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Pío Baroja por Los Monegros


«Los Monegros, zona árida, entre arcillosa y caliza, sin árboles, únicamente con matorrales de romero grandes como arbustos. Los Monegros es una región que está entre el Alcanadre, el Ebro y el Cinca. Es un terreno de margas, que en otro tiempo, probablemente, sería un gran lago. Cruzamos el Alcanadre, y pasamos por Pallaruelo de Monegros; la línea de colinas que se ve en el fondo es de la Sierra de Alcubierre».

Así describió Los Monegros el escritor Pío Baroja en 1918. Desde Huesca, tras pasar por Tardienta, Pío Baroja alcanzó Sariñena apeándose en su vieja estación ferroviaria en compañía de Felipe Alaiz, periodista y escritor anarquista natural de Belver de Cinca, y Salvador Goñi, joven periodista. Viajaban también junto a Rafael Sánchez Ventura y el pintor Viladrich, quienes continuaron su viaje en tren.

Tras apearse en la estación, los tres viajeros comenzaron su recorrido a píe hasta Sariñena, distante a unos tres kilómetros. Aún de noche, a la luz de las estrellas, vieron como se alejaba el tren como uno topo luminoso al pasar por unos bosquecillos. Hablaban de política y literatura, descubriendo un paisaje que les evocaba al campo castizo español, recordando el romance del conde Carlos “Media noche era por filo; Los gallos querían cantar; Conde Claros por amores, No podía reposar”.  

-¿Quién es el tal Baroja?- Preguntó el gobernador de Huesca cuando en 1918 un escritor, metido a político, realizó un viaje por España que le llevó por tierras altoaragonesas con la pretensión de presentarse a las elecciones por el distrito de Fraga. – ¿Algún periodista?. «¡Haga usted treinta tomos para que no le conozcan ni siquiera de nombre, termina diciendo Azorín con melancolía»-(Excursión electoral de Pío Baroja a Fraga. Chus Tudelilla).

Pío fue una figura de la generación del 98, un escritor y literato relevante en la España convulsa de principios del siglo pasado. Su más desconocida faceta política estuvo llena de ambigüedades y madurando hacía un conservacionismo que le alejó de figuras clave como Valle Inclán, Antonio Machado o Azorín, con quien compartió militancia en partidos revolucionarios. Además, Baroja mantuvo cierta rivalidad con el gran aragonés Joaquín Costa, así, que en esta tierra de liberales y canalistas, poco tenía que rasgar.

Llegados a Sariñena encontraron un aldeano que les indicó la posada. Se la mostró en seguida, -a mano derecha, un caserón grande y amarillo-. Allí les atendió un hombre con un pañuelo en la cabeza y aire de pocos amigos, también apareció una moza y el amo de la casa, un hombre rechoncho y bajito, en camiseta y con los pantalones desabrochados.

Se alojaron en Fonda Casañola, regentada por Jorge Casañola Casabón, que luego pasó a ser Hotel Anoro y actualmente Hotel Sariñena. Aquella comitiva electoral pasó la noche en la fonda, despertándose pronto al día siguiente, a las seis de la mañana. Pío ya no podía dormir, por un lado el frío y por otro el mal olor del colchón. Baroja, Alaiz y Goñi almorzaron un huevo frito y pan. El vino clarete les resultó muy bueno.

En la posada de Sariñena, junto con Felipe Alaiz, Baroja desayuna de tenedor: un huevo frito, con pan para mojar en la yema. (En aquella época los huevos fritos eran un apetitoso tentempié. Sápidos, medio coruscantes por estancia breve en el aceite-aceite.)

Noticias de poca monta. De los Monegros. Domingo 11 de julio de 1971.

«El pueblo es bastante grande, con calles anchas; las casas son pequeñas, bajas, amarillas, hechas de adobes. No se ve apenas un escudo en la fachada». Los viajeros tuvieron que continuar el viaje, estaban de paso, buscaron un carricoche para viajar y al final acabaron subiéndose a la tartana del correo tirada por un burro grande. El tartanero les aceptó de casualidad, pues no solía llevar a pasajeros de la posada, pues mantenía cierta enemistad con el dueño de ella y con el que curiosamente mantenía parentesco. El tartanero se llamaba Blas quien, antes si quiera emprender el viaje a Castejón de Monegros, se apeó en un bar para tomar una copa. Al regresar a la tartana una vieja le exclamó: -¡Adiós Petiforro!-

Desde Sariñena se trasladaron a Castejón de Monegros, en la tartana conducida por Petiforro, que cubría el viaje hasta Candasnos.

Subasta de Correos

Debiendo procederse a la celebración de una subasta para contratar la conducción de la correspondencia pública en carruaje desde la oficina de Correos de Sariñena a la de Candasnos, bajo el tipo máximo de 5.000 pesetas anuales y demás condiciones del pliego que está de manifiesto en la Dirección general del ramo, en los Gobiernos civiles de Zaragoza y Huesca y en las oficinas de Correos de estas capitales y en las de Sariñena y Candasnos, se advierte al público que se admitirán las proposiciones en dicha Dirección general, y en los Gobiernos civiles citados hasta el día 4 del próximo octubre a las cinco de su tarde, y que la apertura de pliegos se verificará en la repetida Dirección general el día 9 del mismo mes octubre, a las doce de su mañana.

Diario de Huesca 11 de septiembre de 1899

Baroja toma cumplida nota, casi taquigráfica, de todas las procacidades que brotan de la boca de Petiforro: “hombre mal hablado a más no poder”. Al parecer, Baroja reprodujo todo el repertorio en su reportaje, aunque “En las Obras completas de Pío Baroja, y con muy buen acuerdo, ha sido suprimido todo aquello” (Noticias de poca monta. De los Monegros. Domingo 11 de julio de 1971).

Pío Baroja por Los Monegros

Así fue, las impresiones del viaje de Baroja por tierras aragonesas quedaron recogidas en su obra “Las horas solitarias”. Un libro de viaje, de su visión “la actualidad de una persona en un tiempo, es decir, a la representación de la vida ambiente en mi conciencia en el momento que pasa”. Aunque no es así para el estudioso y erudito monegrino Antonio Beltrán, pues sin tapujos señala de modo que, a la hora de analizar testimonios literarios, será preciso saber lo que cada escritor pone de su cosecha y como falsea la objetividad de los hechos. “Conocí al Petiforro y la descripción barojiana no casa con lo que recuerdo; viajé en la tartana hasta Bujaraloz, antes de que se pusiera una desvencijada camioneta-autobús, y no la tiraba un burro, sino una potente y hermosa mula. Lo que sí es verdad es que poseía un rosario nada piadoso de imprecaciones, por las que pedía perdón cortés y previamente a los viajeros explicando y justificando: «Si, no es así la mula no anda»” (Papeles y cosas de Sariñena, mi pueblo. Antonio Beltrán. Diario del Altoaragón 10/08/1992).

Al Petiforro le dedica todo un capítulo Baroja y lo llama “Troglodita”, un término que Unamuno, por aquel entonces, usó de forma continuada. Baroja lo describe como un hombre de unos treinta años, con “los pómulos salientes y puntiagudos, aire mongoloide, los ojos como de cristal azul, la nariz corta y el pelo tirando a rubio”. Además, recoge algunas de sus numerosas blasfemias:

-¡Me c… en la campanilla del viático!-

-¡Me c… en las entrañas de un gato!-

-¡Me c…  en la col flor que ganas!-

-¡Me c…  en el pichorrico de las monjas!-

Lo describe entre “una mezcla de barbarie y deseo de civilización un poco extraño”, lo convierte en todo un personaje. Lo bueno que Baroja recoge su forma de hablar, especialmente cuando le explica que él ya no va a aprender ni a leer ni a escribir: “No. Porque con la gana que tengo de aprendel se me va la cabeza y paice que me va a dal un soponcio”.  “Mi padre, de chico, me colgó de los pies, exclama. ¡Me c… en Dios!. Así tengo yo tan mala leche”, Petiforro le cuenta a Baroja su vida y su paso por la cárcel donde estuvo a los diecisiete años “por haber pegado a uno una cuchillada”. “¡Me c… en la hostia!. Si no fuera por mis hijos ya estaría yo en presidio”.

Baroja describe al Petiforro con ciertos aires de soberbia, con cierto tono burlesco y despectivo, quizá buscando dar una imagen desvirtuada que construyese su novela más que hacer honor a la verdad. “-Porque, ¡Qué sé yo! –dice-. Quizá tire yo más a cobarde que a valiente. ¡Admirable Petiforro!, extraordinario Troglodita, que tienes un momento de introspección curiosa!”.

Pero sirvan de homenaje

estos mal trazados versos

para aquéllos que en su época

desgranaron mil esfuerzos

en hacer la vida amable

manteniendo aquel comercio

sencillo y sin pretensiones

de tartana, mula y perro.

 Eran chente muy valiente

y de muy frugal sustento.

Como muestra, “Petiforro”,

de Monegros carretero,

hombre nervudo y curtido

 y de tan grandes arrestos

que al “vulcar “un día el carro

y quedar debaixo preso,

sólo decía furioso

a quienes le socorrieron.

 -Aaayyyy … Santo Cristo!,

 ¡La bota que está debaixo o tablero!

Carramateros, por Pedro Lafuente. El Romance, Diario del AltoAragón – 15/06/1997.

 «Mientras Petiforro nos cuenta sus cuitas, vamos entrando por los Monegros, zona árida, entre arcillosa y caliza, sin árboles, únicamente con matorrales de romero grandes como arbustos. Los Monegros es una región que está entre el Alcanadre, el Ebro y el Cinca. Es un terreno de margas, que en otro tiempo, probablemente, sería un gran lago. Cruzamos el Alcanadre, y pasamos por Pallaruelo de Monegros; la línea de colinas que se ve en el fondo es de la Sierra de Alcubierre». Poco hay que contemplar, sentencia Baroja, quien prefirió continuar hablando con Petiforro, pues le gustaba gritar al conocido “¡Desgarrau!”. Baroja no descubre el paisaje, va de paso.

En Castejón de Monegros buscan al primer agrario para entregar una carta del señor Borruel, al final la entregan en el ayuntamiento, donde cuestionan la carta de Borruel y le dicen, con desconfianza, que no lo van a apoyar en las elecciones.

Retoman el viaje en la tartana, con una mujer que va a Bujaraloz, “una vieja de cara muy fina”.

En La Almolda entran en “una hermosa” posada para comer, les llevan al corral donde hay ramas de sabina secas para quemar como leña. “–La gente —dice Baroja— habla castellano, pero de lejos da la impresión de que hable en catalán”. Comieron bastante bien, en un comedor muy oscuro, con una pequeña ventana tapada con una cortina roja. “En La Almolda, don Pío abandona la partida, renuncia a presentarse para diputado” (Noticias de poca monta. De los Monegros. Domingo 11 de julio de 1971 A. P. Forisco).

Continúa la comitiva hacía Bujaraloz donde se apea la señora mayor de Castejón de Monegros. En Peñalba entregan la segunda carta de recomendación del señor Borruel y prosiguen su viaje a Candasnos, advertidos por el Petiforro “Si no tardan ustedes mucho les esperaré”.  Dejan Peñalba y, a unos cuatrocientos metros del pueblo, Goñi habla con un joven del pueblo: “El joven le dice que allí Borruel no tiene ningún voto, y que todos votarán al candidato monárquico porque les ha llevado abonos y máquinas agrícolas. -¿Así que no hay ninguna probabilidad?- le pregunto yo. –Ninguna. Pero quédense ustedes-“.

Les alcanza la tartana de Petiforro y continúan a Candasnos “El burro de la tartana ha tomado un trotecillo, con el que va tragándose el camino”. El Petiforro les cuenta un cruel crimen que sucedió en Candasnos. Llegaron al anochecer, el Petiforro guardó la tartana en un cobertizo enorme “que servía antes para las diligencias que iban de Madrid a Barcelona y pasaban por este pueblo”.

-¡Me c… en Dios!

-¡Me c… en la Virgen del Pilar!

-¡Me c…  en la col flor que ganas!

-¡Me c…  en el pichorrico de las monjas!

“-Ese Petiforro, ¿es tan temible?- Le preguntamos. -¡Ca! Si es un gallina. Siempre está comiéndose los hígados de todo el mundo y luego es un blanco”.  En Candasnos le Informan de cómo van allí las cosas electorales “-Aquí hacemos pucherazo”, le dicen a Baroja. “¿Y qué es eso?. -Pues que no vote nadie de los que constan en el censo y se meten en la urna los votos que se desean a favor del candidato preconizado por el cacique”.

«Hay una desolación trágica en el sol, que cae de plano sobre esta llanura. No hay árbol, ni un regato; piedras, estepas…» Pío Baroja, Las horas solitarias. De Fraga se trasladan a Lérida Baroja y sus amigos. Hacen el viaje en otra tartana. Empieza a salir el sol; se ve el campo y los árboles cubiertos de escarcha.

“Llueve poco en los Monegros. La escasez de agua resulta, algunos años, muy aguda y acuciante. Tanto, que en ocasiones, en los Monegros recurren a cambiar, toma y daca, tonel de vino por tonel de agua” (Noticias de poca monta. De los Monegros. Domingo 11 de julio de 1971. Quedan atrás Los Monegros, quizá lugar de paso. «Hay una desolación trágica en el sol, que cae de plano sobre esta llanura. No hay árbol, ni un regato; piedras, estepas…» Pío Baroja. Las Horas solitarias.

Los protestantes de Lalueza


     Entrevista a Elí Périz Elbaile, por Manuel Antonio Corvinos Portella.                                       

     

A finales del siglo XIX en la España rural se vive una ola de miseria y de incultura. Los jóvenes altoaragoneses se ven obligados a emigrar a Francia, especialmente a la zona del Bearn. Empleados como simple mano de obra  quedan en una precaria situación personal y social, mientras la sociedad francesa los ignora y no hace nada por integrarlos en su seno.  A partir de 1870 distintos pastores protestantes españoles recalan en la zona para evangelizar y ayudar a los obreros extranjeros de las fábricas de Olorón (esta villa francesa tenía por aquel entonces 9.000 habitantes, de los cuales casi 900 eran altoaragoneses), Pau y algunos otras localidades. A principios del siglo XX algunos de estos españoles regresan a sus pueblos de origen y comienzan en ellos una labor evangelizadora con distinta suerte.

   En 1905 regresa a Urdués un matrimonio que residía en Olorón, con lo que puede decirse que el primer pueblo en tener contacto con la religión protestante fue Urdués en la Canal de Berdún. Posteriormente se convierten  personas en los pueblos de Canfranc, Jaca, Berdún, Santa Cilia, Javierregay, Embún, Santa Cruz de la Serós. Hecho y  Sabiñánigo.

   En 1907 Jaca, Monzón y Laguarres se convierten  en  centros de evangelización que deben extender su misión por los pequeños pueblos de su alrededor  Más adelante se sabe que se abren escuelas evangélicas  y se practica culto también en Barbastro,  Lascuarre, Capella, además de los citados Jaca, Monzón y Laguarres.

   La incomprensión, obstrucciones y las zancadillas de los estamentos políticos y religiosos hacen muy trabajosa su labor evangelizadora y las continuas denuncias les obligan a cerrar y a abrir numerosas veces los centros educativos y religiosos.

   Algunos de aquellos incomprendidos y esforzados hombres que llevaron a cabo aquella esforzada misión desde principios de siglo hasta la Guerra Civil fueron:

-Ramón Campo en Laguarres.

-Salvador Ramírez y la señorita Bibiloni en Jaca.

-Victorino Marugal en Monzón.

-Antonio del Puerto, su esposa María  y Julián Petriz en Urdués.

-Carlos Araujo de Zaragoza.

-Benjamín Heras de Zaragoza

-Conrado León en Barbastro.

-José Gorría en Zaragoza

-Antonio Mir en Lalueza

   Puede decirse que durante la Segunda República la Iglesia Evangélica Altoaragonesa se desenvolvió en libertad y experimentó un considerable impulso. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil dio un vuelco a la situación y los evangelistas estuvieron a punto de desaparecer. Sufrieron una dura represión, se cerraron templos, se saquearon capillas y escuelas, se practicaron detenciones, se castigó con prisión, hubo multas y se vieron obligados a pasar a la clandestinidad.  

   La propaganda del régimen franquista metió en el mismo saco a protestantes, comunistas y masones.

   La firma en 1953  del Concordato con la Santa Sede acabó con la persecución religiosa en España, aunque no con las discriminaciones que se vivieron hasta la llegada de la democracia en 1975.

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   Después de esta introducción podemos leer una interesante entrevista a una de esas personas que ha vivido de cerca los avatares que he contado. Si no en los primeros años de la evangelización, sí durante y después de la fatídica Guerra Civil Española. Me refiero al señor Elí Périz Elbaile, natural de Lalueza, músico de toda la vida y que en la actualidad cuenta con 81 años y una mente muy lúcida.

                

                               LA   RELIGIÓN

-Señor Périz. ¿Cuáles son los orígenes del protestantismo en Lalueza?

   Según me contaba mi padre, un joven matrimonio de Lalueza marchó al sur de Francia a trabajar en 1895 y a su regreso, hacia principios del siglo XX, se trajo una Biblia. El marido se dedicó a hablar de ella por las calles y en las casas a quien quería escucharle, siempre en grupos pequeños o familiares. Ese es el origen.

-¿Quiénes fueron estos iniciadores?

   Se llamaban Antonio Mir y su esposa

-¿Qué nombre recibe la religión que profesan?

   Iglesia Evangélica Española de Lalueza

-¿Algún recuerdo más de Antonio Mir?

   Recuerdo que predijo el día, el mes y el año en que iba a morir. Acertó relativamente, pues sólo falló en 6 o 7 días. La predicción la hizo años antes y por entonces no estaba enfermo.

-¿Dónde está su tumba?

   Está en el cementerio protestante de Lalueza, cuando quieras podemos ir a visitarla.

-¿Pero, en aquellos años ya había cementerio?

   No, no había, por eso su hijo Carlos Mir pidió al Juez de Paz y al Ayuntamiento permiso para enterrarlo en el cementerio católico, pero no se lo concedieron y entonces  amenazó con enterrarlo en cualquier lugar. Al final le cedieron un terreno pegado al católico y el permiso correspondiente. Se levantaron las tapias y así se hizo el primer camposanto protestante.

   En principio no había comunicación entre ambos lugares, luego se abrió la tapia y se puso una puerta que se abría o cerraba según los vaivenes políticos de la época. En tiempos del franquismo se volvió a cerrar la tapia, más tarde se abrió y ahora hay una comunicación total. Incluso entramos por el católico.

   En estos momentos, en Lalueza, hay tres cementerios: el católico, el protestante y el civil.

¿Todos estos años, cómo se las han arreglado para llevar a cabo los oficios religiosos?

   -Antes de la guerra venía un pastor de Zaragoza llamado D. Benjamín Heras. Durante la guerra y años posteriores cada familia en su casa. Cuando ya hubo libertad religiosa lo hizo D. Sebastián Rodríguez también de Zaragoza y actualmente viene cada dos sábados D. Jordi Montolíu y D.Antonio ambos de Huesca.

-¿En qué consisten dichos oficios?

   Primeramente rezamos una oración, después cantamos unos himnos que acompañamos  mi sobrino Rubén con la flauta y yo con el violín. Seguidamente se lee un capítulo de la Bilblia, sale el pastor e interpreta el texto leído y por último se hacen comentarios por parte de los fieles o se abre un debate si alguien lo estima conveniente. Se termina cantando nuevamente himnos y rezando una oración personal.

-¿Tienen himnos propios?

   Si, tenemos un himnario universal que se utiliza en todas las Iglesias Evangélicas del mundo, está traducido del inglés.

   Recuerdo una anécdota que me ocurrió en el año 1979. Ese año hubo un encuentro evangélico en Pau y fuimos desde Zaragoza varios aragoneses, entre ellos dos parejas de Lalueza. A alguien se le ocurrió que debíamos empezar el congreso con un himno especial, un himno que no conociera nadie y como algunos sabían mi afición por la música me  pidieron que tocara algo. Vamos, que me metieron en un lío, cogí el violín y empecé a tocar improvisando. Pues me salió un himno que aún se toca en Francia y en Lalueza. Compuse la música, escribí la letra y le puse por título “Despertad”

-¿Qué oraciones tienen en común con los católicos?

   Únicamente el Padre Nuestro que enseñó Jesucristo.

-Infórmenos, ¿cuáles son las diferencias sustanciales entre protestantismo y catolicismo?

   Sólo existe una Biblia, la diferencia estriba en que nosotros la interpretamos de una manera personal y la de los católicos viene comentada por la jerarquía eclesiástica.

   Como oraciones grupales sólo tenemos el padrenuestro, las demás son personales.

   No creemos en los santos que han canonizado los Papas. Sí en los anteriores a Jesucristo.

   En cuanto a la virgen, pensamos que Dios escogió a la mejor, que es un ejemplo de fe, pero que no tiene todas las características de que la rodean los católicos.

-¿Cómo andan de feligreses?

   Con don Sebastián Rodríguez, en los años sesenta, fue la época de mayor apogeo de la Iglesia Evangélica de Lalueza, nos juntábamos más de 50 personas. En estos momentos no pasamos de 20 personas.

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-Hablemos de sus padres, ¿cuándo se convirtieron?

Mi padre se llamaba Fidel y abrazó el protestantismo en 1924, cuando tenía 31 años. Mi madre Antolina nunca lo hizo, pero no volvió a ir nunca a misa. Es curioso, pero fuimos 9 hermanos, los 5 primeros tenían nombres católicos (Clotilde, Mariano, Luisa, Fidela y Fidel) y los restantes, yo incluído, bíblicos (Elí, Jesús, David y Abel). Lo que significa que la conversión se realizó antes de mi bautismo.

-Posiblemente, en estos años les ha sido difícil el día a día. ¿Cómo se han sentido entre tanto católico?

   La relación con los demás convecinos siempre fue buena, siempre se nos ha respetado, éramos como los demás, no éramos bichos raros, aunque se empeñasen ciertas instituciones. El baile, el fútbol, las tiendas, los entierros, etc., la amistad entre los jóvenes era de total normalidad y las bodas interreligiosas han sido siempre constantes en nuestro pueblo, incluso la Orquesta los Cartagenas (todos protestantes) tocó durante muchos años en el baile que se hacía los domingos en Lalueza y también en la comarca.

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                                                 ANECDOTARIO

-Seguro que tiene muchas “historias” que contar y que le ocurrieron por su condición religiosa.

   Por supuesto, tengo muchos años y he vivido numerosas experiencias y hay cosas que no he podido olvidar, vamos a ver:

     En plena Guerra Civil (en 1938), teniendo  yo 10 años, murió con 11 meses mi hermano Fidel y cargamos con el féretro sus hermanos Luisa, Fidela, Eli y Jesús, nadie de fuera de la familia vino al entierro. Mientras atravesábamos el pueblo con destino al cementerio evangélico podíamos oír como se iban cerrando las puertas de las casas, nadie quería darse por enterado de lo que estaba ocurriendo para no tener que declarar ante las autoridades que no habíamos pasado por la iglesia católica.

   En 1949, en los primeros años del franquismo, nos casamos  por lo civil  mi esposa y yo y la boda la celebró el Juez de Paz de Lalueza, Mariano Loscertales Morlans. El asunto no le gustó a alguien  y  lo comunicó a la Guardia Civil que se presentó en el pueblo para preguntar por la boda civil que allí se había realizado. Al final el Juez de Instrucción de Sariñena, D. José Lobateras, tuvo que intervenir y dio carpetazo al asunto. Fue la primera boda civil de Lalueza.

   En 1955 apareció en una Hoja Parroquial del Obispado de Huesca una nota que decía que la Orquesta los Cartagenas estaba formada por protestantes y que no nos contrataran, debido a aquella advertencia perdimos varios pueblos.

   Cuando en octubre de 1964 inauguramos la capilla,  el pastor D. Sebastián fue a ver al Gobernador Civil de entonces, Víctor Fragoso del Toro, a comunicarle que íbamos a inaugurar el centro religioso. El Gobernador llamó al capitán de la Guardia Civil de Sariñena para que asistiera  al acto y el capitán se presentó con 30 guardias de varios pueblos de la comarca. La Guardia Civil estuvo vigilando y controlando para que no hubiera problemas.

   En 1969 se casó mi sobrino Joel Périz y lo quiso hacer por el rito evangélico (iba a ser la primera boda protestante en Lalueza). Cuando fue al Ayuntamiento a preparar los papeles el secretario de entonces puso todas las trabas posibles, y ya por último le conminó a casarse por la Iglesia Católica. Antes de acceder a tal orden Joel marchó a Madrid a hablar con los responsables de la sede central de la Iglesia Evangelista en España. Estos tuvieron que intervenir a nivel gubernamental y por fin pudo celebrarse la boda en la capilla, a la comida asistieron convidados de ambas religiones.

   En verano nuestros chicos y chicas asistían en Jaca a campamentos evangélicos, allí aprendían religión, normas de conducta y valores. En estos momentos la casa de verano aún sigue funcionando. 

   Al entierro de mi hermano Mariano vino mucha gente de ambas religiones, incluso curas como D. Laureano Rivarés (q.e.p.d.) o D. Antonio Puyol.

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                                                   L A   M Ú S I C A  

-No se puede hablar de los Cartagena de Lalueza sin asociarlos con la música. ¿De dónde les viene el apelativo?

   Pues verás, es muy sencillo. Mi abuelo hizo el servicio militar en Cartagena y cuando volvió le empezaron a llamar así, se le quedó el apodo y ha pasado a las siguientes generaciones

-Y en cuanto a usted, ¿dónde aprendió música?

   Estudié solfeo con mi padre y luego bajaba a Sariñena con 12 años a estudiar violín con José Guioni (el Italiano).

-Recuerda cuál fue su primera orquesta.

   Cómo no me voy a acordar. A los 13 años ya estaba  tocando en la Orquesta Lozana (de Lalueza), fueron varios años los que permanecí en ella, hasta que mi padre Fidel Périz y  mis hermanos (Mariano, Jesús, David, Abel  y yo) formamos la Orquesta los Cartagenas.

-Imagino que viajarían mucho.

   Bastante, principalmente nos contrataban por los pueblos de la montaña y también por Monegros. Diecisiete años duró esa experiencia familiar.

-Seguro que tuvo más experiencias musicales

   Por supuesto, también toqué en la Cobalto de Sariñena con contratos de 6 meses. Recuerdo a músicos como Jorge Casasnovas, Joaquín Orquín, Antonio y Pepe Lobateras, Serra, Rosendo, Goberna o Alfonso Millera.

   Cuando en 1973 se disolvió la orquesta familiar, formamos la Orquesta Internacional Deborah con 10 músicos: Mariano, Elí,  Jesús, David, Abel y Rubén Périz, Paco Rodés de Sariñena, Santos Clavero de Grañén y dos músicos de Lanaja Ángel Otín y Fernado Pontaque. También nos acompañaron en distintas etapas Jorge Casasnovas de Sariñena y Antonio Laguna (el trompeta de Albalatillo). Estuvimos 6  años tocando mucho, sobre todo por Cataluña. Recuerdo que en Sariñena tocamos en unas fiestas de San Antolín junto a Rumba Tres . Luego me contrató el Dúo Gala y por último estuve tocando en las charangas Grañén, Lalueza, y Cartagenas hasta los 75 años en que me retiré. Ahora sólo toco en la capilla y en casa.

-Ha sido una vida totalmente entregada a la música.

    Cierto, pero no sólo a la interpretación, también he compuesto varias melodías y una obra sinfónica para violín y piano de 18 minutos que he titulado “El Diluvio” y un método para profundizar en el aprendizaje del violín. Piensa que para aprender este instrumento hay que conocer 8 posiciones, pues yo he inventado 15, con lo que es más fácil dominarlo.

-¿Qué instrumentos toca?

    Violín, guitarra, bajo, acordeón, trombón y trompeta.

A punto de terminar nuestra visita a Elí Périz le pregunto si  puede tocar alguna canción. Entonces le pide a su nieta Sofía que vaya a buscar el violín y nos deleita con el tango Caminito y con un fragmento de su obra sinfónica.

   En esos momentos me doy cuenta de que toca como un zurdo y le pregunto.

-¿Es usted zurdo?

    Pues no, yo soy diestro y aprendí a  tocar con la derecha, pero después de la guerra mi hermano se encontró en un campo un fulminante de bomba y lo llevó a casa y a mí no se me ocurrió otra cosa que darle un martillazo, explotó y perdí parte de tres dedos. No me quedó más remedio que aprender a tocar con la izquierda. El resto de cosas las hago con la derecha.

Está entrevista se realizó en Lalueza  acompañados por su hija Loida y por sus nietas Sofía y Tatiana.

Muchas gracias señor Elí, ha sido un placer hablar con usted.

Hospital de la Cruz Roja de Valfarta


En la localidad monegrina de Valfarta la Cruz Roja instala un hospital durante la guerra civil siendo uno de los muchos que se establecen en el frente. Quizá, la historia del hospital de Valfarta sea la más olvidada del resto de hospitales que se instalaron en Los Monegros, tales como los de Grañén, Sariñena y Bujaraloz. Sin embargo, el hospital tuvo una gran actividad e importancia, teniendo entre sus particularidades ser uno de los tres hospitales de la Cruz Roja en el frente de Aragón, junto a los de Sástago y Azaila.

Valfarta. Luis Vidal, Hermann, Foto Walter…[et al.] 1936-1939.

Valfarta

Valfarta responde a un municipio monegrino, en una llanura, distante a unos escasos siete kilómetros de Bujaraloz que en 1930 contaba con 312 habitantes, dedicados a la ganadería ovina y a la agricultura de secano. Un pueblo pequeño que se apreciaba blanquecino en la llanura árida del sur de Los Monegros.

Tras el levantamiento militar del 19 de julio de 1936, donde no triunfa, el ejército y la sanidad militar sufren una cierta desorganización, creando un vacío que ocupan las milicias y, en el caso de la sanidad, el propio personal médico de los diferentes centros y la Cruz Roja.

Sello Juzgado Municipal de Valfarta con la corona arrancada.

Valfarta se sitúa en el lado aragonés donde el levantamiento fracasa y el pueblo ocupa el poder. Pronto van llegando avanzadillas de milicianos hasta la llegada de la columna Durruti a Bujaraloz el 26 de julio de 1936 en su avance hacía Zaragoza. Un avance que pronto es frenado en Pina de Ebro estabilizándose el frente denominado Sector de Bujaraloz hasta la ruptura del mismo en marzo de 1938.

En aquel contexto, Valfarta pronto se decanta al bando republicano, dando cuenta de ello el Día Gráfico del 28 de julio de 1936: «Un pueblo llamado Valfarta está también en poder de los núcleos obreros del mismo poblado«. Así, Valfarta, como muchos pueblos de la zona, se va consolidando en la retaguardia del frente tras unos primeros días confusos y de enfrentamientos, tal y como recoge el corresponsal de Tierra y Libertad en su edición del 20 de agosto de 1936:

Esperamos, y después de visado, nos dirigimos a Valfarta. Al pasar por este pueblo, nos paramos un momento para cargar gasolina y charlar con los compañeros. Han pasado los pobres sus apuros, pero ahora, con un arma en la mano y la confianza puesta en os que a la lucha partieron y en los que quedan, están tranquilos.

Nos hablan de los pueblos cercanos a ellos y de los días pasados escondidos en el monte, antes que aceptar el empuñar las armas contra sus hermanos de clase.

Nos dicen que en Lanaja, acusados por la Guardia civil, fueron fusilados once compañeros. En sus caras, con ojos que brillan de odio al darnos la noticia, se ve que sienten el dolor de su propia carne proletaria.

Tierra y libertad, 20 de agosto de 1936.

Su situación de retaguardia acaba ofreciendo cierta seguridad por su alejamiento al frente y a posiciones estratégicas, lo que hace de Valfarta un enclave oportuno para albergar uno de los hospitales que establece la Cruz Roja en el sector de Bujaraloz (Las batallas de Farlete, Monegrillo y Perdiguera, con apuntes de La Almolda, Leciñena y Valfarta).

Sello Consejo Municipal CNT Valfarta (Reconstruido).

La Cruz Roja en el Sector de Bujaraloz

Con las columnas que parten de Barcelona al frente de Aragón se despliegan unidades sanitarias, también conocidas como expediciones sanitarias con personal médico, enfermeras, camilleros, ambulancias, equipo médico y farmacéutico. Tras aquellos primeros días, y a medida que se estabiliza el frente, va naciendo la necesidad de ir estableciendo puestos de socorro y hospitales de vanguardia y retaguardia.

Y con las primeras columnas de combatientes que salieron de Cataluña para los frentes españoles, fueron los servicios de la Cruz Roja.

Y en la primera línea de avance por tierras aragonesas iban los servicios de la Cruz Roja.

Y en Sástago, en Bujaraloz, en Balfarta y en Azaila, se montaron hospitales de la Cruz Roja.

Y cada puesto de combate, cada avanzadilla, cada lugar donde se exponía la vida de los luchadores del pueblo, estaba dotado de un servicio de la Cruz Roja pronto a cumplir su misión.

Boletín oficial de la Brigada de Barcelona, numero 214 – noviembre 1937.

El despliegue de la Cruz Roja se comienza a organizar por medio del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Para ello abren distintas delegaciones en España, en ambos bandos, al contar entre sus principios «Neutralidad absoluta de la Cruz Roja» (La Vanguardia, 31 de octubre de 1936). En octubre de 1936, recoge Arnau Gonzàlez i Vilalta, el gobierno de Cataluña «Facilita la creación de la Delegación del CICR en Barcelona», delegación que es ocupada, a los pocos días, por su delegado internacional el doctor Horace Barbey, cirujano ginebrino (1906-2003). Así, durante la guerra, en palabras de Arnau Gonzàlez i Vilalta «El Comité Internacional de Cruz Roja desarrollaría una activa actuación en el país con el objetivo de salvar vidas de personas en peligro» (Gonzàlez i Vilalta, Arnau. El Comitè Internacional de la Creu Roja, el possible reconeixement diplomàtic de Catalunya i els efectes humanitaris de l’evolució política catalana (1936-1939)).

La delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja sigue con gran éxito los servicios de:

– Aportación de material sanitario.

Respeto a la enseña del personal de la Cruz Roja.
Intervención cerca de las autoridades, con el fin de obtener la libertad de evacuación de las mujeres, niños, viejos y enfermos. Gestionar la libertad de los prisioneros.
Agenciar noticias de los familiares en país enemigo.

La Vanguardia, 31 de octubre de 1936.

Puesto de socorro de Gelsa

Como puesto sanitario avanzado, la Cruz Roja instala en el cruce de Gelsa, carretera de Zaragoza con Gelsa, Monegrillo y Pina el denominado «Puesto de socorro de Gelsa»; siendo montado por medio de tiendas de campaña por lo que también es conocido como «Las Tiendas«. En el puesto se realizan las primeras atenciones para luego ser derivados, según su gravedad, a hospitales de retaguardia. En este caso, los heridos son evacuados al hospital de Valfarta aunque en el sector había otros hospitales, como son el caso de los hospitales de Bujaraloz y Peñalba. Así mismo, para no saturar los hospitales avanzados se solía evacuar heridos y enfermos a hospitales alejados completamente del frente como son los hospitales base de Lérida o al mismo hospital de la Cruz Roja en Barcelona.

El servicio de evacuación se realiza por medio de ambulancias y autocares, detalle que lleva La Vanguardia en su edición del 31 de octubre de 1936 «El servicio de evacuación de heridos desde las estaciones a los hospitales, que la Cruz Roja viene realizando desde los primeros días, será aumentado con nuevos coches ambulancias y autocars». Un servicio de evacuación en desarrollo que ve necesario realizar próximas incorporaciones «Próximamente le serán entregados a la Institución dos autos-ambulancias de procedencia extranjera para los servicios del frente» (La Vanguardia, 31 de octubre de 1936). No por menos se avanzan los planes de implementación de la infraestructura sanitaria en el frente con nuevos hospitales y puestos de socorro «El Comité local piensa hacer próximamente una visita al frente de guerra para determinar el emplazamiento de otros hospitales y puestos de socorro» (La Vanguardia, 31 de octubre de 1936).

El frente abarcado es grande, teniendo, además, que evacuar hasta 20 kilómetros retaguardia adentro de las líneas del frente. Las mismas milicias son las encargadas de organizar la evacuación, tal y como recoge el informe del 10 de noviembre de 1936 del Dr. Horace Barbey, delegado en Barcelona, al Secretario General del CICR en Ginebra, el Sr. E. Clouzot: «Esto incluye la línea del frente y hasta 20 km tierra adentro. Aproximadamente detrás de esta zona, el transporte de los heridos es responsabilidad del Servicio de Salud y de las milicias antifascistas, que se encuentran bajo autoridad militar. Esta zona se extiende, en el mapa, hasta un cruce de carreteras situado a 1 o 2 kilómetros al oeste de Bujaraloz. Esta última localidad se encuentra a 69 kilómetros al este de Zaragoza y, por lo tanto, fuera de la zona de fuego, al menos por el momento» (Cartas e informes de Horace Barbey, delegado en Barcelona B CR 212 GEN-48).

No obstante, este servicio de evacuación poco a poco va siendo asumido por la misma Cruz Roja, especialmente del Cruce de Gelsa al hospital de Valfarta: «Los servicios de la Cruz Roja se encargarán del traslado de los heridos desde el cruce mencionado hasta el hospital de Valfarta. Este cruce serviría, por lo tanto, como punto de relevo, y la Cruz Roja está estudiando la posibilidad de instalar allí una gran carpa o barracón para recibir a los heridos que lleguen del frente mientras esperan su traslado a Valfarta. Obviamente, se trataría solo de un lugar de espera temporal durante una o dos horas, en caso de que todas las ambulancias estén ya en servicio» (Cartas e informes de Horace Barbey, delegado en Barcelona B CR 212 GEN-48).

Hay que señalar que el frente, entre distintas milicias y servicios médicos, no está exento de confrontaciones entre las organizaciones hasta que se van solucionando: «En teoría, todo esto debería funcionar sin problemas y sin mayores dificultades, pero creo que la práctica será algo diferente debido a la aún muy fuerte rivalidad entre las milicias médicas antifascistas y la República de Aragón, y que las primeras no dudarán, si les conviene, en requisar el equipo de la República de Aragón. Dado que el frente de Aragón se encuentra muy tranquilo en estos momentos, es probable, o al menos posible, que estas dificultades se vayan solucionando y que, en consecuencia, la organización del transporte de los heridos sea más eficiente y, llegado el momento, pueda funcionar con relativa normalidad» (Cartas e informes de Horace Barbey, delegado en Barcelona B CR 212 GEN-48)

La organización parece que llega a ser «perfecta», a tenor de la conclusión obtenida por Roda (Delegado de sanidad y Cruz Roja en el frente de Bujaraloz), Pedro Estrany (Delegado Presidente) y Arturo Grau Mediano (Primer jefe de la Brigada) en su visita al frente en diciembre de 1936: «Los visitantes quisieron comprobar la perfecta organización de los servicios que a ellos (el oficial Pedro Gebelli, jefe del personal y por el brigada Trepat) les están encomendados como son, la guardia a los hospitales y el relevo del personal que lo presta en las tiendas de campaña de la Cruz Roja en el cruce de la carretera de Zaragoza, Gelsa y Monegrillo. En estas tiendas que también visitaron los compañeros Estrany y Grau presta servicio el practicante Martínez el sargento Andrés Aybar y varios camilleros, En ellas se efectúan en tiempo normal unas treinta curas diarias procedentes del Cuartel General» (Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de enero de 1937).

El compañero Practicante Martínez hablando con el periodista Nogareda en el cruce Gelsa.
Boletín oficial de la Brigada no.1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de julio de 1937.

Igualmente, el Boletín oficial de la Brigada n.º 1 desarrolla el servicio de evacuación prestado en el frente: «Los otros servicios prestados en el frente es la de transportar los diferentes heridos a los hospitales para lo cual se ha montado un Docker en el sitio de cruce de las diferentes carreteras que conducen al frente y distante del mismo a unos dos por la sanidad militar a la Cruz Roja y ésta realiza la misión que antes se cita. En este Docker se halla un médico, que es solicitado para realizar asistencia a los milicia-nos de las diferentes centurias. Así mismo se han instalado unos puestos de socorro cuya misión es atender y transportar los heridos del frente. Estos servicios realizados por los camilleros de la Cruz Roja con el mayor celo y entusiasmo por lo que son la admiración de todos«.

Visitaron también un lugar llamado «Las Ventas», en donde presta un excelente servicio una brigada llamada de «Juan Simón», por ser la que efectúa los enterramientos, ésta está compuesta por el cabo  Ribera y cuatro camilleros.

Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de enero de 1937.

Hospital de Azaila

El hospital de la Cruz Roja de Azaila, instalado en el mismo frente de Azaila, columna Hilario Zamora, responde a un hospital «Doker» formado por cuatro barracones con comunicación interior entre los mismos y con capacidad total de 100 plazas (Boletín oficial de la Brigada no.1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de marzo de 1937).

Perspectivas hospital de Azaila.
Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de julio de 1937.

  • «Docker» hace referencia al tipo de barracones de maderas utilizados parala instalación del hospital o puesto de socorro.

Hospital de Sástago

A principios de agosto se organiza el hospital de la Cruz Roja de Sástago, en las escuelas nacionales.

Vista General del Hospital de Sástago. Visita oficial del Delegado y Delegado adjunto del Comité Internacional de la Cruz Roja en Barcelona (Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de marzo de 1937).

Hospital de Sástago Grupo del personal afecto al mismo. Presidente Comité Local Barcelona, idem de Lérida, Dr. Martí y Capitán Valentí, Delegado y Delegado Adjunto del C.I.C.R. (Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona 1 de marzo de 1937).

Hospital de Lérida

La Cruz Roja refuerza su asistencia sanitaria con el hospital de Lérida. Fundación recogida en la comunicación telefónica mantenida por Sr. Daniel Clouzot con el Dr. Barbey el 4 de diciembre de 1936 al igual que se informó con la instalación del hospital de Valfarta: «Creación de hospital de Lérida La Cruz Roja Catalana en Lleida acaba de fundar dos hospitales: uno en Lleida, en la calle Marqués de Villa Antonio (96 camas), y otro en Sástago, localidad situada a 20 km al sur de Bujaraloz (50 camas). El CICR deberá informar a las autoridades nacionales de la ubicación de estos hospitales, como ya hizo con el hospital de Valfarta» (Correspondencia general de la Delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja en Barcelona CDCRE C ESCI-017).

Hospital de la Cruz Roja de Valfarta

En Valfarta, la Cruz Roja establece uno de sus hospitales, el Hospital de la Cruz Roja de Valfarta. Su ubicación, como ya hemos comentado anteriormente, responde a un lugar relativamente tranquilo de retaguardia, tal y como considera el delegado de Barcelona Dr. Horace Barbey en su comunicación a E. Clouzot: «El hospital del Comando Regional de Valfarta, como ya les he informado, se ubica a pocos kilómetros al norte de Bujaraloz, en una zona que probablemente tenga poca importancia estratégica, ya que está fuera de las principales vías de comunicación y, por consiguiente, tiene pocas probabilidades de ser bombardeada» (Cartas e informes de Horace Barbey, delegado en Barcelona B CR 212 GEN-48).

Situación del Hospital de la Cruz Roja de Valfarta. Cartas e informes de Horace Barbey, delegado en Barcelona (B CR 212 GEN-48. Centro Documentación de Cruz Roja Española).

La Cruz Roja de Valfarta, distante de Bujalaroz siete quilómetros, ha instalado un magnífico hospital, que bajo la dirección del prestigioso doctor Ríus, y secundado por cinco médicos, cuatro practicantes y cincuenta camilleros, atienden a los allí hospitalizados. El citado hospital cuenta con un completo laboratorio, gabinete de Rayos X, dos aparatos portátiles de la misma aplicación y tres auto-ambulancias de los últimos modelos extranjeros .

La Vanguardia, 24 noviembre 1936.  

El hospital se habilita en la antigua casa Penén, calle Alta n.º 2. Casa que, al igual que otras dependencias del pueblo, al inicio de la contienda, sufre el requiso y el abandono forzoso de sus propietarios, relato que recoge años más tarde la Causa General de la localidad: “La casa parroquial fue saqueada arrojando muebles y ropas por el balcón y ventanas destruyendo el archivo parroquial y cuanto encontraron en ella. Entre la población civil la casa que más perjuicios sufrió fue la de Penen, a quienes requisaron muebles, ropas, colchones, ganado y otros objetos habiéndoles abandonarse y trasladarse a otra más pequeña”.

Casa Penén con la iglesia al fono. Valfarta, abril del 2026.

«Su amplio y palacial casalicio es la típica residencia del hidalgo rural aragonés, con un severo y casi monástico zaguán, con su oratorio, las salas de respeto de su planta noble y la serie casi inacabable de dormitorios, con que antiguamente resolvían los Penén el problema del hospedaje de su parentela y amistades». 

Castillo Genzor, Adolfo. Armas del pueblo de Valfarta.
El Noticiero, 7 de marzo de 1965.

Su instalación se puede establecer en la segunda quincena de octubre de 1936. El viernes 16 de octubre de 1936, el doctor Horace Barbey, delegado del Comité internacional de la Cruz Roja en Barcelona, comunica la instalación del hospital de la Cruz Roja en Valfarta: «El Sr. Barbey solicita que el Comité informe a Burgos, en nombre de la Cruz Roja Española, de que esta última va a instalar un hospital en Valfarta, a 5 kilómetros al este de Bujaraloz, que está a 35 km al este de Huesca. Dr. H. Barbey» (CDCRE C ESCI-149). Y a los pocos días de dicha comunicación, a finales del mes, La Vanguardia del 31 de octubre de 1936, ya da cuenta de su inauguración: «Recientemente ha inaugurado un Hospital de Sangre en Balfarta, a siete kilómetros de Bujaraloz, capaz para ciento cincuenta camas; con sus modernas salas de operaciones, gabinete de Rayos X y todos los servicios quirúrgicos que las necesidades puedan exigir. Al frente de dicho hospital está el doctor Rius Badía con un equipo de médicos, practicantes y enfermeras, todos pertenecientes a la Institución».

  Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de noviembre de 1936.

Comité Internacional de la Cruz Roja

Delegación de Barcelona; Calle de Lauria, número 95. Tel. 70.108.

Barcelona, ​​1-24-X-36. Estimado señor, Amadeo Pérez, Primer jefe de la Brigada Cruz Roja. Barcelona.

Estimado señor: En respuesta a su Carta del 15-X-1936, sobre El hospital de Valfarta (prov. de Huesca), yo le llevo a tu Conocimiento que El Comité Internacional de La Cruz Roja en Ginebra ha hecho lo necesario para informar al Cuartel General de Burgos de La ubicación de este Hospital. Por favor quisiera darte las gracias, Estimado señor, mis saludos distinguidos.

 H. Barbey, delegado en Barcelona de la C.I.C.R. (rubricado).

(Hay a sello que dice: Comité Internacional, Delegación Barcelona).

Finalmente, casa Penén, antigua casa señorial permite la instalación del hospital gracias a ser un edificio de considerables dimensiones de “Espaciosas y ventiladas salas capaces para 150 camas y tiene varias dependencias en las cuales se ha instalado dos quirófanos que permiten operar dos heridos simultáneamente; gabinete de rayos X, farmacia, etc.” (Un nuevo hospital de la Cruz Roja en el frente de guerra. Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de diciembre de 1936).

La casa consta de dos pisos y planta baja «Reuniendo todas las comodidades propias para el mismo, con una capacidad para unas 100 camas, pudiéndose ampliar hasta 150» (Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de enero de 1937).

La planta baja alberga las dependencias para el personal facultativo y auxiliares «Existiendo además en el mismo la cocina y despensas, dando salida a un patio de unos 30 metros cuadrados, rodeado de las antiguas establos y caballerizas». Mientras, en las plantas altas se alojan las camas «Así como la sala de operaciones capaz para realizar dos intervenciones a un tiempo, sala de esterilización, gabinete de Rayos X, compuesto de un magnífico aparato fijo Siemens y otro portátil Philips recibido hace poco de Ginebra por mediación de la Cruz Roja, sala especial para enyesados, etc.» (Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de enero de 1937).

«Este hospital funciona como el más moderno que pueda existir en una capital y realizándose toda clase de intervenciones quirúrgicas por exigentes y difíciles que sean; para ello cuenta con personal facultativo de competencia reconocida y desplazados voluntariamente por amor a la institución y espíritu humanitario, sin reparar en sacrificios ni perjuicios que estos casos a veces ocasionan (abandono de clientela particular, etcétera). Cuenta así mismo con un instrumental completo para operaciones de cráneo, tórax, vientre y traumatología de los más modernos llegados la mayoría del extranjero por mediación de la Cruz Roja y pedidos por el personal para cubrir las necesidades que en diferentes casos puedan presentarse.«

Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de enero de 1937.

Nuestro Hospital en Valfarta (Frente de Aragón) Las dos fotografías que publicamos en este número, una de la Sala de operaciones y otra dé la de curas, del Hospital de Valfarta, darán una pálida idea del esfuerzo hecho por Institución, para dotar nuestros hospitales del frente, de todos aquellos elementos necesarios para la práctica de nuestros servicios quirúrgicos y sanitarios.

Personal facultativo, Jefe, Oficial y Camilleros de la Brigada, pueden desarrollar sus actividades de la manera más perfecta, gracias al esfuerzo y constante preocupación del Comité Local de Barcelona, que no olvida ni un momeno las necesidades de aquellos hospitales, aun teniendo que luchar con las dificultades económicas que desgraciadamente estamos atravesando.

Boletín oficial de la Brigada no. 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de marzo de 1937.

Los encargados de llevar a cabo el hospital es la denominada brigada Barcelona de la Cruz Roja, mientras que la brigada Lérida se hace cargo de los hospitales de Sástafo y Azaila: «La Sección Catalana de la Cruz Roja ha extendido su radio de acción a Aragón. En aquel frente ha montado hospitales y puestos de socorro y para muy en breve tendrá terminada totalmente la instalación de un nuevo hospital en un magnífico edificio capaz para 400 camas. Los hospitales de Balfarta, Sástago y Azaila, funcionan de una manera perfectísimo y tienen un personal muy apto que viene prestando grandes servicios. La brigada de Barcelona cuida del primero de los mencionados hospitales y la de Lérida de los de Sástago y Azaila. Además, se han establecido, con personal de Barcelona, puestos de socorro cerca de Gelsa y en Las Ventas, en la carretera de Pina» (El noticiero universal, 10 mayo 1937).

Sello del Hospital de la Cruz Roja de Valfarta (Reconstruido).

Posee uno de los mejores hospitales de sangre de todo el frente Aragonés, dotado de todos los adelantos modernos que en nada tiene que envidiar a los mejores hospitales de Barcelona.

Su capacidad actual es de 150 camas, pudiéndose ampliar el número de ésta hasta 250. Posee seis magníficas salas, tres en el primer piso y otras tres en el segundo espléndidamente ventiladas alegres en su interior, luminosas limpias. Las camas esmaltadas, blancas como la nieve, impolutas.

El régimen y la disciplina interior, son dulces, llevaderos, procurándose por todos los medios que al herido le resulte la estancia agradable. Las comidas que a los heridos se les sirven son sanas y nutritivas y el agua que beben es filtrado cuidadosamente con el fin de  evitar complicaciones gástricas.

Cuenta así mismo el hospital con un magnífico gabinete  de rayos X; otro de terapéutica-física; aparato de radio-Scopia portátil; laboratorio, amplia y bien dotada sala de operaciones, sala de curas y enyesados.

Al frente de dicho hospital está el conocido y prestigios Dr. Martínez Torres, cirujano eminente bien  conocido en  los medios científicos.

Es el prototipo del médico que vive y para su profesión y para los enfermos. Practica de tal forma su apostolado, que sus intereses sé ven lesionados por la obsesión de darlo todo para los enfermos.

Muchas son las pruebas de su altruismo y desinterés lleno de humanidad y, cariño hacia  los heridos y  enfermos.

Este hombre que es célebre; que es el alma de este hospital, se vería imposibilitado de  plasma  su  obra tan humanitario, como admirable, sin la ayuda  eficaz  de  elementos   auxiliares.

Estos elementos tan valiosos son los médicos doctores. Salieras, cirujano y  ayudante del Director, Álvarez y Cardona, secundados por la labor meritoria de tres expertos practicantes, y seis competentes  enfermeras.

Más allá: portavoz de la División «Francisco Ascaso», 22 de septiembre de 1937.

Detalles de su organización es recogida igualmente en el Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona 1 de enero de 1937, que extensamente detalla en su «Crónica de la actuación de la Cruz Roja en el frente de Aragón, sector Bujaraloz»: «Para la buena organización del mismo se han ultimado una serie de detalles como son controlar todas las operaciones por medio de hojas operatorias en las que consta con detalle el curso de dichas intervenciones, hojas clínicas detalladas de la historia y curso de la enfermedad del hospitalizado, hojas especiales para los casos de traumatología, unas hojas que se llenan diariamente con la filiación del hospitalizado y diagnóstico y que son mandadas al control sanitario del sector, a más esta misma anotación la hacemos en el hospital en una libreta de entradas y salidas. Para facilitar la labor del personal auxiliar (enfermeras, internos y enfermeros) al pasar visita que se hace dos veces al día se cuelga de la cabecera del enfermo unos letreritos con unas iniciales para cuando han de empezar a levantarse, empezar a comer, para las dietas, etc., la explicación de estas iniciales se hallan escritas en una cartulina colgada en el despacho del director y sala de facultativos para que sean leídos por las enfermeras encargadas de llevar a cabo dicha orden; éstas en número de seis son las encargadas también de tomar las temperaturas y pulsos dos veces al día y seguir a la visita para colaborar en la misma. Las operaciones que no son de urgencia se realizan por las mañanas reservando para la tarde las cosas de traumatología (enyesados, colocación de Kischner, etc.), realizando las intervenciones de urgencia corrientes el médico de guardia que se nombra junta con una enfermera y un interno».

Para evitar congestionar el hospital, los heridos y enfermos que mejoran son trasladados a hospitales base, como hemos comentado anteriormente, o a sus respectivos domicilios: «Los enfermos al entrar en franco período de convalecencias son evacuados la mayoría de veces a sus domicilios de acuerdo siempre con el control sanitario para dejar sitio a los que tengan que ingresar nuevamente y así evitar aglomeraciones».

A lo largo e la guerra las situaciones van cambiando, de una organización inicial de la sanidad vinculada a las milicias o, en este caso, a la Cruz Roja, a la formación del Consejo de Sanidad, por parte del Gobierno Catalán, en septiembre de 1936 a pasar al XI Cuerpo del Ejército del Este y depender del sector de Bujaraloz, siendo Bujaraloz una de las cabezas del sector sur, sede sanitaria compartida con Caspe.

Tenemos noticias que la instalación del nuevo hospital, que ya a empezado a funcionar, es elogiada en todo el sector por todos los jefes y milicias.

Un esfuerzo más para la práctica de sus pos-tulados ha hecho nuestra Institución, al inaugurar este nuevo hospital, demostrando con ello la eficaz actuación del Comité Local, que procura por todos los medios y aun a fuerza de los mayores sacrificios, poner el nombre de la Cruz Roja a la altura de las circunstancias.

Un nuevo Hospital de la Cruz Roja en el frente de guerra.
Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de diciembre de 1936.

En esta línea, el hospital se va incrementando a medida que va avanzando la guerra y así lo refleja el Dr. Barbey en su informe del 10 de noviembre de 1936 «Este hospital tiene capacidad para 50 heridos y pronto podrá recibir el doble» (Cartas e informes de Horace Barbey, delegado en Barcelona B CR 212 GEN-48). Ampliación que es informada en el Boletín oficial de la brigada n.º1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona 1 de febrero de 1937: «Le participo al mismo tiempo que en esta fecha se amplía el número de camas y se está instalando una sala de traumatología. Médico-Director y Delegado General de la Cruz Roja en el frente de Aragón. Valfarta, 25 de diciembre de 1936».

Mismamente, a su vez también se va ampliando su parque móvil, reseña aparecida en El Diluvio, diario político de avisos, noticias y decretos n.º 269 del 11 de noviembre de 1936: «De la Cruz Roja.- Esta institución sigue sus actividades intensificando sus servicios en el frente y en la retaguardia. Ayer salieron para el sector de Aragón, Bujaraloz y Valfarta, en donde tienen instalado un Hospital de Sangre, dos auto-ambulancias, dos motos, veinte camillas, además del personal facultativo y camilleros«.

Una labor que va realizando la Cruz Roja a pesar de sus complicaciones económicas para llevarla a cabo: «Aun luchando con su difícil situación económica, la Cruz Roja en Barcelona sigue actuando de una manera eficaz con su obra de asistencia social en los frentes de batalla y en la ciudad. Sin desatender su Hospital de Sangre en Barcelona, en el que están hospitalizados buen número de heridos procedentes del frente aragonés; sin descuidar los Consultorios y Dispensarios, en los que se visitan más de ochocientos enfermos diariamente, va extendiéndose su radio de acción con nuevas actividades». Por ello no cesan en la solidaridad para mantener su actividad «Miles de personas acuden diariamente a utilizar estos servicios, que son completamente gratuitos. La Cruz Roja de Barcelona espera de la ciudadanía y de los sentimientos filantrópicos del pueblo barcelonés su ayuda moral y material. Los heridos de la guerra se lo agradecerán. Oficinas: calle de Lauria, 95» (La Vanguardia, 31 de octubre de 1936).

Situación financiera, de falta de recursos, que se prolonga a lo largo de la contienda, debido a que la existencia de los hospitales requería de grandes recursos para cubrir los gastos y necesidades, debilidad financiera que queda manifiesta en uno de los muchos artículos que se encuentran relacionados con el hospital de la Cruz Roja de Valfarta:

La situación económica de la Cruz Roja

Por la gran cantidad de servicios prestados por esta noble institución, la situación económica de la misma es en extremo precaria. Hasta hace aproximadamente tres meses, los gastos que les ocasionaba el sostenimiento del hospital de Valfarta, de sus hombres movilizados, eran subvencionados por la División. A partir de la fecha indicada todo corre a cargo de la institución. Los gastos ocasionados por los horarios del personal movilizado, alimentación, material sanitario y quirúrgico son elevadísimos, y la ayuda internacional, nula, sólo haciendo un sin fin de sacrificios muy a duras penas la institución les puede subvencionar.

Más allá: portavoz de la División «Francisco Ascaso»,
22 de septiembre de 1937.

Brigada de camilleros de la Cruz Roja

En el antiguo cuartel de la Guardia Civil se instala la sede de la Brigada de camilleros de la Cruz Roja. El cuartel de la Guardia Civil se encontraba en la calle Alta, siendo derribado a los años y que actualmente ha desaparecido completamente «En el antiguo cuartel de la Guardia civil, hoy de los camilleros de la Cruz Roja fueron recibidos por el oficial Pedro Gebelli, jefe del personal y por el brigada Trepat» (Visita de Roda (Delegado de sanidad y Cruz Roja en el frente de Bujaraloz), Pedro Estrany (Delegado Presidente) y Arturo Grau Mediano (Primer jefe de la Brigada) al frente de Bujaraloz. Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de enero de 1937).

Primera ambulancia asignada a la columna Durruti del frente de Aragón cerca del Hospital de Valfarta. (CICR-1851-18. Centro Documentación de Cruz Roja Española).

Taller de mantenimiento y reparación de ambulancias

Además, en Valfarta se monta un Taller de mantenimiento y reparación de ambulancias, tal y como aparece en Boletín oficial de la Brigada no.1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona del 1 de abril de 1937 “Material obtenido gratuitamente por Secretaría del Comité Local de Barcelona, a distribuir por la Brigada. Montaje«. El taller está en la parte de atrás de casa Penén, ocupando los viejos establos y caballerizas: «Hoy habilitadas por este Hospital para garaje de ambulancias y autos de servicio para el personal«.

SECREARÍA GENERAL

Continuación de la lista del material obtenido gratuitamente por Secretaría del Comité Local de Barcelona, a distribuir por la Brigada.

VALFARTA

Montaje de un taller completo, para la reparación de ambulancias, en el garaje instalado en Valfarta (Bujaraloz).

Boletín oficial de la Brigada no. 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de marzo de 1937.

En la fotografía se puede observar la parte de atrás de casa Penén con personal del Hospital de Valfarta y parte del parque móvil del hospital.

Personal del hospital de Valfarta

El hospital está dirigido por el doctor Luis Ríus Badía (Lluis Ríus i Badía), cirujano del Hospital Clínico y de la Cruz Roja en Barcelona «La dirección se ha encomendado a persona de tantos prestigios profesionales como tiene el doctor Rius Badia, cirujano del Hospital Clínico y de la Cruz Roja en Barcelona». Rius Badia está acompañado por los doctores Martínez Torres, Pérez Malla, Navarro, Sellarés “Todos ellos de la Cruz Roja y de reconocida solvencia como cirujanos”. También los practicantes Fernández Saavedra y Bertrán, el personal de la Brigada de camilleros al mando del oficial 2° Pedro Gebelli «Todos siempre dispuestos a ofrendar su vida para resteñar las heridas y arrancar de la muerte los hermanos que luchan» (Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona 1 de diciembre de 1936).

Lluis Rius i Badia es cirujano de la Brigada Sanitaria de la Cruz Roja de Barcelona que se traslada a Valfarta tras prestar sus servicios en Barcelona en los primeros días de la contienda. En Barcelona se hace cargo de uno de los hospitales improvisados en Barcelona en el Dispensario de la calle Mendizábal. Rius i Badia “Va tener un papel muy importante los primeros días de lucha, dando asistencia a los heridos en un auténtico hospital improvisado, todo intentando solucionar el mayor número posible de casos para no sobrecargar aún más los hospitales ya congestionados” (Hervás i Puyal, Carles. Sanita a Catalunya durant la República i la Guerra Civil. Política i organització sanitàries del conflicto bèl lic).

Durante la visita de Roda, Estrany y Grau a Valfarta en diciembre de 1936 «En donde en el hospital fueron recibidos por todo el personal y pudieron presenciar una intervención quirúrgica que en aquel momento practicaba el doctor Luis Rius Badia, consistente en la amputación del dedo medio de la mano izquierda de un miliciano» (Visita de Roda (Delegado de sanidad y Cruz Roja en el frente de Bujaraloz), Pedro Estrany (Delegado Presidente) y Arturo Grau Mediano (Primer jefe de la Brigada) al frente de Bujaraloz. Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de enero de 1937).

Copia de una carta dirigida al director del hospital por un enfermo.

Encontrándome hospitalizado en el hospital de la Cruz Roja de Valfarta, sector de Bujaraioz, bajo la dirección del doctor Rius Radia y siéndome de mi más agrado la asistencia de dicho doctor, como igual de los que están cooperando con éste, hago un donativo de 50 pesetas para dicho hospital.

Manuel Muñoz González. Valfarta, 2 de diciembre de 1936.
Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de enero de 1937.

Por último, se ha nombrado al director del hospital delegado de la Cruz Roja en el frente de Aragón por el Inspector General que se ocupa de hacer cumplir los reglamentos internacionales de la Cruz Roja, así como de velar por los camilleros y demás personal de la institución, para lo cual se traslada con frecuencia a los distintos sectores donde se encuentra personal.


Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de enero de 1937.

Roland Marti, Delegado del Comité Internacional de la Cruz Roja en Barcelona, con dos enfermeras y el doctor Sellarés, asistente médico del Hospital de la Cruz Roja en Valfarta. Posan delante de la primera ambulancia asignada a la Columna Durruti en el frente de Aragón. (CICR-1851-17. Centro Documentación de Cruz Roja Española).

El Dr. Jorge Martínez Torres ocupa el cargo de director del hospital de la Cruz Roja de Valfarta (Sector Centro), apareciendo, al menos desde abril de 1937, a cargo del hospital. En julio de 1937, el doctor Martínez Torres es ascendido a la categoría de Capitán (Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de julio de 1937).

Le acompaña el cirujano el Dr. Salieras, ayudante del director y los médicos Álvarez y Cardona.

Cabecera de la noticia de la conferencia del Dr. Martínez Torres publicada en el Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona del 1 de mayo de 1937.

Ascenso

Ha sido ascendido a la categoría de Capitán el teniente Médico doctor Jorge Martínez Torres, Jefe del Hospital de Valfarta en el frente de Aragón.

Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de julio de 1937.

En las actas de defunción de Valfarta, entre julio de 1937 y el 6 de septiembre de 1937, aparecen citados, como personal del hospital, Víctor Balleries, médico; Ricardo García, teniente de la cruz Roja; Salvador Sadurní, administrador del hospital y Mariano Ruiz, camillero.

Obsequio al personal del frente

El día 30 del pasado mes de septiembre salió con dirección a Valfarta, el compañero Pedro Estrany, Delegado Presidente de la Cruz Roja Española en Barcelona. Motivó el viaje, como así se hizo, el deseo de obsequiar al personal facultativo, oficiales y camilleros, que en el frente están dando una prueba de sus sentimientos humanitarios y el deseo de prestigiar con su actuación, las actividades de nuestra Institución.

Acompañado del camarada Roda y demás compañeros de departamento, nuestro Presidente visitó y obsequió a todos los componentes de nuestra Asociación, en el hospital de Valfarta, en las Ventas y en el sector donde actúa la Brigada «Juan Simón». Para todos tuvo frases de amistad y en alegre camaradería compartieron unas horas deseándoles mucha suerte, en el año nuevo.

Médicos, oficiales y camilleros agradecieron con sentidas palabras las atenciones y los obsequios que en nombre de la brigada les hizo el camarada Estrany.

Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de febrero de 1937.

Calidad del agua

La mala calidad del agua es un gravísimo problema en el sector sur, especialmente en Bujaraloz, cuyas aguas son declaradas infectadas, es de suponer que lo mismo sucedería en Valfarta. Por lo que se establece un sistema de aguas limpias y depuradas a través de camiones cisterna o cubas. En Bujaraloz se utiliza el antiguo hospital habilitándolo como Hospital de Sangre para los heridos en el frente, además en casa de Gros se instala el hospital de enfermos y el “hospital de venéreas” (las enfermedades de transmisión sexual fueron un verdadero problema entre los milicianos). El hospital de venéreas en Bujaraloz era una casa grande, con patio descubierto y corredor alrededor, acabada la guerra, la casa pasa a ser usada como escuela.

El hospital en La Rambla en su edición del 23 de noviembre de 1936

La Cruz Roja en Valfarta, a siete kilómetros de Bujaraloz, ha instalado en una antigua finca un magnífico hospital bajo la dirección del prestigioso doctor Rius, secundado por cinco médicos, cuatro practicantes y cincuenta camilleros, los cuales atienden diversos hospitalizados. Junto a dicho hospital cuenta con un completo laboratorio con dos aparatos portátiles de rayos X y con un gabinete de la misma aplicación y tres coches-ambulancias.

El hospital de Cruz Roja en Valfarta, por A. Fernández Saavedra

Actualmente la Cruz Hoja sigue prestando sus humanitarios servicios en este frente, de una manera ejemplar y digna de lodos los elogios. Posee uno de los mejores hospitales de sangre de todo el frente Aragonés, dotado de todos los adelantos modernos que en nada tiene que envidiar a los mejores hospitales de Barcelona. Su capacidad actual es de 150 camas, pudiéndose ampliar el número de éstas hasta 250. Posee seis magnificas salas, tres en el primer piso y otras tres en el segundo, espléndidamente ventiladas, alegres en su interior, luminosas, limpias. Las camas esmaltadas, blancas como la nieve, impolutas. El régimen y la disciplina interior son dulces, llevaderos, procurándose por todos los medios que al herido le resulte la estancia agradable. Las comidas que a los heridos se les sirve son sanas y nutritivas y el agua que beben es filtrada cuidadosamente, con el fin de evitar complicaciones gástricas.

Cuenta, asimismo el hospital, con un magnífico gabinete de Rayos X; otro de terapéutica-física; aparato de radio-Scopia portátil; labora-torio, amplia y bien dotada sala de operaciones, sala de curas y enyesados.

Al frente de dicho hospital está el conocido y prestigioso Dr. Martínez Torres, cirujano eminente bien conocido en los medios científicos. Es el prototipo del médico que vive para su profesión y para los enfermos. Practica de tal forma su apostolado, que sus intereses se ven lesionados por la obsesión de darlo todo para los enfermos. Muchas son las pruebas de su altruismo y desinterés, llenos de humanidad y cariño hacia los heridos y enfermos. Este hombre que es célebre; que es el alma de este hospital, se vería imposibilitado de plasmar su obra tan humanitaria, como admirable, sin la ayuda eficaz de elementos auxiliares. Estos elementos tan valiosos son los médicos Doctores Salieras, cirujano y ayudante del Director, Álvarez y Cardona, secundados por la labor meritoria de tres expertos Practicantes, y seis competentes enfermeras.

Boletín oficial de la Brigada no.1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de octubre de 1937.

Actividad del hospital de Valfarta

Debieron tener gran actividad y así queda reflejado en el parte publicado por el Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona 1 de febrero de 1937, donde aparece la actividad en el frente de Bujaraloz. En el destacamento de personal, de esta brigada al mando del oficial primero Pedro Gebelli, que actúa en dicho frente desde el día 24 del mes de julio del pasado año “Han prestado durante el pasado mes los siguientes servicios: En el lugar denominado «Las Tiendas», situado en el cruce de la carretera de Zaragoza con la de Gelsa y Monegrillo,113 servicios. Servicios con ambulancias desde Valfarta a Bujaraloz, en total 55 servicios. Servicios de motos, 27. En el hospital de Cruz Roja instalado en Valfarta, se han verificado un total de intervenciones quirúrgicas de 54 durante el pasado mes, por el personal facultativo de esta brigada, adscrito a dicho hospital”.

Entre las fichas del hospital de Bujaraloz aparecen unas entradas relacionadas con el hospital de Valfarta:

  • Pitarch Bonet, Manuel. Enfermo Manuel Pitarch Bonet centuria 18 grupo 3º Frente Gelsa. Artritis traumática rodilla derecha. Bronquitis subaguda es dado de alta en este Hospital en el día de la fecha 1 de diciembre de 1936. Y por lo cual puede ser trasladado a Barcelona si así lo cree conveniente el Delegado de Guerra. Y para que conste firmo el presente en Valfarta el 1 de diciembre de 1936. El médico director … Sello Hospital de Valfarta. (CDMH_PS_ARAGON_C0109_EXP00009_0002).

Ficha de Manuel Pitarch Bonet (CDMH_PS_ARAGON_C0109_EXP00009_0002).

  • Amigo y compañero Montané: Te envío el compañero Raymond Guichard perteneciente al Grupo Internacional para que lo mires con detenimiento… cree que presenta una lesión en el pulmón izquierdo. Ha tenido dos hemoptisis. Si puedes llevarlo a Valfarta para que le hagan una radiografía. Sello Velilla de Ebro. 12 diciembre 1936. Colomer. Sello Grupo Internacional Antifascista Columna Durruti.  (CDMH_PS_ARAGON_C0109_EXP00019_0248).

Afortunadamente, existen estadística de los enfermos asistidos en el Hospital de Valfarta desde el 15 de enero al 15 de febrero de 1937, con un total de 142 asistencias, recogidas en el Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona del 1 de enero de 1937, siendo las siguientes:

Medicina

Aparato respiratorio, 12. Aparato circulatorio, 1. Aparato digestivo, 10. Infecciones   generales, 7. Raquitismo, 1.

Cirugía

Hernias, 3. Apendicitis, 3. Hidrocele, 1. Quisto  abdominal, 2. Hemorroides, 1. Fisura  ano,1. Fimosis, 3. Neuritis, 1. Abscesos, 3. Quemaduras, 1. Heridas  contusas, 3. Cuerpos extraños, 3. Heridas  por arma  de  fuego sin lesión ósea, 1. Heridas por arma  blanca,  1. Osteítis, 3.

Traumatología

Derrames sinoviales, 1. Esguinces ligamentos, 11.Luxaciones, 5. Contusiones, 3.   Artritis traumáticas, 8. Fracturas costillas, 2. Fracturas cerradas extremidad sup.,10. Fracturas abiertas extremidad sup., 3. Fractura extremidad  inferior,  4.  Espina  calcáneo,  2.  Enfermedad  de  Koening,   1.  Enfermedad   de  Pertlies,  2.

Especialidades

Otorrinolaringología, 15. Dermatología, 3. Venereología, 8.  

Visita del Comandante Bringuis al Hospital de Valfarta, siendo recibido y acompañado por el cuerpo facultativo (Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona 1 de marzo de 1937).

Día 11. Salió la ambulancia G. E. 4172 m. Cherolet en comisión de servicio a Valfarta con el  siguiente personal: Eliseo Basols Cabo, Ángel Casas Ribas, conductor, Ezequiel Blesa García, camillero. Servicios prestados por la Ambulancia de la Cruz Roja de Gerona durante el mes de junio de 1937.

 Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de julio de 1937.

En esta línea, el Noticiero Universal del 10 de mayo de 1937 aporta una pequeña relación de servicios prestados por el Puesto de socorro de Gelsa:

Para dar una idea del trabajo que realiza la Cruz Roja en Aragón, vamos a detallar los servicios que se han prestado durante los meses marzo y abril en el puesto de socorro de Gelsa.

Marzo: Curas, 257: visitas, 278; evacuaciones, 19; servicios de coche, 10; servicios de moto, 29. Total, 593 servicios.

Abril: Curas, 144; visitas, 250; evacuaciones, 21. Total, 415 servicios.

Además, se han administrado en los dos referidos meses, 358 vacunas antitíficas.

El personal de la Brigada de Lérida que también cuida de los hospitales de Sástago y Azaila, desde el 19 de julio hasta el 30 de abril, ha prestado 24.000 servicios.

El noticiero universal, 10 mayo 1937.

Actividad de evacuación

Contamos, igualmente, con una relación de servicios prestados en la evacuación de heridos de los puestos avanzados del cruce de Gelsa, Monegrillo y Pina de Ebro a los hospitales de Bujaraloz, Peñalba y Valfart, haciéndonos una idea de la compleja red sanitaria establecida en el sector, sus conexiones y actividad.

– Relación de servicios publicados en el Boletín oficial de la Brigada nº.1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona del 1 de julio de 1937:

Servicios prestados por la Ambulancia de la Cruz Roja de Gerona durante el mes de junio de 1937:

Día 11. — Salió la ambulancia G. E. 4172 m. Cherolet en comisión de servicio a Valfarta con el siguiente personal: Eliseo Basols Cabo, Ángel Casas Ribas, conductor, Ezequiel Blesa García, camillero.

* * *

Valfarta:

Dia 18. — A las 24 horas luimos llamados por el Cuartel General para prestar un servicio especial, terminando el mismo a las 2,30 horas de la madrugada.

Dia 19. — A las 11 horas fuimos llamados por el Comisario de Sanidad para prestar un servicio especial, terminándolo a las 16 horas. Al terminar el recorrido, las ambulancias están distribuidas en la siguiente forma: 3 en Siétamo, 3 en Vicién, 1 en Perdiguera, 2 en Sariñena, 3 en Grañén, 1 en Barbastro, 1 autocar en Vicién. Se efectuaron varias evacuaciones a Bujraloz.

Hecha la visita de inspección al personal destinado en los diferentes sectores de este Frente, tengo la satisfacción de comunicar que se encuentran todos en perfecto estado de salud. Lo que me complazco en hacer presente para tranquilidad de sus familiares y a los efectos consiguientes.

El Capitán-Jefe: P. Gebelli.


– Relación de servicios publicados en el Boletín oficial de la Brigada no.1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona del 1 de agosto de 1937:

El que  suscribe  don Alfonso  Castells  Valls,  Teniente   Ayudante, pongo   en   su  conocimiento   que  por  indicación  del  Comisario  de Guerra   en   Sanidad   se  dispuso  la  salida  inmediata de  una  ambulancia  con  dirección al Cruce del Gelsa  (Docker de Sanidad). 

Salió para  este  lugar  la ambulancia  núm.  10,  con  el  personal  que  a continuación  se  expresa:  Sargento: Jesús Pía. Cabo: Andrés Vila. Camilleros: José Pont, Mariano Ayora, Jaime Pomier; prestando los servicio que a  continuación se expresan: 

  • 16 de julio: Evacuación del Hospital de sangre de Bujaraloz de 5 soldados; y 3 al Hospital de Valfarta. 17 de julio: Sin novedad.
  • 18 de julio: Evacuación del Hospital a 1 herido. Ha salido la ambulancia para Molino de Pina para ir a recoger 2 heridos. Trasladado 6 heridos al hospital de Bujaraloz.
  • 19 de julio: Traslado al Hospital de Bujaraloz a 2 soldados.
  • 20 de julio: Traslado al Hospital de Bujaraloz a 2 soldados. 21 de julio: Traslado al Hospital de Bujaraloz a 5 soldados, la ambulancia ha ido al Hospital de Gelsa a buscar un soldado enfermo.
  • 22 de julio: Traslado al Hospital de Bujaraloz a 3 soldados. Lo que me complace en comunicarlo a usted para los efectos consiguientes.

    Valfarta, a 23 de julio de 1937. El Teniente Ayudante. — Alfonso Castells. Firmado.

    * * *
    El que suscribe don Alfonso Castells Valls, Teniente Ayudante, pongo en su conocimiento que por el requerimiento del Delegado de Guerra en Sanidad, se dispuso la salida inmediata de tres ambulancias con dirección a Monegrillo, para efectuar la evacuación de los heridos. Para dicho servicio salieron las ambulancias y personal que a continuación se citan:  
  • Ambulancia núm. 6: Chófer: Luis Miguel. Ayudante: Francisco Bonet. Camilleros: José de Dios, Antonio Gutiérrez.
  • Ambulancia núm. 45: Chófer: Antonio Medina. Ayudante: Antonio Coscolín. Camilleros: Pedro Antonio Díaz, Emilio Bosque.
  • Ambulancia núm. 14: Chófer: Alejandro Joly. Ayudante: Enrique Vives. Camillero: Ginés Serrano. Cabo: Urbano García. Motorista Cabo: José Cordellach.

    Todo este personal estaba al mando del Teniente Gabriel Roberto Barrón.  

    Servicios prestados:
  • 16 de julio: Traslado de 5 heridos al hospital de sangre de Bujaraloz.
  • 17 de julio: Fue trasladado al Hospital de Cruz Roja el camillero Alfonso Marín Batan.
  • 18 de julio: Fueron evacuados 5 heridos al Hospital de Bujaraloz y 2 al Hospital de Peñalba.
  • 19 de julio: En dicho día no se efectuó ningún servicio.
  • 20 de julio: Traslado de 2 heridos al Hospital de Peñalba y 5 heridos al Hospital de Bujaraloz.
  • 21 de julio: Traslado de 1 herido al Hospital de Valfarta y de 3 heridos al Hospital de Bujaraloz.
  • 22 de julio: En dicho día fueron evacuados al Hospital de Bujaraloz 11 heridos. 23 de junio: Traslado de 5 heridos al Hospital de Bujaraloz.
  • 24 de junio: Traslado de 11 enfermos al Hospital de Bujaraloz.  En dicho día por medio de un Oficio que nos remitió el Director del Hospital de Monegrillo fueron retiradas nuestras ambulancias. El documento del Director del Hospital dice así : «Habiendo recibido un oficio que dice: Por haber cesado las operaciones que dieron lugar a la instalación del equipo quirúrgico de Monegrillo, pueden ser retirados todos los efectivos que allí fueron trasladados, así como todo el personal Sanitario.   «Las ambulancias de la Cruz Hoja que estaban allí desplazadas pueden regresar a sus Bases».  

    El Director del Hospital de Monegrillo. Firmado: P. Arqué. Monegrillo, 25 de julio de 1937. Al Teniente que manda las ambulancias de la Cruz Roja en Monegrillo.

    * * *

    También fue entregado al teniente de Cruz Roja este comunicado, el cual escribo textualmente para su conocimiento. Dice así: El que suscribe Pedro Arqué Cuxart, Director del Hospital de Evacuación de Monegrillo, se complace en hacer constar lo que a continuación se expresa: Que lodo el personal de la Cruz Roja destacado por orden superior al Hospital de su dirección, para efectuar las evacuaciones que hubiere menester se ha portado en todo momento en forma excelente, cumpliendo en todo momento y a la hora más intempestiva los servicios que se les ha encomendado, llevados por el alto espíritu que, siempre ha guiado a todos aquellos que han pertenecido a la Institución que con tanto orgullo representan. Lo que hace constar para satisfacción de los interesados y puedan exhibir este documento a donde crean conveniente.

      Monegrillo, 25 de julio 1937. Firmado: P. Arqué.  

    Lo que me complace poner en conocimiento de usted para los efectos consiguientes. Valfarta a 25 de julio de 1937.   El Teniente Ayudante. — Alfonso Castells. Firmado. Visto Bueno, Gebelli. Hay un sello que dice: CRUZ 110.1A ESPAÑOLA. Sector Bujaraloz. Barcelona. Hay otro sello que dice: EJERCITO DEL ESTE. Capitán Jefe Delegado. Frente Aragón. CRUZ ROJA ESPAÑOLA.

    * * *

    El que suscribe don Alfonso Castells Valls, Teniente Ayudante, pongo en su conocimiento los servicios que durante los días 23, 24 y 25, han prestado los Camilleros que fueron destacados al Cruce de Gelsa por indicación del Comisario de Guerra en Sanidad.  
  • Ambulancia núm. 10: Sargento: Jesús Pla. Cabo: Andrés Vila. Camilleros: José Pont, Mariano Ayora, Jaime Pomier.  
  • 23 de julio: Evacuación de Pina de Ebro de un herido y trasladarlo a los Dockers.
  • 24 de julio: Evacuación de tres soldados al Hospital de Bujaraloz; también fueron evacuados 2 al Hospital de Fraga.
  • 25 de julio: Evacuación al Hospital de Bujaraloz de 3 heridos. Ha salido la ambulancia a Pina de Ebro para ir a buscar un herido. En dicho día por orden del Director del Hospital se retiró el retén regresando el personal y la ambulancia al Cuartel general. Lo que me place poner en conocimiento de usted para los efectos consiguientes.  

    Valfarla a 26 de julio de 1937.  El Teniente Ayudante. — Alfonso Castells. Firmado. Visto bueno, Gebelli. Hay un sello que dice: EJERCITO DEL ESTE. Capitán Jefe Delegado. Frente Aragón. CRUZ ROJA ESPAÑOLA DE SASTAGO. 

Materiales para el hospital

Hubo mucho material destinado a los hospitales, algunos de los cuales aparecen detallados en los boletines de las distintas brigadas de la Cruz Roja:

  • La Cruz Roja sigue su actividad intensificando sus servicios en el frente y retaguardia. Ayer salieron hacia el sector de Aragón, Bujaraloz y Valfarta, donde tiene instalado un Hospital de Sangre, dos auto-ambulancias, dos motos, veinte camillas y una tienda d campaña, a mas del personal facultativo y camilleros (La Rambla, 11 de noviembre de 1936).
  • Material recibido de Ginebra y destinado al Hospital de la Cruz Roía de Vallfarta (Sector Bujaraloz)

Caja núm. 3. La mitad de su contenido.
Caja núm. 4. La mitad de su contenido.
Caja núm. 6. Completa.
Caja núm. 8. Completa.
Caja núm. 10. Completa.
Caja núm. 11. Completa.
Caja núm. 12. Completa.
Caja núm. 13. Completa.
Caja núm. 14. Completa.

13 pinzas Pean, 27 pinzas disección dientes dé ratón, 17 pinzas disección planas. Caja de agujas varias, 5 porta-agujas Mathieu, 18 tijeras curvas, 19 tijeras rectas, 5 bisturis, 12 estiletes, 11 sondas acanaladas, 1 abrebocas, 3 pinzas de lengua, 15 rolos férula Krammer, 4 espéculos bi-valvos, 8 depresores lengua.

Caja núm. 17: 7 agujas Reverdin, 2 mascarillas cloroformo, 10 pinzas de Kocher de 18 cm.

Boletín oficial de la Brigada no.1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de abril de 1937

  • Material con destino al frente de Bujaraloz, sector Valfarta, obtenido por La secretaria del comité local de la Cruz Roja de Barcelona

Ambulancia «Studebat» B.  63.373,  equipada  con 4 camillas,  a  la  moderna,  conducida por  el chófer Isidro  Cartés. Ambulancia «Stewar», capacidad 8 camillas, montada con toda la  técnica  moderna  conducida  por el  chófer Francisco Capdevila. 3  coches de turismo. Moto núm.1 «Norton», conducida por Luis  Miguel. Moto  núm.  2. «F. M.», conducida  por Manuel  Muñoz. Moto  núm. 3. «Beig-Anen». Moto  núm.  4.  «B. S.  A.». Para  sustituir  a las dos  anteriores  caso  de  avería.  

15  camillas  de  campaña.  8 camillas  modelo Ambulancia. 6  cubiertas 160 x 40  para  Ambulancias.  6  estufas «Salamandras» para instalarlas en el  Hospital  de Valfarta. 1  fogón  «Coleman»  capacidad, 25 litros. 2 fogones «Coleman», capacidad 5  litros. 6 faroles  de  campaña.  1 máquina  de  escribir portátil

Relación  del  material  de  la cruz  roja,  que  ha salido  con  destino al  frente   de  Bujaraloz  (Sector  Valfarta) 

Ambulancia «Ford» B. 45.368, equipada con 4 camillas y conducida por el chófer Jesús Rodriguez. Ambulancia «Opel»  B.  64.441, equipada  con 4 camillas y  conducida por el  chófer Vicente  Gadea. Ambulancia «Ford»  B.  61.312,  equipada  con 4 camillas y conducida por el  chófer Paulino  Catalá. 2 tiendas  de campaña de  6 m. de  circunferencia. 2 aparatos  de  rayos X portátiles. 3  máquinas de  cortar pelo. 

Una  mochila  alemana,  con  lo  necesario  para  las  curas  de  urgencia.  8  placas  Radio   X   30  X  40.  8  placas  Radio   X  24  X  30.  90   kilos  de  esmalte. 

Material y construcción de 100 camas hierro, a 150 pesetas una. 12 bisturíes. 12 pinzas disección. Para La Zaida y Valfarta.

Boletín oficial de la Brigada no.1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de mayo de 1937.   

  • Cuentas del Subcomité de Compras del 27 de mayo de 1937, entrada 52 del 12 de abril de 1937 con el envío de la entrada «inst.chir.prod pharm» (CDCRE. Correspondencia enviada a la Cruz Roja Americana C ESCI-070).

Comunicación de Horace Barbey a E. Clouzot

Visita al Hospital de la Cruz Roja de Barcelona en ​​Valfarta, cerca de Bujaraloz. Véase el informe del 10 de noviembre de 1936 sobre este tema. Tras esta visita, escribí una carta al Comandante en Jefe de este sector del frente, el Sr. Durruti; dicha carta quedó sin respuesta debido al fallecimiento del Sr. Durruti.

R00174073_Rapports_CIRC_Rap__et_Corresp__d_Horace_Barbey_0005. 
Centro Documentación de Cruz Roja Española.

Noticias del hospital de Valfarta

La importancia de los hospitales del frente es reflejada por los diferentes medios de la época. Rescatando la historia del hospital de Valfarta han ido apareciendo referencias al mismo en distintos medios de comunicación, realizando consultas en hemerotecas y archivos. Estas son una relación de las noticias encontradas.

  • En febrero de 1937, el delegado de la Cruz Roja Internacional de Ginebra, Mr. Roland Martí visita el frente de Aragón y el Hospital de Valfarta “El cual está dotado de todo lo necesario, incluso aparatos de Rayos X. Refiriéndose a los servicios en todos los hospitales visitados, dijo que está satisfechísimo de su organización” (La Vanguardia, 18 febrero 1937).
  • Igualmente, recogido en El Noticiero Universal del 17 febrero de 1937 «El delegado de la cruz Roja Internacional de ginebra en Barcelona, Roland Martí visita los hospitales de Azaila y Valfarta, y también había visitado en Pina de Ebro al jefe de la Columna Durruti, camarada Manzana, acompañado de los camaradas Roda y Flores, responsables en Bujaraloz de Abastos y Sanidad».
  • En mayo de 1937 se presenta un informe al Comité Local de la Cruz Roja por parte de la comisión que forman Estrany y Ráfales. En dicho informe se denuncia que el personal de la Cruz Roja en servicio al frente (División Durruti) no ha cobrado los últimos meses, desde el 15 de marzo hasta el 20 de mayo (Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona 1 de junio de 1937). No debió de ser fácil para la Cruz Roja mantener estos hospitales que necesitaban de bastantes recursos económicos, así se recoge en “Más allá: portavoz de la División «Francisco Ascaso» 22 de septiembre de 1937 “Los gastos ocasionados por los honorarios  del  personal movilizado  alimentación, material sanitario y quirúrgico son elevadísimos, y la ayuda internacional nula, sólo haciendo un sin fin de sacrificios muy a duras penas la institución les puede subvencionar”. Pues hacía poco que el hospital de Valfarta había dejado de ser subvencionado por la División, pasando a hacerse íntegramente la institución de la Cruz Roja.
  • El diario El Diluvio n.º 116 del 16 de mayo de 1937 cita la sostenida labor del hospital de Valfarta junto a los de Azaila y Sástago: «Por lo que se refiere a nuestra labor desde el 19 de julio hasta la fecha, diré que la Cruz roja sostiene hospitales en el frente mencionado (Valfarta, Azaila y Sástago). Contamos allí con el concurso de la brigada de Lérida».
  • Valfarta, 20 de mayo de 1937. En Bujaraloz hemos visitado el Jefe de las fuerzas de Aragón, Ricardo Sanz, para hablarle, en primer lugar, de los motivos por los cuales el personal de la Cruz Roja en servicio al frente (División Durruti), no ha cobrado ni cobra sus haberes desde hace dos meses (del 15 de marzo hasta el 20 de mayo de este año). Su respuesta es ha estado por orden superior y que no ha llegado nomina para el mencionado personal. Al hacerle ver la imprudencia de esta actuación, reconoce la razón de nuestras palabras y nos libra un certificado que dice: Certifico que todo el personal de Cruz Roja, que viene prestando sus servicios en esta División, desde el día 24 de julio de 1936, ha dejado de percibir sus haberes desde el día 15 de marzo ppdo. hasta la fecha, y creyendo que es de justicia que se les abone su importe, lo hago constar para los efectos consiguientes. Bujaraloz, 20 de mayo de 1937 (Boletín oficial de la Brigada no.1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de junio de1937).
  • Sucesos de mayo: «Cartas recibidas para el primer Jefe. Enterados por la prensa de la heroica actuación de nuestros compañeros de la Cruz Roja de Barcelona, durante los recientes sucesos os enviamos nuestra felicitación y al mismo tiempo hacemos constar nuestra condolencia por los compañeros caídos en el cumplimiento del deber y les deseamos un pronto restablecimiento. Salud y viva la Cruz Roja. Valfarta, 8 mayo 1937. Por los compañeros de Cruz Roja, de la División Durruti. El Médico Director, Martínez. El Capitán Jefe, Gebelli. Por las clases. Sargento Graset. Cabo, Sadurní. Por los Camilleros, Isidro Cortés» (Boletín oficial de la Brigada no.1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona, 1 de junio de1937).
  • En el Boletín oficial de la Brigada n.º 1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona del 1 de marzo de 1938 aún aparece el envió al Hospital de Valfarta de 31 libros, posiblemente en esa labor de crear bibliotecas en los hospitales.

Actas de Valfarta

En el registro municipal de Valfarta se guardan las actas de nacimiento y defunción. Consultadas las comprendidas durante el periodo de guerra, aparece diversa información sobre el hospital y del consejo municipal de Valfarta.

Entre las actas municipales se puede observar la composición del Consejo Municipal de Valfarta, al menos entre julio y septiembre de 1937, cuya presidencia recaía en Miguel Dueso Labrador y accidentalmente en Jesús Roca Huerva y la secretaría en Pedro José Eito Pérez.

Sello del Consejo Municipal de Valfarta.

Como personal del hospital, entre aquellas mismas fechas, aparecen Víctor Balleries, médico; Ricardo García, teniente de la cruz Roja; Salvador Sadurní, administrador del hospital y Mariano Ruiz, camillero.

A su vez se puede ver la persona fallecida y, en su caso, procedencia, unidad, motivo ingreso y fallecimiento.

Actas de defunción

  • Acta n.º 248. Cecilia Fustero Zueras, Cecilia. En el pueblo de Valfarta a 8 de julio de 1937. Natural de Farlete, fallece a consecuencia de Meningitis traumática. Se le da sepultura en Valfarta.
  • Acta n.º 249. Delruste Portolés, Alejandra. En el pueblo de Valfarta a 9 de julio de 1937. Natural de Pina de Ebro, fallece el 8 de julio a consecuencia de shock post operatorio. Se le da sepultura en Valfarta.
  • Acta n.º 251. Chesa Carrera, Florentino. En el pueblo de Valfarta, a 7 de agosto de 1937. Ingresa en el hospital el cinco de agosto del año en curso, con una herida en el hombro derecho producida por un disparo de escopeta. Se le da sepultura en Valfarta.

    Las siguientes actas responden a inscripciones anteriores:
  • Acta n.º 252. García Manebón, Juan. Perteneciente al grupo internacional 2ª centuria. En el pueblo de Valfarta, a 8 de agosto de 1937. Ingresa en el Hospital de la Cruz Roja el día 21 de noviembre de 1936, presentando una perforación de estómago siendo operado de urgencia el mismo día y falleciendo el día siguiente, el 22 de agosto de 1936. Se le da sepultura en Valfarta.
  • Acta n.º 253. Ramos Marrol, Simón. De la columna Hilario Zamora 5ª Centuria. En el pueblo de Valfarta, a 8 de agosto de 1937. Ingresa en el Hospital de Cruz Roja el día 14 de diciembre de 1936 presentando un absceso anaerobio de la región parotídea del lado derecho, falleciendo el día 10 de enero a causa de meningitis. Es enterrado en el cementerio de este pueblo.
  • Acta n.º 254. Barrieras Ezquerra, Jerónimo. De la columna Durruti Centuria 32 grupo 3º. En el pueblo de Valfarta, a 8 de agosto de 1937 Ingresa en este Hospital de Cruz Roja con una hernia marginal del lado izquierdo el día diez de enero y es operado el día 12 del mismo mes. Fallece el día 13 de enero de 1937 a consecuencia de un absceso gangrenoso. Se le da sepultura en Valfarta.
  • Acta n.º 255. Carbi Rando, Basilio. Columna Durruti, Centuria 54 grupo 3º. En el pueblo de Valfarta a 8 de agosto de 1937. Ingresa en el referido Hospital el día 20 de enero de 1937, presentando una herida inguinal oblicua externa del lado derecho que es operada el día 22 del mismo mes. Fallece el 24 de enero de 1937 debido al absceso gangrenoso del muslo. Se le da sepultura en Valfarta.
  • Acta n.º 256. Corbin Gómez, Ernesto. División 25 – Brigada 116, 4º Batallón 4ª Compañía. En el pueblo de Valfarta a 8 de agosto de 1937. Ingresa en el referido Hospital el día 19 de junio del año en curso presentando una contusión en la región precordial con intensa hemorragia interna siendo operado de urgencia. Fallece el día 29 de junio de 1937 a consecuencia de un íleo paralitico. Es enterrado en el cementerio de Valfarta.
  • Acta n.º 257. Lozano Cárdenas, Alfonso. Perteneciente a la 120 Brigada mixta 2º Batallón 3ª Compañía. En el pueblo de Valfarta a 26 de agosto de 1937. Ingresa el día 25 de agosto de 1937 con una herida en sector entrada por la región hombro dorsal con salida hipocondrio derecho. Fallece el 25 de agosto de 1937 siendo enterrado en el cementerio de Valfarta.
  • Acta n.º 258. Paredes Maestro, Antonio. Perteneciente a la Brigada Mixta 102 1er batallón 3ª Compañía (Cabo). En el pueblo de Valfarta a 26 de agosto de 1937. Ingresa el día 25 presentando una herida por arma de fuego con orificio de entrada en fosa iliaca derecha y orificio de salida en región supra-púbica falleciendo el mismo día 25 de agosto de 1937. Es enterrado en el cementerio de Valfarta.
  • Acta n.º 259. Zueras Alcrudo, Juana. En el pueblo de Valfarta a 26 de agosto de 1937. Natural de Farlete, fallece el día 7 de abril de 1937 a consecuencia de peritonitis. Es enterrada en el cementerio de Valfarta.

    De nuevo el libro de actas de defunción de Valfarta recupera su anotación llevada al día:
  • Acta n.º 260. Pallares Maestro, Antonio. De la Brigada Mixta 102 3ª Compañía 1er batallón. En el pueblo de Valfarta a 28 de agosto de 1937. Ingresa procedente del Hospital Doker (Docker) del Cruce de Gelsa donde es intervenido con una herida por arma de fuego en la zona alinea derecha y fallece el día 26 de agosto de 1937 a consecuencia de shock post operatorio. Es enterrado en el cementerio de este pueblo.
  • Acta n.º 261. Luis Arnal, José. Perteneciente a la 72 Brigada Mixta Batallón 286, 1ª Compañía. En el pueblo de Valfarta a 5 de septiembre de 1937. Natural de Barcelona, calle de Fritonella, (¿Gironella?) n.º seis posterior, de veinticuatro años de edad, soltero, hijo de Fructuoso Luis Bravo, huérfano de madre. Ingresa en el hospital procedente de Farlete con una herida de metralla en el tercio superior del muslo derecho con obstrucción de tejidos blandos que le producen la muerte. Fallece a consecuencia de shock post operativo el 4 de septiembre de 1937. Se ignora hiciera testamento y su cadáver es enterrado en el cementerio de este pueblo.
  • Acta n.º 262. Colomer Divir, José. Soldado de la Brigada 72 Batallón 286, 3ª Compañía. En el pueblo de Valfarta a 6 de septiembre de 1937. Natural de Barcelona, residente en la calle de Manuela carnicería, de veinticuatro años de edad, soltero. Ingresa con una herida de ocho centímetros en la región parieto occipital con salida de gran cantidad de masa encefálica y lesiones en el lóbulo anterior del cerebro que le ocasionan la muerte. Fallece a consecuencia de shock traumático el 4 de septiembre de 1937. Es enterrado en el cementerio de este pueblo.
  • Acta n.º 263. El cadáver de un hombre desconocido. En el pueblo de Valfarta a 6 de septiembre de 1937. «Compadeció Jesús Roca manifestando que había denunciado la existencia de un cadáver o medio enterrar en este término municipal de todo lo cual daba cuenta a este consejo. Que el referido cadáver aparentaba tener de treinta y cinco a treinta y siete años de edad que era imposible su identificación y que no se le encontró documentación alguna».

La fosa común de Valfarta

La existencia del hospital, de heridos y muertos, obliga a realizar la fosa común de Valfarta, localizada en el interior del cementerio. De acuerdo con el Sistema de Información de Patrimonio Aragonés (SIPCA) “En ella reposan los restos de un número indeterminado de soldados republicanos muertos en el hospital militar que se instaló en esta pequeña localidad durante los primeros tiempos de la guerra. Los restos permanecen aún en el escueto recinto del cementerio, aunque los informantes no recordaban su paradero exacto, ni mucho menos el número preciso de los que fueron enterrados allí «.

Aeródromo de Valfarta

Reseñar la existencia de un aeródromo en la localidad, a tenor de la noticia publicada en el Pensamiento alavés del 3 de diciembre de 1937, en referencia a un aparato ruso aterrizado en Francia y procedente del aeródromo de Valfarta:

Se estrella un aparato rojo

Tolouse.- En el Ariege, en plena montaña, entre Bonac y Sentein ha caído un aeroplano de los rojos españoles. Es modelo ruso y pertenece al aeródromo de Valfarta (Huesca). Es un biplano armado con cinco ametralladoras. El piloto ha resultado gravemente herido. Su compañero ileso.

Este biplano salió de su aeródromo bombardeando territorio nacional en la provincia de Zaragoza e internándose después en Francia. La brújula no le funcionaba y no sabían sobre que lugar se hallaban hasta que la falta de gasolina les obligó a aterrizar a ciegas.

Esto es lo que ha declarado el observador rojo al presentarse a los gendarmes de Bonac.

La entrada de los nacionales

El 25 de marzo de 1938, las tropas nacionales del sector de los Monegros avanzan en una profundidad de 32 kilómetros, apoderándose de los pueblos de Valfarta, Peñalba y Candasnos, de acuerdo con el Parte Oficial de Guerra del 26 de marzo de 1938: “En este profundo avance la columna motorizada ha encontrado volados todos los puentes y alcantarillas y ha sido preciso hacer desviaciones en todos esos pasos” (Nueva España del 27 de marzo 1938).

«Durante la pasada guerra civil, la casa de los Penén de Valfarta hubo de ser desalojada por sus dueños para convertirse en sede de la Comandancia marxista del sector. Pero apenas si sufrió el edificio ningún daño a la liberación del pueblo, pues los rojos se limitaron a abandonarlo antes de hacer acto de presencia las tropas nacionales. Ni que decir tiene que ningún valfartino fue detenido ni encausado por las autoridades del régimen triunfante, que si en 1936 salieron todos en defensa de la casa Penén, esta los avalaría de igual modo en 1938».

Castillo Genzor, Adolfo. Armas del pueblo de Valfarta.
El Noticiero, 7 de marzo de 1965.

Con la entrada de los nacionales acaba la historia del Hospital de la Cruz Roja, un oasis blanco de esperanza en un mundo en guerra.

Gracias al Ayuntamiento de Valfarta por su colaboración en la consulta de los archivos municipales, a la Cruz Roja Española y su Centro de Documentación de la Cruz Roja Española y a Jesús Ros Labrador por su estimable ayuda.

Anexo I Cartas e informes de Horace Barbey, delegado en Barcelona 1936-1937.

Carta I

COMITÉ INTERNACIONAL DE LA CRUZ ROJA
DELEGACIÓN DE BARCELONA
Calle de Lauria 95 Tel. 70108

Sr. E. Clouzot Sr. Barbey Barcelona, ​​10 de noviembre de 1936 Secretario General del CICR GINEBRA
DELEGACIÓN DEL COMITÉ INTERNACIONAL DE BARCELONA

Señor/a: Tras mi conversación telefónica esta mañana con el Sr. Daniel Clouzot, le escribo para informarle de las medidas adoptadas en la zona del frente de Zaragoza para la evacuación de los heridos.

Esto incluye la línea del frente y hasta 20 km tierra adentro. Aproximadamente detrás de esta zona, el transporte de los heridos es responsabilidad del Servicio de Salud y de las milicias antifascistas, que se encuentran bajo autoridad militar. Esta zona se extiende, en el mapa, hasta un cruce de carreteras situado a 1 o 2 kilómetros al oeste de Bujaraloz. Esta última localidad se encuentra a 69 kilómetros al este de Zaragoza y, por lo tanto, fuera de la zona de fuego, al menos por el momento.

El hospital del Comando Regional de Valfarta, como ya les he informado, se ubica a pocos kilómetros al norte de Bujaraloz, en una zona que probablemente tenga poca importancia estratégica, ya que está fuera de las principales vías de comunicación y, por consiguiente, tiene pocas probabilidades de ser bombardeada. Este hospital tiene capacidad para 50 heridos y pronto podrá recibir el doble. Los servicios de la Cruz Roja se encargarán del traslado de los heridos desde el cruce mencionado hasta el hospital de Valfarta. Este cruce serviría, por lo tanto, como punto de relevo, y la Cruz Roja está estudiando la posibilidad de instalar allí una gran carpa o barracón para recibir a los heridos que lleguen del frente mientras esperan su traslado a Valfarta. Obviamente, se trataría solo de un lugar de espera temporal durante una o dos horas, en caso de que todas las ambulancias estén ya en servicio.

En teoría, todo esto debería funcionar sin problemas y sin mayores dificultades, pero creo que la práctica será algo diferente debido a la aún muy fuerte rivalidad entre las milicias médicas antifascistas y la República de Aragón, y que las primeras no dudarán, si les conviene, en requisar el equipo de la República de Aragón. Dado que el frente de Aragón se encuentra muy tranquilo en estos momentos, es probable, o al menos posible, que estas dificultades se vayan solucionando y que, en consecuencia, la organización del transporte de los heridos sea más eficiente y, llegado el momento, pueda funcionar con relativa normalidad.

Reciba, señor Secretario, las seguridades de mi más alta consideración.

R00174073_Lettres_CIRC_Rap__et_Corresp__d_Horace_Barbey_0005. Centro Documentación de Cruz Roja Española.

Carta II

COMITÉ INTERNACIONAL DE LA CRUZ ROJA
DELEGACIÓN DE BARCELONA
Calle de Laua, 95.
Barcelona, ​​10 de noviembre de 1936.

Sr. E. Clouzot
Secretario General del CICR GINEBRA.

Señor/Sra.,

Tras mi conversación telefónica esta mañana con el Sr. Daniel Clouzot, le escribo para informarle sobre las medidas adoptadas en la región del frente de Zaragoza para la evacuación de los heridos.

En la línea del frente y hasta aproximadamente 20 km detrás de ella, el transporte de los heridos corre a cargo del Servicio Médico de las milicias antifascistas, que está bajo autoridad militar. Esta zona se extiende, en el mapa, hasta un cruce de carreteras situado a 1 o 2 km al oeste de Bujaraloz. Esta última localidad se encuentra a 69 millas al este de Zaragoza y, por lo tanto, fuera de la zona de fuego, al menos por el momento. El hospital de Valfarta, como ya he tenido ocasión de mostrarles, se encuentra a pocos kilómetros al norte de Bujaraloz, en una zona que probablemente nunca tendrá gran importancia estratégica, ya que está alejada de las principales vías de comunicación y, por lo tanto, tiene pocas probabilidades de ser bombardeada. Este hospital tiene capacidad para atender actualmente a 50 heridos y podrá recibir el doble para

Los servicios de la Cruz Roja se encargarán del traslado de los heridos desde el cruce mencionado hasta el hospital de Valfarta.

Este cruce serviría, por lo tanto, como punto de estudio; actualmente, la posibilidad de instalar allí una zona de descanso temporal y una gran carpa o barracón permitiría a la Cruz Roja recibir a los heridos que lleguen del frente, mientras esperan su traslado a Valfarta. Obviamente, se trataría solo de una zona de espera temporal de una o dos horas, en caso de que todas las ambulancias estén ya en servicio.

En teoría, todo esto debería funcionar sin problemas y con su aparente dificultad, pero creo que en la práctica será algo diferente, debido a la aún muy fuerte rivalidad que existe entre las milicias sanitarias antifascistas y la Cruz Roja, y a que las primeras no dudarán, si les conviene, en requisar el equipamiento de la Cruz Roja.

Dado que el frente aragonés se encuentra actualmente muy tranquilo, es probable, o al menos posible, que estas dificultades se resuelvan y que, en consecuencia, la organización del transporte de los heridos sea más eficiente y, llegado el momento, pueda funcionar casi con normalidad.

Reciba, señor Secretario, las seguridades de mi más alta consideración.

R00170130_C_ESCI_017_301. Centro Documentación de Cruz Roja Española.

Anexo II Llamada telefónica del Dr. Martí en Barcelona a Miles Odier el 8 de febrero de 1937 a las 16:00.

El Dr. Martí informa a Miles Odier de que tiene previsto partir el 9 de febrero para visitar los hospitales de los «Docker» en el frente aragonés y pregunta si se le podrían enviar los instrumental necesario para hospitales que sean fáciles de trasladar.

Mile Odier pregunta si los kits quirúrgicos que tenemos en reserva podrían serle útiles; el Dr. Martí cree que serían muy valiosos. El Sr. Martí anuncia que está enviando una nueva lista de productos farmacéuticos: estos son los productos farmacéuticos que le faltan a Barcelona.

En cuanto a los medios de transporte, el Dr. Martí recomienda el transporte ferroviario a Barcelona debido a la escasez de combustible en España. Miles Odier menciona la posibilidad de utilizar un camión cisterna pesado; El Dr. Martí preguntará inmediatamente si hay reservas de este combustible en Barcelona.

Además, informa a Miles Odier de que ningún barco civil puede llegar ni a Barcelona ni a Valencia.

Miles Odier informa al Dr. Martí de que, en ese caso, intentará conseguir barcos no civiles para transportar la mercancía, y él está totalmente de acuerdo con este plan.

R00171737_C_ESCI_149_005. Centro Documentación de Cruz Roja Española.

La trashumancia en Los Monegros


 Entrevista a Pedro Jesús, José Juan y a Pablo, por Manuel Antonio Corvinos Portella.

Como pastores dirigiendo sus rebaños a la tierra prometida, ilusionados y felices por iniciar la aventura,  morenos bajo mil soles pasaron el 10 de junio camino del  Pirineo por las viejas cabañeras que rodean  Sariñena. Detrás de ellos, iban orgullosos un grupo de unos veinte chotos armados con sus correspondientes “esquillas”  y detrás el rebaño formado por  1600 ovejas.

Un coche de apoyo, vecinas tratando de que sus macetas permanecieran intactas, curiosos, amigos, familiares y la guardia civil observaban el peculiar espectáculo  aquella mañana de domingo.

Los perros, nerviosos e inteligentes, iban y venían esperando un gesto de sus amos para ir a meter en vereda a las ovejas más atrevidas.                                           

-¿Quiénes estáis metidos en este “embrollo”?

   Pedro Jesús Bernad de Castelflorite, José Juan Naya de Lamasadera y Pablo Broto de Sariñena- me contesta Pedro J.

 -No parece que hayáis madrugado, ¿de dónde habéis salido?

   No hemos madrugado mucho, pero es que ayer sábado juntamos  todas las ovejas en el campo de tiro de Sariñena y desde allí hemos iniciado el viaje sobre las 8 de la mañana.

-¿Hacia dónde os dirigís?

   Hacia el Pirineo, más concretamente a la estación de esquí de Formigal

-Imagino que va a ser una caminata muy fatigosa, ¿cuántos kilómetros vais a hacer?

   Alrededor de 200 kilómetros.

-…Y diarios, ¿cuántos van a ser?

    Sobre unos  25 kilómetros cada día,

-Un viaje que puede hacerse en poco menos de tres horas a vosotros se os va a hacer muy largo, ¿no?

   No creas, se hace largo, pero muy entretenido. Estaremos nueve días caminando.

-¿Podéis decirme que etapas tenéis programadas?

   La primera  Castelflorite-Sariñena-Huerto, allí parada a dormir; la segunda nos iremos hasta Fañanás; la tercera hasta Monflorite; durante la cuarta pasaremos por la avenida de los Danzantes y el puente del Isuela de Huesca y terminaremos en Igriés; en la quinta jornada subiremos el Monrepós por la carretera vieja y dormiremos arriba, veremos si las ovejas quieren atravesar el túnel de la Manzanera, lo digo por la falta de iluminación de dicho túnel, si no cogeremos un camino alternativo; la siguiente nos llevará hasta el hostal de Ipiés .En Sabiñanigo nos esperarán los pastores de Oros Alto, Sabiñánigo y Sorripas con 4.000 ovejas, las juntaremos todas y todos juntos subiremos hasta Formigal. Esta parte del camino no la conocemos como pastores y serán ellos los que nos guíen. Este tramo final lo hacemos por la carretera de Francia, con las dificultades que eso conlleva, la Guardia Civil de Tráfico irá abriendo y cerrando la marcha del rebaño.

-¿Qué preferís, carreteras o cabañeras?

   Siempre cabañeras es más sencillo y natural, lo que pasa que, a veces, ambas se confunden y no tenemos más remedio que ir por asfalto. Como el Monrepós está en obras también nos veremos obligados a bajar algunos tramos por la carretera lo que nos  genera mucha tensión a los pastores.

-¿Cuántos perros os ayudan?

   Hasta Sabiñánigo nos acompañan los cuatro míos, después se añadirán los de los otros rebaños.

 -Imagino que necesitáis apoyo logístico, ¿con qué ayuda contáis?

   Llevamos un todo terreno con sacos de dormir y alguna cosa más. La comida la solemos comprar en los restaurantes de los pueblos por los que pasamos.

-¿Y dormir?

   Al raso con sacos de dormir y si llueve dentro del coche.

-¿Qué hacéis con las ovejas por la noche?

   Las rodeamos con un pastor eléctrico y no se menean.  

 -Pienso que no suele haber demasiadas amenazas externas, ¿qué contingencias podéis sufrir?

   De fuera del grupo ninguna y en cuanto a las ovejas, muy pocas. Como es la primera vez que suben caminando puede ser que se asusten, que no quieran seguir, algún posible accidente, los rayos de las tormentas o que llueva mucho y no aguanten la humedad. Siempre bajamos con algunas menos.

-El año pasado las subisteis en camiones, ¿por qué éste cambio?

   Nos hacía mucha ilusión llevar a cabo esta  aventura, queríamos saber lo que es la trashumancia, además el año pasado los camiones nos costaron 4500 euros.

-Tengo entendido que no lleváis ningún mardano ¿por qué?

   Los mardanos se quedan porque no queremos que cubran a las ovejas.

-¿Quién de vosotros se va a quedar todo el verano con las ovejas en el puerto?

   Yo (dice Pedro Jesús Bernad) mientras sonríe ilusionado. El Ayuntamiento de Sallent nos arrienda el puerto y en el precio va incluida  una caseta de unos cuarenta metros cuadrados con calefacción, cocina, baño, antena de televisión y otras comodidades.

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-¿Qué hacéis cuando se ponen enfermas?

    No acostumbran a ponerse enfermas, si acaso lloviera mucho pueden padecer  la enfermedad denominada  “pezuñas blandas” y en ese caso hay que tratarlas. Todos los domingos del verano suben los dueños de las ovejas a ver cómo va todo, si hay problemas las pasamos por una manga y las curamos.

-Como lleváis varios rebaños  me pregunto, ¿cómo las separáis?

   Las hacemos pasar a todas por una manga y una por una las vamos separando, piensa que cada una lleva la marca de su dueño. Es un poco lento y pesado, pero no existe otro sistema.

-¿Qué es una manga?

   Es una especie de corredor metálico por el que van pasando las ovejas en fila de a una.. Lo mismo sirve para contarlas que para curarlas.

-Imagino que tendréis seguro.

  Ya lo creo, tenemos uno que nos cubre hasta 300.000 euros.

-¿Cuándo las bajáis?

  A primeros de octubre en camiones porque muchas están preñadas y no es conveniente cansarlas tanto.

   Pues nada, muchas gracias a los tres y que todo os vaya bien.

                                                       ———–

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  Cuando salga esta entrevista nuestros aguerridos pastores estarán contando los días que faltan para bajar a Monegros. 

    Según me contó Agustín Allué de El Tormillo el grupo atravesó el túnel de la Manzanera sin problemas de ninguna clase si exceptuamos que pastores y ovejas  entraron de color blanco y salieron teñidos de negro por culpa de los simulacros que realizan las fuerzas de seguridad, bomberos y protección civil. En el último  de ellos quemaron varios automóviles en el interior del túnel.

   Y como noticia del corazón podemos decir que subiendo al Pirineo encontraron el amor de su vida dos de nuestros pastores, Pedro Jesús y José Juan bajaron con novia.

Esta práctica ganadera ancestral (en España lleva más de 6000 años) produce todo tipo de beneficios sociales y económicos: favorece la explotación de los recursos existentes, mejora la biodiversidad, limpia el monte, mejora la calidad de la carne y de la lana, fertiliza del suelo, mantiene abiertas las vías pecuarias…

En estos momentos en España hay unas 300.000 ovejas trashumantes frente a los cinco millones que había en la Edad Media. Su declive comenzó con la proliferación de las fibras artificiales.

                                                          

César Pedrocchi Renault


Una vida dedicada a la investigación científica, un ecólogo que, además de ejercer su profesión, ha hecho de ella su pasión. César ha contribuido al conocimiento científico del medio natural altoaragones pero muy especialmente ha sido un pionero en el estudio de la estepa monegrina. Sin duda, César estudió e investigó Los Monegros y descubrió un ecosistema único en el mundo, de gran valor y biodiversidad. 

César Pedrocchi Renault

César Pedrocchi Renault es Doctor en biología y científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, jubilado. Entre muchas otras cosas fue miembro del patronato de Ordesa y presidente de la revista de ciencias “Lucas Mallada” del Instituto de Estudios Altoaragoneses. Autor de publicaciones y artículos como Ecología de los Monegros: la paciencia como estrategia de supervivencia (1998); Historia natural de los Monegros (2000) y Plasticidad y competencia espacial en la nidificación de Larus ridibundus en La Laguna (Sariñena, Huesca). Coautor de diferentes artículos como Los Monegros: la figura de parque nacional y el desarrollo socioeconómico de la comarca; Estudio multidisciplinar de La Laguna, Sariñena (1986); Contribución al conocimiento de los ortópteros (insecta: Orthoptera) de la comarca de Los Monegros (Revista Lucas Mallada nº 2); Estudio del efecto de un gradiente de heterogeneidad en la densidad y diversidad de las poblaciones de paseriformes de los sabinares de Los Monegros (Revista Lucas Mallada nº 8); Planteamiento de un proyecto de revegetación con plantas autóctonas como lucha contra la erosión en la comarca de Los Monegros y Características fisicoquímicas y composición de la comunidad de macroinvertebrados de dos balsas de Los Monegros (Revista Lucas Mallada nº 13).

César nació en Tolosa, Guipúzcoa y sus orígenes son diversos tanto italianos, nacionalidad que mantuvo durante treinta años, como franceses, de la región de Alsacia. Estudió Biología en Barcelona, donde vivió cerca de dieciocho años. Una vez licenciado en Biología, César consiguió una beca y realizó un curso de iniciación a la investigación en Jaca. Luego trató de conseguir de nuevo una beca para la realización de un curso avanzado de ampliación a la investigación, pero le ofrecieron dirigirle el doctorado. Así, César tuvo dos opciones para su doctorado “Estudiar los reptiles y anfibios de la península ibérica o realizar un estudio sobre las aves de San juan de la Peña”. César lo tuvo claro desde el principio, no lo dudó, su pasión por las aves le declinó a la segunda propuesta “Me ofrecieron el paraíso”.

César estaba especializado en aves forestales, de monte y montaña pero, poco a poco, iba observando aves acuáticas “Aparecían esporádicamente gansos, anatidas, limícolas…” y comenzó a preguntarse dónde iban. Algunas aves aparecían por ibones, así que debían de atravesar los Pirineos: “Entonces no había internet ni había tantos estudios, había que estudiarlo”.

En una ocasión, mientras estaba investigando por San Juan de la Peña, aparecieron unas personas que comentaron que habían visto unos nidos de garza imperial sobre los árboles en el embalse de la Sotonera. “Aquello era imposible, las garzas imperiales solamente anidan en el suelo”, así que se desplazó, junto a un estudiante-alumno, a la Sotonera a ver qué pasaba. “Había subido el nivel del agua del embalse y las garzas  anidaron a nivel del agua, al bajar el nivel, los nidos se quedaron colgados en las ramas de los árboles, sin embargo las garzas continuaron criando los pollos”. Fue el primer contacto con un humedal que tuvo y para él fue como descubrir de nuevo un paraíso.

Al poco tiempo, César recibió una carta de Gabriel Montserrat, un gran amigo, hijo del gran botánico y ecólogo Pedro Monserrat. Gabriel le dio cuentas sobre la existencia de una impresionante laguna en Sariñena: “Ven a Sariñena”. Sería sobre los años 1975 – 1976.

Pedro Monserrat tenía un hermano cura en el monasterio de Montserrat que abandonó el celibato y acabó en Sariñena, donde se casó y trabajó de ganadero montando una granja de conejos. Por eso Gabriel conocía Sariñena.  

La laguna de Sariñena, originalmente de carácter endorreica y salina, con la entrada de aguas excedentes de los nuevos regadíos fue volviéndose de agua dulce. Además, fue aumentando el nivel de agua y su tamaño anegando las tierras más próximas. Así, César descubrió un verdadero paraíso para las aves acuáticas, un gran ecosistema donde podía ver y contemplar de todo.

Una vez, en invierno, observó como el ligero oleaje llevaba gambusias (pez mosquito Gambusia affinis) muertas a  la orilla debido al frío.  En otra ocasión contempló un espectáculo dantesco, mientras un par de zódiacs  recorrían la laguna a alta velocidad, espantando a todas las aves, numerosos cazadores disparaban a discreción desde fuera “Hasta el somormujo lavanco volaba”.  También había una granja porcina que vertía directamente a la laguna.

Poco a poco, César fue encontrando los lugares donde las aves, tras su paso migratorio a través de los Pirineos, iban pasando y descansando. En el mapa militar, vio unos puntos muy interesantes: las saladas de Bujaraloz. Es en 1977 cuando comenzó a interesarse por Los Monegros y descubrirlos, los paisajes comenzaron a fascinarle: el sabinar de Pallaruelo de Monegros, La Almolda, Castejón de Monegros, Bujaraloz… “En Europa no existen estos paisajes”.

Cerca de Bujaraloz había una gran salada, César la descubrió en pleno agosto, con su Seat 600. Vio Bujaraloz y lo que parecía una gran laguna, pero en verdad no había agua, era un espejismo, pura reverberación. Después aparecieron las verdaderas lagunas saladas,  la salada de La Playa, los pequeños torbellinos que se iban formando, la soledad… César fue descubriendo las diferentes salinas de Bujaraloz.

En sus ratos libres, César comenzó a dedicar tiempo al estudio de Los Monegros, fue un pionero en esta tierra que muchos consideraban vacía. Todo lo contrario, Los Monegros se descubrían con una riqueza excepcional e única: “A medida que profundizaba me di cuenta que no solo era una intuición, sino que verdaderamente valía la pena. Sin duda un ecosistema único en Europa, irrepetible y digno de ser estudiado”.  “Nadie había estudiado Los Monegros, solo había algo de Margalef sobre las salinas”. Margalef recogió limo de una laguna de Bujaraloz, una vez en Barcelona, en una lata de sardinas, añadió agua y en invierno salió el crustáceo acuático Candelacypris aragonica (Brehm & Margalef); un invertebrado endémico de las saladas de Bujaraloz  con una distribución muy limitada y muy sensible a cualquier cambio.  El crustáceo está adaptado a sobrevivir  en seco y permanece en fase de huevo hasta que detecta condiciones  favorables para su eclosión.

Durante los años 1978-1979 la entrada de agua de sobrantes de regadíos comenzaron a aumentar significativamente el nivel de la laguna de Sariñena, anegando campos adyacentes, lo que creó una oposición por gran parte de los vecinos “Muchas voces comenzaron a pedir su desecación”. No podía ser, la laguna era una joya y había que buscar una solución “Fue una lucha importante, una movida ecologista, sin querer, que era de lógica. La laguna era una belleza, un paraíso que no se podía perder”.

Se le criticó bastante, incluso le echaron en cara que él era de fuera “¡Pa que te metes si eres de fuera!”. César solía bajar mucho para estudiar e investigar la laguna, colocar redes japonesas, anillar, identificar especies… bajaba con alumnos y estudiantes. “Impedir su desecación fue la primera movida ecologista en Aragón y de la misma manera que al final se consiguió la podrían haber desecado”. Hubo un gran debate en Sariñena donde estuvo César con Santiago Marraco y Chema Cereza, “Se politizó mucho y hubo mucho público”. Fueron años de mucha intensidad “Cuando dije la palabra pato mucha gente se levantó y me quedé sin palabras”. Santiago Marraco defendió la laguna y Eugenio Nadal, presidente de la Confederación Hidrológica del Ebro (CHE) también jugó un papel sustancial  “La CHE propuso como solución la construcción de un drenaje”. En el ayuntamiento de Sariñena hubo una tensa reunión “El alcalde Antonio Torres fue calmando los ánimos”, también estaba Adolfo Aragüés por Ansar  “Se llegó a proponer secar y retirar lodos y tierra para llenarla después”. Al final se construyó el drenaje “Está a nivel para desecarla”.

Hubo años que se realizaron cursos sobre la laguna, serían los años 83, 84 y 85. Dejaron las escuelas de Sariñena para alojarse y se recogieron muchos datos sobre la laguna, llegando a profundizar mucho en el conocimiento de la misma. A mediados de la década del 2000, César elaboró el plan de Uso y gestión de la laguna de Sariñena, con propuestas para su conservación, pues “Su estado  lleva tiempo que no es bueno, ahora las anátidas solo duermen, no se alimentan”.

“Actualmente no está bien, está eutrofizada y no permite el desarrollo de un ecosistema con biodiversidad, hay elevadas concentraciones de nitrógeno y fosforo”. Lo importante, matiza, “Todo es fácilmente reversible. En invierno, cuando el agua no es tan cara, se debería renovar. Se ha de restablecer la vegetación acuática, recuperar los patos buceadores, porrones, fochas, pato colorado… que se alimentan de vegetación acuática. Si se recupera volverá a ser un buen ecosistema.”

César recuerda ver el antiguo muladar en las inmediaciones de la laguna, con los esqueletos de las mulas. Ahora el carrizo ha ocupado todo, César propuso en su plan la introducción de caballos para el control del carrizo.

Para la comarca de Los Monegros hizo un plan de repoblación, crear islas de vegetación para que las mismas aves contribuyesen a diseminar las semillas por las zonas de Monegros más deforestadas por el pastoreo. “Los Monegros siempre le han tenido algo confuso, el hombre con la desforestación alargó la estepa, pues determinadas condiciones edáficas, obliga al ecosistema estepario, un retazo de las estepas asiáticas y con cierta influencia africana”. Una unión con la desecación del mediterráneo durante la crisis del mesiniense que conectó zonas muy distantes, tras la cual, “Los Monegros se  convirtió en un núcleo evolutivo activo, un laboratorio natural de evolución de primer orden”. Esta singularidad de su profundo componente asiático conforman a Los Monegros como únicos, imprescindible en su protección y conservación. Hay zonas con poco suelo, a veces de yesoso o salinos. Es un paisaje muy humanizado, profundamente agrícola.

“La sierra de Alcubierre es una preciosidad, aunque hay un exceso de pino carrasco (Pinus halepensis). Es un buen reservorio de especies que necesitan un pelín de humedad, sapos en las balsas, hay una serie de anfibios, poblaciones muy aisladas, punto de unión fauna y flora más humedad. La sierra potencialmente sería un encinar con sabinas.”

“Los Monegros estuvo a punto de ser declarado Parque Nacional”, pero al final no fue a así. César ha contribuido a poner en valor a Los Monegros, realizando un riguroso estudio científico con un enorme cariño a un territorio que ha ido descubriendo. César supo poner su mirada en un desierto que resultó estar lleno de vida, Los Monegros no pueden entenderse sin él y siempre hemos de estar agradecidos a un gran científico y ecólogo, gracias César.   

El reloj de Francisco Castells Encontra


El reloj es una de las muchas pertenencias que los nazis robaron a prisioneros del campo de concentración de Neuengamme. Una pertenencia que espera que los descendientes de Francisco Castells Encontra lo reclamen y recupereren, un ejercicio de justicia y reparación.

Francisco Castells Encontra nació en Sariñena el 6 de noviembre de 1897. Hijo de Clemente Castells Salazar, natural de Zaragoza, y Julia Encontra Bastaras, natural de Huesca.

La familia  vivió durante un tiempo en Sariñena en la calle del Horno. Su padre Clemente trabajó como Auxiliar de la Quinta Ejecutiva, de la agencia Ejecutiva. Por línea paterna su abuelo era Clemente Castells Bofill de Barcelona y Dolores Salazar García de La Almunia de Doña Godina, Zaragoza. Por línea materna sus abuelos eran Andrés Encontra Pueyo, natural de Huesca y Juana Bastaras Lapiedra, natural de Huerrios, provincia de Huesca.

Tras la guerra, Francisco debió de exiliarse a Francia donde acabó en el campo de refugiados de Saint Cyprien (Origen de deportación de Compiègne). El 18 de julio de 1944 ingresó en el campo de concentración nazi de Neuengamme con el número de matrícula 37217 y luego estuvo en los campos de Bremen-Osterot y Sandbostel, donde falleció el 2 de mayo de 1945. (http://www.aragonesesdeportados.org/)

En la página web combatientes.es aparece Francisco Castells Encontra, de Sariñena pero nacido en Zaragoza, los datos provienen de la resistencia francesa, donde además se le atribuye el alias de “Francois”. Su Acta de Nacimiento del Registro Civil de Sariñena no deja lugar a dudas de su nacimiento en la villa monegrina.

Su reloj de bolsillo, marca Omega, se conserva gracias al Servicio Internacional de Rastreo (ITS), un centro internacional de documentación, información e investigación sobre la persecución nazi, trabajo forzado y el Holocausto nazi. El reloj es uno de los 5.000 objetos personales y documentos conservados y que tratan de ser devueltos a sus descendientes, pertenencias robadas a 3.363 presos políticos del campo de Neuengamme. El reloj de Francisco es uno de esos objetos, entre los que figuran objetos de 4 aragoneses y 68 españoles (El reloj del prisionero 37.272).

Guardado durante años, por el Arolsen Archivos, Centro Internacional sobre la persecución Nazi,  tras localizar un sobrino-nieto en Francia, su reloj ha sido cedido al Archivo Histórico Provincial de Huesca llevando se a cabo el 27 de enero del 2025, Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

Relatos de raíz


www.osmonegros.com! (1)

Relatos de raíz, de ficción y con personajes históricos, famosos e inventados.

Relatos de contrastes, alegres y vivos que ensalzan a Los Monegros y a sus gentes frente a relatos de sucesos oscuros y sobre la cruel realidad del mundo rural de principios del siglo pasado y la guerra española.

Asimismo se intercalan relatos que hablan sobre la realidad social de la mujer, aquella realidad silenciada, tratando representar diferentes realidades sociales a través de diferentes mujeres en clara referencia a la obra de Ramón J. Sénder usando su titulo en femenino: El lugar de una mujer.

Una amalgama de relatos diversos entremezclados, de contrastes como la misma tierra de Los Monegros.

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Miguel chapoteaba y mojaba a Pedro y Juan, sus hermanos pequeños. Escapaban y al pronto regresaban a que Miguel les volviese a remojar. Saltaban entre las piedras y se dejaban llevar por la tímida corriente. Gritaban y reían, luchaban como grandes guerreros y se abrazaban como buenos hermanos.

La chiquillería alegraba la rivera del Alcanadre, donde muchas familias se reunían para sobrellevar el asfixiante verano. El sol era rabiosamente abrasador, los campos segados parecían abandonados y los rebaños evitaban las horas más intensas; hasta las sombras ardían.

La luz cegaba, con tanta intensidad como revivía el recuerdo de madre Catalina vigilando desde la orilla, con su cabello bajo su pañuelo azul turquesa, como el radiante cielo donde ahora se perdía su mirada. La plaza estaba a abarrotar, la gente se agolpaba y gritaba al impío y hereje con la mirada perdida. Las campanas recordaban aquellas del viejo monasterio de santa María de Sigena, donde padre Antón ejercía de notario y entre cuyas piedras tanto jugó con sus hermanos.

El sediento Alcanadre discurría mientras un olor a humo comenzaba a adueñarse de todo y cegaba el cielo azul turquesa. Pronto comenzó a sentir el calor que quemaba como nunca antes había sentido, como asfixiaba y ahogaba hasta que la circulación menor dejó de fluir. Miguel volvió a chapotear en el Alcanadre con sus hermanos aquel 27 de octubre de 1553 en Ginebra mientras Catalina lloraba a orillas del río Alcanadre.

Para Marian Hillar, Servet fue el punto de inflexión en la ideología y mentalidad dominantes desde el siglo IV d. C.. Aún más, Hillar sostiene que históricamente hablando, con la muerte de Servet, la libertad de conciencia acabó convirtiéndose en un derecho civil en la sociedad moderna.

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Su barquito, de tabla de madera, navegaba a lo ancho y largo de la balsa de la árida estepa aragonesa de Los Monegros. El pequeño capitán maniobraba su navío y desarrollaba las mayores técnicas y artes de navegación. Soportaban tremendas épocas de calma mar hasta tempestades procelosas que dejaban a la deriva la débil tabla de madera y velas de papel. El agua era salada, como el mar. Y el cierzo era el aire que arreciaba las velas en ventura de alcanzar puerto seguro.

Martín se dejaba llevar por infinitas aventuras allende los mares, orientándose en el cielo estrellado de su Bujaraloz natal, guiándose por las incontables estrellas, recorriendo de proa a popa la cubierta, corrigiendo el rumbo, longitud y latitud, señalando el norte con la brújula, manejando el nocturlabio o la carta esférica y surcando océanos en los grandes navíos del imperio.

Soltó amarras, levó anclas, izó velas y partió el joven Martín al reino de los mares desde la árida tierra monegrina. Advirtió de la diferencia entre el polo magnético y el terrestre y la desviación que había que tener en cuenta en la navegación para no errar en el destino, para mantener el rumbo reorientando adecuadamente la rosa náutica.

Fue un maestro de la navegación y, mientras contemplaba el mar, cerraba los ojos e imaginaba que al abrirlos la mar tan sólo sería un espejismo donde Bujaraloz aparecía al fondo, como aquellos días de su niñez en que era capitán de su barquito de tabla de madera y velas de papel.

Martín Cortés de Albacar (Bujaraloz, 1510- Cádiz, 1582) está considerado como uno de los científicos más importantes del Renacimiento español en uno de los campos más importantes de su siglo: “el arte de navegar”, debido a la necesidad de conocer los secretos de la navegación de altura, necesaria para impulsar los descubrimientos de la época.

Desde la agrietada y seca tierra soñó con navegar, soñó con el mar.

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Mientras desenmarañaba el áureo cabello de Luna, con su cepillo de suaves púas, Penélope recordaba aquel paisaje desértico cuya noche estrellada se le hizo tan inmensa. Un escalofrió le sobrecogió de improvisto y recorrió todo su cuerpo, electrizando el vértigo que da asomarse al pasado.

En esa tierra desconocida, Penélope contemplaba infinitas estrellas inalcanzables, alargaba su mano tratando de alcanzarlas tal y como decía su director “En estas tierras, desde Monegrillo, he tocado la luna”. Ella alargaba su mano para tocar la clara luna, estiraba todo lo que podía su brazo para alcanzar sus sueños, ser dueña de su propia odisea en el firmamento de infinitas estrellas.

Como una perla flotaba la luna en el cielo mientras la noche se cernía y ella se fundía en el cielo solitario de las tierras de Los Monegros. Una durísima jornada de rodaje esperaba, la responsabilidad de hacerlo bien, los nervios y los sueños se enmarañaban en el estómago, como el cabello de Luna que había que desenredar.

Alcanzó las estrellas y los sueños. En esas tierras, desde Monegrillo, Penélope alargó tanto su mano que solamente ella sabe si de verdad tocó la luna.

La producción cinematográfica Jamón, jamón tuvo un notable éxito internacional, catapultó a la fama al director Bigas Luna y a dos de los actores españoles más populares en todo el mundo, Penélope Cruz y Javier Bardem. Fue rodada en Los Monegros en 1992.

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Tanto por lo universal, como por nominalismo, existía una cierta controversia o disentimiento, también incluso aceptación o una ligera o profusa matización que abría nuevos escenarios dialecticos. Quizá, la palabra del maestro, curtido en la misma Sorbona, era indiscutible, pero en verdad todo debía de ser susceptible a ser cuestionado. La discusión era, en sí misma, la principal razón filosófica de su encuentro.

La discusión iba alcanzando gran intensidad entre los asistentes a la mesa, un fluido duelo dialectico confrontaba las ideas, las enfrentaba y batía en un combate sin igual, o tal vez particular. Todo concepto o teoría se exponía ordenadamente, modulando el tono y haciendo hincapié en los detalles más notables que al final se rebatían y refutaban con el peligroso arte de la palabra.

La victoria de la razón y la lógica, con su tono sereno y reflexivo se instruían, enriqueciéndose con el uso de la palabra, la moderación y el saber escuchar. Sabían guardar los tiempos y mantener los silencios. Sabían escuchar.

Intercambiaban argumentos, ideas y razonamientos y, de aquel enmarañamiento dialectico, surgían respuestas y conclusiones. Se cultivaban en el arte de la dialéctica y aprendían conversando, abriendo la mente y reconociendo la virtud de reconocer que aprendemos, que somos sabios con nuestra humildad de la lógica y la razón.

Gaspar Lax nació en Sariñena en 1487. Estudió en la Sorbona de Paris donde ejerció de maestro, fue un filósofo y matemático considerado el príncipe de la lógica, aquel que su discípulo Juan vives calificó como de ingenio sumamente agudo y de tenaz memoria

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La primavera se revelaba como un milagro en la tierra árida y seca que tanto se agrieta por la escasez de lluvias. Manuel caminaba, realizaba uno de esos esporádicos paseos que podían realizar cada cierto tiempo, aunque él, en la orden, gozaba de cierta libertad por la delicadeza de su trabajo y obra. Daba sus pasos contemplando el paisaje, con la sierra al fondo y las florecillas en los marguines del camino y los campos. Los colores, los intensos y brillantes colores que pincelaban cada palmo de tierra alegraban el alma, una composición inigualable que regalaba la naturaleza.

Era un momento vital, de abandonar el retiro y coger perspectiva con los amplios horizontes. También de distraerse, aunque en verdad nunca lo conseguía. Siempre estaba con sus ideas para continuar pintando las paredes, bóvedas y cúpulas. Reflexionaba sobre realizar una inscripción en lo más alto de la cúpula principal, como un secreto difícil de descubrir. Cavilaba lo tanto que le agradaría que Francisco de Goya aceptase su invitación y viniese a contemplar su obra. Sus pinceles y murales se habían vuelto su vida.

El monasterio iba quedando alejado, nada aconsejaba ir mucho más allá, nunca se sabe y hay muchas historias de bandoleros que advertían prudencia. Se acercó a la fuente, un oasis que emanaba vida. Meditó sobre los colores y su paleta de pinturas, recordando las florecillas del campo y las flores de su jardín. Su brillo, pensaba Manuel, su brillo.

Pronto regresó en calma a la paz y al inviolable silencio que aguardaban los muros del monasterio de la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes. Volvió a su retiro, su pequeño paseo había sido su vuelta al mundo mientras el monasterio continuaba inamovible e inmutable. Manuel entró en el cenobio contemplando y redescubriendo sus composiciones pictóricas, sorprendiéndose como si fuese la primera vez.

Fray Manuel Bayeu concibió un vasto programa iconográfico para la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes. Entre 1770 y 1780 plasmó su obra en más 250 composiciones de pintura al fresco, siendo un conjunto artístico extraordinario de absoluta belleza.

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El lugar de una mujer

Caminaba como siempre, por las calles de toda la vida, sin esquivar las tantas miradas hirientes que le acechaban, sin inmutarse de los cuchicheos que despertaba a su paso o las nunca tan infantiles burlas que siempre le decían. Caminaba junto a sus inseparables perros, sus incondicionales, a quienes también convirtieron en objeto de mofas e incluso hasta de algún intento de agresión. Era lo fácil, atacar a lo débil, a lo indefenso, siempre lo más fácil.

Fueron muchos años en el pueblo que la vio nacer, donde sus sueños e ilusiones fueron disipándose en una oscura niebla que la fue aislando completamente. Casi sin poderlo entender comenzaron a no aceptarla, casi nadie la saludaba, ni preguntaba qué tal y si estás bien, un pequeño gesto de cariño, una sonrisa, una complicidad… casi nadie se paraba a hablar con ella. Incluso le apartaban la mirada o trataban de no cruzarse con ella.

La gente la evitaba, murmuraban, chismorreaba a su paso, -¡allí va!, -¡mírala!. Poco podía hacer ella, estigmatizada, una mujer soltera y envejecida que se había convertido en objeto del cachondeo y pitorreo de la chiquillada del pueblo.

Le había quedado una mísera pensión y casi no podía vivir, merodeaba los contenedores y sus ropas se volvían andrajosas. Fumaba como queriéndose ocultar en esa niebla que tanto la aislaba. Solamente en su casa, anclada en el tiempo, se refugiaba con sus perros, gatos y plantas.

Caminaba como siempre, acostumbrada al desprecio y a la miseria que le habían condenado. Pero siempre fue fuerte y dura, siempre caminó erguida a pesar de la curva de la edad y el peso de la vida, siempre hubo gente buena, siempre hubo quién se preocupó, siempre hubo un mundo por el que continuar caminando.

Ella tenía muchos nombres, la de muchas mujeres vulnerables que sufrieron marginación y el desprecio de la sociedad. Ella tenía sus motes, su nombre daba igual, ya no era ella. Igual que borraron su nombre tras la guerra y obligaron a sus padres a ponerle otro nombre. Se llamaba Libertad.

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La edad, forjada en tantas batallas, hace ya tiempo que reclamaba su cuerpo. La naturaleza hace mortales a todos los hombres y no hay reino que ampare la inmortalidad más que la memoria que la perdura.

Alfonso había conquistando Los Monegros y las tierras al sur de la sierra de Alcubierre avanzando imparable hacia el este. Atrás quedaban tantas batallas, desde la conquista de la Madina de Siya y la de Saraqusta a sus enfrentamientos contra leoneses y gallegos y sus luchas de poder entre los diferentes reinos. Se había adentrado por tierras de al-Ándalus, por la taifa de Valencia, como hizo de joven apoyando al Cid, hasta alcanzar Granada y llegar a cercar la misma ciudad.

Ya lo había presagiado antes que los bearneses y gascones de Gastón se retirasen sin blandir la espada contra las guarniciones musulmanas, mucho antes de renovar su testamento en el lugar de Sariñena, antes de adentrarse de nuevo en el fragor de la batalla. Mucho antes de sentir el templado acero hiriendo su cuerpo.

Ya sabía de su suerte cuando, por última vez, sitiando la fortaleza de Fraga, gritó Deus lo vol, Junto a sus quinientos caballeros aragoneses que acabaron derrotados por los almorávides al mando de Avengania.

La inmortalidad ya no le pertenecía, solo su herencia continuaría grabada a fuego y sangre en los anales de la historia  de la vieja tierra del Reyno d´Aragón.

Alfonso I El Batallador, rey de Aragón y de Pamplona entre 1104 y 1134, murió por las heridas de guerra el 7 de septiembre de 1134 en Poleñino y, posteriormente enterrado, con todos los honores, en el castillo de Montearagón.

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Como todos los días, Asun ha salido a escobar la calle, al tramo que corresponde a su casa y que toda la vida se ha ido encargando de limpiar. A veces coge un poco de agua, con el pozal, y rugía la calle antes de escobarla, para no levantar mucho polvo.

Asun mira su casa y ve las grietas que se han ido formando, como un espejo donde las arrugas de la edad van quedando reflejadas. Las otras casas de la calle aparecen tristes, hace tiempo que no vive nadie y han ido a peor. A José, el Basto, hace un par de años que se lo llevaron a la residencia, Josefa la Cañicera murió hace un año y poco menos hace que también murió Matilde.

En la calle tampoco quedan muchos, se había quedado el hijo de Francisquer, pero al final marchó a vivir a Huesca y baja muy de vez en cuando. Al final de la calle está María, la de Antonier, tiene una chica que la va a cuidar, pero ni sale de casa, hace mucho tiempo que ni se ven.

María Victoria, la sobrina, va trayendo todo lo que necesita y le hace una compra semanal. Llama todos los días  para saber qué tal está y si le falta algo, es un cielo. Asun siempre la espera cuando sabe que va a venir y la despide con un eterno abrazo y muchos besos cuando se va. Al pueblo hay que venir de propio, no hay gente de paso y casi nadie viene.

Aún mira Asun al portal de Matilde esperando encontrarla con su alegre sonrisa, ver la acera escobada todas las mañanas, las macetas llenas de hermosos geranios y la silla de tomar la fresca por las noches veraniegas. Pero la calle está desierta, a veces pasa un coche y cuando se ve alguien resulta extraño, incluso a Asun le da miedo y rápidamente se resguarda en casa.

Asun se va a acostar, la calle permanece silenciosa, pocas casas quedan con vida y apenas llegan a la media docena de vecinos. Sin escuela, tienda bar… y el médico una vez por semana. El cura ya no viene ni a hacer misa, solo para las fiestas, cuando aún vuelven los muchos que marcharon.

-9-

La noche era fría, una de aquellas noches que te aprietas con todas tus fuerzas, recogido y envuelto en ropas haraposas que ajustas y ajustas para tratar de no dejar escapar el poco calor que aún conserva tu cuerpo.

A la intemperie no tenían nada para calentarse, ni para alimentar un fuego que también agonizaba de hambre y moría de frío. La tierra era seca y árida, las noches heladoras congelaban los maltratados cuerpos y te hacían tan ínfimo como insignificante en un lugar perdido del mundo.

El cielo se abría oscuro dejando entrever millones de estrellas. Mantenerse humano era más importante que mantenerse vivo, musitaba Eric para sus adentros, en el sobrecogedor silencio de la infinita noche.

Aun así, la mañana aguardaba fría en trincheras cavadas en la tierra, en la calma de una guerra lejos de casa, de la verde Inglaterra. En un mundo a veces tan inmenso como reducido a un instante y un lugar.

Eric Arthur Blair, más conocido por el pseudónimo de George Orwell, combatió en el bando republicano en la guerra Española y entre enero y febrero del 37 luchó en el frente de Alcubierre, en monte Pucero y monte Irazo.

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No hay prisa, pasete a pasete y con ayuda del bastón, poquer a poquer, va avanzando. Hace muy buena mañana y hasta la hora de comer no hay que volver a casa.

Antonier va andando por la calle hasta llegar al cruce del pueblo, allí están como siempre los dos bancos donde se solían juntar. El mentidero, bien resguardado del aire y soleado, además, geoestratégicamente ubicado desde donde se puede controlar todo movimiento importante del lugar.

Antonier se sienta en su sitio de siempre, al lado donde Manolete solía sentarse, cerca de Juan y Ramón. Luiser solía estar más de pie, se movía mucho y braceaba enérgicamente con cada discusión. Se alteraba demasiado y siempre le advertíamos que le subiría la tensión.

Ahora, a finales de primavera, estarían hablando de cómo había ido la cosecha, de los 5.000 kilos por hectárea que cogía Luiser y que siempre se enfadaba cuando le llamaban fanfarrón. Hablaban del tiempo, de si iba a venir o no tormenta, de tiempos pasados y recuerdos, de lo mucho que había cambiado todo, que antes no había nada y los pueblos rebosaban vida y ahora que lo hay todo la gente marcha.

Pasaron los tiempos del mentidero, de cuando se juntaban todos y hablaban del pueblo, de lo olvidados que estaban y del poco futuro que había. Nosotros ya somos viejos, decían, pero es una pena que nadie haga nada por nuestros pueblos.

Antonier se levantó, apenas ha estado un rato en el banco, ya no es como antes y ya solamente queda él. A saber si mañana  le toca faltar.

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El sol rabiaba mientras el rebaño pacía por los resecos rastrojos. Entre tanto, bajo la imponente sabina, cavilaba el pastor, mascullando palabras líricas que iba entrelazando, hilando en un relato de acontecimientos teatralizados, con gracia y maestría, con elegancia y sabiduría.

Qué decir que aprendió de los grandes maestros, pastores que le antecedieron en el arte de los dichos, loas y motadas, de la tradición y herencia del mayoral que a buen orgullo siempre portaba.

Con su palo y morral lleno de versos, de sucesos, alcagueteríos y alparceríos, lo que ayer le sucedió a Pascualer y lo que le pasó a Fermín hace días, iba tío Juaner cavilando mientras apacentaba el ganau. Las virtudes de la paciencia, serenidad, observancia, reflexión y la sabiduría heredada con total convivencia con la naturaleza.

Al final se había enterau, resultaba inevitable, enseguida le contaban todos los chismorreos del lugar de Pallaruelo de Monegros y redolada y tío Juaner componía versos para recitar a viva voz, como verdadero juglar en la plaza mayor para el gran disfrute de sus convecinos.

Volverán a sonar los versos cada fiesta mayor, igual que el gaitero pretará el codo y hará vibrar su gaita y los danzantes bailaran con entusiasmada devoción al santo patrón. Repiquetearan las campanas y chocarán con fuerza los palos, sonarán los cascabeles y olerá albaca. Volverá el mayoral, con su firme planta, a recitar su arte sin igual, llano del pueblo y culto como el mayor de los poetas.

Sus versos efímeros volverán a sonar, pues no hay más grandeza que hacer felices a los que te rodean.

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Una sensación de desorientación se le apoderó, todo era humo y polvo, cascotes y tierra, un silencio completamente sobrecogedor; más bien no oía nada hasta que los gritos comenzaron a resonar por todas partes.

Aturdida, todo se movía lento a su alrededor y un dolor, como ajeno al principio y a la vez insufrible después, cogía fuerza a la vez que Elisa iba reaccionando y comprendiendo la situación. Una tremenda explosión les había sorprendido, la más maldita de las pesadillas cuyo único despertar era la muerte, cadáveres entre los escombros, cuerpos destrozados y heridos ensangrentados deambulando sin rumbo ni sentido.

Unas voces se pararon, le gritaron, le tocaron la cara, le agitaron los brazos y palparon su joven cuerpo, tiraron de ella y la subieron a una camilla. En la ambulancia, el traqueteo golpeó incesantemente su malherido cuerpo. Pareció una eternidad hasta que llegaron al Hospital Militar de Sariñena.

Sant Andreu, sus calles, la fábrica y su casa, la esperaban sus padres: Ahora madre vuelvo a casa, vuelve mi libertad que mi cuerpo queda en el frente, no lloréis por mí, ahora vuelo en los corazones libres que luchan por un mundo mejor.

Elisa García Sáez murió en Sariñena tras ser herida de muerte en el frente de Tardienta. Con tan solo 19 años, fue una de las muchas mujeres que lucharon contra el fascismo. La leyenda de su tumba fue borrada durante el franquismo hasta que en el 2013 se consiguió recuperar: Muerta heroicamente, luchando contra el fascismo, en el frente de Aragón, sector Tardienta.

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Lorién ha salido a dar una vuelta por el pueblo. Con su bicicleta ha recorrido las calles y ha saludado a María, estaba entretenida dando de comer a los gatos, también ha saludado a Pedro,  iba a regar el huerto.

Lorién ha llegado hasta el pequeño parque y se ha distraído con los columpios y el tobogán, después ha chutado varias veces a la portería, acertando casi todas las veces, todas menos una en la que ha aventado el balón, tan lejos, que por poco cae en la acequia. Luego ha ido hasta la balsa, se ha dedicado a tirar piedras tratando hacer ranetas y las piedras han brincado una y otra vez hasta hundirse en el agua.

Ha vuelto a recorrer las calles del pueblo, ha pasado por la plaza y se ha sentado un rato en el banco. Volviendo a casa se ha cruzado con Jacinto, volvía con el tractor con el chisel enganchau. Los gatos de la señora María se han espantado al verle pasar de nuevo con su bicicleta.

María siempre con su gran sonrisa saluda a Lorién, dice que es la gran alegría y es una pena, es el único zagal del pueblo.

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Los zapatos brillantes, el traje impecable y elegante, aseado y bien repeinado. Un joven Pedrito es objetivo de interminables e insufribles cumplidos, besos, abrazos y arrumacos por parte de su familia. Hoy es un día muy importante para el pequeño Pedrito, sus padres se sienten muy orgullosos de él. Pedrito se va haciendo mayor.

Ya repican las campanas, tocan a misa y todo el pueblo se vuelca en una celebración tan especial. Además es 15 de mayo, día de San Isidro Labrador que celebran con gran devoción en estos pueblos del secano altoaragonés.

No llevan mucho tiempo aquí, en Poleñino, y tampoco estarán mucho más. Viviendo en un pueblo tras otro es difícil adaptarse, no da tiempo. Llevaban desde el verano y a padre Antonio le quedaba poco trabajando en la fabricación de canales, tubos y soportes de fibrocemento para los nuevos sistemas de regadío de la zona. Pronto emprenderán la marcha a un nuevo destino.

Pedrito está espectacular con su traje. La gente se agolpa en la plaza para entrar a su iglesia que destaca por su torre mudéjar sobre una nave principalmente barroca. Es el día de su primera comunión, pero Pedrito ya estaba haciendose mayor y su mente se abría a un increíble abanico de colores en una España gris. Pronto sus sueños y su arte, también forjados en un lugar de Los Monegros, florecerán y brillarán con tal fuerza que nos deslumbrarán.  Al final, su verdadero destino.

Pedro Almodóvar comulgó en Poleñino el 15 de mayo de 1958.

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Padre nuestro que estás en los cielos… Eduardo recitaba en voz baja, titubeando, santiguándose una y otra vez, repetitivamente, en un claro gesto tremendamente nervioso. Nunca antes había tenido tanto miedo, aterrado, completamente aterrorizado.

Sumido en el profundo miedo, su corazón se aceleraba, con taquicardias, le flaqueaban las piernas y amenazaban con dejarle caer al suelo. Sudaba, mantenía los ojos cerrados, no quería mirar, rezaba medio balbuceando mientras le gritaban que su dios no le iba a salvar. Su garganta se secaba, se paralizaba, su mente se volvía borrosa, erraba en la oración una y otra vez.

Eduardo volvía a comenzar de nuevo su rezo, incapaz de terminarlo. Una ceremonia, simplemente una misa, su encuentro con Dios había sido su delito. Se lo habían dicho, lo sabía, pero ya no importaba ante el pelotón que estaba a punto de fusilarlo junto a otras personas.

Tan solo una misa, escondidos en una casa, ni mosén Pedro lo sabía, -que mal podían hacer-. Eduardo volvió de nuevo a rezar mientras estaban a punto de dar la orden de disparar, ya iba a acabar todo, llegaba a su fin. Susurró sus últimas palabras mientras una ráfaga de balas apagaban su miedo -Por todos los siglos. Amén-.

Eduardo Colay Biarge, sacerdote coadjutor de Sariñena fue ejecutado a los 24 años de edad, el 28 de julio de 1936, junto a otros 12 hombres.

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El lugar de una mujer (2)

Marisa, la mayor, se había quedado para contribuir en las faenas de la casa y ayudar a su madre Catalina. Los pequeños Juan Antonio, Manolito y María Teresa daban mucho trabajo,  además estaban los abuelos, ya mayores, y requerían muchos cuidados. Eran muchos en casa y no llegaba para todos, muchas bocas que alimentar, decía padre Antonio cada vez que llegaba del campo.

Raquel era la segunda, quería estudiar y andaba siempre leyendo libros, cosas de chicas pero ya iba tocando ser toda una mujer y olvidarse de esas cosas. Asimismo tonteaba mucho con Alfredito, el hijo de la Miguela, y estaba dando mucho de que hablar;, no lo podían permitir.

En casa de los Sabinos necesitaban una chica para servir y Antonio ya había hablado con don Jesús. Tras la cena, cuando ya todos dormían, reunieron a Raquel y le comunicaron que mañana comenzaría; que pronto por la mañana preparase las maletas que madre le acompañaría.

Le daban alojamiento, comida y si se portaba bien le darían alguna paga, -seguro que será buena chica y se portará bien-. En seguida le dejaron las faenas claras y los horarios, los domingos a primera misa de la mañana, con las otras chicas, y luego pronto a la casa a hacer las faenas. Por la tarde, los domingos, unas horas libres para ir a ver a la familia.

Para Raquel fue duro, en todo el día no paraba, incluso no podía salir de la casa más que cuando le mandaban alguna compra o recau. No podía ver a su familia, ni amigos y de Alfredito ya podía olvidarse. Debía vigilar sus amistades, era una casa buena, de reputación y tenían que saber con quién iba y se veía.

Llevaba unas semanas y como cada noche se refugiaba en su pequeño cuarto, le costaba conciliar el sueño, no conseguía acostumbrarse. Pero una noche, de repente la puerta de su habitación se entreabrió y una sigilosa sombra entró en sus aposentos. La sombra se recostó a su lado y le susurró que guardase silencio, que si se portaba bien no le iba a hacer daño. Era don Jesús, el señor de la casa.

Raquel nunca se atrevió a decir nada, se lo guardó, a pesar que tuvo que contenerse de no ir llorando a contárselo a madre Catalina. Solamente a los pocos días se lo contó a mosén Julián, a quien no le extrañó, dijo que don Jesús era una gran persona y muy respetable, que se había preocupado mucho por ella, que lo mejor era no darle importancia, callar y olvidar, ser buena chica y así las cosas irán bien.

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Extendió su brazo y la mano recorrió la arrugada piel, su tacto, tan familiar, su olor, ¡tantos sentimientos venían a la mente!. Hacía tiempo que no la visitaba, que no la venía a ver, estaba cerca, pero el día a día hace que nunca sea el momento, que nunca vaya bien.

Hoy ha sido el día, Miguel se ha acercado y, tal como se aproximaba, un escalofrió ha recorrido su cuerpo. Se ha quedado mirándola, de frente, helado sin saber que decir; son tantos recuerdos que es inevitable dejar escapar una lágrima entre melancolía y alegría.

Ha extendido el brazo y la mano ha palpado su anciano cuerpo, su corteza agrietada de color ceniza claro, ha tocado sus ramillas de diminutas hojas, ha cavilado bajo su atmosfera acogedora y protectora, testigo de tantas historias y secretos que aguarda en sus longevas entrañas. Ha sentido hundirse en sus raíces.

La sabina permanecía como siempre, muchas veces acudió Miguelito con yayo Pascualer, cuando le mostraba orgulloso la enorme sabina donde tantas veces se había resguardado, mientras apacentaba el ganado, cuando el sol abrasaba implacable, el cierzo arreciaba con fuerza o el cielo se desplomaba en espectaculares tormentas.

La vieja sabina permanecía, era parte del abuelo Pascualer, de su memoria. Hacía tiempo, mucho tiempo ya que no la venía a ver.

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Conchita y Margarita se apretujaron fuertemente en el suelo, en un rincón del amplio salón de la pudiente casa de los Sabinos. Su madre Leonor no paraba de gritar, mientras la señorita Raquel las protegía con su cuerpo y trataba que no escucharan ni viesen nada de lo que aquel día sucedía.

Varios hombres armados registraban la casa, se llevaban objetos, ropas y muebles, buscaban joyas y dineros y amenazaban a don Jesús y a la señora Leonor. Todo lo religioso lo tiraban por la ventana, muchos se marchaban con comida, bebida, pertenencias… y otros se burlaban con las buenas ropas que tenían. –A fusilar, te vamos a fusilar- gritaban embravecidos los hombres armados.

Raquel no soltaba a las niñas Conchita y Margarita, las abrazaba con todas sus fuerzas, temblorosa y con los ojos llorosos. Un hombre se acercó y les susurró que estuviesen tranquilas, que a ella y a las niñas no les iba a pasar nada. Era el Alfredito, pero parecía otro, hacía por lo menos dos años que no se veían.

También estaba Marquitos, el de tía Paca, parecía el más tranquilo y andaba tratando de apaciguar los aireados ánimos que reclamaban muerte. Estaba con otros del comité dejando claro que a nadie se le iba a hacer nada y que don Jesús tenía que ir, como todas las personalidades de derechas, a la cárcel municipal. Era lo mejor, les dijo Marquitos a don Jesús y a la señora Leonor, la única forma de evitar que le fusilen en cualquier momento.

Conchita y Margarita no entendían nada, se llevaban a su padre y la casa quedaba destrozada. Para las jovencísimas niñas la guerra les había golpeado sin tener un porqué. Raquel se quedó con Conchita y Margarita y con la señora Leonor, ahora era libre, pero prefirió quedarse con ellas, no las iba a dejar solas.

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El mal sueño de Camilo

Despertó confundido, como si hubiese perdido el sentido y estuviese tendido en el suelo, con el dolor de un golpe seco en la nuca y metralla de una granada laffite clavada en el pecho. Había habido silencio, la guerra era como un vacío hasta que los vuelos de los pájaros se volvían balas  que rasgaban el cielo buscando la muerte.

Como una pesadilla, Camilo se despertó de los barrancos de la desnuda y agría sierra de Alcubierre, de la paramera donde crecía el esparto y vivía el escorpión y el alacrán, la víbora y la tarántula.

La muerte es dulce; pero su antesala, cruel; decía Camilo. Despertó, esta vez, sin ser herido. Tampoco le produjo mucho dolor antes de ser evacuado para ser hospitalizado en el hospital militar de Logroño, en la popular Industrial.

Camilo despertó de su mal sueño, de la pesadilla de la guerra que vivió con apenas veintiuno años. Se despertó de su mal sueño, de la siesta en su cuarto repleto de estanterías rebosantes de libros, de esa colmena social de letras entrelazadas en prosa.

Camilo José Cela y Trulock​ (Iria Flavia, 11 de mayo de 1916-Madrid, 17 de enero de 2002), combatió en el frente de Aragón, por las posiciones cercanas a Farlete, dejando constancia en su obra “Mazurca para dos muertos”.

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El lugar de una mujer (3)

Manchadas de negro regresaban por el camino, con el sudor en la frente que se volvía oscuro, negro, al contacto con el polvo del carbón que les había ido tiznando a lo largo de la mañana. Mineras monegrinas, de polvo, viento y sol, sin casco, ni pico, ni pala, ni lámpara de carburo; mineras de intemperie, sin galerías ni túneles, mineras sin mina.

Regresaban portando sobre sus espaldas el triste carbón que habían podido recoger, entre los raíles que parecían conducir vagonetas, buscando a lo largo de la vía de la línea férrea, por los alrededores de la estación o por la cuesta que tanto costaba subir a los trenes dejando entre caer alguna que otra vigueta de carbón.

Los maquinistas hacían sonar la bocina al paso de los convoyes ferroviarios, su traqueteo y el ruido del metal sobre metal, el suelo tembloroso y el olor a humo, a carbón quemado. Mujeres recorrían  las vías entre los cagafierros, los restos de carbón consumido que escupían los trenes. Mozos fogoneros les echaban alguna vigueta sin quemar y algunas mujeres se lo disputaban porque la vida les iba en ello. Los maquinistas hacían sonar la bocina, aún no hacía mucho que murió Josefa, la Royeta, arrollada por un tren que no vio venir. Aún había una pequeña cruz de madera, hecha con dos palos y una cuerda, que recordaba el lugar y el fatal atropello.

La estación rebosaba vida con el ir y venir de viajeros, maquinistas, operarios varios y las mercancías. Algunos se movían cuidadosos y recelosos con el escurridizo estraperlo que burlaba las fuerzas del orden y permitía sobrevivir, igual que el carbón que portaban sobre sus espaldas aquellas mujeres que, manchadas de negro, regresaban por el camino. Regresaban al pueblo con el miedo que les confiscasen su pan negro para alimentar sus hijos, en su triste margen para poder ir sobreviviendo y sacar adelante sus familias.

Durante años, muchas mujeres de Sariñena se dedicaron a ir a buscar carbón quemado a la vía ferroviaria de la estación de Sariñena. Cagafierros, carbonilla, carbón quemado… que los trenes tiraban a las vías. A algunos maquinistas/fogoneros les daban pena las pobres mujeres y les tiraban algún lingote de carbón sin quemar. Luego lo vendían y/o lo aprovechaban para cocinar y calentar las casas. Aquellas mujeres tenían que esconderse de la guardia civil para que no les confiscasen el carbón quemado, cuando volvían de la estación, que dista de unos tres kilómetros de la población de Sariñena. Pero no era al único peligro al que se enfrentaban, la vía ferroviaria resultaba peligrosa y algún que otro accidente se sucedió. Fue un medio de sustento para muchas familias en tiempos muy difíciles y duros.

Para aquellas mineras de intemperie y pan negro todo recuerdo y memoria. Mira, mira como vienen, Santa Bárbara bendita.

Puede ser una imagen de hospital y texto que dice "Arrollada por el tren Recoglendo carbonilla en la estación de Sariñena, fué alcanzada por una máqui- na la vecina de Sarifiena María Calata- yud Lapiedra, de 65 &ពិ០, que resultó con los pies y una mano seccionados. La tima se encuentra en el Hospital de Hues- ca en gravislmo estado."

Arrollada por el tren

Recogiendo carbonilla en la estación de Sariñena, fue alcanzada por una máquina la vecina de Sariñena María Calatayud Lapiedra, de 65 años, que resultó con los pies y una mano seccionados. La víctima se encuentra en el Hospital de Huesca en gravísimo estado.

Heraldo de Aragón, 5 de marzo de 1933.

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El lugar de una mujer (4)

Cristina fue de las primeras, pasó caminando entre la multitud, entre la gente del pueblo agolpada sobre las aceras, haciendo un pasillo como si fuese el día de la fiesta mayor y las damas desfilasen con sus mejores galas, regalando sonrisas entre confeti y serpentinas.

No faltaban las nuevas autoridades locales, don Jesús el alcalde, mosén Manuel y don Rodrigo, el capitán del puesto local de la guardia civil. Estaba todo el pueblo, mayores, chicos y aquellos a quienes, no hacía mucho, Cristina enseñaba a leer, escribir, materias varias… y con los que jugaba en el patio-jardín de la escuela o saludaba con gran efusividad por las calles.

Cristina se había esforzado en dar nuevos aires pedagógicos a la escuela, en modernizarla y  llegar a todos los alumnos. Trabajó con cariño afanándose en tratarlos con mucho respeto, pero también con cierta rigidez con las técnicas de aprendizaje y estudio. La jovencísima maestra Cristina se ganó el corazón de todos con su dulzura, la habían querido mucho. Fue una mujer valiente y adelantada a sus tiempos, risueña y alegre.

Cristina desfiló junto a otras chicas, entre ellas María, una buena chica que había estado con ella de enfermera en el hospital que instalaron durante la guerra. También estaba Antonia, la mujer de Marquitos, el de tía Paca, y otras mujeres del pueblo.

Cristina pasó con la mirada caída al suelo, viendo escasamente los disimulados rostros entristecidos de pena, con sus lagrimas secas e invisibles de quienes habían sido sus alumnos. También vio rostros de odio cuando pasaron con la cabeza rapada, trasquilada, señaladas entre los insultos y escupitajos, humilladas y con el corazón herido y hundido en el más profundo miedo.

Cristina marchó y nunca más volvió. Tal vez en el más absoluto silencio debió ser recordada.

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Muchos hacían la ronda, recorrían los pocos bares de la localidad hasta terminar en la taberna de Nicolás. Allí se juntaban los de siempre, en un pueblo todos somos conocidos, vamos, de toda la vida.

Era tarde de vinos, la charradeta en el bar y la partida de guiñote. Algunas parejas se sentaban en las mesas, buscando algo de intimidad, mientras la barra se llenaba de hombres. Hablaban de agricultura y ganado, de caza, fútbol, mujeres… como cada domingo la tarde se iba animando a cada chato de vino.

Rodrigo trataba de no ir a los bares, evitaba ir a según qué sitios pero era su pueblo, había elegido quedarse a vivir aquí y tenía que hacer su vida. Como casi siempre solía ocurrir, cuando Rodrigo entraba a la taberna de Nicolás las típicas risas y mofas por lo bajini no faltaban, era lo habitual, se había vuelto lo normal.

Rodrigo “El palomo cojo” le llamaban, en un pueblo todo se sabe y todos somos conocidos, resulta imposible pasar desapercibido, llevar tu vida y mantener anonimato. Solo en la ciudad Rodrigo se sentía libre, andaba como uno más, sin esa estigmatización que tanto le condicionaba en el pueblo.

En un pueblo todos somos conocidos, vamos, de toda la vida.

Mucha gente se ha visto obligada a abandonar sus pueblos por la intolerancia e intransigencia por parte de la población, otros se quedaron. Todos soñaron una sociedad de respeto y libertad.

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Juan va de paso y todos los lugares son pasajeros, como él, que es pasajero entre los diversos lugares que transita. A veces ajeno a todo y otras espectador, involuntario, de una sociedad a la que ya no pertenece, de la que vive al margen.

En su camino todas las direcciones son posibles y, sin embargo, ninguna es su destino, no hay final. Tampoco hay hogar, solamente un continuo dejar atrás y olvidar. Parece que tampoco nunca hubo un principio.

Viaja solo, con sus parajes, calles y callejones llenos de contenedores, con sus cartones y noches estrelladas, las frías y oscuras noches que se hacen infinitas, inagotables como la soledad que le acompaña. Esa compañía invisible que le embriaga y le hace divagar y vagar.

Invisible transcurre por las calles llenas de gente que le ignoran o le miran con desprecio, incluso con asco, se apartan, le esquivan, le evitan… En un mismo instante y lugar se dan distintas realidades, la hipocresía les diferencia, Juan escupe y va dando tumbos por la calle, él no se esconde, ni aparenta nada, ni está sujeto a nada, ni vive en una gran mentira… la sociedad es nauseabunda, está podrida y da asco.

Juan va de aquí para allá, con su escaso equipaje vacío de pasado, durmiendo en albergues, portales y cajeros, mendigando las calles, las puertas de supermercados y las iglesias. Juan vaga por el mundo, es un trotamundos errante y sin bagaje. Va vacío de pasado  sin saber si huye o la misma vida lo abandonó.

Juan va vagando, transeúnte de un camino que no lleva a ninguna parte, parece que tan sólo va dando vueltas, errante y de paso, como una estrella fugaz en el universo de estrellas varadas. Se vuelve a embriagar, se ríe de la gente, son todos miserables, son miserables, son miserables… la calle es miserable, la vida es miserable.

La noche se vuelve dulce, el alcohol la hace dulce, el sueño se vuelve también dulce, desparece el miedo a una nueva paliza, a caer víctima de humillaciones y vejaciones. La calle es dura, cada ruido, cada paso, el frío… sobrevivir cada día es una victoria para continuar vagando, continuar caminando entre diversos lugares donde ser simple pasajero, como invisible, como el aire, libre sin destino. Libre para seguir de paso.

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Va de paso, como otras muchas veces. Es verano, hace un calor insoportable y hay un tráfico intenso, están los turismos que van a la costa, y, como siempre, los numerosos camiones que abarrotan la nacional II. El recorrido es familiar, Manolo lo recorre muchas veces, casi demasiadas y desde hace ya  unos cuantos años.

La ruta es peligrosa con su camión tráiler Escania de tres ejes y más de 20 toneladas de peso. El asfalto arde y crea espejismos, como si fuese agua. Otras veces el cierzo golpea el camión, lo sacude, lo bandea y Manolo tiene que agarrar fuertemente el volante.  Estas carreteras ya se han cobrado demasiadas vidas.

El paisaje se desnuda al pasar por Los Monegros, aparecen los horizontes que se pierden secos, áridos y medio desérticos, que evocan al oeste, donde las capitanas recorren los llanos páramos que se descubren al pasar, que invitan a perderse.

Manolo suele aprovechar para parar en alguna área de descanso, como en mitad de la nada y a mitad del camino. Siente el contraste del calor al salir del camión, pasar del frescor del interior del camión, gracias al aire acondicionado, al sofocante calor de Los Monegros, siempre cercano a los 40ºC. El área de descanso resulta un refugio, un oasis.

Manolo siempre de paso, con su camión de más de 20 toneladas de peso. Siempre atraviesa el arco del meridiano de Greenwich y el toro de Osborne de Peñalba. A veces piensa que debería conocer esta tierra, adentrarse y explorar sus misterios, de esta tierra tan familiar que tan solo le es de paso.

Va de paso, Manolo va de paso con su camión tráiler Escania de tres ejes y más de 20 toneladas de peso, atento a la carretera y a ese paisaje que tanto le atrapa y con el que tiene la deuda pendiente de perderse. De repente, un camión se le echa encima sin dar tiempo a reaccionar, no ha podido hacer nada y han acabado chocando frontalmente. Manolo iba de paso, tan solo de paso.

El tramo de N-II que une Fraga y Alfajarín es uno de los que más accidentes mortales registra cada año en Aragón. Un tramo pendiente de desdoblar que no debería cobrarse más vidas.

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Las manos duras y resecas, el sol implacable, el sudor en la frente y el cuerpo doblado. El botijo guardado bajo la sabina, a la sombra, y la comida colgada para que ninguna alimaña se hiciese con ella. Hombres y mujeres recorrían paso a paso el áureo campo, de altas espigas con su preciado grano.

El verano traía la siega, los dorados campos de cebada y trigo, de la buena o mala cosecha dependía la vida, de sobrevivir o miseria. Las tronadas hacían peligrar las cosechas y en la sierra se volvían atronadoras, asustaban a todos.

La hoz bien afilada y la zoqueta en la otra mano, el zamarro protegiendo la pierna, ir segando poquer a poquer, formando manojos. Las mujeres se cubrían los brazos para que no les diese el sol, se ponían manguitos, entonces ponerse morenas era de pobres. Con fencejos anudaban manojos y tendían las gavillas en el rastrojo, haciendo los fajos de mies.

Comían a rancho y apuraban el día, trabajaban de sol a sol. Subían toda la familia y permanecían en la caseta varios días. A la era acarraeaban los fajos de mies que cargaban en las caballerías, hacían la fagina y extendían la parva. Ataban al caballo el trillo y los chiquillos se subían al trillo para darle peso, como si fuese un trineo surcando la nieve de paja. Trillaban ayudando con la horca, desatascaban el trillo, replegaban con la plegadera, un tablón que recogía las mies, y el retabillo, especie de rastillo de media luna y sin dientes. Escobaban la era y aventaban separando el grano de la paja, el aire tenía que ayudar, porgaban, cribaban el grano y lo recogían en los costales o talegas y los mandiles con la paja.

La mirada del abuelo Paco se perdía en el amplio horizonte mientras la cosechadora devoraba el campo a una velocidad asombrosa, lo que antes costaba avanzar y ahora, sin darse cuenta, en un momento ya todo cosechado.

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La pequeña Marieta llevaba días con tos, había perdido mucho peso y solía tener sudores y fiebres. Lo más seguro, dijo al principio el médico, será un simple refriado, pues recientemente había habido algunos casos de gripe por el pueblo. Lo mejor será que guarde cama y dejar pasar unos días.

Era una familia humilde, Javier, el padre, llevaba las pocas tierras de la familia y de vez en cuando hacía alguna faena para los Sabinos. Leonor, la madre, no paraba atendiendo a sus cinco hijos, daban mucho trabajo y le consumían por completo. Ya habían intentado que la mayor marchase a servir a casa de don Jesús, de casa de los Sabinos, pero siempre decía que no necesitaban ninguna chica más.

A los días Marieta no mejoraba, y eso que habían tratado que no le faltase de nada, siempre le tocaba la mejor pizca para comer, aunque no tuviese gana, y guardaba cama rigurosamente tal  y como había ordenado el doctor. Aun así no tardó don Pedro, el médico, en volver a visitarla de nuevo, había escupido sangre, así que extrajo de su maletín su fonendoscopio y la auscultó con detenimiento. Respiraba fatigosa, los pulmones parecían dañados y necesitaba tratamiento, lamentablemente en su diagnóstico se temía lo peor, Marieta sufría de tuberculosis.

 Lo mejor era llevarla a un sanatorio para tratarla, aquí solo podía infectar a los demás, era muy delicado.  Don Pedro les recomendó un sanatorio en Boltaña, allí el clima era bueno y la ayudarían, estaba el doctor Isaac Nogueras que tenía muy buena reputación. Pero a Javier y Leonor no les alcanzaba el dinero para cubrir los gastos, la única manera era acudir a don Jesús.

Don Jesús mostró su profunda preocupación por la joven Marieta pero no podía ayudar a todos los que llamaban a su puerta. No obstante aportó una solución, que según don Jesús salían ganando los dos, le dejaba el dinero a cambio de parte de su cosecha.

A Javier no le gustó mucho la idea y menos a Leonor, ya sabían cómo habían acabado otros. Era mucho dinero para una familia humilde pero no podían abandonar a Marieta, tenían que hacer lo posible para ayudarla. Al final no tuvieron otra opción y Javier volvió a hablar con don Jesús. Acordaron que cada año Javier le entregaría por lo menos lo que de una caizada, unos siete cahizes de trigo cada año.

Tras una larga estancia en el sanatorio, Marieta regresó junto a su familia. Javier fue sacando adelante buenas cosechas, había ido teniendo suerte y toda la familia participaba en la siega. Lo malo vino después, dos años de malas cosechas y sin poder pagar a don Jesús.

Don Jesús fue muy claro, si uno dejaba de pagar los demás harían lo mismo y no lo podía consentir. Javier regresó a casa llorando, ya sin tierras  tenían que hacer las maletas y marchar, aquí ya no les quedaba nada para vivir.

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Me encantaba curiosear por su cuarto, su cama grande donde muchas noches dormía con ella, la ventana con sus largas cortinas, las mesillas, el gran armario y la cómoda. También había una silla donde solía estar, cuando estaba sola, decía que se sentaba y miraba por la ventana, así pasaba el tiempo. Entraba tanta luz que en verano había que bajar completamente la persiana.

La cómoda, robusta de madera antigua, era lo que más me gustaba mirar, tenía un espejo grande y una foto de ella joven, en blanco y negro, tendría unos 16 años, estaba preciosa. También había fotos de la boda y de toda la familia, pequeñas fotos de cada uno de los nietos y nietas. Un pequeño transistor, una a cruz y una estampita de santa Rita completaban la parte superior de la cómoda.

Siempre me encantaba abrir los distintos cajones de la cómoda, no le importaba, en verdad le gustaba que mirase entre sus cosas. Abrir aquella cómoda era descubrir a la abuela, ver sus recuerdos, las viejas postales y cartas, los recortes de periódico envejecido y papeles del abuelo. La abuela Asun recogía muchas cosas, eran los objetos de su vida guardados en aquellos cajones. Aún lado, sin poder faltar, estaba la libreta del banco y un pequeño cuadernillo con los teléfonos más importantes apuntados a lápiz.

En el segundo cajón aparecían sus escasas joyas, los pendientes de boda, algunas que otras pulseras y el collar de perlas que el abuelo le regaló en su viaje a Mallorca. En una cajita estaban las arras de la boda, trece monedas sin mucho valor más que el sentimental. También tenía un reloj, casi nunca lo usaba y siempre le fallaba la dichosa pila.

En el cajón de abajo guardaba cuidadosamente unos delicados paños bordados con las iniciales de su madre, la bisabuela Loreto. La yaya se emocionaba muchísimo cada vez que lo enseñaba, lo sacaba con sumo cuidado de la caja, su pequeño tesoro que volvía a plegar y guardar con extraordinaria delicadeza.

Cada vez que preguntaba por algo concreto, un objeto, la abuela siempre contaba una historia. Todo en la casa eran recuerdos. La casa olía a ella, a la laca con la que se arreglaba el cabello, su cocina con sus guisos y deliciosos postres y sus plantas. Desde la alacena de la cocina, con su preciosa vajilla de cristal de siempre, al cuarto de estar con su meseta de costura y costurero, a la entrada con el bastón del abuelo aún en el paragüero. La silla con la que tomaba la fresca con Matilde la vecina, la toquilla de invierno en el ropero y el cenicero recuerdo de Comarruga. Un horrible cuadro de una escena de caza en el recibidor, el reloj del cuarto estar, el jarrón del pasillo y las lámparas vintage que ahora se podrían volver a poner de moda con su aires retro. El cabezal metálico de la cama, la alfombra del cuarto de estar, el sofá chester marrón oscuro y los viejos tebeos. El hueco de abajo de la escalera, con tantos trastos, y el armario donde guardabas las tortetas y farinosos que tanto nos gustaba cuando íbamos los veranos contigo.

Todo se fue abuela, al poco que nos dejaste. La casa se vendió y se encargaron de todo, lo tiraron todo. No pude bajar al pueblo, el trabajo, los niños, la distancia… ahora me doy cuenta y ya es tarde. Tan solo el tío pasó y se llevó las joyas y algunas fotos, también los papeles importantes, ya sabes, escrituras del campo y papeles de los bancos. Todo lo demás lo tiraron, zarrios, tan solo eran zarrios que ya tanto echo de menos.

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La joven Elisa contemplaba su arqueada figura, doblada con el paso del tiempo, retorciéndose y envejecida con su piel arrugada llena de cicatrices. Parecía desafiar la gravedad y hacer verdaderos equilibrios para mantenerse en pie.

Su curvatura caprichosa, su sinuoso tronco pasaba desapercibido entre otros rectos y esbeltos, hermosos y erguidos, cuyos espléndidos cuerpos atraían poderosamente las miradas.

Su silueta, sus medidas, su brillo… sus características le hacían único y singular pero a la vez la superficialidad lo condenaba al ostracismo. Su rudo y triste vigor no alcanzaba los estereotipados cánones de belleza. Solamente Elisa lo miraba. Elisa lo estrujaba, sentía fundirse en su corteza y penetrar en su madera, fusionaba sus brazos con las ramas y agitaba las manos como si fuesen las hojas, movía los pies y los hundía en la tierra abrazando las raíces.

Feo, irregular, combado, torcido… tan solo era un árbol. Un pino que, a pesar de las muchas vicisitudes y adversidades, se había adaptado para sobrevivir, había luchado buscando la luz, compitiendo y resistiendo el tumbar del aire, aguantado los embistes y el peso de otros árboles caídos y, aun así, nunca había cejado en salir hacia adelante, hacerse un hueco en el denso bosque, en crecer hacía el cielo, soñando con acariciar el sol y besar la luna y las estrellas.

Para Elisa, el más bello de los árboles.

* Elisa es la protagonista del Diario distópico de Los Monegros.

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El repique de campanas, intenso y enérgico, anunciaba fiesta. Su sonido repetido y continuado se extendía a lo largo y ancho del pueblo y la gente corría apresurada. Se sentía hasta en los campos más cercanos desde donde venían los campesinos. Los caminos y calles eran un ir y venir de gente, con sus gritos y alborotos, tal y como un día de fiesta.

Como un día de fiesta, de celebración, las campanas de la majestuosa iglesia gótica no cesaban de sonar una y otra vez, repicando sus campanas con su toque característico de fiesta. Todos corrían a la iglesia, familias enteras con sus hijos y mayores, todo el pueblo acudía presuroso al sagrado templo.

No podía ser otra cosa, el toque a fiesta no podía fallar, pero nunca antes había sido tan intenso y enérgico. Tenía que ser fiesta, no podía ser otra cosa, mientras algunos rezaban bajo el incesante repique de campanas o se agolpaban en los muros, abrazados y tranquilizando a los más pequeños. No, no podía ser otra cosa.

Ya nunca más volvieron a sonar las campanas en aquel lugar olvidado de Los Monegros. Nunca más sus casas volvieron a echar más humo que el que acabó consumiendo su historia, nadie volvió a pasear por sus calles, ya nunca más volvieron los días de fiesta.

Nadie os llorará y aquella consumida historia dará paso a leyendas del viejo y olvidado poblado de Moncalvo. Y nunca más nadie os recordará, Virgen Vieja de Moncalvo, ni de vuestras vidas ni de vuestras piedras, nunca más volverán a sonar las campanas, ni volverán los días de fiesta. Ya nunca más…

Moncalvo

El viejo poblado de Moncalvo fue una población de Los Monegros, a escasos kilómetros de Pallaruelo de Monegros, cuya historia el tiempo borró. El pueblo quedó arrasado y sus gentes perecieron. Hoy en día solamente una pared de la vieja iglesia gótica de Moncalvo atestigua  su pasado. Moncalvo, lugar de leyendas.

A la memoria de los habitantes del desaparecido poblado de Moncalvo.

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Espero que estés bien, hace ya tiempo que no sé nada de ti, que no recibo ninguna carta, que no me escribes. Por aquí todo bien, como siempre, hasta que me doy cuenta que el tiempo ha pasado y en verdad todo ha cambiado, nada es como antes. A veces, incluso tu ausencia se me ha ido volviendo como algo normal, como acostumbrándome a que ya no estés conmigo. Hace tiempo que nadie pregunta por ti, ni dicen tu nombre, incluso hay días que casi ni me acuerdo que aún tienes que volver. No hay recuerdo que el tiempo no borre ni pena que la muerte no acabe, decía Miguel de Cervantes.

Aún miro el buzón con la esperanza de volver a encontrar una carta tuya. Sin embargo nunca hay nada, ninguna respuesta, ningún sobre que lleve tu nombre. Aún se me encoge el corazón y se me para la respiración cada vez que llaman a la puerta, aún sueño con verte aparecer, aún tengo esperanzas porque me es la única manera de sobrevivir.

Ya no escribo, tras las muchas cartas devueltas que guardo, celosamente, en el cajón del viejo escritorio de madera. Ya ni pregunto al cartero. Hablo sola a aquella foto que se quedó callada e inmóvil en la mesilla de mi habitación o aquellas otras que quedan por la casa. Espero que estés bien, que escribas y regreses pronto a casa con la misma sonrisa con la que te despediste, pues nada acaba con mi pena, ni nada borra tu recuerdo.

-31-

Todavía recuerdo cuando los abuelos solían mirar al norte y contemplar los Pirineos, para ellos era como volver a su pueblo, allá en el valle, bajo las aguas del pantano. Regresaban a sus calles llenas de vida y casas abiertas con el hogar siempre encendido, los verdes pastos, el bosque y las grandes nevadas del largo invierno. Volvían a su niñez, porque en verdad nunca quisieron regresar, nunca quisieron ver el pueblo inundado, prefirieron quedarse con sus recuerdos y continuar sus vidas aquí en el llano.

Les prometieron tierras cuando se vieron obligados a abandonar el pueblo. Aquí llegaron sin nada, les adjudicaron casa y lote de 10 hectáreas de tierra para cultivar. Los comienzos fueron duros, muy difíciles, solamente el esfuerzo y trabajo les hizo salir hacia adelante. Pronto fueron haciendo pueblo, las puertas de las casas se fueron abriendo para todos, era su nuevo hogar y se llenaba de vida y futuro; con los zagales y zagalas correteando y jugando por las calles.

Así, los yermos se nivelaron moviendo cantidades ingentes de tierra modelando el nuevo paisaje, transformándose en esplendidas tierras de cultivo. Luego llegaron las canalizaciones y el riego, el agua de aquellos malditos pantanos regaban las prosperas tierras. Algunas tierras presentaban salinidad y el cultivo del arroz les fue salvando. También tuvieron vacas de leche y por algún tiempo les fue dando para vivir.

Todo fue creciendo, los pinos se volvieron fuertes y envolvieron al pueblo, parecía un oasis frente al secarral que fue a sus inicios. Ahora es un vergel. Luego llegaron nuevas modernizaciones, las concentraciones parcelarias, el riego fijo, por aspersión o pívots, de nuevo mejor y más moderna maquinaría… y cada vez hacía faltaba más tierras, las 10 hectáreas de antes ya no daban para vivir. Continuamente se fueron modernizando, adquiriendo maquinaría que evolucionaba sin parar, aquella generación comenzaron labrando con mulos y acabaron con modernos tractores. Pronto irán solos.

Pero la prosperidad de aquellos años se vio truncada de nuevo por la despoblación, el agua que una vez les hizo abandonar sus pueblos ahora hacía falta en tierra plana. La gente joven comenzó a marchar de los pueblos y resultaba casi imposible que nadie se pudiese hacer agricultor si no heredaba las tierras.  Las tierras no serán nuestras.

Miro los Pirineos al fondo mientras contemplo por última vez las tierras antes de venderlas, cuarenta hectáreas para un fuerte empresario que ha conseguido formar una finca de cerca de trescientas hectáreas y que además tiene proyectadas granjas de cerdos. En la ciudad ya tengo mi vida, aunque de vez en cuando bajo para dar una vuelta por la casa, el pueblo cada día está más vacío y de vuestra época ya quedan pocos, muchos han muerto. Me despido de vuestra tierra, donde construisteis un nuevo hogar sin perder vuestras raíces. Adiós almendreras que lagrimas empañan mis ojos, te veo ya borrosa cuando me alejo de las tierras que nos vieron nacer y os vieron morir.

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Nieves y Petra van caminando, también van Laureana, Donata y María con alegría paso a paso, recorriendo el largo trecho que les aguarda. Hay un buen recorrido parar ir a pie, desde los secarrales rabiosos de hambres y miserias, donde el agua ahoga por su ausencia, hasta el horizonte soñado por Joaquín Costa.

Hoy son ellas, Alejandra y Magdalena que van orgullosas, Florencia y Manuela que han perdido el miedo y van decididas, van por sus familias y futuro. Son ellas, las que nunca descansan, las que llegan a todo y cuidan de todos, las que llevan sobre sus hombros el peso de sus familias y casas, como si nada, como si no fuese trabajo, invisible y silencioso.

Van a pie y también en carros, mujeres de Lanaja van sonrientes, unidas y valientes, a cada paso, haciendo camino al andar rumbo a Huesca, llevando la palabra que tanto les han negado. Mujeres que desafían, que se levantan y se ponen en pie, caminando cansadas de ver perder cosechas y sufrir el hambre que acaba erosionando la vida. Van a pie y con sus hijos a cuestas.

¡Son mujeres!, osadas y atrevidas mujeres que se revelan. Son ellas, Adela y Pabla que van marchando junto a Nicasia y Ana llegando a Huesca para ser oídas por el mismísimo gobernador. Caminando van construyendo su futuro.

Sí, han llegado a Huesca para ser recibidas por el gobernador, no han reblado y la Guardia Civil no ha podido evitarlo. A pesar de ello, han sido conducidas a las afueras de Huesca, las han subido a los ómnibus y a la madrugada las han mandado de vuelta a Lanaja. No ha podido ser, no se han podido sumar a las cerca de 500 mujeres de otros pueblos de la provincia que han ido llegando para manifestar su dolor y miseria de unos pueblos que agonizan, pueblos que se han levantado a través de sus mujeres por el futuro de sus hijos.

Felipa, Juana, Simona… son muchas las mujeres hartas de las miserias que acechaban estas tierras. Mujeres Canalistas que un 25 de febrero de 1915 marcharon a Huesca reivindicando pan y trabajo, que las obras del canal llegasen para regar los malditos y rabiosos secanos, que la pobreza y la penuria se las llevase el cierzo y el sueño de Costa se hiciese realidad. Ellas, sí ¡Ellas!.

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El agua reposa tranquila, sosegada, clara y limpia. A veces parece un espejismo, allí en medio de la nada, incluso, cuando te acercas, no puedes evitar pensar que vaya a desaparecer.  Sin embargo el agua está, aguarda en medio del desierto, entre montes yermos y secos, entre la aridez que salpica ontinas y sisallos.

El agua espera como un oasis baldío, que aprovecha y recoge las aguas de las escasas lluvias. El agua es vida y cada gota tiene su valor, cada gota importa y es necesaria. La balsa es como un pequeño mar o como un inmenso océano, con su playa de arena y arcillas compactas. Su agua dulce la podemos beber y recoger, lejos de las malditas aguas salinas que residen en pozos y en las pequeñas lagunas saladas de Bujaraloz. Algo queda de cuando fuimos mar, acaso, por ello, la buscamos, la mar, aunque aquí esté todo seco, fuimos mar.

Al amanecer van llegando, buscando el agua con sus alegrías y penas, como cada mañana. Vienen hablando de sus cosas y otras ajenas que se van sucediendo en el pueblo. La balsa es lugar de encuentro. Llegan caminando a la balsa, portando los cantaros sobre sus cabezas o cogidos por el brazo, con sus pozales asidos en sus estirados brazos.  El agua les aguarda cada mañana, les espera a la madrugada a las muchas mujeres que vienen a por ella. Vienen con el pelo recogido en un moño y cubierto con un pañuelo, la blusa, la falda larga y el delantal. Algunas cantan de la balsa buena vienes, cuanta alegría traes, que el agua es vida, como tu sonrisa cada día. Otras van con prisas por las muchas faenas pendientes, acarreando rápidamente el agua para almacenarla pronto en casa, en aljibes o tinajas, para cuando el agua escasee y cada gota reclame su pequeño lugar en el universo.

Los tiempos cambian y el agua ya no espera en la balsa, ni la luna se refleja en las noches de verano, ni le rondan cada mañana, ni cada gota tiene su valor. Tampoco vale ya su memoria, aquella que sació la sed de nuestras raíces, la que olvidamos y desaparece como si hubiese sido tan solo un espejismo.

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Violeta juega con las palabras, las junta, las revuelve y las lanza al aire, se vuelven mariposas,  revolotean en el cielo, con sus gamas de colores, brillos y tonos y vagan sin sentido ni orden.  Van moviéndose libres y su escala de notas va creando una preciosa armonía que va cincelando cada detalle del espacio, tallando una escultura que va moviéndose, como ingravitacional, aparentemente desincronizada y desacompasada. En fin, caótica.

Bailando, las palabras no cesan, se arremolinan y el viento las vuelve a lanzar al cielo donde explotan creando una incesante lluvia de colores. La imagen se vuelve introspectiva y su dinámica dubitativa hace divagar, cavilar, pensar, reflexionar…   Vuelven las palabras a explotar y en la oscuridad se vuelven estrellas en el firmamento y el infinito se vuelve rebelde y Violeta juega con él.

Violeta se detiene con las palabras, con cada una de ellas, les da vueltas, las gira y las pone tanto boca arriba como boca abajo. A veces se pierde en ellas, sobre todo con las que llevan el prefijo im- o in-, como indescriptible o imposible y en ese infinito navega en procelosos versos, en un incesante oleaje que deja a la deriva innumerables, incalculables e inverosímiles rumbos y destinos. Inmortal, Violeta sueña con surcar los vacíos con sus palabras al viento y versos enloquecidos, alzarse hasta lo más alto del cielo, virar su rumbo en la segunda estrella a la derecha y volar hasta el amanecer al mundo perdido de Nunca Jamás.

Inagotable, Violeta captura las palabras al vuelo, incluso cuando giran velozmente en un tornado y se elevan tanto que juegan a confundirse con las nubes, dándoles forma con su significado. Violeta se recrea construyendo insoportables estructuras que se tambalean, danzan en sinuosas, zigzagueantes y onduladas frases que narran leyendas inconcebibles, impensables e inimaginables. Sencillamente increíble.

En su jardín de palabras, Violeta las entremezcla, se divierte a su ritmo y sentido, ríe y llora. Se funde en el arcoíris y hace magia, colorea, descolora y vuelve a colorear la vida. Compone y a la vez jazzísticamente improvisa y confecciona melodías con sus entremezcladas palabras y versos descompuestos que juegan y bailan mientras la poesía acaba describiendo lo indescriptible y haciendo posible lo imposible.

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El paso ha dejado huella, hundiéndose en la agrietada tierra, en la corteza reseca que se abre sedienta en el árido territorio lunar. Marcial es todo un astronauta en la inmensidad del firmamento, un cosmonauta interestelar dando pasos de gigante en la historia de la humanidad.

El paisaje lunar se extiende ante Marcial y va descubriendo la piel de la tierra cuarteada, una tierra sedienta que quiere y odia a la vez el agua. Marcial va dando saltos, se eleva y aterriza levantando el polvo de la tierra que se deshace al caer. Levanta el polvo que mece el viento, como las capitanas o barrillas que recorren los bastos paramos semidesérticos.

Selene se muestra a sus pies, con sus cráteres de asteroides que impactaron sobre la superficie lunar, también hay un castillo y un dragón que echa fuego por la boca y da vueltas y vueltas alrededor de la luna. Marcial lo contempla, deslumbrándose como si mirase al mismo sol implacable en verano. Hay otros castillos que imponentes se levantan como torrollones en el horizonte, entre barrancos donde se esconde el dragón que abrasa esta tierra. Entre los surcos labrados y la tierra erosionada, arrugada con el paso del tiempo, aquel que va dejando vestigios de su pasado y va dejando su huella.

Marcial es todo un aeronauta entre planetas y estrellas, viaja a galaxias lejanas y regresa rápidamente a la tierra a mayor velocidad que la luz. Sus manos tocan la tierra, levantan la costra  y entre sus dedos se deshace. El polvo fino y claro mancha la ropa que hay que sacudirse  a base de manotazos. Mama no entiende de astronautas y viajes espaciales.

A cada paso, el pasado ha ido dejando huella, como los pequeños pasos de Marcial en su infinito espacio sideral. Ya ha aterrizado en la tierra, en un lugar indeterminado de Los Monegros, donde la luna también ha dejado su impronta y Marcial ha hundido sus pies con su sempiterna huella.

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Recuerdo su tacto rugoso y áspero, me entraña recuerdos.

Me acuerdo mucho de sus manos, arrugadas con el paso del tiempo, envejecidas con el continuo trabajo. Sus manos, sí, sus manos sobre la mesa triando las lentejas, quitando las impurezas, pasándolas de una en una de un montón a otro.  Sus manos restregando ropas a mano en pleno invierno, en el río o en el lavadero, fregando de rodillas el suelo, sacando brillo a viejos objetos de estaño u otros metales o limpiando las borrajas, pacientemente, para que estuviesen sin ningún hilo y tiernísimas para comer.

Sus manos que se curtían en su pequeño huerto, delicadamente cuidado, con su pequeña jada y las cañas con las que empalaba las tomateras y judías. Sus manos, agrietadas al agua y al frío. Sus manos que tejían y remendaban todo tipo de ropas, que manejaban el fuego y guisaban, que escaldaban y desplumaban los pollos, hacían la matacía y despellejaban conejos.

Las manos, al principio débiles, se endurecían. Pronto comenzaban a sentir el tacto rugoso y áspero del esparto que poco a poco iba hiriendo. Las manos comenzaban a escocer, se agrietaban y se abrían heridas, sangraban y dolían. Había que endurecer las manos, haciéndose al esparto, aflorando durezas y cayos que aguantaban mientras las manos entrelazaban los haces de esparto haciendo sogueta. Metros y metros de sogueta que hacían mujeres juntándose a la fresca en verano y junto al calor del hogar en invierno.

Extrañó aquellas manos rugosas y ásperas que me acariciaban, arrugadas con la edad y forjadas en la dureza que imponía la vida. Aquellas manos que tanto te definían, fuerte, extraordinariamente fuerte, invencible.  Aquellas manos tuyas que tanto sentía.

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Podría ser cualquier lugar, pero son Los Monegros, donde el sol te hace rabiar y otras veces se esconde, durante días, tras boiras impenetrables. Donde las gaitas rugen y te hacen danzar, brincar y bailar porque es un sentimiento. Sí, son Los Monegros, al sur de los Pirineos, en pleno valle del Ebro y con su sierra de Alcubierre en el corazón, como una espina dorsal, arbolada, todo un pulmón vital que nos alienta el alma.

Tierra llana, plana de paramos esteparios, secos y faltos de lluvias y a la vez labrados en fértiles campos, con claras aguas de los Pirineos, aquellos que nos contemplan desde la distancia, a los que les debemos la vida y no podemos dar la espalda. Igual nos contemplan los torrolllones, como vigías del tiempo, testigos de la erosión, de las cicatrices de esta tierra que tantos pastos albergó y tanto esfuerzo y sacrificio lidió para que sus gentes saliesen adelante.

Podría ser cualquier lugar, pero son Los Monegros, donde el arado penetra el duro mallacán, donde el cierzo siempre trata de tumbar una tozudez inquebrantable y donde reblar nunca fue una opción. Donde las casas se levantan de piedras de arena y adobas, donde el agua se recogía en balsas… donde siempre había una puerta abierta en cada casa.

También se levanta el polvo, se cierne y se posa, se revuelve y vuelve a perderse en esta tierra, que bien podría ser cualquier lugar, pero son Los Monegros. Tierra de yesos y sales, de torrollones y sabinas, de capitanas o barillas surcando paisajes, donde ser tierra de paso, como ser la nada y a la vez ser un lugar único y singular.

Tierra de sol, de arenisca y salagón, de sisallos, ontinas, romeros y tremoncillos, de esparto y yermos baldíos y cebadas y rastrojos. De sasos y barrancos escondidos, de oscuros montes desde el horizonte, de gentes humildes, con rasmia y entereza que bien podría ser cualquier lugar, pero son Los Monegros.

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Rugen las tripas mientras la abuela va dando vueltas a la sartén. Lleva su delantal y la cuchara larga de madera con la que va revolviendo a la vez que tizonea el fuego sin parar. Vuelven a rugir las tripas mientras aguardamos en la mesa, impacientes, con hambre acumulada que no ha hecho más que aumentar a lo largo del día.

Va cociéndose poco a poco, la harina entremezclada, de trigo y panizo, aquel maíz de antes de color royo, a partes iguales, cocido en agua con sal. La escasez condicionaba todo, si había algo de tocino se freía antes con algo de sebo, algún ajo y trozos de pan viejo, tostones, luego se reservaba para añadir después como portentosa guarnición. Había quien tostaba la harina en el sebo y otros la añadían una vez que el agua comenzaba a hervir. En cada casa tenían su receta, sus trucos, igual que las migas, si había chicha se echaba al plato, si no había nada, todo era más pobre. El hambre era de pobres, aquel que agujereaba el estómago y lo retorcía, aquel que no dejaba vivir, aquel que las farinetas de la abuela saciaba. El pan siempre servía, para las migas, la tortilla en trampa, las sopas de ajos y las farinetas. El pan y las patatas siempre salvaron al pueblo.

Lentamente las farinetas se van cociendo, con la paciencia infinita de la abuela, con su delicadeza y cariño que ponía con todo. Aquí se comieron plantas que no se comían en otros lugares, como borrajas y cardos, platos que ahora son una delicia. Aquel hambre se nos ha ido olvidando, igual que la sed y los sabores de antes.

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5.934 millas.

Desde la sureña ciudad californiana de San Diego, costa oeste norteamericana, las palabras pueden viajar. Desde el Pacifico al otro lado del Atlántico las palabras pueden atravesar continentes, surcar océanos y vencer exilios, traspasar fronteras y portar sueños y recuerdos a través del tiempo y la distancia. Desde San Diego, ciudad fronteriza con la mexicana Tijuana, desde el lugar del pueblo Kumiai, donde se asentaron los españoles en 1542 estableciendo, gracias al marinero y explorador Juan Rodríguez Cabrillo, la Alta California, las palabras pueden viajar a cualquier lugar.

Desde el exilio mirar atrás es como aún estar allí y a la vez sentir el tremendo vértigo de la distancia. Ramón se acercó hasta su tierra, se hundió en la profunda realidad de un hombre, de su ser, de sus raíces que le vieron nacer y crecer, a 5.934 millas de distancia.

9.549 kilómetros hasta su Chalamera natal, del Cinca, sus ripas y estepas. Un lugar cualquiera: su lugar de aquel Aragón rural profundo. Ramón soltó una risa y luego un llanto, -sin ellas la vida no tendría sentido-, quizá aquello era el exilio y la distancia, aquella distancia que solamente las palabras pueden atravesar.

Al final, las distancias son relativas ¡Qué pequeñas son mis manos en relación con todo lo que la vida ha querido darme!-.

Al siempre eterno maestro Ramón J. Sender.

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Alicia y Lucia solían esperar, se colocaban al final de la cola, con sus vestiditos andrajosos, calladas y con la mirada baja. Siempre eran las últimas y cuando no era así, al llegar su turno, eran devueltas de nuevo al final de la cola. El hambre era muy mala. Y miserable.

No se acercaban mucho las otras niñas, eran las hijas del Migueler, las que siempre tenían que cantar en primera fila el cara sol cuando entraban a la escuela, levantar el brazo y recitar las oraciones y rezos en clase de religión. Marcadas y estigmatizadas por su padre Migueler y esa maldita guerra que lo cambió todo.

Ahora mama entiendo todo, aquella realidad que no comprendíamos con Lucia apenas siendo unas niñas, unas niñas que no nos dejaron ser, marcadas como rojas, como apestadas y con la miseria en nuestra pequeña casa, como un halo denso que asfixiaba completamente.  No nos dejaron ser niñas, no nos dejaron ser.  

Solían sentarse en la mesa para comer los domingos, las pequeñas Alicia y Lucia mientras Mariana les servía un tibio plato de sopa. Ponía cuatro platos, aunque papa no iba a venir, se sentaban las tres y esperaban hasta que llamasen a la puerta. Como cada domingo, el miedo les encogía cuando entraba el capitán de la guardia civil y se sentaba en la mesa con ellas. Les preguntaba dónde estaba padre, si sabíamos algo, que no era un hombre, que era un cobarde habiendo dejado sola a una mujer y a sus hijas, que ellas iban a pagar por él. Se despedía hasta el próximo domingo, apenas había probado la sopa, más bien tomaba una cuchara, escupía y decía que era agua y, aunque el hambre nos mataba, cuando marchaba tirábamos su triste plato de sopa.

Ahora mama lo sé, sé lo que hiciste por nosotras, os eché tanto la culpa, te odie tanto mientras tratabas de ganarte vida como podías, conseguir algo de comida cosiendo, a duras penas yendo a buscar carbón a la estación o cuando te dejaban respigar en los campos recién cosechados y vendías el trigo replegado de estraperlo en la estación. Aprovechabas todo, llegabas a todo, mantenías el huerto del abuelo Pepe y en el corral criabas pollos y conejos, nos sacaste adelante, con tus manos y corazón encallecido ante tanta maldita miseria.

Papa apareció preso en Santoña y nadie lo quiso avalar, ni mosén Manuel, ni don Félix, para quien tantos años trabajó, ni para el bueno don Demetrio, que tanto miedo le dio significarse. Ni que decir de don Jesús, el alcalde, aún dijo que yo ya comenzaba a estar mayor y que quizá  podría hacerle algún favor.

Ahora mama lloro por tantas veces que te sentí llorar por las noches, aquellas solitarias y frías de invierno. Te lloró a ti mama porque padre ni aún sé dónde está enterrado, lloro porque ni te dijeron que lo habían fusilado, ni donde tiraron sus restos.  Ahora mama lo sé y parece que ya es tarde, ahora me siento orgullosa de ti, profundamente orgullosa de tu valentía y endereza, de esfuerzo, de extraordinario esfuerzo para alejarnos de aquí y tratar de tener una vida digna. Fuiste una luchadora, toda una heroína, ahora mama lo sé, nunca te vencieron, nunca te derrotaron, ni a ti ni papa, ahora os llevo con orgullo en lo más profundo de mi corazón. Ahora mama lo sé.  

A Mariana y Migueler.

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El barquito de papel iba flotando sobre un bálsamo de aceite que poco a poco iba consumiéndose. No obstante, su luz iba iluminando, como faro, en la inmensidad de la noche y su vela ardía, la del barquito de papel, que navegaba sin mar en un cielo sin estrellas.

No recuerdo oscuridades más profundas mientras el barquito iba navegando, descubriendo los rostros tan familiares y dejando entrever las diferentes partes de la estancia, revelando sus diferentes matices, sombras y penumbras.

La yaya cerraba los ojos, igual que cuando era pequeña y bajaban corriendo al refugio, las paredes retumbaban, todo temblaba, el techo y el suelo, hasta la luz de las velas titubeaba. El ruido era atronador, como cuando los truenos llegaban tras el resplandor que dejaban los rayos.

Sin embargo, mientras las continuas sacudidas no cesaban de sucederse, el barquito de papel, sin rumbo ni timonel, continuaba navegando en la procelosa tormenta de relámpagos y truenos. En la oscuridad de aquellas tormentas de antes, en las que se iba la luz, se encendían velas y lamparillas de aceite, donde un barquito de papel flotaba iluminando con su vela de fuego la entrañable oscuridad que se ceñía durante la tempestad.

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El infierno es la imposibilidad de la razón, decía Oliver Stone y en verdad, en aquel infierno, resultaba imposible hallar razón alguna, ninguna lógica para explicar un maldito número, simplemente uno más. Dejar de ser un nombre para ser un simple número.

Él era ese número, aquel cuatro mil quinientos ochenta y cuatro, aquel maldito número marcado a fuego imposible de olvidar, imposible de borrar, porque lo imposible de la sinrazón fue posible y el ser humano abandonó la razón para crear el infierno en la tierra.

En seguida lo memorizó viertausendfünfhundertvierundachtzig, un número que acabó acompañándole toda su vida, formó parte de él, aunque nunca habría querido que así hubiese sido.

Era curioso, empezaba en cuatro y terminaba en cuatro, un número de cuatro cifras, suman veintiuno, justo los años que cumplió aquel maldito año de 1941 cuando ingresó en el campo nazi de Mauthausen.  Antes había estado en el  Stalag (campo de prisioneros de Guerra) XVII-A situado en Kaisersteinbruch, Austria, cuando cayó preso tras formar parte de una compañía de trabajadores extranjeros al servicio del ejército francés. Cuatro, de la cuarenta y tres división del ejército republicano español de la que fue teniente, la suerte del cuatro, la maldita suerte del cuatro.

Dejar de ser un hombre para ser un número: 4584. Mariano le dio muchas vueltas a aquel número, a la maldita suerte del cuatro, de haber sobrevivido a la barbarie nazi, de tratar que no cayese en el olvido, de escribir sus vivencias, dar testimonio para que nunca, nunca vuelva a suceder.

Siempre es un buen momento para acordarse de ti, Mariano Constante Campo.

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La alegría y la sonrisa de Rosita no podían embellecer más al universo, las flores se volvían tan hermosas y brillantes que irradiaban extraordinarios haces lumínicos, descubriendo inmensas noches estrelladas donde soñar con cada nuevo amanecer.

Con la primera mirada Rosita ya sintió algo, su palpitar acelerado y ese sonrojo inevitable que continuó las primeras veces que se encontraron. Pronto comenzaron a hablar y a conocerse, hasta que una noche, en el baile, le pidió salir a bailar.Atrajeron las miradas, la guapa Rosita con el nuevo chico, muchos cuidaron que mantuviesen la distancia y no bailasen muy apretados ni muy agarrados.

Pronto se enteraron en casa y no sentó nada bien, hace tiempo que querían juntar a Rosita con Manolito, era buen zagal, de buena casa, muy trabajador aunque bastante basto y bruto.

Pero para Rosita su corazón solo tenía un nombre, Álvaro, el nuevo chico del pueblo y que irresistiblemente le resultaba tremendamente atractivo e interesante, culto, educado y agradable. Sus miradas mantenían una gran complicidad y, cada vez que se cruzaban por la calle, se buscaban en encuentros fortuitos hasta que comenzaron a verse a escondidas.

Padre echó las culpas a madre, no deberían haberle permitido tantas tonterías y en vez de leer debería haberse dedicado a sus tareas y obligaciones como mujer. No podían permitir que se viesen más con Álvaro. Así, Rosita, cada vez que salía, iba acompañada por uno de sus hermanos, no la dejaron sola ni un momento y mucho menos que se viese con Álvaro.

No tardaron en disponer todo para celebrar el casamiento con Manolito. De esta suerte la ceremonia fue triste, Rosita con su semblante afligido dejaba escapar lágrimas secas, con la mirada perdida y el corazón entumecido, con un dolor profundo en el pecho y un vacío hondo en el estómago. Pero al final la vida continúa, -ya lo olvidarás-, le acabaron diciendo. Rosita tuvo un chico y una chica con Manolito, se portó bien y nunca les faltó nada.

A sus noventa años, Rosita aún conserva escondida una foto de Álvaro, la mira cada día a pesar de su vida ya casi consumida. Rosita vuelve cada día a ese palpitar acelerado de su juventud, por un momento a buscar esas miradas y coqueterías por las calles, aquel juego de manos, la caricia que le apartaba el pelo de la cara y aquel inocente beso prohibido que quedó para siempre. Lloró a escondidas, Rosita lloró en silencio durante tiempos y que decir desde que encontraron a Álvaro ahorcado en la almendrera vieja del campo de Jacinto.

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Amanecer y ver la tierra desnuda, yermos, baldíos y a la vez frondosos campos de áureas espigas de cebada y trigo. El horizonte se abre y embriaga, su profundidad e intensidad, su azul inmenso y el cierzo meciendo las mies, mientras el sol abrasa la tierra donde el agua juega a ser esquiva.

Anda el poeta con su bastón y mochila, dejando huellas que son versos llenos de sentimientos y raíces profundas de amor a esta tierra de polvo, viento y sol. Anda recitando versos, festejando la tierra de antiguos baldíos y malditos estíos. Albadas a lejanía que nos acercan el pasar del tiempo, la tierra atormentada que arremete con fuerza, con rabiosa fuerza, la clamorosa distancia del olvido.

Esos versos de espigas altas y granadas mecidas al cierzo, en ese mar árido y seco, donde los pájaros no saben de sombras. Allí, ahí en el horizonte permanece eterna e infinita la sabina que un poeta irrumpió, en los resplandecientes Monegros, donde se hallaba la soledad, el silencio y el vacío.  Con la palabra hirió el quebradizo suelo, donde dejamos la efímera huella, tal y como la vida nos enseña. Algunas veces, algunas todo se sucede bajo los versos que siempre debieron ser.

Esos versos segados, dejando rastrojos, aguardando sembrar una nueva esperanza y surcar, con su suave aleteo, como el cierzo, escribiendo en el aire, su eterna libertad. Allí, ahí veremos esa tierra, pronto al amanecer querido maestro, de esta tierra hermosa dura y salvaje, donde continuaremos haciendo un hogar y un paisaje.

A José Antonio Labordeta

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Ligeramente la abrí, cuidadosamente, con esa curiosidad infantil, -¡Sorprendiéndome!-. La abrí poco a poco, tratando de descubrir los viejos secretos que entrañaba, con el vértigo del tiempo, con su olor a antaño y sus recuerdos embriagándolo todo. Fui levantando ligeramente su tapa, sintiendo como cada pequeña cosa era capaz exhalar tantos recuerdos y hablar de ti, como si hace un momento lo hubieses guardado, como siempre, a pesar de tu ausencia.

La abrí ligeramente, hasta que quedó completamente abierta, desvelando su interior encerrado. La abrí sabiendo que iba a llorar, que en cualquier momento ibas a rozar mi piel y un escalofrío recorrería mi cuerpo mientras un profundo suspiro me recordaría lo tanto que te extraño. Destapé el cajón de la vetusta cadiera hundiéndome en tu memoria, como dejándome caer en tus brazos y perderme en tu mirada.

Estaba el cojín, aquel que te colocabas sobre la espalda cuando te sentabas en el sillón del cuarto de estar. A un lado unas viejas revistas de recetas y el viejo costurero hexagonal, de mimbre, forrado con una tela clara, con florecillas rojas y un asa con una cinta azul claro. Sobre todo estaban tus telas, el tapete de la mesa redonda, la pequeña manta de invierno, la toquilla y aquel odioso traje negro que tanto nos costó quitarte.

Negro, completamente negro el vestido que llevaste cuando padre murió. Negro de luto, de viuda. Aquel negro que caía y cubría todo, que no dejaba ver la luz ni los colores de la vida. El luto caía como una condena, peor que una condena, alma en pena, cerniéndose durante años, contando los meses y los días. Chiquillas que sufrieron el luto, incluso alguna encadenó lutos seguidos, sin poder salir, sin poder hacer vida, ni poderse casar, silencio y soledad. Madres que no pudieron ir a la boda de sus hijas, nada se podía celebrar, todo era negro, oscuro como lo más profundo del vacío, como la muerte en vida, como una maldita condena.

Ligeramente, la cerré.

-46-

Le dije adiós, como si fuese un hasta ahora, luego, pronto nos veremos. Es caprichosa la vida, cuando menos te lo esperas, cuando nunca debió de suceder. Dije adiós como siempre, como si fuese todo eterno, con esa sonrisa que sabía que iba a volverte a ver. Y permanecí igual, en aquel presente, esperando que volvieses a aparecer aun sabiendo que nunca, nunca iba a suceder. Sin embargo, a veces, creo que estás de vuelta, te siento, te noto…

Dije adiós a tu ausencia, a ese universo que ahora gravita cabeza abajo, a ese vacío que reside en tantas cosas y en tantas partes. Me despedí de ti hasta la vista y, aun así, miro al horizonte esperándote, miro al infinito por si te dejas ver, por si te dejas caer.

Hasta en los abismos me pierdo, soñando con encontrarte, en la inmensidad y en el eterno piélago que tanto me confunde y no me deja saber ni quien soy.

Aunque ya no recuerdo si te dije adiós, si me despedí cuando tú ya no estabas. Ya pasó, todo pasó y contigo se fue todo lo que fuimos, lo que habíamos aprendido y todo lo que heredamos. Atesorabas la sabiduría de antes, con esas palabras únicas, con los refranes de antes, los trucos, las forma de hacer las distintas faenas, los oficios,  las recetas, los remedios naturales, las costumbres… Eras mi memoria, la nuestra, la de todos y ahora parece que no sabemos ni recordar que fuimos, ni si alguna vez nos dijimos adiós.

-47-

Va inflando el boto con sus pulmones, soplando intensamente y respirando para volver a inflar el aire a través del soplador. A la vez que va aumentando de tamaño, el aire comienza a escapar por el bordón y la bordoneta, forrados con piel de culebra, rugiendo como una fiera. Es el día grande y el gaitero está a preparado en la plaza, templando su gaita, la fiesta está a punto de comenzar.

Va con su traje, elegante, es el día del patrón, la gaita luce con todo su esplendor. Ya se disponen los danzantes y comienzan a formar bajo el mando del mayoral. Reluce el sol con toda su brillantez, replican las campanas y los danzantes se disponen en la plaza. Sus manos juegan con el clarín, mientras el codo modula el valioso aire que fluye armónicamente con sus melodías de siempre. A su toque comienzan a bailar, a golpear los palos, espadas y broqueles, atizando el suelo entre giros y volteos acompasados al replique de los cascabeles. Las mudanzas se van sucediendo ante un público entusiasta, es un día ansiado, esperado con mucha ilusión ¡Viva nuestro patrón!.

Los danzantes forman sus cuadros y bailan entorno a ellos, a la viva voz del mayoral y el rabadán, como siempre, sumido en su papel. La pastorada y los dichos, -a ver qué dicen-, -qué callado lo tenía-, -vaya barbaridad-, -¡ya sabía que al final ibas a salir en los dichos!-. Es tradición, el palpitar y sentir de todo un pueblo, olor a pólvora de petardos y la horca del diablo, la esencia a albaca, el ángel, el duelo entre el bien y el mal, la lucha entre turcos y cristianos. Todo ejecutado con tremenda pasión ¡Viva el dance! ¡Viva la tradición!.

El griterío por las calles y terrazas,  invadiendo la plaza llena a abarrotar, vibrando de emoción,  celebrando el dance, que es nuestro arte, un sentir que se ha de vivir. Resuena la gaita, los tiempos y el ritmo, las viejas melodías que se sintieron antaño y vuelven ahora a retumbar con su vieja afinación y magistral repiquetear. De nuevo las mudanzas, la torre y el degollau, preta el codo gaitero y hagamos el tarirán, ¡Viva Sariñena y su patrón san Antolín!.

2 de septiembre del 2020

José María Cabellud Novellón


Voz timbrada y fácil emisión, con buena vocalización y alcanzando notas altas como el mi y el sol sobreagudos. José María Cabellud Novellón fue un gran tenor con una enorme proyección y una prometedora carrera que tristemente se vio truncada. Pero su obra y vida dan constancia de su grandeza y así recordamos al gran tenor sariñenense “José María Cabellud Novellón”, con su viva voz resonando en la historia de los grandes teatros españoles.

Cabellud 1956

José María Cabellud Novellón

José María Cabellud Novellón nace en Sariñena el 27 de junio de 1936 en la calle Mercado. De familia humilde, su padre Francisco Cabellud Fauquer “Paco” trabaja como jornalero agrícola y es un buen cantador de jotas, sobre todo de picadillo. Paco realiza el servicio militar en Jaca, donde es testigo directo del alzamiento republicano de Fermín Galán de 1930. La sublevación le pilla de guardia, como “cabo semana”, y rápidamente es sofocada. Los capitanes Fermín Galán Rodríguez y Ángel García Hernández son fusilados mientras el resto de la guarnición es trasladada y encarcelada en cárceles de África. Al poco interceden por ellos y Paco puede regresar. Una vez en Sariñena se casa con Isidra Novellón Calatayud y tienen tres hijos, José y dos hermanas. Isidra es una de esas muchas mujeres «Carboneras» que se desplazaban hasta la estación de ferrocarril de Sariñena, distante a unos tres kilómetros del pueblo, para recoger el carbón que caía de los trenes al subir la cuesta. Luego lo utilizaban para calentarse y lo vendían para ir obteniendo pequeños ingresos.

A los doce años, José apacienta vacas ajenas y llega a realizar una trashumancia con ganado lanar hasta la montaña. En aquellos años, José gana el concurso local de jotas “Dejando boquiabiertos a los miembros del jurado”. Con quince años marcha a Sabadell a trabajar de albañil con un tío suyo, de acuerdo con una entrevista en la Nueva España. Allí, en Sabadell  comienza a dar sus primeras voces en el Centro de Arte de Sabadell, donde recibe sus primeras orientaciones gracias al tenor cómico Vicente Picó, quien le enseña trozos de ópera, zarzuela, romanzas…

Sin embargo, definitivamente José María Cabellud se inicia como tenor en Huesca. En 1959 realiza el servicio militar en la capital oscense, en el cuartel de Artillería núm. 29. Sus compañeros, al escucharlo, le animan para que cante en público sorprendiendo con su magnífica voz. Enseguida, en el mismo cuartel comienza a recibir clases de solfeo: “Estaba cumpliendo el servicio militar en Huesca. En el cuartel comencé a cantar algunas arias. Me informaron que había un maestro de capilla, a quien consideraban una autoridad en la materia. Me presenté a él. “Quiero que me enseñe”, le dije. Me miró muy sorprendido y preguntó “¿Qué quieres cantar?” “Ópera”, le respondí. “Ah, pues no vas mal encaminado”.

Al poco, José canta para el reverendo don Gregorio Garcés, maestro de la Capilla de la Catedral de Huesca que queda completamente fascinado al escucharlo y descubrir que José alcanzaba el sol sobreagudo. Aquello le da el empuje necesario para iniciar sus estudios musicales, por lo que es becado por el ayuntamiento y la Diputación provincial de Huesca. “He aquí algo que, posiblemente, no tiene par en voces de tenor. El maestro de la capilla de la Catedral, sentado al piano, obligó a José María Cabellud Novellón, a vocalizar haciendo escalas. Se eligió la primera de las vocales con cierta picardía, el maestro, fue subiendo y subiendo las manos sobre el teclado y el tenor, cantando. (Dio el la agudo, con absoluta naturalidad. Luego, el do de pecho con enorme facilidad José María no sabe respirar, cantando. Sin embargo después del do, el re. ¿Imposible, ¿verdad? Queda otra nota. Allá donde el sonido empieza a perderse: ¡¡El mi sobreagudo!! Y nuestro hombre lo dio, perceptiblemente, causando estupor en el pianista… y en nosotros. Creo, sinceramente, que se escribirá mucho y bien sobe este muchacho. Hemos sido los primeros en entrevistarle -trabajo hecho hace dos días-. Puede ser un dato para su historia. Jaime, Nueva España – 24/01/1959”.

¿Ante un gran artista lírico?

La Prensa y la radio de la capital de la provincia nos dan cuenta en estos días de la aparición de un gran artista lírico de nuestro pueblo, el joven José Cabellud Novellón. Es por lo visto de condiciones naturales extraordinarias. Si efectivamente esas condiciones existen, es deber de los organismos oficiales locales y provinciales de estudiar la forma de que las posibilidades artísticas de este joven no queden malogradas. Hemos dicho en más de una ocasión que Sariñena ha tenido en todos los tiempos individualidades destacadas. De todo corazón deseamos que los vaticinios que estos días se hacen del joven José Cabellud tengan plena confirmación.

Nueva España – 01/02/1959.

Cabellud Radio Huesca

Cabellud en Radio Huesca

No cabe duda que José María Cabellud cobra cierta notoriedad y despierta el interés de la sociedad oscense convirtiéndose en una magnifica promesa altoaragonesa. “Este joven tenor lleva unos, días actuando entre bastidores, en nuestra ciudad y está a punto de ser presentado, en público, por Radio Huesca. Siente azoramiento cuando comprende nuestros propósitos. -¡Adelante, muchacho!- Jaime, Nueva España – 24/01/1959 “. José María Cabellud mantiene amistad con Alberto Turmo, director por aquella época de Radio Huesca. Como cita la anterior noticia, José Cabellud es presentado a la sociedad oscense en Radio Huesca, donde realiza diversas intervenciones “cantó varias veces en radio Huesca y ante el general Samaniego».

Cabellud es considerado el nuevo Fleta en la sociedad oscense y así lo relata Tomas Jaime en su artículo El «sol» sobreagudo dado por la garganta del tenor altoaragonés José María Cabellud (Nueva España – 28/01/1959): “Nadie en el mundo, mientras no se demuestre lo contrario, ha sido capaz de dar, limpiamente, a pleno pulmón, una nota cuya escritura incluso está prohibida para voz humana. La historia contemporánea de este fenómeno comenzó así: José Cabellud Novellón cantaba y cantaba en la explanada de su cuartel de Artillería núm. 29, de guarnición en Huesca. Sus amigos le escuchaban, muy: complacidos.-Anda, José- Hazlo en público que te aplaudirán”. El artículo ensalza al descubierto tenor a la vez que hace hincapié en la necesidad que se inicie en el estudio y la formación:

Pero ¿quién ha enseñado a filar a este chico?, -preguntamos. -Yo lo he oído así en los discos y creo que me sale muy parecido- respondió el interesado.

“Presentado que fue al reverendo don Gregorio Garcés, maestro de la Capilla de la Catedral, se descorrió el telón de este muchacho. Una escala, dos, cinco más. El pianista, engañándole, iba  cambiando de tono, siempre ascendiendo, en vertical. El resultado fue éste: el tenor lírico acababa de dar el mi sobreagudo. Y lo que es más significativo: sin apariencias de esfuerzo.

El maestro buscó al periodista y le sopló al oído lo que creímos inconcebible. Y añadió: «Su voz es sonora, fuerte, de impostación natura. Algo que escapa a toda ponderación».

Valía la palabra del sacerdote, entrañable amigo nuestro, por añadidura. Pero, haciendo honor a nuestro nombre, le replicamos: -No creemos sino lo que vemos, en este casa concreto lo que oímos.

La cita no se hizo esperar. Tres personas en torno a un piano. El maestro en cuestión, el tenor y quien suscribe. Presintiendo pudiera ser un dato histórico, añadimos: Siete y cuarto de la tarde del lunes, día 26 de enero de 1959.

José María, para limpiar su garganta, entumecida por reciente guardia nocturna hecha en el cumplimento de sus deberes militares, inició aquella privada actuación con dos piezas, de Donicetti y de Verdi. Analizamos: José María Cabellud se esfuerza en el registro medio, más aún en, el grave, y le sirve de descanso el agudo. Para él el «do de pecho» es un recreo, una diversión, nota que sostiene el tiempo que empleamos para liar un cigarrillo.

Faltaba lo principal, lo que puede ser fundamento y base de su vida artística. El maestro, adivinando nuestro pensamiento, inició unos arpegios y, en plan de reto, espetó al militar: —Este señor duda de lo que yo sé que es verdad. ¿Quieres vocalizar, José María?

Con la «e», el tenor, obediente, empezó a cantar. Para abreviar, entonó el «la» agudo y fue subiendo, sin respirar. La, si, do, re, mi ¡Ya está! Rendidos a la evidencia, íbamos a felicitarle cuantío, sobrecogidos de emoción, el cantor siguió hacia arriba. Ahora el fa ¡¡Y el sol!!

Un sol que no fue chillido. Sol sobreagudo perfecto, lleno, sonoro, vibrante, de escalofrío. El reverendo, soltando las manos del teclado, cual si quemara el- marfil, gritó: ¡Basta, basta! ¡¡quieto!!

Los dos temimos por su suerte. José María se sonrió, desabrochándose el cierre superior de su guerrera. Estas son las primeras páginas, inéditas, de este tenor lírico altoaragonés. Cómo y cuándo y de qué modo será escrita la segunda y siguientes, no lo sé. Difícil es profetizarlo. Al despedirnos le dije: No me atrevo a decir que cantas como los ángeles, pero sí como donde… los ángeles.”

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José estudia en el Conservatorio Superior de Música del Liceo de Barcelona, consiguiendo la medalla de oro y premio al mérito del Conservatorio del Liceo de Barcelona en 1964; el premio «Julio Batlle», en 1965, para cantantes de ópera; el «Santa Cecilia» en 1966 y dos diplomas correspondientes al curso 1963-64. Acude al curso nocturno mientras continua trabajando de albañil en la obra, lo hace durante siete años de 1959 a 1966 “Desde hace 7 años, todos los días, al término de la jornada laboral, me desplazo a Barcelona para ampliar y perfeccionar estudios en el Conservatorio del Liceo”.

El 22 de diciembre de 1964, el tenor José María Cabellud es presentado en Sabadell en un concierto organizado por las Juventudes musicales de Sabadell. El acto se celebra en el salón de la Academia de Bellas Artes de la ciudad y Cabellud interpreta Arias de Marta, Tosca, Madama Buterffly, Werther y Faust acompañado al piano por José María Llorens. Aunque ya antes, en Sabadell, había realizado varios conciertos, colaborando con el centro aragonés de Sabadell, interpretando jotas en diferentes fiestas o con motivo de la inauguración del nuevo centro aragonés en 1951.

En 1965 José actua en el marco de la Fiesta de la Poesía de Huesca. En aquella ocasión estrena la jota “Monegros” una canción compuesta expresamente para que fuese interpretada por José María Cabellud, cuya letra correspondía al padre Antonio Castán y música de Gregorio Garcés. “La escribió para su do de pecho, para su propia voz” apunta Marga Cabellud, hija de José María Cabellud.

La lectura de los trabajos fueron seguidas de grandes aplausos. A lo largo de la proclamación de poetas galardonados, actuó el notable tenor don José María Cabellud, Medalla de Oro del Conservatorio de Barcelona, quien interpretó magistralmente las siguientes composiciones lírico-musicales:»Amarilli», «Seguidillas de Vives», un fragmento de «La Arlesiana», del maestro Cilea y «Monegros», cuyos autores son los reverendos don Antonio Castán, parte literaria, y don Gregorio Garcés la parte musical, quien además acompañó al piano al tenor y amenizó con magníficas interpretaciones la iniciación de la fiesta. El tenor Cabellud fue objeto de entusiásticas ovaciones, sobre todo al interpretar «Monegros», que tenía carácter de estreno.

Nueva España – 01/06/1965.

También José participa en 1962 en un homenaje a Miguel Fleta: “Como muchos no ignoran, el próximo mes va a rendirse un homenaje, en Huesca y en  Albalate de Cinca, a quien fue primerísima figura en el canto, Miguel B. Fleta, altoaragonés. En el acto musical que se prepara podremos escuchar las voces de Miguel Fleta, hijo, de una de sus hijas, del tenor Bernabé Martí, de nuestros paisanos Latre y Cabellud, y de otras figuras del pentagrama. Sepa usted, señor, qué… Nueva España – 07/04/1962.

En el concierto y distribución de premios, del curso 1964-65 del Conservatorio Superior de Música del Liceo, José María Cabellud debuta en el Liceo cantando el primer acto de Manón y Fausto. En la opera Manón de Massenet en el Liceo, participa como protagonista en el primer acto de la tercera parte, de la crónica de aquel concierto se hace eco el Diario del Altoaragón, que por aquel entonces se llamaba Nueva España: “Una voz potente y muy bella, llena de matices y calidades musicales, rigurosamente educada y capaz para el logro de todos los aciertos que la ópera exige”. También interviene con la representación de dos actos de “Fausto” encontrando algunas interesantes críticas: “José M. Cabellud “Fausto” posee una voz de grato timbre y fácil emisión y mostró valentía en los agudos, desenvolviéndose con soltura”.

Triunfo de un sariñenense 

José María Cabellud, hijo de una modesta familia de nuestra población, es un becario de nuestro ayuntamiento y Diputación Provincial, para cursar su carrera de música y canto en el Conservatorio Superior de Música del Liceo.

Finalizada su carrera con éxito, el pasado nueve de abril compareció para revalidar su título en el concierto que organizó la prestigiosa institución de la Ciudad Condal, acto al que habían sido invitadas nuestras autoridades locales, pero que, debido a dificultades surgidas a última hora, no pudieron asistir como hubieran sido sus deseos.

De la Prensa catalana, en relación con este acto, copiamos lo siguiente: «En el concierto organizado por el Conservatorio Superior de Música del Liceo, que tuvo lugar en la noche del pasado día nueve de abril, el tenor sariñenense, José María Cabellud, logró un considerable éxito al ser presentado en la tercera parte del concierto como protagonista en el primer acto

de la ópera de Massenet, «Manon». José María Cabellud, una voz potente y muy bella, llena de matices y calidades musicales, rigurosamente educada y capaz para el logro de todos los aciertos que la ópera exige, cantó impecablemente toda su parte, siendo además como intérprete un correcto «Cavaliere Des Grieux», de «Manon», desenvolviéndose con entera naturalidad en el gran e imponente escenario del Gran Teatro del Liceo. Tuvo como oponente femenina, en el también difícil cometida de «Manon» a una excelente soprano, Angeles Velasco, quien haciendo también sus primeras galas en la ópera, mostró una voz limpia, potente, dúctil y bellísima, que unida a su juventud y encanto, resultó deliciosa para este romántico personaje. El papel de «Lescaut», corrió a cargo del barítono Juan José Escoto, que cumplió bien su cometido, y en los, restantes personajes que intervienen en este primer acto de la hermosa partitura de Massenet, lucieron también muchas cualidades y calidad de voces los cantantes: Carlos Luis Casteig, Daniel Más, Carlos de Nadaí, Carmen C. Castillero, Esther Casas e Isabel Luis Calvo con la colaboración de un nutrido coro de alumnos y alumnas del Conservatorio (clases de canto y conjunto vocal), bajo la dirección del maestro Ricardo Valls, con coreografía maestro Ricardo Valls, con coreografía de Juan Magriñá, con el ballet, fino y delicado lleno de gracia que ilustra este acto de la ópera «Manon», constituyendo entre todos, una magnífica muestra de la calidad organizadora del Conservatorio. José María Cabellud, en el reparto y distribución del premio y diplomas correspondientes al último curso, obtuvo la medalla de oro y el premio «Julio Batlle», para cantantes de ópera, ganado recientemente en un concurso de canto, en el mismo Conservatorio, así como dos diplomas correspondientes al curso 1963-64. Este magno festival celebrado el pasado viernes en el Teatro del Liceo de Barcelona, donde conocimos tantas y aplaudibles facetas que han hecho el continuado éxito del tenor Sariñenense, ofreció también la posibilidad de escuchar un cualitativo concierto a cargo de la orquesta del mismo Conservatorio, que, bajo la dirección del maestro José María Roma, interpretó un programa con obras, de Weber y Haendel». Nuestra felicitación a José María Cabellud por sus éxitos.

Nueva España – 22/04/1965.

Es en 1966 cuando se le concede el premio “Santa Cecilia”, un premio que se concedía cada cinco años a cantantes de ópera que finalizaban sus estudios en el Conservatorio del Liceo. En su actuación interpreta un “Lieders” de Scarlatti, aria de “Tosca” aria de “Madame Buterfly” y un fragmento de la “Arlesiana”: “La actuación de José María Cabellud, sorprendió a los más entendidos, por la potencia y afinación de su voz y por el alarde artístico en todos sus movimientos y situaciones comprometidas en escena, que resolvió siempre con emotiva sencillez. Un aficionado con maneras de divo, esto es lo que se comentaba en el publico después de la representación” (Sabadell, 7 de abril de 1966).

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Aquel año de 1966 estrena en La Farándula de Sabadell la ópera “Manón” de Massenet acaparando excelentes críticas: ”Cabellud demostró en su brillante actuación el dominio de una técnica depurada y una fina sensibilidad” (Taule-Viñas); “Demostró las excelentes cualidades de cantante y actor. Su voz es bonita y la juega con asombrosa ductilidad pasando del falset al tono natural hasta atacar el agudo, con una limpieza que sorprende” (15 de agosto Sabadell).

Al poco, José marcha a participar en el concurso internacional de Toulouse, donde interpreta unas diez piezas, estrenando un “Ave María” que había escrito el padre Gregorio Garcés, entonces organista de la Basílica del Pilar. Manuel Ignacio Yzuel Sanz escribe en su artículo “El Ruiseñor” en la revista “Monegros”, que Cabellud queda como semifinalista en el concurso de Toulouse.

Luego continua su viaje hasta Ginebra para realizar pruebas para unas grabaciones invitado por el suizo Mr. Voltás, representante de una importante firma discográfica. Voltás lo conoce en una representación de curso del Conservatorio Superior de Música del Liceo, en el escenario del primer teatro lirico de España, donde interpreta el segundo y tercer acto de “Faust”, de Gounod. Tras unas primeras pruebas en la “ciudad helvética” Cabellud emprende una nueva aventura en Suiza.

En suiza consigue un gran éxito actuando en el Gran Teatro de Ginebra. En una entrevista en el periódico Sabadell, agosto de 1966, relatan: “Deberá cantar fragmentos de óperas tales como “La favorita”, “Tosca”, “Manon”, “Faust”, “Bohemes”, “La Arlesiana”, etc…” En la entrevista, realizada por Juan Armengol, Cabellud resalta la importancia de salir al exterior “Debo salir al extranjero, puesto que aquí es muy difícil  poder trabajar debido  a la escasez de teatros de ópera”.  Finaliza la entrevista expresando su agradecimiento a Sabadell “Que me dio la oportunidad de debutar en lo que considero mi ciudad, actuación que me ha permitido entrar en contacto con el teatro de la Zarzuela de la capital, y el gran teatro de Ginebra, donde actuaré en la próxima temporada y asimismo en la televisión suiza y posiblemente francesa”. José María Cabellud, Un gran tenor nacido en Sariñena: “Ha sido contratado para actuar en la televisión suiza”.

En la entrevista “Breve diálogo con José María Cabellud” matiza que compagina bien su carrera con su trabajo en la construcción y explica como las pruebas con la casa “Atlántida” de Ginebra fueron bien, grabando un disco con canciones clásicas españolas y dos italianas y también “Cintas para los coches”. Respondiendo a Luis Papell, Cabellud explica que difícilmente lleguen a España las grabaciones, pue la casa “Atlántida” solamente tenía corresponsales en Suiza, Alemania y Norteamerica.

“Su casa fue el Liceo, donde más actuó” afirma Marga Cabellud “Una vez actuó en la iglesia de Sariñena junto a una soprano, fue durante unas navidades y cantaron clásicos”. Su hijo Pepo acudía de pequeño a sus representaciones y recuerda como anticipaba a sus compañeros de butaca la muerte de su padre en la próxima escena, aunque bien advertía que su muerte era de mentira. También el guarnicionero de Sariñena, Ángel Royo “Ramoner” guarda alguna anécdota de Cabellud, cuando, al salir de Sariñena el tren con destino a Barcelona, solo más coger el túnel antes de El Tormillo, arranca con una potente jota para sorpresa de todo el vagón. Una anécdota que no duda en recordar a la familia cada vez que se los encuentra por la calle.Sin título 3

En 1966, José participa en el IV concurso internacional de canto Francisco Viñas en Barcelona celebrado los días del 21 al 27 de noviembre. José María Cabellud participa como tenor con el número 40 interpretando las siguientes piezas:

  • 2 arias de oratoria: Frank En ce temps là (de «Les Beotitudes») y Verdi lngemisco (del Requiem».
  • 4 arias de ópera: Cilea E la solita storia (de «La Arlesiana»), Massenet Oh! dispar (de «Manón»), Danizetti Una Vergine (de «La Favorita») y Massenet Ah! non mi ridestor (de «Werther»).
  • 3 canciones: Calleja Granadinas, Caccini Amarilli y Schumann lch grolle nicht.

En 1967 actúa, como cantante, en el Teatro de la Zarzuela, con la comedia lírica de “La Chulapona”, donde se representa por 2 meses; compartiendo escenario con el actor cómico José Sacristán. También en 1972 actúa en el Teatro Español de Madrid, con  “La gran compañía de Zarzuela Tomas Bretón”. En la temporada de 1971-1972 participa en la obra “I puritani”, de Bellini, en el teatro Liceo de Barcelona. Se realizan tres representaciones de la obra donde José María Cabellud interpreta como tenor el papel de Sir Bruno Roberton. La obra, bajo la dirección de Renato Sabbioni y director de escena Dídac Monjo, cuenta con Eduard Soto como Lord Gualtiero Valton, Carlo Micalucci como Sir Giorgio, Luciano Saldari como Lord Arturo Talbo, Vicenç Sardinero y Attilio D’Orazi como Sir Riccardo Forth, Rosa Maia Ysàs  como Enrichetta y Cristina Deutekom como Elvira.

En el anteriormente referido artículo de Manuel Ignacio Yzuel Sanz “El Ruiseñor” de la revista “Monegros”, Yzuel escribe que el sencillo y noble Cabellud recibió la oferta de actuar en la Scala de Milán, ofrecimiento que rechazó, por la dificultad del idioma.

SABADELL. — Presentación del tenor sabadellense José María Cabellud en «La Farándula», con la representación de «Moñón».

 Ha sido puesta en escena con gran brillantez en el coliseo de «La Farándula» la ópera «Manon», de Massenet. En función de gala y patrocinada por el Ayuntamiento y la Caja de Ahorros, hizo su presentación ante el público sabadellense el tenor local José María Cabellud, medalla de oro y premio al mérito del Conservatorio del Liceo de Barcelona, en cuyo teatro actuó ya con franco éxito.

Completó la pareja central de la obra la excelente soprano Lina Richarte y los cantantes Escoto, Rico, Forcada, Soto y coro y orquesta de espectáculos del Liceo.

José María Cabellud demostró en su brillante actuación el dominio de una técnica depurada y una fina sensibilidad.

Para Sabadell fue un gran acontecimiento artístico, ya que nuestros conciudadanos esperaban la actuación del gran tenor, el cual no defraudó ni un momento el interés del selecto y nutrido auditorio, que llenaba el teatro.

TAULE-VIÑAS.

La Vanguardia 7 de agosto de 1966.

Sabadell. Sesión de gala en el Teatro «La Farándula».

Por la Compañía lírica de Pablo Civil fue presentada como función de gala en las fiestas del Aplec, la obra lírica del maestro Vives «Doña Francisquita», que fue interpretada con figuras representativas de la zarzuela, y protagonizada por el tenor sabadellense José María Cabellud.

El excelente timbre de voz y la educación musical de nuestro tenor, fueron ampliamente aplaudidos por el numeroso público sabadellense que acudió a la Farándula atraído tanto por la calidad de la obra de Amadeo Vives, como por la fama justamente lograda de nuestro tenor que demostró una vez más su excelente condición de cantante y su dominio en cualquier exigencia de partitura que se le confíe.

 T. V.

La Vanguardia 18 de mayo de 1967.

Concierto y distribución de diplomas y premios en el gran teatro del Liceo.

Después de la distribución de los premios que fue presidida por un buen número de personalidades, profesores y artistas vinculados al Conservatorio, el telón del teatro se levantó para la representación de fragmentos de los actos primero y segundo de la popular ópera «Marina», de Arrieta, que tuvo por intérpretes los alumnos más aventajados de las clases de canto del Liceo.

Destacó netamente por la pureza de su voz, la soprano Julia González, aplaudiéndose también las posibilidades del tenor José María Cabellud y del resto de los solistas, con Concepción Pérez, José Cruañas, Luis Pazo y Enrique Arrufat.

La Vanguardia 7 de abril de 1968.

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En 1971 participa en la Gran Gala Lírica con “Doña Francisquita”, en Molins de Rey. En el periódico de Sabadell, en la edición del 24 de octubre de 1972, José María cabellud “El arte por vocación” aparece en portada. Una reseña que resalta su gran figura y dotes operísticos, que además de su disco publicado preparaba uno en catalán: “Mi mayor deseo -aclaraba Cabellud- es dedicar unas horas al bel canto, corrigiendo defectillos que uno tiene. Estudiando nuevas ópera, zarzuelas y canciones. Superarse, en una palabra”.

En 1973 graba un LP con el sello Palobal “Romanzas de Zarzuelas” con la Orquesta de Cámara de Barcelona con el director, J. Casas Augé. Un Lp con diez temas donde interpreta El Trust de los Tenorios, Doña Francisquita, Los Gavilanes, Luisa Fernanda, El último romántico, La Chulapona,  La Generala, El Huésped del Sevillano y Adiós Granada. (http://datos.bne.es/edicion/biso0000551461.html) El trust de los tenorios. Jota «Te quiero» / Arniches, Álvarez, José Serrano — Doña Francisquita : de la Romanza de Fernando / Romero, Fernández, Amadeo Vives — Los gavilanes. Escena de la flor / Ramos Martín, Jacinto Guerrero — Luisa Fernanda. Romanza de Javier / Romero, Fernández, Moreno Torroba — El último romántico. Romanza / Tellaeche, Soutullo, Vert — La chulapona. Romanza / Romero, Fernández, Moreno Torroba — La generala. Romanza / Perrín, Palacios, Amadeo Vives — El huésped del Sevillano. Canto a la espada toledana, Romanza «Mujer de los ojos negros» / Luca de Tena, Reoyo, Jacinto Guerrero — Adiós, Granada : granadinas de la zarzuela «Emigrantes» / Pablo Cases, Barrera, Calleja.

También aparece Romanza, “Bella enamorada”. José M.ª Cabellud. Orquesta de Cámara de Barcelona.  Dir.: J. Casas Augé© 1973, Palobal LP 4.167 (Lp).

En breve, la compañía de zarzuela del maestro Damunt en el Romea.

El Teatro Romea abre de nuevo sus puertas al género lírico español con la presentación de la compañía de zarzuela del prestigioso maestro José M.» Damunt. El debut de la compañía se efectuará el próximo día 11 de junio con la representación de la popular opera “Marina”  en función homenaje a su creador el “divo”, fallecido recientemente Hipólito Lázaro.

El reparto para la función inaugural estará compuesto por la eminente soprano ligera Carmen Dueñas, divo tenor José Rius, el gran barítono Ramón Contreras y el bajo procedente del Teatro de la Zarzuela de Madrid, Esteban Astarloa.

La compañía anuncia como reposiciones las obras catalanas «Cancó d’amor i de guerra» y «La legió d’honor» y «El pájaro azul», entre las de repertorio.

El maestro Damunt presenta en esta ocasión a un plantel de nuevos valores. Aparte de los artistas mencionados en la función de debut, figura la eminente soprano Angelita Naves y Marieli Merino (recién llegada de América), el barítono Andrés Viñas, los tenores José Cabellud y Fernando Carmona, los actores Ramón Cebriá, Tomás Sánchez, Vicente Bon, José Gil y A. Buxaderas.

La Vanguardia 1 de junio de 1974.

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En palabras de Marga Cabellud, prácticamente su padre pasa de marchar de Sariñena, con una bicicleta, para trabajar como albañil a tener su propia empresa de construcción con más de cien trabajadores. José María Cabellud no deja de trabajar como albañil y empresario de la construcción. Sin embargo, su trabajo y dedicación a su familia le hace rechazar una gira por Italia que seguro hubiese relanzado su carrera a lo más alto del mundo de la ópera y la zarzuela española. Pues, años antes, José María Cabellud Novellón había conocido en Sabadell a Pilar Val Ezquerra, curiosamente natural de Lanaja, población cercana a Sariñena. Los dos aragoneses habían emigrado por trabajo a Barcelona donde se conocen, cortejan y acaban contrayendo matrimonio. Pilar había marchado, como muchas chicas de su época, a servir en casas de la capital condal. De aquel matrimonio nacen cinco hijos: Marga, Pepo, Marta, Teresa y Pili. Algunos nacen en Sabadell y las últimas ya en Sariñena donde regresa la familia Cabellud Val.

Lamentablemente, José María Cabellud Novellón fallece en 1978 en un accidente de tráfico a los 42 años de edad.

José María Cabellud Novellón era feliz cantando, eso siempre fue lo más importante para él y así lo reflejaba “Canto porque me gusta, porque necesito cantar”. Según Marga Cabellud “Cantaba alegremente trabajando en la obra, incluso cuando era más empresario que albañil y no dudaba en coger en cuanto podía el pico y la paleta”. Su gran potencial como tenor siempre estuvo presente en su vida, pero también supo tener los pies en el suelo, con su familia y empresa, incluso llegó a manifestar que no le gustaba la vida artística “No se hace otra cosa que viajar y viajar. Canto por afición, por deporte”.

Sin duda, la figura de José María Cabellud Novellón es la de un gran tenor, una voz portentosa y extraordinaria, con una proyección impresionante pero a la vez consciente que lo más maravilloso de cantar fue disfrutar y hacer feliz a los suyos. ¡Qué su voz vuelva a vibrar como el gran tenor que siempre será!.

Todo mi agradecimiento a la familia Cabellud Val.

La plaga de langosta en Los Monegros


La plaga de langosta es la octava de las diez plagas que asoló Egipto según los relatos bíblicos de la religión cristiana. Estos acrídidos responden a un insecto de la familia de los ortópteros y su explosión como plaga ha afectado históricamente a cultivos causando hambrunas y muerte, especialmente en zonas subdesarrolladas de África. Pero en Los Monegros también se han producido plagas de langostas que repasamos descubriendo uno de los mayores males que ha padecido esta tierra.

Langosta

Los Monegros están considerados como una de las cinco Zonas permanente de langostas en España (Apud. José del Cañizo, “La langosta y el clima”, 1942. Elaboración: C. Alberola Die). Una de las zonas áridas peninsulares en que las condiciones pueden permitir el paso de la langosta de fase solitaria a gregaria (Armando Alberola Roma. Plagas de langosta y clima en la España del siglo XVIII). Además, Alberola señala que durante los años 1718 y 1724 Los Monegros “No conoció cosecha alguna”.

Zonas permamemtes de Langostas en España

Documentalmente podemos remontarnos hasta el siglo XVIII, mediante un escrito con motivo de una plaga de langostas que afligió Los Monegros y que se publicó en 1682. El escrito aparece recogido en la obra de Félix de Latassa: “Obra de Pedro Martín de Buena Casa: Motivos por los quales nos castiga Dios regularmente con la plaga de langostas. Daños que ocasionan en el Reyno de Aragón en donde hoy se llora. Con noticias de San Gregorio de Ostia oficial, Abogado contra la langosta y de sus santas reliquias, con otras memorias de Aragón. En Zaragoza 1688 en folio. Con motivo de la plaga de langostas que en 1682 empezó a arruinar el territorio de Monegros en Aragón, trata recientemente de este escrito Don Ignacio de Asso en su Discurso sobre la langosta y medios para exterminarla. Pág 4 edición Ámsterdam 1785.” (Tomo IV, pág 226, de su biblioteca nueva de los escritores aragoneses). También Latassa recogió otro escrito que se publicó en 1680 por el Diputado de Aragón Félix Medel que trataba del santo de San Gregorio como santo protector contra las langostas dada la importancia que esta debió de adquirir: “Como abogado de las plagas del campo”: “Discurso histórico, de la venida a España de San Gregorio, obispo de Ostia, de su patrocinio contra la langosta, garrapatillo, pulgón, y otras varias plagas del campo y frutos de la tierra…” (Tomo III, pág 551, de su biblioteca nueva de los escritores aragoneses). Ambas referencias aparecen en la obra de Agustín Salido y Estrada: La Langosta, Compendio, 1874. Ángel Cortes, Monegrillo en sus raíces, apunta que durante 1684 y 1687 hubo plaga de langostas en Monegrillo.

Latassa

Latassa

Así, Los Monegros responden a una zona gregarígena donde a lo largo de la historia se han dado plagas de langostas y que, en un futuro, su amenaza puede ser una gran posibilidad. Sin embargo, es principalmente es en el siglo XX cuando encontramos mayor información.

Darío Villagrasa en su libro “Monegros Tierra de cine. Sariñena Editorial” recogió la primera grabación cinematográfica de Los Monegros que justamente corresponde a un documental sobre el control de la plaga de langostas. Rodado en 1915, el documental Plaga de langosta es obra del pionero cinematográfico Antonio de Padua, donde “Los agricultores combatían a una voraz plaga que asolaba sus cosechas”. Por lo tanto podemos establecer que en 1915 se produjo una plaga de langosta en Los Monegros.

Un papel decisivo fue el ingeniero jefe de la  Sección Agronómica Pedro Navarro, quien en una circular publicada en el Boletín Oficial del 14 de Mayo de 1919 indicó de la probabilidad de la plaga. A Pedro Navarro le debemos un justo reconocimiento.

El investigador Costán Escuer Murillo, en su articulo «De plagas», Revista Montesnegros nº 38, cita la primera referencia de plaga de Langosta en Perdiguera en 1902 a raíz de una anotación en el libro de sesiones del ayuntamiento de la localidad. La anotación responde al 1 de febrero de 1902, dando cuenta del presupuesto para extinción de la langosta, «gasolina y jornales». Luego, no es hasta 1920 cuando no vuelve a aparecer mención a plagas de langosta en los montes de Perdiguera.

En cambio, en Monegrillo afectó una plaga de langostas en 1912, pero, según Ángel Cortes, no es hasta el 21 de julio de 1913 cuando los periódicos dan cuenta de los hechos.

«En 1916 hay langosta en balsa Fortiz, balsa Pina, Sasos, Celebrún y otros términos monegrillenses. Se pide que venga el Sr. José Cruz Lapazarán Beristáin, que es ingeniero jefe de la Sección Agronómica. Se dan batidas con fuego y se paga a 3 ptas. el kilo de canuto de langosta cogido a mano. Cada canuto pesa unos dos gramos y contiene unos 45 huevos. Suele haber un millón de canutos por hectárea. En junio de 1917 se recogieron 1.700 kilos de canuto, lo que da idea del esfuerzo por combatir la plaga y de los apuros económicos del momento. La subvención que se ha recibido es de 3.500 ptas. a lo que hay que añadir 1.000 recolectadas entre los vecinos.

En estas duras circunstancias debió sentarles muy bien a los cuatro agraciados monegrillenses que la junta de gobierno del Montepío de Labradores del Arzobispado de Zaragoza los premiase con 500 ptas. para estímulo y fomento de la agricultura.

Al año siguiente se prueba a poner carne envenenada contra la langosta y se paga el kilo de canuto a 1,50 ptas. En años sucesivos continuarán los trabajos y es necesaria una mayor cantidad de gasolina. A pesar de todo el esfuerzo realizado, se vienen perdiendo las dos terceras partes de la cosecha. El 19 de junio de 1920 hacen expediente justificativo de calamidad pública por langosta (saltón o grillo) y, tal vez por ello, 1921 fue muy publicitario en el tema; no sabemos, si también muy efectivo. Lapazarán estuvo en abril y se mostró pesimista. Los medios empleados son escasos, pues sólo se dispone de cuatro lanzallamas. En junio se hizo un homenaje al ingeniero jefe en la villa de Pina y Monegrillo se sumó al acto. Por si fuera poco, el año es de sequía y los recursos económicos están agotados. Sólo les han mandado 24 cajas de gasolina.»

Monegrillo en sus raíces
Ángel Calvo Cortés

Aquella plaga afecto completamente al pueblo de Monegrillo, en palabras de Ángel Cortés fue el pueblo más castigado, siendo las perdidas del 85% quedando solamente la ganadería:

«La zona afectada entonces era una franja de 3 Km de ancha por 14 Km de larga dirección a La Almolda. La población monegrillense ha disminuido considerablemente y se ha gastado el pueblo 86.951 ptas. El presupuesto ordinario del Ayuntamiento no llega ba a 20.000 ptas. Se han destruido 20.483 kilos de canuto, sin contar el no controlado.

Así van pasando los años y el mal continúa. En 1922 el canuto se paga ya sólo a 0,50 ptas. kilo. Mientras tanto, se hace en Zaragoza una asamblea para abordar el problema, pues son 31 los pueblos afectados. Se dividen los términos en cuarteles. Fabiani, comisario regio de Fomento, y Lapazarán cambian impresiones. En este año las pérdidas se estiman en el 35 %, las debidas a la langosta y en el 15 %, las debidas al mal tiempo. Un detalle viene de la Asociación de Comerciantes de tejidos de Zaragoza: regalan 20 latas de gasolina a Monegrillo que es el principal foco exportador de langosta desde hace muchos años. La prensa publica alguna opinión de monegrillenses que conocen el problema y tienen cierta formación intelectual: si Monegrillo estuviera en Cataluña, el Gobierno ya le habría ayudado.»

En el Diario de Huesca la primera noticia que aparece es del 11 de junio de 1920. En ella se da cuenta, por parte de los alcaldes de Alcubierre y Castejón de Monegros, de la existencia de la plaga de langosta disponiendo que “Con el carácter de urgente se gire visita de inspección por el ingeniero jefe de Sección Agronómica señor Navarro”. La segunda nos lleva a 1922 y responde a los temores que la plaga de langostas vuelva a reaparecer. Es entonces, cuando los diputados provinciales por el distrito de Fraga-Sariñena Gaspar Mairal, Esteban Panzano y Antonio Gálligo se reúnen con Manuel Batalla, presidente de la Diputación provincial, apara abordar el grave problema que supone la plaga de langostas. La visita tuvo por objeto “Recabar de tan digna autoridad promesa de apoyo de la Corporación que preside por si la propagación de la plaga hiciera necesario el auxilio a los pueblos perjudicados (La plaga de la langosta.  El concurso de la Diputación. Diario de Huesca 15 de abril de 1922)”.

El 19 de mayo de 1922 en el Diario de Huesca se daba ya cuenta del desarrollo de la plaga de langosta, el jefe de la sección a agronómica de Huesca reconocía en Castejón de Monegros un cordón de mucha importancia procedente de Pina y Monegrillo. Las langostas nacen en primavera y en fase gregaria suelen formar rodales hasta que se rompe por algún lado formando un cordón que va arrasando todo lo que va encontrando a su paso. Navarro continuó visitando los pueblos afectados, principalmente durante ese año, Fraga, Candasnos, Peñalba, Valfarta, y Castejón de Monegros: “Amenazado en un breve plazo, de no auxiliársele convenientemente, de una terrible invasión”. Unas abundantes y extensísimas manchas de langostas amenazaban la excelente cosecha. También el insecto aparecía en grandes cantidades por Monegrillo y Lanaja. El foco principal se extendía en una longitud de ocho kilómetros por la partida llamada Farled, del citado monte de Pina, lo que sin duda alguna llevó a Navarro a proponer el inicio de los trabajos de extinción al gobernador de Zaragoza Cruz Lapazarán.

Plaga Langosta Diario Huesca

Pronto los vecinos de Castejón de Monegros se dispusieron a trabajar en la defensa de sus cultivos, a quienes Navarro les prometió “El envío de gasolina, trochas de zinc, un lanzallamas y cuantos elementos puedan servir de avada al esfuerzo de los vecinos, que se hallan, en justicia, alarmados”.

El panorama parecía desolador, en los trigales donde había hecho presencia la langosta aparecían “Increíblemente destrozados” empeorando por un tiempo caluroso que favorecía la propagación del insecto: “El remedio, para que ocasione eficacia, ha de ser inmediato”. En La Almolda y Valfarta las manchas se iban combatiendo con los elementos que previamente habían sido allí enviados. Mientras Peñalba aparecía invadido por completo, ofreciendo una imagen desoladora, produciendo la plaga importantísimos daños en su avance. Se recogieron hasta unos quince mil kilos de insectos, incluso los vecinos de Peñalba adquirieron por su cuenta “Dos mil quinientos metros de trocha, con los que, unidos a los enviados por el ingeniero agrónomo, proceden con gran actividad a los trabajos de defensa”. Una de las mayores preocupaciones era que los insectos invadiesen los pozos que les abastecían, peligrando el consumo de agua de boca “De la visita a Peñalba hemos obtenido una penosa impresión; y entendemos que las autoridades, secundando el entusiasmo del pueblo, deben acudir, sin demora, en su socorro, a fin de salvarlo del desastre agrícola y económico que se le avecina”.

La plaga en Castejón de Monegros, por José Antonio Pérez Serrate

En mayo de 1922, y en el término municipal de Castejón de Monegros, una devastadora plaga de langosta arrasaba cientos de hectáreas de terreno. Un pueblo eminentemente cerealista y cuya cosecha era el único medio de vida para sus habitantes, aquel año, el voraz y destructor insecto, acabó con la cosecha.

El foco llegaba por el término colindante del monte de Pina, y procedente de las zonas de Monegrillo y Farlete. La situación se iba agravando y tomando grandes dimensiones. Los labradores aterrados por el devastador insecto, pensaban en la precaria situación que quedarían muchas familias, si no se conseguía detener al imparable destructor.

Los vecinos del pueblo, se multiplicaban en su sesión permanente para llevar a cabo sus trabajos, pero, todos estaban desvanecidos por su insuficiente eficacia.

Afortunadamente, al frente de la situación estaba el ingeniero agrónomo D. Pedro Navarro, Jefe de la Sección Agronómica, que no descansó un momento hasta ver aminorar los estragos de la plaga.

La Junta de plagas dirigida por el Sr. Navarro, estaba presidida por D. Antonio de Salvador Buil, el Alcalde D. Ángel Serrate Sesé, el párroco D. Antonio Bercero, el médico D. Félix Anadón, el farmacéutico D. Pedro Rallo, el veterinario D. Valero Urcia, y una gestora de labradores propietarios representada por D. Florencio Badimón.

Viendo el alcance de la tragedia, y provistos de regaderas, gasolina, trochas de zinc, lanzallamas y cuantos elementos sirvieron de ayuda para los vecinos del pueblo, se hizo frente a la desgracia.

A pesar de la cantidad enorme de insectos que se retiraban todos los días, veían que aumentaba en gran proporción, y se temía, que llegasen a invadir por completo el término municipal de Castejón. La mancha era verdaderamente considerable, y la dirección del insecto hacía suponer que no tardaría en llegar a la población.

El cordón que venía del monte de Pina se calculaba en una longitud de 8 kms. de largo por 3 kms. de ancho. Y, por otro lado, un hervidero incontrolado venía del monte de Lanaja. De modo, que Castejón tenía que acudir a dos frentes invasores, necesitando protección para no ver los campos arrasados.

Las balsas que abastecían agua a Castejón, corrían peligro. Tuvieron que improvisar una muralla de cañizos rodeada de hierbas ardiendo, para impedir que traspasaran el muro.

Para realizar las labores, los labradores más pudientes de Castejón, contribuyeron con sus yuntas de mulas y sus jornaleros, hasta finalizar los trabajos de extinción.

Los vecinos del pueblo lo habían dado todo, y una vez más, dieron ejemplo de carácter luchador. Abandonaron sus labores con espíritu de solidaridad para dedicarse por completo y hacer frente a tan terrible invasión, pero la situación se hacía insostenible. Por lo que un miembro de la Junta de plagas le planteó al Ingeniero Sr. Navarro, ¿con qué va a comer un hombre de familia, si abandona su trabajo para dedicarse a la extinción de la langosta?. Es hora de que el Estado acuda en auxilio para compensar los emolumentos de los labradores. A lo que el Sr. Navarro accedió, comprometiéndose a resarcir sus honorarios a razón de 3,- Pesetas jornal.

Era tan grave el problema que se había originado en la zona de Monegros para realizar los trabajos de extinción, que ni los Ayuntamientos, ni Diputaciones Provinciales, disponían de medios económicos para hacer frente a todos los gastos originados. Por lo que consideraron necesario, acudir en demanda de auxilio al Estado Central.

En reunión celebrada en Huesca por la Comisión de los pueblos afectados, nuestros representantes D. Valero Urcia y Mosén Antonio Bercero, propusieron una reforma inmediata de la ley de plagas por las deficiencias de que adolecía, y que el Estado, fuera el responsable de realizar las tareas de extinción y roturación de los terrenos.

Los maestros de la escuela, dirigidos por Dª María Badarán y D. Nicolás de Laportilla haciendo eco de su desolación, actuaron de manera ejemplar y daba gusto ver como 240 niñas y niños con sus azadillos (en Castejón “jadillos”) y capazos ayudaban a exterminar la plaga invasora. Esta acción fue reconocida por el Consejo de Fomento, recompensando a los protagonistas escolares.

Igualmente, Mosén Antonio Bercero párroco de Castejón, y en representación del pueblo, recibió el premio de la Facultad de Medicina y Ciencias de Zaragoza, en reconocimiento sobre los medios empleados, y su eficacia, para la extinción de la plaga.

Para las autoridades provinciales, “Castejón fue un pueblo modelo” en los trabajos de extinción de la plaga, y manifestaron su orgullo y satisfacción, de las labores realizadas por los vecinos, y la excelente gestión de la Junta de plagas.

La plaga en Castejón de Monegros, recogida en el diario La Tierra del 30 de mayo de 1922.
José Antonio Pérez Sarrate.

En Candasnos también hizo su aparición el insecto, pero no en las proporciones que en Peñalba. El pueblo utilizó el material que la acción oficial le proporcionó para la extinción y, al igual que en Peñalba, preocupó la invasión de la langosta de pozos y balsas.

La plaga de langostas 

Apena el ánimo, conmueve el corazón y entristece el alma, ver los semblantes decaídos, al observar el incremento tan grande que va adquiriendo este devastador insecto.

Los labradores se encuentran aterrados al ver en perspectiva un pauperismo absoluto, en cuya precaria situación quedarán muchas familias si no se consigue atajar la marcha de la langosta.

En esta villa, cuando se creía que los daños no serían de importancia, por confiar que cuando penetrara en su término las cosechas estarían duras, se ha visto con espanto lo mucho que adelanta y las grandes dimensiones del cordón.

Diario de Huesca 25 de mayo de 1922.

El presupuesto del 1921 había sido de 10.000 pesetas, combatiendo la plaga en unos diez pueblos y aunque el presupuesto para 1922 había ascendido a las 17.500 pesetas, este resultó insuficiente al aparecer nuevos pueblos con manchas de langostas. Así fue puesto de manifiesto en el Consejo Provincial de Fomento, celebrado el 1 de mayo de 1922 (Diario de Huesca 26 de mayo de 1922). A los pocos días, en tres autos, el gobernador civil Cabrera visitó la zona junto al comisario regio de Fomento señor Cajal, el comandante de la Guardia civil Navarro, el representante de la Cámara Agrícola Mur, el director de La Tierra Banzo, el ingeniero jefe del Servicio Agronómico Navarro y el representante de El diario de Huesca. Visitaron las localidades de Castejón de Monegros Peñalba, Candasnos “Un relato de andar pisando langostas. Desagradable y peligroso es pisar la nieve fría en el campo. Pero andar pisando insectos destructores que forman bandos espesos de kilómetros, que producen un ruido apagado y continuo, y acaban con el cereal, que es el pan nuestro de cada día; eso además de desagradable, es espeluznante, trágico y angustioso.  En esas nubes que hoy corren a ras de la tierra y mañana volando nublarán el sol y dominarán regiones enteras, está el enemigo del labrador, el encarnizado destructor de la tranquilidad y bienestar, el elemento exterminador que lleva la ruina y la miseria. Los de Castejón trabajan en las trochas sin hacer caso del bochorno ni del sol que les derrite; luchan a brazo partido para defenderlas balsas ¡Qué ya que el pan se les va, que no les envenenen el agua de balsa que beben!” (Diario de Huesca 30 de mayo de 1922).

A la falta de cosecha, las perdidas, la escasez de rentas y alimentos, el problema del agua fue casi una tragedia. Las langostas eran capaces de acabar y malmeter las balsas y los pozos; las únicas infraestructuras básicas para el abastecimiento de agua para el consumo humano y animal. La situación fue preocupante, alarmante… al borde de la tragedia.

También representantes de la Cámara Oficial Agrícola de la provincia visitaron la zona “Una visita a los pueblos invadidos” (Diario de Huesca 1 de junio de 1922) “Hemos podido apreciar el mal en toda su intensidad, saliendo profundamente apenados ante el ejército arrollador de langosta que, avanzando, avanzando, siembra la desolación”.

El ingeniero jefe de la sección agronómica Pedro Navarro pronto realizó una explicación histórica sobre el problema de la langosta, en el marco de la asamblea de la diputación de Huesca del 5 de julio de 1922. Navarro expuso como los focos principales radicaron en Pina, Farlete y Monegrillo y como el año de 1921 la plaga apareció por la sierra de Alcubierre, llegó a los pueblos de la ribera del Flumen y del Alcanadre, y luego, atravesando la sierra de Alcolea, las bandas llegaron hasta los pueblos cercanos.

 “Se trabajó con entusiasmo; los labradores roturaron los terrenos donde la langosta aovó y así pudieron salvarse las cosechas de diez y nueve pueblos.

 La langosta puede y debe ser extinguida totalmente. Para ello hacen falta grandes recursos, y yo formularé, desde luego, el presupuesto necesario; como medio preliminar debe irse a la acotación de los terrenos donde el insecto aove, cuidando que varias brigadas se dediquen a seguir el vuelo, especificando cuáles son los campos de particulares y cuáles los montes del Estado. A este fin yo repartiré las instrucciones e impresos precisos.

Una vez hecho esto procede la acción mancomunada; donde se pueda, roturar, donde no, cavar o proceder a la recogida del canuto. Más tarde, cuando el insecto comienza a nacer deben emplearse los buitrones, que requiere numerosa prestación personal, pero que son de gran eficacia, de mucha mayor que la gasolina, cuyos efectos son teatrales más que otra cosa.

Pero la verdadera labor, la principal, es la de la roturación.

Los pueblos vienen obligados a hacer las acotaciones de los terrenos en que la langosta hizo la aovación; pero si las circunstancias excepcionales que pueden concurrir en el término municipal, tales como su extraordinaria extensión superficial, o el haber en aquéllos gran número de hectáreas pertenecientes al Estado, impusieran a los pueblos esfuerzos que estuvieran imposibilitados de realizar, pueden dirigirse a la Jefatura Agronómica de la provincia, que facilitará dentro de los medios de que disponga, personal idóneo que se trasladará a los pueblos aludidos y hará las acotaciones.”

Diario de Huesca 6 de julio de 1922.

En el Diario de Huesca del 4 de agosto de 1922 se da cuenta de la publicación, en el Boletín Oficial número 76 del 26 de Junio, de la Real orden del ministerio de Fomento de 19 de Junio del año actual, ordenando el cumplimiento de la Ley de extinción de las plagas del campo de 21 de Mayo de 1908 y dando instrucciones y plazos fijos para la vigilancia, denuncia y acotamiento de los terrenos invadidos por la langosta y donde ésta haya hecho la aovación.

La langosta realiza su puesta en canutos, Navarro daba prioridad a la escarificación, realizar labores de labranza en otoño, invierno y primavera  para que el hielo, las aves o la recogida manual y posterior quema destruyese las puestas. Fue una gran lucha contra la plaga. Vicente Gascón Lacort lo recoge en su artículo “La plaga de la langosta en nuestros municipios hacia 1920” en la revista Montesnegros. Por medio del artículo “La afección en los municipios de Los Monegros sur” del Ingeniero Jefe del Servicio Agronómico de Zaragoza José Cruz Lapazarán, aparecido en la revista semanal «El Progreso Agrícola y Pecuario» de 31 de julio de 192 “Una campaña de trabajos de langosta en Zaragoza”. Entre los métodos para su extinción habla de trochas que había en La Almolda y que habían realizado con esfuerzo. La explicación de este método de trochas, Vicente Gascón la encuentra en un trabajo de 1986 de José Moral de la Vega donde se describe como la trocha respondía a una lámina, principalmente de cinc, que se colocaba para interceder la marcha del cordón de langostas y hacerlas caer a unos pozos o  bretes donde las destruían con fuego.

Una vez en vuelo, una de las técnicas de atrapamiento era el empleo de buitrones, una red de forma cónica que en forma de embudo va disminuyendo, impidiendo que puedan salir las presas que entran en el arte y queden atrapadas en un remate final. Luego, mediante la quema se exterminaban.

Vicente Gascón Lacort señala que durante 1923 las zonas Leciñena, Pina, Perdiguera, Farlete y La Almolda, en menor medida, fueron términos infestados de langostas. Aun así habían experimentado una gran reducción gracias al gran esfuerzo de los trabajos de escarificación. También Vicente Gascón Lacort reseña una cita de 1917 del trabajo de José Cruz Lapazarán En este volumen hay un pequeño apartado sobre la plaga de la langosta, habitual en aquella época. Es del año 1918, unos años anterior a los dos artículos citados, y en él hace alusión a que la campaña de extinción (año 1917) tuvo verdadera difíciles  en Monegros aunque sin resultados muy halagüeños. También destaca que la langosta apareció en zonas acotadas y  otras que no, en gran cuantía, además, favorecida por los inmensos términos municipales de la zona, poco poblados y que debido a la sequedad del clima se cultiva poca tierra, generalmente vales rodeados de terreno yermo. Como balance de 1918 dice que ayudó a que el traslado de langostas a sembrados fuera rápido y por ello el término de Monegrillo, el inmenso monte de Pina y algunos otros fueron excesivamente castigados”.

En Perdiguera continuó afectando en los años 1920, 1922, 1923, 1924 y 1925, donde se va solicitando gasolina para su exterminio.

La plaga de langosta se vio agudizada con el abaratamiento del trigo por la importación del cereal por parte de los harineros catalanes “La injusta pretensión de los harineros catalanes de entrar trigos extranjeros en la época de la recolección para conseguir el abaratamiento de este artículo, unida a la escasez de cosecha habida y a los daños que ha originado la langosta, precipitarían la ruina de esta comarca (si se accediera a ello), hacia la cual se va a pasos agigantados” (Diario de Huesca del 4 de agosto de 1922). La gran importancia de la plaga en los pueblos, dio pie al maestro de Castejón de Monegros “perfectamente percatado de su misión”, de  llevar los domingos a los niños de las escuelas al monte y “Provistos de azadillas de mano les nace recoger canutos de langosta en las laderas que no pueden ser escarificadas” (Diario de Huesca del 5 de noviembre de 1922). Se cita que acudían unos 240 niños y niñas, en un término municipal donde se estimaba que había unas 760 hectáreas donde las langostas tenían depositados sus huevos (Diario de Huesca del 9 de noviembre de 1922).

Que a la langosta que pace vuestro calor la deshace cuando el sol más la aviva, sois cuchillo que degüella esta plaga tan impía. Todas las plantas desmedra esa plaga cuando pasa, que como todo lo abrasa hace más mal que la piedra, no hace esta tierra mella porque en tu socorro fía.

Novena, canto religioso que se interpreta en la virgen de la Sabina, Farlete.

Nos dicen de Bujaraloz: «Los de Monegros son héroes, émulos de aquellos héroes de Numancia.» ¿Por qué? ¿Qué tienen que ver los numantinos con los que viven en los terrenos esteparios de los Monegros?. Los de Numancia prefirieron morir antes de entregarse a los romanos. Los de Monegros prefieren entregarse al hambre antes de emigrar. ¿Es un heroísmo morir de hambre sobre la tumba de los mayores? Si lo es, héroes como los de Numancia son los de Monegros…

En los tristes pueblos esteparios ha diez años que vive la langosta. Sobre las tierras de siembra, no llueve sino muy rara vez. Ahora la sequía es tan persistente, que falta el agua para los hombres. Y el pan para los niños. Y la paja para las caballerías, colaboradoras del hombre en la obra de abrir el vientre a la tierra sedienta… Ya no queda nada a los labriegos de sus provisiones. No les queda nada: ni esperanza…

Monegros, en tierras de Aragón, no tiene caminos. Los ojos de los gobernantes no llegaron a contemplar nunca la desolada costra de la tierra estéril. Los negociantes no vieron en la tierra sedienta ninguna utilidad. Por eso no hay carreteras ni vías férreas; por eso no se intensifican las obras del canal de Monegros… ¿Qué importa el amor de aquellos hombres a la tierra donde nacieron? ¡Que se mueran! ¡Que emigren! ¡Que maten a sus hijos!, como los héroes de Numancia, antes de entregarlos a los invasores: el hambre y la sed! .

Ya no confían en los Gobiernos aquellos labriegos.

Las noticias que nos llegan de aquella comarca son graves, piden auxilios prontos, rápidos. ¿Es posible auxiliar a los que están en trance de emigrar o de morir? No sabemos si es posible. Más que dinero, acaso fuera preferible enviar técnicos que estudiaran la manera de restablecer la riqueza agrícola de los Monegros, Intensificando la obra del canal, y dando trabajo a los que esperan del cielo el milagro de su salvación… La construcción de una carretera, la apertura de pozos artesianos y el «perdón de las contribuciones», sería un alivio para el otoño. Con estas medidas, se llevaría la fe a los labriegos de aquella comarca. Ellos creen que no hay justicia en la tierra. Y el caso es que hasta ahora tienen razón.

 Rodolfo Viñas. El Sol, 4 de junio de 1924.

Aunque al parecer las plagas no volvieron a sucederse, el miedo quedó muy marcado en la memoria de nuestros pueblos. Pues aún se tardaron algunos pocos años en exterminar completamente la plaga. Así en el Diario de Huesca del 19 de febrero de 1924 se solicitó en la sesión de la Diputación Provincial de Huesca al Gobierno “La consignación necesaria para que en la campaña próxima de primavera quede totalmente extinguida la plaga de la langosta”.

El año 1925 fue de gran sequía en toda la comarca. Desde Leciñena, La Almolda y otros lugares recibe el gobernador cartas del cura y diversas personas. Bujaraloz lleva cuatro años sin cosecha y Monegrillo arrastra ya doce años de plaga de langosta. En este último lugar sólo queda, entre las dos balsas, agua racionada para seis días. El agua se paga a 20 céntimos el decalitro. Desde las esferas gubernativas se promete que los monegrinos serán los primeros contratados para trabajar en las obras de riegos del Alto Aragón. Por fin llueve un poco y la necesidad se alivia momentáneamente. De nuevo, en 1926, habrá escasez de agua y en 1929 no se cosechará a causa de la sequía. La recolección en 1930 y en el 1931 es buena, pero también en este último año se necesita agua de socorro. Por si fuera poco, aunque nieva en 1932, en 1933 apedrea.

La langosta se ha ido localizando, pero se necesitan medios para terminar con ella. Son precisos más de seis mil metros de trocha, ochenta latas de gasolina y otros accesorios. En 1928 se prueba a matarla con arseniato de sosa en el término de las Fabarnías. En los años siguientes, incluso hasta el 1939, hay que estar atentos y mojonar los focos que todavía aparecen.

Monegrillo en sus raíces
Ángel Calvo Cortés

La herida que dejó la langosta fue muy dolorosa, causó mucho sufrimiento en estas tierras. Quizá por ello casi ni se recuerda, como si de una pesadilla hubiese tratado. Una plaga que no deja de crear grandes crisis humanitarias en África y que en Los Monegros puede volver a suceder.

Gonzalo Alcolea Huerva


Natural de Pallaruelo de Monegros, Gonzalo nació un 25 de junio de 1936. Su padre era agricultor, tenía tierras de secano que con el tiempo se han vuelto de regadío. Su madre trabajaba haciendo faenas para las casas ricas  “Iba mucho a lavar con agua de balsa y con el jabón que ella misma hacía”. Fueron tres hermanos  y los tres tuvieron que emigrar.

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A la escuela fue poco, a los 10 comenzó a ir de rebadán con el ganado, de aprendiz de pastor con su tío José Huerva y el tío Isidoro Camón, los dos mayorales. Así, Gonzalo solamente fue a la escuela desde los 6 hasta los 10 años, pero al poco entró la educación obligatoria y tuvo que volver desde los 12 a los 14 años. De su edad apenas serían una media docena de críos. Jugaban a los pitos y a la bomba entre muchos otros juegos.

Con siete años lo bajaban al pozo en un pozal, con la carrucha. En cada casa había un pozo y lo bajaban para limpiarlo. Como era oscuro bajaba con un candil. En una ocasión lo bajaron demasiado y el agua comenzó a llegarle hasta el cuello, gritaba pero arriba no le oían y el candil se apagó, había más de metro y medio de agua. Al final lo subieron pero estuvo a punto de ahogarse.

Por el monte iban a mirar nidos por las sabinas, nidos de picarazas y cuervos, a tirarse por los bordiles de paja por los que bajaban de cabeza. Iban a la balsa buena a buscar agua con un carretillo de madera, llevaban pozales en el carretillo donde cabían unos cinco pozales de diez litros cada uno. En el carro llevaban hasta doce pozales “Los pozales eran de zinc”.

La balsa se limpiaba cuando se secaba, empleaban las caballerías. En Pallaruelo de Monegros estaba la balsa Tío y la balsa Buena y trataban que siempre tuviesen agua. Luego en las casas se almacenaba en los aljibes.

Su padre iba a buscar piedra a la virgen Vieja, su padre trabajó haciendo la carretera que iba de Sariñena a Bujaraloz y con un mallo machacaba las piedras “Sería a mediados de la década de 1940”.

Con 15 años, Gonzalo marchó a Monzón de pastor, estuvo un año. A los 16 años marchó con su familia a Raimat (Codorníu). Allí trabajaron por casa, huerto y 200 kg de harina, llevaban la tierra y las viñas, las podaban y vendimiaban. A los 21 le tocó hacer la mili y luego marcó a Alpicat (Lérida) donde trabajó como camionero hasta su jubilación a los 60 años. Aunque a los 62 volvió a su Pallaruelo natal y llevó las tierras de casa.

Siempre ha vuelto a Pallaruelo de Monegros, sobre todo para vacaciones y fiestas. Se vio obligado a marchar ya que entonces no había trabajo “Igual llegamos a marchar unas veinte personas en aquella época, fueron años muy malos que no se cogía nada en el campo, sería a principios de la década de 1950. La mayoría marchó a Barcelona, había muchas fábricas y mucho trabajo”.

De zagal cogía leñas de romero y sosa y en Sariñena o Capdesaso la cambiaban por patatas, garbanzos o judías. En casa criaban un tozino al año “Aunque si no se cogía cosecha no había dinero”. Con cepos cogían conejos que también criaban con  letacines o apanucios, hierbas que daban a los conejos para comer. Cazaban con varas o con perros conejeros, los hacían salir de los cados y los atrapaban.

Gonzalo fue danzante igual que su abuelo Mariano quien le enseñó a danzar. Ensayaban los domingos en las escuelas, recuerda Gonzalo. También se acuerda del tío Pascualer, el diablo y del tío Juaner que hacía las motadas.

En las fiestas había orquestas, en una era se hacía la carrera pedestre y al ganador se le daba un pollo y también, a veces, una garrafa de vino “Se hacía en la era donde se trillaba, por la mañana se regaba, a primera hora, para que fuese mejor la carrera”. También se remojaba la plaza para el baile. Para la celebración de los quintos se iba casa por casa a pedir y luego hacían merienda.

A los Pallaruerlo les llamaban los pelaos, los calvos y cuando los de Castejón de Monegros pasaban les decían “Quies un peine”, a rejodidas alguna les amenazaba con la escoba. Eran otros tiempos a los que nos hemos acercado gracias a Gonzalo, tiempos en los que con una perra gorda en la tienda compraba una papelina de almendras tostadas en casa de la tía Rosa y merendaban un trozo de pan con chocolate o pan con vino y azúcar. Gracias Gonzalo y a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!