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María Pelegrín Losfablos


María es natural de Santa María de Buil, localidad perteneciente al municipio de Aínsa Sobrarbe, entre Aínsa y Arcusa. Nació en 1932 en la pequeña localidad sobrarbense, entonces apenas eran unos 40 vecinos, con sus principales iglesias de Santa María, donde fue bautizada, y la iglesia de San Martín, la de abajo. “Hay trece iglesias y once cementerios, era un pueblo con muchas aldeas y montañas” y con mucho cariño María recuerda la ermita de San Lino, camino a Morillo de Tou.

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María se ha criado a carga de burro, a la escuela fue poco y pronto tuvo que trabajar en casa, ella era la segunda de cinco hermanas y un hermano. Era un pueblo muy pequeño, en 1950 llegó la luz y la carretera no ha llegado hasta hace muy poco. Se juntaban en casas, iban a misa y de romerías.

Tenían cabras, ovejas, algunas vacas, tocinos… labraban con mulas y güeyes. A Aínsa iban a comprar con la burra y vendían algún cordero o tocino cuando podían. “No se gastaba nada”, tenían pocos dineros y se hacían casi todo, se hacían la ropa, con lana de ovejas, los calcetines, los jerséis… Hacían su propio pan, cultivaban cáñamo y hacían sacos, mandiles, alforjas… Tenían colmenas, recogían la fruta de verano y hacían mucha conserva para el invierno, “Ahora, muchos de los campos están poblados de pinos, ya no hay viñas ni olivares”.

A los veinte años se casó y bajó a tierra plana, a Sariñena. Su marido, Casimiro López “Morcilla” era el chatarrero del pueblo. La chatarrería la comenzó Matías, el padre de Casimiro, a la salida de Sariñena carretera a Zaragoza y enfrente de la Laguna. Sus padres también se bajaron al llano, fueron a parar a Grañen, donde se compraron casa y montaron una vaquería.

“La gente llevaba la chatarra y también la iban a buscar, el beneficio estaba en la selección”, clasificaban los metales (Aluminio, cobre, plomo, hierro…) empacaban el cartón y recogían el vidrio, botellas de coñac, de champan…  Después lo vendían a Zaragoza o lo venían a buscar desde Pamplona. De los coches se vendían muchas piezas, como recambios, y también se vendían hierros para obras, mientras el cartón y el vidrio se mandaba a Lérida para su reciclado. Francisco, Quico “Matavinos” recogía con un motocarro las cajas y cartones de las tiendas. También se recogía muchos sacos de papel, sacos de simiente que utilizaban en agricultura.

María sabe hacer frivolité, una labor de punto que se teje a mano con lanzadera, es una labor muy difícil de hacer y muy antigua, se lo enseñó una maestra que fue al pueblo cuando era niña, en cambio su hermana no consiguió aprender la técnica.

Vivieron en la calle Goya y tuvieron dos hijos, una chica y un chico, el hijo continuó el negocio hasta que falleció. Trabajaron mucho en la chatarrería: “había mucho trabajo”. Ha estado muy ligada a la laguna, la lleva en el corazón. Ha visto la laguna toda helada: “antes era más pequeña y había muchos más patos, golondrinas…” María recuerda una noche con la luna llena con la laguna completamente helada. Un precioso recuerdo que María nos ha compartido, agradeciendo de corazón su memoria, gracias María.

Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.

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Carmen Novellón Oliván


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Carmen nació en Sariñena en 1932, en la calle La Meca, enfrente del reloj de la plaza Alvarado, ahora plaza de la Constitución. Su padre, Andrés Novellón fue caminero, controlaba y mantenía un tramo de camino antes de que se asfaltaran y convirtieran en las actuales carreteras. Su trabajo era controlar y mantener un tramo: “limpiaba cunetas, arreglaba pequeños baches y si estos eran muy grandes venía una máquina”. Andrés estuvo trabajando en distintos lugares, por Ontiñena, Terreu… “lo fueron trasladando por varios sitios”. En algunos puestos tenían una casilla, una caseta donde guardaban material y se refugiaban, en otros no tenían nada. “Andrés fue muy honrado”, recuerda Carmen, “en una ocasión se encontró una caja de tabaco y la guardó hasta que volvió a pasar el camión de reparto y la devolvió”. Su madre Rosalía Oliván tuvo seis hijos y trabajó en casa. Carmen fue la cuarta y hasta los 14 años fue a la escuela de Sariñena.

Carmen, de joven, iba a buscar agua a la fuente del quiosquer, enfrente del bar de Pitera, “hasta pusieron una sombrilla para poder descansar en verano”. Iba a lavar a la acequia y al río: “detrás de las monjas había unas escaleras que bajaban abajo y allí estaba el lavadero, un lavadero grandioso y cubierto”. Este lavadero era de pie, era más cómodo que el que estaba camino de la Laguna, que también estaba cubierto pero había que lavar de rodillas, mucho más incómodo. Por el lavadero de la Laguna estaba el tejar. Al río iban a lavar con sus madres, por la zona cercana al puente, donde aprovechaban para bañarse y volvían con las ropas limpias: “la ropa se secaba tendida por las matas”.

Durante la guerra, Carmen se acuerda de la evacuación del pueblo “En una tartana de Anoro se subieron niños y ancianos y marcharon a refugiarse a las masadas”. Su padre trató de salvar algunas cosas de casa, pero muchas se quedaron, entre ellas olvidó un apreciado y viejo acordeón de su tío. Les dejaron una burra y aprovecharon para que fuera su madre con su hermano pequeño, pero con el estruendo de un cañonazo, la burra se asustó y los tiró al suelo. Luego veían los camiones militares llevando muñecos que cogían de las casas, puestos en los camiones, lo que hizo sufrir a los zagales.

Con Carmen vamos recordando aquella Sariñena de entonces: “En frente del antiguo hostal Romea estaba la tienda de ultramarinos de Jesús Portella, luego la trasladaron a la calle Eduardo Dato, cerca del estanco. Allí también vendía petróleo Candido. Arriba vivía una profesora, Josefina, a quien iba a fregar y limpiar, la llevaba en el carrito de la leña por la casa, era una forma de divertirse”.

“En la plaza hubo una fuente, en la esquina del ayuntamiento, luego en frente estaba la farmacia de Loste, el comercio de Ferraz y la carnicería de la Catalana.”

Carmen vivió por la calle Soldevilla. Por allí estaba la carnicería de Mariano Huerva, de Pichirrin, la carbonería de Pilar y el antiguo cuartel de la guardia civil; allí luego vivieron Asunción Paraled, Trallero, Ferraz… Pilar “la Carbonera” estaba arriba de la calle: “le traían camiones de afuera y lo vendía a capazos, era carbón brillante de bolas y trozos”. El camión basculaba en la calle y cuando limpiaban el suelo el agua bajaba completamente negra.  También estaba el bar de casa Pedro, al lado de la carnicería, era de Madrid. Era normal que sirviese una bebida y un plato de olivas, casa Pedro fue muy conocida y respetada.

Carmen trabajó para la panadería de Silvina la Tora y José Orquín Casañola, la panadería estaba por la calle de La Meca, por donde estaba Vitales y la casa del pregonero, allí estaba el horno: “una calle sin salida”. Antes de la carnicería de Latre estuvo la carpintería de Orquín, José Orquín tocaba en la orquesta Cobalto. Un hermano de José murió en la Guinea Española.

En la panadería, Carmen comenzó de niñera además de ir a vender pan al barrio de la Estación. Subía con Juanito Anoro, tenía un coche grande abierto por la parte de atrás donde ponían los paquetes y maletas. Después de comer, el coche de Anoro paraba en la panadería y Carmen colocaba los sacos con pan, subía a la estación y a las ocho de la tarde volvía. El pan lo vendía en una casa detrás de la iglesia del barrio de la Estación, allí tenían el despacho del pan. Allí conoció a su marido, en el despacho de pan, Julián Latorre de Peralta de Alcofea. Julián trabajaba cargando y descargando en la estación y después marchó a casa Mirasol, “El Recio”, de labrador. Carmen y Julián se casaron en Sariñena y de viaje de novios fueron a Peralta de Alcofea, en tren hasta El Tormillo donde les fueron a buscar. Tuvieron dos hijos, un chico y una chica, aunque Carmen continuó trabajando en el horno: “al mayor me lo llevaba al horno”.

Con el tiempo Carmen comenzó a trabajar para el ayuntamiento de Sariñena, se dedicó a la limpieza y le dieron un piso en el ayuntamiento, junto a los pisos del jefe de Correo y el del secretario, que estaban en la parte de arriba. El piso de Carmen estaba en la planta baja por donde luego ampliaron la antigua biblioteca.

Gracias a Carmen hemos ahondado en la memoria de nuestro pueblo, recorriendo parte de su historia. Carmen siempre ha sido muy conocida y querida en Sariñena y con sus entrañables recuerdos y vivencias hemos disfrutado de un agradable encuentro, ¡Gracias Carmen!.

Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.

Las Escuelas Nacionales en los años cincuenta


He decidido comenzar recordando a aquellos maestros y maestras que impartían docencia en nuestra localidad hacia mitad del siglo pasado. Aquellas personas a las que se les trataba con respeto y con la consideración de don o doña fueron: María Dueso, Urbana, María Pilar Pinilla, Pilar ( catalana de Lérida), Carmen Pueyo, Blas Casasús, José Castanera, Pío Toda, Tere Guillén, Mariano Sampietro, Alfonso Aparicio, Ramón de Sena, Emilia Arán,  María Jesús Berdiel, directora y Fausto Gonzalvo, director, entre otros.

Por Manuel Antonio Corvinos Portella

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Todos ellos debieron adaptarse a la normativa de la Ley de Educación sobre la Enseñanza Primaria de 17 de julio de 1945. En ella se definía a la escuela como una comunidad activa de maestros y escolares, instituida por la familia, la Iglesia o el Estado, como órganos de la educación primaria para la formación cristiana, patriótica e intelectual de la niñez española.

A partir de ahí la vida en la escuela se programó para que chicos y chicas adquirieran unas habilidades que el estado y la sociedad de entonces demandaba. Allí se aprendía cultura general, esfuerzo, disciplina y educación. También se compensaba la insuficiente alimentación de la posguerra. Se hacían funciones teatrales. Se practicaba la horticultura. Y además se  fomentaba la religiosidad y el patriotismo nacional.

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El periplo escolar de aquellos alumnos y alumnas de mitad del pasado siglo comenzaba en las clases de párvulos (niños o niñas) , luego debían pasar por cuatro cursos más que se denominaban primer grado (hasta los siete años), segundo grado (desde los siete a los 10) y tercer grado de carácter especial (hasta los doce). A los diez años, los que iban a realizar el bachillerato se presentaban en Huesca a la prueba de ingreso y si la superaban podían estudiarlo por libre o matricularse en algún colegio de la capital.

Cada grado tenía su enciclopedia propia y cada una de ellas englobaba todas las asignaturas. La más utilizada fue la enciclopedia Álvarez.

Las mañanas de un día cualquiera estaban dedicadas a impartir cultura general de 9:30 h. a 12:30 h. y las tardes a labores, trabajos manuales o a llevar el huerto escolar dirigidos por don Blas.

Las niñas de primer y segundo grado disponían de un pequeño paño donde aprendían a hacer punto atrás, hilvanes, vainica, pespuntes,  costuras, ojales, etc.). En tercer grado  ya realizaban  bordados, lagarteras, punto de cruz, festones, patrones de ropa de bebé en papel de seda… Mientras cosían  una compañera les leía  pasajes de algún libro de carácter religioso.

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A media mañana el maestro o maestra repartía entre el alumnado un trozo de queso de color amarillo. Las chicas lo recibían  en clase de doña María y los chicos en sus aulas respectivas . El famoso queso estaba envasado en grandes latas cilíndricas de metal dorado de 5 kilos y seguidamente en el comedor bebían un vaso de leche en polvo. Ambos alimentos llegaron a España a través del plan ASA (Ayuda Social Americana). Entre 1954 y 1963 el gobierno de Franco recibió más de 300.000 toneladas de leche en polvo, venía en grandes bidones de cartón rodeados con flejes metálicos.

Aquellas toneladas se transformaron una vez preparada para su consumo en 3.000 millones de litros.

Aquel comedor escolar donde se repartía la leche también era utilizado al mediodía para dar de comer a los niños que en su casa tenían problemas de subsistencia.  Las cocineras fueron Antonia, Paquita, Luisa y Miguela y los menús consistían, entre otros, en comidas bastante energéticas a base de garbanzos, lentejas, patatas guisadas  con ajo picado y tocino frito; de  segundo abundaba el tocino y de postre dos galletas. Cada semana un profesor o profesora se quedaba a cuidar el comedor y comía con los aproximadamente 25  alumnos que utilizaban ese servicio.

En cuanto a las funciones teatrales se hacían cada dos años y para ello se empleaba un aula de gran tamaño que sólo se dedicaba a este tipo de eventos. La citada clase estaba situada de tal manera que desde  sus ventanas se podían ver la calle del Molino y a las caballerías aliviando su sed en el abrevadero. A aquellas entrañables funciones asistía  toda la escuela, padres y madres, el secretario del ayuntamiento don Fidel Bailo y el concejal Miguel Villacampa. También eran invitadas sor Concepción y sor Felisa por parte del colegio “La Milagrosa”.

 La función del año 1954 tuvo la siguiente programación:

-El Trébole (canción y baile grupal).

-Caperucita Roja y Blancanieves (diálogo a cargo de Pili Villa e Ilda Gómez).

-La Concejala (romance jocoso declamado por María Teresa Calzada).

-Una poesía recitada por Antonio Lobateras.

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En 1956 teatralizaron la obrita titulada “España y sus regiones”. En la primera escena aparecen dialogando entre sí Leonor Encuentra, María Dolores Ezquerra, Pili Tierz  e Ilda Gómez contando ésta, que había tenido un sueño sobre la formación de España. En la siguiente escena aparece Celia Casañola anunciando a Isabel la Católica (papel realizado por Tere Casabón). Al lado de la reina se coloca Pili Alegre representando a España y llamando una a una a  las alumnas que personificaban las distintas regiones: Aragón representado por María Teresa Calzada cantó una jota, Andalucía era Pili López, Galicia era Maribel Nogués y así hasta completar las diecisiete regiones.

En 1958 el alumnado de las nacionales llegó al culmen de  sus habilidades artísticas  en el escenario del cine Victoria.

La religiosidad de esta época llenaba casi todos los momentos de la vida escolar. Aquella gran aula en la que se representaban las funciones también se dedicaba para instalar el belén y cantar villancicos en vísperas de Navidad  o para celebrar durante el mes de mayo (mes de las flores) la Inmaculada Concepción. Para llevar a cabo esta última actividad entraban los alumnos o alumnas en la sala donde estaba colocada la Virgen en un altar adornado con abundantes flores de color blanco. Una alumna rezaba una oración específica de un librito dedicado a la Virgen y, por último, todas juntas cantaban  la canción popular “Con flores a María “ que comenzaba con el “Venid y vamos todos con flores a María…”

Los sábados había clase normal hasta la hora del recreo, después las maestras y las alumnas se reunían en la clase de doña María  para rezar el rosario.

Las clases estaban presididas por un crucifijo y los retratos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera.  Antes de entrar se cantaba el “Cara el Sol”  o el “Prietas las Filas”. Llegados al aula  se  rezaba una oración antes de empezar la clase.  También era obligatoria la misa dominical y en los bancos de la iglesia se sentaban cada maestro o maestra con sus alumnos/as.

Por supuesto que la separación del alumnado por sexos era básica en los planes educativos de la época e incluso había dos recreos, uno para chicos y otro para chicas con una puertecilla de comunicación entre ambos que estaba prohibido franquear.

La disciplina era bastante estricta y había pocos que se atrevieran a transgredir las normas establecidas. Las consecuencias podían ser: copiar repetitivamente frases, ser castigado en un rincón de rodillas o de pie, golpes en la mano con palmeta o regla, tirones de orejas o de patillas, dar vueltas al patio, quedarse  sin recreo o alguna bofetada. También les podía pasar lo que les ocurrió a aquellos mozalbetes que fueron pillados “infraganti” robando abugos. Llevados por el guardia hasta el ayuntamiento que presidía por entonces el alcalde Medina, éste determinó que aquella “ banda de robaperas” debía pasar un largo fin de semana aislados en el interior de  las Escuelas Nacionales.  Me contaron que era tal el aislamiento que, incluso, tenían que mingitar a través de los barrotes de las ventanas que daban a la calle del Muro. Aunque de esto último no estoy muy seguro de su veracidad  y más parece que forme parte de las leyendas que generaron aquellos “héroes” de los tiempos difíciles.

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Cualquiera de estas penas podían ser impuestas a los recalcitrantes “peladillas” de la época. La palma y la mala fama se la llevó un maestro que venía en Vespa desde Barbastro. Es de justicia decir que la mayoría de los docentes no practicaban este tipo de  pedagogía y que sus alumnos y alumnas guardan buenos recuerdos de ellos.

Toda esta información ha llegado hasta la revista Quio gracias a la amabilidad de la maestra doña Carmen Pueyo, de las alumnas Ilda Gómez, María Teresa Calzada y algún que otro alumno de aquella época que no desea ser nombrado. Para todos ellos muchas gracias.

Y para terminar disfruten con el romance de la Concejala.

           LA CONCEJALA

Me tienen harta en el pueblo

con tantas habladurías.

¿Quién le mandará a la gente

meterse en las cosas mías?

Porque ya lleva diez años

mi esposo de concejal.

Se cuentan unos infundios…

¡ricontra que están muy mal!

Dice en el pueblo la gente mala:

¡Seña Pascuala, seña Pascuala!

¡Y cómo engorda la concejala!

paice un costal, paice un costal.

Todo porque mi hombre lleva

diez años de concejal.

                                                                                                                                                            Porque hemos mercau dos mulas

tres bueyes y un buen jumento

ya dicen los envidiosos

que son del ayuntamiento.

Y no sabe quién tal dice

que de allí no puen sacar

sino algún que otro disgusto

pues de esto… ni siquia un rial.

 

Ayer sin saber por dónde

se me ha perdido un cochino,

se me ha puesto en la cabeza

que lo tiene algún vecino.

Y el alcalde ha puesto un bando

en la puerta del corral

paque traigan insiguida

al puerco del concejal.

Y siguiendo al tamboril

 así dice el pregonero:

¡Lo que ha perdido está tarde

el concejal, es un puerco!.

Dice en el pueblo la gente mala

¡Seña Pascuala, seña Pascuala!

¡Y cómo engorda la concejala!

paice un costal, paice un costal.

 

Todo porque mi hombre lleva

diez años de concejal.

Seña Pascuala, seña Pascuala

y cómo engorda la Concejala

paice un costal, paice un costal.

Todo porque mi hombre lleva

diez años de concejal.

 

 

                                                            Manuel Antonio Corvinos Portella

 

 

Lorenzo Abadías López


La vida de nuestros pueblos es la historia de nuestra gente y la vida de Lorenzo es la vida de un hombre llano, forjado en la vida rural que tanto nos caracteriza. Lorenzo y su mujer Leandra regentaron “El Gorrión” un bar del barrio de la Estación de Sariñena. Tiempos de trasiego y vida, sobre todo de vida de un barrio rebosante de actividad que hoy en día es paradigma de la despoblación y del abandono del medio rural.

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Lorenzo nació en Novales en 1929 en el seno de una familia de agricultores. En casa fueron tres hermanos y aunque fue a la escuela hasta los 13 o 14 años, pronto Lorenzo tuvo que trabajar; “El maestro era hijo de Compaire”. De joven Lorenzo cogió las fiebres de malta, una enfermedad muy normal en aquellos tiempos causada por una bacteria que afectaba, principalmente, a personas que trabajan con animales o productos infectados. Su padre estuvo en la cárcel tras la guerra, lo que obligó a Lorenzo a llevar el huerto y las tierras. A los 10 años ya iba al huerto: “En Novales había bastante huerta y todo era para casa”. Con una burra de su abuelo y una mula de casa iba a labrar al campo, de lo bien que lo hacía los mayores se quedaban sorprendidos: “Tenía una faja muy larga”. En la huerta se ponía mucha patata: “Entonces comenzó a aparecer el cuco de la patata, al principio los quitábamos a mano con mi madre, después llegaron los tratamientos”.

Lorenzo se acuerda de ir a visitar a su padre, estaba trabajando en una carretera  por la zona de Campo o por allí cerca, se encontraba preso en las capuchinas de Barbastro.

Con los años Lorenzo comenzó a trabajar de mozo mayor en Callén, llevaba las tierras de la casa, labraba, sembraba, cosechaba… y apacentaba las mulas: “Fue un año muy seco y no se sacó nada de la tierra”. Luego realizó el servicio militar en Melilla, estuvo 18 meses en transmisiones. Al acabar el servició volvió a Callén, donde estuvo dos años de mozo en otra casa. Pero un año antes de hacer la mili, Lorenzo había conocido a Leandra Peña, quien con el tiempo fue su esposa. La familia de Leandra tenía un bar en Fraella: “Tuvieron la primera televisión del pueblo y la gente acudía al bar para verla”.  Lorenzo y Leandra se casaron en Fraella, donde Lorenzo trabajó para un tío suyo.

Tras unos años de casados se vinieron a vivir al Barrio de La Estación de Sariñena, donde adquirieron el bar “El Gorrión”, Lorenzo por entonces tenía unos 35 años. El bar “El Gorrión” además fue tienda, lo inició la familia Porta y después lo tuvo Rafael. En “El Gorrión” daban comidas y les fue muy bien cuando renovaban las vías: “Entonces había mucha gente en la estación”. También estaban los de las oficinas que se quedaban en casa a dormir y de la harinera alguno se pasaba a tomar algún café. A Lorenzo le regalaban carbón: “En la estación había una gran montaña de carbón para los trenes”.

Casi siempre cocinaba Leandra, algunas veces Lorenzo, aunque más bien pocas, normalmente él estaba en la barra. Además atendían la tienda donde además de comida vendían de todo. “Había días que repartíamos hasta 40 comidas y algunas pocas cenas, unas cuatro o cinco, pues muchos trabajadores bajaban a dormir a Sariñena, sólo algunos dormían en el Cuarto de Agentes”.

Lorenzo y Leandra llevaron el bar y la tienda durante unos treinta años, hasta que se jubilaron. En el mismo bar han hecho la vida, han tenido tres hijos, dos chicos y una chica. “Antes pasaban muchos trenes y paraban todos, había mucho movimiento, ha cambiado mucho la estación”.

Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.

José Casabón Peralta


José Casabón Peralta nació en Sariñena el 23 de diciembre de 1925. Descendiente de familia de herreros, su padre Eloy Casabón acabó siendo mecánico de automóviles, montando el taller familiar “Garajes Casabón”. Tras la guerra civil, la familia de José se vio obligada al exilio a Francia, del cual pudieron regresar con el tiempo y continuar con su vida y el negocio familiar. 

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A pesar del exilio, José pasó su infancia en Sariñena, jugando a los pitos y a las ingles, se ponían de cuclillas y saltaban por encima. Fue poco a la escuela, pues para la guerra tuvo que abandonarla. Siempre ha estado en el taller junto a su padre, de quien aprendió el oficio de mecánico. Su padre Eloy Casabón Tisaire comenzó trabajando en la herrería con su padre y hermano, pero a Eloy le gustaba mucho más la mecánica: “Arreglaba todo lo que podía”. Así que poco a poco fue aprendiendo mecánica, ya que en aquellos tiempos, en Sariñena, “Sólo había tres o cuatro coches”.

De zagal, Eloy se encargaba de llevar unos cinco litros de combustible a la avioneta que fotografiaba el terreno y que repostaba en la cabañera. Un día aquella avioneta se averió “Eloy la evaluó y le dijo al piloto que si quería la arreglaba”. El piloto sorprendido se rio, pero Eloy le matizó –Eso es la magneto-, a lo que el piloto le respondió -Pues oye, ¡arréglala!- . Finalmente, Eloy la desmontó y la llevó a Huesca para que la arreglasen, mientras aprovecho para estudiar la avioneta, su mecánica, hasta que la pieza regresó. Eloy la montó y la avioneta volvió a volar, entonces Eloy era muy joven.

José siempre ha estado con su padre en el taller, detrás de él aprendiendo todo lo que sabía. Eloy ponía unos tarugos en los pedales de un automóvil y mientras se subía en el estribo enseñaba a conducir a José. En el taller tenían un coche para alquilar, aquel era el que conducía José hasta que aprendió y tuvieron que comprar otro para alquilar.

El primer taller lo montó Eloy camino del río, al principio de la salida de Sariñena a mano derecha, en un pajar grande de un amigo junto a la fábrica de gaseosas de Masueras. Cuando evacuaron Sariñena durante la guerra, su padre se llevó todo lo que pudo del taller y de la casa en un camión, la familia tuvo que abandonar España. De alguna manera, Eloy trató de salvar su medio de vida, la forma de ganarse la vida de la que dependía su familia, pero cuando pasaron a Francia por Sallent, en la frontera tuvo que bascular el camión y abandonarlo todo.

José tenía un hermano y dos hermanas. A Eloy lo cogieron y lo llevaron a un campo de concentración, mientras a ellos se los llevaron a un refugio para mujeres, niñas y niños. Sus hermanas se pusieron a trabajar en una fábrica textil, de hilaturas, y ellos fueron a la escuela, eran los más pequeños. Cuando José cumplió la edad tuvo que dejar la escuela, allí estuvieron cuatro años hasta que alquilaron una casa. Afortunadamente Eloy conoció a un médico del campo que le ayudó a salir, se había puesto malo y le dijo que saliese “Que si no se iba a morir”, al final salió y pudo juntarse con su familia.

Antes, José había ido a buscar trabajo a un taller del pueblo, el dueño viajaba a Paris y cada semana traía dos coches para vender. Los traía en ferrocarril cada fin de semana, eran de la marca Sinca. Eloy fue a trabajar al taller cuando salió del campo frances.

Al tiempo se volvieron a Sariñena, aunque su padre tardó en volver por miedo y se quedó un tiempo más en Francia. En España, José realizó el servicio militar, se había sacado el carnet de conducir de segunda, y durante el servicio transportaba carbón en un camión en una mina en velilla de Cinca a la estación. En Sariñena José se casó con Aurelia Carpi, no han tenido hijos.

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Con su padre y un primo montaron de nuevo un taller en Sariñena, se llevaban muy bien y nunca discutían, así que con mucho trabajo y esfuerzo sacaron adelante “Garaje Casabón, Accesorios del Automóvil y Recambio Marías”. Arreglaban de todo, coches, camiones, tractores… y vendían tractores Barreiros. Gozaron de muy buena clientela y con mucho esfuerzo y trabajo sacaron adelante el taller. El taller estuvo en la avenida Huesca, luego hubo un garaje, con una puerta automática donde los críos se colgaban cuando se elevaba. El segundo taller se ubicó en la calle Gasset. Gracias a José por relatarnos su historia, la de un taller muy característico de la historia reciente de Sariñena, de una época de transición, de la tracción animal a los vehículos a motor, de los coches, tractores y camiones.

Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.

Brigadas Internacionales en Los Monegros


Voluntarios de más de cincuenta países, cerca de unos 60.000, acudieron a España para participar en la guerra civil española. De aquellos voluntarios, unos 15.000 fallecieron en su lucha contra el fascismo, un fascismo que comenzaba a amenazar Europa. De su paso por Los Monegros recogemos y recopilamos diferentes hechos en su reconocimiento y recuerdo.

La solidaridad médica

La solidaridad internacional no solamente fueron unidades militares, milicianos y milicianas que constituyeron las Brigadas Internacionales, sino también se materializó en una red de ayuda médica internacional. En los Monegros, gracias a la Unidad Británica de Auxilio Médico se instaló el hospital de Poleñino y el de Grañen: “El hospital de Grañén, instalado al comienzo de la contienda bélica, fue el primero de la ayuda sanitaria británica en España, de ahí el calificativo de “inglés”. Dependía del  SMAC (Spanish Medical Aid Committee) y se creó bajo los auspicios del Dr. Hyacinth Morgan (asesor médico del TUC, Trades Union Congress); junto a él Isabel Brown (líder comunista con experiencia en comités de este tipo, considerada La Pasionaria del movimiento de ayuda británico). El Hospital ingles de Grañen, Castiella Hernández J. Jesús.

Médicos, medicas, enfermeras, conductores de ambulancia… numerosos voluntarios sanitarios abandonaron sus vidas para venir a ayudar a la guerra civil española, una solidaridad y heroicidad que a muchos les costó la vida.

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Almas Vivas, de Editorial Milenio.

Significativo y excepcional es el testimonio y fondo fotográfico de Alec Wainman, un joven ingles que se alistó en la British Medical Unit (BMU) como conductor de ambulancias. Alec partió de Barcelona el 7 de septiembre de 1938 al frente de Aragón. Su primera parada fue en Sariñena, donde se quedó sorprendido por el “Porrón” una forma muy higiénica de beber vino del que escribió: “El novato casi invariablemente se atraganta al primer intento, y por tanto es siempre aconsejable practicar con vino blanco en vez de tinto para evitar unas manchas feas y reveladoras en la ropa”.

 Para instalar el primer hospital británico del frente de Aragón les asignaron una granja escuela en Grañen: “Para empezar, el corral estaba ocupado por un montón de estiércol de dos metros de alto”, relata Alec en sus memorias. Al líder anarquista local Pancho Villa le propusieron la retirada del estiércol “Se mostró sorprendido y comentó que siempre había estado allí”. La unidad la componían el Dr. Kenneth Sinclair Loutit, Rosita Davson, Mary Slater, Derry Atkinson, Margot Miller, Emmanuel Julius (Conductor de ambulancia) y cirujanos catalanes. Emmanuel Julius abandonó el BMU y se unió a los milicianos en el frente de Alcubierre, donde encontró la muerte.

Alec resalta la falta de comida y “el aceite rancio”, una vez trataron que les hirviesen unas mazorcas de maíz, pero no tuvieron éxito, “Gracias a los paquetes de comida que  mandaban desde casa sorteaban el hambre”. En el hospital, los primeros atendidos fueron enfermos en vez de heridos “La gonorrea era el principal enemigo”. Además, el interesante relato de Alec narra combates en la sierra de Alcubierre, la presencia de Brigadistas Internacionales de la Columna Thaelmann en Tardienta y su toma de la ermita de santa Quiteria, un bombardeo sobre Tardienta y un combate aéreo sobre Grañen.

Alec se permite rendir homenaje a las enfermeras inglesas Mary Slater, las Annie Murray, las Margaret Powell y las docenas de enfermeras inglesas “Que valían su peso en oro”. Almas vivas. La Guerra Civil Española en imágenes. Serge Alternês, Alec Wainman. Textos de Paul Preston, Josep Fontana, Juan Manuel Bonet, Ernest Alós y Teresa Ferré.

Entre sus fotografías aparecen milicianos y milicianas, voluntarios y voluntarias de los hospitales de Grañen y Poleñino (La Guerra Civil, vista por un cuáquero inglés, El País).  Entre aquellos retratos aparece Liesel Carrit, una miliciana que Alec describe: “Nació en Mottek, había huido de Alemania con su familia rumbo a Gran Bretaña. Su cuñado resultó malherido mientras conducía una ambulancia en Brunete, a resultas de lo cual murió”. Liesel Carrit  fue fotografiada en Grañen el 14 de septiembre de 1936 por Alec Wainman.

El testimonio de la enfermera australiana Agnes Hodgson también resulta excepcional, la mirada de una mujer y enfermera y sus vivencias en la guerra de España. Agnes Hodgson recogió en su diario sus memorias en los hospitales monegrinos de Grañén, Poleñino y Sariñena: “A una milla de Huesca, edición de Judith Keene y Víctor Pardo Lancina”.

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El papel de la mujer en las milicias, su participación en la lucha en primera línea de frente, nunca ha sido lo suficientemente visualizado. Es el caso de la miliciana catalana Elisa García Sáez, cuya figura y memoria cada día es más conocida y reconocida. El caso de las Brigadistas Internacionales no es una excepción, pero sin duda su estudio e investigación pueden aportar luz a su olvido.

 

Las Brigadas Internacionales y la batalla de Perdiguera

Georgette Kokoczinski (Georgette Léontine Roberte Augustine Kokoczinski) “La Mimosa” fue una miliciana anarquista de origen francés que en septiembre de 1936 vino a España a luchar en la guerra civil. Enrolada en el Grupo Internacional de la Columna Durruti, Georgette llegó al frente de Aragón donde se ocupó, junto con las militantes anarquistas alemanas Augusta Marx y Madeleine Gierth, de la enfermería y de la cantina (Georgette Kokoczinski La Mimosa).

La Mimosa

Georgette Kokoczinski murió el 17 de octubre de 1936 durante la batalla de Perdiguera, junto con otras enfermeras y decenas de voluntarios y activistas extranjeros y franceses, entre ellos Roger y Juliette Baudard, Yves Vitrac, Bernard Meller, Jean Delalai, Suzanne Girbe, Louis Recoulis, René Galissot, Jean Albertini, Jean Giralt, Raymond Bergé y Henri Delaruelle. Georgette fue capturada por las tropas franquistas, fusilada con otros compañeros y, según ciertos testigos, su cuerpo fue quemado en una granja. Según el testimonio de Antoine Giménez, habría sido capturada con Augusta Marx y ambas fueron evisceradas y, desnudas pero aún con vida, fueron lanzadas en primera línea del frente donde perdieron definitivamente la vida rematadas.

Georgette Kokoczinski escribió un diario durante su estancia en la Península, que fue encontrado después de su muerte y recopilado por Fortin; se conserva en el International Institute of Social History (IISH) de Amsterdam. En mayo de 1937, en su homenaje, un grupo francófono de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) del distrito barcelonés de Gracia, al que pertenecía Fortin, tomó el nombre de “Mimosa”.  

documentalismomemorialistayrepublicano.wordpress.com

Aquel 15 octubre de 1936, el Grupo Internacional de la Columna Durruti participó en la batalla de Perdiguera, donde las tropas republicanas trataron de tomar la localidad. Lo relata Isidro Benet en La batalla de Perdiguera un completísimo trabajo de investigación realizado por los “Los Guimenologues” Antoine Gimenez, Souvenirs de la guerre d´Espagne”. Isidro fue uno de los cuatro o cinco españoles que se integraron en el Grupo Internacional, compuesto por unos  150 milicianos y milicianas. Tras la llegada de tropas nacionales y ser superados, varios miembros del Grupo Internacional quedaron atrapados durante la retirada. Refugiados en un pajar, este fue quemado mientras los que trataron de huir fueron tiroteados. El articulo cuenta con valiosos relatos de Constantino Escuer y testimonios de su tío Mariano y Pepe Maestro de Perdiguera.

Imágenes facilitadas por Constantino Escuer.

“La batalla de Perdiguera es una de las más documentadas de la zona”, señala Constantino Escuer: Hubo muchos muertos del Grupo Internacional, y los franquistas también hicieron buena escarda entre los suyos a base de fusilamientos para escarmentar a futuros desertores o soldados que abandonaran su puesto.”

Telegrama de la batalla de Perdiguera. “Los Guimenologues”

Constantino Escuer: «Pues Mariano que testimonia recuerda haber visto a las dos milicianas detenidas, que eran llevadas andando rodeadas de soldados [paseadas por el pueblo ] y el cree que las llevaron a interrogar a la comandancia. En las varias ocasiones que ha nombrado este hecho, siempre ha hecho mención a que le parecieron dos mujeres muy hermosas y que llevaban correaje (me imagino que para llevar pistola). Lo que ocurrió con ellas, solo son suposiciones suyas, nada sabe de cierto, pero imagina que las volvieron a llevar delante del pajar y que las mataron allí delante, seguramente para demostrar a los ocupantes del pajar que nadie saldría con vida de allí. Asegura que nunca oyó hablar a nadie del hecho de que fueran destripadas ».

“Según La Revue Anarchiste, eran cuatro las mujeres que murieron este día en Perdiguer : Mimosa, Augusta y las dos francesas Juliette Baudart y Suzanne Girbe. Las mujeres prisioneras que tenían correaje pueden ser las milicianas Suzanne y Juliette pues Mimosa y Augusta eran enfermeras”.

“El militar ordenó que se pusieran todos a cantar el cara al sol”, pues la mujer (Suzanne Girbe) gritó “viva el comunismo !” y fueron fusilados todos.” Antonio Cugota.

Gimenologues.org

Grupo Internacional de la Columna Durruti

 El grupo internacional de la Columna Durruti, contaron varios cientos de luchadores: franceses (Centurie Sébastien Faure ); Alemanes, italianos, búlgaros, belgas, escandinavos, africanos y norteafricanos, norteamericanos, neozelandeses, asiáticos, … »

Grupo Internacional de la Columna Durruti

El Grupo Internacional de la Columna Durruti se creó en Barcelona en julio 1936, fue a partir de la celebración de las Olimpiadas Populares, unas olimpiadas en contraposición a las Olimpiadas de Berlín. Fueron muchos los militantes anarquistas que se unieron al Grupo Internacional, dividiéndose en dos grupos: los alemanes llevaron el nombre de Centuria Erich Müsham y los francés el de Sébastien-Faure. En septiembre de 1936 confluyeron conformando la 1ª Centuria del Grupo Internacional. Louis Berthomieu fue el delegado del Grupo Internacional de la Columna Durruti . Louis murió el 16 de octubre en la batalla de Perdiguera, siendo sustituido por Saíl Mohamed (1894-1953), uno de los primeros voluntarios extranjeros en unirse a la Columna Durruti.

El Grupo Internacional sufrió un gran número de bajas en la batalla de Perdiguera, como ya hemos comentado anteriormente. Antoine Giménez lo recogió en sus memorias “Del amor, la guerra y la revolución”, narrando hechos como los de la batalla de Perdiguera.

Antoine Giménez es el nombre que adopta en España el italiano Bruno Salvadori, desertor del ejército fascista del Duce, hombre de mil oficios entre lo que sobresale el de ganapán errante en una juventud que le llevó en varias ocasiones a pisar las cárceles italianas, francesas y españolas por su radical activismo ácrata. Llegó a España en las primeras semanas de la Guerra Civil y se enroló con el grupo de internacionales de la columna Durruti que combatió en Pina de Ebro, Quinto, Farlete y la Sierra de Alcubierre, si bien al igual que su correligionario suizo (Albert Minnig) abominó del proceso de militarización. Cuando abandonó España en 1939 lo hizo en compañía de una viuda de Peñalba, Antonia Mateo Clavel y su hija Pilar, con las que compartirá el resto de sus días afincados en Marsella.

Recuerdos de amor y de guerra. Sobre el libro de Antoine Giménez
Carlos Bravo Suárez

Brigadistas Internacionales en el frente de Tardienta

Golda Weid, del Partido Comunista Alemán, participó en la preparación de las Olimpiadas Populares de Barcelona de 1936. Golda estuvo en el frente de Tardienta donde, el 13 de agosto de 1936, contrajo matrimonio con Max Friedemann. Ambos formaron parte del Grupo Thälmann del que Max Friedemann fue comandante. “En septiembre (Golda) se fue al frente de Grañén en Aragón. Trabajó de agente de enlace para la administración municipal, de enfermera y de intérprete para una unidad sanitaria” (Las internacionalistas alemanas en lucha contra la guerra y el fascismo en España,1936-39  Ingrid Schiborowski y Anita Kochnowski, Coloquio Internacional de Paris Solidarias 1936-1939). En febrero de 1939, Golda y Max abandonaron España, en Francia pasaron por el campo de concentración de Gurs y tras su huida se unieron a la Resistencia francesa, en 1946 regresaron a Alemania.

En Tardienta también sucedió un episodio bélico que causó numerosas bajas al Grupo Internacional de la Columna Durruti:  “Una desastrosa batalla que hizo que casi la mitad de los 102 voluntarios internacionales murieran o resultaran heridos de gravedad”. En aquella batalla estuvo Helmut Kirschey (1913-2003) un anarquista Alemán que en febrero de 1937 se unió al Grupo Internacional “Nunca antes había tenido tanto miedo en mi vida, estaba tan asustado que me cagué en mis pantalones” (Grupo Internacional de la Columna Durruti).

En Tardienta fue constituida, en diciembre de 1937, la Compañía Botwin,perteneciente al Batallón Palafox de la XIII Brigada Internacional Dombrowski. La compañía nació en honor al líder comunista polaco Naftalí Botwin que fue condenado a muerte en 1925. La compañía estuvo formada por voluntarios, en su mayoría judíos, muchos de ellos polacos. (Botwin. Un homenaje a los judíos olvidados de las Brigadas Internacionales).

“¡Camaradas soldados! ¡Camaradas oficiales y comandantes de la Brigada Dombrowski! ¡Camaradas voluntarios judíos!

Hoy, 12 de diciembre de 1937, se ha añadido a nuestra gloriosa y gran familia antifascista, la Compañía Naftali Botwin. Desde nuestra llegada a las tierras de España, nuestra brigada, y todos nuestros voluntarios, hemos sido primero como Compañía, más tarde como un batallón y ahora como Brigada, una gran familia fraternal compuesta por todos los combatientes: polacos, alemanes, ucranianos, bielorusos, judíos, húngaros, españoles y muchos más.

Todos nosotros, antifascistas, sin distinción de nacionalidad o convicciones políticas, estamos firmes en nuestra convicción de luchar duramente contra el fascismo, el racismo y el antisemitismo; de esforzarnos por liberar al pueblo de España y a la humanidad de la bestialidad fascista y la esclavitud. Los antifascistas de todos los países os asisten en esta lucha por vuestra libertad y la nuestra. (…)

En Madrid, Guadalajara, Brunete y Zaragoza, allá donde nuestra brigada se encontrara, luchó siempre contra el enemigo mortal de la humanidad: el fascismo. Los voluntarios judíos siempre han estado en primera línea, dando ejemplo con su heroísmo y conciencia anti-fascista.

En honor al gran número e importancia de los voluntarios judíos de la Brigada Dombrowski, y para conmemorar a aquellos combatientes judíos que han caído por la libertad, hemos decidido que la Segunda Compañía del Batallón Palafox sea conocida como Compañía Judía Naftali Botwin.

Botwin es el nombre de un trabajador judío de Polonia quien sacrificó su vida en la lucha contra la reacción y el fascismo, luchando heroicamente y muriendo heroicamente, sentenciado a muerte por un tribunal fascista. Su nombre es un símbolo, y su vida un ejemplo, del esfuerzo de la población judía en busca de vuestra libertad y la nuestra, un símbolo de la solidaridad internacional y la hermandad entre las naciones”.

Las memorias de Francesc Roca Matamoros, Memòries de l´exili, en su Traslado a Albero Alto da cuenta de le presencia de la 13 Brigada Internacional cubriendo el frente de Tardienta a Almudevar. Francesc Roca narra que el día 20 de diciembre de 1937 recibieron la orden de salir para el frente de combate, para ir a relevar a la 13 Brigada Internacional, conocida como la Brigada Dombrowski.

La saga Ferrer

Lily Ferrer fue nieta de Francisco Ferrer, un pedagogo anarquista y librepensador Español que fue ejecutado tras los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona de julio de 1909 (Wikipedia). Lily nació en París en 1906, fue una militante anarquista y librepensadora que vino al frente de Aragón como miliciana sanitaria (Saga Ferrer Guardia), supuestamente integrada en el grupo Sebastián Faure: “Un contingente de anarquistas franceses y anarquistas italianos que integraban la Columna Durruti durante la Guerra Civil Española, nombrado así por el teórico anarquista francés Sébastien Faure” (Wikipedia). Lily volvió a Francia tras su paso por la guerra de España. 

“En un viejo monasterio cerca de Barcelona, actualmente transformado en guardería infantil, se encuentra la nieta de Francisco Ferrer [..] Esta mujer, regresó del frente de Zaragoza porque no ha sido capaz de soportar las escenas atroces que acontecen cada día en el campo de los rebeldes que maltratan a la población civil, asume actualmente las funciones de enfermera..”

(L`Humanité 29-8-1936, Saga Ferrer Guardia).

En el frente aragonés también estuvo el hermano de Lily Ferrer. Quico Ferrer nació en parís en 1907 (Saga Ferrer Guardia) y estuvo luchando en el frente de Huesca por el sector de Tardienta: “Esta noche se ha luchado fuerte en la Sierra de Alcubierre y en la ermita. [..] Esta victoria ha sido posible por una fusión de Mando de la División Carlos Marx y Ascaso” (Manuel Gutierrez Diario de un miliciano).

“El 2º grupo de franceses más numeroso combatiendo en las milicias fue el de la columna Ascaso, con 25 miembros, casi todos adscritos al batallón italiano, columna de anarquistas y republicanos que tomaron el nombre del socialista Giacomo Matteotti a mediados de agosto -luego Giustiza e Libertà-, y entraron en combate en la batalla de Monte Pelado, 28 agosto. También, Ferrer “.

Saga Ferrer Guardia

Quico resultó herido en la primavera de 1937 en el frente de Tardienta “Día 17, sábado [..] Se dice ahora que la Columna Ascaso es la que más hombres perdió en el ataque a la ermita y que la traición tuvo lugar en el campo de aviación de Sariñena [..] Dicen que delante de la ermita aún quedan compañeros heridos abandonados, en agonía monstruosa, gritando desesperadamente que los salven..” (Manuel Gutierrez Diario de un miliciano). Quico fue hospitalizado en Barcelona donde, a los pocos días, fue tiroteado por la calle por ser militante de la CNT (Saga Ferrer Guardia).

George Orwell

El archiconocido escritor y periodista británico George Orwell estuvo luchando en el frente de la sierra de Alcubierre, durante los meses de enero y febrero de 1937 integrado en las milicias del Partido de los Trabajadores de la Unificación Marxista (POUM). Sus vivencias quedan reflejadas en su obra Homenaje a Cataluña, que inspiró la película Tierra y Libertad de Ken Loach.

Georges Kopp fue el capitán de la milicia del POUM a la que perteneció Orwell. Natural de Rusia, Georges vino desde Bélgica, donde había vivido 25 años, como voluntario para luchar en el bando republicano. Georges fue comandante del 3er Regimiento, División Lenin, unidad de la milicia que perteneció al  POUM.

Tanto Orwell como Kopp sirvieron en la milicia del POUM sin pertenecer a las Brigadas Internacionales.

En el frente con George Orwell también estuvo Willian Krehm, escritor, periodista y activista político, uno de los 16.000 canadienses Brigadistas Internacionales que vinieron a luchar a la guerra de España. El poeta John Cornford (1915-1936) estuvo en la Sierra de Alcubierre, en la parte de Leciñena con una columna del POUM, con Manuel Grossi. Enfermo fue a Barcelona, regresó a Inglaterra y volvió al frente andaluz, muriendo de un balazo en una trinchera por Córdoba. Era de buena familia, británico y biznieto de Darwin (Alberto Lasheras).

En el frente de Huesca se llegaron a encontrar hasta 30 voluntarios británicos (Las Cartas del Batallón Británico. Nacho Blanes, Adrián Sánchez castillo y Paul Quinn). Muchos  se integraron en las milicias del POUM tras haber participado en las Olimpiadas Populares de Barcelona de 1936.

Otros Brigadistas en el frente de Los Monegros

El general republicano de origen polaco Karol Wacław Świerczewski, conocido como General Walter, ejerció en las Brigadas Internacionales. En octubre de 1936 asumió la Jefatura de la XIV Brigada Internacional en Albacete, sede del Cuartel General de las Brigadas Internacionales. El general Walter pasó por el frente de Aragón entre noviembre de 1937 hasta marzo de 1938, cuando avanzaba el bando nacional. Walter realizó fotografías entre las que aparecen unos desfiles en Torralba y Robres.

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Felicia Browne fue una artista inglesa que murió en el frente de Tardienta a los treinta y dos años, el 25 de agosto de 1936. Felicia fue alcanzada por un francotirador cuando acudía en auxilio de un compañero. “¡Soy militante del Partido Comunista Británico y puedo combatir como cualquier hombre!”, la Indomable Felicia Browne consiguió integrarse en las milicias y luchar activamente. Murió el 25 de agosto, un día después que Elisa García Sáez, miliciana herida en Tardienta días antes. Quizá Feliciana y Elisa se conociesen, quizá la dibujase. (Drawings and papers of Felicia Browne).

En los registros de defunciones del Hospital Militar de Sariñena aparece la defunción de tres Brigadistas Internacionales. Es el caso de Eugen Wayuer, perteneciente a la columna Thaelmann que falleció en el lugar de la estación de Sariñena el 24 de octubre de 1936 a consecuencia de “Luchando contra el fascismo”. El Batallón Thälmann estuvo integrado en las Brigadas Internacionales y acompañó a la columna Durruti en el frente de Aragón. Su nombre fue un homenaje al líder comunista alemán Ernst Thälmann. El 25 de julio de 1936 “Una nueva columna de 1.500 hombres organizada por el P.S.U.C., al mando del dirigente José del Barrio, que incluía a la Centuria alemana Thälman, la primera unidad extranjera que intervino en España, se dirigió a Sariñena y a la Sierra de Alcubierre y quedó incorporada a la de Durruti” (Manuel Gutierrez Diario de un miliciano).  Siptime Jacques, de veintisiete años, fue teniente de las brigadas internacionales mixtas 110 1ª Brigada 4ª compañía. Falleció en el Hospital militar de Sariñena el 6 de septiembre de 1937 a consecuencia de una herida de bala en el abdomen. Joao Amputo das Heresnatural de Sao Martinho (Portugal) falleció el 23 de octubre de 1936, a consecuencia de heridas por arma de fuego.

Los eremitorios de la sierra de Alcubierre

Por la sierra de Alcubierre existen una serie de eremitorios que pertenecen a una orden religiosa denominada Hermanitos de Jesús de Carlos de Foucauld,  una serie de cuevas excavadas en la vertiente de Farlete que son empleadas como cuevas-ermitas para el retiro espiritual. Su ubicación en la sierra de Alcubierre, según relata Juan Izuel, responde a un hermano de dicha comunidad que fue Brigadista Internacional durante la guerra civil. Aquel brigadista “Conocía a la perfección la Sierra de Alcubierre, donde el frente de Aragón se estabilizó durante casi dos años, y propuso este “desierto” de Los Monegros como alternativa al sahariano. Y aquí se vinieron los hermanitos” (Los eremitorios de Farlete, Juan izuel).

En recuerdo a todos aquellos hombres y mujeres que en su conciencia social y solidaridad acudieron a luchar contra el fascismo.

Si al combate marchamos con arrojo 

para España obtendremos libertad.

Morirán los fascismos sangrientos,

en España habrá ya felicidad;

morirán los fascismos sangrientos,

en España habrá ya felicidad.

María Alegre Peralta


Mucha gente se vio obligada a emigrar en busca de trabajo por distintas zonas de España, entre ellas Ángela Peralta Solanas, natural de Castelflorite, que trabajó sirviendo para una casa de Tarrasa y su marido Antonio Alegre Soldevila, natural de Belver de Cinca, que se dedicó a llevar una cuadra de vacas, a cuidarlas, arreglarlas, ordeñarlas…

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María Alegre Peralta

Fruto de aquel matrimonio nació en 1932 María Alegre Peralta, en Tarrasa, pero con el estallido de la guerra volvieron a Los Monegros, donde se alojaron en casa de los abuelos maternos de Castelflorite. “Dispues”, un amigo de su padre, un montañés, instaló una vaquería en Belver de Cinca y su familia se trasladó allí para trabajar en ella. También tenían tierras por Belver de Cinca, por los “Royeros” y el soto,  con un carro tirado por “bueys” acarreaban “alfalce” para las vacas.

En Belver de Cinca María fue a la escuela, pero como eran cinco hermanos tuvo que dejar la escuela para ayudar a su madre. “No vayas a la escuela que hoy no me encuentro bien”, Ángela sufría de males que le dejaban en cama muchos días. María quería ir a la escuela, le gustaba mucho, pero no tuvo más remedio que quedarse en casa a trabajar, ir a comprar, lavar, fregar, cuidar los animales de las cuadras…

Molían mucho, “enparece” que iba a moler a un molino que estaba “indo” por la carretera de Osso de Cinca, recuerda María. En el molino molían alfalfa, maíz, ordio… con lo molido hacían una pastura para las gallinas y los pollos. María se acuerda cuando iba a buscar a casa a los arrieros, su padre anotaba todo bien y lo controlaba todo.

“Vente, aquí se gana mucho más que en el pueblo”. María tenía una amiga que había ido a servir a Barcelona y le animó mucho a que también ella marchase. Así que María se animó y fue a servir a una casa de Tarrasa. Estuvo dos años, ella tendría unos 19 años y le tocó hacer de todo. A María le gustó mucho la vida en la ciudad: “Había un gran ambiente”.

A los dos años, María se volvió a Albalate. Su padre estaba de encargado en una vaquería, cercana a Albalate, en una finca donde había unas diez casas. Su padre tenía muy buena mano para el manejo de las vacas, mucha experiencia. Las trataba cuando estaban enfermas y cuando se hacían alguna herida les hacía “pegaos”. Recogía malvas por el campo, las hervía en agua, las trituraba y las espolvoreaba pimienta. Cuando ya lo tenía bien preparado, colocaba el preparado en un paño y lo aplicaba en la zona, lo ataba y lo aseguraba bien. Con aquel remedio las heridas de las vacas sanaban bien, las rozaduras, los granos…

En el baile conoció a quien fue su marido Joaquín Luna Hernández. María se casó con Joaquín en el mismo Albalate y se marcharon de viaje de novios a Barcelona durante un mes. María se casó de negro, con un traje que ella mismo hizo “La tela era muy bonita y tenía un brillo precioso”. Lo confecciono gracias a todo lo que había aprendido con la Paulina: coser, bordar…

El matrimonio se  asentó en Albalate, en casa de los suegros de María. Joaquín era labrador y llevaba las tierras, mientras María trabajaba en casa, iba a buscar almendras, a “escoronar” con un machete la remolacha… Se hacía en invierno, hacía mucho frío, María se llevaba un saco con algo de paja para ponerse de rodillas y amortiguar la dureza del suelo y el frío. Antes se recogía mucha remolacha que se llevaba a la azucarera de Monzón. Se sembraba más o menos en septiembre u octubre y si salían 2 o 3 en el mismo sitio había que clarecerla.

Joaquín realizó un curso para ser mayoral de pueblos de colonización, lo hizo en Gimenells. Al principio no lo llamaban hasta que al final le dieron como destino Mélida, un pueblo de Navarra. Estaban haciendo Rada y cuando lo acabaron fueron a vivir al pueblo. Estuvieron 10 años en Rada y allí nació su segunda hija y el hijo. Tuvieron tres hijos, dos chicas y un chico. Joaquín, como mayoral, se encargaba de controlar si iban bien los lotes, si lo trabajaban correctamente “Todo tenía que ser por escrito y luego el perito lo revisaba cada mes”, recuerda María.

Ellos no tenían lote pero si corral donde criaban animales y 1 o 2 tocinos que mataban cada año. María guarda muy buenos recuerdos “Allí salían muy buenas cosechas”. A los diez años volvieron a tierras oscenses, instalándose en el pueblo monegrino de Cantalobos donde Joaquín continuó ejerciendo de mayoral. El pueblo ya estaba construido, igual llevaban cinco años viviendo la gente. En Cantalobos han vivido más de 30 años y ahora los recuerdos de María nos han llevado a recorrer su historia, de esfuerzo  y trabajo.

Ahora tiene 86 años y goza de una excelente salud y memoria. Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.