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José María Cabellud Novellón


Voz timbrada y fácil emisión, con buena vocalización y alcanzando notas altas como el mi y el sol sobreagudos. José María Cabellud Novellón fue un gran tenor con una enorme proyección y una prometedora carrera que tristemente se vio truncada. Pero su obra y vida dan constancia de su grandeza y así recordamos al gran tenor sariñenense “José María Cabellud Novellón”, con su viva voz resonando en la historia de los grandes teatros españoles.

Cabellud 1956

José María Cabellud Novellón

José María Cabellud Novellón nace en Sariñena el 27 de junio de 1936 en la calle Mercado. De familia humilde, su padre Francisco Cabellud Fauquer “Paco” trabaja como jornalero agrícola y es un buen cantador de jotas, sobre todo de picadillo. Paco realiza el servicio militar en Jaca, donde es testigo directo del alzamiento republicano de Fermín Galán de 1930. La sublevación le pilla de guardia, como “cabo semana”, y rápidamente es sofocada. Los capitanes Fermín Galán Rodríguez y Ángel García Hernández son fusilados mientras el resto de la guarnición es trasladada y encarcelada en cárceles de África. Al poco interceden por ellos y Paco puede regresar. Una vez en Sariñena se casa con Isidra Novellón Calatayud y tienen tres hijos, José y dos hermanas. Isidra es una de esas muchas mujeres «Carboneras» que se desplazaban hasta la estación de ferrocarril de Sariñena, distante a unos tres kilómetros del pueblo, para recoger el carbón que caía de los trenes al subir la cuesta. Luego lo utilizaban para calentarse y lo vendían para ir obteniendo pequeños ingresos.

A los doce años, José apacienta vacas ajenas y llega a realizar una trashumancia con ganado lanar hasta la montaña. En aquellos años, José gana el concurso local de jotas “Dejando boquiabiertos a los miembros del jurado”. Con quince años marcha a Sabadell a trabajar de albañil con un tío suyo, de acuerdo con una entrevista en la Nueva España. Allí, en Sabadell comienza a dar sus primeras voces en el Centro de Arte de Sabadell, donde recibe sus primeras orientaciones gracias al tenor cómico Vicente Picó, quien le enseña trozos de ópera, zarzuela, romanzas…

Sin embargo, definitivamente José María Cabellud se inicia como tenor en Huesca. En 1959 realiza el servicio militar en la capital oscense, en el cuartel de Artillería núm. 29. Sus compañeros, al escucharlo, le animan para que cante en público sorprendiendo con su magnífica voz. Enseguida, en el mismo cuartel comienza a recibir clases de solfeo: “Estaba cumpliendo el servicio militar en Huesca. En el cuartel comencé a cantar algunas arias. Me informaron que había un maestro de capilla, a quien consideraban una autoridad en la materia. Me presenté a él. “Quiero que me enseñe”, le dije. Me miró muy sorprendido y preguntó “¿Qué quieres cantar?” “Ópera”, le respondí. “Ah, pues no vas mal encaminado”.

Al poco, José canta para el reverendo don Gregorio Garcés, maestro de la Capilla de la Catedral de Huesca que queda completamente fascinado al escucharlo y descubrir que José alcanzaba el sol sobreagudo. Aquello le da el empuje necesario para iniciar sus estudios musicales, por lo que es becado por el ayuntamiento y la Diputación provincial de Huesca. “He aquí algo que, posiblemente, no tiene par en voces de tenor. El maestro de la capilla de la Catedral, sentado al piano, obligó a José María Cabellud Novellón, a vocalizar haciendo escalas. Se eligió la primera de las vocales con cierta picardía, el maestro, fue subiendo y subiendo las manos sobre el teclado y el tenor, cantando. (Dio el la agudo, con absoluta naturalidad. Luego, el do de pecho con enorme facilidad José María no sabe respirar, cantando. Sin embargo, después del do, el re. ¿Imposible, ¿verdad? Queda otra nota. Allá donde el sonido empieza a perderse: ¡¡El mi sobreagudo!! Y nuestro hombre lo dio, perceptiblemente, causando estupor en el pianista… y en nosotros. Creo, sinceramente, que se escribirá mucho y bien sobe este muchacho. Hemos sido los primeros en entrevistarle -trabajo hecho hace dos días-. Puede ser un dato para su historia. Jaime, Nueva España – 24/01/1959”.

¿Ante un gran artista lírico?

La Prensa y la radio de la capital de la provincia nos dan cuenta en estos días de la aparición de un gran artista lírico de nuestro pueblo, el joven José Cabellud Novellón. Es por lo visto de condiciones naturales extraordinarias. Si efectivamente esas condiciones existen, es deber de los organismos oficiales locales y provinciales de estudiar la forma de que las posibilidades artísticas de este joven no queden malogradas. Hemos dicho en más de una ocasión que Sariñena ha tenido en todos los tiempos individualidades destacadas. De todo corazón deseamos que los vaticinios que estos días se hacen del joven José Cabellud tengan plena confirmación.

Nueva España – 01/02/1959.

Cabellud Radio Huesca

Cabellud en Radio Huesca

No cabe duda que José María Cabellud cobra cierta notoriedad y despierta el interés de la sociedad oscense convirtiéndose en una magnifica promesa altoaragonesa. “Este joven tenor lleva unos, días actuando entre bastidores, en nuestra ciudad y está a punto de ser presentado, en público, por Radio Huesca. Siente azoramiento cuando comprende nuestros propósitos. -¡Adelante, muchacho!- Jaime, Nueva España – 24/01/1959 “. José María Cabellud mantiene amistad con Alberto Turmo, director por aquella época de Radio Huesca. Como cita la anterior noticia, José Cabellud es presentado a la sociedad oscense en Radio Huesca, donde realiza diversas intervenciones “cantó varias veces en radio Huesca y ante el general Samaniego».

Cabellud es considerado el nuevo Fleta en la sociedad oscense y así lo relata Tomas Jaime en su artículo El «sol» sobreagudo dado por la garganta del tenor altoaragonés José María Cabellud (Nueva España – 28/01/1959): “Nadie en el mundo, mientras no se demuestre lo contrario, ha sido capaz de dar, limpiamente, a pleno pulmón, una nota cuya escritura incluso está prohibida para voz humana. La historia contemporánea de este fenómeno comenzó así: José Cabellud Novellón cantaba y cantaba en la explanada de su cuartel de Artillería núm. 29, de guarnición en Huesca. Sus amigos le escuchaban, muy: complacidos. -Anda, José- Hazlo en público que te aplaudirán”. El artículo ensalza al descubierto tenor a la vez que hace hincapié en la necesidad que se inicie en el estudio y la formación:

Pero ¿quién ha enseñado a filar a este chico?, -preguntamos. -Yo lo he oído así en los discos y creo que me sale muy parecido- respondió el interesado.

“Presentado que fue al reverendo don Gregorio Garcés, maestro de la Capilla de la Catedral, se descorrió el telón de este muchacho. Una escala, dos, cinco más. El pianista, engañándole, iba cambiando de tono, siempre ascendiendo, en vertical. El resultado fue éste: el tenor lírico acababa de dar el mi sobreagudo. Y lo que es más significativo: sin apariencias de esfuerzo.

El maestro buscó al periodista y le sopló al oído lo que creímos inconcebible. Y añadió: «Su voz es sonora, fuerte, de impostación natura. Algo que escapa a toda ponderación».

Valía la palabra del sacerdote, entrañable amigo nuestro, por añadidura. Pero, haciendo honor a nuestro nombre, le replicamos: -No creemos sino lo que vemos, en este caso concreto lo que oímos.

La cita no se hizo esperar. Tres personas en torno a un piano. El maestro en cuestión, el tenor y quien suscribe. Presintiendo pudiera ser un dato histórico, añadimos: Siete y cuarto de la tarde del lunes, día 26 de enero de 1959.

José María, para limpiar su garganta, entumecida por reciente guardia nocturna hecha en el cumplimento de sus deberes militares, inició aquella privada actuación con dos piezas, de Donicetti y de Verdi. Analizamos: José María Cabellud se esfuerza en el registro medio, más aún en, el grave, y le sirve de descanso el agudo. Para él el «do de pecho» es un recreo, una diversión, nota que sostiene el tiempo que empleamos para liar un cigarrillo.

Faltaba lo principal, lo que puede ser fundamento y base de su vida artística. El maestro, adivinando nuestro pensamiento, inició unos arpegios y, en plan de reto, espetó al militar: —Este señor duda de lo que yo sé que es verdad. ¿Quieres vocalizar, José María?

Con la «e», el tenor, obediente, empezó a cantar. Para abreviar, entonó el «la» agudo y fue subiendo, sin respirar. La, si, do, re, mi ¡Ya está! Rendidos a la evidencia, íbamos a felicitarle cuantío, sobrecogidos de emoción, el cantor siguió hacia arriba. Ahora el fa ¡¡Y el sol!!

Un sol que no fue chillido. Sol sobreagudo perfecto, lleno, sonoro, vibrante, de escalofrío. El reverendo, soltando las manos del teclado, cual si quemara el- marfil, gritó: ¡Basta, basta! ¡¡quieto!!

Los dos temimos por su suerte. José María se sonrió, desabrochándose el cierre superior de su guerrera. Estas son las primeras páginas, inéditas, de este tenor lírico altoaragonés. Cómo y cuándo y de qué modo será escrita la segunda y siguientes, no lo sé. Difícil es profetizarlo. Al despedirnos le dije: No me atrevo a decir que cantas como los ángeles, pero sí como donde… los ángeles.”

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José estudia en el Conservatorio Superior de Música del Liceo de Barcelona, consiguiendo la medalla de oro y premio al mérito del Conservatorio del Liceo de Barcelona en 1964; el premio «Julio Batlle», en 1965, para cantantes de ópera; el «Santa Cecilia» en 1966 y dos diplomas correspondientes al curso 1963-64. Acude al curso nocturno mientras continúa trabajando de albañil en la obra, lo hace durante siete años de 1959 a 1966 “Desde hace 7 años, todos los días, al término de la jornada laboral, me desplazo a Barcelona para ampliar y perfeccionar estudios en el Conservatorio del Liceo”.

El 22 de diciembre de 1964, el tenor José María Cabellud es presentado en Sabadell en un concierto organizado por las Juventudes musicales de Sabadell. El acto se celebra en el salón de la Academia de Bellas Artes de la ciudad y Cabellud interpreta Arias de Marta, Tosca, Madama Buterffly, Werther y Faust acompañado al piano por José María Llorens. Aunque ya antes, en Sabadell, había realizado varios conciertos, colaborando con el centro aragonés de Sabadell, interpretando jotas en diferentes fiestas o con motivo de la inauguración del nuevo centro aragonés en 1951.

En 1965 José actúa en el marco de la Fiesta de la Poesía de Huesca. En aquella ocasión estrena la jota “Monegros” una canción compuesta expresamente para que fuese interpretada por José María Cabellud, cuya letra correspondía al padre Antonio Castán y música de Gregorio Garcés. “La escribió para su do de pecho, para su propia voz” apunta Marga Cabellud, hija de José María Cabellud.

La lectura de los trabajos fueron seguidas de grandes aplausos. A lo largo de la proclamación de poetas galardonados, actuó el notable tenor don José María Cabellud, Medalla de Oro del Conservatorio de Barcelona, quien interpretó magistralmente las siguientes composiciones lírico-musicales: «Amarilli», «Seguidillas de Vives», un fragmento de «La Arlesiana», del maestro Cilea y «Monegros», cuyos autores son los reverendos don Antonio Castán, parte literaria, y don Gregorio Garcés la parte musical, quien además acompañó al piano al tenor y amenizó con magníficas interpretaciones la iniciación de la fiesta. El tenor Cabellud fue objeto de entusiásticas ovaciones, sobre todo al interpretar «Monegros», que tenía carácter de estreno.

Nueva España – 01/06/1965.

También José participa en 1962 en un homenaje a Miguel Fleta: “Como muchos no ignoran, el próximo mes va a rendirse un homenaje, en Huesca y en Albalate de Cinca, a quien fue primerísima figura en el canto, Miguel B. Fleta, altoaragonés. En el acto musical que se prepara podremos escuchar las voces de Miguel Fleta, hijo, de una de sus hijas, del tenor Bernabé Martí, de nuestros paisanos Latre y Cabellud, y de otras figuras del pentagrama. Sepa usted, señor, qué… Nueva España – 07/04/1962.

En el concierto y distribución de premios, del curso 1964-65 del Conservatorio Superior de Música del Liceo, José María Cabellud debuta en el Liceo cantando el primer acto de Manón y Fausto. En la ópera Manón de Massenet en el Liceo, participa como protagonista en el primer acto de la tercera parte, de la crónica de aquel concierto se hace eco el Diario del Altoaragón, que por aquel entonces se llamaba Nueva España: “Una voz potente y muy bella, llena de matices y calidades musicales, rigurosamente educada y capaz para el logro de todos los aciertos que la ópera exige”. También interviene con la representación de dos actos de “Fausto” encontrando algunas interesantes críticas: “José M. Cabellud “Fausto” posee una voz de grato timbre y fácil emisión y mostró valentía en los agudos, desenvolviéndose con soltura”.

Triunfo de un sariñenense 

José María Cabellud, hijo de una modesta familia de nuestra población, es un becario de nuestro ayuntamiento y Diputación Provincial, para cursar su carrera de música y canto en el Conservatorio Superior de Música del Liceo.

Finalizada su carrera con éxito, el pasado nueve de abril compareció para revalidar su título en el concierto que organizó la prestigiosa institución de la Ciudad Condal, acto al que habían sido invitadas nuestras autoridades locales, pero que, debido a dificultades surgidas a última hora, no pudieron asistir como hubieran sido sus deseos.

De la Prensa catalana, en relación con este acto, copiamos lo siguiente: «En el concierto organizado por el Conservatorio Superior de Música del Liceo, que tuvo lugar en la noche del pasado día nueve de abril, el tenor sariñenense, José María Cabellud, logró un considerable éxito al ser presentado en la tercera parte del concierto como protagonista en el primer acto

de la ópera de Massenet, «Manon». José María Cabellud, una voz potente y muy bella, llena de matices y calidades musicales, rigurosamente educada y capaz para el logro de todos los aciertos que la ópera exige, cantó impecablemente toda su parte, siendo además como intérprete un correcto «Cavaliere Des Grieux», de «Manon», desenvolviéndose con entera naturalidad en el gran e imponente escenario del Gran Teatro del Liceo. Tuvo como oponente femenina, en el también difícil cometida de «Manon» a una excelente soprano, Angeles Velasco, quien haciendo también sus primeras galas en la ópera, mostró una voz limpia, potente, dúctil y bellísima, que unida a su juventud y encanto, resultó deliciosa para este romántico personaje. El papel de «Lescaut», corrió a cargo del barítono Juan José Escoto, que cumplió bien su cometido, y en los, restantes personajes que intervienen en este primer acto de la hermosa partitura de Massenet, lucieron también muchas cualidades y calidad de voces los cantantes: Carlos Luis Casteig, Daniel Más, Carlos de Nadaí, Carmen C. Castillero, Esther Casas e Isabel Luis Calvo con la colaboración de un nutrido coro de alumnos y alumnas del Conservatorio (clases de canto y conjunto vocal), bajo la dirección del maestro Ricardo Valls, con coreografía maestro Ricardo Valls, con coreografía de Juan Magriñá, con el ballet, fino y delicado lleno de gracia que ilustra este acto de la ópera «Manon», constituyendo entre todos, una magnífica muestra de la calidad organizadora del Conservatorio. José María Cabellud, en el reparto y distribución del premio y diplomas correspondientes al último curso, obtuvo la medalla de oro y el premio «Julio Batlle», para cantantes de ópera, ganado recientemente en un concurso de canto, en el mismo Conservatorio, así como dos diplomas correspondientes al curso 1963-64. Este magno festival celebrado el pasado viernes en el Teatro del Liceo de Barcelona, donde conocimos tantas y aplaudibles facetas que han hecho el continuado éxito del tenor Sariñenense, ofreció también la posibilidad de escuchar un cualitativo concierto a cargo de la orquesta del mismo Conservatorio, que, bajo la dirección del maestro José María Roma, interpretó un programa con obras, de Weber y Haendel». Nuestra felicitación a José María Cabellud por sus éxitos.

Nueva España – 22/04/1965.

Es en 1966 cuando se le concede el premio “Santa Cecilia”, un premio que se concedía cada cinco años a cantantes de ópera que finalizaban sus estudios en el Conservatorio del Liceo. En su actuación interpreta un “Lieders” de Scarlatti, aria de “Tosca” aria de “Madame Buterfly” y un fragmento de la “Arlesiana”: “La actuación de José María Cabellud, sorprendió a los más entendidos, por la potencia y afinación de su voz y por el alarde artístico en todos sus movimientos y situaciones comprometidas en escena, que resolvió siempre con emotiva sencillez. Un aficionado con maneras de divo, esto es lo que se comentaba en el publico después de la representación” (Sabadell, 7 de abril de 1966).

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Aquel año de 1966 estrena en La Farándula de Sabadell la ópera “Manón” de Massenet acaparando excelentes críticas: ”Cabellud demostró en su brillante actuación el dominio de una técnica depurada y una fina sensibilidad” (Taule-Viñas); “Demostró las excelentes cualidades de cantante y actor. Su voz es bonita y la juega con asombrosa ductilidad pasando del falset al tono natural hasta atacar el agudo, con una limpieza que sorprende” (15 de agosto Sabadell).

Al poco, José marcha a participar en el concurso internacional de Toulouse, donde interpreta unas diez piezas, estrenando un “Ave María” que había escrito el padre Gregorio Garcés, entonces organista de la Basílica del Pilar. Manuel Ignacio Yzuel Sanz escribe en su artículo “El Ruiseñor” en la revista “Monegros”, que Cabellud queda como semifinalista en el concurso de Toulouse.

Luego continua su viaje hasta Ginebra para realizar pruebas para unas grabaciones invitado por el suizo Mr. Voltás, representante de una importante firma discográfica. Voltás lo conoce en una representación de curso del Conservatorio Superior de Música del Liceo, en el escenario del primer teatro lirico de España, donde interpreta el segundo y tercer acto de “Faust”, de Gounod. Tras unas primeras pruebas en la “ciudad helvética” Cabellud emprende una nueva aventura en Suiza.

En suiza consigue un gran éxito actuando en el Gran Teatro de Ginebra. En una entrevista en el periódico Sabadell, agosto de 1966, relatan: “Deberá cantar fragmentos de óperas tales como “La favorita”, “Tosca”, “Manon”, “Faust”, “Bohemes”, “La Arlesiana”, etc…” En la entrevista, realizada por Juan Armengol, Cabellud resalta la importancia de salir al exterior “Debo salir al extranjero, puesto que aquí es muy difícil poder trabajar debido a la escasez de teatros de ópera”. Finaliza la entrevista expresando su agradecimiento a Sabadell “Que me dio la oportunidad de debutar en lo que considero mi ciudad, actuación que me ha permitido entrar en contacto con el teatro de la Zarzuela de la capital, y el gran teatro de Ginebra, donde actuaré en la próxima temporada y asimismo en la televisión suiza y posiblemente francesa”. José María Cabellud, Un gran tenor nacido en Sariñena: “Ha sido contratado para actuar en la televisión suiza”.

En la entrevista “Breve diálogo con José María Cabellud” matiza que compagina bien su carrera con su trabajo en la construcción y explica como las pruebas con la casa “Atlántida” de Ginebra fueron bien, grabando un disco con canciones clásicas españolas y dos italianas y también “Cintas para los coches”. Respondiendo a Luis Papell, Cabellud explica que difícilmente lleguen a España las grabaciones, pue la casa “Atlántida” solamente tenía corresponsales en Suiza, Alemania y Norteamérica.

“Su casa fue el Liceo, donde más actuó” afirma Marga Cabellud “Una vez actuó en la iglesia de Sariñena junto a una soprano, fue durante unas navidades y cantaron clásicos”. Su hijo Pepo acudía de pequeño a sus representaciones y recuerda como anticipaba a sus compañeros de butaca la muerte de su padre en la próxima escena, aunque bien advertía que su muerte era de mentira. También el guarnicionero de Sariñena, Ángel Royo “Ramoner” guarda alguna anécdota de Cabellud, cuando, al salir de Sariñena el tren con destino a Barcelona, solo más coger el túnel antes de El Tormillo, arranca con una potente jota para sorpresa de todo el vagón. Una anécdota que no duda en recordar a la familia cada vez que se los encuentra por la calle.Sin título 3

En 1966, José participa en el IV concurso internacional de canto Francisco Viñas en Barcelona celebrado los días del 21 al 27 de noviembre. José María Cabellud participa como tenor con el número 40 interpretando las siguientes piezas:

  • 2 arias de oratoria: Frank En ce temps là (de «Les Beotitudes») y Verdi lngemisco (del Requiem».
  • 4 arias de ópera: Cilea E la solita storia (de «La Arlesiana»), Massenet Oh! dispar (de «Manón»), Danizetti Una Vergine (de «La Favorita») y Massenet Ah! non mi ridestor (de «Werther»).
  • 3 canciones: Calleja Granadinas, Caccini Amarilli y Schumann lch grolle nicht.

En 1967 actúa, como cantante, en el Teatro de la Zarzuela, con la comedia lírica de “La Chulapona”, donde se representa por 2 meses; compartiendo escenario con el actor cómico José Sacristán. También en 1972 actúa en el Teatro Español de Madrid, con “La gran compañía de Zarzuela Tomas Bretón”. En la temporada de 1971-1972 participa en la obra “I puritani”, de Bellini, en el teatro Liceo de Barcelona. Se realizan tres representaciones de la obra donde José María Cabellud interpreta como tenor el papel de Sir Bruno Roberton. La obra, bajo la dirección de Renato Sabbioni y director de escena Dídac Monjo, cuenta con Eduard Soto como Lord Gualtiero Valton, Carlo Micalucci como Sir Giorgio, Luciano Saldari como Lord Arturo Talbo, Vicenç Sardinero y Attilio D’Orazi como Sir Riccardo Forth, Rosa Maia Ysàs como Enrichetta y Cristina Deutekom como Elvira.

En el anteriormente referido artículo de Manuel Ignacio Yzuel Sanz “El Ruiseñor” de la revista “Monegros”, Yzuel escribe que el sencillo y noble Cabellud recibió la oferta de actuar en la Scala de Milán, ofrecimiento que rechazó, por la dificultad del idioma.

SABADELL. — Presentación del tenor sabadellense José María Cabellud en «La Farándula», con la representación de «Moñón».

 Ha sido puesta en escena con gran brillantez en el coliseo de «La Farándula» la ópera «Manon», de Massenet. En función de gala y patrocinada por el Ayuntamiento y la Caja de Ahorros, hizo su presentación ante el público sabadellense el tenor local José María Cabellud, medalla de oro y premio al mérito del Conservatorio del Liceo de Barcelona, en cuyo teatro actuó ya con franco éxito.

Completó la pareja central de la obra la excelente soprano Lina Richarte y los cantantes Escoto, Rico, Forcada, Soto y coro y orquesta de espectáculos del Liceo.

José María Cabellud demostró en su brillante actuación el dominio de una técnica depurada y una fina sensibilidad.

Para Sabadell fue un gran acontecimiento artístico, ya que nuestros conciudadanos esperaban la actuación del gran tenor, el cual no defraudó ni un momento el interés del selecto y nutrido auditorio, que llenaba el teatro.

TAULE-VIÑAS.

La Vanguardia 7 de agosto de 1966.

Sabadell. Sesión de gala en el Teatro «La Farándula».

Por la Compañía lírica de Pablo Civil fue presentada como función de gala en las fiestas del Aplec, la obra lírica del maestro Vives «Doña Francisquita», que fue interpretada con figuras representativas de la zarzuela, y protagonizada por el tenor sabadellense José María Cabellud.

El excelente timbre de voz y la educación musical de nuestro tenor, fueron ampliamente aplaudidos por el numeroso público sabadellense que acudió a la Farándula atraído tanto por la calidad de la obra de Amadeo Vives, como por la fama justamente lograda de nuestro tenor que demostró una vez más su excelente condición de cantante y su dominio en cualquier exigencia de partitura que se le confíe.

 T. V.

La Vanguardia 18 de mayo de 1967.

Concierto y distribución de diplomas y premios en el gran teatro del Liceo.

Después de la distribución de los premios que fue presidida por un buen número de personalidades, profesores y artistas vinculados al Conservatorio, el telón del teatro se levantó para la representación de fragmentos de los actos primero y segundo de la popular ópera «Marina», de Arrieta, que tuvo por intérpretes los alumnos más aventajados de las clases de canto del Liceo.

Destacó netamente por la pureza de su voz, la soprano Julia González, aplaudiéndose también las posibilidades del tenor José María Cabellud y del resto de los solistas, con Concepción Pérez, José Cruañas, Luis Pazo y Enrique Arrufat.

La Vanguardia 7 de abril de 1968.

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En 1971 participa en la Gran Gala Lírica con “Doña Francisquita”, en Molins de Rey. En el periódico de Sabadell, en la edición del 24 de octubre de 1972, José María cabellud “El arte por vocación” aparece en portada. Una reseña que resalta su gran figura y dotes operísticos, que además de su disco publicado preparaba uno en catalán: “Mi mayor deseo -aclaraba Cabellud- es dedicar unas horas al bel canto, corrigiendo defectillos que uno tiene. Estudiando nuevas ópera, zarzuelas y canciones. Superarse, en una palabra”.

En 1973 graba un LP con el sello Palobal “Romanzas de Zarzuelas” con la Orquesta de Cámara de Barcelona con el director, J. Casas Augé. Un Lp con diez temas donde interpreta El Trust de los Tenorios, Doña Francisquita, Los Gavilanes, Luisa Fernanda, El último romántico, La Chulapona, La Generala, El Huésped del Sevillano y Adiós Granada. (http://datos.bne.es/edicion/biso0000551461.html) El trust de los tenorios. Jota «Te quiero» / Arniches, Álvarez, José Serrano — Doña Francisquita : de la Romanza de Fernando / Romero, Fernández, Amadeo Vives — Los gavilanes. Escena de la flor / Ramos Martín, Jacinto Guerrero — Luisa Fernanda. Romanza de Javier / Romero, Fernández, Moreno Torroba — El último romántico. Romanza / Tellaeche, Soutullo, Vert — La chulapona. Romanza / Romero, Fernández, Moreno Torroba — La generala. Romanza / Perrín, Palacios, Amadeo Vives — El huésped del Sevillano. Canto a la espada toledana, Romanza «Mujer de los ojos negros» / Luca de Tena, Reoyo, Jacinto Guerrero — Adiós, Granada: granadinas de la zarzuela «Emigrantes» / Pablo Cases, Barrera, Calleja.

También aparece Romanza, “Bella enamorada”. José M.ª Cabellud. Orquesta de Cámara de Barcelona.  Dir.: J. Casas Augé© 1973, Palobal LP 4.167 (Lp).

En breve, la compañía de zarzuela del maestro Damunt en el Romea.

El Teatro Romea abre de nuevo sus puertas al género lírico español con la presentación de la compañía de zarzuela del prestigioso maestro José M.» Damunt. El debut de la compañía se efectuará el próximo día 11 de junio con la representación de la popular opera “Marina” en función homenaje a su creador el “divo”, fallecido recientemente Hipólito Lázaro.

El reparto para la función inaugural estará compuesto por la eminente soprano ligera Carmen Dueñas, divo tenor José Rius, el gran barítono Ramón Contreras y el bajo procedente del Teatro de la Zarzuela de Madrid, Esteban Astarloa.

La compañía anuncia como reposiciones las obras catalanas «Cancó d’amor i de guerra» y «La legió d’honor» y «El pájaro azul», entre las de repertorio.

El maestro Damunt presenta en esta ocasión a un plantel de nuevos valores. Aparte de los artistas mencionados en la función de debut, figura la eminente soprano Angelita Naves y Marieli Merino (recién llegada de América), el barítono Andrés Viñas, los tenores José Cabellud y Fernando Carmona, los actores Ramón Cebriá, Tomás Sánchez, Vicente Bon, José Gil y A. Buxaderas.

La Vanguardia 1 de junio de 1974.

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En palabras de Marga Cabellud, prácticamente su padre pasa de marchar de Sariñena, con una bicicleta, para trabajar como albañil a tener su propia empresa de construcción con más de cien trabajadores. José María Cabellud no deja de trabajar como albañil y empresario de la construcción. Sin embargo, su trabajo y dedicación a su familia le hace rechazar una gira por Italia que seguro hubiese relanzado su carrera a lo más alto del mundo de la ópera y la zarzuela española. Pues, años antes, José María Cabellud Novellón había conocido en Sabadell a Pilar Val Ezquerra, curiosamente natural de Lanaja, población cercana a Sariñena. Los dos aragoneses habían emigrado por trabajo a Barcelona donde se conocen, cortejan y acaban contrayendo matrimonio. Pilar había marchado, como muchas chicas de su época, a servir en casas de la capital condal. De aquel matrimonio nacen cinco hijos: Marga, Pepo, Marta, Teresa y Pili. Algunos nacen en Sabadell y las últimas ya en Sariñena donde regresa la familia Cabellud Val.

Lamentablemente, José María Cabellud Novellón fallece en 1978 en un accidente de tráfico a los 42 años de edad.

José María Cabellud Novellón era feliz cantando, eso siempre fue lo más importante para él y así lo reflejaba “Canto porque me gusta, porque necesito cantar”. Según Marga Cabellud “Cantaba alegremente trabajando en la obra, incluso cuando era más empresario que albañil y no dudaba en coger en cuanto podía el pico y la paleta”. Su gran potencial como tenor siempre estuvo presente en su vida, pero también supo tener los pies en el suelo, con su familia y empresa, incluso llegó a manifestar que no le gustaba la vida artística “No se hace otra cosa que viajar y viajar. Canto por afición, por deporte”.

Sin duda, la figura de José María Cabellud Novellón es la de un gran tenor, una voz portentosa y extraordinaria, con una proyección impresionante, pero a la vez consciente que lo más maravilloso de cantar fue disfrutar y hacer feliz a los suyos. ¡Qué su voz vuelva a vibrar como el gran tenor que siempre será!.

Todo mi agradecimiento a la familia Cabellud Val.

La plaga de langosta en Los Monegros


La plaga de langosta es la octava de las diez plagas que asoló Egipto según los relatos bíblicos de la religión cristiana. Estos acrídidos responden a un insecto de la familia de los ortópteros y su explosión como plaga ha afectado históricamente a cultivos causando hambrunas y muerte, especialmente en zonas subdesarrolladas de África. Pero en Los Monegros también se han producido plagas de langostas que repasamos descubriendo uno de los mayores males que ha padecido esta tierra.

Langosta

Los Monegros están considerados como una de las cinco Zonas permanente de langostas en España (Apud. José del Cañizo, “La langosta y el clima”, 1942. Elaboración: C. Alberola Die). Una de las zonas áridas peninsulares en que las condiciones pueden permitir el paso de la langosta de fase solitaria a gregaria (Armando Alberola Roma. Plagas de langosta y clima en la España del siglo XVIII). Además, Alberola señala que durante los años 1718 y 1724 Los Monegros “No conoció cosecha alguna”.

Zonas permamemtes de Langostas en España

Documentalmente podemos remontarnos hasta el siglo XVIII, mediante un escrito con motivo de una plaga de langostas que afligió Los Monegros y que se publicó en 1682. El escrito aparece recogido en la obra de Félix de Latassa: “Obra de Pedro Martín de Buena Casa: Motivos por los quales nos castiga Dios regularmente con la plaga de langostas. Daños que ocasionan en el Reyno de Aragón en donde hoy se llora. Con noticias de San Gregorio de Ostia oficial, Abogado contra la langosta y de sus santas reliquias, con otras memorias de Aragón. En Zaragoza 1688 en folio. Con motivo de la plaga de langostas que en 1682 empezó a arruinar el territorio de Monegros en Aragón, trata recientemente de este escrito Don Ignacio de Asso en su Discurso sobre la langosta y medios para exterminarla. Pág 4 edición Ámsterdam 1785.” (Tomo IV, pág 226, de su biblioteca nueva de los escritores aragoneses). También Latassa recogió otro escrito que se publicó en 1680 por el Diputado de Aragón Félix Medel que trataba del santo de San Gregorio como santo protector contra las langostas dada la importancia que esta debió de adquirir: “Como abogado de las plagas del campo”: “Discurso histórico, de la venida a España de San Gregorio, obispo de Ostia, de su patrocinio contra la langosta, garrapatillo, pulgón, y otras varias plagas del campo y frutos de la tierra…” (Tomo III, pág 551, de su biblioteca nueva de los escritores aragoneses). Ambas referencias aparecen en la obra de Agustín Salido y Estrada: La Langosta, Compendio, 1874. Ángel Cortes, Monegrillo en sus raíces, apunta que durante 1684 y 1687 hubo plaga de langostas en Monegrillo.

Latassa

Latassa

Así, Los Monegros responden a una zona gregarígena donde a lo largo de la historia se han dado plagas de langostas y que, en un futuro, su amenaza puede ser una gran posibilidad. Sin embargo, es principalmente es en el siglo XX cuando encontramos mayor información.

Darío Villagrasa en su libro “Monegros Tierra de cine. Sariñena Editorial” recogió la primera grabación cinematográfica de Los Monegros que justamente corresponde a un documental sobre el control de la plaga de langostas. Rodado en 1915, el documental Plaga de langosta es obra del pionero cinematográfico Antonio de Padua, donde “Los agricultores combatían a una voraz plaga que asolaba sus cosechas”. Por lo tanto, podemos establecer que en 1915 se produjo una plaga de langosta en Los Monegros.

Un papel decisivo fue el ingeniero jefe de la Sección Agronómica Pedro Navarro, quien en una circular publicada en el Boletín Oficial del 14 de mayo de 1919 indicó de la probabilidad de la plaga. A Pedro Navarro le debemos un justo reconocimiento.

El investigador Costán Escuer Murillo, en su artículo «De plagas», Revista Montesnegros n.º 38, cita la primera referencia de plaga de Langosta en Perdiguera en 1902 a raíz de una anotación en el libro de sesiones del ayuntamiento de la localidad. La anotación responde al 1 de febrero de 1902, dando cuenta del presupuesto para extinción de la langosta, «gasolina y jornales». Luego, no es hasta 1920 cuando no vuelve a aparecer mención a plagas de langosta en los montes de Perdiguera.

En cambio, en Monegrillo afectó una plaga de langostas en 1912, pero, según Ángel Cortes, no es hasta el 21 de julio de 1913 cuando los periódicos dan cuenta de los hechos.

«En 1916 hay langosta en balsa Fortiz, balsa Pina, Sasos, Celebrún y otros términos monegrillenses. Se pide que venga el Sr. José Cruz Lapazarán Beristáin, que es ingeniero jefe de la Sección Agronómica. Se dan batidas con fuego y se paga a 3 ptas. el kilo de canuto de langosta cogido a mano. Cada canuto pesa unos dos gramos y contiene unos 45 huevos. Suele haber un millón de canutos por hectárea. En junio de 1917 se recogieron 1.700 kilos de canuto, lo que da idea del esfuerzo por combatir la plaga y de los apuros económicos del momento. La subvención que se ha recibido es de 3.500 ptas. a lo que hay que añadir 1.000 recolectadas entre los vecinos.

En estas duras circunstancias debió sentarles muy bien a los cuatro agraciados monegrillenses que la junta de gobierno del Montepío de Labradores del Arzobispado de Zaragoza los premiase con 500 ptas. para estímulo y fomento de la agricultura.

Al año siguiente se prueba a poner carne envenenada contra la langosta y se paga el kilo de canuto a 1,50 ptas. En años sucesivos continuarán los trabajos y es necesaria una mayor cantidad de gasolina. A pesar de todo el esfuerzo realizado, se vienen perdiendo las dos terceras partes de la cosecha. El 19 de junio de 1920 hacen expediente justificativo de calamidad pública por langosta (saltón o grillo) y, tal vez por ello, 1921 fue muy publicitario en el tema; no sabemos, si también muy efectivo. Lapazarán estuvo en abril y se mostró pesimista. Los medios empleados son escasos, pues sólo se dispone de cuatro lanzallamas. En junio se hizo un homenaje al ingeniero jefe en la villa de Pina y Monegrillo se sumó al acto. Por si fuera poco, el año es de sequía y los recursos económicos están agotados. Sólo les han mandado 24 cajas de gasolina.»

Monegrillo en sus raíces
Ángel Calvo Cortés

Aquella plaga afecto completamente al pueblo de Monegrillo, en palabras de Ángel Cortés fue el pueblo más castigado, siendo las pérdidas del 85% quedando solamente la ganadería:

«La zona afectada entonces era una franja de 3 Km de ancha por 14 Km de larga dirección a La Almolda. La población monegrillense ha disminuido considerablemente y se ha gastado el pueblo 86.951 ptas. El presupuesto ordinario del Ayuntamiento no llegaba a 20.000 ptas. Se han destruido 20.483 kilos de canuto, sin contar el no controlado.

Así van pasando los años y el mal continúa. En 1922 el canuto se paga ya sólo a 0,50 ptas. kilo. Mientras tanto, se hace en Zaragoza una asamblea para abordar el problema, pues son 31 los pueblos afectados. Se dividen los términos en cuarteles. Fabiani, comisario regio de Fomento, y Lapazarán cambian impresiones. En este año las pérdidas se estiman en el 35 %, las debidas a la langosta y en el 15 %, las debidas al mal tiempo. Un detalle viene de la Asociación de Comerciantes de tejidos de Zaragoza: regalan 20 latas de gasolina a Monegrillo que es el principal foco exportador de langosta desde hace muchos años. La prensa publica alguna opinión de monegrillenses que conocen el problema y tienen cierta formación intelectual: si Monegrillo estuviera en Cataluña, el Gobierno ya le habría ayudado.»

En el Diario de Huesca la primera noticia que aparece es del 11 de junio de 1920. En ella se da cuenta, por parte de los alcaldes de Alcubierre y Castejón de Monegros, de la existencia de la plaga de langosta disponiendo que “Con el carácter de urgente se gire visita de inspección por el ingeniero jefe de Sección Agronómica señor Navarro”. La segunda nos lleva a 1922 y responde a los temores que la plaga de langostas vuelva a reaparecer. Es entonces, cuando los diputados provinciales por el distrito de Fraga-Sariñena Gaspar Mairal, Esteban Panzano y Antonio Gálligo se reúnen con Manuel Batalla, presidente de la Diputación provincial, para abordar el grave problema que supone la plaga de langostas. La visita tuvo por objeto “Recabar de tan digna autoridad promesa de apoyo de la Corporación que preside por si la propagación de la plaga hiciera necesario el auxilio a los pueblos perjudicados (La plaga de la langosta.  El concurso de la Diputación. Diario de Huesca 15 de abril de 1922)”.

El 19 de mayo de 1922 en el Diario de Huesca se daba ya cuenta del desarrollo de la plaga de langosta, el jefe de la sección a agronómica de Huesca reconocía en Castejón de Monegros un cordón de mucha importancia procedente de Pina y Monegrillo. Las langostas nacen en primavera y en fase gregaria suelen formar rodales hasta que se rompe por algún lado formando un cordón que va arrasando todo lo que va encontrando a su paso. Navarro continuó visitando los pueblos afectados, principalmente durante ese año, Fraga, Candasnos, Peñalba, Valfarta, y Castejón de Monegros: “Amenazado en un breve plazo, de no auxiliársele convenientemente, de una terrible invasión”. Unas abundantes y extensísimas manchas de langostas amenazaban la excelente cosecha. También el insecto aparecía en grandes cantidades por Monegrillo y Lanaja. El foco principal se extendía en una longitud de ocho kilómetros por la partida llamada Farled, del citado monte de Pina, lo que sin duda alguna llevó a Navarro a proponer el inicio de los trabajos de extinción al gobernador de Zaragoza Cruz Lapazarán.

Plaga Langosta Diario Huesca

Pronto los vecinos de Castejón de Monegros se dispusieron a trabajar en la defensa de sus cultivos, a quienes Navarro les prometió “El envío de gasolina, trochas de zinc, un lanzallamas y cuantos elementos puedan servir de avada al esfuerzo de los vecinos, que se hallan, en justicia, alarmados”.

El panorama parecía desolador, en los trigales donde había hecho presencia la langosta aparecían “Increíblemente destrozados” empeorando por un tiempo caluroso que favorecía la propagación del insecto: “El remedio, para que ocasione eficacia, ha de ser inmediato”. En La Almolda y Valfarta las manchas se iban combatiendo con los elementos que previamente habían sido allí enviados. Mientras Peñalba aparecía invadido por completo, ofreciendo una imagen desoladora, produciendo la plaga importantísimos daños en su avance. Se recogieron hasta unos quince mil kilos de insectos, incluso los vecinos de Peñalba adquirieron por su cuenta “Dos mil quinientos metros de trocha, con los que, unidos a los enviados por el ingeniero agrónomo, proceden con gran actividad a los trabajos de defensa”. Una de las mayores preocupaciones era que los insectos invadiesen los pozos que les abastecían, peligrando el consumo de agua de boca “De la visita a Peñalba hemos obtenido una penosa impresión; y entendemos que las autoridades, secundando el entusiasmo del pueblo, deben acudir, sin demora, en su socorro, a fin de salvarlo del desastre agrícola y económico que se le avecina”.

La plaga en Castejón de Monegros, por José Antonio Pérez SerrateEn mayo de 1922, y en el término municipal de Castejón de Monegros, una devastadora plaga de langosta arrasaba cientos de hectáreas de terreno. Un pueblo eminentemente cerealista y cuya cosecha era el único medio de vida para sus habitantes, aquel año, el voraz y destructor insecto, acabó con la cosecha.

El foco llegaba por el término colindante del monte de Pina, y procedente de las zonas de Monegrillo y Farlete. La situación se iba agravando y tomando grandes dimensiones. Los labradores aterrados por el devastador insecto, pensaban en la precaria situación que quedarían muchas familias, si no se conseguía detener al imparable destructor.

Los vecinos del pueblo, se multiplicaban en su sesión permanente para llevar a cabo sus trabajos, pero, todos estaban desvanecidos por su insuficiente eficacia.

Afortunadamente, al frente de la situación estaba el ingeniero agrónomo D. Pedro Navarro, Jefe de la Sección Agronómica, que no descansó un momento hasta ver aminorar los estragos de la plaga.

La Junta de plagas dirigida por el Sr. Navarro, estaba presidida por D. Antonio de Salvador Buil, el Alcalde D. Ángel Serrate Sesé, el párroco D. Antonio Bercero, el médico D. Félix Anadón, el farmacéutico D. Pedro Rallo, el veterinario D. Valero Urcia, y una gestora de labradores propietarios representada por D. Florencio Badimón.

Viendo el alcance de la tragedia, y provistos de regaderas, gasolina, trochas de zinc, lanzallamas y cuantos elementos sirvieron de ayuda para los vecinos del pueblo, se hizo frente a la desgracia.

A pesar de la cantidad enorme de insectos que se retiraban todos los días, veían que aumentaba en gran proporción, y se temía, que llegasen a invadir por completo el término municipal de Castejón. La mancha era verdaderamente considerable, y la dirección del insecto hacía suponer que no tardaría en llegar a la población.

El cordón que venía del monte de Pina se calculaba en una longitud de 8 kms. de largo por 3 kms. de ancho. Y, por otro lado, un hervidero incontrolado venía del monte de Lanaja. De modo, que Castejón tenía que acudir a dos frentes invasores, necesitando protección para no ver los campos arrasados.

Las balsas que abastecían agua a Castejón, corrían peligro. Tuvieron que improvisar una muralla de cañizos rodeada de hierbas ardiendo, para impedir que traspasaran el muro.

Para realizar las labores, los labradores más pudientes de Castejón, contribuyeron con sus yuntas de mulas y sus jornaleros, hasta finalizar los trabajos de extinción.

Los vecinos del pueblo lo habían dado todo, y una vez más, dieron ejemplo de carácter luchador. Abandonaron sus labores con espíritu de solidaridad para dedicarse por completo y hacer frente a tan terrible invasión, pero la situación se hacía insostenible. Por lo que un miembro de la Junta de plagas le planteó al Ingeniero Sr. Navarro, ¿con qué va a comer un hombre de familia, si abandona su trabajo para dedicarse a la extinción de la langosta?. Es hora de que el Estado acuda en auxilio para compensar los emolumentos de los labradores. A lo que el Sr. Navarro accedió, comprometiéndose a resarcir sus honorarios a razón de 3,- Pesetas jornal.

Era tan grave el problema que se había originado en la zona de Monegros para realizar los trabajos de extinción, que ni los Ayuntamientos, ni Diputaciones Provinciales, disponían de medios económicos para hacer frente a todos los gastos originados. Por lo que consideraron necesario, acudir en demanda de auxilio al Estado Central.

En reunión celebrada en Huesca por la Comisión de los pueblos afectados, nuestros representantes D. Valero Urcia y Mosén Antonio Bercero, propusieron una reforma inmediata de la ley de plagas por las deficiencias de que adolecía, y que el Estado, fuera el responsable de realizar las tareas de extinción y roturación de los terrenos.

Los maestros de la escuela, dirigidos por Dª María Badarán y D. Nicolás de Laportilla haciendo eco de su desolación, actuaron de manera ejemplar y daba gusto ver como 240 niñas y niños con sus azadillos (en Castejón “jadillos”) y capazos ayudaban a exterminar la plaga invasora. Esta acción fue reconocida por el Consejo de Fomento, recompensando a los protagonistas escolares.

Igualmente, Mosén Antonio Bercero párroco de Castejón, y en representación del pueblo, recibió el premio de la Facultad de Medicina y Ciencias de Zaragoza, en reconocimiento sobre los medios empleados, y su eficacia, para la extinción de la plaga.

Para las autoridades provinciales, “Castejón fue un pueblo modelo” en los trabajos de extinción de la plaga, y manifestaron su orgullo y satisfacción, de las labores realizadas por los vecinos, y la excelente gestión de la Junta de plagas.

La plaga en Castejón de Monegros, recogida en el diario La Tierra del 30 de mayo de 1922.
José Antonio Pérez Sarrate.

En Candasnos también hizo su aparición el insecto, pero no en las proporciones que en Peñalba. El pueblo utilizó el material que la acción oficial le proporcionó para la extinción y, al igual que en Peñalba, preocupó la invasión de la langosta de pozos y balsas.

La plaga de langostas 

Apena el ánimo, conmueve el corazón y entristece el alma, ver los semblantes decaídos, al observar el incremento tan grande que va adquiriendo este devastador insecto.

Los labradores se encuentran aterrados al ver en perspectiva un pauperismo absoluto, en cuya precaria situación quedarán muchas familias si no se consigue atajar la marcha de la langosta.

En esta villa, cuando se creía que los daños no serían de importancia, por confiar que cuando penetrara en su término las cosechas estarían duras, se ha visto con espanto lo mucho que adelanta y las grandes dimensiones del cordón.

Diario de Huesca 25 de mayo de 1922.

El presupuesto del 1921 había sido de 10.000 pesetas, combatiendo la plaga en unos diez pueblos y aunque el presupuesto para 1922 había ascendido a las 17.500 pesetas, este resultó insuficiente al aparecer nuevos pueblos con manchas de langostas. Así fue puesto de manifiesto en el Consejo Provincial de Fomento, celebrado el 1 de mayo de 1922 (Diario de Huesca 26 de mayo de 1922). A los pocos días, en tres autos, el gobernador civil Cabrera visitó la zona junto al comisario regio de Fomento señor Cajal, el comandante de la Guardia civil Navarro, el representante de la Cámara Agrícola Mur, el director de La Tierra Banzo, el ingeniero jefe del Servicio Agronómico Navarro y el representante de El diario de Huesca. Visitaron las localidades de Castejón de Monegros Peñalba, Candasnos “Un relato de andar pisando langostas. Desagradable y peligroso es pisar la nieve fría en el campo. Pero andar pisando insectos destructores que forman bandos espesos de kilómetros, que producen un ruido apagado y continuo, y acaban con el cereal, que es el pan nuestro de cada día; eso además de desagradable, es espeluznante, trágico y angustioso.  En esas nubes que hoy corren a ras de la tierra y mañana volando nublarán el sol y dominarán regiones enteras, está el enemigo del labrador, el encarnizado destructor de la tranquilidad y bienestar, el elemento exterminador que lleva la ruina y la miseria. Los de Castejón trabajan en las trochas sin hacer caso del bochorno ni del sol que les derrite; luchan a brazo partido para defenderlas balsas ¡Qué ya que el pan se les va, que no les envenenen el agua de balsa que beben!” (Diario de Huesca 30 de mayo de 1922).

A la falta de cosecha, las perdidas, la escasez de rentas y alimentos, el problema del agua fue casi una tragedia. Las langostas eran capaces de acabar y malmeter las balsas y los pozos; las únicas infraestructuras básicas para el abastecimiento de agua para el consumo humano y animal. La situación fue preocupante, alarmante… al borde de la tragedia.

También representantes de la Cámara Oficial Agrícola de la provincia visitaron la zona “Una visita a los pueblos invadidos” (Diario de Huesca 1 de junio de 1922) “Hemos podido apreciar el mal en toda su intensidad, saliendo profundamente apenados ante el ejército arrollador de langosta que, avanzando, avanzando, siembra la desolación”.

El ingeniero jefe de la sección agronómica Pedro Navarro pronto realizó una explicación histórica sobre el problema de la langosta, en el marco de la asamblea de la diputación de Huesca del 5 de julio de 1922. Navarro expuso como los focos principales radicaron en Pina, Farlete y Monegrillo y como el año de 1921 la plaga apareció por la sierra de Alcubierre, llegó a los pueblos de la ribera del Flumen y del Alcanadre, y luego, atravesando la sierra de Alcolea, las bandas llegaron hasta los pueblos cercanos.

 “Se trabajó con entusiasmo; los labradores roturaron los terrenos donde la langosta aovó y así pudieron salvarse las cosechas de diez y nueve pueblos.

 La langosta puede y debe ser extinguida totalmente. Para ello hacen falta grandes recursos, y yo formularé, desde luego, el presupuesto necesario; como medio preliminar debe irse a la acotación de los terrenos donde el insecto aove, cuidando que varias brigadas se dediquen a seguir el vuelo, especificando cuáles son los campos de particulares y cuáles los montes del Estado. A este fin yo repartiré las instrucciones e impresos precisos.

Una vez hecho esto procede la acción mancomunada; donde se pueda, roturar, donde no, cavar o proceder a la recogida del canuto. Más tarde, cuando el insecto comienza a nacer deben emplearse los buitrones, que requiere numerosa prestación personal, pero que son de gran eficacia, de mucha mayor que la gasolina, cuyos efectos son teatrales más que otra cosa.

Pero la verdadera labor, la principal, es la de la roturación.

Los pueblos vienen obligados a hacer las acotaciones de los terrenos en que la langosta hizo la aovación; pero si las circunstancias excepcionales que pueden concurrir en el término municipal, tales como su extraordinaria extensión superficial, o el haber en aquéllos gran número de hectáreas pertenecientes al Estado, impusieran a los pueblos esfuerzos que estuvieran imposibilitados de realizar, pueden dirigirse a la Jefatura Agronómica de la provincia, que facilitará dentro de los medios de que disponga, personal idóneo que se trasladará a los pueblos aludidos y hará las acotaciones.”

Diario de Huesca 6 de julio de 1922.

En el Diario de Huesca del 4 de agosto de 1922 se da cuenta de la publicación, en el Boletín Oficial número 76 del 26 de junio, de la Real orden del ministerio de Fomento de 19 de junio del año actual, ordenando el cumplimiento de la Ley de extinción de las plagas del campo de 21 de mayo de 1908 y dando instrucciones y plazos fijos para la vigilancia, denuncia y acotamiento de los terrenos invadidos por la langosta y donde ésta haya hecho la aovación.

La langosta realiza su puesta en canutos, Navarro daba prioridad a la escarificación, realizar labores de labranza en otoño, invierno y primavera para que el hielo, las aves o la recogida manual y posterior quema destruyese las puestas. Fue una gran lucha contra la plaga. Vicente Gascón Lacort lo recoge en su artículo “La plaga de la langosta en nuestros municipios hacia 1920” en la revista Montesnegros. Por medio del artículo “La afección en los municipios de Los Monegros sur” del Ingeniero Jefe del Servicio Agronómico de Zaragoza José Cruz Lapazarán, aparecido en la revista semanal «El Progreso Agrícola y Pecuario» de 31 de julio de 192 “Una campaña de trabajos de langosta en Zaragoza”. Entre los métodos para su extinción habla de trochas que había en La Almolda y que habían realizado con esfuerzo. La explicación de este método de trochas, Vicente Gascón la encuentra en un trabajo de 1986 de José Moral de la Vega donde se describe como la trocha respondía a una lámina, principalmente de cinc, que se colocaba para interceder la marcha del cordón de langostas y hacerlas caer a unos pozos o bretes donde las destruían con fuego.

Una vez en vuelo, una de las técnicas de atrapamiento era el empleo de buitrones, una red de forma cónica que en forma de embudo va disminuyendo, impidiendo que puedan salir las presas que entran en el arte y queden atrapadas en un remate final. Luego, mediante la quema se exterminaban.

Vicente Gascón Lacort señala que durante 1923 las zonas Leciñena, Pina, Perdiguera, Farlete y La Almolda, en menor medida, fueron términos infestados de langostas. Aun así, habían experimentado una gran reducción gracias al gran esfuerzo de los trabajos de escarificación. También Vicente Gascón Lacort reseña una cita de 1917 del trabajo de José Cruz Lapazarán En este volumen hay un pequeño apartado sobre la plaga de la langosta, habitual en aquella época. Es del año 1918, unos años anterior a los dos artículos citados, y en él hace alusión a que la campaña de extinción (año 1917) tuvo verdadera difíciles en Monegros, aunque sin resultados muy halagüeños. También destaca que la langosta apareció en zonas acotadas y otras que no, en gran cuantía, además, favorecida por los inmensos términos municipales de la zona, poco poblados y que debido a la sequedad del clima se cultiva poca tierra, generalmente vales rodeados de terreno yermo. Como balance de 1918 dice que ayudó a que el traslado de langostas a sembrados fuera rápido y por ello el término de Monegrillo, el inmenso monte de Pina y algunos otros fueron excesivamente castigados”.

En Perdiguera continuó afectando en los años 1920, 1922, 1923, 1924 y 1925, donde se va solicitando gasolina para su exterminio.

La plaga de langosta se vio agudizada con el abaratamiento del trigo por la importación del cereal por parte de los harineros catalanes “La injusta pretensión de los harineros catalanes de entrar trigos extranjeros en la época de la recolección para conseguir el abaratamiento de este artículo, unida a la escasez de cosecha habida y a los daños que ha originado la langosta, precipitarían la ruina de esta comarca (si se accediera a ello), hacia la cual se va a pasos agigantados” (Diario de Huesca del 4 de agosto de 1922). La gran importancia de la plaga en los pueblos, dio pie al maestro de Castejón de Monegros “perfectamente percatado de su misión”, de llevar los domingos a los niños de las escuelas al monte y “Provistos de azadillas de mano les nace recoger canutos de langosta en las laderas que no pueden ser escarificadas” (Diario de Huesca del 5 de noviembre de 1922). Se cita que acudían unos 240 niños y niñas, en un término municipal donde se estimaba que había unas 760 hectáreas donde las langostas tenían depositados sus huevos (Diario de Huesca del 9 de noviembre de 1922).

Que a la langosta que pace vuestro calor la deshace cuando el sol más la aviva, sois cuchillo que degüella esta plaga tan impía. Todas las plantas desmedran esa plaga cuando pasa, que como todo lo abrasa hace más mal que la piedra, no hace esta tierra mella porque en tu socorro fía.

Novena, canto religioso que se interpreta en la virgen de la Sabina, Farlete.

Nos dicen de Bujaraloz: «Los de Monegros son héroes, émulos de aquellos héroes de Numancia.» ¿Por qué? ¿Qué tienen que ver los numantinos con los que viven en los terrenos esteparios de los Monegros?. Los de Numancia prefirieron morir antes de entregarse a los romanos. Los de Monegros prefieren entregarse al hambre antes de emigrar. ¿Es un heroísmo morir de hambre sobre la tumba de los mayores? Si lo es, héroes como los de Numancia son los de Monegros…

En los tristes pueblos esteparios ha diez años que vive la langosta. Sobre las tierras de siembra, no llueve sino muy rara vez. Ahora la sequía es tan persistente, que falta el agua para los hombres. Y el pan para los niños. Y la paja para las caballerías, colaboradoras del hombre en la obra de abrir el vientre a la tierra sedienta… Ya no queda nada a los labriegos de sus provisiones. No les queda nada: ni esperanza…

Monegros, en tierras de Aragón, no tiene caminos. Los ojos de los gobernantes no llegaron a contemplar nunca la desolada costra de la tierra estéril. Los negociantes no vieron en la tierra sedienta ninguna utilidad. Por eso no hay carreteras ni vías férreas; por eso no se intensifican las obras del canal de Monegros… ¿Qué importa el amor de aquellos hombres a la tierra donde nacieron? ¡Que se mueran! ¡Que emigren! ¡Que maten a sus hijos!, como los héroes de Numancia, antes de entregarlos a los invasores: el hambre y la sed! .

Ya no confían en los Gobiernos aquellos labriegos.

Las noticias que nos llegan de aquella comarca son graves, piden auxilios prontos, rápidos. ¿Es posible auxiliar a los que están en trance de emigrar o de morir? No sabemos si es posible. Más que dinero, acaso fuera preferible enviar técnicos que estudiaran la manera de restablecer la riqueza agrícola de los Monegros, Intensificando la obra del canal, y dando trabajo a los que esperan del cielo el milagro de su salvación… La construcción de una carretera, la apertura de pozos artesianos y el «perdón de las contribuciones», sería un alivio para el otoño. Con estas medidas, se llevaría la fe a los labriegos de aquella comarca. Ellos creen que no hay justicia en la tierra. Y el caso es que hasta ahora tienen razón.

 Rodolfo Viñas. El Sol, 4 de junio de 1924.

Aunque al parecer las plagas no volvieron a sucederse, el miedo quedó muy marcado en la memoria de nuestros pueblos. Pues aún se tardaron algunos pocos años en exterminar completamente la plaga. Así en el Diario de Huesca del 19 de febrero de 1924 se solicitó en la sesión de la Diputación Provincial de Huesca al Gobierno “La consignación necesaria para que en la campaña próxima de primavera quede totalmente extinguida la plaga de la langosta”.

El año 1925 fue de gran sequía en toda la comarca. Desde Leciñena, La Almolda y otros lugares recibe el gobernador cartas del cura y diversas personas. Bujaraloz lleva cuatro años sin cosecha y Monegrillo arrastra ya doce años de plaga de langosta. En este último lugar sólo queda, entre las dos balsas, agua racionada para seis días. El agua se paga a 20 céntimos el decalitro. Desde las esferas gubernativas se promete que los monegrinos serán los primeros contratados para trabajar en las obras de riegos del Alto Aragón. Por fin llueve un poco y la necesidad se alivia momentáneamente. De nuevo, en 1926, habrá escasez de agua y en 1929 no se cosechará a causa de la sequía. La recolección en 1930 y en el 1931 es buena, pero también en este último año se necesita agua de socorro. Por si fuera poco, aunque nieva en 1932, en 1933 apedrea.

La langosta se ha ido localizando, pero se necesitan medios para terminar con ella. Son precisos más de seis mil metros de trocha, ochenta latas de gasolina y otros accesorios. En 1928 se prueba a matarla con arseniato de sosa en el término de las Fabarnías. En los años siguientes, incluso hasta el 1939, hay que estar atentos y mojonar los focos que todavía aparecen.

Monegrillo en sus raíces
Ángel Calvo Cortés

La herida que dejó la langosta fue muy dolorosa, causó mucho sufrimiento en estas tierras. Quizá por ello casi ni se recuerda, como si de una pesadilla hubiese tratado. Una plaga que no deja de crear grandes crisis humanitarias en África y que en Los Monegros puede volver a suceder.

Gonzalo Alcolea Huerva


Natural de Pallaruelo de Monegros, Gonzalo nació un 25 de junio de 1936. Su padre era agricultor, tenía tierras de secano que con el tiempo se han vuelto de regadío. Su madre trabajaba haciendo faenas para las casas ricas  “Iba mucho a lavar con agua de balsa y con el jabón que ella misma hacía”. Fueron tres hermanos  y los tres tuvieron que emigrar.

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A la escuela fue poco, a los 10 comenzó a ir de rebadán con el ganado, de aprendiz de pastor con su tío José Huerva y el tío Isidoro Camón, los dos mayorales. Así, Gonzalo solamente fue a la escuela desde los 6 hasta los 10 años, pero al poco entró la educación obligatoria y tuvo que volver desde los 12 a los 14 años. De su edad apenas serían una media docena de críos. Jugaban a los pitos y a la bomba entre muchos otros juegos.

Con siete años lo bajaban al pozo en un pozal, con la carrucha. En cada casa había un pozo y lo bajaban para limpiarlo. Como era oscuro bajaba con un candil. En una ocasión lo bajaron demasiado y el agua comenzó a llegarle hasta el cuello, gritaba pero arriba no le oían y el candil se apagó, había más de metro y medio de agua. Al final lo subieron pero estuvo a punto de ahogarse.

Por el monte iban a mirar nidos por las sabinas, nidos de picarazas y cuervos, a tirarse por los bordiles de paja por los que bajaban de cabeza. Iban a la balsa buena a buscar agua con un carretillo de madera, llevaban pozales en el carretillo donde cabían unos cinco pozales de diez litros cada uno. En el carro llevaban hasta doce pozales “Los pozales eran de zinc”.

La balsa se limpiaba cuando se secaba, empleaban las caballerías. En Pallaruelo de Monegros estaba la balsa Tío y la balsa Buena y trataban que siempre tuviesen agua. Luego en las casas se almacenaba en los aljibes.

Su padre iba a buscar piedra a la virgen Vieja, su padre trabajó haciendo la carretera que iba de Sariñena a Bujaraloz y con un mallo machacaba las piedras “Sería a mediados de la década de 1940”.

Con 15 años, Gonzalo marchó a Monzón de pastor, estuvo un año. A los 16 años marchó con su familia a Raimat (Codorníu). Allí trabajaron por casa, huerto y 200 kg de harina, llevaban la tierra y las viñas, las podaban y vendimiaban. A los 21 le tocó hacer la mili y luego marcó a Alpicat (Lérida) donde trabajó como camionero hasta su jubilación a los 60 años. Aunque a los 62 volvió a su Pallaruelo natal y llevó las tierras de casa.

Siempre ha vuelto a Pallaruelo de Monegros, sobre todo para vacaciones y fiestas. Se vio obligado a marchar ya que entonces no había trabajo “Igual llegamos a marchar unas veinte personas en aquella época, fueron años muy malos que no se cogía nada en el campo, sería a principios de la década de 1950. La mayoría marchó a Barcelona, había muchas fábricas y mucho trabajo”.

De zagal cogía leñas de romero y sosa y en Sariñena o Capdesaso la cambiaban por patatas, garbanzos o judías. En casa criaban un tozino al año “Aunque si no se cogía cosecha no había dinero”. Con cepos cogían conejos que también criaban con  letacines o apanucios, hierbas que daban a los conejos para comer. Cazaban con varas o con perros conejeros, los hacían salir de los cados y los atrapaban.

Gonzalo fue danzante igual que su abuelo Mariano quien le enseñó a danzar. Ensayaban los domingos en las escuelas, recuerda Gonzalo. También se acuerda del tío Pascualer, el diablo y del tío Juaner que hacía las motadas.

En las fiestas había orquestas, en una era se hacía la carrera pedestre y al ganador se le daba un pollo y también, a veces, una garrafa de vino “Se hacía en la era donde se trillaba, por la mañana se regaba, a primera hora, para que fuese mejor la carrera”. También se remojaba la plaza para el baile. Para la celebración de los quintos se iba casa por casa a pedir y luego hacían merienda.

A los Pallaruerlo les llamaban los pelaos, los calvos y cuando los de Castejón de Monegros pasaban les decían “Quies un peine”, a rejodidas alguna les amenazaba con la escoba. Eran otros tiempos a los que nos hemos acercado gracias a Gonzalo, tiempos en los que con una perra gorda en la tienda compraba una papelina de almendras tostadas en casa de la tía Rosa y merendaban un trozo de pan con chocolate o pan con vino y azúcar. Gracias Gonzalo y a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!

 

El Sabinar Pallaruelo


Pallaruelo 3

Vista desde el alto de La Portellada

Entre Pallaruelo de Monegros y Castejón de Monegros aparece un excepcional sabinar bajo la plataforma tabular que mantiene unidas la sierra de Alcubierre y Sigena. El Sabinar de Pallaruelo forma parte de ellas y consta con el reconocimiento de la Red Natura 2000, a través del LIC ES2410076 «Sierra de Alcubierre y Sigena» y la ZEPA ES0000295 «Sierra de Alcubierre», que incluye la Sierra de Alcubierre, Pallaruelo de Monegros y Sigena.

El sabinar de Pallaruelo va ascendiendo de los 340 metros de altitud, por el piedemonte, lo que conocemos como La Portellada, hasta coronar los 506 metros de altura, La Collada, ya Castejón de Monegros. El sabinar discurre por la cara norte, por la parte más llana entre campos de cereal mientras que, tal como va avanzando hacia arriba, se va desarrollando por una ladera incidida por una densa red de barrancos y cárcavas. Al oeste nos queda el desconocido, pero a la vez precioso, barranco de la Peña, mientras que hacía el este acabaríamos encontrando el singular paraje de Jubierre, ya en el término municipal de Castejón de Monegros.

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Majestuosas sabinas monegrinas de portes variados, cónicas o piramidales o estrechas, columnares, esféricas, globosas e irregulares aparecen aisladas salpicando el paisaje, creando un mosaico excepcional con los campos de secano, o formando bosquetes. Algunas aparecen podadas, antiguamente servían sus ramas para alimentar el ganado, creando una forma característica y tradicional, otras aparecen con su forma principal, desarrollada desde abajo con frondosas ramas que le permiten una mayor supervivencia y adaptación al medio árido y seco de Los Monegros. Así es, las sabinas forman la comunidad vegetal sabinar continental, en plena aridez, a merced de altas temperaturas y sequías, además de fuertes y secantes vientos como el cierzo y el bochorno. Por el contrario, los inviernos son fríos, con nieblas persistentes, heladas e inversiones térmicas.

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Raíces profundas, duramente ancladas en la aridez incluso en suelos de yesos. Un paisaje señero y extraordinario, pero además las sabinas aparecen en amplios enclaves de Los Monegros, principalmente a los pies de la sierra de Alcubierre, por la misma sierra y por la zona de Farlete y Monegrillo.

Pallaruelo

El sabinar de Pallaruelo adquiere su propia identidad, la sierra de Pallaruelo es un paraje extraordinario donde aventurarse y descubrir esplendidas sabinas. La principal sabina albar (Juniperus thurifera) pero también encontramos del mismo género la sabina negral (Juniperus Phoenicea) o el enebro (Juniperus oxycedrus). En estos sabinares abunda el romero, la ontina, el sisallo y otras plantas esteparias o mediterráneas. Pero sobre todo son unos valiosos ecosistemas, de biodiversidad y belleza paisajística que podemos contemplar desde el gran mirador que responde al alto de La Portellada. Además de contemplar el sabinar de Pallaruelo de Monegros, en un día despejado se abarca gran parte de la provincia de Huesca, desde Los Monegros oscenses, la Hoya de Huesca, la sierra de Guara y los Pirineos al fondo, como guardianes de nuestro único y majestuoso Alto Aragón.

Javier Murillo Bometón


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Niños jugando a las canicas

Por Najwa El Khalqi. Tercero de la ESO. IES Gaspar Lax.

Javier Murillo es mi vecino,  nació  en Sariñena el 29 de julio de 1955. Su padre Mariano Murillo y madre Julia Bometón, Mariano era agricultor y Julia ama de casa que murió hace pocos años con casi 100 años

Javier tuvo  una infancia muy divertida,  jugaba a lanzar las canicas, al futbito y también hacia natación. A él  le encantaba cazar y jugaba mucho al tiro de plato

En su época le obligaban ir a la iglesia entre semana. La luz y el agua iban bien pero de vez en cuando se cortaba y usaban velas hasta que volviese la luz. El agua siempre la tenían guardada o la iban a buscar a fuentes cercanas. Él fue a la escuela  hasta los 13 años, que luego fue particular, y salió a trabajar de albañil en Sariñena.

Se casó con su mujer Ester en Albalatillo  pero hicieron la boda en Sariñena, de viaje de novio se fueron a Córdoba y Ceuta. Tuvieron dos hijos Javier y José. Javier es deportista y participa en grandes competiciones de ciclismo. Y las tradiciones del pueblo era lo típico, menos lo de la peñas, pero lo pasaban muy bien

Los refranes que ellos utilizaban en esa época: «la creatividad es la inteligencia de divertirse».

Najwa El Khalqi .

Tercero de la ESO.

Entrevista a mi abuela Pilarín


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Por Lucía Barranco Allué. Tercero de la ESO. IES Gaspar Lax.

Mi abuela se llama Pilar Lucientes Espinosa, nació el 7 de Marzo de 1944 en La Puebla de Albortón, y toda su descendencia es de ahí. Su infancia la pasó en La Puebla, acompañada de sus familiares y amigos. Con sus amigos se reunían en la plaza del pueblo y jugaban a la comba, al corro y muchos más.

Pilarín fue hasta los 12 años a la escuela de La Puebla, empezaban de las 10 a las 13 y seguían por la tarde de 15 a 17, y cuando acababa el que quería se quedaba a repaso. Solo llevaban 2 libros, uno de lecciones (donde había de todo, matemáticas, lengua…) y otro de lectura. En la escuela también les enseñaban a bordar. Con 14 años se iban con sus amigas a escondidas a merendar por el campo para que no las siguiera nadie.

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Con 15 años empezó a ir al campo, como antes no había cosechadoras, con un rastrillo cogía las espigas y las echaba en un montón. También tenían viñas e iban a vendimiar (coger uvas) y las usaban para hacer vino.

No tenían agua, por lo que con un cántaro y un pozal hacían 4 o 5 viajes para coger el agua. Cuando no había agua cerca porque no llovía, iban a un pozo y cogían agua para fregar porque  esa no valía para beber, y para coger agua que sí  que se podía beber, iban los hombres con un carro y un cubo, a una balsa a tres cuartos de hora de La Puebla, y la echaban a un aljibe que tenían en casa, que se almacenaba muy fresca. En casa tenían tocinos para consumo propio, gallinas, pollos, conejos, y cabras para leche.

Con 20 años conoció a mi abuelo, Salvador Barranco, de aquí de San Lorenzo del Flumen. Pilarín tenia aquí una tía que estaba enferma, y venía mucho a verla, y a veces salía al baile que hacían en casa de un señor y bailando conoció a mi abuelo, aunque mi abuelo cuenta que la conoció en el huerto de su tío Ángel, pero ella no lo vio.

Tras 5 años de conocerse se fueron juntos a Zaragoza, y volvieron a San Lorenzo para las fiestas de Agosto, y estuvieron cerca de 2 meses.

A mi abuelo, al llegar soltero a San Lorenzo le dieron un lote y una casa, en la que actualmente siguen viviendo. Pilarín para ayudar a la economía de la casa decidió comprar unas cuantas vacas, y así ordeñándolas vendían la leche y sacaban dinero. También ella iba a recoger panizo para sacar más dinero.

El 29 de Septiembre de 1969 se casaron, en Zaragoza en la iglesia San Miguel. Invitaron a sus familiares y amigos de La Puebla y de San Lorenzo. Una vez terminada la ceremonia les invitaron a todos a una comida y después visitaron Zaragoza.

Ellos no hicieron viaje de novios, porque  mi abuelo no tenía tiempo, ya que tenía mucha faena con las vacas y el campo. Tuvieron 2 hijos, Loly Barranco Lucientes, mi tía, y Salvador Barranco Lucientes, mi padre. Convivieron y trabajaron con las vacas.

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Cuando mi padre acabó la mili y decidió quedarse en casa, hizo unas naves en el lote y llevo las vacas ahí, y compro más. El negocio de las vacas le duró unos años porque cuando mi hermano Saúl tenía 2 años, tuvo que cerrar el negocio porque ya no se ganaba casi. Ahora se dedica a la ganadería y tiene bastantes campos que los lleva con mi hermano y mi abuelo Salvador.

Pilarín a día de hoy, lleva 54 años en San Lorenzo del Flumen. Tras una larga vida aquí, ya jubilada, se juntaba todas las tardes con sus amigos en la placeta de los abuelos, que decimos nosotros, y se sentaban 10 o 12 y charraban y alcahueteaban toda la tarde, fuera invierno o verano.  Ahora ya no quedan más que 3 ó 4, pero ya no se juntan, por lo que mi abuela pasa todas las tardes viendo la novela y haciendo crucigramas.

Ella me cuenta que la vida en el pueblo ha cambiado, que tenemos agua solo abriendo el grifo o comprando embotellada, que no pasamos frío porque hay calefacción, que antes era todo mas barato, los cafés…etc.

Lucía Barranco Allué.

Tercero de la ESO.

Entrevista a mi abuela Cristina


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Cristina Andreu Lana

Por Jara Ballarín Cucalón. Tercero de la ESO. IES Gaspar Lax.

Cristina Andreu Lana nació el 24 de julio de 1940 en Sariñena, era hija única y sus padres se dedicaban a la agricultura.

Cuando ella tenía 6 años le dejaron empezar la escuela nacional hasta los 10 años, después de eso fue a la de  las monjas, donde por la mañana hacía escuela normal y por la tarde les enseñaban a hacer labores, como coser o bordar, esto duró hasta sus 15 años. Después de esto, la llevaron a aprender a un taller de modistas, para conocer el oficio de la costura.

Los juguetes que solía utilizar eran los que le traían los Reyes Magos o en algunos casos los que le regalaban por su cumpleaños; los cuales solían ser muñecas de cartón o de trapo con pelo de verdad o de lana, cocinillas de aluminio o de cerámica, de vez en cuando le caía algún que otro costurero, y por supuesto juegos tradicionales (como ahora los llamamos).

A los 15, barría, hacía las camas, y los domingos con su abuela iban por las casas a dar leche con las lecheras (para las casas que no tenían vacas lecheras). Al ser hija de familia de agricultores, iba a hacer pequeños trabajos al campo, como recoger el producto o llevar comida a los campos o fincas donde se trabajaba. Y en la época de la siega se iba a la era a trillar.

En cuanto al agua no la tenían en las casas, la tenían que ir a coger a las fuentes que estaban en las plazas; por otra parte, la luz era escasa, solo una bombilla por habitación y de muy poco voltaje.

La vida en el pueblo era tranquila, salvo los días de fiesta, donde todos los habitantes salían a las calles a bailar, cantar jotas e ir al cine. La juventud de entonces se divertía a su manera, cada uno tenía su cuadrilla de amigos, con los que en San Isidro hacían más o menos lo mismo que ahora (montaban carroza y al mediodía iban a comer al campo), en verano como no había piscinas se iban todos al río. El 25 de julio Santiago se solían ir a refrescar y a merendar con unas gaseosas de pito.

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Mi abuela empezó a salir con mi abuelo a los 15 años y él a los 18. Se casaron a los 23 y 26 años. Su viaje de novios fue a Barcelona y a Lérida, porque mi abuelo tenía un hermano allí, la boda fue muy amena ya que se casaron en la iglesia, y después lo celebraron en su casa, la cual es la misma que tienen ahora y fue una herencia de su padre. Mi abuela era modista, y hacía labores en casa. Tuvo solo un hijo, mi padre. La tradición que tenían por entonces era quedar todos los primos de mi abuelo que seguían en Sariñena, en su casa; algunos domingos.

Jara Ballarín Cucalón.

Tercero de la ESO.

Miguela Borruel Pardina


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Miguela Borruel Pardina

Por Cruz Ullod Borruel.

Mi madre, Miguela o Miguelita, nació un 29 de septiembre de 1937, en plena Guerra Civil, en la casa del Pozo situada en la actual Ronda de San Francisco de Sariñena. Hija de María Pardina Pueyo, la “pallaruelera” y Plácido Borruel Capitán, la mayor de tres hermanos. Plácido trabajó toda su vida como jornalero en casa de Portera y en su juventud fue marmolista con los Morera. Mi abuela María servía en Casa Castanera. Plácido y María se casaron por lo civil y después de la guerra tuvieron que hacerlo por la iglesia. Aunque el cura no los dejaba casar si no le llevaban las tres “arras” de rigor. Mi abuela no tenía dinero para eso y tuvo que sustituir las arras (unas especie de tartas) por bizcochos.

A los pocos días de nacer mi madre ya se la llevaron  a Pallaruelo, pues mi abuela era de allí. Son muchos los recuerdos que guarda de este pueblo, sobre todo de su abuelo Miguel. Al criarse sin su padre (mi abuelo Plácido estuvo durante 2 años en la cárcel de Huesca, una vez acabada la guerra), su abuelo Miguel era como un padre para ella. Lo seguía a todas partes y el día que se la llevaba con él al monte era una fiesta para ella. A su abuelo Miguel, “Miguelón” porque era muy alto, lo recuerda siempre con su bota de vino colgada en el cabecero de la cama y preparándole pan con vino antes de que saliera el alba.

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De Pallaruelo recuerda los juegos bajo el Torrejón y las fiestas. Al gaitero Vicente Capitán (familia de mi abuelo Plácido), al tío Juaner…las juergas que montaban con su música y su porrón en los patios empedrados de las casas. Y los vestidos que estrenaba para la fiesta “sobre todo uno rosa con volantes”. Y el miedo que le inspiraba el diablo del dance que la encorría hasta el granero de casa, el pan bendito que entregaba y sigue entregando  siempre la misma familia por una promesa…

De la guerra recuerda cuando tenían que ir a refugiarse a las masadas  y le tapaban la boca para que no se oyesen sus llantos y no los delatase.

Recuerda como al principio, una vez que su padre salió de la cárcel, ella no lo quería, no lo había visto nunca. Decía que no era su padre sino “el marido de mi mama”. Recuerda también la noche que la bajó a la cuadra porque lloraba y no quería dormir con él.

Su segundo hermano, Antonio, nació en Pallaruelo y fue recogido por Josefina la del “Augau”.

José, el tercero, ya nació en Sariñena, en pleno invierno. Su nacimiento coincidió con la muerte del marido de su tía Isabel la Patica y como había nevado tanto tuvieron que abrir un camino con palas  desde su casa (Ronda San Francisco) hasta la iglesia para poder enterrarlo.

Miguelita no quería vivir en Sariñena y aunque sus padres y hermanos ya estaban instalados aquí ella se quedaba siempre que podía con sus abuelos de Pallaruelo, también fue allí a la escuela.

Años después ya se quedó definitivamente en Sariñena, aunque iba a Pallaruelo siempre que podía. De su casa de Sariñena recuerda que no había luz pero sí tenían pozo, incluso un pequeño brazal donde iban las vecinas a lavar la ropa. Muy distinto era el tema del agua en Pallaruelo, donde iban a la balsa con un colador para recoger el agua estancada llena de cucos  y donde se reutilizaba una y otra vez la misma agua porque no se podía desperdiciar ni una gota. En Sariñena era diferente, aquí había fuentes en muchas calles y plazas.

Fue a la escuela en Sariñena hasta los 14 años, cuando empezó a cuidar a Encarnita, la hija de su maestra ( y mía) Doña Emilia. Empezó a trabajar para ella mucho antes, fregaba el patio, le llevaba la leche todos las noches  de Casa La Diega. Me daba “un real” cada día por llevarle la leche. Por entonces ya empezaba a acompañarla el que sería mi padre, Jesús Ullod López, el Roso. Para Doña Emilia trabajó unos años incluso se la llevaba con ella a Huesca durante el verano para que siguiera cuidando de su hija, con la que mantenemos una estrecha amistad todavía.

En ocasiones tenía que pedir permiso a la maestra para salir antes de la escuela porque tenía que llevarle la comida a su padre hasta los chamarcales o los estañuelos Me habla de sus amigos: José Gómez, Codeta, Alicia la Sastra, la Pierretas, Culocuezo,…

En diciembre de 1958 se casó con mi padre con el que llevaban  juntos desde adolescentes, fueron de viaje de novios a Zaragoza, a la famosa “Posada de las Almas”. Al año siguiente nacería mi hermana M ª Jesús y en 1963 nació Rosa Mari, que desgraciadamente murió a los cuatro meses. Y en 1964 nací  yo, en pleno “baby boom”. Aprendió a coser con Pilarín Mateo, la “Titina” y nos hacía toda la ropa tanto a mi hermana como a mí. Yo me he criado entre patrones, hilos, retales,.. Mi padre trabajó mucho tiempo “pesando esparto” en diferentes localidades a las que se desplazaba en bicicleta.

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Jesús y Miguela por el camino del fútbol.

De sus años jóvenes recuerdan el montón de bares y tabernas que había en Sariñena, prácticamente una en cada calle: el Riau (donde la peluquería de Flora), la Parra (en la calle Enado),  Puchades (donde se instaló la primera televisión), el Bodegón “donde íbamos a merendar cabezas”, el café de Paquito en la calle de Ancho, casa Ojitos, el Romea “de más categoría” y El Peti donde “se vieron por primera vez las olivas rellenas” y había que hacer cola para entrar durante las fiestas. Y del cine, en el Romea, en el Casino y en el Victoria, a los que siempre se tenían que llevar de “carabina” a la abuela Incolaza, que era la primera que se apuntaba.

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Isidro Clavería, el “Chupón”, Antonio Campos, Jesús Ullod y José Borruel en el bar La Parra, detrás el camarero ¿?

Para poder aumentar el escaso salario que ganaba mi padre en “las viguetas” durante muchos años mis padres se hicieron cargo del bar del campo de fútbol “el ambigú”. Gracias a ello mi hermana y yo pudimos salir a estudiar fuera. Un esfuerzo que nunca les agradeceremos lo suficiente.

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Cruz Ullod Borruel

 

Aldea


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Aldea por Valdecarros, güega entre Lanaja y Castejón de Monegros. 

Ya hace tiempo que nadie vuelve y el aire corre por estas viejas cuatro paredes. Duramente resisten los vetustos muros de piedra que inevitablemente comienzan a desmoronarse. Es tiempo de ausencias y de olvidos, ya no se cuentan añejas historias al calor de la lumbre del pequeño hogar, de un pequeño espacio que familias compartieron generaciones tras generaciones. La soledad embriaga tiempos sin memoria, de saberes populares, del esfuerzo y trabajo en esta sierra monegrina, de leyendas de bandoleros y del gran Cucaracha. Ya no humea la chimenea, ni despide antes del amanecer, ni espera después del anochecer.

Días de otoño, de preparar las tierras y sembrar, dormir al calor de las mulas en la pequeña aldea que hace muchísimos años se levantó piedra a piedra. Una a una se fueron colocando las piedras que se arrancaron a la sierra, con las manos encallecidas y duras, con las manos de segar en verano bajo el implacable sol, donde sólo la vieja sabina, a su sombra, se hallaba resguardo. Las mismas manos que aserraban los pinos y bajaban de la sierra las leñas, que arrancaban los romeros para los hornos y el esparto para hacer sogueta, las manos que recogían las almendreras, olivares y viñas.

La sierra permanece salpicada de aldeas espaldadas por tiempos que ya no valoran su propia historia, la de su gente, la de sus abuelos y abuelas. La vegetación va apoderándose, los tejados hundidos y los muros a merced de la erosión del abandono. Con ellas desaparece parte de nosotros y nosotras, vidas que fueron e incluso nacieron en aquellas solitarias aldeas esparcidas sobre la sierra de Alcubierre.

El aire, el cierzo corre por las cuatro paredes, entra por las puertas que ya nada guardan y nada resguardan, mientras la enrona se va acumulando en su abandonado espacio. Ya no bajan los carros llenos a los pueblos, ni van sus gentes montados en ellos, ni bajan ni suben. Y el viejo poblado de Peñalbeta aparece distante, resignado a la desmemoria, igual que los caminos los reclama el monte, igual que muchos campos que ya no se cultivan.

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Sabina por Valdecarros, güega entre Lanaja y Castejón de Monegros. 

Las balsas ya no recogen el agua como antes, ya no sacian la sed, aquella sed que ya no fatiga a los hombres y mujeres en estos malditos y rabiosos secanos. Los muros de piedra de los campos se derrumban llevándose tantos recuerdos, tanta sabiduría que tanto costó aprender. Ya no abundan los rebaños de cabras y ya casi no hay pastores, las parideras quedan vacías y el silencio se adueña de todo. La sierra permanece como ausente.

Sólo el aroma a ontina, romero y tomillo, a monte, perdura la esencia de tantas gentes. Los cielos claros y limpios, el aire puro y el olor a tierra, los campos de trigo y cebada. Quien levantó cada piedra sabe el valor de cada muro y de cada aldea que siempre buscó legar a los suyos. Ahora nosotros y nosotras somos sus herederos y el frío entra entre las cuatro paredes, el aire recorre paredes que ya no hablan, callan porque ya hace tiempo que hemos dejado de escuchar.

Ya hace mucho tiempo que nadie vuelve y ya hace mucho que nadie espera. Aunque a veces parezca que aún quiere esperar.

  • Nota: Aldea es la forma de denominar a las casetas de monte en la sierra de Alcubierrre.

Mi abuelo Mariano


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Por Paula Hernández Sampériz. Tercero de la ESO. IES Gaspar Lax.

Mi abuelo se llama Mariano Sampériz Peralta y nació en Lalueza el 10 de Junio de 1936. Toda su familia nació en Lalueza. Su padre Antonio, era agricultor y su madre Felisa era ama de casa. Tenía 3 hermanos y 4 hermanas.

Su infancia fue divertida. Jugaban a encorrer pajaricos, a las canicas y al sombarre  (triángulo con chapas). En casa tenían 2 cerdos, gallinas, una mula que la usaban para la agricultura y un burro. Tenían también un soto (huerto) para cultivar las verduras y las patatas.

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En la escuela, la maestra ponía la lección en la pizarra, la copiaban y salían al recreo a jugar al fútbol y luego iban a la iglesia a rezar. En invierno tenían que llevar una astilla para encender el fuego y a cambio les daban queso y leche americana.

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Normalmente se juntaban la gente de varias quintas y se iban a nadar al río. En Lalueza nunca ha habido bailes tradicionales pero les enseñaron jota durante 4 años. Antes había más juegos tradicionales como los cántaros, había cine y baile con orquestas y vocalista por eso eran mejores las fiestas de aquella época porque no había todavía peñas. Los trabajos que más se dedicaba la gente eran la agricultura y la construcción.

Cuando iban a abrevar los animales se subían encima del burro y este frenaba en seco en la orilla del río y se daban un chapuzón.

Mi abuelo estuvo cortejando con mi abuela durante varios años hasta que al final decidieron casarse porque mi abuelo ya era mayor. Se casaron por la iglesia y a los invitados les dieron un aperitivo. De viaje de novios se fueron a Zaragoza, Madrid y a Mallorca. Después se fueron a vivir a casa de los suegros porque tenían que cuidar de ellos.

Trabajó de panadero, tractorista y peón de albañil. Tuvieron dos hijos, mi madre Rosa y mi tío Víctor. Algunos de sus hobbies era ir a las fiestas de los pueblos con la vespa, jugar al fútbol, al billar, al rabino, ir al cine y sobre todo leer.

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Una de las tradiciones era la puesta de la cubeta en la plaza del pueblo que se llenaba con vino de la vendimia de las viñas de la localidad y todo el mundo podía beber gratis.

Ahora la vida adulta es muy tranquila. Leen la prensa, echan la partida en el bar con los amigos después de comer… Antes las calles estaban sin asfaltar, no se recogía la basura, no había aseos y había mucha más gente. Ahora está asfaltado, hay muchos más servicios que facilitan la vida en el pueblo (farmacia, bancos, tiendas, médico, panadería,…)

REFRANES: Ojos que no ven, gabardina que se pierde. Al pan, pan y al vino, vino.

PALABRAS CURIOSAS: Pozal, esparto, fendejo (cuerdas para atar la cosecha), malacate (aladro antiguo), aventadora (servía para sacar el grano de la paja).

REMEDIOS: Cuando te picaba una avispa se ponían barro y cuando se hacían una herida se meaban en ella.

CREENCIAS: En Lalueza hay varias creencias como son la católica y protestante conviviendo sin ningún problema.

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Paula Hernández Sampériz.

Tercero de la ESO.