • Curso: 4º de la E.S.O.
  • Localidad: Frula.
  • Libro: Prensa deportiva.
  • Música: Secreto de Anuel.
  • Película: Francotirador.
  • Deporte: Futbol.
  • Equipo: S.D. Huesca.
  • Afición: Caza.

A Iker le gusta más la ciudad, sobretodo Huesca donde va todos los días. Iker juega como central en la S.D. Huesca Cadetes División de Honor y tiene que ir a entrenar muchos días de la semana. Así, Iker ve su futuro en Huesca, este año acaba en Grañen y continuará los estudios en Huesca. Aunque en Frula Iker está muy bien, hay muy buen ambiente y tienen peñas donde juntarse, pero su día a día está en Huesca.

Las fiestas de octubre y el aniversario son fiestas especiales: “Hace poco el pueblo hizo sesenta y un años”. Lo que más le gusta es el chupinazo y la cena de después, es una cena popular donde va todo el pueblo. La otra fiesta es para mayo. También se hace un duatlón y en la torraza, del campo de tiro, se hace una plantación de árboles cada año.

Le gustaría estudiar algo relacionado con la educación física, estudiar en Huesca. En su pueblo echa en falta que no hay equipo de fútbol ”Se está tratando de impulsar pero es caro y difícil, hace falta dinero y mucha colaboración”.

Hay mucho cambio respecto antes “Ahora se vive mejor, hay mucha diferencia económica”. Los jóvenes estamos muy avanzados y su abuelo le recuerda que valore lo que tiene “Porque a su padre no lo podría haber llevado a entrenar”.

Le gusta de Los Monegros que hay muchas rutas, en bicicleta y el paisaje no está mal. La gente se va a vivir a Huesca por necesidad, para hacer actividades extraescolares, academias y estudios  “Cada vez hay menos niños en las escuelas”.

Continuara…

María Alegre Peralta


Mucha gente se vio obligada a emigrar en busca de trabajo por distintas zonas de España, entre ellas Ángela Peralta Solanas, natural de Castelflorite, que trabajó sirviendo para una casa de Tarrasa y su marido Antonio Alegre Soldevila, natural de Belver de Cinca, que se dedicó a llevar una cuadra de vacas, a cuidarlas, arreglarlas, ordeñarlas…

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María Alegre Peralta

Fruto de aquel matrimonio nació en 1932 María Alegre Peralta, en Tarrasa, pero con el estallido de la guerra volvieron a Los Monegros, donde se alojaron en casa de los abuelos maternos de Castelflorite. “Dispues”, un amigo de su padre, un montañés, instaló una vaquería en Belver de Cinca y su familia se trasladó allí para trabajar en ella. También tenían tierras por Belver de Cinca, por los “Royeros” y el soto,  con un carro tirado por “bueys” acarreaban “alfalce” para las vacas.

En Belver de Cinca María fue a la escuela, pero como eran cinco hermanos tuvo que dejar la escuela para ayudar a su madre. “No vayas a la escuela que hoy no me encuentro bien”, Ángela sufría de males que le dejaban en cama muchos días. María quería ir a la escuela, le gustaba mucho, pero no tuvo más remedio que quedarse en casa a trabajar, ir a comprar, lavar, fregar, cuidar los animales de las cuadras…

Molían mucho, “enparece” que iba a moler a un molino que estaba “indo” por la carretera de Osso de Cinca, recuerda María. En el molino molían alfalfa, maíz, ordio… con lo molido hacían una pastura para las gallinas y los pollos. María se acuerda cuando iba a buscar a casa a los arrieros, su padre anotaba todo bien y lo controlaba todo.

“Vente, aquí se gana mucho más que en el pueblo”. María tenía una amiga que había ido a servir a Barcelona y le animó mucho a que también ella marchase. Así que María se animó y fue a servir a una casa de Tarrasa. Estuvo dos años, ella tendría unos 19 años y le tocó hacer de todo. A María le gustó mucho la vida en la ciudad: “Había un gran ambiente”.

A los dos años, María se volvió a Albalate. Su padre estaba de encargado en una vaquería, cercana a Albalate, en una finca donde había unas diez casas. Su padre tenía muy buena mano para el manejo de las vacas, mucha experiencia. Las trataba cuando estaban enfermas y cuando se hacían alguna herida les hacía “pegaos”. Recogía malvas por el campo, las hervía en agua, las trituraba y las espolvoreaba pimienta. Cuando ya lo tenía bien preparado, colocaba el preparado en un paño y lo aplicaba en la zona, lo ataba y lo aseguraba bien. Con aquel remedio las heridas de las vacas sanaban bien, las rozaduras, los granos…

En el baile conoció a quien fue su marido Joaquín Luna Hernández. María se casó con Joaquín en el mismo Albalate y se marcharon de viaje de novios a Barcelona durante un mes. María se casó de negro, con un traje que ella mismo hizo “La tela era muy bonita y tenía un brillo precioso”. Lo confecciono gracias a todo lo que había aprendido con la Paulina: coser, bordar…

El matrimonio se  asentó en Albalate, en casa de los suegros de María. Joaquín era labrador y llevaba las tierras, mientras María trabajaba en casa, iba a buscar almendras, a “escoronar” con un machete la remolacha… Se hacía en invierno, hacía mucho frío, María se llevaba un saco con algo de paja para ponerse de rodillas y amortiguar la dureza del suelo y el frío. Antes se recogía mucha remolacha que se llevaba a la azucarera de Monzón. Se sembraba más o menos en septiembre u octubre y si salían 2 o 3 en el mismo sitio había que clarecerla.

Joaquín realizó un curso para ser mayoral de pueblos de colonización, lo hizo en Gimenells. Al principio no lo llamaban hasta que al final le dieron como destino Mélida, un pueblo de Navarra. Estaban haciendo Rada y cuando lo acabaron fueron a vivir al pueblo. Estuvieron 10 años en Rada y allí nació su segunda hija y el hijo. Tuvieron tres hijos, dos chicas y un chico. Joaquín, como mayoral, se encargaba de controlar si iban bien los lotes, si lo trabajaban correctamente “Todo tenía que ser por escrito y luego el perito lo revisaba cada mes”, recuerda María.

Ellos no tenían lote pero si corral donde criaban animales y 1 o 2 tocinos que mataban cada año. María guarda muy buenos recuerdos “Allí salían muy buenas cosechas”. A los diez años volvieron a tierras oscenses, instalándose en el pueblo monegrino de Cantalobos donde Joaquín continuó ejerciendo de mayoral. El pueblo ya estaba construido, igual llevaban cinco años viviendo la gente. En Cantalobos han vivido más de 30 años y ahora los recuerdos de María nos han llevado a recorrer su historia, de esfuerzo  y trabajo.

Ahora tiene 86 años y goza de una excelente salud y memoria. Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.

María Rebeca Tricas Puyalto


Mujer comprometida por su pueblo: activa, dinámica, concienciada y luchadora. Todo un ejemplo de mujer capaz de articular una intensa actividad asociativa, cultural, artística y conseguir revitalizar la vida de un pueblo que lucha contra la despoblación. Una mujer más de nuestros pueblos, una mujer más y a la vez única, imprescindible para sacar adelante iniciativas titánicas por el bien y el futuro de su pueblo.

Maria Tricas

Mari Tricas

            Mari nació un 15 de abril de 1950 en Huesca y aunque vivió en Peralta de Alcofea, su vida ha transcurrido ligada a San Lorenzo del Flumen. Antes, por un tiempo, vivió en Sodeto, donde contrajo matrimonio. Pero en Sodeto, el joven matrimonio no tuvo suerte, pues no les tocó ni casa ni lote y se vieron obligados a mudarse a San Lorenzo del Flumen. En 1970 consiguieron una casa y un lote en el nuevo pueblo de colonización monegrino. Lamentablemente, el lote era de renuncio y arrastraba una pilma, unas deudas de semillas a la que tuvieron que hacer frente.

            El pueblo de San Lorenzo del Flumen se fundó en 1963 y se construyó en dos fases: la primera fase en 1963 y la segunda en 1968. En la primera casa, los cinco primeros meses los pasaron sin luz, debido a que el transformador se quedó insuficiente para llevar la luz a todas las casas. El lote fue de unas 12 hectáreas y además se complementaba con un huerto y una vaca preñada de la que tenían que devolver una novilla preñada. Compraron una vaca que tuvieron que pagar en tres años y unos años más tarde, por 1971, a un tratante le compraron 2 vacas más.

            Las tierras las tuvieron por la partida de la Mallata, por las Ventas de Ballerías, una huerta vieja pero con una tierra buenísima. Su marido fue tractorista de colonización y siempre trabajó de tractorista y de albañil. Con el tiempo compraron 26 hectáreas que pusieron en regadío. Al principio se puso mucha remolacha, alfalfa, cebada y maíz, pero luego, en san Lorenzo del Flumen, se plantó mucho pimiento. Desde entonces, en San Lorenzo del Flumen se celebran unas jornadas culturales sobre el pimiento y el arroz, pues el cultivo del arroz fue la única solución para muchas tierras salitrosas.

            Mari siempre sintió un interés especial por un terreno singular, un campo con un bello y característico tozal monegrino, propiedad del marques de la Venta de Ballerías. Sin dudarlo trató de adquirirlo, a lo que le marques respondió “que si alguna vez lo vendía, Mari sería la primera”. Al final, el marques cumplió su promesa y el tozal pasó a manos de Mari, quien trabajó su tierra, bordeando el pequeño y gran tozal con numerosos frutales, de oliveras, almendreras y viña.

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Mari con el logo de Ganadería El Tozal.

            Mari pronto comenzó con las vacas, empezó con dos vacas y al año siguiente sumó otras dos más. Después continúo quedándose con las novillas que las vacas parían, mientras vendía los novillos. Al principio inseminaba las vacas en la parada, la casa donde tenían al macho semental, y después, Mari adquirió un buen novillo semental para su ganadería. Fue pionera con la genética, inseminado sus vacas y creando una ganadería selecta de gran valor. Criaba de la raza “frisona” y su ganadería no pudo llamarse de otra manera: “Ganadería el Tozal”. Llegó a contar hasta con 50 vacas, las soltaba por el corral y montó una de las primeras salas de ordeño por estas tierras. Tuvo las vacas prácticamente desde 1971 a 1998 y fue en 1975 cuando adquirió la sala de ordeño: “mucha gente la venía a ver ya que era la única por la zona”. Antes de la sala de ordeño simplemente tenía dos ordeñadoras sencillas de la época.  Cuando se quitó las vacas en 1998, por la vaca Marisa le daban un millón de pesetas, pero Mari prefirió vender todas las vacas juntas a un ganadero de Asturias, por 170.000 pesetas cada una. Mari siempre ha estado dada de alta, a la seguridad social, como agricultora y ganadera.

“Si quieres beber algo natural, bebe leche de la ganadería el Tozal”

            Mari fue a vender a muchos pueblos la leche, se compró un Mehari y con el iba a todas partes, hasta cargaba las pacas en el Mehari. Las pacas y el alfal de los campos era para mantener la vaquería. En el coche cargaba los cantaros y se desplazaba por los pueblos, en Huesca vendía hasta 300 litros de leche. En 1992 Mari vendía en Huesca la leche en una lechería que ella misma montó en la calle Ramón J. Sender. Para llevar la leche se vio obligada a instalar un tanque refrigerador en el Mehari, pero la tienda apenas duró seis meses. Principalmente, la leche se vendía a la RAM de Grañen, donde la vendían la mayoría de ganaderos y ganaderas de vacas de leche, y a la Letosa de Alcolea. En los últimos tiempos, la leche se tuvo que vender a la cooperativa Copla de Pedrola.

            Su vida social y comprometida con el pueblo resulta igualmente intensa. En octubre de 1984 fundaron la asociación de Amas de casa de San Lorenzo del Flumen, cuando desapareció la Sección Femenina. Fue la primera asociación de ese tipo en Los Monegros y la quinta en la provincia de Huesca. Mari ocupó la presidencia de la asociación los primeros años y retomó la presidencia en 1996, cuando comenzaron con el proyecto de levantar una ermita en la localidad. Para tal fin constituyeron la cofradía y con diferentes actividades y la ayuda de vecinos y vecinas lograron financiar y construir una esplendida ermita. Dedicada a Santa Agueda representando a las mujeres, a San Lorenzo en representación del pueblo y a San Isidro en honor al campo. La ermita fue inaugurada en 2005 y su interior alberga un magnifico retablo de cerámica que ellas mismas realizaron. Un trabajo artesanal que les apasionó y que no dudaron de continuar, creando la Asociación Cultural Flumen Monegros de Cerámica Artesana. La ermita la complementaron con la realización de un vía crucis de diferentes cerámicas.

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            Con la asociación cerámica han acudido a diferentes ferias y mercadillos medievales, llevando como bandera su lugar, San Lorenzo del Flumen. Para el cincuenta aniversario del pueblo elaboraron un impresionante mural cerámico compuesto por unas 220 baldosas.

            Las asociaciones han dinamizado la vida del pueblo, un motor social vital y muy activo que ha ido generando una amplia variedad de cursos, jornadas culturales, café tertulias, charlas, fiestas… Desde el 2011 la nueva Asociación de Vecinos  ha puesto en marcha la encomiable iniciativa de crear una residencia de mayores y un centro de día para el pueblo, una Casa-Hogar que con trabajo y tesón seguro que conseguirán.

            El empeño, el esfuerzo y el trabajo, son cualidades muy necesarias para ir sacando adelante nuestros pueblos y nuestras familias. El valor humano es fundamental y en Mari es desbordante, sorprendiendo con su pasión y su sentimiento, su forma de ver la vida que plasma en versos dando forma a su reciente poemario “Poemas de una Colona”. Su amor por esta tierra queda marcado a fuego en sus poemas, al aire, al cielo, a la niebla, al sol, a su gente… a los sentimientos de una colona, por ser colona pues “Colonos los llamaban/ pero nada les importaba:/ ya tenían bastante/ con salir adelante”.

Poemario Mari

            Y adelante ha salido su poemario, por una buena causa, para contribuir con la Casa Hogar. Un esfuerzo valiente, de una gran mujer que no deja de sorprendernos. Poemas escritos en 1987 que florecen en este 2017 como flores en primavera, aquellas flores: “como el amor/ te dan una alegre sensación,/ están hechas un primor/ que te llega al corazón”. Una mujer más, como todas, indispensable.

               Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que va relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas  gracias Mari por abrirme las puertas de tu casa, todo un placer.

Aurora Piqueras Cisuelo


 Una vida dedicada a los demás, a su casa y a su familia, una vida de trabajo y esfuerzo, de dedicación y lucha. Un rostro entrañable que Alberto Lasheras nos relata descubriendo la vida de Aurora Piqueras Cisuelo; transmitiendo el respeto y cariño que Aurora se ha labrado en los secos y áridos monegros, entre Alcubierre y San Juan del Flumen.

Aurora

Aurora Piqueras

      Nació el 2 de junio de 1924, en Alcubierre. Era la novena de diez hermanos: Emilia, Modesta, Juana, Félix, Eusebio, Pilar, Paco, María, Aurora y Luis. Iban creciendo en el pueblo, colaborando en las tareas que sus padres les encomendaban y ayudándose unos a otros.

      Sus padres, María y Félix, trabajaban sin descanso dedicados a la venta ambulante por los pueblos para poder vivir honradamente. Cuando su madre no le podía dar el pecho, lo recibía de Cándida Suñén, que había tenido una hija tan sólo un mes antes. María se ponía en las plazas, en su puesto de mercado, y gritaba con energía y mucha gracia: ¡Naranjas como bombas!” Luego cuando vendían su mercancía regresaban a su casa, con su carro tirado por alguna yegua que habían renovado en el mercado de ganado.

        En 1930 la sequía se acentúa y las ventas se redujeron; malos tiempos se avecinaban. María y Félix deciden irse a Barcelona, allí habría trabajo para los dos. Las tres hijas mayores ya habían emigrado antes y encontrado trabajo. La mayor, en casa de los dueños de una fábrica de harinas, la Harinera de La Asunción, donde empezó Félix a trabajar nada más llegar para sacar adelante a su familia. María vendía helados en la playa de San Adrián del Besós, barrio en el que se instalaron. Félix murió de repente al año de llegar a Barcelona, dejando viuda, nueve huérfanos y a María embarazada.

     Todos se trasladaron a una casita del barrio obrero de Las Corts. Los chicos, adolescentes, trabajaban en el carbón, en la harinera y de botones en un banco. Eran tiempos convulsos de fuertes luchas sindicales con una gran implantación de la CNT y del anarquismo en Barcelona. Aurora cuenta que su hermano Félix era amigo de José Gavín Casaus (Alcubierre 1914-zaragoza 1935 “Otro Gavin de Alcubierre”, Desdemonegros), que a veces le permitió pasar la noche y dormir en su casa de la Colonia Castell, en Las Corts, escondiéndose de la búsqueda de la policía, si bien siempre le decía que “marchase al amanecer, cuanto antes, para no comprometer a su familia”.

     Las chicas, unas se casaron y otras trabajaban. Los tres pequeños (una de ellos Aurora), por mediación de los dueños de la harinera, fueron acogidos en un colegio de protección de la infancia en Pueblo Nuevo, en la calle Batrás. Para ello, la hermana mayor medió para que el dueño de la casa en la que servía ayudase a que admitieran a sus hermanos pequeños en dicho colegio de huérfanos, ya que les habían notificado que no accederían por ser aragoneses. Este señor, se tomó interés y notificó al colegio que si no admitía a los tres hermanos, retiraría su aportación anual a dicha institución. Un coche grande y negro los recogió y Aurora recuerda cómo su madre lloraba porque su economía no le permitía criarlos. Las niñas con las monjas y el chico con los curas. Al hermano, con ocho años, no le gustaba que le obligasen a ir a misa ni que le hiciesen rezar, las veía por una valla del patio y las llamaba por su nombre: “ ¡Marieta, Auroreta,  si os pegan decídmelo a mí! “.  Aurora lo aprendió todo en catalán, y a los siete años la eligieron para leerle unos versos a Lluis Compayns, en una exposición en Barcelona.

    Fue una experiencia dura e inolvidable que les permitió recibir una educación, alimento y disciplina. Salieron con un oficio aprendido: María se hizo modista y Paco tornero mecánico, lo que le permitió más adelante montar un taller con su hermano Eusebio.

       Aurora contaba tan sólo nueve años, cuando su hermana mayor le pidió a su madre que la sacara del colegio, para ayudarle con dos niños pequeños que tenía. La madre accedió y Aurora cuidó de los pequeños, siendo uno de sus cometidos recorrer un kilómetro de ida y otro de vuelta, tres veces al día, con la niña en los brazos que era un bebé y el hermanito de la mano, para que la niña tomara el pecho, ya que la hermana de Aurora tenía  una tienda de comestibles, al frente de la cual trabajaba.

      Aurora vivía con su hermana y su cuñado cuando estalló la guerra en 1936. Conoció el horror, la tristeza, los muertos, las carreras a los refugios en los que se escondían, el silbido de las bombas y el impacto sobre los edificios. Una noche tembló su cama, se agrietó la pared de su habitación y mirando por la ventana vio una bomba clavada en el suelo que no explotó. Pasarían muchos años y ese silbido aterrador le venía a la mente cada vez que alguien cerca de ella comenzaba a silbar.Tres de sus hermanos varones fueron al frente, a la guerra, da igual el bando en el que lucharon, el que les llamó más desde sus ideales de juventud o decidieron las circunstancias. Cuenta Aurora que en la Batalla del Ebro, estaban sus hermanos en diferente bando y Paco le comentó años más tarde: “¡Cómo iba a disparar si mis hermanos estaban en frente y podía darles!”. Al acabar la guerra, sus hermanos vuelven a Barcelona con algunas heridas, procedentes de campos de concentración pero, al fin vivos.

    Contaba Aurora quince años cuando una hermana mayor, Emilia, que vivía en Alcubierre y había perdido una hija de meses, enfermó. Aurora fue a cuidar a su hermana y ayudarla a superar la muerte de su hija. Se lo pidieron y ella obedeció. Tomó el tren y acompañada de una vecina  regresó al pueblo en el que nació. Emilia pidió a su madre que le enviara a su hermano pequeño Luis, para llenar el vacío creado por la muerte de su hija. Así, Luis fue el consuelo de Emilia, al que crió como si fuese su propio hijo.

        En Alcubierre, ayudó mucho a su hermana y su cuñado en la tienda que regentaban. Trabajó con ellos en el campo, con los animales, con unas mulas que tirando de un carro los llevaban a Zaragoza cada semana a buscar género que luego vendían en el pueblo.

       Cumplió 26 años cuando un amigo de la familia le presentó a Pedro Lalana Royo. Con él se casó y recuerda que el coche que llevaba al novio a la boda, pinchó y ella le esperaba escuchando las campanas de la iglesia que ya daban el tercer toque cuando Pedro llegó. Tras un viaje de novios por Zaragoza y Barcelona, a los cinco días, regresó a Monegros a otra casa, a otro pueblo, con otra familia. En Sariñena, vivió unos años y allí nacieron sus cinco hijos; cuatro chicas y un chico. Pedro quería tener un niño para que le ayudara en el campo y continuara  las tareas. Cuando éste nació, le gastó una broma a su marido y puso al recién nacido desnudo en la cama, diciéndole que había sido otra niña. La sorpresa y alegría del padre fue mayúscula al ver que había llegado su deseado varón.

      La vida le deparaba un nuevo destino; habían solicitado en San juan del Flúmen, nuevo pueblo de colonización, una casa y un lote de veinte hectáreas de tierra, a pagar en veinte años y, se lo concedieron. Les llegó una carta comunicándoles que debían vivir allí. Aurora contaba cuarenta y tres años y con su esposo cargó el remolque con sus enseres, sus hijos, un tractor recién comprado, a plazos, y se lanzaron a una aventura, con ilusión hacia un nuevo e incierto futuro.

      Fueron años muy duros, sin muchos medios. Los hijos ayudaban en todo lo que podían. Nueva escuela, tienda, médico, cura y nuevos amigos. Los vecinos se ayudaban y colaboraban  en un proyecto increíble que transformó aquellas casas en acogedoras viviendas y los lotes en fértiles tierras, creando potentes vínculos de amistad entre los nuevos habitantes de San Juan.

      En junio de 1992, su marido sufrió un  fuerte derrame cerebral. Tras siete meses hospitalizado volvió a casa con hemiplejia en el lado izquierdo de su cuerpo. Toda la familia se volcó en atenderlo durante doce años, afrontando con fuerza y cariño la dura situación.

      Hoy vive tranquila, sufrió un ictus en el 2012 del que se recuperó de una forma asombrosa. Con 93 años cumplidos, disfruta de la compañía de sus hijos, nietos y biznietos a los que adora, y a los que sigue transmitiendo amor, valentía, optimismo e ilusión. Siempre ha sido una mujer positiva, alegre y conserva su sonrisa de siempre con la que nos recibe cada vez que la acompañamos.

Con todo afecto y cariño.

Alberto Lasheras Taira

 

      Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que va relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas gracias Alberto Lasheras por un relato tan emotivo, escrito desde el corazón, con cariño y respeto.