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El batán y los molinos de Sariñena


Sariñena, bañada por las aguas del Alcanadre, siempre ha poseído una rica huerta regada a través de sus acequias; aguas que además servían para mover un batán y sus diferentes molinos, tanto harineros como de aceites. Así lo define Pascual Madoz, en su diccionario geográfico-estadístico-histórico de 1845: “Tres eran las acequias madres, cuyo riego termina á ¾ de leg. de la población, impulsando además las máquinas de un batán, un molino harinero y otro de aceite.” (Las acequias de los lugares de Sariñena y Albalatillo).

La misma referencia aparece medio siglo antes a través Pedro Blecua y Paul en su Descripción Topográfica de la ciudad de Huesca y todo su partido de 1792 “A igual distancia hay una ermita, muy capaz, del apóstol Santiago, que se cree fue de templarios, por los vestigios que se conservan. Otro molino de aceitunas y un batán contiguos son de particulares”, además Blecua y Paul apunta el molino harinero del complejo agropecuario de La Granja del monasterio de la Cartuja de las Fuentes.

No obstante, en el caso de los molinos, nos podemos remontar al 19 de diciembre de 1323 cuando se lleva a cabo una donación de bienes por parte de Pedro Jiménez de Sarasa y su esposa Teresa a favor del prior de Sariñena: ”Consistente en unas viñas, casas, 9 sueldos de treudo y la parte y derecho que ellos tenían en dicho molino harinero y trapero del Rey, situado en el término del citado concejo de Sariñena con 6 cuartales y 1 almudín. El objetivo de la donación era fundar una capellanía perpetua en el monasterio de Montearagón. En el escrito se dice que el molino tomaba el agua directamente del río Alcanadre.” (Los batanes de Aragón (siglos XII-XVI) Germán Navarro Espinach. Universidad de Zaragoza). 

Detalle de la parte inferior izquierda del pergamino en que figura el inventario del molino trapero y harinero de Sariñena de 1371 donde se aprecia el dibujo de unas líneas para expresar las medidas de las muelas (Los batanes de Aragón (siglos XII-XVI) Germán Navarro Espinach. Universidad de Zaragoza).

En 1371, un segundo pergamino, recoge un detallado inventario de bienes del llamado “molino harinero y trapero del Rey” con motivo de su arriendo. El documento queda recogido en la obra de Germán Navarro Espinach, “Molinos harineros en el reino de Aragón (Siglos XIV-XVI)”, citando que el molino estaba ubicado en el río Alcanadre. Para su inventario, apunta Navarro Espinach, entraron en su interior Domingo Redón, oficial de dicha villa en representación del abad de Montearagón, el señor del molino, junto con el arrendatario Sancho Conesa, escudero de Sariñena, y el notario Guillem Losa que levantó acta de todo lo que encontraron. A esto añade Navarro Espinach: “Medio siglo después de la donación anterior de 1323, un pergamino fechado el 22 de marzo de 1371 muestra en primer lugar la copia de un documento en el que el monasterio de Montearagón arrendó durante quince años a Sancho Conesa las partes correspondientes del molino del Rey de Sariñena, a saber, 16 cuartales y 3 almudes en total junto a las demás posesiones por el pago de 400 sueldos jaqueses, considerando las capellanías instituidas por Pedro Corona, María Corona y Pedro Jiménez de Sarasa, todas ellas dotadas con sus respectivas porciones del citado molino. Posteriormente, el monasterio como arrendador y Sancho Conesa como arrendatario entraron en el molino trapero y harinero de Sariñena con el notario para levantar acta de todo lo que había en su interior. En la parte inferior del pergamino se llegó a dibujar unas líneas para representar visualmente las medidas de las muelas” (Los batanes de Aragón (siglos XII-XVI) Germán Navarro Espinach. Universidad de Zaragoza). 

“Sia manifiesto a todos que, anno a Nativitate Domini millesimo CCCº LXXº primo, a saber es dia viernes XXVIIIº dias de março, en el molino clamado del Rey situado en el termino de la villa de Saranyena. En presencia de los honrados et discretos don Domingo Redon, official de la dita villa por el senyor abbat de Montearagon, e Sancho Conesa, scudero habitant en la dita villa, arrendador del dicho molino, et present mi, notario, et los testimonios aiuso scriptos, fue feyt el present inventario de todas las cosas que fueron trobadas en los casales farinero et trapero del dicho molino dins la forma siguient. 81 AHN, Clero, Monasterio de San Victorián de Asán, carpeta 772, núm. 17. 82 AHN, Clero, Monasterio de San Victorián de Asán, carpeta 775, núm. 5. 83 AHN, Clero, Monasterio de Montearagón, carpeta 661, núm. 7. 84 AHN, Clero, Monasterio de Montearagón, carpeta 668, núm. 2. MedievalisMo, 33, 2023, 139-180 · issN: 1131-8155 162 Los batanes de aragón (sigLos xii-xvi) Primerament, fue trobado en el casal del farinero dos molares molientes, en el uno havia un ruellyo con su muela, en el otro muelas iusana et susana, las quales muelas e ruellyo eran de las midas infrascriptas. En las ditas dos molares havia sus gruenças, ruedas, palos, nadillyas, corrones et armiellas todas buenas, canales, aviles et crebadas. E havia mas en el dito molino una muela baldera, una archa suficient, dos picos de tallyo, un porpalo de f ierro, un almut de fierro que era un bacinet foradado, dos çerciellos de fierro pora muela, un quartal de fuste, una exada ampla sotil. En la cobierta del molino havia dos tinyadas crebadas sobre el ruellyo, la otra era suficient, excepto que era mal recancellado. En el salto del dito molino havia mester adobo. En el molino apart del salto et apart del primer cacavo estovo et faze a socalçar et encara las medianas de los cacavos. Item fue trobado el casal del trapero descobierto et todas las tapias sanas, et fue trobado en aquell una pila et mallyos aviles et quasi podridos, el arbol fondido et crebado, la rueda toda crebada, el salto bueno et sienes de canal, las midas del rueyllo et muelas sobreditas son los que se siguen. Primerament mida del rueyllo [dibujo de línea] Item la mida de la muela sobre el [dibujo de línea] rueyllo. Item en el otro molar havia la muela susana daquesta [dibujo de línea] mida. Quanto la iusana era toda tronçones et no valia res. Mida de la muela [dibujo de línea] baldera. Et de las anteditas cosas los ditos oficial et Sancho Conesa requirieron a mi notario que les ende fizies dos cartas publicas de las quales fincase la una en poder del dito senyor abbat de Montearagon et la otra en poder del dito Sancho Conesa. Presentes testimonios ad aquesto specialment clamados e rogados Pero Sanches de Biel, scudero habitant en la dita villa de Saran yena, et Domingo Salvaterra, vezino de la Sardera, aldea de la dita villa. Signo de mi Guillem Losa, notario publico de Saranyena et general por auctoritat real por todo el regno de Aragon, qui aquesto scrivie et adie et emende en la VIIIª linea do dize daquesta et mas un troz de la mida et por letras de abc la partie et çarre.”

AHN, Clero, Monasterio de Montearagón, carpeta 668, núm. 2.
Los batanes de Aragón (siglos XII-XVI) Germán Navarro Espinach. Universidad de Zaragoza. 

Detalle de la parte inferior derecha del pergamino en que figura el inventario del molino trapero y harinero de Sariñena de 1371 donde se aprecia el dibujo de unas líneas para expresar las medidas de las muelas. (Los batanes de Aragón (siglos XII-XVI) Germán Navarro Espinach. Universidad de Zaragoza).

La documentación de aquella época continua y así, en 1390, el monasterio de Montearagón da a treudo a Eximino Loarre, clérigo racionero de la iglesia de San Salvador de Sariñena, el molino del Rey, “sito en el lugar llamado Huerto de Suso en el término de Sariñena, molino antes estaba atreudado a Ramón de Castro, el cual no pagaba el treudo” (1390-07-12). (La iglesia de Sariñena).

En 1751, Don José Mirallas, familiar del Santo Oficio, vecino de la villa de Sariñena y arrendador de sus Propios, suplica que el Ayuntamiento de la misma proporcione agua a los molinos harineros y de aceite, con objeto de evitar los perjuicios que su falta le han ocasionado. – 1751 ES/AHPZ – J/001302/0022

Así, la huerta de Suso responde al paraje del margen derecho del río Alcanadre al norte con Sariñena, y forma parte de la huerta vieja de Sariñena. Se accede desde la localidad por medio del camino de la ermita de Santiago. Por allí, cerca del río Alcanadre pasa la llamada acequia de Albalate que debía de mover el molino harinero del Rey. Situado en las inmediaciones de Sariñena, sus restos parece ser que forman parte de una propiedad particular. La acequia de Albalate nace aguas arriba del Alcanadre, muy cerca de Sariñena y recoge aguas sobrantes, careciendo, al parecer, de toma directa con el Alcanadre.

Pero lo más reseñable es la existencia de la acequia del Molino, que junto a la acequia Valdera, constituyen una gran obra de ingeniería que han permitido a Sariñena contar con una gran y excelente huerta. La acequia del Molino consta de una longitud de 12 kilómetros, recogiendo el agua a mitad trayecto entre la confluencia del Alcanadre con el Guatizalema con la localidad de Sariñena. Partía de la antigua presa del Soto del Capitán, actualmente en ruinas pero que aún presenta los restos de una caseta que, para Antonio Naval Mas (Las acequias de Sariñena) esta construcción “Es de sumo interés pues tiene marcas de cantero, por lo que a falta de documentación escrita que permita datarla, nos remite a la Edad Media”. Antonio Naval Mas apunta que esta presa fue sustituida por unas más recientes: “Aguas arriba de esta impresionante obra totalmente arruinada se construyó con gaviones otra más endeble. También fuera de uso, la actual, construida en cemento, fue situada, a unos cincuenta metros más arriba de ésta. Es la denominada Presa del Molino” (Antonio Naval Mas, Las acequias de Sariñena).

Tanto la acequia como el camino llevan el nombre “del Molino”, e igualmente, según el portal IDEA de Aragón, aparecen los diferentes nombres de acequia del Molino, acequia del Hospital del Molino, camino del Molino o camino del Molino nuevo. Así mismo, el mapa del vuelo de 1927 recoge la denominación de acequia del Hospital del Molino. Igualmente, siempre ha existido el paraje denominado los Campos de Molinos, al sur de Sariñena, entre el paraje de los Esquiñones al oeste, los campos del Saso al este y los Estañuelos al sur.

Para Antonio Navalmas la acequia del Molino pasó por tres molinos de cereales y se perdía después de mover un batán, al sur de Sariñena “Dos han sido y son las importantes infraestructuras hidráulicas que han hecho de Sariñena una rica huerta, las acequias de Valdera y del Molino”.

Recapitulando, podemos decir que en Sariñena existieron varios molinos, el más destacado, tal y como hemos comentado, respondió al Molino del Rey, en la Huerta de Suso, localizado en el margen derecho del Alcanadre, movido por la acequia de Albalate y cuyos restos responden a una propiedad particular. Por el contrario, la acequia del Molino movió el molino harinero de Amado Pueyo (Harinera Monegros), camino de los Olivares al norte de Sariñena y al sur el molino de Torres, donde se encuentra la residencia, y el molino de Paraled, por el mismo camino del Molino.

El molino de Torres era de aceite, constaba de grandes edificaciones y, según recuerda Rafael Anoro, tenía su propia balsa.

Molino de Torres. Vuelo de 1927.

El molino de Paraled fue harinero  y a partir de un documento notarial de 1878 de bienes de José Paraled y Hurtado contamos con una pequeña descripción de su conjunto:  “Un molino harinero con casa, corral, huertos y dos fajas de tierra componentes todo sola finca de tres fanegas cuatro almudes y media de extensa superficial los huertos y fajas de tierra, equivalentes a veinte y dos áreas noventa y tres centiáreas y el edificio de veintiún metros seiscientos diez y seis milímetros de largo, por ocho metros cuatrocientos cincuenta y dos milímetros de ancho”. En ese mismo lugar, con el tiempo fue construida una central eléctrica por Joaquín Paraled Sarrate.

Molino ya Central Eléctrica Paraled. Vuelo 1927.

El batán de Sariñena se localizaba al sur de la población, en la confluencia de las acequias del Molino, la Acequieta (derivación de la acequia del Molino) y la de Albalate. Respondía a una máquina generalmente hidráulica, compuesta de gruesos mazos de madera, movidos por un eje, para golpear, desengrasar y enfurtir los paños.

Como topónimo aparece recogido tanto como “paraje” en el registro de la propiedad como parcela en el catastro. En documentación registral consultada aparece incluso el llamado “camino del Batán” (Documento del Registro de la Propiedad de Sariñena, 1970).

Batán Sariñena. IDEA Aragón.

Al batán se accedía por el camino del río, por las Cequin Bajas. La acequia de Albalate se cruzaba a través de un vado y llegabas al lugar de intersección de las tres acequias. El campo se regaba por medio de un aguatillo que embalsaba agua en la propia acequia, para alcanzar altura y luego caer por un rebasadero de hormigón en donde en su lateral derecho se aparecían unas escaleretas. Al lado se encuentran los restos de una antigua construcción, parte de sillares y parte de ladrillo, atestiguan su pasado.

Aguatillo del campo del Batán de Sariñena.

Fermín Grustán, el Tinturero, cuenta que el campo fue de su abuela Basilisa Basols Delafuente y que siempre fue conocido como campo El Batán. Pero también ha sido y es conocido como el batán del Tinturero, pues como dice Antonio Navalmas “estas pequeñas industrias fueron también tintorerías”.

Restos del batán de Sariñena.

Queda atestiguado la existencia del batán de Sariñena y algunos de sus molinos, parte de esa infraestructura hidráulica, de acequias, enfilas y brazales, de una huerta que fue vital para la supervivencia y desarrollo de Sariñena y comarca.

Gracias a Keko Anoro, Fernando Tierz y Fermín Grustán por ayudar a localizar y documentar el Batán de Sariñena.

Gonzalo Casamayor Suñén


Natural de Alcubierre, Gonzalo nació el 22 de noviembre de 1948. Apicultor y pastor, su trabajo lo ha desarrollado significativamente en la Sierra de Alcubierre, recorriendo sus caminos, campos y aldeas que rebosaban de vida: -En cada cerro había un pequeño rebaño de cabras, ahora apenas se ve un rebaño de ovejas pastar por sus montes-. Efectivamente, ahora las casetas, parideras y corrales se escachan, las balsas y balsetes quedan abandonados. La sierra ha cambiado, también la vida, pero su memoria aún está viva.

De casa «Calavera», por parte de paterna, su padre trabajó en varias empresas, principalmente en los riegos, haciendo canaletas, azarbes, sifones… lo hacían a mano e iba a trabajar en bicicleta; fue después de hacer el canal. En torno a 1947-1948, cuando nació Gonzalo, su padre se encontraba trabajando en el túnel de Escarra en Sallent. Eran tres hermanos y su madre trabajó en casa. Prácticamente tenían muy poca tierra.

Gonzalo guarda entrañables recuerdos de su niñez, de cuando jugaban a los pitos, a las canicas, y a las carpetas, con las cartas de la baraja; ellos mismos se hacían sus propios juguetes. Fue a la escuela en clases separadas y la escuela estaba en el edificio del ayuntamiento, por donde está la farmacia.

También se acuerda de cuando llevaron el agua corriente a Alcubierre: -Hicieron cuatro fuentes. Una en las cuatro esquinas, en el cruce entre la carretera Sariñena Zaragoza, con el camino de san Caprasio y la carretera a Robres. Una segunda debajo de la virgen del Remedio, conocida como plazeta de las cabras. La tercera en la plaza del lavadero, donde aún recuerda el antiguo lavadero donde de críos iban a jugar. Era un porche abierto, como el de Villamayor, tejado de tijeras de madera. Aún está la solera de cemento. La cuarta fuente es la de la plaza del ayuntamiento, aún existe, aunque no es la original-.

A los 12años ya iba por la sierra con cabras, iba por un cerro y las cabras por otro y se veían: -Ahora hay tantos pinos que resulta imposible-. El llevaba “un ciento de cabras” y en Alcubierre igual había entre 10.000 a 12.000 ovejas y cabras.

Las cabras han sido muy importantes, por la leche, en cada casa tenían un, dos o tres cabras por lo menos, entre todas hacían un ciento que llevaban con la vicera. Con las cabras ganaba unas 2.500 pesetas al mes, iba desde el pueblo a la sierra y cuando parían se quedaba en el monte:  -Una mujer soltera tenía una cabra muy buena que parió tres cabritos, sería por 1964. Le llevé los tres cabritos y se puso tan contenta que me dio dos cincuenta de pesetas, que casi era el sueldo de un día-.

Con 15 años estuvo de pastor de cabras y hacía la vicera de las ovejas y las cabras, juntando unos pocos animales de muchas casas. En algunas casetas se marcaba con carbón o con la navaja –Fulano de tal, vicero de pelo-; de pelo son consideradas las cabras mientras las ovejas de lana.  

Con las ovejas ganaba 2.800 pesetas.  Las ovejas de la vicera tenían un polígono, desde el pueblo hasta el Pantanico. Lo hicieron en el 64: – Haciendo el pantanico salió un manantial y las lomas estaban completamente empapadas-.

Sobre la trashumancia, Gonzalo comenta que en tiempos sí que subieron algunas casas a la montaña.  

Hacían leña en la sierra, pero había un guardia que vigilaba hasta los sisallos. De hecho, apunta Gonzalo -Estaba de guardia para eso, para la gente no hiciera sisallos como leña. Había guardas para todo, para las viñas y eran los que más uva se llevaban. –

Gonzalo recuerda ir a buscara agua a las balsas –Con un mulo y un cubo de cinc de 200 litros iba el aguacero y decían: “Ahora viene el aguacero con el cubo”-. Por las piscinas estaba la balsa grande, apunta Gonzalo, donde iban las mulas a abrevar. Encima estaba la balsa pequeña, donde se quedaba la arguila, arcilla, donde aún existe la tajadera, justo al otro lado de la carretera a Robres.

Antes, desde la balsa de Valmediana, por el camino a san Caprasio, bajaban el agua al pueblo a través de una tubería hasta la fuente de la placeta de las cabras, esquina con el super. La quitaron antes de traer el agua y con el tiempo, al labrar los campos, por donde pasaba la tubería, salían restos. Al lado del silo estaba el Balsón, vallado de piedra, y abastecía de agua al pueblo.

-Un año que no llovió nada, el único sitio donde había agua era en la balsa Nueva-, recuerda Gonzalo, la balsa, que tiene un madero en medio, se encuentra camino a Loma Gorda, conocido como camino balsa Nueva. Aquel año tenían que ir a buscar agua a balsa Nueva con carros en pleno febrero.

La agricultura y ganadería han sido la actividad principal en Alcubierre, –Todo secano, con la llegada del canal ha habido algo de huerta, de regadío, pero muy poco-, apunta Gonzalo. Había huertos en el manantial de la balsa Pina y bajaba el agua hasta el camino de la balsa Nueva. El manantial ha desaparecido. Antes casi todos los años nevaba y había muchos manantiales: – La Fontaneta, camino pozo Pablico, nunca se había secado hasta el año pasado. Un poco más arriba, del pozo Pablico sacaban agua para las mulas-. El monte aún está lleno de balsetas y balsetes donde a las mulas les daban con el pozal.

Gonzalo cuenta sobre las repoblaciones que hubo por la sierra, por las zonas del barranco nuevo y barranco del hambre y doña Pascuala. El vivero estaba situado en el barranco nuevo y hubo mucho trabajo para plantar pinos, pues la sierra estaba muy pelada. Pero también se aprovechaba y se sacaba lo que marcaban, poco, 2 o 3 pinos y no muy gordos.

Carrasca: Carrasquizo cuando es más arbusto. Coscoja: Coscojo.

Al final, Gonzalo estuvo dos años con cabras y un año y poco con la vicera de ovejas. A los 17 años marchó a trabajar a Navarra y Victoria haciendo azarbes, también estuvo por Cantalobos y Orillena. Luego realizó el servicio militar en 1970, durante 15 meses en Zaragoza. Tras la mili, volvió a la empresa anterior, a Uriarte, trabajó 3 meses en San Sebastián y luego en el tercer tramo del canal de Monegros.

Sobre 1970, ya en Alcubierre, Gonzalo puso colmenas y se hizo apicultor y más tarde, para complementar, se puso ganado; pues con solo las colmenas no podía vivir. Y eso que antes no había tantas enfermedades y había mayor producción de miel, La vendía a mayoristas que venían a Alcubierre a recogerla. Así, hasta su jubilación se dedicó a las colmenas y al ovino.

Se puso de pastor con 26 años, sería por 1974. Ha llevado ganado de rasa aragonesa y unas pocas cabras, recorriendo la sierra de Alcubierre, donde ya resulta casi imposible encontrarse con algún ganado. Un oficio que ha amado en un entorno que ha cambiado, que ya no es el mismo de una forma de vida que ya hace tiempo dejamos atrás.

Pastores de Los Monegros:

José Trallero Buil y Aurora Alfaro Raluy


Natural de El Tormillo, José Trallero Buil nació en la localidad el 20 de julio de 1932. De familia de agricultores, sus padres José y Rafaela eran de El Tormillo de toda la vida. Tenían algunas tierras, más bien pocas y de secano, pues –aquí era todo secano hasta hace dos años comenzó a llegar el regadío-.

José nos recibe en su casa junto a su mujer Aurora Alfaro Raluy, quien también nació en El Tormillo, el 25 de septiembre de 1937. Curiosamente, ambos son mellizos con sus respectivos hermanos. Nos acompaña en esta mañana de verano su hija Aurora Trallero Alfaro. El pueblo está animado, el verano siempre los rejuvenece. Y nos trasladamos a su juventud, a su pueblo, El Tormillo, que siempre ha pertenecido y se han considerado de Los Monegros hasta la comarcalización, por la que fueron incluidos en la comarca del Somontano.

Ambos iban a la escuela, la escuela separada de niños y niñas, en la de chicos unos 30 y en la de chicas unas 25 -Los maestros eran don Francisco y doña Pilar, eran matrimonio, eran muy buenos maestros y siempre han sido muy queridos en el pueblo-. Pilar había estado antes en Sariñena de maestra. Hoy en día, en las escuelas, viejo edificio de 1917, se encuentra el centro social.

Iban a coger el agua a la fuente Vieja, que se encontraba por donde ahora está la piscina, era de manantial y de ahí se distribuía a otras fuentes que estaban por el pueblo. Además, había tres balsas: la del Pueblo, la de La Clamor y la del Tejero.  El lavadero o lavador estaba algo lejos, por el Pantano -Había un grifo por el que siempre salía agua; también era de manantial-.

José apunta como antes se sembraba cebada y trigo, además había almendrales, olivares y mucha viña: -En cada casa había 1 o 2 viñas, un almendral y olivos, según la casa, si era casa rica pues tenían más-.  Había molino de aceite en El Tornillo. En 1950 ni se segó ni se trilló, no se cogió nada por una gran sequía, mucha gente marchó, sobre todo, de aquí a Sabadell. 

Cada casa tenía un par de mulas menos las casas ricas que tenían tres pares de mulas. El panadero tenía una vaca y vendía leche, pero en cada casa había algún tocino, gallinas, conejos y palomos: -El caldo de palomo era muy fuerte-.  Había dos tiendas: casa Gonzalo y casa la Jaima (La Felisa); dos carnicerías, casa Felipe y casa Clau. -Hubo zapatero, esquilador de mulas, carpintero, cura con casa propia…- También, en El Tormillo había unos 4 o 5 pastores, para las casas más ricas del pueblo, casa Ferrer, casa Vicente, casa Blecua y casa Felipe.

Pero lo que verdaderamente fue importante fue su estación ferroviaria, que aportó mucha vida y prosperidad a la población. La estación ferroviaria Tormillo-Lastanosa, que dista unos tres kilómetros del pueblo; distancia que hacían andando o los iban a buscar.

Estación de ferrocarril Tormillo-Lastanosa.

Entonces, recuerdan José y Autora, en El Tormillo había unas cien casas y unos 500 vecinos, el pueblo tenía vida -Sin olvidar la estación de Terreu, donde había jefe de estación, factor y guarda aguja-. En La Masadera había un paso a nivel, pero sin barrera.

José ingresó en Renfe en Vías y Obras el 5 de agosto de 1959, desarrollando una vida profesional completamente vinculada al mundo ferroviario. Y, sin duda alguna, José es memoria viva de la estación ferroviaria Tormillo-Lastanosa.

José y Aurora nos van desgranando sus recuerdos, como en la estación vivían ferroviarios, había viviendas donde se alojaban el jefe de la estación, el factor y el guarda agujas. Había un muelle para carga y descarga de mercancías, se cargaba mucha paja para Cataluña, grano y harina de la harinera de Berbegal, sacos de 100 kilos cada uno. Se descargaba abono.

Estaban las brigadas de mantenimiento, apuntan José y Aurora, la brigada 15 de El Tormillo, la 14 de Lastanosa y la 16 de Terreu. Cada brigada estaba compuesta por 6 obreros, un 1er obrero y un capataz. Cada brigada era responsable de un tramo de vía, arreglaban los baches, cambiaban traviesas, algunas, de madera de haya, se quemaban con la carbonilla que tiraban las máquinas. Pasaban mucho calor y había mucho trabajo ya que pasaban muchos trenes. Muchos obreros vivían en El Tormillo ya que les alquilaban casas.

A su vez había unas tres o cuatro casas en la estación Tormillo-Lastanosa, dos de guardas agujas, la de los Basoles, la de Jaime, Tricas y la de Acacio, el jefe. Además, en el pueblo estaba la Posada en casa de Mariano Pérez, donde se alojaban varios ferroviarios y viajeros.

Pasaban los trenes del correo y el rapidillo. A las diez de la mañana pasaba el tren que iba de Zaragoza a Barcelona, era el tren correo en el que iba mucha gente. El rapidillo pasaba a las 9 de la mañana, de Lérida a Zaragoza y salía de nuevo por la tarde de Zaragoza a las 17:30 horas y pasaba a las 19:30 por El Tormillo continuando hasta Lérida.

Muchos tenían un pase gratis para viajar, José tenía el “carnet ferroviario” y fueran a donde fueran lo tenían gratis. Aurora tenía “El carnet kilométrico”, con el que podía hacer hasta 300 km gratis. Cogían el tren correo a Monzón para comprar y a Selgua para hacer transbordo a Barbastro, donde cogían la Burreta. También contaban con un auto línea Villanueva de Sigena a Barbastro, que paraba en Sena, Castelflorite, Lamasadera, estación Tormillo-Lastanosa, El Tormillo, Peralta Fornillos, Berbegal y Barbastro. Algunos cogían el tren en la estación para irse de viaje de novios a Barcelona.

A la estación acudía el correo de Castelflorite, Lamasadera, Peralta, Berbegal y el mismo Tormillo. -Venían en una burra- El de El Tormillo era el jefe, cogía la saca y en un cuarto de la estación lo repartían

Había un despacho de telégrafos, y telegrafiaban en la estación, era una habitación y la llevaba militares que estaban realizando el servicio militar obligatorio.

Había estraperlo, se llevaban sacos de trigo y los mozos de tren lo cargaban – si iba a 3 pesetas el saco allí lo vendían por 6 pesetas- En Terreu había más estraperlo -En la casilla de Terreu llevaban incluso un vagón vacío que llenaban con el estraperlo-. La Guardia Civil estaba en Peralta, pero todos los días se acercaban por la estación. Igualmente, se recogía algo de carbonilla, carbón a medio quemar para aprovecharlo en las casas.

La estación aún conserva el pozo de agua. De Sariñena acudía un tren con un vagón cisterna que llenaba el pozo de la estación, el depósito. Con una carrucha y un pozal sacaban el agua y llenaban el botijo. También abastecían a las casas de la estación. En Sariñena era donde los trenes repostaban agua y carbón. José y Aurora recuerdan a Cosme García y Pilar Mir, de Sariñena, que vendían refrescos en la misma estación de Sariñena.

Lamentablemente quedan las ruinas de casa Lacoma, quien vivió allí durante muchos años. También queda un almacén, lo hizo uno de Sena en torno a 1965, un particular, y no tiene nada que ver con la estación.

El 2 de octubre de 1958, José marchó como mozo de estación a Lérida, pero volvió a El Tormillo en 1960 como guarda agujas, hasta 1963, cuando se casó con Aurora y volvió definitivamente a Lérida hasta su jubilación. José y Aurora se casaron el 5 de octubre de 1963, se casaron tres a la vez, ellos y sus respectivos mellizos con sus correspondientes parejas, José y Aurora señalan que la boda debería haber sido noticia, según les dijo un corresponsal del Heraldo de Aragón que cubría la zona. En Lérida estuvo como capitán de maniobras.

La estación ferroviaria de Tormillo-Lastanosa estuvo en auge hasta 1965, cuando su actividad comenzó a decaer. Con el tiempo los obreros los concentraron en Sariñena, la estación la cerraron de noche, el personal dejó de vivir en la estación y todo hasta que sobre 1980-1981 dejaron de parar los trenes -Cuando cerró la estación fue una ruina para el pueblo y luego también acabaron cerrándose las escuelas-.    

Pasear por El Tormillo, en su paraje quebrado de barrancos y bajo su cantera de elevada pendiente, es descubrir un pueblo tranquilo, con sus casas de arquitectura tradicional, de gran belleza. Es sentir la historia, la vida de un pueblo que guarda una gran memoria muy ligada al ferrocarril que tanto significo para el pueblo. Ahora solamente se ven pasar los trenes por la pequeña estación, soñando con que algún día vuelva a parar.

Gracias a Aurora Trallero Alfaro.

José Trallero Buil falleció el 7 de octubre del 2024, a penas dos meses después de la entrevista.

Eloy Abadías Martínez, Mayoral del dance de Lanaja


Mayoral del dance de Lanaja, papel que comparte con su amigo Ángel Condón, Eloy es una caja de sorpresas. Hablamos de albañilería, de la forma tradicional de construir y de cómo ha cambiado todo. Nos abre las puertas de su casa, donde la artesanía y el arte, el trabajo con los materiales y el ingenio lo inunda todo. Pero con Eloy también nos adentramos en el dance de Lanaja, en su viva tradición hecha con la ilusión y el orgullo que cada 21 de septiembre, en honor a san Mateo, hace vibrar a Lanaja.    

Eloy Abadías Martínez y Ángel Condón, mayorales del dance de Lanaja.

Natural de Lanaja, Eloy Abadías Martínez nació en 1957. De casa Gabarre, por parte materna, casa pudiente de la localidad, y casa el Ribereño, por parte de paterna; pues venía de la ribera del Ebro. Su padre era albañil, al igual que su abuelo, oficio que continuó Eloy y del que su padre dijo -como enganches aquí ya no lo soltarás en toda la vida-.

Su abuelo trabajó en el canal de Monegros: -El vaso del canal lo picaban a mano, había mucha mano de obra y los pajares estaban llenos de trabajadores. Hay fotos en las que se ven a hombres con pico y pala y en el acueducto de las arcadas aún se ven las marcas de las tablas del encofrado-. Además, su padre trabajó mucho en la construcción de los pueblos de colonización, -hubo mucho trabajo-.

En Lanaja se ha trabajado mucho con piedra que se sacaba de la sierra, de canteras o piedras clarezca que salía de la labranza de los campos. Cando se bajaba de la sierra, siempre había que aprovechar el viaje y, aunque fuese, bajar algunas piedras. -Una cantera se ve muy bien la cantera de la Maladilla-, cuenta Eloy, -en la carretera de Lanaja a Monegrillo, con tan solo subir la sierra, en las curvas. De allí obtuvieron piedra para la carretera de Lanaja a Sariñena -. También se recogía piedra de yeso, la metían en hornos y una vez cocidas, en las eras, las molían con las ruedas de los carros. Así, obtenían yeso para la construcción.

Lo que faltaba era el agua, su abuelo decía que por Lanaja se cambiaba el vino por agua. Se subsistía, cada casa tenían algo de viñas, oliveras y criaban un tocino. En las casas pudientes había bodega de vino, prensa de vino y molino de aceite. En casa de Bastaras había unas enormes pipas para almacenar el vino, unos toneles grandísimos, apunta Eloy.

El agua la iban a buscar a las balsas. Eloy iba con dos pozales que llevaba gracias a una rueda con un eje donde los colgaba. Acudía a la balsa de los Tres Castillos, donde actualmente se encuentra el centro social de los jubilados. En aquella balsa bebían las personas, pero también el ganado. Por el parque estaba la balsa Alta y por donde está la deshidratadora la balsa Nueva o del Tejar. Aún queda la balsa de la Cruz, carretera a Monegrillo, a unos pocos metros de Lanaja.

En la balsa del Tejar había un tejar donde hacían ladrillos, tochos, tejas… También estaba el cañicero, hacía cañizos y los tejía en los tejados. Eloy ha visto también hacer adobas en la balsa de los Tres Castillos.

La madera la conseguían de la sierra, la mayoría era madera de pino, aunque en las casas buenas se utilizaba maderos del Cinca que subían desde Fraga. La madera de sabina, que es más dura, se empleaba en los cabeceros y en los puentes.

La leña la hacía la propia gente a nivel particular. En la sierra se hacía la vida. Su padre quiso ir a la sierra antes de morir, por Valdecarro, por donde había estado de rebadán, Se quedó sorprendido, antes distinguían el camino por las rodadas del carro y todo a su alrededor estaba pelado por el paso del ganado. Ahora, la vegetación se come los caminos -Antes había mucho ganado, la sierra estaba llena de vida-.  

Eloy, en su niñez, jugaba a los pitos o canicas, corría por las calles, iban a robar uva y alberjes al saso y subía por las canteras y las cuevas, -las cuevas se hicieron durante la guerra como refugios ante los bombardeos que sufrió la población-. Fue a la escuela hasta los 14 años, cuando la dejo para ir a picar a la obra hasta los 61, cuando se jubiló.

Se casó con Pilar Mari Pelegrín y tuvieron dos hijos, Aitor y Dani. Con 41 años sufrió un accidente, se cayó del andamio de un séptimo piso, en su caída se fue quedando liado entre unas silgas que detuvieron su caída a escaso medio metro del suelo. Eloy volvió a nacer.

Eloy tiene la afición de realizar manualidades, con madera, piedra o hierro, realiza maquetas, representaciones de fachadas de casas o detalles de diferentes construcciones. Es capaz de todo, utilizando diferentes materiales es capaz de realizar miniaturas, juguetes, cuadros e incluso sus marcos, elementos decorativos o ingeniosos muebles. Uno se queda corto porque la capacidad creativa de Eloy no tiene límites.

Con diez años, Eloy empezó a danzar en el dance de Lanaja, su hermano ya era danzante -Toda una vida danzando-. Incluso puede decir que junto a su mujer y sus dos hijos han sido pioneros en Aragón al danzar en familia –una familia completa en un dance-. Ha sido siempre danzante, hasta que en el 2016 falleció el antiguo mayoral Alfonso Nasarre “El Cartero”. Lo sucedieron los dos danzantes más mayores, Eloy y Ángel Condón, amigos de toda la vida y que actualmente comparten el papel de mayoral en el dance de Lanaja.

El dance de Lanaja se celebra para san Mateo, para el 21 de septiembre. Antiguamente se danzaba hasta tres días, un día se hacía ronda por casa de los mayores, el segundo con las mairalesas y el tercero para san Mateo.  

Actualmente, el dance de Lanaja consta de las siguientes partes:

  1. Pastorada.
  2. Procesión, ofertorio en la iglesia y actuación en la plaza de la iglesia.
  3. Mudanzas, de palos, espadas y el baile de cintas.
  4. Dichos y motadas, primero se dedican chascarrillos a los propios danzantes del grupo y luego van los dichos generales al pueblo.
  5. El degollau, se hace con espadas al ritmo de la gaita.y solo los hombres
  6. Se termina el baile de las cintas.

La danza de cintas se entrelaza doblemente, del palo central y entre ellas, lo que exige bastante a los danzantes, de cruzarse entre ellos. Es una particularidad del dance de Lanaja, comenta Eloy. El baile se había perdido, pero se logró recuperar.

El dance de Lanaja se recuperó en 1943 y desde entonces se ha introducido la mujer, ahora son una mayoría en el grupo. Eloy lleva más de 50 años de danzante, junto a Ángel Condón, y ambos fueron condecorados en su cincuenta aniversario como danzantes.

Empezaron ensayando todas mediodiadas en placetica de la iglesia, sin dejar dormir la siesta a los vecinos. Eloy se acuerda del Currutaco, de Jerónimo Tabueña y su hijo Luis Tabueña. Alfonso Nasarre “El Cartero”, antiguos mayorales. Como gaitero actualmente está Macario Andreu, Alicia y Alba Escanero y antes también “El Carnicer” que tocaba el acordeón. Macario aprendió de los Lahiez. A su vez han incorporado en la música violín y melódicas.

Para el ofertorio forman una fila los danzantes rojos y otra fila los azules, delante del altar con la espada apoyada en el hombro. Paso a paso todos van pasando por el altar besando una reliquia al ritmo de melodía de gaita y violín y 4 o 5 melódicas. Es un momento muy emotivo para los danzantes. Además, Eloy es el encargado de hacer los palos para los danzantes y realiza el mantenimiento de las espadas.

Dani, Aitor, Eloy, Pilar Marí y Ángel.

Eloy y Ángel ejercen de mayorales, conduciendo el dance de Lanaja con gran ilusión. Tradición viva gracias a personas excepcionales que con todo su empeño realizan el arte del dance con sus vecinos, amigos y sobre todo familia.

Eugenio Monesma Moliner, el nieto del Trenzaderas


Con raíces monegrinas, el etnógrafo, investigador y documentalista altoaragonés Eugenio Monesma Moliner siempre ha querido y valorado esta tierra. Ha pisado el polvo monegrino, aventurándose a descubrir e inventariar los secretos del territorio, sus piedras de areniscas, construcciones tradicionales y sus gentes, costumbres y oficios, el saber popular y recorrer sus paisajes. Para Eugenio, Los Monegros posee un valor excepcional, pero ha de ser su propia gente quien reconozca y ponga en valor a Los Monegros.

Eugenio Monesma Moliner en el paraje de Jubierre.

Gregoria Pallares Cor, abuela materna de Eugenio, era natural de Castejón de Monegros. De joven marchó a servir a una casa de Sariñena, lugar donde conoció a su abuelo Pedro Moliner, natural del mismo municipio de Sariñena. Le decían el Trenzaderas, a modo de apodo, y le llamaban así por las trenzas de los pantalones que siempre llevaba sueltas. Se casaron, pero los cinco primeros hijos murieron. Al sexto, Benito, lo pasaron por la acequia la noche de san Juan y se marcharon de Sariñena, nunca más volvieron – ¡Consiguieron engañar a la maldición! -.

Eugenio nace en Huesca, donde ha desarrollado su vida. Con 18 años se fue a Ibirque, al lado de Nocito, con un pastor, para aprender la vida de pastor. Para Eugenio, la etnografía y antropología ha sido algo vocacional, afición y profesión que ha compartido con su primo Manuel Benito y Ángel Gari, del Instituto Aragonés de Antropología.

Pronto comienza a grabar artesanos y documentar oficios. Eugenio ya se había iniciado en la realización con cortos en super 8, películas de corte pacifista y cortos de animación. “Jaque de Reyes” fue uno de sus cortos, sobre las guerras y su maquinaría, cómo se organizan, quienes combaten, quienes pierden, quienes ganan y quiénes se benefician. También realizó “Soldados de papel”.

En 1990 crea la productora Pyrene P.V y en 1983 pasa a vivir de la realización. Aquel año realiza Navateros y su carrera le ha llevado a realizar más de 3.200 documentales, publicaciones, programas de televisión y recibir numerosos reconocimientos, distinciones y premios.    

Desde sus inicios se ha aventurado por Los Monegros. Entonces, Los Monegros no se habían estudiado, prácticamente no se había estudiado nada. Con su primo Manuel Benito bajaban a Los Monegros, iban a ver a Macario de Lanaja y descubrían los secretos monegrinos. Manolo comenzó a investigar los dances y Eugenio los oficios. Pero iban por todas partes, igual subían a la montaña que recorrían el llano.

Eugenio Monesma Moliner ha realizado numerosos trabajos etnográficos y antropológicos, especialmente como productor audiovisual. Con su mirada al mundo rural, en Los Monegros ha documentado todos los dances. Los dances los grabó íntegramente con Manuel Benito, además de realizar un documental genérico sobre los dances de Los Monegros. El dance de Los Monegros se ha conservado muy bien, igual que los de la zona de la ribera alta y baja del Ebro, apunta Eugenio – El dance es la fiesta más importante en Los Monegros -. El diablo de Castejón era su pariente, Serrate, cuando lo grabó. El dance de Castejón de Monegros lo ha grabado tres veces, la primera vez en super 8 en el año 85 u 86 y en video otras dos veces.

Igualmente, ha grabado el yeso de La Almolda y sus hornos de yeso, además los de Lanaja y Leciñena. La cera y la casa de la cera en Castejón de Monegros, el esparto en Lalueza y Poleñino, el jabón de palo en Leciñena, las plantas medicinales por la sierra de Lanaja o el nivelador de Lalueza Valentín Baseca. La botería Mairal en Sariñena y la siega y trilla con la asociación Añoranza, los grabados de pastores por Usón o el tambor de Robres, una caseta de piedra seca.

Eugenio Monesma Moliner en la Bodegueta, entre Sariñena y Castelflorite.

También ha capturado el juego de las olletas de Huerto o las corridas de rosca de Grañén, en la festividad de santa Águeda, la romería de palos de Huerto, la vieja remolona en Alcubierre o la festividad de San Sebastián en Castejón de Monegros cuando tiran las naranjas a san Sebastián y sacan la cabra.

-Buscando secretos de las piedras por Castejón de Monegros, José Puey me llevó hasta «El arenal», un lugar con un tipo de piedra frágil con grano muy fino que utilizaban las mujeres para fregar los útiles de la cocina y para sacar brillo a los hierros. –

En su momento, trató de documentar al tonelero de Sariñena, pero no pudo ser. Ha estudiado los pozos de hielo, recrearon el oficio de los pozos de hielo en Uncastillo. También a inventariado las cías, para almacenar grano, hay 6 o 7 muy interesantes por monte Tubo, se almacenaba trigo. Con el esparto descubre el tarantismo y el baile de la tarantela, también estaba la picadura del alacrán y la solución de freírlo en aceite y con ese aceite aplicarlo untado en la picadura –Hasta los años 60 se ha mantenido la tradición oral-.

Mención especial merecen las cuevas rituales de Los Monegros, las mal llamadas cuevas de la fertilidad o fecundantes. Aunque es verdad que, desde un principio, se relacionaron con la fertilidad, por su similitud en forma a un útero materno. Desde hace dos años, investigaciones recientes junto a Aurelio Bail han encontrado diferentes cerámicas, llegando a la conclusión que las cuevas respondían a enterramientos, claramente era cerámica de enterramientos anterior a la romanización: -En Huesca hay 54 cuevas, la mayoría en Los Monegros y en el conjunto de San Lorenzo encontramos casi juntas en torno a una docena de cuevas. Están muy próximas entre ellas-.

Eugenio ha sido pregonero de las fiestas mayores de Sariñena en 1985: “Luego vendrá el pregón de un bravo realizador que hace buenos cortos, en plan moralizador, aunque lo que mejor maneja es el costumbrismo, eso de costumbres y tradiciones, que no son de ahora mismo.  Eugenio Monesma Moliner es este pregonero; aplaudirle con ganas, que no cuesta dinero.” También, en el 2011 ejerció de pregonero de las fiestas de santa Ana de Monegrillo y en las de Castelflorite.

Con Carmelo Lorente Acín, el mayoral del dance de Bujaraloz, descubrieron el agua en la zona de Los Monegros más seca, realizando el documental el Patrimonio hidráulico en Bujaraloz –Los Monegros son paisajes muy diferentes, el tema del agua es muy importante, balsas, aljibes… Los paisajes de la provincia de Huesca no solo son Pirineos, Monegros y sierras. –

Participó en la creación del centro de interpretación de la guerra civil de Robres, con Manuel Benito y ha colaborado con la casa Miguelé en La Almolda, espacio expositivo que nos lleva a una casa del siglo XX, desarrollada por el ayuntamiento de La Almolda y la fundación Miguel Carreras. También ha grabado fogones tradicionales en Los Monegros, con Constantino Escuer Murillo en Perdiguera y otros lugares como el conejo en Grañén.

No deja de visitar Los Monegros, de descubrirlos, pues Los Monegros son una tierra desconocida – Tiene muchas tradiciones y al no haber tantas influencias externas no se han contaminado –. Apunta que Los Monegros posee mucha cultura, pero tiene que haber gente de casa que lo valore primero y luego la gente de fuera. Trata siempre de apoyar las iniciativas y siempre que puede acude. Sin duda, Eugenio es un enamorado de Los Monegros:

–Esos Monegros secos que nos cantaba Labordeta tienen su belleza si los observamos con detenimiento. Jubierre, ese espacio estepario de gigantescos torrollones entre Castejón de Monegros y Sena, que en un día caluroso de verano bien nos podrían parecer los molinos de Don Quijote, es un territorio poco conocido. Recorrer su paisaje disfrutando de las formas y colores de la naturaleza es un placer. Aquí os dejo con uno de los tozales, el llamado de Colasico, donde las tierras de colores, las lajas de areniscas orientadas hacia el infinito y los cristales de yeso emergiendo en formación entre la tierra de buro transportan nuestra mente hacia otros lugares de este planeta. – (Texto de Eugenio Monesma en una de sus excursiones por Jubierre).

Eugenio Monesma Moliner y Joaquín Ruiz Gaspar (Os Monegros).

Continúa su interés por Los Monegros, surcando lagares y trujales, algunos fueron documentados en la sierra de Alcubierre -Hay referencias que había en el monte hasta que a partir del siglo XIX comenzaron a desaparecer-. También arnales, abejares o colmenares, la miel y la cera, construcciones perimetrales, inventariando una docena por el monte de Castejón de Monegros. Destaca el arnal «del Cortante» o de «Casa Salvio»: -Vemos que se trata de un recinto cerrado con un edificio de bancales al fondo en el que se alojaban las cajas o colmenas bien protegidas y orientadas hacia el sur para recoger el calor de los rayos de sol en los meses más fríos. Todavía se conserva la máquina extractora de la miel, una especie de centrifugadora manual que servía para separar la miel de la cera. –

Eugenio, en su visión global, reconoce el valor excepcional de Los Monegros, de sus tradiciones y cultura hasta el entorno, el medio natural y el paisaje. Queda mucho por descubrir, por aprender, por estudiar y sin duda su trabajo resulta imprescindible en ese testimonio documental que significa su obra, un tesoro etnográfico de un valor universal que deja constancia de una forma de vida artesanal y de sabiduría popular que hemos dejado atrás. ¡Gracias Eugenio!

-Os recomiendo este espacio poco conocido de Los Monegros. Se trata de Jubierre, en el término de Castejón de Monegros. De vez en cuando, sobre todo en este tiempo primaveral, me gusta hacer alguna excursión por sus tozales. Ayer, recorrimos algunos de los parajes más conocidos y visitables. Pero hay lugares recónditos a los que tras una buena andada puedes acceder por sus barrancos. El agua, escasa, se convierte en fuente de vida. Jubierre como paisaje le tiene encantado, se tendría que estudiar y proteger, hay restos anteriores a la romanización. La Gabarda como paisaje también es excepcional-.

Marcos Rodés Pueyo


Continuado la estirpe familiar, Marcos ha trabajado como pastor de ganado ovino en los montes de Sariñena. Una tierra que ha visto transformarse con la llegada del regadío y un mundo agrario en plena ebullición, con el que ha convivido y convive con su ganado en un oficio cada vez más difícil, donde continuar es toda una lucha diaria.

Marcos Rodés Pueyo, natural de Sariñena, nació en casa el 15 de septiembre de 1957. Vivían en una casa de la calle Enado hasta que se mudaron a la calle Peñetas. Su padre, Marcos, sariñenense, era pastor y trabajó para casa Castanera y casa Torres. Mientras, María, su madre, trabajaba en casa. Son cuatro hermanos Marisa, Marcos, Silvia y Marian.

No tenían tierras, solamente un pequeño huerto. Aunque en casa siempre tuvieron algo de ganado, -muy poco, unas 10 o 12 ovejas-. Las encerraban en las cuadras de abajo de casa y en casa su abuelo tenían tocinos. Las ovejas las llevaban a la dula cada mañana, las juntaban en un corral y un pastor común las llevaba, se hacía cargo del ganado compuesto por ovejas de casas pequeñas. De alguna manera, aclara Marcos, la dula era un pastor particular que pagaban entre todos y que juntaban por la zona del Mercadal, que antes eran corrales, -por lo menos había una docena de corrales-. También, por la misma zona, estaban los corrales de Blanco y Torres, que tenían grandes ganados: -Antes, igual para un rebaño de unas 1500 cabezas había unos 10 pastores-.

Marcos fue a las monjas, en la actual casa de la cultura, y luego a las escuelas nacionales, ahora Casino Nuevo. También estudió bachiller elemental a distancia, iban los que decían que valían para estudiar y se examinaban en Huesca, en el Ramón y Cajal, 4º y revalida.

Sus padres querían que estudiase, pero lo suyo era el campo, pura y dura vocación. Desde los 7 año los veranos se los pasaba con su padre, su mayor ilusión era ir a ver las ovejas y los corderos. Luego, si podía, se escapaba de la escuela para estar con el ganado. Pero, sobre todo, al terminar la escuela pasaba por casa, comía algo rápidamente o cogía la comida y su pequeño palo de pastor y corría a reunirse con su padre que estaba con el ganado en el monte. Iba a donde se encontrase, ya fuese en las Almunias, Miranda o Moncalver; a veces corría hasta más de 7 kilómetros -antes no había peligro para nada-.

Entonces los montes eran secos, no había regadío, pero había más pastos, apunta Marcos. Tras la siega se pastaban los rastrojos del cereal, la huerta en invierno y algún campo de alfalfa. En primavera se hacían mucho los barbechos, que antes, en secano se hacía mucho. Entonces el ganado tenía mucho más terreno para pastar. No había trashumancia, aunque sí pasaban pastores trashumantes de la montaña y algún pequeño rebaño se quedaba porque había huerta Los pastores se juntaban mucho más, hacían vida en el monte y se quedaban en las parideras hasta quince días seguidos o más.

Marcos recuerda que antes el tiempo era más extremo, más calor en verano y mucho frio en invierno, con duras heladas, con los típicos chupones de hielo y nevadas. Se acuerda de crio, tendría unos tres años, ver subir a su padre por el Enado en un surco abierto en la nieve. En casa Torres había muchas almendreras y remolacha en la huerta.

A los 14 años comenzó a trabajar para Antonio Trillo, tenía la paridera en Bancels, camino Lalueza, ahora carretera. Estuvo cuatro años hasta los 18, cuando marchó un verano a recoger fruta a Fraga, luego se pasó un año y medio de pintor con Manuel Millera, junto a sus amigos Alfonso y José. Luego tuvo que realizar el servicio militar obligatorio, 15 meses en Huesca. En el ejército obtuvo el carnet de camión y cuando salió se fue a trabajar como camionero a una empresa en Lagunarrota. Allí estuvo 7 años.

Marcos se casó con Visi Zapater y han tenido dos hijas, Beatriz y Julia. A los 28 años se hizo autónomo, pidió un crédito y compró su propio rebaño. Adquirió unas 800 ovejas, de rasa aragonesa, y arrendó el corral de Blanco en las Almunias: -El oficio se lleva dentro, es vocación pura y dura. Esto no es por dinero-.

El monte de Sariñena se ha transformado mucho -sin la llegada del regadío a saber que sería de Sariñena y sus alrededores-, apunta Marcos. Hay menos pastos y los pastores han tenido que poner sus propios campos y sembrar hierba para el ganado. Pero también han aparecido nuevas técnicas que benefician a todos -A veces va bien que se coma el ganado el maíz viejo para que salga el nuevo sembrado-.

Con el tiempo le dieron un lote del IRYDA (Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario) y construyó su propio corral, por las Almunias. A Marcos siempre le ha gustado el extensivo, ni siquiera le ha gustado vallarlo o colocar el pastor eléctrico. Todo ha cambiado mucho, ha mejorado la crianza de corderos, antes nacía uno y ahora dos, era muy raro que saliesen gemelos. -Es muy importante estar en el momento que paren, le puedes engañar a una oveja, frotándole al recién parido hace salvar muchos corderos-.

Pero el sector se enfrenta a una crisis permanente y en su opinión son varios los problemas:

1º La zancadilla de la administración, si uno que quiera empezar de cero le exigen demasiado.

2º El sacrificio, es todos los días, te tiene que gustar mucho, o que fuese muy rentable. Podría ser dos pastores, pero no da. Además, es muy complicado encontrar mano de obra cualificada.

3º. Se disparan los precios, los piensos, la paja… ha habido sequía, menos paja y menos corderos, nacen menos.

Siempre ha participado llevando ganado a Femoga, la feria agrícola y ganadera de Sariñena, y ha ganado premios con sus chotos, en los concursos. Siempre le ha gustado participar, para Marcos es importante teniendo animales. Además, está asociado a la cooperativa Oviaragón, que agrupa a pastores de todo Aragón. Para Marcos, estar en Oviaragón, da tranquilidad y servicio, buscando ser más competitivos. Desde la cooperativa, el 22 de septiembre de 2019, le hicieron un homenaje junto a Benjamín Fantova.

Marcos continúa disfrutando con su ganado, siempre ha sido –Oír cuatro esquilas e ir a mirar el rebaño-. Con su rebaño recorre las tierras, con sus perros ayudándole a controlar el ganado, – son muy importantes, dan mucha tranquilidad-. Pues siempre se aprende: -Los animales, si quieres te enseñan, si los observas aprendes. Las ovejas son muy dóciles, pero las cabras hacen lo que quieren, van ciegas. Las ovejas saben el campo, los límites, no los pasan, se saben los horarios y los recorridos, son más inteligentes de lo que la gente cree. –

Pastores de Los Monegros:

Ignacio Arroyos Letosa, “Damaso”


Ignacio Arroyos Letosa, apodado como “Damaso”, nació en Leciñena en 1940. De familia de labradores, siempre han tenido tierras de secano, aunque antes la agricultura no estaba tan desarrollada. Tenían un pequeño ganado lanar de unas 150 ovejas y el fiemo lo aprovechaban para echarlo al campo, a las tierras más recias. Iban a la química de Zaragoza a buscar abonos, con carros y mulas, al final de la calle Gargallo. Lo utilizaban para las tierras más delgadas, de menos cuerpo. La peor era la tierra de cascajo, la que llevaba pedrulla. 

Así, tan de repente nos sumergimos en la gran memoria y conocimiento de Ignacio Arroyos Letosa, un leciñenense muy ligado al campo y a la sierra de Alcubierre, con sus numerosas anécdotas y curiosidades. Sin duda un libro abierto, de una forma de vida que hemos dejado atrás.

A los 12 años, Damaso salió de la escuela y se puso a trabajar, tenía que ayudar en casa. Fue aprendiendo de los mismos padres y abuelos, pues entonces estaban todos juntos en las casas. Había zonas del monte que estaban a cuatro horas y se llevaban el “Recau”, la cosa para comer, la comida y el pan que preparaba la madre o la mujer. Subían con carros y mulas e incluso estaban de quedada, a veces permanecían hasta 15 días, normalmente durante la cosecha. En Lalueza y Poleñino compraban los ramos de fencejos, la sogueta para atar las mieses de la siega.

Después de realizar la cosecha se realizaban todos los pagos. Se hacía la molida, se llevaba a una fábrica, que había en Perdiguera, lo molían y te daban la harina. Se pagaba con harina a la harinera. También se vendía el trigo a compradores que venían, calificaban el trigo, en Leciñena solamente había Aragón 03. También se sembraba algo de cebada, avena y centeno para las caballerías. Normalmente se iba a la dobla, si te dejaban un caíz de trigo para siembra se tenía que devolver dos caíces. 1 caíz era unos 100 Kg. Tristemente se aprovechaban de los más pobres y humildes.

Recogían el agua en aljibes, balsas y balsetes, se tenía todo muy limpio, se cuidaba mucho y solamente se lavaban las manos y la cara, el agua era un bien escasísimo. Incluso a veces no tenían agua y tenían que bajar a la acequia de San Mateo de Gállego. Bajaban con caballería y carro y un tonel de entre 200 y 250 litros, una cuba de madera. “El agua había que llevarla a cuentagotas”. Las caballerías y el resto de animales también bebían.

Damaso era de casa pequeña, con tres caballerías y, aun así, nunca les faltó de nada. En Leciñena había de todo: viñas, almendreras, oliveras… todo para consumo. El viñedo estaba en la parte del saso y las viñas en el monte. Comían pan blanco, aunque él lo cambiaba con otros críos y se comía el pan negro. Junto con su tío eran muy cazadores. La caza estaba prohibida, así que tenían que hacer furtivismo. Sobre todo, cazaban con hurón, también ponían cepos, había mucha liebre, pero también cazaban muchos conejos. Solían hacer un mojón de piedra donde colocaban encima el cepo y por las noches caía alguna pieza. Cuando iban de “quedada” a la sierra se llevaba el hurón, se llevaban poca carne, ya que no se conservaba muchos días, y la forma de comer era yendo cazando.

Damaso se ha criado por el monte, con su padre iba al pinar, labraban con las caballerías, cogía nidos de palomos, ciquilines (Cernícalos)… no había nada prohibido. Se quedaban a dormir en las casetas, chamizos malísimos, pero era el retiro que tenían, no había otro. Se hacían leña de extranjis, aunque también les daban lotes de leña. El forestal marcaba los árboles y, como contraprestación, debían de limpiar una parte de pista. Sobre todo, limpiaban la rama baja, para que no hubiese incendios. Los lotes de pinos solían comprender entre unos diez o una docena de pies. Hubo una época que daban lotes de sabina, un forestal les decía enebros y no las quería ni ver. Cortaron grandes sabinas, de entre 6 y 7 metros, y se limpió de sabinas mucho el monte de Leciñena y Perdiguera.

Las sabinas grandes las empleaban como maderos para las casas. Cortaban con hacha o tronzador a dos manos: “Era mejor el tronzador, pues no hacía ruido cuando cortaban alguna de forma ilegal, pues la Guardia Civil y los forestales andaban siempre vigilantes”. Su abuelo conoció que antiguamente se hacía carbón, en uno de sus campos llegó a haber una carbonera y, cuando labraban, salían restos de carbón.

En casa tenían dos mulas y una yegua, una mula para trabajo y otra la criaban. Iban a la Parada de Robres, donde tenían dos sementales, un par de caballos y otro de burros. A Damaso no le dejaban entrar, como era crío, tenía 14 años, no podía ver como el burro montaba a la yegua. En Leciñena había dos herreros incluso esquiladores de caballerías para que estuviesen ligeras en verano.

Estuvo repoblando pinos en Val de Lucia, en 1954, tenía 14 años. Solamente ponían pino, a raíz desnuda. Llegaba un camión del vivero y ponían el pino, para conservarlo, en unas zanjas estrechas que hacían. Con caballerías y un aladro, con un embolo al final para que la tierra quedase más hueca, abrían surco e iban plantando los pinos a jada. Trabajaron entorno a unas 40 personas, entre chicos y gente mayor, y plantaron bastantes hectáreas, sobre unas 30 a 40 hectáreas.

Su abuelo decía que todo estaba lleno de pinos, que cuando tenía 7 años llegaban hasta la balsa del camino y toda la parte del santuario eran pinos, sabinas y carrascas. Una vez, su abuelo, iba con su hermano, que murió por una mordedura de caballo, llevando a pastar el ganado, unas 100 ovejas. Antes de llegar al pueblo, se puso atrás y al final en medio del rebaño para protegerse ante dos lobos que le sorprendieron “Al final se llevaron una oveja”. Su abuelo contaba grandes historias, de manadas de lobos por Perdiguera y monte Pinada y que los cazaban.

Cuando Damaso tenía 17 años hubo años muy malos y tuvo que marchar a trabajar a Lanaja, donde estuvo 3 años. En 1956 llovió mucho, pero se cogió poco, hubo un cierzo helador “27 días seguidos de heladas”, del 2 al 28 de febrero y lo secó todo “Había unos trigos exagerados y se quedó todo limpio, se helaron hasta los olivos”. Luego en 1957, 1958 y 1959 no se cogió nada por la sequía. Fue en 1957 cuando marchó a Lanaja, estaban ya preparando los regadíos y se fue a trabajar para mantener la casa y las caballerías. Trabajaban a destajo y ganaban 100 pesetas al día: “Se comenzaba cuando salía el sol y se acababa cuando se ponía”. Tenían que pagar el alojamiento, en un pajar a 2 pesetas cada uno por noche. Se hacían ellos mismos la comida y la mujer, que les alquilaba el pajar, les hacía la cena por 3 pesetas. Fue entonces cuando Damaso comenzó a cocinar los ranchos, del que es todo un maestro y por ello conocido como “El Ranchero”.

Iban a Lanaja en bicicleta, salían aún de noche el lunes por la mañana, la carretera era de piedra machacada y llevaba el antiguo trazado de curvas y cuestas. El sábado volvían a Leciñena. “La carretera era de piedra caliza y había mucha gente que se dedicaba a machacarla. Se les conocía como Los Machacadores, iban con macetas de 1-1´5 Kg. de peso, pero con un mango de vara larga de fresno. Los camiones echaban la piedra de las canteras y luego la machacaban”.  

En Lalueza estuvieron haciendo la caja de la carretera a Sariñena, con la “Internacional” de Grañen. La hacían a pico y pala “Cuatro picando y tres sacando la tierra”. Lo azarbes que hacían los dragaban a la huerta, los hacían con piedra, iban colocando todas las piedras iguales. También trabajó en el pantano de Tormos, cuatro meses, tendría unos 18 o 19 años. En 1965 ya estaba mecanizado todo.

Por Leciñena ha habido tejeros, había un tejar y hacían tejas y adobes. En algunas partes de la sierra había piedra de cal y en Leciñena había hornos, antiguamente hubo caleras. Damaso no las conoció, pero se lo oyó contar a su padre “En el Recordín, cerca de la cárcel de Zuera, había dos caleras”. También estaba la piedra de yeso, que utilizaban para la construcción, de casas, una piedra blanquiza que se utilizaba para hacer yeso. Hay muchos hornos de yeso por Leciñena.

En 1967 se casó. Ha sido matachín o matarife y experto en mondongo. Había días que mataba unos 10 o 12 cerdos. “En casa Letosa tenían una hija a la que le habían regalado dos cerdos, estaba casada con un médico. Para la matacía, el médico invitó a dos amigos suyos, eran pilotos de la base americana de Zaragoza. El padre de la chica, que era chistoso, les dijo que era tradicional, antes de la matacía, hacer un rodeo con los tocinos. Uno llegó a coger uno y lo intentó montar, lo grabaron en video. Cuando llegó el momento de matarlos, lo colocamos en la vacía y lo pinchamos con el cuchillo y al comenzar a brotar la sangre uno de los americanos se desmalló. El padre dijo –¡Jodo!, menudo ejército tienen estos!”.

En su haber tiene un número sin fin de anécdotas. Un día de niebla de caza con Pablico, el de la posada, y su tío Ángel, que era muy chismoso, le dijo el tío a Pablico -vamos a mirar por aquí- refiriéndose a la madriguera de conejos -mira tú por allá. En estas se escondió Ángel entre los pinos y les salió de repente gritando -¡Alto la guardia civil!- estos, asustados, echaron a correr y Pabico no paró hasta llegar a casa “Había miedo a la guardia civil, si te pillaban te multaban con 10 pesetas y te mataban al hurón”.

En otra ocasión, el tío Ángel le dijo a uno -mira que culebra más larga, mira por el aujero-, mientras, por el otro agujero, introdujo el hurón haciendo huir a la culebra por el agujero  contrario, por donde estaba mirando el otro quien, al ver salir la culebra, del susto cayó de culos cerro abajo.

Vendían verdura, los verduleros iban a cargar a Zaragoza y la vendían por Leciñena, la fruta era de temporada. “Se comía lo que se podía, en las casas había gallinas”. Había casas tan pobres que mataban zorros y luego iban por las casas con la piel pidiendo dinero o comida, los mataban porque hacía males. Una mujer iba pidiendo con el santo, con el santico.”

En la postguerra guardaban la harina en las casas. Se tenía que declarar todo y en la cartilla de razonamiento se indicaba lo que podían tener. Para ello, la fiscalía de tasas registraba las casas “Venían con el correo y la gente se avisaba, todos iban corriendo a las casas a esconder lo que tenían de más; pues si te lo pillaban te lo quitaban y denunciaban”. Se utilizaban los subterráneos que se realizaron, en muchas casas, para la guerra, era un buen escondite. “Uno tenía un tonel de vino en la bodega y este empezó a disminuir, hasta que el dueño se dio cuenta que era el vecino, que pasaba por el subterráneo y le quitaba un poco de vino cada día”.   

En las casas había una fresquera para conservar los alimentos, con una tela metálica. Solían tener 2 cerdos, criaban pollos, conejos. Para navidad mataban un pollo de corral, tenían entre unos 40 a 50 pollos, los soltaban por la era y por las noches los encerraban “Algún cernícalo se llevó algún pollete”. También tenían 10 o 12 locadas, las luecas al corral. Tomaban leche de cabra y oveja, a la de cabra le echaban las culpas de las fiebres de Malta.  Existía la bicera, los rebaños comunales. Tomaban remojón, pan con vino y azúcar para merendar, vino rancio, dulce. También hacían farinetas, harina con tostaus, con agua y leche. Las migas las hacían con arbillos (Entresijos), sebo, lechecitas del cordero, patata y ajo.

El rancho del monte era de lo que cazaban, pues lo que se llevaban no se podía conservar mucho más de dos días. Lo hacían con patatas, arroz, tocino y algo de chorizo para darle algo de sabor. Su tío cazaba perdices “Tío, mira donde canta el perdigacho” y mataba las liebres con un palo, se lo tiraba y nunca fallaba, normalmente las mataba en la cama”. Antes se comía de todo, incluso ciquilines, la churra y la sisa, águilas, mochuelos, gurriones, fardachos, culebra blanca o alcaravanes. Había algunos que subían a los nidos de águila, por las mañanas, ataban los picos a los pollos y, cuando el águila les llevaba un conejo, se lo robaban para comer.

Leciñena ha ido perdiendo población, antes eran unos 3000 y ahora sobre unos 1200. En la postguerra mucha gente marchó, sobre todo a Barcelona. Se pasó mucha hambre “Había gente que iba a buscar el cerdo muerto que tiraban”. Se tostaba la cebada y la malta para mezclarla con la chicoria para hacer café.

Había un carretero que una vez lo fue a buscar para que le labrase un campo de 3 hectáreas, una suerte. Una suerte era un campo de unas tres hectáreas, el ayuntamiento adjudicaba suertes de 0,5 a 1 hectáreas. Las suertes viejas eran en propiedad mientras que las del vedao eran del municipio. Con la caballería se labraba 1 hectárea al día. “A ver si mato una liebre” dijo el carretero y al final dijo que había matado una farnaca, al día siguiente un curandero le dijo “Yo comeré la liebre y tú el lomo”. Era del Siscal, de donde se tiraba todo. Recordando, va nombrando como se decía la carne moreriza, carne de oveja a punto de morir o muerta reciente o el caloyo o caloyico, cordericos mal nacidos.

Se segaba a mano, con hoz y dalla. Estaban segando y echaban un trager de vino, lo llevaban con cubetas, un tonel pequeño de 2 litros, solo un trago, que iba escaso. Vuelta a segar y zas, un pequeño fardacho. Cogió uno y se lo comió y comenzó a pedir vino, solo para beber “Echa vino que me araña”.

Quedan muchas historias por contar, con Damaso pasaríamos horas y horas volviendo a aquellos tiempos de antes, donde todo era diferente, más duro y de supervivencia, forjándose grandes hombres y mujeres que atesoran un gran saber que no podemos perder.

Faustino Blanco Gari


Albañil, pintor, escritor, estudioso de Sariñena y gran conocedor de su historia, todo un polifacético. Faustino resulta una enciclopedia abierta, con ganas de conversar y que amistosamente acoge en su estudio repleto de cuadros, libros, revistas y antigüedades. Profesa un gran amor por su pueblo y lo transmite cuando repasamos su vida y, en ella, parte de la memoria reciente de Sariñena, de la que desvela algunos de sus secretos y curiosidades.

Faustino nació en Sariñena el 3 de septiembre de 1941, hijo de Antonio y Auxilio, naturales de Sariñena y Estiche de Cinca respectivamente. Antonio fue albañil y Auxilio se dedicó a los trabajos propios de la casa. Su abuelo materno fue sastre y también un tío que ejerció de sastre en Sena. La familia Blanco – Gari vivió frente la capilla Loreto, entonces plaza Alvarado, actual Constitución, junto a la calle Meca.

Faustino recuerda perfectamente la desaparecida capilla de Loreto “En su cúpula había pintado un sol enorme”. Maltrecha, fue utilizada como almacén para Regiones Devastadas, durante la reconstrucción de Sariñena tras la guerra: “En la desaparecida capilla guardaban carretillos, regletes, tableros, andamios… En Sariñena había muchas casas caídas, destrozadas por la guerra, “Además no había faena continua, ni había dineros, se hacía lo que se podía”.

Fue a las viejas escuelas de la calle del Muro, Ronda San Francisco, donde les hacían cantar las canciones franquistas. Siempre llegaban tarde, no llevaban reloj y el maestro don Mariano Sampietro les esperaba con la vara. Ellos, que lo sabían, miraban antes por el amplio ojo de la cerradura y así, si veían que todo estaba muy tranquilo y en silencio, sabían que les estaba esperando tras la puerta. Por miedo se escapaban y tardaban varios días en volver a la escuela.

Todos los sábados tenían que ir a misa, por la mañana, sobre todo en verano, cuando tenían fiesta. Mosén Vicente siempre hablaba de la mano negra, la mano que ahogaba para que uno no confesase antes de morir. En último grado de la escuela, se escondían en el casino para no entrar en la iglesia, hacían fauneta y se iban a jugar.  Jugaban a fútbol en la plaza de la iglesia, a encondelicas o a tú lo llevas…También jugaban en las eras de Torres, Chin, Mora o Bolera.

De críos iban a coger cobre por los emparrados de los huertos para después venderlo, para ganarse algunas “perricas” y poder ir a ver alguna película de Tarzán al cine. Iban a buscar trozos de guerra, por el monte, a Miranda. También, en el brazal de la acequia del pesquero buscaban, cuando no bajaba agua por la acequia, peines de balas que habían tirado los milicianos.

Frecuentaban todas las badinas del río Alcanadre a su paso por Sariñena, los tres Chorretes, el Cantero y la ripa el Cuervo río abajo y de Santiago y el Hospital río arriba. La del Hospital era la más frecuentada “Pues había zonas que cubría y otras no”. Las chicas se ponían aparte, separadas.

En Sariñena llegaron a haber hasta dos boleras, una en la calle Dato, la de Luis El Tambor y otra en la pista de Antonio Porra. Faustino jugó a fútbol con el equipo de Nivelcampo, sin ficha y solamente algunos partidos. Les daban de merendar y se quedaban a bailar, iban a Binefar, Almudevar, Caspe, Lalueza, Villanueva de Sijena, Ontiñena… eran partidos amistosos, no había liguilla. Sobre 1965 se pasaron muchos al Sariñena que comenzaba a existir. Faustino jugó principalmente de portero y fuera de puerta.

A la escuela fue poco, hasta los 13 años, en septiembre hizo los años y en noviembre comenzó a trabajar, asegurado con tan sólo 13 años. Comenzó a trabajar cuando se comenzó a construir el primer silo del barrio de la Estación de Sariñena. Luego trabajó en Montesusín, San Lorenzo del Flumen, San Juan del Flumen, la Cartuja de Monegros y Artasona del Llano, entre Tardienta y San Jorge. Todo en albañilería, también en Huesca y en Zaragoza, en el Picarral. Solía ir con su padre y hermano Ángel, que le llamaban Antonio, como a su padre y también Pedrín, “Pues era muy reñidor y calentaba a todos, como uno de los protagonistas de las historietas de Roberto Alcazar y Pedrín”.

Nunca paró de trabajar, hasta los 29 años a jornal, hicieron varias casas del pueblo. Luego fue autónomo y llevó a gente hasta que enganchó con Borruel. También realizó trabajos en el cementerio municipal de Sariñena “Una faena que no quería hacer nadie”. En sus últimos años estuvo de maestro en la escuela taller de Sariñena, en el módulo de albañilería. Participó en tres escuelas talleres y cada escuela duró unos dos años.

Faustino se casó con Josefina Laín y de viaje de novios estuvieron por Zaragoza, Pamplona y San Sebastián. Dos días antes de casarse, el 24 de agosto de 1967, Faustino colocó, con una escalera de tijera, el escudo de Sariñena en la fachada del ayuntamiento. Era un escudo de cinc pintado en azul, un escudo que donó el Banco Hispano, pues habían tenido las oficinas en los bajos de ayuntamiento, donde estuvo el Inaem.

Faustino y Josefina han tenido dos hijas: María José y Gema. A raíz que su hija Mª José pintaba, Faustino se animó también al arte de la pintura. En 1980 comenzó a pintar pero no comenzó a pintar en serio hasta que se jubiló. Desde entonces han hecho varias exposiciones conjuntas en Huesca, Fraga, Monzón… Siempre ha sido autodidacta y ha tratado todos los estilos.

También le apasiona la historia y ha investigado sobre Sariñena, escribiendo varios artículos en la revista Quio, de Sariñena y Los Monegros. Es conocedor de misterios de Sariñena, del polvorín de la guerra en la loma cercana a la ermita de Santiago, “Letosa lo destapó, puso una puerta y cultivó champiñones”. Con Faustino darían horas y horas de conversación, del antiguo poblado que había a orillas del Alcanadre a la sala del casino que servía para el diezmo, guardando aceite y trigo. Faustino habla de las marcas de cantero de los arcos, del escudo de Sariñena, de las casas de Sariñena, de cómo se vivía antes, de la Miguela y la posada, de la moneda…

“La vida ha cambiado para bien, no podemos comparar con los años 40 o 50, todo era miseria.” Faustino iba andando a trabajar a San Juan del Flumen, “No había dinero ni pa una bicicleta”. Cruzaba la Isuela (Flumen) en invierno, además había riadas y heladas, se quitaban las zapatillas y remangaban para cruzar el río. Se comenzó a vivir bien cuando los americanos soltaron la pasta, cuando se comenzaron a hacer pantanos y llegó el regadío. “A quien pillaban trabajando en domingo le ponían 25 pesetas de multa y luego debían de besar la mano al cura. Muchos simplemente iban al huerto, había que comer”.

Había mucha unión y se valoraban más las casas, ahora parece que se va a destacar sobre los demás. No se pagaba ni seguridad social, ni había casi leña, si cogían algunos romeros o aliagas para cocinar y calentarse y les pillaban les denunciaban. Y si de críos les pillaba el guardia, los días grandes, del Corpus o la Ascensión, les encerraban bajo llave en clase. De ocho de la mañana hasta entrada la noche, hasta las ocho, incluso les llevaban la comida. 

Cuando tenían vacaciones se pasaban todo el día en la badina, aunque no les dejaban ir. Se reían de Casimiro el tonto, por divertimiento, más que por maldad. Para las fiestas había dos o tres orquestas: en el Casino, en la pista de Porra y en el garaje de Remigio Alonso, frente al restaurante Los Monegros. El año que Faustino se casó, recuerda que actuaron en Sariñena Rocío Jurado y Camilo Sesto. Enfrente de Blecua, por la plaza de las Monjas, colocaban un entoldado completamente tapado por sus laterales y servía para la orquesta y pista de baile. Además, pegado al entoldado colocaban una pista de autos de choque.

Llegó a ver la cripta del Hospital, antiguo convento, aunque no bajó “Había mucha tierra”, sí que vio que era abovedado, con un pequeño pasillo central y cuatro nichos a cada lado. Después hicieron el pozo, como para señalar por donde está la cripta.

En casa Paraled estuvo el sindicato vertical, en el primer piso, y todos los archivos. También pusieron mesas de ping pong y biblioteca del frente de juventudes, si no eras del frente no dejaban entrar, ni daban camiseta ni dejaban jugar a fútbol.

Raquel vendía caramelos, abugos, cerezas… colocaba una mesa con cuatro tarros frente a la barbería del Chespín, en los Porches, y si le daba el sol cambiaba de lado. El cine les costaba tres pesetas, iban a las toleradas, aptas para todos los públicos. Iban por la tarde, al Victoria, también había en el casino, por la noche. Los domingos había baile en el Casino, con la orquesta Cobalto. Para nocheviejas y fiestas, cuando había dineros por medio, traían orquestas de fuera.

Faustino estuvo en la inauguración de los juegos olímpicos de Barcelona de 1992. Culturalmente activo e inquieto son muchas cosas las que tiene por contar, anécdotas e historias que seguiremos disfrutando al igual que sus pinturas  y compañía por nuestras calles. Faustino, un gran y buen hombre.

Faustino Blanco Gari, un pintor con Sariñena en el corazón.

Josephine Monter Ardanuy


Artista de vocación, de niña pintaba en una pizarra que tenía su padre en la carpintería, dibujos efímeros y pobres en colores. Por ello siempre buscó los colores, despertando verdadera pasión por ellos. A Josephine siempre le ha gustado la pintura, dedicándose al mundo de las bellas artes, la pintura y escultura. Actualmente, junto a su hermana Pili son unas revolucionarias del ambiente cultural de Sena y por ende de Los Monegros y desde hace años se ha aventurado con su propia «Galería  de Arte Josephine Monter”.

Una historia de Sena a Nueva York y de Nueva York a Sena.  

Josephine Monter Ardanuy nació en Sena en 1944 en la casa familiar, su padre era carpintero y constructor de carros. Ha sido muy mala estudiante y siempre estaba jugando y bailando, quería ser bailarina de valet “Siempre cogía el ritmo, sobre todo con la jota”. Era una típica niña de pueblo, traviesa, que no paraba de jugar y correr. Aprendió, como todos, a nadar en la badina del río Alcanadre “Por la glera del río había muchos sapos, los conciertos de ranas y los cuquetes de luz, las luciérnagas”. Eran tiempos más familiares, las casas con las puertas abiertas, de tomar juntos la fresca en la calle por las noches, cenar en los patios, hacer hogueras y saltarlas para san Antón… Su padre solía sacar la televisión a la ventana y, en la calle, se juntaban para verla, algún partido de fútbol o cosa importante.

Eran otros tiempos, “Antes todo el mundo tenía huerto y en medio un andador con frutales, pereras, manzaneras, minglaneras… fruta natural”. Han desaparecido pero antes se tenían que abastecer gracias a ellos, que decir de los famosos melones de Sena. “Antes se iba a los mercados a vender y ahora se va a comprar”,  se hacía trueque, les traían leche y su padre les decía “Pues yo te haré una silla”.  

Una vez, el  pintor senense José María Palacin acudió al taller del padre de Josephiene, quería que le hiciese un marco de madera para uno de sus cuadros. Su padre avisó a Josephine y le presentó a José María. Josephine enseguida le inundó de preguntas y José María le dejó un maletín lleno completamente de pinturas de colores. Ahí comenzó todo.

Se hacía amiga de todas las personas que llegaban al pueblo. Nunca se acordaba de los nombres de las casas y para llamar pegaba un grito en vez de gritar el nombre, pues las puertas estaban abiertas –¡tía María!-. Querían mucho a la tía Tonina, era la abuela de todos, era pequeña y regordeta, siempre con un capazo del huerto con sus verduras, hortalizas o remolacha. Si veía a Josephine con los mocos fuera se los limpiaba, se remangaba la falda y le mocaba con el refajo -¡Siempre estás igual!-. Se quedó viuda muy joven, la pobre tía Tonina, además un hijo murió en la guerra y otro tuberculosos. La gente la quería muchísimo y la trataban muy bien, en una ocasión Josephine le regaló un helado y tía Tonina lloró de la emoción que le hizo. 

Les hacían ir al campo a buscar olivas, en enero y febrero y hacía mucho frío: “Quien coge las olivas antes de navidad se deja el aceite en el olivar”. Además, los sábados iban a coger panizo, olivas, almendras, uva (Vendimiar)… se ayudaba como en todas las casas. Por el vedado, camino a Castelflorite estaban los almendrares, olivares y viñas.

Para las fiestas ponían un entablado para las orquestas y los críos se ponían debajo y, si la cantante llevaba falda, le veían las bragas. Los perros y gatos andaban sueltos por la calle, Josephine y su hermana Pili recuerdan que una perra que tenían les acompañaba a la escuela y hasta que no entraban no se iba, luego les iba a buscar a la salida.

En la escuela quería dibujar pero no le dejaban, si dibujaba le obligaban a hacer calcos en vez de dejar libre la creación y aquello frustró bastante a Josephine. Una vez les dijeron de dibujar un carro y Josephine comenzó a dibujar su carro hasta que la maestra le paró la mano –no, no, tienes que dibujar exactamente el carro de la foto- fue como cortarle las alas de la creatividad, ella quería dibujar su carro y su burro.  

A los 17 años, Josephine se presentó a un concurso de pintura de la Diputación de Huesca que acabó ganando. Aquel premio le concedió la posibilidad de tener una beca. Así, Josephine acudió a Zaragoza, a una escuela particular en El Tubo, para preparar, durante un año, el ingreso a la escuela de Bellas Artes de Barcelona. Ingresó justamente el año que inauguraban el nuevo edificio.

En la escuela de bellas artes ya comenzó a desarrollarse. Allí escogió pintura en vez de escultura, aunque le resultaba más natural la escultura, más innata.  Luego le concedieron una beca a Granada, para dos meses, para paisajes, y otra para Siena (Italia), también para dos meses pero acabó quedándose para dos años. Pintando y cuidando un niño se fue ganando la vida, además le dejaron una casa a las afueras de Siena que resultaba una preciosidad. Allí conoció un americano que estudiaba medicina y le invitó a ir a Nueva York, donde debía de conocer a una tía suya que era pintora.

En principio, Josephine no fue a Nueva York, pero si su amigo vino a Sena y le maravilló el paisaje, le encantó la tierra, el olor a tomillo y romero y la tortilla de patata. Al final fue a Nueva York, para tres meses y se acabó quedando 36 años. Allí, profesionalmente se ha dedicado al mundo del teatro, en escenografía y vestuario, especializándose en el mundo de las máscaras. Ha trabajado diferentes materiales y tipos de máscaras, de todo tipo y clase, especialmente de las máscaras del caribe que llevaron los españoles y que hacían con vejigas hinchadas. Aprendió de un maestro puertorriqueño y luego fue ella quien dio clases en el Museo de Historia Natural de Nueva York, donde estuvo unos 10 años.

Después dio clases, durante 12 años, en la escuela de cine “Visual art” de Nueva York, había alumnos de todas las partes del mundo y aprendía más que enseñaba. También participó en un teatro puertorriqueño “La Mama”, un teatro experimental

Ha vivido en el mismo Manhatan y a las afueras, a una hora y media de Nueva York, en una zona en pleno contacto con la naturaleza donde nevaba mucho. Una finca de cinco acres por la zona de Manitou, que significa dios, el creador, antiguo territorio sagrado de los nativos norteamericanos. 

Siempre ha estado pintando y ha pasado por muchas etapas y estilos. La escultura le ha resultado siempre más innata y palpable, se puede tocar. En la sierra tiene una escultura dedicada a la mora, una mujer expulsada de Sena y que se retiró a una loma cercana desde la que observaba Sena y la rivera del Alcanadre. Su leyenda cuenta que, en noches de luna llena, bajaba hasta el Alcanadre para bañarse desnuda. También, en el monte de Sena, se encuentra la escultura a la tía Tonina a la que pronto se unirá una escultura que rendirá homenaje a la figura del pastor.

Josephine y Pili

Ha realizado diversas exposiciones, de Nueva York a Sena, donde tiene su propia galería desde hace tres años y expone parte de su obra. Ahora, junto a su hermana mantienen su parcela de libertad en Sena y en su monte, en plena sierra. También en el soto del Alcanadre, donde están recuperando la vieja arboleda donde de pequeñas iban a merendar. Participan activamente en la vida social y cultural de Sena, en actividades especialmente ligadas al folclore y a las tradiciones locales. Personas excepcionales, con un enorme corazón y cariño a su gente. Sin duda colorean la vida con intensidad y luminosidad, con tonos que alegran el espíritu, con la magia del gran abanico de colores que acaban dando luz y color a la vida.

Cosetas de Sena


En el municipio monegrino de Sena, en el marco del Museo de Oficios Antiguos de Monegros, un grupo de mujeres conversó y dialogó sobre las cosetas de antes, los recuerdos y vivencias que narran una forma de vida que queda en el pasado. Así, recogemos los testimonios de Pilar Royo Naya, nacida en Huesca en 1943, aunque ha vivido toda su vida en Sena; Paz Ferrer Uriol, nacida en Sena en 1943; Josefina Almerge Opi, nacida en Sena en 1953; Rocío Sanz Redrado, natural de Boquiñeni donde nació en 1970, desde 1990 vive en Sena; Nieves Hernández Laborda, natural de San Juan, desde 1990 vive en Sena y Pili Monter Ardanui, nacida en Sena en 1942.

Cuando Josefina llegó al mundo, en su Sena natal, “El médico estaba borracho”, pues era el médico de la localidad quien se encargaba de los partos. En Sena, durante muchos años, estuvo el doctor Ignacio. También las familiares y vecinas ayudaban en los partos, sobre todo preparando agua caliente. “Si bajaba puntiagudo es que iba a ser chico”, pues antes se prefería que fuese chico “Que hacía la casa grande”. Aunque tristemente había mucha mortalidad, enfermedades como el sarampión provocaban muertes prematuras, la vida era más frágil. Cuando alguien moría a corta edad las campanas tocaban las a mortijuelo.

A los recién nacidos se les bautizaba pronto, a los ocho días y durante el bautizo se tiraban peladillas. A las chicas se les hacía  pronto los agujeros en las orejas, a los pocos meses, con una aguja “y antes de los pendientes se ponía un hilo”. Se les daba galletas con leche, especialmente cuando no había mucha leche. Pronto se llevaban a las monjas, iban desde lo dos a los seis años y de los seis hasta los catorce años se iba a la escuela pública. Las clases eran separadas por sexos y también el patio de recreo. Las monjas hacían teatro, hasta los seis años lo hacían juntos y después separaban a chicos de chicas. En la escuela se aprendía geografía, matemáticas, ortografía, se hacían dictados y enseñaban religión. Por las tardes aprendían a coser, bordar, ganchillo, realizaban paños de costura, punto alado y escapulario. Las monjas cobraban por enseñar a coser. Paz fue a coser a casa del sastre. En la escuela daban leche en polvo y queso en lata (1956-1960). Las mujeres no salían a estudiar fuera, “al seminario de Huesca solo iban hombres”. 

También en la iglesia había separación por sexos “Los hombres a la izquierda y las mujeres a la derecha”. La ropa debía de ser muy correcta y había que ir con velo, chaqueta o manguitos cubriendo los brazos, falda larga y con medias. Por Sena, los curas de la diócesis de Lérida eran mucho más severos que los de Huesca. Todos los domingos tenían catequesis. Cuando se hacía cine, en la plaza, las películas se clasificaban por colores: “El blanco para todos los públicos, el azul a partir de los 12 años, el rosa desde los 21 años y el grama era peligrosa para todos”. 

En el río se bañaban con un viso, estaba muy mirado con quien iban las chicas. Al baile no les dejaban entrar hasta que no eran mozas, hasta los 14 años, normalmente iban en cuadrilla. Antes les tenía que llevar un chico, el novio o algún chico que les fuese a buscar. Incluso en la escuela castigaban a quienes habían ido al baile, doña Asunción les daba con una regleta.

A la plaza acudían de vez en cuando los Ongaros (Húngaros), “¡Qué han venido los Ongaros!” y los zagales y zagalas corrían a la plaza para ver el espectáculo donde hacían bailar a un pobre onso (oso).  

Se casaban pronto, a partir de los 24 años y como ajuar normalmente mantelería o sabanas. Después de la boda muchas marchaban pronto de viaje de novios, a las tres de la madrugada para ir a coger el tren al Tormillo o el coche a Barbastro o Lérida. Paz recuerda que cogió el tren en el Tormillo a Barcelona, llevaron dos pollos en segunda clase, como pago para alojarse en casa de unos familiares.

Se hacían la propia lana y tejían jerseys, toquetas y calcetines, se hilaba la lana y escorpinaba (desanchar la lana). Con cantaros, sobre la cabeza, iban a buscar agua a la acequia y la llevaban a las casas. No había agua corriente, ni mucho menos baños, así que las necesidades se hacían en el corral. El aseo personal se realizaba con palanganas “Poquer a poquer se iba dando uno agua por las partes del cuerpo”. La ropa se lavaba en la acequia y para blanquearla se calentaba agua con ceniza y se colaba, luego, aquella agua, se empleaba para lavar la ropa blanca. Para fregar el suelo de rodillas se utilizaba una almadeta para proteger las rodillas.

En Sena había buena huerta. Se hacía matacías, se hacían farinetas y se comían los lechacines. Para elaborar las farinetas primero se cernía el panizo. Pan con manteca y azúcar o pan con vino y azúcar, era la típica merienda, sobre todo después del recreo. Lo normal era tener en casa manteca de bochiga (vejiga de cerdo),  la bochiga se llenaba de manteca para almacenarla colgada en la cocina. Había estraperlo con la estación de ferrocarril del Tormillo, a donde se iba a vender trigo, cebada y harina. Además se hacía esparto y algo de sogueta, principalmente para su uso local. Hacer sogueta era cosa de hombres. La calderada, a base de patata, remolacha y todo lo que sobraba, se daba a los tocinos. 

Cuando celebraban los quintos había una semana de bailes, se ponían unas botas y pedían por el pueblo huevos con los que hacían farinosos o panetes de pan. Las puertas de las casas se ataban con fencejos para no dejar salir, era una trastada.

Para santa Agueda las mujeres sacaban a bailar a los chicos, ellas elegían. Se tocaba las campanas, se merendaba y en la plaza se hacía una rueda y se cantaba.

Algunas noches se espanotaba, de las panotas del panizo se separaba la cascarota para hacer colchones, también las cascarotas se daban como forraje a las vacas. A las fincas de Presiñena iban las chicas a plantar espárragos que acababan en la conservera de Sariñena.

Se amasaba en casa y se llevaba a cocer al horno. A servir marcharon muchas mujeres, sobre todo a Barcelona y también a Francia. En los cañizos secaban melocotones (orejones) e higos “¡Ay! que habrá tronada, a entrar los cañizos al cubierto”. Embotellaban tomates, para conserva y lo hacían en botellas porque no había botes. Comían cantillos de pan, que tostaban y daban con ajo y luego escaldaban con agua hirviendo. Muy parecido a las conocidas sopas de ajo.

El luto era muy riguroso, a Paz le duró siete años, no le dejaban ni comprar una aradio (radio). Las mujeres mayores llevaban el luto para siempre “Señal de luto-medio luto”.

La entrevista se realizó en Sena el 26 de abril del 2018. Gracias al Museo de Oficios de Monegros por abrirnos sus puertas a su maravillosa ventana al pasado, atesorando objetos que enseñan una forma de vida que hemos ido dejando atrás. Y gracias a Pilar, Paz, Josefina, Rocío, Nieves y Pili.