Adiós Los Monegros, adiós


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Tierra muda y cortante que se desquebraja herida al sol. Tierra árida y seca que abre sus alas para huir y vagar del incandescente y abrasador sol. Tierra desnuda que trata de escapar del sol y buscar refugio en huidizas sombras. Tierra despejada donde siempre hay un abrigo bajo la sabina, cobijo que los hombres ya ni siquiera sabemos valorar. Los Monegros, secarrales de extensos estíos, de albardín, ontinas y sisallos, donde van mis amores, entre yermos y baldíos, entre balsas y cebadas.

También hay noches de cielos abiertos, tan oscuros que dejan entrever la luz, la luna, las infinitas estrellas y las purnas fugaces que surcan raudas y veloces el firmamento. Tremendamente ciegos quienes no saben contemplar la luz en la oscuridad. Tristemente ciegos quienes no saben contemplar la belleza de estos montes negros.

El cierzo, siempre tan presente azota esta tierra incansablemente, incesantemente, imparable. Escampa las boiras y nos descubre un cielo limpio y claro, de azules inmensos que inundan los amplios horizontes. Empenta la ciercera la tierra abrupta y quiebra la inexorable piel monegrina, constituyendo parte indisociable de su esencia, del paisaje y de sus gentes. También las boiras y los fríos, las rosadas y la niebla dorondonera, las heladas y gélidas ventoleras. La huidiza lluvia, la escasa y deseada lluvia se aguarda para que alivie tanta sed de tantos secanos que ansían respigar en la venidera primavera. Adiós a la boira juguetona entre sabinas y bienvenido de nuevo al sol, a su calor. Sol, a veces tan cercano y otras tan lejano.

Arena, margas y arcillas. Tierra de cielos celestes que se tiñen caprichosamente de tonos fuego, rojizos, anaranjados y morados intensos, puras creaciones artísticas que la madre naturaleza nos regala, de vez en cuando, en cada amanecer y cada atardecer. Un cuadro en movimiento de suntuosos trazos, de fantasía y armonía.

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El esparbero y el ratonero, la raposa y el tejón, el cucute, la golondrina, el abiarol, la cigüeña, la avutarda y el sisón. Fuina, fardacho, jabalí y salamanquesa. Los Monegros, has sido tierra de lobos y serás tierra de lobos. Y cantan las cardelinas y revolotean los gurriones. Tierra de aromas, sutil privilegio de esencias y fragancias. Entre tamarizeras y ginestras, carrascales y pinares, espartos y tremoncillos; florece el ababol, la aliaga y el romero.

Corretean fugitivas las capitanas, rodando libremente por güebras y rastrojos, acabando arremolinándose entre los margüines y ribazos de los campos y las calles de nuestros pueblos, deteniéndose en el tiempo. El polvo también se levanta recorriendo su propia tierra, erosionando y labrando el paisaje, también a la gente, con nuestros pliegues y arrugas, con nuestra memoria y con nuestros rostros. Bastos paramos de historias y leyendas, de forajidos bandoleros, del celebre y temible Cucaracha.

Llegan las tronadas con lluvias torrenciales a una tierra hermosa que anhela el agua. Se moldea la tierra para luego volver a desquebrajarse, retrocerse y lamentarse hasta que vuelve de nuevo el agua caprichosa a fluir en su presencia y en su ausencia. Atrevidos Alcanadre, Guatizalema e Isuela, sois vida.

Y el monte va quedando solitario, con sus casetas, masadas, malladas y aldeas, con sus pozos, balsas, balsetas y balsetes. Poquer a poquer la enrona acumula una forma de vida destruida que se desvanece. Ya no se juntan las familias alredol de los fogariles, las cadieras son de adorno, ya no hay tardes a la fresca con los vecinos, ni hay puertas abiertas, ni puertas vueltas, anchas o pataleras, ni hay historias que contar… Aquellas vidas arraigadas a la tierra, de cultura y tradiciones, de sabiduría popular, ya no se transmiten y no hay vuelta atrás. Lo aprendido durante miles de años lo desechamos, lo despreciamos, nos hemos vuelto ignorantes de nuestra propia esencia humana, de nuestra naturaleza.

Aguardan al fondo los Pirineos, lejanos al norte aparecen majestuosos como guardianes, centinelas, colosos olimpos que contemplan un Aragón inmenso. Ya no bajan rebaños de sus montañas ni suben de tierra plana, ni pastores ni repatanes, ya ni se sienten las esquillas ni los trucos. Trashumancia que unía y forjaba profundos vínculos, quedan caminos, cabañeras sin romances y sin canciones, sin jotas, sin palabras, ni versos. Pobres parideras y pastizales vacíos.

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Ni el jadón, ni la jada, ni el jadico han reblado en esta tierra dura y salvaje, miles de veces no han cejado ante el mallacán. Viejas almendreras, oliveras y viñas, raíces vivas que plantaron nuestros antepasados. Se han segado a hoz y dalla campos de doradas espigas de trigo y cebada. Pero el sudor ya no corre por las frentes de jornaleros y ahora llegan aguas lloradas, donde los ríos ya no unen sino separan. Tampoco las manos se agrietan arrancando el esparto, ni en la era trillando, ni abentando el trigo, ni yendo a carrear agua.

Desaparecen los gurriones, igual que las casas quedan desiertas. Pueblos de olvido y de futuro incierto. Y llegada la modernidad aún toca luchar por sobrevivir en esta tierra hermosa y salvaje de solitarios sasos, lomas, cerros, barrancos y estoicos torrollones. Un hogar y un paisaje, cuando, a veces, Los Monegros son simplemente un frágil susurro en la inmensidad.

Adiós Los Monegros, adiós.

Las dichas y venturas del Tío Migueler


 En un lugar de Los Monegros, de Alcubierre para más señas, y a los pies de la sierra que el mismo nombre porta, se forjó la vida, hazañas y proezas del gran Migueler. Historias que se hacen leyendas, de un hombre difícil de igualar al que nadie se atrevería a disputarle el trono de las múltiples y variadas correrías. Así, que las manos fuera de los bolsillos y adentrémonos en las dichas y venturas del Tío Migueler.

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El gran Tío Migueler

 

El Tío Migueler

Miguel Puivecino Cano nació en Alcubierre el 18 de enero 1888 y murió a los 72 años de edad, el 19 de febrero de 1960. De familia de albañiles, desde pronto quisieron que Migueler se forjase en los estudios. Pero Migueler, muy arraigado a su tierra, y con grandes inquietudes en la destreza de las artes de la construcción, ejerció el oficio de albañil durante toda su vida. Hasta en dos ocasiones trataron de internarle en un colegio de Zaragoza, llegándose a escapar hasta en dos ocasiones seguidas. La primera vez que se escapó tenía sobre unos diez años y regresó caminando hasta su hogar natal de Alcubierre. Su madre enseguida lo condujo de nuevo al internado pero a lo que volvió a Alcubierre, Migueler ya se encontraba en casa, se había vuelto a escapar y corriendo había llegado antes que su madre. ¡Por mucho atajo que pudo coger, naide se lo podría creer!.

            Fue rebelde con causa, de retar la normalidad y desafiar la gravedad, sin malicia alguna y siempre dispuesto a ayudar a los demás. Fue hombre de gran corazón. Sus dos hermanas, Conchita y Modesta, recibieron buena educación y ejercieron de maestras. Migueler tuvo tres hijas y un hijo, su primera mujer Cristobalina Taules era de La Almolda y falleció poco después de dar a luz con tan sólo 28 años. Su segunda mujer fue Laureana Campo de Lanaja, a quien conocían como Laura. Fruto de su primer matrimonio nacieron Conchita y Migueler y de su segundo matrimonio Aurora y Ascensión.

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Vino de Gabarre. Tonel año 1874 «Superviviente de la guerra» vino de agua de balsa de Monegros.

            La puerta de su casa siempre estaba abierta, cosas de antes. Si a alguien veía pasar por delante de su puerta enseguida decía: “Anda, entra un rato y echa un traguer”. Era muy amigo de Rafael Nogués, gran ganadero ovino, eran vecinos y muchas veces iba a comer a casa. Migueler era muy generoso, hasta el punto que su hermana a veces le recordaba: “a ti en el pueblo no van a decir que Migueler es bueno, sino que Migueler es tonto”. Debió de ser muy confiado y fiarse bastante de la gente, sobretodo en el trabajo. Debió de ser muy buen albañil y trabajo para las mejores casas de Alcubierre. También hizo el puente del Pucero, cerca de la balsa del Pucero camino de Zaragoza. Trabajó mucho para casa Gabarre, se llevaban muy bien y cada año le regalaba botellas de vino: “Especial para los amigos y elaborado con las mejores anilinas y agua de balsa de monegros”. Un año hubo plaga de conejos y Gabarre le pagó por conejo cazado, Migueler fue un extraordinario cazador.

De casa Gabarre recibió afecto y amistad, las botellas de vino las regalaba en contadas ocasionmes.”

 Alberto Lasheras Taira    

           Seguro que participó en rondas, bailes y subió raudo y veloz de romería a San Caprasio, a la cumbre de la sierra de Alcubierre. De zagal seguro que participó en la Vieja Remolona con sus amigos. Una tradición que aún se mantiene y que caracteriza la Vieja Remolona con trapos y paja en un palo de escoba. Luego la pasean por las calles replegando naranjas, longanizas y chullas de tocino que vecinos y vecinas dan a zagales y que estos pincharían en el espedo, una varilla de acero acabada en punta. ¡Migueler llevaría por las alturas a la Vieja remolona!.

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Tío Migueler en la sagrada Familia.

            Migueler pasó algunas temporadas en Barcelona, donde fue a parar parte de su familia. En una de sus visitas, Migueler contempló y admiró la Sagrada Familia, no pudiendo mas que exclamar: “Cuando Colón baje el dedo y Gaudí vuelva a nacer, la Sagrada Familia se terminará de hacer”. Su hijo, también llamado Miguel, fue a vivir a Barcelona y su nieto, como no ha podido ser de otra manera, lleva de nombre Miguel, Miguel Puivecino Suñen. Preciosa y peculiar es la anécdota del hijo de Migueler que, paseando por las ramblas, conoció una chica que curiosamente resultó ser de Alcubierre. Era Victoria Suñen Aparicio, que acabó siendo su mujer. Una historia realmente bonita que cuenta Miguel Puivecino Suñen y su mujer Lola Bernal. Ambos residen en Barcelona, pero él y su familia a Alcubierre siempre lo llevan en el corazón.

            Victoria Suñen Aparicio fue antepasada de Paco Paricio, de los Titiriteros de Binefar. Los titiriteros rescataron magistralmente la “historia de Mariano Gavín, el bandido”, una obra estrenada en 1989 y que recorrió numerosas plazas de Aragón. Una obra que hizo las delicias de zagales, zagalas y mayores, una fascinante obra que dio a conocer y a hacer celebre al gran bandolero alcuberreño “El Cucaracha”. Curiosamente, el apellido ha perdido la “a”, quizá para no ser de los primeros de la clase y poder estar atrás enredando con títeres y marionetas.

            Fueron tiempos muy duros. Se sucedieron muchas vicisitudes y correrías, muchas aventuras que al final tan sólo buscaban sobrevivir en una sociedad muy empobrecida, con muchas necesidades. Pero a la vez fueron tiempos llenos de familiaridad, fraternidad y de amistad entre vecinos y vecinas, de solidaridad y ayuda mutua, de valores muy fuertes que no hemos sabido heredar.

«Veo a Migueler como una persona trabajadora, bueno, con carácter, ingenio, humor, espíritu de supervivencia, capaz de superar situaciones difíciles y con un fuerte sentimiento de apego a su pueblo, que no quiso abandonar. No quiso alejarse de sus raíces. «

Alberto Lasheras Taira    

           Por concluir, apreciareis, como buenos lectores, cierta socarronería en la redacción, algo que tan solamente puede responder a la incapacidad del autor de estar a la altura del sensacional, singular, inigualable, excepcional, asombroso y sorprendente Tío Migueler. Así, disculpen las molestias y disfruten de las historias, correrías y gestas del Tío Migueler.

¡Ay! este  Migueler

Que intrépido que es

Ten cuidau no te vayas a caer

Ten cuidau no te vayas a caer

¡Que el mundo no es al revés!

 

Un furtivo muy vivo

Escopeta Migueler

Escopeta de Tío Migueler

Migueler fue cazador furtivo y con extraordinaria astucia burlaba a la guardia civil, con sutil picaresca evitó más de una vez caer en sus manos. Una travesura elegante de un hombre hecho y derecho que cazaba para comer, una forma de sobrevivir que se convirtió en un juego. Pues ingenio nunca le faltó y su reputación a pulso se ganó, fue un hombre bravo y valiente que a nadie indiferente dejó.

            Tenía una escopeta del calibre del 16 y a los del 12 les decía: “¡con ella ya podéis cazar!”, pues era más fácil acertar con el disparo. Por la sierra colocaba lazos para cazar, llevaba perros de caza y hurones; se conocía la sierra a la perfección y se desenvolvía con extraordinaria facilidad por sus vales y barrancos, por sus cerros y lomas. La sierra no tenía misterios para Migueler, de Puiladrón a Monteoscuro, del Monte Viejo a Puchinebro y de Puigsabina a Loma Gorda.

Fabricaba su propia munición

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Cacharros de Tío Migueler para fabricar los cartuchos de caza.

El mismo elaboraba su propia munición que luego utilizaba para cazar. Migueler tenía las herramientas y útiles necesarios para la recarga de los cartuchos: caja de pólvora, medidor de pólvora, caja con perdigones, rebordeador de cartuchos del 16 y maquina de quitar y colocar pistones. Migueler era muy mañoso, ¡qué decir!, pues Migueler era hombre de diversas y variadas cualidades.

 

Las correrías con la benemérita 

Su incontrolable afán por los desafíos y su afición por la caza más de una vez le llevó a protagonizar diversos encontronazos con la guardia Civil, episodios de persecuciones y correrías por la sierra de Alcubierre. Inevitablemente, la similitud nos traslada al forajido y bandolero Mariano Gavín Suñen, archiconocido, allende de los áridos desiertos de la redolada monegrina, como el terrible y temible bandido Cucaracha. Salvando las distancias, Migueler era bondad, no hacía daño a nadie y ayudaba a todos. Y, a pesar de mil correrías por la sierra, con la guardia civil siempre mantuvo un verdadero y sincero respeto.

            Una vez le persiguieron durante horas, le seguían por el monte pero mientras no le pillasen con las manos en la masa no le podían acusar de ningún delito. ¡Cómo hacía correr a la Guardia Civil! ¡Cómo se divertía el Tío Migueler!, era como un juego, una emoción, adrenalina, un riesgo infantil con enormes dosis de realidad, de la supervivencia de capturar caza prohibida que permitía sobrevivir en una tierra dura y salvaje. Una vez, tras varias horas de persecución, subiendo y bajando cerros y lomas, Migueler regresó rápidamente a Alcubierre, se lavó en casa y luego pasó por el puesto de la Guardia Civil de Alcubierre. Al tiempo llegó la patrulla de guardias civiles que habían participado en la persecución, con evidentes signos de agotamiento y fatiga, quedándose estupefactos al enterarse que hacía rato que Migueler, todo fresco, había pasado a saludar por el cuartel. ¡A Migueler no le hubiera pillau ni el Cucaracha!.

            Seguramente Migueler haría algún trabajo de albañilería en el cuartel y los guardias conocían su valía, al igual que conocían sus tretas furtivas. Pero casi podemos decir que entre ellos había una relación de caballeros, de cierta cordialidad ya que los guardias, en repetidas ocasiones, pasaban por la casa de Migueler a echar un traguer o tomar un café y de paso charrar un poco. En ningún caso fueron a su casa a molestarle o echarle alguna reprimenda.

            Tenía amistad con el sargento y algún guardia. El sargento le decía: “Migueler, si te encorren los guardias, corre tú más que si no te agarran, no pasará nada”.

Alberto Lasheras Taira    

El reclamo preso

Solía ir mucho a cazar con Rafael Berdún de casa Puliceto. Utilizaban a menudo la técnica de caza de reclamo. Para ello colocaban una perdiz disecada a la vista mientras ellos se escondían al otro lado. Además tenían un instrumento de caña que soplaban imitando el sonido de la perdiz o del perdigacho.

            Otras veces usaban una perdiz enjaulada como reclamo, la dejaban en un lugar estratégico y se ocultaban esperando a que se acercase alguna perdiz y tratar de atinar con la escopeta. Pero un día, la perdiz debió de errar en su canto y a quien atrajo fue a la patrulla de la Guardia Civil. De sopetón apareció la de la Guardia Civil y casi ni se dieron cuenta. Pero al final no los vieron ya que estaban bien escondidos entre matojos. Bien quietos en la mata tuvieron que aguardarse ocultos hasta que los guardias, cansados de buscarles, marcharon y se perdieron de vista. La que acabó detenida fue la incauta perdiz, aunque presa ¡ya estaba!.

De correría en correría

¡De correria en correria casi cogieron a Migueler cazando!, pero este Migueler se las sabía todas. En estas, los guardias civiles consiguieron agarrarlo por la chaqueta, pero el habilidoso y escapista Migueler logró zafarse de la chaqueta que acabó en manos de la benemérita. Ya liberado corrió como una liebre consiguiendo escapar. ¡Raudo y veloz!, en Migueler, la suerte nada tenía que ver.

            En otra correría con los civiles, Migueler andaba cazando por la paridera de los vales de Gabarre. Al avistar la presencia de los guardias, Migueler corrió alredor de la caseta hasta encontrar el botero abierto (hueco o ventana del pajar para meter la paja) y, en lo que canta un gallo, por el botero se metió en el pajar escondiéndose entre la paja. Los guardias dieron vueltas y vueltas, examinado todo sin encontrarlo, hasta que desistieron y rendidos abandonaron su búsqueda. ¡Con la fama que tiene el Migueler, a ver quién es el listo que lo puede coger!.

            Y en una de tantas otras correrías, a Migueler le encorría la benemérita pisándole los talones. Para despistarlos se vio forzado a brincar una tapia, pretendiendo que le perdieran de vista. ¡Cuál sería su sorpresa al ver que al otro lado de la tapia del corral había dos guardias almorzando! Éstos sorprendidos por la aparición de Migueler y los gritos de los otros guardias que lo perseguían, se lanzaron tras él pero no pudieron agarrarlo. Migueler, durante la persecución, perdió la escopeta que recogieron la Guardia Civil y tuvo que ir otro día al cuartel a recogerla. No sabemos si tuvo que hacer frente a alguna multa.

            ¡¡Las correrías que no sabremos!!!

El sombrero de Demetrio Oto Borau y de Nicasio Gavín Casterad

La presente historia resulta contemporánea a Migueler, le iguala en ingenio y talento a cualquier correría de Migueler, ya que cuenta con gran similitud en su particular modo de actuar. Para hacer honor a la verdad, decir que de primeras nos la contaron como propia de Migueler. Pero a Alberto Lasheras nada se le escapa y, lo que acontece a continuación, a Demetrio Oto y Nicasio Gavín les sucedió:

            ¡Ya fue casualidad!, caprichoso destino, ¡Qué Nicasio se comprase el mismo sombrero que Demetrio Oto! o ¡Qué Demetrio se comprase el mismo sombrero que Nicasio!. ¿Quién sabrá?, ¿quizá se compraron los sombreros juntos?. ¡Y qué más da!

            ¡Qué pinchos y contentos iban Nicasio y Demetrio! Los dos con sus sombreros nuevos, ¡como los lucían por las calles de Alcubierre!. ¡Hasta para cazar lo llevaba Demetrio!, como aquella vez que perseguía perdices cerca del corral de Ruata. La guardia civil le sorprendió pero, como también era tan templado y ligero, pronto les dio esquinazo con la mala fortuna que el sombrero perdió. La pareja de guardias civiles quedaron satisfechos con tan preciado botín, pues ya tenían la prueba del delito, ¡por fin tenían pillado al furtivo Demetrio!. Pero este, que de avispado tenía lo suyo, regresó raudo y veloz a Alcubierre, cogió el sombrero a Nicasio y por el cuartel de la guardia civil se pasó a saludar. Cuando la pareja de guardia civiles regresó, algo sofocados pero con la prueba del delito, no daban crédito a lo que les contaban, pues hacía un rato que Demetrio, completamente relajado, descansado y escoscado, se había pasado con su flamante y elegante sombrero.

La última pizca de Alcubierre

Deben de ser avispados estas gentes de Alcubierre y siempre muy acogedores si por sus lares caes, ¡pueden hacer gala de buen carácter!. Pero para quien no les conozca, a buen seguro que la siguiente costumbre y anécdota no les dejará indiferente.

            Dicen por todos los lugares, que es bien conocida y por todos reconocida, que la última pizca es la de Alcubierre. Pues cuando solamente queda la última pizca en el plato o fuente, a la gente siempre le da reparo cogerla; así que, en Alcubierre, discurrieron ingeniosa solución. Siempre apagan la luz y así nadie sabe quien coge la última pizca. Pero la verdad no deja ser algo a medias, ya que las manos acaban luchando entre ellas, con las luces apagadas, disputando la última pizca de Alcubierre.

Animales son amores

A Migueler tenía perros y hurones, le encantaban los animales y tenía una mano especial con ellos. A un perrito le enseñó ir  a comprar a la carnicería. Al perrito le colocaba una cestita con el dinero y lo mandaba de compras a la carnicería. Allí le colocaban el pedido y los cambios en la cestita y el perrito volvía a casa con el encargo para Migueler. El bueno del perrito nunca abusó de la gran confianza depositada en él y la suculenta carga siempre llegó a buen destino.

            Su habilidad también quedó patente cuando adiestró a dos perros en el ejercicio de la caza. Los perros iban solos a cazar, la primera pieza de caza era para ellos y las siguientes para Migueler.

            En una desafortunada ocasión, uno de sus perros se adentró en un corral ajeno y trató de montar una perra. El vecino los sorprendió, cogió una horca y mato al perro de Migueler. Este se enojó tanto que trató de rendir cuentas, pero al final desistió.

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Tío Migueler, un hombre de alturas.

El reto de la torre

Al Tío Migueler le encantaban los retos, desafiar a los más jóvenes y superarlos, en destreza y agilidad nadie le superaba, grandes dotes que su fama precedían. Aún contando con cierta edad, no dudaba de retar, lo llevaba en la sangre.

            La preciosa torre mudéjar de la iglesia de Alcubierre fue escenario de uno de sus mayores y rememorados retos. El desafío era ver quien subía antes a lo alto de la torre. Desafió a Manuel el guarnicionero a subir los más rápido a lo alto de la torre de Alcubierre y tocar la campana. El contrincante subía por las escaleras y Migueler trepando por el exterior. Migueler ganó la apuesta y esta hazaña dejó profunda huella en la memoria de Alcubierre.

            Hay que reseñar, tal y como dice Alberto Lasheras, que entonces la torre estaba muy deteriorada y presentaba numerosos entrantes y salientes que facilitaban extraordinariamente su escalada. Pero que nadie se engañe, esto no justifica ni infravalora su renombrada epopeya y que nadie se atreva a ponerlo en duda. Pues no hay mayor valor ni maestría que la que Migueler poseía.

Campanadas a mangazos

Durante la guerra las campanas de la iglesia de Alcubierre desaparecieron. ¿De alguna manera tenían que ingeniárselas par dar las campanadas?. Así, que buena solución idearon. Y como era de esperar, optaron por la única solución imaginable: cogieron una enorme llanta, la colgaron con una soga y con un mallo (una maza o martillo grande) fueron dando campanadas. Pero de tanto mallar, pues todas las horas debían de dar, la soga se rompió y la llanta disparada salió, rodando calle abajo hasta la plaza. Por poco no causó ninguna desgracia: ¡podría haber matado a alguien!.

Las campanas de Alcubierre

Las campanas se tuvieron que reponer a primeros de la década de los cuarenta. Las trajo Ángel Cisterna, que se dedicaba a carrear paja. Las descargaron al pie de la torre de la iglesia y Migueler y su hijo fueron los encargados de subirlas a la torre. ¡Todos los críos fueron a ver como subían las campanas!. Pero mientras subían una campana, la estructura del andamiaje cedió y una campana corrió un serio riesgo de caída, ¡estuvo a punto de caer!. Migueler, rápido y valiente, se descolgó por los andamios y consiguió amarrar fuertemente la campana a una soga, impidiendo que se precipitase al vacío. Evitaron una tragedia cantada y definitivamente pudieron subir las campanas que volvieron la alegría a la torre de la iglesia de Alcubierre.

            Para probar una de las campanas, el hijo de Tío Migueler se puso a bandear la campana con tanto brío que no la soltó y quedó agarrado a ella saliendo afuera del campanario y volviendo a entrar, al volver la campana al interior de la torre. Tuvo que tener gran pericia y agilidad mental para sujetarse bien y evitar que la inercia lo despidiese hacia fuera arrojándole al vacío. De tal palo tal astilla.

El pozal al pozo

Cuando un pozal caía al fondo del pozo llamaban a Migueler para que lo recuperase, ¡quién sino!. Descendía con gran destreza, apoyando la espalda en la pared  y con las piernas en la otra pared. Bajaba a los pozos y recuperaba los valiosos pozales que se caían en la localidad de Alcubierre.

            Una vez tubo que bajar para sacar un pollino, una mula joven que se había caído a un pozo. Las gentes del lugar trataron en vano de sacarlo con ganchos, ¡para haberlo matau!. Así que apareció Migueler y en un suspiro bajó al pozo, formó un braguero a modo de arnés atando al pollino y con una buena soga, correas y una garrucha izaron al pollino hasta ponerlo a salvo.

            En Alcubierre el agua de pozo contenía abundantes sales, así que no era apta para consumo humano. El agua de boca se obtenía de las balsas que recogían el agua de lluvia.

La virgen del pozo

Tanta fama tenía Migueler rescatando pozales de los pozos que, después de la guerra, lo llamaron de otro pueblo para rescatar unas imágenes religiosas de un pozo. Hay quien sitúa el hecho en La Almolda, otros en Monegrillo, aunque lo verdaderamente certero es que solo Migueler era capaz de tal empresa. Durante la guerra civil ocultaron en un pozo dos esculturas pequeñas de la virgen. Una era de yeso que se deshizo en el pozo y otra de bronce que fue la que rescató el Tío Migueler.

La burla a la muerte

Durante la guerra Migueler salía por la parte de atrás de su casa y burlaba el toque de queda de Alcubierre; ¡él salía cuando quería! pues Migueler era un alma libre difícil de dominar. Pero sus escapadas se volvieron conocidas en la localidad hasta que le estuvieron esperando, consiguiendo sorprenderle saltándose el toque de queda. A Migueler le acusaron de espionaje y lo llevaron detenido a Tardienta. Cuando su familia acudió a visitarlo, Migueler les entregó el reloj y alguna pertenencia creyendo que su fusilamiento era inminente e inevitable. Pero por suerte, una pariente conocía a un alto mando que le ayudo. Ella había trabajado de maestra en un pueblo del Somontano de Barbastro, donde él acudió a dar un mitin y le conoció al tenerle que entregar las llaves de la escuela. Al parecer, aquel encuentro dejó profunda impresión entre ellos. Ella lo buscó antes que ejecutasen a Migueler y gracias a su elevada posición en el ejército republicano, pudo interceder para que soltasen al pobre Migueler. Para ella y el militar fue el comienzo de una gran historia de amor, de vicisitudes y exilios, pero con final feliz. Para Migueler, ¡esta vez sí que esquivó la muerte de verdad!

            Migueler era bravo y valiente, aunque pecaba de cierta ingenuidad. Una vez, en la plaza mayor de Alcubierre se hallaba un miliciano de barba larga y con un aspecto fiero, bruto y feroz que infundaba razonado respeto y temor. A Alcubierre llegaban cientos de milicianos. El miliciano se encontraba sentado afilando un enorme machete cuando el atrevido Migueler, sin consideración alguna y con cierta inocencia, le soltó: “¡quiere que se lo afile yo, que afilo bien!”. Quienes apreciaron esa escena no pudieron evitar un frío escalofrío recorriendo sus cuerpos, afortunadamente, este hecho ya no tuvo más recorrido.

El ingenio como juego

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Juego de habilidad del Tío Migueler

Migueler debió de ser muy manitas, una de sus aficiones era realizar juegos de ingenio. Uno de aquellos juegos era una superficie con anillas por los que en determinados movimientos había que pasar un alambre. Migueler debió de ser un alma con inquietudes, retos y destrezas.

El tocino escoscau

Migueler era muy amigo de Julian Mene, de Gabarre y del cura de Alcubierre. De tanta amistad gozaba que no dudaba en pedirles consejo y opinión. Cuando en una ocasión el tocino le se puso malo a Migueler estos le dieron buena solución, ya que resfriado y fiebres podía tener, el tocino enseguida debía de bañar “¡y ya verás que pronto se recuperará!”. Y de esta manera, fiel a sus amigos, Migueler actuó y a su apreciado tocino bañó. Pero por causas del destino, la fatalidad provocó que el tocino a los pocos días falleciera. Cuando la gente le preguntaba a Migueler “-¿qué tal el tocino?-” este respondía: “Ni dios, ni el cura, ni Julián Mene me harán lavar el tocino otra vez!”.

La escopeta confiscada

Por orden de los militares republicanos presentes en Alcubierre, Migueler se vio obligado a entregar su querida escopeta en el antiguo cuartel de la Guardia Civil. Pero a Migueler no lo iban a privar tan fácilmente de su querida escopeta. Así que cogió la escopeta y la desmontó en tres partes: los cañones, la culata y la acción. Solamente entregó la culata y los cañones, así nadie la podría usar. Unos días después, aprovechando el barullo que había en el puesto de la guardia civil, un hombre salió con las dos partes de la escopeta y al trajinarlas y ver que eran inservibles las tiró. El hijo de Migueler lo vio y no dudó en recoger las partes y llevárselas a su padre, este se debió de alegrar, pero a la vez se molestó por el riesgo que había corrido su hijo.

La edad no perdona

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Tío Migueler por el puerto de Barcelona.

Sus atrevimientos le acompañaron durante toda su vida, sobretodo sus triquiñuelas con los cuerpos de seguridad. De hecho se llevaba bien con la guardia civil, pero la edad no perdona y esta vez si que cayó.

            Ya algo mayor, Migueler fue a cazar furtivamente con otro amigo. Se colocaron en una zona algo distantes, pero se veían. La guardia civil apareció de repente por detrás de Migueler y por muchas señas que le hizo el amigo, Migueler no se enteró y la guardia civil acabó atrapándolo. El Tío Migueler se estaba haciendo mayor e iba perdiendo oído, adquiriendo paulatinamente una cierta sordera.

Anécdota de Juliana Suñen Frantiñan

La bisabuela de Miguel Puivecino Suñen, Juliana Suñen Frantiñan, protagonizó un curioso encuentro que aún permanece en la memoria familiar. Una jovencísima Juliana volvía una vez  a casa cuando de repente se encontró con un hombre desconocido:

-¿A dónde vas pequeña?-

-Voy a casa corriendo, que me ha dicho mi madre que tenga cuidado que puedo encontrarme con el Cucaracha-.

-Pues ya puedes marchar tranquila, que esta noche al Cucaracha ya no te lo vas a encontrar-.

            Siempre supusieron que aquel hombre fue el bandido Cucaracha. Mariano Gavín Suñen, celebre bandido conocido como “El Cucaracha” que actuó en Los Monegros a principios de la segunda mitad del siglo XIX.

El Tío Migueler, la leyenda

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Recreación del Tío Migueler en la portada de Forbes.

A Migueler no le gustaba que nadie llevase las manos en los bolsillo: “¡rediós!, quítate las manos de los bolsillos”. Expresión que aún dijo estando en el lecho de muerte cuando un amigo le fue a visitar. Siempre las manos fuera de los bolsillos y las manos abiertas, nunca cerradas. El Tío Migueler no las podía ver en los bolsillos, sufría y carrañaba a quien las llevaba en los bolsillos. En ninguna fotografía se ve a Tío Migueler con las manos en los bolsillos ni con las manos cerradas.

            Cuando Tío Migueler falleció en 1960, por todo Alcubierrre y redolada se corrió la peculiar expresión: “Si no vuelve Migueler, es que no se puede volver”. Migueler había salido airoso de todas sus peripecias, pero de la última… Ágil, intrépido y audaz, nuca hubo hombre sin igual por estos agrestes territorios monegrinos. Tío Migueler es toda una leyenda.

            Por último y por finalizar, comentar que, tras arduas consideraciones, se ha considerado oportuno y prudente omitir una muy pertinaz consideración. Así pues, para evitar desconsideraciones, para nada comentaremos la extraña, rara y al parecer reiterada torpeza de las gentes de Alcubierre con las artes del pozo; pues por lo visto muy a menudo se les caían los pozales al fondo del pozo. Para no herir sensibilidades  y susceptibilidades ignoraremos y obviaremos la falta de destreza izando pozales de las gentes del lugar de Alcubierre, para así llevar a buen termino las dichas y venturas del Tío Migueler.

            A la memoria de Tío Migueler, que andará feliz por las alturas sin querer baja

 

               – FIN –

 

            Las historias del Tío Migueler son reales y responden a un trabajo de investigación realizado por Alberto Lasheras Taira y Joaquín Ruiz Gaspar.  Muy especialmente gracias a los testimonios de Miguel Puivecino, descendiente del Tío Migueler, nieto,  y Lola Bernal, mujer de Miguel. La publicación de «Las dichas y venturas del Tío Migueler» se ha realizado el 18 de enero del 2018 en conmemoración de su centésimo trigésimo aniversario de su nacimiento.

 

 

Carmen Nogués Cáncer


La memoria del pasado se ha transmitido generaciones tras generaciones pero los nuevos tiempos y la tecnología han ido rompiendo la correa de transmisión. Ellas atesoran la sabiduría, la herencia acumulada durante siglos que permitía sobrevivir con escasos recursos. Ellas guardan la memoria de los usos y técnicas tradicionales, una producción artesanal y casi de autosuficiencia del saber popular completamente ligada a nuestra tierra y a nuestra gente.

Carmen Rostro

            Carmen nació en Alcubierre el 18 de marzo de 1918. Su padre Rafael Nogués Pérez (1880-1966) descendía de una casa pobre y su madre Justa Cáncer Gracieta de casa de labradores. Rafael fue ganadero, llevaba ovejas pero también fue tratante, gozó de gran inteligencia y ello le permitió prosperar. Además, Rafael fue alcalde y juez de paz de Alcubierre. El padre de Rafael murió cuando este contaba con tan solo tres años, y él y su hermana se vieron obligados al auspicio, desde muy pequeños aprendieron a ganarse la vida. Rafael fue a Madrid en 1929 a reunirse con los diputados liberales Romanones y Portela Valladares. En 1931 Rafael construyó un corral enorme, vendía los corderos y montó dos carnicerías en Alcubierre. Tanto su madre Justa como Carmen trabajaron en las carnicerías. Del matrimonio nacieron dos chicas y dos chicos, aunque el mayor murió a los doce años, quedando Luis, Ascensión y Carmen.

            A la escuela Carmen acudió desde los seis años hasta los catorce, habían construido el ayuntamiento de Alcubierre y a cada lado estaba la escuela. En un lado los chicos y en el otro las chicas. Por las mañanas estudiaban las diferentes materias y por las tardes les enseñaban labor. También se separaban los chicos de las chicas cuando iban a la iglesia, era normal las mujeres delante y los hombres atrás. Entonces eran cuarenta en la escuela, aunque muchos abandonaban la escuela para trabajar de pastoretes o criadetas, a muchas familias les tenían que llamar la atención para que llevasen a sus hijos a la escuela. “Primera, segunda y tercera sección”, también había clases nocturnas para niños que tenían que trabajar. Carmen recuerda llevar una pequeña caldereta, una estufeta, una pequeña caja metálica que llenaban con brasas, normalmente de la panadería, con una rejilla sobre la que ponían los pies para calentarse.

            De pequeña jugaba con muñecas, a saltar a la comba, a marro con la pelota, a hacer casetas… con todo hacían juguetes “¡ah! y los chicos les mandaban papeletes en clase”.  Carmen no era muy atrevida pero le gustaba ir con las más atrevidas “había mucho hambre y eso hacía que la gente fuese atrevida”. Le gustaba ir a ver los patos nadando en la balsa grande, donde está el molino, iban después de la escuela. También iban hasta el Balsón, a coger moras a una gran morera que había en la balsa.

            Estaba el Plegadero, la plaza donde se juntaban los jornaleros antes y después de enganchar a trabajar. En la plaza había antes una gran balsa que ocupaba casi toda la plaza, la taparon con sarmientos y enrona. También, de cada casa salía una o dos cabras que juntaba el cabrero, a las siete de la mañana tocaba el cuerno y las llevaba al monte, después volvían a casa solas. Rafael, el padre de Carmen dejó un rebaño de 1000 ovejas cuando se jubiló y se lo vendió a los Basilianos.

            Carmen es pura memoria, recuerdos vivos de la historia reciente de Alcubierre. Mucho ha quedado relegado al pasado, al olvido, una forma de vida tradicional y muy arraigada que constituye un patrimonio de incalculable valor. Carmen mantiene vivo el recuerdo de las casas cuando se llenaba todo de polvo blanco de moler el yeso, de los hornos de yesos. Recuerda las rondas de Alcubierre “siempre había rondas”, el Tío Patricio Jordán cantaba acompañado de guitarras y los chicos iban a rondar a las chicas. Se hacían bailes, los jóvenes aprovechaban para festejar, había músicos en el pueblo que tocaban en el baile: la guitarra que tocaba el ciego Lorenzin, Franchón el violín y el tío Pascual Lasheras el piano. También se contaba que había habido dance, Carmen había escuchado de pequeña que antes se decían dichos y motadas, donde salía a relucir todo lo que pasaba en el pueblo y además estaba casa el gaitero,  de “Pascuala la gaitera”.

            En aquellas rondas se recitaban preciosas coplas, algunas picantes y otras verdaderas obras de arte. Carmen nos recuerda algunas. En casa Ruata había seis chicas, además muy guapas a las que el Tío Patricio les rondó la siguiente copla: “Estas si que es casa, casa/ esta si que son paredes/ donde está el oro y la plata/ y la sal de las mujeres”. A la hermana de Carmen, Ascensión, le cantaron cuando era jovencita: “Capullito, capullito/ ya te vas volviendo rosa/ y la va siendo momento/ de decirte alguna cosa”. Y a potra chica de Alcubierre: “Esta es la calle del aire y el rincón del remolino, donde se remolinea, tu corazón con el mío”.

            Un suceso que causó gran revuelta en Alcubierre fue la irrupción de mosen Pedro en el baile. Entró enfurecido y gritando en el baile mientras la gente se escondía tras las sillas y las mesas, entró con el santo cristo y con dos monaguillos, obligando a que se posasen de rodillas y criticando que se bailase en cuaresma.

            Al acabar la escuela Carmen se puso a trabajar en una de las carnicerías familiares. Llevaban los corderos al matadero municipal y después los llevaban a hombros a la carnicería. La carne tenía que estar sellada por el servicio veterinario y el alguacil pesaba los corderos y se pagaba un porcentaje al ayuntamiento; “y cuando iban a Zaragoza les cobraban por la mercancía que llevaban”. Para llevar bien la cuenta de lo que fiaban en la carnicería, cortaban una caña por la mitad e iban haciendo muescas que tenían que coincidir.

            Cada casa tenía su mote: “píe de burra”, “matalobos”, “chinchetas”, “pifote”… Pifote viene de persona de fácil enfado, de  empifotarse: enfadarse por algo banal. Estaba casa la comadre, una mujer que atendía los partos, la gente pagaba lo que podía.

            Su marido Pedro Sos Pérez llegó a Alcubierre como secretario en 1940. Al principió no tenía plaza fija así que también ejerció de secretario en Castejón de Monegros y en Lanaja. Aquello le obligó a tener que ir en bicicleta desde Lanaja a Alcubierre para festejar con Carmen, era muy madrugador y a las 6 de la mañana ya llamaba desde la calle a su amada Carmencita. Al casarse, en 1945, cogieron a una chica para la carnicería y Carmen se quedó trabajando en casa. La nueva carnicera, Carmen Cáncer “Carmen la carnicera” acabó casándose con Luis Nogues, hermano de Carmen Nogues.

            En Alcubierre estaba la posada del Centro, donde se alojaba la gente más pobre, con aquellos burricallos, burros pequeños y enclenques. Desde Sariñena acudía el Tío José Cano a vender hortalizas y verduras, productos de la huerta, “aquí, en Alcubierre, no había hoja verde”. Había muchos males por la mala calidad del agua, se bebía agua de balsa, como en la gran parte de Los Monegros y se producían muchos quistes hidatídicos. Aragón fue una comunidad con gran incidencia de quistes hidatídicos. En cada calle había un pozo público, pero el agua era salina, en invierno en las plazas patinaban. Los patios se limpiaban con excrementos de las caballerías, los cagallones se mantenían algo húmedos y contenían abundante paja, los esparcían por el suelo y al escobar sacaban brillo de los suelos.

            Durante una lifara nocturna en casa de Lorenzin, una vez se halló presente José Gavin Casaus, “El Pajarito”, quien formó parte de una banda de pistoleros. José extendió una gran suma de billetes sobre la mesa, de un atraco en Barcelona, y les dijo a  los presentes: “mira, vosotros sudando sin parar de trabajar y no tenéis un duro y yo en una noche”.

            Algunas mujeres marchaban a servir a casas, se hacían modistas o trabajaban en el campo. Muchas que trabajaban en el campo se ponían unos manguitos en los brazos y un pañuelo sobre la cabeza para que no les tomase el sol, preservar la piel blanca era síntoma buen posicionamiento social. Existían las respigadoras, mujeres que iban detrás de los segadores recogiendo las espigas. Algunas de las criadas de casa Ruata dormían en las cuadras de la casa, con las mulas.

            En Alcubierre había Almendreras, olivares y vid.  En la placeta de las Cuevas, en honor a Enrique de las Cuevas, quien dirigió la repoblación, se juntaba el rebaño de cabras, la vicera (o la vecera).

Muchas que trabajaban en el campo se ponían unos manguitos en los brazos y un pañuelo sobre la cabeza para que no les tomase el sol, preservar la piel blanca era síntoma buen posicionamiento social.

Durante la guerra carmen se fue al monte con su familia. El día de San Juan, el 24 de junio de 1937 a las 10:00 horas ya dijeron por el pueblo que iba a ser un día inolvidable, que iba a haber un bombardeo terrible y así fue. Tropas republicanas habían formado en la plaza de Alcubierre, incomprensiblemente se mandó que mantuviesen la formación y el bombardeo terminó causando un elevadísimo número de bajas. Hay testimonios que narran que una bomba cayó en la balsa del pueblo y las ranas aparecieron estampadas en la torre de la iglesia. Carmen se encontraba en casa Calvo, donde entonces habían instalado la cooperativa de la colectividad, y la pila de lavar salió disparada hasta la balsa. Después apareció un escenario desolador, muertos por las calles, casas derrumbadas, cables caídos… Durante la guerra quemaron el archivo municipal, el archivo parroquial y el retablo de la iglesia, del fuego que hubo se desprendió parte de la bóveda.

Carmen Nogues (7)

Joaquín Ruiz, Alberto Lasheras, Pedro Sos, Carlos Sos y Carmen Nogues.

            Carmen y Pedro tuvieron dos hijos: Carlos y Enrique. Con mucho sacrificio y trabajo lograron que los dos tuviesen estudios universitarios, Pedro tuvo que ejercer por las tardes de secretario en otros pueblos. Carmen siempre le decía a Pedro: “si pides pueblo que tenga huerta”. Pedro era muy culto y muy inteligente, le encantaba la música, su padre “Enrique Sos Bustos” fue compositor y director de la banda de Albacete. Cuando se jubilo depositó su batuta de plata en el Tesoro del Pilar.

            Hay recuerdos para el tío Migueler, Miguel Puivecino, un hombre ágil y audaz que subió más rápido trepando a la torre de la iglesia de Alcubierre que otro por las escaleras. Migueler era a quién llamaban cuando un pozal se caía al fondo del pozo y de quién decían “Si Migueler no vuelve del otro lado, es que no se puede volver” (Al otro lado se refiere a la muerte).

            A San Caprasio subían con carrozas, subían las cuadrillas del pueblo como ahora. Entonces se tardaba tres horas en subir, arriba se hacía misa y se comía, luego otras tres horas para bajar. Subían también desde Farlete y Perdiguera, desde Alcubierre se hacía una parada en la caseta de los catalanes para almorzar, una caseta de cazadores catalanes antes de empezar la subida a San Caprasio. El 1 de noviembre, la noche de ánimas el sacristán subía al campanario con un barral de vino y chullas de jamón, tocaba toda la noche a muerto. Había un santero, vivía por el barrio del hospital y estaba la casa del rezador que solía llevar la virgen. A las doce del mediodía tocaban el Ángelus, la gente paraba y se descubría la cabeza, se quitaban la gorra o la boina y rezaban. A las dos iban a la escuela y a las cuatro salían, iban a la iglesia, se cubrían con la mantilla y rezaban el rosario, luego ya salían a jugar. El domingo había misa primera, a las seis de la mañana misa rezada para las criadas y jornaleros y a las once la misa mayor, misa cantada para la gente más acomodada. “A perdiz por barba y el otro a patatas”.

            Carmen se fue la primera alcoberreña que se casó abiertamente de blanco en Alcubierre, primero fue una de casa Ruata. Fue en noviembre y generó cierta expectación “mañana no iremos a coger olivas que iremos a ver la boda”. A los zagales y zagalas se les daba peladillas, como obsequio por la boda, cosas sencillas como la vida misma. Recuerdos y testimonios de una forma de vida que dejamos atrás, que forman parte de nuestra esencia y que ahora desterramos como si fueran prescindibles, pero es la vida misma, la vida real, la que ha construido durante generaciones nuestras sociedades rurales, con los pies en la tierra y el sudor en la frente.

            Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que va relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas gracias a Carlos Sos, Pedro Sos y Alberto Lasheras.

Trinidad Capistros Becana


Su familia, su casa, sus recuerdos y ella, Trini. Una mujer puntal de su familia, cercana y querida por los suyos. Trini ha sido muy feliz y ha querido mucho a su marido, con trabajo nunca les ha faltado de nada. Se ha ganado la vida con sudor, sabiendo que todo tiene su esfuerzo y que al final la felicidad es la satisfacción de haber salido adelante y estar junto a los suyos.

Trini Rostro

Trinidad Capistros

            Hija de labradores, Trinidad nació en Robres el 21 de enero de 1930. Su madre tuvo 14 hijos de los que solamente sobrevivieron cinco chicas, Trinidad y sus cuatro hermanas. Las cinco han vivido en Robres, aunque alguna vez han tenido que salir fuera a ganarse la vida sirviendo en otras casas.

            En casa tenían mucha viña, incluso a veces no tenían suficiente sitio para guardar el vino que producían; además tenían oliveras y campos de secano. A Trinidad nunca le gustó ir a la escuela, fue hasta los catorce años, pero en cuanto podía se iba al campo a ayudar a su padre: a vendimiar, a podar, a recoger fajuelos, a recoger las gavillas, a llevar en bicicleta la comida a la siega…

            En casa, en una pequeña cueva se encontraba la zolleta y durante la guerra la convirtieron en refugio: “era el lugar más seguro”. Cuando sonaban las sirenas corrían a refugiarse a la zolleta y con un colchón tapaban la entrada. En un bombardeo se taponó la entrada y su tío tuvo que abrir una salida al pajar de al lado. En aquel bombardeo, Robres quedó muy destruido: “Esos recuerdos nunca se olvidan, madres que lloraban la marcha de sus hijos, familias en carros que escapaban… el frente estaba muy cerca.”

            Durante su niñez compraban un kilo de naranjas por un kilo de trapos, jugaban al corro de la patata, a escondrijos, a las tabas, a muñecas de trapo y les hacían vestidos. Trinidad recuerda como desde Sariñena acudían a comprar hierro. En Robres cada casa tenía su pozo, el agua la usaban para lavar y para fregar. El agua de boca la iban a buscar a las balsas, principalmente a la balsa buena y a la balsa nueva. Cuando llovía recogían el agua que bajaba por el barranco y llenaban las balsas. En el pueblo había tres carros con cubas grandes que se arrendaban para ir a buscar el agua, la llevaban a la balsa y con cubos la llenaban. Gracias a casa de su madre tenían caballería, dos yeguas y una mula muy nerviosa, con ellas realizaban trabajos agrícolas y acarreaban agua. Una vez en casa llenaban las tinajas y la almacenaban. Cuando la consumían la colaban, colocaban un paño, un ziazo, para que no pasasen los cuquetes: “el agua no se estropeaba nada”. Trinidad aún se acuerda cuando se lavaban en un balde, se aclaraba el pelo con agua con un poco de vinagre y desinfectaba las posibles liendres y piojos… La ropa se lavaba en casa, en el bación, y la aclaraba en el pozo y años más tarde en el abrevadero.  Cuando llegó el agua a Robres pusieron una red de fuentes y con los años ya llegó directamente a las casas.

            A los diecisiete años marchó a servir a Alcubierre, a casa del médico. A Trini le daba mucha pena dejar su familia y su pueblo, siempre ha sido muy familiar, estar con los suyos y, aunque estuvo poco tiempo y cerca, no dejo de enviar cartas a casa para mantener el contacto. Estuvo poco más de dos meses, hacia faenas del hogar y abría la consulta recibiendo a los pacientes. También marchó a servir a Zaragoza, de niñera a cuidar los cuatro hijos de una familia. Aguantó un año y pronto se volvió a Robres, pues por aquellos tiempos ya cortejaba con su futuro marido. Había que marchar a servir, te daban alojamiento, comida y algún dinero, así se quitaba una boca que alimentar en casa.

            La hermana mayor aprendió costura, ejerció de modista y enseñó a Trini a coser: “Antes si se rompía la albarca se cosía con liza y un punzón”. En casa tenían su propio horno donde cocían su pan, hacían aceite y vino, uvas pasas, higos secos y tenían su pequeño huerto. El huerto lo tenían en casa y lo regaban gracias al pozo, con una carrucha sacaban el agua a pozales. Tenían tocinos, ovejas, gallinas, pollos, conejos y cabras que apacentaba un mozo del pueblo con el resto de cabras de Robres: “sólo se bebía leche de cabra, no había otra”. Su tío era muy leñero, recogía ontinas, aliagas, fajuelos de la vid y si podían hacían algún pino si dejaban por Leciñena. En casa vivían ocho personas: las cinco hermanas, los padres y el tío. A su padre le gustaba mucho trabajar en el campo, tenían una caseta de labranza en el campo donde tenían las oliveras y la viña. Trinidad de niña iba a llevar la comida al campo y a dar la gavilla en la siega y a trillar a la era, “¡hacía mucho calor!”.  Por la sierra tenían unas fajas por Pui Ladrón (San Simón/ Las tres Huegas), estaba lejos y tenían que quedarse una semana segando, se quedaban en una caseta que tenían en el monte junto a una balseta. Bajaban ya con el grano, trillaban y aventaban en el mismo monte. Trinidad heredó de su padre las ganas de ir al campo

            Trinidad se casó a los veintiún años con Alberto Tolosana, tras dos años de noviazgo. Como las mujeres de su época, Trini se casó de negro. Alberto era de casa de agricultores, casa a la que fueron tras contraer matrimonio. Allí vivieron con su suegro y una hermana de Alberto, la casa estaba algo vieja y tenían pocos recursos. Era una casa vieja de adoba, con suelos de tierra y abajo tenía una pequeña bodega con las tinajas y toneles. Hacía poco que habían puesto la luz y aún recuerda como en casa de su madre iban con el candil de aceite y la lámpara de carburo.

            En 1945 compraron una vaca y dos terneros, por lo que comenzaron a ir vendiendo leche a algunas casas vecinas. Pronto vendieron los terneros y compraron otra vaca, llegaron a tener ocho vacas y hasta un despacho de leche que vendía  a todo el pueblo.

            Su marido Albero aprendió a escribir a maquina a pesar de tener el brazo derecho malo, sabía escribir y leer: “pequeño pero listo y trabajador”. A veces Alberto iba a esquilar con un tío suyo, a tijera, para ganarse algo de dinero. Con el tiempo se compraron un tractor y fue haciendo faenas para otros, mejoraron mucho su situación y pudieron construirse una nueva casa.

            Han viajado mucho, a la montaña y viajes con el Inserso a Mallorca, Canarias, Benidorm…. En Robres iban mucho al hogar del jubilado, Alberto fue presidente de la asociación de la 3ª edad. En verano se salía a tomar la fresca y se hacía hasta alguna cena conjunta. Fruto del matrimonio nacieron Aurora y Ángeles.  Trini siempre ha sido muy familiar y le gusta que le vaya a visitar su familia. Su marido falleció el año pasado y de él guarda muchos recuerdos y cariño. Puro ejemplo de mujer de profundas raíces monegrinas.

       Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que va relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas gracias a Silvia Herrera.

 

Esperanza Pérez Ancho  


La dedicación en los negocios siempre ha implicado a toda la familia y en el mundo de la hostelería la implicación es absoluta. Esperanza trabajó en la taberna de sus padres desde bien chica y esa herencia le ha acabado acompañando toda su vida. Una mujer de esfuerzo y de lucha, de tesón y emprendimiento que nunca nos dejará de sorprender.

Esperanza Pérez

            Esperanza Pérez Ancho nació en Sariñena el 12 de mayo de 1952. De casa Ancho, su abuelo Ramón Ancho fue guardia civil y además llevó una taberna muy pequeña, con una mesa y un banco, a la que se accedía a través de un patio. Fueron los inicios de la “Taberna Casa Ancho” de Sariñena.

             El padre de Esperanza, Casildo Perez era de Villarroya, un pueblecito cerca de Arnedo, La Rioja, y vino a Sariñena a montar la fabrica de mosaicos Hnos. Pérez. En Sariñena conoció a Paquita Ancho y fruto del matrimonio nacieron Esperanza y Carlos Pérez Ancho. El matrimonio continúo con la taberna casa Ancho, la reformaron y le dieron entrada desde la calle: «la taberna pasó a ser café bar». Estaba la  bodega de venta de vinos, cervezas, refrescos etc. Para refrescar al principio traían grandes barras de hielo, mas tarde compraron una nevera que después de 40 años seguía funcionando.

            Paquita principalmente llevaba la cocina de la taberna, preparaba callos, caracoles, bacalao, anchoas, sardinas de cubo… Esperanza pronto comenzó a trabajar en la taberna y desde que tuvo fuerzas para coger una botella ya llenaba botellas y botos de vino del tonel. En casa Ancho vendían vino a granel. 

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Los balcones de Paquita, cuadro de Jorge Casasnovas.

 

Casa Ancho lucía rebosante de plantas y flores que colgaban de los balcones. «Paquita era una enamorada de las flores y tenia más de 200 macetas, eran sus amigas.»

 

 

            Con un tocadiscos ponían jotas y a Manolo Escobar, entre mucha música de la época, “entonces la gente cantaba mucho, principalmente jotas”. Se jugaba a las cartas, sobretodo por las noches y a puerta cerrada. También se jugaba al siete y medio y al póquer. Esperanza recuerda la primera televisión que compraron, mucha gente se acercó al bar para la ocasión e incluso pusieron las sillas como si fuese un cine para que la gente viese la televisión. Se bebía en porrón y cuando se podía se discutía de política, siempre en voz baja y callaban cuando la pareja de la guardia civil pasaba por la calle.  A Esperanza le gustaba mucho escuchar a la gente y muchos querían hablar “échame un vaser de vino” y aprovechaban para contarle cosas. Se vivía mucho en la calle, había mucha vida y por las noches la gente salía a las calles para tomar la fresca.

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Esperanza con sus padres en casa Ancho.

            En una libreta se apuntaba lo que consumía la gente que iban a “semanadas”, iban apuntando cada consumición hasta que al final de la semana se pagaba todo,  “algunos clientes eran los que iban a fiar, pero eran los menos”. Casildo iba a catar  el vino en bicicleta, a Castejón, La Almolda,  etc.., después lo iba a buscar con toneles de madera alquilando un camión. En casa lo probaban todos, su madre, su hermano y Esperanza: “Siempre lo compraba seco y recio, porque  se guardaba mejor y gustaba mas a la gente del campo, se vendía moscatel, vinagre y vino rancio, nuestra madre nos daba novenas (nueve días) de yemas de huevo batido con el vino viejo  (o rancio como lo llamábamos entonces) por las mañanas… yo creo que tengo buen color desde entonces..”. Para merendar era normal el pan con vino, o con aceite, o con agua y azúcar y de niña era costumbre cambiar trapos por naranjas a un vendedor que venía desde Valencia.

            Su padre Casildo vendía hortalizas, sardinas de cubo “con un periódico las golpeaban para quitar las escamas”, cecina, bacalao…. Sembraba los cacahuetes y los tostaba en casa, los media con un almud y los vendía.

            A la escuela Esperanza no faltó nunca, comenzó con las monjas y después pasó a las nacionales. Allí les daban leche en polvo y queso como complemento alimenticio. Las clases estaban separadas entre chicos y chicas y a ellas les enseñaban costura y cocina por las tardes. Cuando acabó la escuela, sobre los quince años, se quedó ayudando a Don. Fausto, maestro director de la escuela y marido de Carmen Dueso Pueyo. Aprendió mecanografía y ejerció como ayudante del entonces director de la escuela Don Fausto.

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            Al tiempo, Don fausto le recomendó para trabajar para la Lechera Catalana-Rania, la central lechera que se instaló en Sariñena. Primero tuvo que marchar a Barcelona para formarse y trabajó en el laboratorio donde analizaban la leche. En Sariñena trabajó unos ocho años hasta que cerró, por lo que se volvió a Barcelona donde continuó trabajando cuatro o cinco años más. A Barcelona marchó junto a su marido Luis, quien trabajó como repartidor, y su hijo Sergio, allí nació su hija Sara.

            En Sariñena, en la Rania se recogía la leche de las vaquerías, se enfriaba y se metía en cisternas para llevar la leche a Barcelona. Esperanza se llevaba trabajo a casa, sentía que tenía que estar a la altura y eso le hizo trabajar mucho más de lo que le correspondía.

            Estando en Barcelona compraron un tractor y todos los fines de semana Luis volvía al pueblo a labrar y luego cogieron tierras en arriendo en la montaña. Estuvieron diez años, en la década de los ochenta, en Jabierre de Olsón, pequeña localidad sobrarbense, donde vivían tres familias. Llevaban tierras y hacían mucha leña para nivelar y arreglar los campos. Esperanza cargaba los camiones mientras Luis cosechaba, una vez le llegaron seis camiones para cargar, pero el último se negó a que le cargase una mujer. Esperanza no pudo menos que instarle a que esperase a que Luis terminase de cosechar y ya le cargaría él, pero pasaron unas cuantas horas y el camionero tuvo que aceptar que le cargara Esperanza.

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            Luego volvieron a Sariñena, han trabajado muchísimo, emprendiendo negocios que con enorme esfuerzo han ido sacando adelante. En su casa llegaron a alojar a gente, hasta tres habitaciones llegaron a tener ocupadas y Esperanza les hacia la comida y limpiaba las habitaciones. Construyeron un secadero, granjas, una explotación de terneros mamones, han llevado tierras, han plantado remolacha y cebollas… y regentan dos bares de la localidad. Y aunque los últimos años el trabajo ha sido más de gestión, no ha dejado de realizar faenas agrícolas o de tener que dar leche a los terneros.

            Siempre ha leído mucho y le ha gustado escribir, tiene escritos cantidad de poemas que algún día espera publicar. Hace años participó en un concurso de poesía que celebraba la asociación cultural del Casino de Sariñena, ganó más de un premio como una maquina de escribir o lotes de libros.

            Esperanza lleva once años luchando contra el cáncer, consiguió derrotar un primero tras cuatro años de lucha, pero un segundo le hace librar una dura y larga batalla que afronta con firmeza y serenidad. Ha sido premio Gabardera 2012 a la mujer emprendedora, que concede la Coordinadora de Asociaciones de Mujeres de Los Monegros. Como dijo Margarita Périz, entonces presidenta de la coordinadora, “a su faceta de empresaria hay que sumar el ejemplo vital de superación”.

        Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que va relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas gracias Esperanza.

 

Inocencia Salillas Vived


Inocencia es una mujer que ha trabajado toda su vida, activa y dinámica que continúa redescubriendo la vida, creando verdaderas obras de arte con la talla de madera. Ha trabajado en el campo, en el cultivo de la remolacha, cuando la mujer desempeñaba un papel fundamental en la agricultura. El trabajo de la mujer rural fue vital para el desarrollo familiar y social de nuestros pueblos, un pilar que sustentó las precarias economías rurales. De la mano de Inocencia, nos acercamos al esfuerzo, a la dedicación, al trabajo y al cariño por nuestro pequeño mundo que nos rodea.

Inocencia Rostro

 

            Inocencia nació un 28 de agosto de 1938 en Lanaja, aunque su vida ha transcurrido principalmente en la localidad monegrina de Grañén. De casa de “Los Simpato”, su padre Lorenzo Salillas se dedicó a la fabricación de tejas, las hacía a mano y fue hermano del famoso corredor Julián Salillas. Julián Salillas fue un corredor muy conocido en su época por participar y ganar carreras pedestres “corridas de pollo” en los años treinta, el ganador ganaba tres pollos, el segundo dos y el tercero un pollo. Julián también corrió la tradicional y singular carrera del hombre contra el caballo de Lanaja y trabajó de guarda de caza por la sierra de Lanaja.

            Su madre Gregoria Vived, de familia de guarnicioneros tuvo un primo muy reconocido por su trabajo de guarnicionero, que ejerció en la localidad monegrina de Huerto. Fueron ocho hermanos, cinco chicos y dos chicas. Inocencia fue muy poco a la escuela, pues tuvo que ayudar en casa y cuidar de sus hermanos. En Lanaja vivió cerca de tres años, pero el trabajo de tejero de su padre les llevó por diferentes lugares. De Lanaja, la familia Salillas-Vived, marchó a Lalueza, luego a Grañén y al poco a Tormos, donde estaban construyendo el embalse de La Sotonera. Cuando llegaron a Tormos, Inocencia contaba con unos siete años y trabajó ayudando a su padre ante la gran demanda de tejas que requería la construcción del nuevo pueblo de colonización de Ontinar de Salz. Inocencia iba a preparar el barro, lo pisaba como las uvas para hacer vino, luego lo cortaba con una enorme cuchilla de más de un metro de larga y más de siete kilos de peso. Las tejas las horneaban, Inocencia iba a buscar leñas para alimentar el horno, quemaban lo que podían: carrizo, coscojo, ontinas, sisallos, paja…

            En Tormos aún fue algo a la escuela, como el trabajo de tejero implicaba vivir a las afueras del pueblo, para Inocencia era una forma de juntarse con amigas y jugar, sobretodo a las tabas. Pero Inocencia no aprendía mucho, del “a e i o u” pasaron al “mi mama me ama y mi mama me ama a mí”. Le mandaban a buscar leñas para la escuela, iban al borde del embalse y recogían aliagas, con el pie las apretaban y las ataban haciendo fajos. Se llevaban más de un pinchazo e Inocencia aún no entiende como algún día no cayeron al embalse, arriesgaban mucho. Las aliagas las llevaban a la escuela donde al final se acababan calentando los niños de las casa ricas, mientras los pobres recogían la leña. Al final, la madre de Inocencia la sacó de la escuela: “para que se calienten los hijos de los ricos, que se calienten tus hermanos”.

IMG-20171104-WA0008            Con la llegada de las cerámicas el trabajo artesanal de tejero desapareció. A los catorce años, Inocencia comenzó a trabajar con la remolacha y a arrancar lino. En Grañén la remolacha fue un cultivo muy importante y ocupó a muchas mujeres. Se cargaba en el tren y se llevaba a la azucarera de Monzón. Inocencia trabajaba plantando la remolacha y la recogía en invierno, hacía mucho frío. Cando se recogía se “escoronaba”, se quitaba la corona de la remolacha. Para calentarse se daban repetidamente palmadas en la espalda, con gran energía para tratar de entrar en calor. A veces hacían alguna pequeña hoguereta, pero no podían estar mucho rato paradas, tenían que trabajar. Les pagaban 25 pts al día, más medio pan que el sábado se concretaba en tres panes que alimentaban, durante toda la semana, a la familia Salillas-Vived. Para plantar la remolacha, Inocencia se ataba un saco a la cintura donde guardaba la planta que una a una iba plantando. Para la recolección se tenía que inundar de agua el campo, como si fuese arroz, “se arrancaba con el agua hasta las rodillas”. Había dos clases de remolacha, una forrajera, para los animales, y otra para azúcar.

            Jesús y Félix, hermanos de Inocencia recuerdan aquellos años: “entonces si que había crisis, se pasaba mucha hambre, la comida estaba muy racionalizada y había que estirarla para al menos comer un poco cada día”.  Félix marchó muy joven a trabajar de cabrero por la sierra de Alcubierre, vivió un tiempo en Lanaja pero pronto se volvió para trabajar haciendo tejas con su padre y aunque trabajaba igual que él, ganaba muchísimo menos. Se hacían los pitos, las canicas, de barro y los cocían en el horno con las tejas, también hacían comederos y bebederos para gallinas y pollos. Entonces el colchón era de cascarota del panizo.

            Inocencia trabajó sirviendo en casas de Grañén, limpiando, cocinando, lavando… los cristales los limpiaban con periódicos. También sirvió en una casa de Tramaced, mientras un hermano suyo se dedicó a realizar labores del campo, a Inocencia más de una vez le tocó ir a espigar.

            En tiempos Inocencia fue a huronear, a cazar conejos para comer, en casa siempre han tenido huerto, gallinas, pollos, tocinos y vacas. En 1959 se casó con Julián Gracía, descendiente de Bespén. Han vivido en una torre próxima a Grañén, Torre Bespén. Al principio tuvieron bueyes de labrar y después se pusieron vacas de leche, su marido las ordeñaba a mano. Inocencia fregaba hasta 34 cantaros de leche cada día, hasta que cerró la RAM, “Sacabamos el fiemo a carretillos hasta que nos compramos una pala para el tractor”.  Actualmente la explotación continúa en manos de uno de los dos hijos que tuvieron, dedicándose a la cría de terneros. El otro hijo se dedica a la fabricación de remolques.

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            Inocencia participó en el programa Zarrios de Aragón televisión y siente una gran afición por las antigüedades, gran parte de su tiempo lo dedica a la restauración. Pinta y trabaja la madera con gran maestría, es toda una artista en la talla de madera, laboriosa y perfeccionista crea obras maravillosas llenas de esfuerzo y cariño que dan un valor extraordinario a sus múltiples y variadas creaciones. Una gran mujer por descubrir.

               Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que va relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas gracias Inocencia.

 José Paraled Domingo


José Paraled Domingo, de Casa Paraled, responde a una figura ilustre sariñenense de la segunda mitad del siglo XIX, comendador de Isabel la Católica, condecorado con la cruz del mérito militar, diputado provincial y alcalde de la mismísima Villa de Sariñena.

Casa Paraled Sariñena

Casa Paraled, plaza San Salvador. Sariñena.

José Paraled Domingo nace en Sariñena en 1844 y fallece el 29 de junio de 1899, a los 55 años de edad, descendiente de José Paraled Hurtado y Silveria Domingo Audijon, José Paraled se casa con Juana Sarrate Budíos, natural de Sariñena nacida en 1842 y fallecida el 5 de abril de 1896, a los 54 años de edad.

Paraled Domingo - Sarratye Budios

El matrimonio tiene cinco hijos, los dos primeros Silvestra y José quienes fallecen a muy corta edad y luego José, fallecido a los cinco años de edad, Joaquín y Santos.

Familia Paraled Domingo - Sarratye Budios

«Ha fallecido en Huesca el comerciante D. Joaquín Cajal y Escartín; en Sariñena el joven D, Paraled y Sarrate.»

Diario Mercantil de Zaragoza, 7 de agosto de 1895.

Vida política y social

En agosto de 1876 José Paraled se presenta como candidato a sustituir al diputado provincial Joaquín Penen, tío de José Paraled, y en 1879 José Paraled es nombrado Alcalde-presidente del Ayuntamiento de Sariñena: “El Sr. Paraled, rico propietario de aquella villa.” (Diario de Huesca del 5 de julio de 1879).  Además, José es presidente del “Círculo de amigos de Sariñena”.

En las elecciones del 14 de septiembre de 1884, José Paraled ocupa el tercer puesto como candidato a diputado provincial por el distrito de Fraga-Sariñena. Forma parte del grupo conservador liderado por Anselmo Sopeña y Manuel Andreu, aunque este ultimo al final no se presenta. En el escrutinio oficial, del distrito de Fraga-Sariñena, José Paraled arroja 3588 votos, muy detrás de Manuel Camo (5428 votos), Anselmo Sopeña (4660 votos) y Pedro Barbér (4072 votos). De este modo, el 3 de noviembre de 1884 queda constituida, a las doce del mediodía, la Diputación interina de la Diputación Provincial de Huesca: “Bajo la presidencia del Gobernador civil de la provincia. Han asistido los antiguos diputados señores Valles, Pedros, Lasierra, Aliod, Loscertales y Gasós y los electos Lalaguna, Ripa, Lacadena, Gastón, Barber, Camo, Paraled, Vilas, Sangenis y Abad.” (Diario de Huesca – 3 de noviembre de 1884).

A partir de diferentes textos rescatamos hechos relevantes en la vida de José Paraled Domingo, de la llegada del teléfono a Sariñena a las reivindicaciones del puente sobre el Alcanadre, de carreteras y necesidades comarcales hasta su fallecimiento en 1899.

Cruz de primera clase del mérito militar

José es reconocido con la Cruz de primera clase del mérito militar por sus servicios prestados ante la irrupción de partidas carlistas en la población, cuando ocupaba el cargo de teniente alcalde: «Merced á las gestiones hechas por el diputado por Sariñena Sr Alberto Salcedo, S. M. el rey ha concedido á don José Paraled y Domingo, exteniente alcalde de Sariñena, la cruz de primera clase del mérito militar por los servicios que prestó durante la última insurrección carlista» (Diario de Avisos de Zaragoza 23 de abril de 1877).

Un relato de aquellos sucesos los podemos encontrar en el Diario de Avisos de Zaragoza del14 de julio de 1876:

Sariñena 11 Julio de 1875 Sr. Director del Diario de Avisos:Muy señor mío y estimado amigo: Ya sabrán los lectores de su apreciable Diario de Avisos el paso de las facciones por esta villa, y voy á referirle algo de lo mucho que ha ocurrido con motivo de tan inesperada visita. A las tres y media del día 5 y cuando el vecindario solo se ocupaba en comentar la prisión de un espía hecha por el teniente Alcalde D. José Paraled, vino a sorprendernos la noticia de que en la estación del ferro-carril se había presentado una pequeña sección de caballería carlista que se apresuró a inutilizar la vía telegráfica, y desde aquel momento incomunicados para saber la situación de las fuerzas del gobierno que pudieran oponerse a la invasión de aquellos, quedamos, como puede V. figurarse, ante la probabilidad de que el grueso de las fuerzas carlistas invadiese este territorio. Efectivamente, a eso de las nueve y media entró en esta villa una avanzada de caballería, y no se hizo esperar la demás fuerza, pues á las once llegaban los titulados generales Dorregaray, Palacios y Gamundi, los titulados brigadieres Boet, Adelantado, Montañés y Orive (este herido,) seguidos de diez ú once batallones y 250 caballos. Al poco rato exigieron por vía de raciones 12.000 pesetas, y mandaron presentar todas las armas y caballos bajo pena de la vida. De las 12.000 pesetas les fueron entregadas 5.000, y pocas fueron las armas y caballos presentados. Esta conducta debió irritar en sumo grado al jefe de aquellas fuerzas y ordenó se tomasen rehenes, que llevó en pos de sí hacia Peralta de Alcofea a las cuatro de la tarde del mismo día. Se llevó también como presos a los Sres. Juez de primera instancia, Registrador de la propiedad, Jefe de telégrafos y todos los empleados de la estación del ferrocarril, consistiendo los rehenes en los mayores contribuyentes y Ayuntamiento, basta en número de diez y seis o veinte, y lo que es peor varias señoras y señoritas que tuvieron que caminar á pie hasta Peralta, y al día siguiente hasta Barbastro y después a Casbas.Antes de abandonar la población y á la señal, según parece de corneta cambiándose de calles los dichos huéspedes, invadieron muchas casas se registró el mas pequeño mueble y el escondrijo mas oscuro, so pretexto de que había guardias civiles escondidos, saliendo castigadas muchas casas, como la del Sr Paraled y la del Sr. Labad y Administración de rentas sucediendo lo propio o poco menos en otras. El Registro civil fue quemado lo mismo que las causas criminales y expedientes civiles, existentes en la Escribanía del Juzgado á cargo del Sr. Ezcurra, y en el archivo del Ayuntamiento se apoderaron de mas de 30.000 duros en papel de la deuda consolidada. En la estación telegráfica fueron destrozados todos los efectos» que encerraba.A las ocho de la noche del siguiente día entró el titulado general Alvarez con el barón de Benicasi, al frente de siete ú ocho batallones, unos 200 caballos y una pieza de montaña, y después de dar descanso á sus tropas, mal vestidas, y una parte de ellas con mal armamento se dirigieron al siguiente día, a las siete de la mañana, hacia Peralta, uniéndosele á la salida dos escuadrones que habían pernoctado en Lanaja. Exigieron 40.000 reales y no cometieron desmán alguno.Al mediodía del 7 llegaron las rondas de Fabara por el camino de Albalatillo, al propio tiempo que las de Daroca y otras con un escuadrón de Castilla venían por el camino de Pallaruelo. Tal era la ofuscación de ambas fuerzas que a la entrada de la población no se reconocieron y empezaron tirotearse las avanzadas. Estas fuerzas permanecieron aquí hasta la caída de la tarde del mismo día en que se marcharon como las anteriores en dirección a Peralta. También estas exigieron 7.000 reales, pero no se excedieron en lo mas mínimo.

Los Carlistas, al mando de Dorregaray, soltaron veinte presos de la cárcel de este partido, y dieron fuego á la estación del ferrocarril con sus dependencias; pegaron también fuego a diez coches de viajeros que había bajo el tinglado de mercancías, y levantando las barras del puente sobre el Alcanadre hicieron bajar á él 6 toda velocidad cuatro máquinas con treinta y dos vagones, todos los que vinieron á estrellarse produciendo un desperfecto de algunos millones para la empresa.

El 8 por la tarde llegó el general Weyler con las brigadas Calleja y Lasso, pernoctaron aquí y siguieron su marcha á la mañana siguiente en la misma dirección de las facciones.

La población, después de lo sucedido con los carlistas, acogió con regocijo la entrada de la división Weyler.

He oído referencias a un suceso terrible que afligió al vecindario de Berbegal durante la permanencia de las facciones en aquel punto. Trátase de una cosa que en manera alguna puede prestarse A ser descrita ni aun con la habilidad y discreción mas perfectas.

Pudiera añadir muchos datos, pero me falta tiempo y basta lo dicho para comprender cuán quebrantado estará el pueblo de Sariñena con tales adversidades.

Suyo,—El Corresponsal.

 Diario de Avisos de Zaragoza 14 de julio de 1876

Melón verde ramoso

Al parecer tuvo afición a la huerta quedando presente en la carta que envía a la Gaceta agrícola del Ministerio de Fomento del 4 de junio de 1878 interesándose por el cultivo y la semilla del «melón verde ramoso»:

Sariñena 5 de Abril de 1878.

—Excmo. señor director de la GACETA AGRÍCOLA. Muy señor mío y de mi mayor consideración: Tengo un trozo de huerta en esta villa, y como aficionado á la horticultura, me ha llamado la atención el melón verde ramoso de Mr. Bossin, horticultor francés, y próxima la época de la siembra de éstos, estimaría me manifestara Vd. dónde podría conseguir semillas de esta clase de melón, para hacer un ensayo en esta villa, que tan regulares se crían los del país en gusto y tamaño, y tal vez el verde ramoso de que habla el tomo 1.º de la GACETA de que es Vd. digno director, se desarrollara en esta huerta con bastante fruto nuevo para este terreno. 

Por lo que doy á Vd. anticipadas gracias, ofreciéndome de usted afectísimo seguro servidor Q. B. S. M., José Paraled. 

—Para obtener la semilla de melón que se solicita en la carta anterior, puede dirigirse el interesado á D. M. Fernández y Rodríguez, director científico de la Quinta de la Esperanza, plaza de Santa Ana, Madrid.

La llegada del teléfono

Ayer noche tuve el grato placer de asistir a la prueba telefónica que se hizo entre las casas de los ricos propietarios de esta villa D. Joaquín Penen y D. José Paraled Establecida la comunicación entre ambas casas, y puesto un teléfono de la fábrica del Sr. Roselló de Barcelona a cada uno de los dos extremos de los hilos conductores, entablase una conversación que pudo sostenerse clara y distintamente con solo esforzar algo la voz de los comunicantes. Y los sonidos eran tan claros, a pesar de la regular distancia que hay entre una y otra casa y las mil vueltas y revueltas de los hilos conductores, que muchos de los asistentes oían las palabras con solo estar atentos y a poca distancia del que estaba en el aparato telefónico. Verdad es que la voz pierde bastante en intensidad, pero su metal y su timbre se conservan perfectamente; tanto, que nadie duda de la persona que habla si le es conocida su voz.

Diario de Huesca del 17 de noviembre de 1878.

Alcalde de Sariñena

En julio de 1879, José Paraled Domingo «preside»  el nuevo ayuntamiento de Sariñena, entendiendo que comienza a ejercer de alcalde en la población «Dícese en Sariñena que el ayuntamiento de dicha villa, que comenzará a funcionar el 1.º de julio próximo, será presidido `por el joven y rico propietario D. José Paraled y Domingo» (Diario de Avisos de Zaragoza 19 de mayo de 1879).

Fiesta en el molino

El cuarto día de la fiesta celebrándola una porción de amigos en la casa que el señor Paraled tiene en su molino, fiesta que tuvo término con la marcha de los músicos que de esa capital vinieron a esta villa.

Diario de Huesca – 10 de septiembre de 1879.

Real orden de Isabel la Católica

José Paraled Domingo es reconocido como Comendador de Isabel la Católica  recibiendo la Real Orden de Isabel la Católica, encomienda ordinaria otorgada a José Paraled y publicada en la Gaceta del 18 de septiembre de 1879 (La Época (Madrid. 1849). 18 de septiembre de 1879, n.º 9.781).

Por decretos de fechas 3 y 14 de agosto último se han concedido las condecoraciones siguientes á los individuos que se expresan á continuación: Encomiendas ordinarias.—Don Salomé Corculella.—Barón de Alcabali.—Don Francisco Diaz Fernández.—Don Carlos Cortes.-Don Nicolás Manzano y Manzano.—Don Francisco Belinchen y Ortega.—Don Antonio José Serrano.—Don José Paraled.

La Iberia (Madrid. 1868). 21 de septiembre de 1879

Real Orden Isabel

Real Orden Isabel José Paraled  Boletín Oficial de la Provincia de Zaragoza: Año XLVI Número 73 – 1879 septiembre 23.

La recogida de fondos para los damnificados por las inundaciones

El 30 de octubre de 1879 se da cuenta de la iniciativa para recaudar fondos del “joven alcalde D. José Paraled” para ayudar a los afectados por inundaciones de Murcia, Alicante y Almería.”

“En esta villa corresponde tan honrosa iniciativa a su joven alcalde, D. José Paraled. quien con un celo loable por más de un concepto, dirigió una sentida elocución a los socios del Círculo de Amigos, del que es digno presidente, para que se adhiriesen al pensamiento iniciado y contribuyesen a la suscripción abierta y encabezada por él; organizó con otros socios una estudiantina que ayer recorrió la población, recogiendo en poco rato una regular cantidad; y excitó, por medio de público bando, los sentimientos de compasión del vecindario, para que contribuya a la suscripción que ayer encabezó el ilustre Ayuntamiento y continúa ahora abierta en la secretaría municipal.”

Diario de Huesca – 30 de octubre de 1879.

José Paraled, como miembro y presidente del “Círculo de amigos de Sariñena” aporta 100 reales como suscripción para “el alivio de las desgracias ocasionadas por las inundaciones de Murcia.

El puente sobre el río Alcanadre

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El 5 de noviembre de 1879 se produce un hito en la historia sariñenense, tras seis años de reivindicaciones, el ministro de fomento remite un telegrama a José Paraled, presidente del ayuntamiento de la villa de Sariñena. El puente  sobre el río Alcanadre (Puentes de guerra, Sariñena), que había sido destruido por las aguas, iba a ser inmediatamente reconstruido por cuenta del gobierno: «Madrid 2 a las 2 y 51 minutos de la tarde. -Don José Paraled.- Ofrecido ministro Fomento reconstruir puente de esa villa seguidamente. Franco.)».

Ver a un pueblo como el nuestro que hace seis años, seis años solo, señor director, se impuso tan enorme sacrificio por construir un puente, tan necesario al cultivo de la gran extensión de, tierras del otro lado de nuestra ribera y tan absolutamente preciso para la única comunicación con los pueblos del Tormillo, Lamasadera, Lastanosa, Castelflorite, Sena, Villanueva, Ontiñena, Ballobar y toda la ribera del Cinca; ver a un pueblo, digo, sin nuevos recursos, con tan imperiosísima necesidad y sin esperanzas de aliviarla, porque entre nosotros no había medios suficientes, aunque estábamos llenos de buenos deseos, para reconstruir nuestro destruido puente, era cosa digna de compadecerse y digna de tenerse en cuanta; y el Gobierno en su alta previsión vio todo esto, y acordó en su vista atender a nuestra muy perentoria necesidad.

Y no solo nos hace favor a nosotros con dicha determinación, sino que lo hace y muy grande a todos los pueblos nombrados y comarca mencionada, porque sin el puente de esta villa se encontraban con el país de este lado del río completamente incomunicados. Por esto las noticias de los periódicos y el referido telegrama, no solo nos alegran y consuelan a nosotros sino que alegran y consuelan también y lo han de agradecer mucho los pueblos interesados. Porque debe V. saber, señor director, que estos pueblos no solo lamentaban sus propias desgracias, sino que lamentaban con nosotros la desaparición de nuestro puente.

Diario de Huesca – 5 de noviembre de 1879.

Sariñena apoya el Canfranc

El 2 de agosto de 1880, la villa de Sariñena y los pueblos del partido judicial, presidida por su alcalde José Paraled, acuerda la adhesión a la Comisión gestora del ferro-carril internacional por Canfranc, recientemente constituida en Zaragoza. “El alcalde de la mencionada villa, señor Paraled, y los diputados provinciales señor Penen y Calvo, han formulado por su parte en esta oportunidad manifestaciones expresivas a favor del pensamiento que acarició la casi unanimidad de Aragón y en extremo simpáticas a la ciudad de Huesca, por cuyo bienestar material, y el de las importantes comarcas limítrofes, demuestran vivísimo interés y marcada simpatía.

Diario de Huesca – 1 de septiembre de 1880.

Molino de harinas

En diferentes anuarios del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración, José Paraled aparece como propietario de un molino de harinas en Sariñena «Molino de harinas de José Paraled Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración, 1884».

Candidato conservador a la Diputación Provincial

Decididamente los conservadores presentan dos solos candidatos á la Diputación provincial en el distrito de Fraga – Sariñena, los señores don Anselmo Sopena y don José Paraled lo que parece revelar poca confianza en los favores del cuerpo electoral de dicho distrito, pues parecía natural aspiran al triunfo de candidatura completa. La derecha.

Diario democrático. 3 de septiembre de 1884.

Carta de Sariñena                                          

 11 de septiembre de 1885

Llegó ayer a esta villa, como dije a V. en despacho telegráfico, el dignísimo individuo de la Comisión provincial, nuestro buen amigo particular, don Vicente Vilas, acompañado del simpático e inteligente médico de esa ciudad señor Martínez. Recibiéronle en la estación del ferrocarril una comisión del ayuntamiento que los acompañó a la Casa Consistorial, donde aguardaban a los expedicionarios el resto del ayuntamiento, junta de sanidad, comisiones de socorros y demás personas que tienen representación oficial en la villa.

 Después de un corto descanso, el señor Vilas, con su habitual elocuencia, expuso el objeto de su visita, que no era otro que el de cumplir, a nombra de la Exorna. Diputación provincial, cuya representación llevaba por encargo expreso da la Comisión, con los sagrados deberes y vivos deseo que aquella tiene de contribuir con todos los medios que a mano tiene al alivio de las necesidades de Sariñena, como ha contribuido y contribuirá con todas sus fuerzas al socorro de todos los pueblos que son sus representados y que por desgracia se hallen en análogas o parecidas circunstancias. Quedó complacido con las medidas adoptadas con la junta de sanidad, y más todavía con el espíritu levantado de unión y caridad que anima y da valor en las aflictivas circunstancias que atravesamos a los habitantes de esta villa. El inteligente alcalde señor Penen, con elocuentes y sentidas frases, suplicó al señor Vilas, representante de la Diputación, que fuera portador del agradecimiento que Sariñena siente y debe a la Excelentísima Corporación, por el interés particular que ha tenido en socorrer nuestras desgracias. Nuestro querido amigo, don José Paraled, diputado provincial, hizo presente, que obligado por las especiales circunstancias porque atraviesa la localidad, se había dirigido la noche anterior al M. I. Sr. Gobernador de la provincia, y verbalmente le había expuesto la necesidad de que atendiera con la urgencia que Je fuera posible y el caso requería, a remediar las grandes necesidades de este vecindario; y que el señor Gobernador sin pérdida de momento le había hecho entrega de 750 pesetas, que ponía a disposición de la junta de socorros de la villa. Diole las gracias el señor Penen, haciéndolas extensivas al señor Gobernador y a la Diputación provincial, y como el tiempo apremiaba, los expedicionarios, con las autoridades locales, comenzaron la visita de los enfermos. No fueron menos de cuarenta las que visitaron entre mañana y tarde a todos los cuales, el señor Vilas, que parece nacido para estas cosas, infundió ánimo y consuelo, socorriendo a la vez a la mayor parta con cuantiosas limosnas que enjugaron más de una lágrima y levantaron el abatido espíritu de más de un enfermo.

Los señores Vilas y Martínez se han hospedado en casa de nuestro amigo don Antonio Castañera, siendo acompañados durante su estancia en esta villa por una comisión del ayuntamiento, junta de Sanidad y por todos los que en la localidad tienen alguna representación oficial. El recibimiento ha sido tan afectuoso como consienten las actuales circunstancias. Nuestros huéspedes fueron obsequiados por la noche con una serenata.

No se olvidó nuestro amigo señor Vilas de visitar alas viudas de nuestros malogrados amigos don Froilán Noguero y don Margin Fortacin los cuales, como tengo a V. dicho, han dado su tributo a la muerte en estos últimos días.

Ayer por la tarde tuvieron los médicos muchas llamadas, y según parece se han puesto graves algunos de los invadidos; hoy hay relativa calma y son pocas las invasiones hasta las cuatro de la tarde, hora en que cierro esta carta.

Los fallecidos desde mi carta anterior son cinco adultos y cuatro párvulos.

            Su afectísimo amigo.
Diario de Huesca – 12 de septiembre de 1885.

Elecciones 1887

Sariñena 4 de Mayo de 1887.

Señor Director de La Crónica. Querido amigo:

Recibo en este momento noticia del triunfo obtenido en esa por la coalición administrativa sobre el posibilismo, y felicita á usted con entusiasmo, por la valiente campaña de La Crónica y por el feliz éxito que ha coronado sus resaltados. Por que no se tuerza la verdad de lo sucedido en esta villa, con la elección de concejales, le diré que con más desahogo hubieren llevado los posibilistas una soberana corrida; pero las malas inteligencias de con servadores y otros elementos, hizo que se les dejara sólo el campo, y a última hora el Sr. Paraled solo les presentó batalla en un colegio aspirando á la minoría (pues no ha votado más que un concejal) y triunfando por 68 votos contra 60 de los posibilistas, que votaban dos concejales. Esto es un dato notable digno de tenerse en cuenta, para cuando hablen los posibilistas de su preponderancia en esta villa. Abandonado y todo el campo electoral, no tendrán en el municipio importancia alguna; pues éste quedará constituido, en la forma siguiente: Conservadores 6 Federales 1 Independientes 1 Posibilistas 3 Total 11. En forma que, a pesar de las disensiones nuestras, no han ganado nada aquí. No me extiendo más porque vá á salir el correo y deseo reciba esta á tiempo, por si gusta darle publicidad, que creo será conveniente para que los súbitos de Camo no alardeen de victorias que no existen, engañando incautos. Saludo a V. mi amigo, y hasta otra queda suyo su afmo. S.S. El corresponsal.

La Crónica (Huesca), del 7 de mayo de 1887.

La comisión sariñenense al diputado Alvarado

Los comisionados de Sariñena.

El diputado provincial Sr. Paraled, el abogado y propietario de Sariñena Sr. Castanera, y el propietario y secretario del ayuntamiento de Pallaruelo de Monegros, Sr. Jariod, marcharon anteayer a Madrid, a asociarse con el digno y celoso diputado Sr. Álvarado a fin de exponer al gobierno la aflictiva situación de la comarca sariñenense y demandarle amparo para sus grandes necesidades. Los comisionados, con él diputado del distrito, gestionarán a fin de ver si puede colocarse en condiciones de inmediata ejecución el proyecto de trozo de carretera, ya aprobado en el año 1864, que dentro de la provincia corresponde a la sección de la de Bujaraloz a Sariñena, en la de Caspe a Selgua. También los representantes de la villa de Lanaja han expuesto, como otros numerosos pueblos de la parte baja de la provincia, lo triste y mísero de su situación económica y la perspectiva de un otoño y un invierno próximos, sombríos y aterradores por la pérdida completa de las cosechas de cereales y caldos, que constituyen la única riqueza del país, y porque la funesta sequía les ha arrebatado también todos los frutos de verano, que en algunos términos atenúan relativamente, aunque en escasa proporción, los perjuicios de la pérdida de los gérmenes de los principales elementos de cultivo.

Solo abriendo obras públicas, pues el gobierno difícilmente puede subvenir con recursos directos de otra dase al alivio de los males de los pueblos, es como los de la parte baja de nuestra provincia hallarán medios de defenderse de las grandes y desastrosas inclemencias de los presentes tiempos

Diario de Huesca – 7 de junio de 1887.

Viaje a Madrid

El Globo, con motivo de la llegada a Madrid de la comisión de Sariñena a que ayer nos referimos, ha, dedicado también a la miseria de nuestra provincia este suelto:

«Ha llegado a Madrid una comisión compuesta de nuestro querido amigo y correligionario D. Antonio Castañera, jefe de nuestro partido en Sariñena, D. José Paraled, diputado provincial, y D. Antonio Jariod, rico propietario, con el encargo de obtener del gobierno algunos recursos que permitan sobrellevar la espantosa miseria que aflige a los pueblos de la parte baja de la provincia de Huesca, a consecuencia de la pérdida total de la cosecha en los últimos años.

Las noticias que nosotros tenemos de los partidos de Sariñena, Fraga y Tamarite son por extremo aflictivas; tanto, que si el Gobierno no acude inmediatamente en auxilio de aquellos pueblos, quedarán totalmente desiertas comarcas que hasta hace poco eran de las más ricas de España.»

Diario de Huesca – 8 de junio de 1887.

Viaje a Madrid satisfactorio 

Por gestiones del celoso diputado a Cortes del distrito de Sariñena don Juan Alvarado, parece que el gobierno, entre otros de los acuerdos adoptados para subvenir a las apremiantes necesidades materiales de la parte baja de nuestra provincia, ha tomado el de subastar inmediatamente las obras de los dos trozos de carretera que dentro del límite de la provincia están por ejecutar, en la sección de la de Bujaraloz a Sariñena, de la de Caspe a Selgua, y que además de facilitar mucho la ocupación de numerosos braceros interesa muy directamente a Sariñena, Castejón y Pallaruelo de Monegros, y a todos los demás pueblos de aquella comarca, los que con la apertura dé este camino se comunicarán rápida y fácilmente con la vecina provincia.

Los señores Castanera, Paraled y Jariod pueden estar satisfechos del resultado de su viaje á Madrid para pedir la subasta de la indicada obra pública y del éxito de las activas y eficacísimas gestiones, que, apoyando su iniciativa, ha hecho el diputado Sr Alvarado.          

Diario de Huesca – 23 de junio de 1887.

Operado de una fistula

En agosto de 1888 es operado por el prestigioso Dr. Arpal «Esta noche sale para Sariñena el Dr. Arpal llamado con urgencia para practicar una delicada operación al Sr. D. José Paraled, diputado provincial de aquel distrito» (Diario de Avisos de Zaragoza 25 de agosto de 1888).

Asuntos de Aragón En nuestro estimado colega de Huesca “El Norte de Aragón” leemos lo siguiente: «Según telegramas que anoche vimos, nuestro distinguido amigo y correligionario D. José Paraled, diputado provincial por Sariñena, ha sufrido la operación de una fístula, que ha practicado con toda felicidad el reputado operador y catedrático de la Facultad de Medicina de Zaragoza, Dr. Arpal. El paciente continúa en estado satisfactorio, de lo cual nos congratulamos, y hacemos fervientes votos por su pronta y total curación.»

El Diario de Zaragoza 29 de agosto de 1888.

«El rico hacendado de Sariñena D. José Paraled, estimado amigo nuestro, habrá sufrido a esta fecha delicada operación quirúrgica, para lo cual ha pasado a aquella villa el Dr. Arpal, reputado médico-cirujano y profesor de la Universidad de Zaragoza.»

La Crónica : diario de noticias y anuncios: Año IV Número 968 – 1888 agosto 28.

«Noticias recientes recibidas de Sariñena, aseguran se halla mejorado en su afección D. José Paraled. Nos complacemos en dar esta satisfactoria nueva a sus muchos amigos y relacionados.»

La Crónica : diario de noticias y anuncios: Año IV Número 971 – 1888 agosto 31.

Venta propiedad

En marzo de 1894 aparece un curioso anuncio en el Diario de Huesca, en el que se anuncia la venta de una propiedad de una manzana de casas en Huesca ciudad, frente al Gobierno Civil y la Diputación Provincial.

 Anuncio Los dueños legítimos de un crédito hipotecario por la cantidad de ochenta mil pesetas, que devenga el interés de un cinco por ciento y se halla asegurado legalmente con primera hipoteca, sobre toda una manzana de casas sitas en la ciudad de Huesca, frente al Gobierno civil y Diputación provincial, desean enajenarlo por la suma de cincuenta mil pesetas, trasmitiendo al adquirente todos sus derechos. Informes, en Zaragoza, D. Joaquín Penen, Mártires, núrn. 1, 2.°, y en Sariñena D. José Paraled.

(Diario de Huesca – 24 de marzo de 1894)

El fallecimiento de Juana Sarrate Budíos

El 5 de abril de 1896, a los 54 años de edad, fallece Juana Sarrate Budíos, esposa de José Paraled Domingo.

Con pesar nos hemos enterado de la muerte de la señora doña Juana Sarrate Budíos, esposa de nuestro particular y considerado amigo don José Paraled, rico propietario, muy influyente en la populosa villa de Sariñena. Contaba la difunta tan solo cincuenta y cuatro años y era generalmente muy querida entre sus convecinos, por la bondad de su carácter.

 Al Sr Paraled y a su hijo D. Joaquín, así como al resto de tan dilatada y distinguida familia, les enviamos el testimonio de nuestro más sentido pésame.

 Diario de Huesca – 9 de abril de 1896.

 Aniversario en Sariñena

            Se celebró anteayer en la iglesia parroquial de Sariñena el primer aniversario en sufragio del alma de la Sra. Dª. Juana Sarrate Budíos, dignísima esposa que fue del conocido propietario de aquella villa nuestro particular y desde la infancia querido amigo, D. José Paraled.

            El Sr. Paraled, su apreciable hijo D. Joaquín y demás familia, han recibido con ocasión de aquel acto fúnebre, celebrado con toda solemnidad, nuevos testimonios de la consideración y aprecio de todas las ciases del vecindario sariñenense.

(Diario de Huesca – 7 de abril de 1897.

El fallecimiento de José Paraled Domingo

 Diario de Huesca 1-7A los tres años de la muerte de su esposa, José Paraled Domingo fallece a los 55 años de edad, el 29 de junio de 1899.

De Aragón. Noticias Postales. Han fallecido. En Sariñena el rico hacendado don José Paraled Domingo. Diario democrático, 3 de julio de 1899.

Falleció ayer en su casa de la villa de Sariñena, el rico hacendado D. José Paraled Domingo, estimado y muy considerado amigo particular nuestro y hermano político de nuestros no menos queridos amigos D. Inocencio Lucea y D. Joaquín Penen. El Sr. Paraled era uno de los primeros contribuyentes de aquella importante villa y la bondad de su carácter y sus cualidades personales le tenían conquistada general estimación en aquella comarca, donde ha sido muy sentida su muerte.

A su apenada familia y a. sus deudos todos enviamos la manifestación de nuestro sincero pésame.

Diario de Huesca – 30 de junio de 1899.

Los funerales celebrados ayer en la importante villa de Sariñena por el alma de D. José Paraled Domingo, se vieron concurridísimos, testimonio de la consideración y aprecio que en vida gozó el finado. Todas las clases sociales, sin distinción de matices políticos, tuvieron representación en la fúnebre ceremonia.

Nuevo Diario de Zaragoza. Órgano del partido de Unión Conservadora.
3 de julio de 1899.

Su hijo Santos Paraled Sarrate fallece el 4 de agosto de 1895 «Ha fallecido en Sariñena el joven D. Santos Paraled y Sarrate. Hijo de distinguida familia gozaba de generales simpatías. Su muerte ha sido muy sentida en toda la comarca de Sariñena. A sus afligidos padres y demás familia enviamos testimonio de nuestro pesar» (Diario de Avisos de Zaragoza, 10 de agosto de 1895). No obstante, la saga familiar continúa a través de su hijo Joaquín Paraled Sarrate.

Angelines Camón Barrieras


Una vida entre costuras que se desarrolla en un viaje que muestra una mujer avanzada a su tiempo. Una mujer de mundo, trabajadora y libre que ha forjado su vida a puntadas de aguja e hilo. Ejemplo de mujer cuyo trabajo costaba de valorar y, a pesar de ejercer de modista y de trabajar en grandes talleres de costura catalana, parte de su vida laboral no fue reconocida.

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            Angelines nació un 11 de enero de 1934 en Pallaruelo de Monegros, de familia de labradores, fue la menor de siete hermanos. Vivió la guerra muy de jovencita y con su abuela Teodora y su prima Leonor Barrieras se vieron obligadas a refugiarse en la masada del monte. Los mayores subían y bajaban al pueblo y continuaban con los trabajos del campo. Angelines era muy pequeña, pero con solo cuatro años, ya hacía medias y calcetines en la masada, con unas agujas que hacían con punchas de ginestras.

            Después de la guerra, Angelines siempre estaba por las calles y cariñosamente le decían que era una «chandra”. Aprender a coser, además de ser una necesidad, fue una obligación, Angelines fue poco a la escuela “no enseñaban nada, solo labores y coser; nada de cuentas ni lecciones”. Mientras, los chicos aprovechaban las clases gracias a un buen maestro. Años más tarde, llegó una profesora muy buena, pero Angelines ya había dejado la escuela.

            Para la mujer no había muchas salidas: dedicarse a las tareas de la casa, coser, ir a servir a otras casas (en alguna de las dos del pueblo), o emigrar a la ciudad. De sus hermanas, la mayor era la que más trabajaba en casa, iba a buscar agua a la balsa para beber, lavaba la ropa y luego la aclaraba en la balsa de “Concejo”. Pallaruelo de Monegros era todo de secano: “no había mata verde”. Había oliveras, almendreras y vid, se hacía vino y algo se vendía. Se llegó a recoger y hacer sogueta de esparto, algunas mujeres lo hacían y luego lo vendían a Lobateras, que acudía desde Sariñena a Pallaruelo para comprarlo. Se hacía conserva de la matacía y se subía a la siega, donde la mujer trabajaba dando la gavilla. Luego se extendía la parba por la era, se trillaba, se abentaba, cuando hacía aire, y al final se amontonaba en talegas. El grano se llevaba a moler a Sariñena, al molino de la estación.

            Angelines apedazaba/apiazaba la ropa, cosía los descosidos y rotos que la gente le llevaban a casa: “los pantalones de pana eran los más complicados de apedazar bien”. Pero en Pallaruelo tenía poco futuro, quedarse en casa, como muchas mujeres (algunas pocas servían en las casas de Ruata o Pelay), o marchar a servir a Barcelona, donde acababan juntándose entre ellas.

            Sus ganas de viajar pronto le llevaron a Barbastro, con trece años fue a una casa de unas tías donde hizo grandes amigas y aprendió a coser. Después fue a Zaragoza con otros tíos a cuidar de sus hijos, por la mañana limpiaba y por la tarde iba a coser a un taller de una modista: “me pagaban 24 pts a la semana”. Aquellos escasos ingresos le permitieron apuntarse a una academia donde aprendió el arte del corte.

            Por un tiempo volvió a Pallaruelo de Monegros y se instaló de modista. Con diecisiete años hacía la ropa de pueblo, de fiestas y comuniones. También trabajó en el campo, aunque en julio era cuando más trabajo tenía, ya que las fiestas de Pallaruelo son a principios de agosto. Pero una sobrina se puso muy mala en Barcelona y tuvieron que ir a verla. Angelines se quedó en Barcelona para ayudar en sus cuidados, por las mañanas iba al hospital y por las tardes iba con una tía, una gran modista que cosía y hacía muchos trajes para la burguesía catalana. Tenían sus propios diseños y trabajaban con unas telas carísimas. Pronto, Angelines dedicó su tiempo completo a coser en el taller y nada menos que estuvo trece años, sin asegurar y sin cotizar.

            Con cerca de cincuenta años se trasladó a Zaragoza, para trabajar en el taller y tienda de confección “Pelegrín y Tardío”, trabajó de modista y también como dependienta. Con contrato y con seguridad social, pudo cotizar 15 años y lograr jubilarse a los 65 años. Primero vivió en un piso de una prima, pero pronto adquirió su propio piso instalándose definitivamente en la capital aragonesa.

            Angelines ha sido muy viajera y a la vez siempre ha estado muy ligada a Pallaruelo de Monegros, siempre que puede se escapa a pasar unos días, a estar con la familia y los vecinos y vecinas. Me ha recibido junto a su hermano Mariano y su cuñada Manuela, a quienes agradezco su acogida y que me han transmitido valores que son dignos de reconocer.

                   Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que va relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas gracias Angelines, Manuela y Mariano.

 

La fosa común del cementerio de Sariñena


En el cementerio de Sariñena se encuentra una tumba que alberga los restos de 13 hombres asesinados durante la guerra española, el 28 de julio de 1936. El paso del tiempo ha ido borrando los nombres que cada vez se van volviendo más ilegibles. Rescatamos parte de sus historias, episodios duros y trágicos.

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            Las victimas corresponden a Eduardo Colay Bierge, sacerdote coadjutor ejecutado a los 24 años de edad, el Teniente Coronel E.M. Bernardo Cariello Torrente, a los 65 años de edad, los señores Mariano Caballero, José María Arrelda Oroz (comerciante), Jesús Oto Portoles, Mariano Rivera Riva, Eduardo Baile Herrerin (Industrial), Fulgencio Desentre García (Contable), Tomás Aguilar Refusta (Industrial), Felipe Cativiela Solan (Agricultor) y tres personas de identidad desconocida. La Causa General de Huesca, Pieza Principal, Rama Separada nº 131 Sariñena dicta que “Fueron fusilados por la canalla roja, la fecha indicada, en la carretera de Sariñena a la Estación del Ferrocarril, y después trasladados al Cementerio y quemados”.

            La fosa se encuentra inventariada  por el Ministerio de Justicia con el número de registro 1454/2009 HUES. Se encuentra en el pasillo central del cementerio, en el lado derecho, destacando una cruz de piedra y una gran losa, también en piedra con los nombres de las personas enterradas. Además, la lápida contiene la siguiente inscripción: “Aquí reposan las cenizas de trece caballeros Españoles que por dios y por la patria dieron su vida en esta villa. El 28 de julio de 1936”.

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          Al parecer a Eduado Colay Bierge, coadjutor de Sariñena y recién ordenado sacerdote, se le instó en repetidas ocasiones la prohibición de celebrar oficios religiosos. Aun así, celebró misa en una casa particular, por lo que fue detenido, encarcelado y ejecutado. Daniel Pinos, en su libro “Ni el árbol ni la piedra”, data su encarcelación el 21 de julio y su ejecución el 28 del mismo mes. Cuenta que Eduardo Colay y Bernardo Cariello gritaron, antes de morir fusilados: “¡Viva Cristo Rey!”. Eduardo era natural de Francia aunque naturalizado en España. Su madre, María Bierge Oliveros, natural de Abiego  (Huesca), declaró como testigo (ES.28079.AHN//FC-CAUSA_GENERAL,1412,Exp.1).

            Estuvieron a punto de ejecutar al párroco Pedro Segura Gavín, mosén Pedro se libró por la intervención del Molinero. Desafortunadamente, mosén Pedro no aguantó aquellos años convulsos y cayó en coma falleciendo el 6 de octubre, su entierro fue multitudinario. Luis Buil Espada, en su libro “Toda la vida en guerra de un pacifista”, describe la gran personalidad y querencia que tenía mosén Pedro “El cura, Don Pedro, se quedó y estuvo bien cuidado así como la casera que era hermana suya. Este cura se había comportado siempre muy bien. A pesar de su edad se quitó una vez los pantalones en la iglesia para dárselo a un necesitado. El también era pobre; después de mucho tiempo murió de enfermedad pero nunca le faltó nada.”

            El Teniente Coronel del Ejército Mayor Bernardo Cariello Torrente, natural de Tamarite de Litera, vivía retirado junto su esposa Fausta Marcellán, en el caserón familiar casa Marcellán de Lastanosa, a donde se desplazaron para detenerlo cerca de veinte hombres montados en un camión. Lo trasladaron a la cárcel de Sariñena y fue fusilado al poco tiempo. Los cadáveres fueron quemados en el cementerio municipal y en los informes políticos sociales encontramos el siguiente testimonio: “En dicho recinto donde había restos humanos medio calcinados de varios cadáveres que días anteriores habían sido asesinados, a los que prendieron fuego de uno de los cuales se le quemaron únicamente las ropas haciendo mofa y burlas de dichos restos, tirándoles piedras al pene al que aparecía intacto, hasta que un convecino, testigo presencial, le recriminó tan inhumana acción. 

«En los primeros momentos de estallar el Glorioso Movimiento Nacional, se trasladaron al pueblo de Lastanosa con un camión los vecinos de esta villa Francisco Masueras, como chofer, Pedro Bornao, Dionisio Buil, Ángel Monviola, Vicente y Antonio Lapiedra, un tal López, celador de teléfonos, Ramón Carbonell Jiménez, José Carreras Gavín, Román Romerales, Juan Abadías, Francisco Basols Buil, José y Joaquín Toro, Bautista Peralta Rodrigo, Jesús Penón Corvinos y los vecinos de Capdesaso Félix Albala Lana, Ángel Rivases Buil, Moises Cazcarra, José Puertas y Pascual Araso ,como acompañantes, los cuales detuvieron en dicho pueblo a Don BERNARDO CARRIELLO TORRENTE, Teniente Coronel de inválidos, al que condujeron a Sariñena y el Comité revolucionario lo metió en la prisión, juntamente con cuatro individuos más desconocidos en esta, a los que calificaron espías de las fuerzas Nacionales, así mismo detuvieron al Coadjutor de esta Parroquia Don EDUARDO COLAY, cuya detención efectuaron los vecinos de esta localidad Ángel Monviola, Bautista Peralta, Joaquín Garces, Faustino Lacuna, un hijo, Jesús Penón y José Nogués Carpi, así lo tiene declarado este último.

Los seis detenidos, en la noche del 28 al 29 de Julio de 1.936, fueren sacados de dos en dos, por los vecinos de esta villa Francisco Basols Buil y Antonio Marías Tella y Juan Gascón Ferrer, los cuales lo asesinaron en la carretera de Huesca (extramuros de la localidad) siendo ejecutados primeramente los señores Carriello y Colay. Estos asesinatos fueron presenciados por los vecinos le esta villa que en dicha noche prestaban al servicio do guardia en la salida del camino da los Olivares a unos setenta y cinco metros del lugar del hecho, José Zamorano Cabellud, Francisco Toro Mora, Mariano Useron Gracía, José Monviola Bornao  y José Nogues Carpi, así lo tiene dicho este último.

A las pocas horas de cometidos estos asesinatos, en un camión trasladaran los cadáveres al cementerio de esta villa por orden del entonces alcalde José Paraled Sarrate, los vecinos la misma Mariano Bosque, Teodoro Sama, Antonio Olivan, José Bel y Manuel Ullod; acto seguido, los citados individuos, con el camión de referencia y ordenado por la misma autoridad, recogieron siete cadáveres que en la misma noche habían sido asesinados en la carretera le Lanaja (extramuros de esta población ) cuyos nombres y lemas antecedentes de los mismos son ignorados en esta localidad, por ser forasteros, los cuales fueron conducidos también al cementerio y acinados con los seis anteriores, los rociaron con gasolina y les prendieron fuego, ignorándose si el siniestro lo cometieron los conductores de los  mismos o el sepulturero municipal, llamado Tomás Ade Muro, puesto que unos a otros se acusaron de ser los autores.

Cariello Noticiero 25071952

El Noticiero, 25 de julio de 1952.

Del 14 al 18 de Octubre de 1.936, la escolta del Comisario Político del Campo de aviación de esta localidad, Franco Quinza, detuvieron al Señor Arizaleta, administrador de la Señora Viuda de Bastaras, el cual lo trasladaron al cementerio de esta villa, donde fue fusilado por dicha escolta en presencia del citado comisario, y los componentes de la misma eran ajenos a esta localidad, entre los cuales se encontraban los ex guardias civiles Víctor Esporrin del Río, José Puivecino Calasanz y Salvador Carrera Mayans.»

Causa general de Sariñena (ES.28079.AHN//FC-CAUSA_GENERAL,1412,Exp.1).

En el expediente personal de José Carrera Gavín Consejo de guerra, Procedimiento sumarísimo de urgencia 351-39 (Víctor Pardo Lancina y Raúl Mateo Otal. Todos los nombres) queda recogido: «Salió el diciente -relata Carrera Gavín- por orden del comité, en unión de Juan Abadías Ángel Mombiola Allué, Francisco Nogués Espada, Francisco Basols Buil, Ramón El Gitano y otros varios que no recuerda, estos todos vecinos de Sariñena, llegando al pueblo de Lastanosa procediendo a la detención del referido señor Cariello al que condujeron a Sariñena y entregaron al comité, según orden que este les había dado. Este comité lo formaban, entre otros que no recuerda, José Brunet, Vicente Nogués Roy Sampudela, Romerales El Jinete y Francisco Masueras; que se enteró después que había sido asesinado en unión de dos más, pero ignora  quiénes fueron  los autores, ni quién ordenó su muerte.»    

           El caso de Tomás Aguilar Refusta lo rescata su nieto Manuel Maynar Aguilar. A raíz de la publicación de este artículo ha conocido el lugar donde se encuentra enterrado su abuelo: «Otra buena persona, cuyo único delito fue tener coche y llevar a unos amigos desde Zaragoza a Robres para recoger al cura del pueblo antes de que la zona cayese en poder de las fuerzas paramilitares que avanzaban desde Cataluña para combatir a los insurrectos en Aragón. Y no se llevó también por delante a mi tío Luis Maynar Ferrer porque una alta fiebre le impidió acompañarle siendo sustituido por otro de los allí enterrados». 

El Noticiero, 26 de julio de 1938.

    Jesús Oto Portolés fue detenido en Robres y fusilado en Sariñena el 27 de julio de 1936. Era soltero y natural de Robres, aunque domiciliado en Zaragoza. Hijo de Joaquín Oto Serreta, comerciante natural de Robres, fue fusilado en Tardienta el 20 de octubre de 1936. Su hermano Ángel Oto Portolés también fue fusilado en Tardienta el 20 de octubre de 1936. Ángel, natural de Zaragoza, estaba soltero y contaba con 33 años de edad, era perito de marina .  

            Fulgencio Desentre García, contable, era natural de Torralbilla (Campo de Daroca) y pertenecía a una de las familias de mejor posición del pueblo, señala su sobrino Luis Yáñez Montenegro, «lo cual no quiere decir que fuera rico». «Trabajó de secretario para un rico de Sariñena, ignoro cuál. Oí que había enseñado a leer y a escribir por altruismo a muchos analfabetos», aunque Luis no sabe si esto sucedió en Sariñena. Luis cuenta que su tío Fulgencio fue quemado vivo «En mi familia los hubo socialistas, falangistas y anarquistas. Que no se vuelva a repetir. Que por cierto, su hermano Pascual Desentre levantó en armas al pueblo de Torralbilla contra la Guardia Civil en el año 1940. Un episodio muy desconocido y extraño».

Esquela Sariñena Noticiero 1939

El Noticiero. Zaragoza, 27 de julio de 1939. 

                  Felipe Cativiela Solan natural de Villanueva de Gallego, contaba con 47 años de edad. Hijo de Nicolas y Ascensión, era hermano de Casimiro, José, Martín y Jacinta. Estaba casado y tenía tres hijos, Abel, que murió en la guerra con tan solo 18 años, Carmen y Jesús. Jesús vivió la guerra en el bando republicano, fue cura capuchino hasta que abandonó el sacerdocio. Era agricultor, muy fuerte, de buena familia y ejerció en Villanueva de Gallego como delegado de la casa de abonos Cros. Conocía al delegado de Sariñena de la Cros, Ballarín. 

          Felipe era muy listo y emprendedor, llegó a ser dos veces alcalde, por orden del gobernador, de Villanueva de Gallego. Villanueva de Gallego llegó a ser el primer pueblo de Aragón con agua corriente. Solía decir que uno no se puede arruinar dos veces en el mismo día, vendía y compraba tocinos, novillos, alfalfa… alquiló 2000 hectáreas que roturo y sembró en el Castellar, por Juslibol.  No recogió apenas cosecha y quedó medio arruinado, al año siguiente, hipotecándose, sembró tres vagones y recuperó mucho más de lo que había perdido. 

            A finales de julio de 1936, un amigo de Zaragoza le pidió el coche para ir a buscar a un cura en Robres. Felipe tenía un ford t4 y un chevrolet. Al final el amigo no se presentó y Felipe salió junto a otras personas hacía Robres. En Leciñena les paró la guardia civil y les advirtió que de aquí p´alante su seguridad no se podía asegurar si continuaban su viaje, que era arriesgado y peligroso. Efectivamente, fueron interceptados poco antes de llegar a Robres, los tomaron como espías siendo detenidos y llevados a Sariñena donde fueron encarcelados. A los dos días, sin juicio, fueron fusilados. Soltaron a uno de Almudevar. Testimonio familiar de su sobrino Félix Cativiela Bescos. 

         El testimonio de José Zamorano Cabellud manifestó que los cadáveres fueron llevados al cementerio «Encargando al enterrador llamado Tomás Adé, vecino de Sariñena, que los echara al foso destinado para quemar los huesos, que los rociara con gasolina y que les prendiera fuego, lo cual lo cumplió rápidamente, estando dicho Tomás Adé en el repetido Sariñena en libertad». Causa General de Sariñena (ES.28079.AHN//FC-CAUSA_GENERAL,1412,Exp.1).

            La fosa contiene otros tres restos, personas de las que desconocemos su identidad y que difícilmente podremos averiguar. Otros sucesos ocurrieron durante la guerra y estas no fueron las únicas ejecuciones durante la Sariñena republicana y como zona de guerra, con gran actividad por su cercanía al frente, por el aeródromo de “alas Rojas” y su comunicación ferroviaria con Barcelona. El administrador de la familia Bastaras, Arizaleta fue detenido en la Cartuja de las Fuentes y fusilado en Sariñena. En los informes políticos sociales encontramos el siguiente testimonio: “El informado salió con un grupo que salió de esta a Lanaja con el fin de sostener el avance nacional (en cuya ocasión cogieron a un falangista, asesinándole un Catalán que iba en el grupo, de cuyo sujeto nadie da datos. Manifestando, así mismo, que el informador acompañado de varios más fueron a buscar a la Cartuja con el propósito de detener al Sr. Administrador de Bastaras al que no encontraron siendo detenido posteriormente  por la escolta del comisario político del campo de aviación de esta villa y en octubre del 36 fue asesinado en el cementerio de esta villa por los mismos que lo detuvieron.”

      En la causa general de Sariñena (ES.28079.AHN//FC-CAUSA_GENERAL,1412,Exp.1) se hace referencia a Eusebio Ainaleta Españez, de 32 años de edad, empleado, pertenecía a Falange Española, calle Vieja. Su cadáver fue encontrado en la carretera Sariñena.

   El 25 de marzo del 38 también fueron fusilados Teodoro Cabellud Blanco, de profesión caminero a los 54 años de edad, Pilar Conte Dueso, a los 20 años de edad, Antonio Loscertales Peralta, labrador de 60 años, Carmen Tierz Marias, dedicada a “sus labores” 58 años y el 26 de marzo del 38 fue fusilado José Almerge Montel, caminero de 60 años de edad. En el campo de aviación “Alas Rojas” aparecieron los cadáveres “incendiados” de los aviadores de derechas Abelardo Carazo y Muntaner. Las personas sospechosas fueron los responsables del campo de aviación, el comandante Reyes, el comisario político Franco y el Capitán Adonis Rodríguez.

            La memoria es una lección, un ejercicio vital que como sociedad hemos de saber asumir, respetar y aprender, para transmitir y nunca volver a repetir.

María Rebeca Tricas Puyalto


Mujer comprometida por su pueblo: activa, dinámica, concienciada y luchadora. Todo un ejemplo de mujer capaz de articular una intensa actividad asociativa, cultural, artística y conseguir revitalizar la vida de un pueblo que lucha contra la despoblación. Una mujer más de nuestros pueblos, una mujer más y a la vez única, imprescindible para sacar adelante iniciativas titánicas por el bien y el futuro de su pueblo.

Maria Tricas

Mari Tricas

            Mari nació un 15 de abril de 1950 en Huesca y aunque vivió en Peralta de Alcofea, su vida ha transcurrido ligada a San Lorenzo del Flumen. Antes, por un tiempo, vivió en Sodeto, donde contrajo matrimonio. Pero en Sodeto, el joven matrimonio no tuvo suerte, pues no les tocó ni casa ni lote y se vieron obligados a mudarse a San Lorenzo del Flumen. En 1970 consiguieron una casa y un lote en el nuevo pueblo de colonización monegrino. Lamentablemente, el lote era de renuncio y arrastraba una pilma, unas deudas de semillas a la que tuvieron que hacer frente.

            El pueblo de San Lorenzo del Flumen se fundó en 1963 y se construyó en dos fases: la primera fase en 1963 y la segunda en 1968. En la primera casa, los cinco primeros meses los pasaron sin luz, debido a que el transformador se quedó insuficiente para llevar la luz a todas las casas. El lote fue de unas 12 hectáreas y además se complementaba con un huerto y una vaca preñada de la que tenían que devolver una novilla preñada. Compraron una vaca que tuvieron que pagar en tres años y unos años más tarde, por 1971, a un tratante le compraron 2 vacas más.

            Las tierras las tuvieron por la partida de la Mallata, por las Ventas de Ballerías, una huerta vieja pero con una tierra buenísima. Su marido fue tractorista de colonización y siempre trabajó de tractorista y de albañil. Con el tiempo compraron 26 hectáreas que pusieron en regadío. Al principio se puso mucha remolacha, alfalfa, cebada y maíz, pero luego, en san Lorenzo del Flumen, se plantó mucho pimiento. Desde entonces, en San Lorenzo del Flumen se celebran unas jornadas culturales sobre el pimiento y el arroz, pues el cultivo del arroz fue la única solución para muchas tierras salitrosas.

            Mari siempre sintió un interés especial por un terreno singular, un campo con un bello y característico tozal monegrino, propiedad del marques de la Venta de Ballerías. Sin dudarlo trató de adquirirlo, a lo que le marques respondió “que si alguna vez lo vendía, Mari sería la primera”. Al final, el marques cumplió su promesa y el tozal pasó a manos de Mari, quien trabajó su tierra, bordeando el pequeño y gran tozal con numerosos frutales, de oliveras, almendreras y viña.

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Mari con el logo de Ganadería El Tozal.

            Mari pronto comenzó con las vacas, empezó con dos vacas y al año siguiente sumó otras dos más. Después continúo quedándose con las novillas que las vacas parían, mientras vendía los novillos. Al principio inseminaba las vacas en la parada, la casa donde tenían al macho semental, y después, Mari adquirió un buen novillo semental para su ganadería. Fue pionera con la genética, inseminado sus vacas y creando una ganadería selecta de gran valor. Criaba de la raza “frisona” y su ganadería no pudo llamarse de otra manera: “Ganadería el Tozal”. Llegó a contar hasta con 50 vacas, las soltaba por el corral y montó una de las primeras salas de ordeño por estas tierras. Tuvo las vacas prácticamente desde 1971 a 1998 y fue en 1975 cuando adquirió la sala de ordeño: “mucha gente la venía a ver ya que era la única por la zona”. Antes de la sala de ordeño simplemente tenía dos ordeñadoras sencillas de la época.  Cuando se quitó las vacas en 1998, por la vaca Marisa le daban un millón de pesetas, pero Mari prefirió vender todas las vacas juntas a un ganadero de Asturias, por 170.000 pesetas cada una. Mari siempre ha estado dada de alta, a la seguridad social, como agricultora y ganadera.

“Si quieres beber algo natural, bebe leche de la ganadería el Tozal”

            Mari fue a vender a muchos pueblos la leche, se compró un Mehari y con el iba a todas partes, hasta cargaba las pacas en el Mehari. Las pacas y el alfal de los campos era para mantener la vaquería. En el coche cargaba los cantaros y se desplazaba por los pueblos, en Huesca vendía hasta 300 litros de leche. En 1992 Mari vendía en Huesca la leche en una lechería que ella misma montó en la calle Ramón J. Sender. Para llevar la leche se vio obligada a instalar un tanque refrigerador en el Mehari, pero la tienda apenas duró seis meses. Principalmente, la leche se vendía a la RAM de Grañen, donde la vendían la mayoría de ganaderos y ganaderas de vacas de leche, y a la Letosa de Alcolea. En los últimos tiempos, la leche se tuvo que vender a la cooperativa Copla de Pedrola.

            Su vida social y comprometida con el pueblo resulta igualmente intensa. En octubre de 1984 fundaron la asociación de Amas de casa de San Lorenzo del Flumen, cuando desapareció la Sección Femenina. Fue la primera asociación de ese tipo en Los Monegros y la quinta en la provincia de Huesca. Mari ocupó la presidencia de la asociación los primeros años y retomó la presidencia en 1996, cuando comenzaron con el proyecto de levantar una ermita en la localidad. Para tal fin constituyeron la cofradía y con diferentes actividades y la ayuda de vecinos y vecinas lograron financiar y construir una esplendida ermita. Dedicada a Santa Agueda representando a las mujeres, a San Lorenzo en representación del pueblo y a San Isidro en honor al campo. La ermita fue inaugurada en 2005 y su interior alberga un magnifico retablo de cerámica que ellas mismas realizaron. Un trabajo artesanal que les apasionó y que no dudaron de continuar, creando la Asociación Cultural Flumen Monegros de Cerámica Artesana. La ermita la complementaron con la realización de un vía crucis de diferentes cerámicas.

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            Con la asociación cerámica han acudido a diferentes ferias y mercadillos medievales, llevando como bandera su lugar, San Lorenzo del Flumen. Para el cincuenta aniversario del pueblo elaboraron un impresionante mural cerámico compuesto por unas 220 baldosas.

            Las asociaciones han dinamizado la vida del pueblo, un motor social vital y muy activo que ha ido generando una amplia variedad de cursos, jornadas culturales, café tertulias, charlas, fiestas… Desde el 2011 la nueva Asociación de Vecinos  ha puesto en marcha la encomiable iniciativa de crear una residencia de mayores y un centro de día para el pueblo, una Casa-Hogar que con trabajo y tesón seguro que conseguirán.

            El empeño, el esfuerzo y el trabajo, son cualidades muy necesarias para ir sacando adelante nuestros pueblos y nuestras familias. El valor humano es fundamental y en Mari es desbordante, sorprendiendo con su pasión y su sentimiento, su forma de ver la vida que plasma en versos dando forma a su reciente poemario “Poemas de una Colona”. Su amor por esta tierra queda marcado a fuego en sus poemas, al aire, al cielo, a la niebla, al sol, a su gente… a los sentimientos de una colona, por ser colona pues “Colonos los llamaban/ pero nada les importaba:/ ya tenían bastante/ con salir adelante”.

Poemario Mari

            Y adelante ha salido su poemario, por una buena causa, para contribuir con la Casa Hogar. Un esfuerzo valiente, de una gran mujer que no deja de sorprendernos. Poemas escritos en 1987 que florecen en este 2017 como flores en primavera, aquellas flores: “como el amor/ te dan una alegre sensación,/ están hechas un primor/ que te llega al corazón”. Una mujer más, como todas, indispensable.

               Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que va relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas  gracias Mari por abrirme las puertas de tu casa, todo un placer.