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La memoria de ellas


La memoria de ellas responde a una síntesis de todo lo recogido con la serie biográfica de Rostros, una retrospectiva sobre la mujer monegrina. Una reflexión sobre el papel de la mujer rural en nuestro pasado más reciente, aportando una visión etnográfica y a la vez social. Ellas, un motor de cambio social que ha configurado nuestra realidad actual y que continúa luchando por una sociedad más justa e igualitaria.

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En el sistema patriarcal, la mujer ha estado predeterminada a ocupar un papel secundario, dirigido tanto por la educación tradicional en la escuela como por la religión, estableciendo un rol secundario de servidumbre bajo el control familiar y conyugal. Hasta hace unas pocas décadas las mujeres eran educadas para sus labores, para satisfacer a su esposo, hijos e hijas y sin reconocimiento social ni laboral, reproduciendo así las desigualdades estructurales entre hombres y mujeres. Todo sin derechos, que han tenido que ir conquistando: el derecho a voto, a disponer de sus propios bienes, a abrir una cuenta sin la autorización de su marido, a acceder al mercado laboral, a adquirir la patria potestad sobre sus hijos/as, al divorcio, al aborto…, con un horizonte de igualdad abierto pero aún por vencer: equiparación salarial, cuotas de poder y de dirección, eliminación de la explotación y la violencia….

En 1915, las mujeres de Lanaja marcharon caminando a Huesca reclamando pan y trabajo, reivindicando el futuro de su pueblo. A pesar de ser expulsadas de Huesca por la fuerza y devueltas hasta Lanaja en dos autobuses que fletó el propio Gobierno Civil, aquellas mujeres se convirtieron en todo un ejemplo de lucha.

La educación tradicional subordinaba a la mujer para ser una buena esposa, sin posibilidad ni expectativas de acceder a estudios superiores ni desarrollar una carrera profesional. Las labores de costura han ocupado gran parte de su “educación”: punto atrás, hilvanes, vainica, pespuntes, costuras, ojales, bordados, lagarteras, punto de cruz, festones, patrones de ropa… y tal como recuerda Manuel Antonio Corvinos, en Las Escuelas Nacionales de Sariñena en los años cincuenta, “Mientras cosían una compañera les leía pasajes de algún libro religioso”.

Clases separadas por sexo, una educación sesgada con un fin sexista de una sociedad patriarcal y machista. El franquismo ahondó en la sociedad Española un modelo de mujer dependiente del hombre, de aquel “macho ibérico”, retrocediendo los avances que había significado la segunda república Española, aboliendo el voto femenino, el divorcio, el aborto y volviendo a una educación separada por sexos. Una impronta aún presente en el subconsciente social español.

Así, desde muy jóvenes ellas comenzaban a realizar tareas familiares: cuidar a sus hermanos/as, ir a buscar agua y leñas, cocinar, limpiar, lavar, fregar, ayudar a cuidar a los mayores en casa… Ahora resulta inconcebible no tener agua corriente, ni luz eléctrica, ni calefacción, ni productos sin elaborar… recursos básicos donde la mujer resultó vital para la supervivencia familiar. El agua la iban a buscar a las balsas, a las fuentes, a los pozos o a los ríos; especialmente en Los Monegros a las balsas, pues el agua ha sido un elemento vital escaso. Con los cántaros sobre su cabeza, las mujeres dedicaban gran parte de su tiempo a acarrear agua a las casas y la almacenaban en tinajas que luego poco a poco se iba disponiendo en los hogares.

Igualmente sobre sus cabezas portaban los cestos de ropa que iban a lavar a los lavaderos o a los ríos, el esfuerzo de restregar, una tarea de horas interminables sufriendo los fríos invernales y los calores estivales. Horas restregando la ropa sobre la piedra de lavar, a veces de rodillas, igual que cuando fregaban el suelo. También lavaban profusamente la lana esquilada de las ovejas y la cardaban para luego hilarla y tejer jerséis, chaquetas, toquillas, calcetines… Y los colchones y almohadas de lana, que cada cierto tiempo había que varear para esponjar y limpiar la lana.

De jóvenes no podían salir solas, a los bailes debían ir acompañadas y siempre vigiladas, era el chico quien sacaba a la chica a bailar. Los casamientos tenían que contar con el consentimiento paterno, influyendo la condición social y económica, encorsetando también en muchos casos al hombre.

Ellas hacían su propio ajuar, bordaban cuidadosamente sábanas y manteles y además se confeccionaban sus trajes de novia, de color negro tradicional hasta que llegó el blanco. Cuando se casaban ellas se dedicaban a sus labores, a cuidar del marido, hijos/as y mayores de la casa. Un trabajo ni valorado ni reconocido.

Recoger leña, mantener el fuego, hacer la comida, atender las gallinas, los conejos y tocinos, matar pollos y gallinas, desplumarlos, la matacía, capolar, embutir, cuidar el huerto, hacer conservas, ordeñar las vacas y las cabras, limpiar la caza y guisarla, amasar el pan y llevarlo al horno, administrar la casa, recoger almendras, las olivas, los higos, secar, hacer mermeladas…

Dejar a fiar y a deber, el trueque entre productos, la economía familiar, enseñar a coser, hacer apaños, parches, remendar y arreglar descosidos; las cosas se reutilizaban, no había abundancia, sino escasez. Además las tareas eran más pacientes y más costosas, las lentejas se limpiaban desplazando de un montón a otro una a una, las borrajas y los cardos se limpiaban finamente, la cocción era más lenta… todo era más artesanal.

Ellas iban a la siega, a dar la gavilla y a atar las garbas, a la trilla… se cubrían los brazos para que el sol no les tomase pues era síntoma de baja condición social. Las más pobres iban a respigar los campos ya cosechados y en algunos lugares se iba a la remolacha, durante el invierno, pasando mucho frío. Ellas recogían el esparto y lo trabajaban hasta elaborar con sus duras manos la sogueta.

Había más solidaridad, se ayudaba en los partos, las comadronas, y existía la figura de ama de leche, mujeres que ayudaban a sacar adelante amamantando criaturas que sus madres no podían alimentar. El hambre fue una constante. Se casaban muy jóvenes y la mortalidad infantil fue muy grande.

Muchas iban a servir a casas por dormir y comer, sin sueldo. Muchas marchaban a las ciudades para tener condiciones más dignas, tener una pequeña remuneración; algunas sólo tenían unas horas libres los domingos por la tarde.

La decencia y la apariencia, bien tapadas y recatadas, el no significarse, el control social de la iglesia, la confesión y en misa, las mujeres a la derecha y los hombres a la izquierda. El duelo, guardar el luto al hombre imponiéndose el negro y la tristeza durante años; la alegría y el color respondían a una falta de respeto al difunto que la sociedad no toleraba. Se velaban los muertos en las casas y el luto se extendía a todas las mujeres de la casa. Incluso mujeres jóvenes encadenaban lutos de algún hermano y padre, perdiendo su juventud e incluso la edad para casarse. Ellas, que se quedaron viudas, con trabajos que no fueron reconocidos y se encontraron con miserables pensiones no contributivas.

Ellas tomaban la fresca por las noches de verano, se juntaban a la caída de la noche para hablar y contarse las cosas, en invierno se recogían al calor del hogar. Ellas han sido motor de la transmisión oral, del saber popular, de recetas, remedios tradicionales y medicinales, trucos, consejos, refranes, historias, leyendas, juegos… ¡Cuánta memoria se pierde con ellas!.

Sobrevivieron valientes, sin tiempo para la rendición. En Sariñena subían al barrio de la Estación y cogían carbón de los trenes para calentar sus hogares, arriesgándose a encontrar a la Guardia Civil que les requisaba el cargamento. También formaron parte del estraperlo que hubo entre poblaciones y en especial con la línea de ferrocarril, se vendía trigo a comerciantes que iban en los trenes, era una forma de sobrevivir.

El tiempo atrapa aquella memoria y el silencio se apodera de una memoria a veces tan amarga que resulta casi imposible pronunciar. Cómo recuperar la realidad de tantas mujeres que se vieron obligadas a conseguir avales para salvar a sus padres, maridos e hijos tras la guerra, al chantaje y abuso al que se vieron sometidas, para que no fuesen fusilados. Aquellas luchadoras que acudían al Auxilio Social con sus hijos/as hambrientos, señaladas,rapadas, castigadas, encarceladas y desterradas. Aquellas que se les presentaba en casa la guardia civil preguntando sobre sus maridos, hijos o padres para encontrarlos y fusilarlos. Aquellas despreciadas socialmente y aquellas obligadas a ser obedientes, aguantar y callar. Aquellas mujeres cumplieron un doble castigo: ser roja y mujer. Aquellas que primero fueron pecadoras, luego brujas, histéricas y locas.

Ellas, mujeres de nuestra memoria más reciente son nuestras raíces y su memoria debería no ser olvidada, pues su lucha es ejemplo para continuar construyendo una sociedad más justa, libre y plenamente igualitaria. Ellas no se merecen el olvido, ni la desmemoria porque ello significa renegar de nuestra esencia, de ellas, como de nuestra madre naturaleza.

A la memoria de ellas.

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Lorenzo Abadías López


La vida de nuestros pueblos es la historia de nuestra gente y la vida de Lorenzo es la vida de un hombre llano, forjado en la vida rural que tanto nos caracteriza. Lorenzo y su mujer Leandra regentaron “El Gorrión” un bar del barrio de la Estación de Sariñena. Tiempos de trasiego y vida, sobre todo de vida de un barrio rebosante de actividad que hoy en día es paradigma de la despoblación y del abandono del medio rural.

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Lorenzo nació en Novales en 1929 en el seno de una familia de agricultores. En casa fueron tres hermanos y aunque fue a la escuela hasta los 13 o 14 años, pronto Lorenzo tuvo que trabajar; “El maestro era hijo de Compaire”. De joven Lorenzo cogió las fiebres de malta, una enfermedad muy normal en aquellos tiempos causada por una bacteria que afectaba, principalmente, a personas que trabajan con animales o productos infectados. Su padre estuvo en la cárcel tras la guerra, lo que obligó a Lorenzo a llevar el huerto y las tierras. A los 10 años ya iba al huerto: “En Novales había bastante huerta y todo era para casa”. Con una burra de su abuelo y una mula de casa iba a labrar al campo, de lo bien que lo hacía los mayores se quedaban sorprendidos: “Tenía una faja muy larga”. En la huerta se ponía mucha patata: “Entonces comenzó a aparecer el cuco de la patata, al principio los quitábamos a mano con mi madre, después llegaron los tratamientos”.

Lorenzo se acuerda de ir a visitar a su padre, estaba trabajando en una carretera  por la zona de Campo o por allí cerca, se encontraba preso en las capuchinas de Barbastro.

Con los años Lorenzo comenzó a trabajar de mozo mayor en Callén, llevaba las tierras de la casa, labraba, sembraba, cosechaba… y apacentaba las mulas: “Fue un año muy seco y no se sacó nada de la tierra”. Luego realizó el servicio militar en Melilla, estuvo 18 meses en transmisiones. Al acabar el servició volvió a Callén, donde estuvo dos años de mozo en otra casa. Pero un año antes de hacer la mili, Lorenzo había conocido a Leandra Peña, quien con el tiempo fue su esposa. La familia de Leandra tenía un bar en Fraella: “Tuvieron la primera televisión del pueblo y la gente acudía al bar para verla”.  Lorenzo y Leandra se casaron en Fraella, donde Lorenzo trabajó para un tío suyo.

Tras unos años de casados se vinieron a vivir al Barrio de La Estación de Sariñena, donde adquirieron el bar “El Gorrión”, Lorenzo por entonces tenía unos 35 años. El bar “El Gorrión” además fue tienda, lo inició la familia Porta y después lo tuvo Rafael. En “El Gorrión” daban comidas y les fue muy bien cuando renovaban las vías: “Entonces había mucha gente en la estación”. También estaban los de las oficinas que se quedaban en casa a dormir y de la harinera alguno se pasaba a tomar algún café. A Lorenzo le regalaban carbón: “En la estación había una gran montaña de carbón para los trenes”.

Casi siempre cocinaba Leandra, algunas veces Lorenzo, aunque más bien pocas, normalmente él estaba en la barra. Además atendían la tienda donde además de comida vendían de todo. “Había días que repartíamos hasta 40 comidas y algunas pocas cenas, unas cuatro o cinco, pues muchos trabajadores bajaban a dormir a Sariñena, sólo algunos dormían en el Cuarto de Agentes”.

Lorenzo y Leandra llevaron el bar y la tienda durante unos treinta años, hasta que se jubilaron. En el mismo bar han hecho la vida, han tenido tres hijos, dos chicos y una chica. “Antes pasaban muchos trenes y paraban todos, había mucho movimiento, ha cambiado mucho la estación”.

Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.

José Casabón Peralta


José Casabón Peralta nació en Sariñena el 23 de diciembre de 1925. Descendiente de familia de herreros, su padre Eloy Casabón acabó siendo mecánico de automóviles, montando el taller familiar “Garajes Casabón”. Tras la guerra civil, la familia de José se vio obligada al exilio a Francia, del cual pudieron regresar con el tiempo y continuar con su vida y el negocio familiar. 

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A pesar del exilio, José pasó su infancia en Sariñena, jugando a los pitos y a las ingles, se ponían de cuclillas y saltaban por encima. Fue poco a la escuela, pues para la guerra tuvo que abandonarla. Siempre ha estado en el taller junto a su padre, de quien aprendió el oficio de mecánico. Su padre Eloy Casabón Tisaire comenzó trabajando en la herrería con su padre y hermano, pero a Eloy le gustaba mucho más la mecánica: “Arreglaba todo lo que podía”. Así que poco a poco fue aprendiendo mecánica, ya que en aquellos tiempos, en Sariñena, “Sólo había tres o cuatro coches”.

De zagal, Eloy se encargaba de llevar unos cinco litros de combustible a la avioneta que fotografiaba el terreno y que repostaba en la cabañera. Un día aquella avioneta se averió “Eloy la evaluó y le dijo al piloto que si quería la arreglaba”. El piloto sorprendido se rio, pero Eloy le matizó –Eso es la magneto-, a lo que el piloto le respondió -Pues oye, ¡arréglala!- . Finalmente, Eloy la desmontó y la llevó a Huesca para que la arreglasen, mientras aprovecho para estudiar la avioneta, su mecánica, hasta que la pieza regresó. Eloy la montó y la avioneta volvió a volar, entonces Eloy era muy joven.

José siempre ha estado con su padre en el taller, detrás de él aprendiendo todo lo que sabía. Eloy ponía unos tarugos en los pedales de un automóvil y mientras se subía en el estribo enseñaba a conducir a José. En el taller tenían un coche para alquilar, aquel era el que conducía José hasta que aprendió y tuvieron que comprar otro para alquilar.

El primer taller lo montó Eloy camino del río, al principio de la salida de Sariñena a mano derecha, en un pajar grande de un amigo junto a la fábrica de gaseosas de Masueras. Cuando evacuaron Sariñena durante la guerra, su padre se llevó todo lo que pudo del taller y de la casa en un camión, la familia tuvo que abandonar España. De alguna manera, Eloy trató de salvar su medio de vida, la forma de ganarse la vida de la que dependía su familia, pero cuando pasaron a Francia por Sallent, en la frontera tuvo que bascular el camión y abandonarlo todo.

José tenía un hermano y dos hermanas. A Eloy lo cogieron y lo llevaron a un campo de concentración, mientras a ellos se los llevaron a un refugio para mujeres, niñas y niños. Sus hermanas se pusieron a trabajar en una fábrica textil, de hilaturas, y ellos fueron a la escuela, eran los más pequeños. Cuando José cumplió la edad tuvo que dejar la escuela, allí estuvieron cuatro años hasta que alquilaron una casa. Afortunadamente Eloy conoció a un médico del campo que le ayudó a salir, se había puesto malo y le dijo que saliese “Que si no se iba a morir”, al final salió y pudo juntarse con su familia.

Antes, José había ido a buscar trabajo a un taller del pueblo, el dueño viajaba a Paris y cada semana traía dos coches para vender. Los traía en ferrocarril cada fin de semana, eran de la marca Sinca. Eloy fue a trabajar al taller cuando salió del campo frances.

Al tiempo se volvieron a Sariñena, aunque su padre tardó en volver por miedo y se quedó un tiempo más en Francia. En España, José realizó el servicio militar, se había sacado el carnet de conducir de segunda, y durante el servicio transportaba carbón en un camión en una mina en velilla de Cinca a la estación. En Sariñena José se casó con Aurelia Carpi, no han tenido hijos.

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Con su padre y un primo montaron de nuevo un taller en Sariñena, se llevaban muy bien y nunca discutían, así que con mucho trabajo y esfuerzo sacaron adelante “Garaje Casabón, Accesorios del Automóvil y Recambio Marías”. Arreglaban de todo, coches, camiones, tractores… y vendían tractores Barreiros. Gozaron de muy buena clientela y con mucho esfuerzo y trabajo sacaron adelante el taller. El taller estuvo en la avenida Huesca, luego hubo un garaje, con una puerta automática donde los críos se colgaban cuando se elevaba. El segundo taller se ubicó en la calle Gasset. Gracias a José por relatarnos su historia, la de un taller muy característico de la historia reciente de Sariñena, de una época de transición, de la tracción animal a los vehículos a motor, de los coches, tractores y camiones.

Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.

Virgilo Villanua Ainoza


Virgilio Villanua Ainoza, natural de Castejón de Monegros, nació el 26 de junio de 1912 y falleció el 14 de abril de 1993. Fue albañil, cantero, picador de piedra y danzante del dance de Castejón de Monegros. De la mano de José Luis Villanua, hijo de Virgilio, nos adentramos en su figura, recordando y reconociendo su impronta. También Martín Blecua Vitales plasma, en un sentido homenaje, la memoria de Virgilio, dedicando unas sentidas palabras que amablemente nos comparte y que tanto agradecemos.

 

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Virgilio Villanua Ainoza

 

Virgilio contrajo matrimonio con María Serrate Pueyo, también de Castejón de Monegros, una mujer que a los 14 años marchó a servir a Barcelona. A su vuelta conoció a Virgilio con quien se casó en seguida, un 22 de diciembre, se llevaban diez años. Con María, Virgilio tuvieron cuatro hijos: Tomas, José Luis, Pedro y Begoña, un quinto falleció al nacer. Virgilio trabajó de albañil adquiriendo maestría en el oficio de cantero y picador de piedra, trabajando en multitud de obras como las casas que hicieron para los jefes de obras del pantano de Sallen de Gállego, un arco en piedra picada a la salida sur del canal de los Monegros y en la pista de baile de Castejón de Monegros, lo que se denomina el frontón para jugar a la pelota de mano, que por detrás se puede ver qué es todo de piedra, desde el suelo hasta arriba y hecho totalmente por él, recuerda José Luis.

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Virgilio y María

“Era muy trabajador y muy buena persona” recuerda Blanca Villanua, nieta de Virgilio. Blanca inauguró la pila bautismal que realizó su abuelo en piedra para la iglesia de Castejón de Monegros. Gracias a Blanca por su trabajo, fotos, datos e información para hacer posible el presente artículo, demostrando el gran cariño que guarda a su abuelo. No obstante, Virgilio fue reconocido en vida y en su pueblo, en Castejón de Monegros, le realizaron dos homenajes, tanto el ayuntamiento en 1983 como el dance en 1992.

 

 

Así que recordamos a Virgilio Villanua Ainoza, poniendo en valor y honrando su extraordinaria figura que ha sido pilar fundamental en el dance de Castejón de Monegros, de nuestras tradiciones y raíces.

Virgilio, danzante de Castejón de Monegros.

El dance de Castejón de Monegros es uno de los más antiguos que se conservan en la actualidad. En un principio los danzantes solamente eran hombres, hasta que por unas cosas o por otras se perdió en el pueblo durante unos años. Se recuperó después con hombres y alguna mujer que se atrevió a danzar con ellos, hasta que los hombres terminaron dejándolo de lado y dejando paso a las mujeres, ellas son las que actualmente lo mantienen vivo y en activo. Además cuentan con la inestimable colaboración de una persona de Sariñena que ha puesto todo su interés y tiempo en ayudar a conservarlo, estoy hablando de Martín Blecua Vitales, buen gaitero y mejor persona (no hay quien lo ponga en duda).

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La relación entre Martín y Virgilio Villanúa, mi padre ya fallecido, comenzó cuando Martín era un chaval. En Castejón había danzantas pero no gaitero. Venia uno de La Almolda, pero el mozo tocaba de oído y las notas no las tenía muy claras. Un día propuso que el dance de Castejón danzara con mudanzas de La Almolda y fue entonces cuando Virgilio Villanúa se plantó y dijo que eso sí que no iba a ocurrir. Tuvieron sus palabras y acabó la relación.

Fue entonces cuando Enrique Pérez, que es un gran amigo de la familia, le dijo a mi padre que en Sariñena había un gaitero joven, si le interesaba…. Y a mi padre ¡¡¡tiempo le faltó!!!!. Se pusieron en contacto y empezaron los ensayos. Mi padre le tatareaba las mudanzas y Martin enseguida cogió el “tranquillo” y eso a Virgilio le ¡¡volvía loco!!. Martin era un crío, un  gaitero que tocaba las mudanzas con el arte con la que las tocaba… ¡Era una locura!. Mi padre quería mucho a Martín casi como a un hijo, supo darle aquello por lo que siempre había luchado.

Yo en mi niñez, como Rabadán de los danzantes, siempre me acuerdo que el primer gaitero que tocaba en Castejon fue también un chico de Sariñena, que también tocaba la gaita aragonesa, creo que se llamaba Domingo.

Yo como castejonero (aquí en Sariñena soy castejonero y en Castejón soy el de Sariñena… a estas alturas, no sé de donde soy). Bromas aparte, en mis recuerdos los mejores y únicos gaiteros que yo he conocido han sido los de Sariñena y por eso:

VIVA EL DANCE DE CASTEJON DE MONEGROS

VIVA EL DANCE DE SARIÑENA

Y VIVAN LOS GAITEROS QUE COLABORAN EN MANTENER VIVOS LOS DANCES

                                               José Luis Villanúa Serrate

Virgilio, cantero y picador de piedras

Virgilio fue toda su vida albañil y de ahí su afición y facilidad para picar piedra. Cuando él empezó con los tochos, bloques de cemento… pocos sabían trabajarlos y a él siempre le tocó manejarlos. Por su corpulencia no las podía manejar fácilmente pero tenía una gran habilidad, primero picándolas y haciéndoles cara y luego haciendo pared de piedra. Paredes que aún se conservan en perfecto estado.

En los montes de Castejon “abundaban” las canteras de piedra. Una piedra muy sana y que además, si sabias manejarla como hacia mi padre, se hacían obras de arte.

De sus últimos trabajos que hizo se conserva en la Iglesia de Castejon de Monegros una pila bautismal hecha íntegramente, desde la base hasta la pila.

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Bautizo de Blanca Villanua en la pila bautismal realizada por Virgilio. 

También hizo unas pilas para el agua bendita a la entrada de la Iglesia. Pero… como siempre tiene que haber un pero… el cura de entonces le dijo que si quería hacerse notar más que nadie en la Iglesia. Así que mi padre cogió tal rebote… que cogió las dos piletas de piedra picada y se las llevó a casa para comedero y bebedero de las gallinas del corral.

Otra de las obras de piedra que hizo fue por encargo de una antigua empresa de construcción de aquí, Albas- Huerva. Virgilio no era muy fuerte y las piedras que había que poner ahí pesaban lo suyo. Entonces le dijo a Manolo que le pusieran a alguien para ayudarle a darle la vuelta a las piedras: “Y, que si no  les parecía mal, le pusieran a una persona de Sariñena que también manejaba la piedra”. Le llevaron un hombre del que desconozco su nombre real, ya que siempre lo llamaban Casillas y por ese nombre lo conocíamos todos. Entre los dos hacían uno y así sacaron adelante el encargo.

 

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Se puede observar a día de hoy un ojo de buey hecho todo de piedra picada que se puede ver en la parte de detrás de la Iglesia. Vale la pena verlo. Ya que no es “moco de pavo” ya que las paredes de las iglesias son de unos 80 cm de ancho y para picar las piedras  y darles forma circular tiene su mérito y secreto. Así que desde aquí se merecen un recuerdo para Virgilio y Casillas por su buen trabajo.

José Luis Villanúa Serrate

A Virgilio Villanua, por Martín Blecua Vitales

Conocí a Virgilio Villanua un 26 de Julio de 1983, festividad de Santa Ana, Patrona de Castejón de Monegros. Aquel día, junto con Pedro Mir Tierz, habíamos ido a ver el Dance, que hacia su salida por las calles del pueblo en el rosario de la tarde. Nuestra intención era recopilar información para nuestro libro La Gaita de Boto en Aragón; sacar fotografías; hablar con nuestro amigo y gaitero Mariano Labat Pinós y con Simeón Serrate que era el actual Mayoral del Dance de Castejón.

Terminado el Rosario, nos reunimos con ellos en un bar de la localidad donde los danzantes estaban tomándose un refresco, transcurrido un rato se acercó a nuestra mesa un señor menudo que muy respetuosamente y tras presentarse, nos preguntó si éramos nosotros los gaiteros de Sariñena que le habían dicho que estaban en el pueblo, tras la respuesta afirmativa, se interesó por saber si la gaita que nosotros tocábamos era la Aragonesa, como la que tocaba Vicente Capitán. Aquel hombre menudo, resulto ser Virgilio Villanua, ultimo Mayoral del dance de Castejón antes de su recuperación en los años setenta.

Por un casual, llevábamos en el coche una de las gaitas que nos regaló el lutier francés Marcel Gastellu Etchegorry, se la mostramos y nos pidió si podíamos tocar algo, y si conocíamos la mudanza de la Zarza. Toque la melodía que tenemos en Sariñena con el mismo nombre, que resultó ser muy parecida a la de Castejón, tras escucharla, abriendo un poco los brazos y con la emoción reflejada en sus ojos y en su voz, nos dijo: “Esto sí, esto sí, creía que no volvería a escucharla nunca”.

Quedamos en hablar otro día a solas con él y pasadas las fiestas patronales, una tarde en su casa pudimos grabar en cassette todas las melodías del dance de Castejón, llevándonos una gran sorpresa por la cantidad de ellas, muchas de las cuales no se danzaban desde hacía muchos años, y otras que solo las conocíamos de oídas.

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Martín con José Luis, Blanca y Pablo.

El Tío Virgilio, hombre afable, al que le gustaban las cosas bien hechas, como amante del dance era exigente en la ejecución del mismo, su abuelo Blas fue gaitero de Castejón, durante los años que fue Mayoral acogía en su casa al gaitero de Sariñena Vicente Capitán, era lógico su gran conocimiento en el repertorio de mudanzas tanto del pueblo como de otros lugares.

Cuando en 1984 empecé a tocar el dance, se comportó conmigo como Mayoral, y siguiendo la tradición, junto con su esposa María  se me acogió en su casa como uno más de la familia, me acompañaba a los ensayos, donde el grupo de Dance demostraba un gran respeto hacia él y propició la recuperación de mudanzas olvidadas durante muchos años.

Virgilio Villanua es un personaje, que por haber realizado una actividad normal y habitual en Castejon, como es ser Mayoral del Dance, no se le ha dado la importancia que realmente merece, pues gran parte del patrimonio cultural del Dance Catejonero la tiene gracias a él.

Yo como gaitero, me siento orgulloso de haber podido ser el receptor y trasmisor de toda la sabiduría que atesoraba el Tío Virgilio; agradecido de poder gozar de su amistad y que hoy tiene continuidad con su familia y después de tantos años, seguir siendo gaitero del Dance de Castejón sintiéndome un Castejonero más.

 

Natividad Laguna Casaña y José Marcial Ripol


Nati y José nacieron en Albalatillo en 1933, eran vecinos de casa y con los años se convirtieron en matrimonio. José es de familia de agricultores: “En Albalatillo había secano, no mucha tierra, pero también había huerta vieja donde se regaban unas 300 hectáreas”. La madre de José trabajaba en casa, fueron tres hermanos y a los 13 años dejó la escuela. En aquellos años había muchos en la escuela, unos 22 chicos y unas 26 chicas en clases separadas: “Había una escuela de dos pisos”.

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“Te levantaban pronto por la mañana, cogía la gorra y al campo o al monte a labrar, sembrar, regar, cosechar…”, en casa de José tenían cerca de cincuenta almendreras que vendían a Antonio Porta del barrio de La Estación de Sariñena. “Hoy no hay novias a escoscar”, decían por las noches cuando al día siguiente no había almendras que coger. También iban al olivar donde recogían las aceitunas con sábanas, pues entonces no tenían mandiles. Las cargaban en sacos, se las echaban a los hombros y para casa.

“En Albalatillo había un pozo en cada casa y el agua era muy buena”, además contaban con la fuente del Saso, donde hicieron un lavadero los rojos cuando construyeron el aeródromo de Alas Rojas. En Albalatillo se recogía esparto, lo cargaban en un camión que compraba uno del pueblo y lo llevaban a vender a Sariñena, que luego vendían a Zaragoza. También se recogía el regaliz, se vendía a Salvador Betes, lo pagaba muy bien, había unos 25 hombres que picaban el regaliz para recogerlo.

La gente era humilde y muy trabajadora”, para las fiestas una orquesta estaba para todos los días, había carrera pedestre donde ganaban un pollo. Iba a correr Sabino, siempre llegaba el último pero nunca se rendía “¡Hacer la carrera hasta que se cansen todos, que ganaré yo!”. Se corría en la era de Ferrer.

Había cinco tabernas donde se podía comer: casa Tabernero, casa Palillos, casa el Herrero, casa Atares y casa la Matilde. En casa Palillos hacía cine y baile, “Hizo una gran obra”.  También estaba el guarnicionero José Ripol, la tienda de ultramarinos de María la Tornera, que también era carnicería, y María la estanquera. Acudía La Fragatina a vender naranjas por trapos y hierros. A Lanaja se iba a vender patatas y se traían leñas.

En casa de Nati eran dos chicos y dos chicas, tenían vacas y vendían la leche para gasto de la casa, “En una lechereta le llevaba leche a una tía que vivía en la plaza”. En una de esas veces comenzaron a bombardear el pueblo y la tía la cogió en brazos y la llevó a la orilla de la acequia donde se refugiaron como pudieron. Albalatillo sufrió los bombardeos, principalmente por su cercanía al aeródromo republicano: “Había un castillo en la plaza que quedó totalmente destruido”. Muchas casas quedaron también destruidas. Nati iba a coser como modista, iba a una casa y allí les enseñaban a varias chicas.

Durante 10 años José ha trabajado en la Hispano Oliveti. Se casaron a los 22 años y a los 23 años se marcharon a vivir a Barcelona, donde estuvieron hasta los 33 años. En la Hispano Oliveti no dejaban que las mujeres trabajaran y pasaban por las casas para comprobarlo. Aunque primero estuvo en Fusta Fabra, donde estuvo reparando ascensores durante tres meses. En Barcelona también trabajó de pintor y fontanero, faenas que continuó a su vuelta a Albalatillo donde además trabajó de agricultor.

Volvieron al pueblo y en Albalatillo Pepe ha trabajado de todo. En casa de sus padres había cinco caballerías, en casa del Quin, y cuando volvió adquirieron un tractor: “Se cogía más grano que con las cinco caballerías”. Luego montó su propia empresa “Marcial” que trabajaba realizando obras de fontanería, albañilería y pintura.

Tenían vacas y una granja de conejos. Los conejos se los llevaban todos los martes, criaba 125 conejos cada semana. De 1945 a 1950 fue presidente del equipo de fútbol de Albalatillo. El cuarto año se quedaron segundos y el decimosegundo año quedaron campeones, pero no pudieron seguir ya que andaban faltos de recursos. A los jugadores les invitaban a merendar y Pepe gastaba de unos diez a doce conejos cada merienda: “Oye quios!, si queréis merendar a ganar”.

Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.

 

Brigadas Internacionales en Los Monegros


Voluntarios de más de cincuenta países, cerca de unos 60.000, acudieron a España para participar en la guerra civil española. De aquellos voluntarios, unos 15.000 fallecieron en su lucha contra el fascismo, un fascismo que comenzaba a amenazar Europa. De su paso por Los Monegros recogemos y recopilamos diferentes hechos en su reconocimiento y recuerdo.

La solidaridad médica

La solidaridad internacional no solamente fueron unidades militares, milicianos y milicianas que constituyeron las Brigadas Internacionales, sino también se materializó en una red de ayuda médica internacional. En los Monegros, gracias a la Unidad Británica de Auxilio Médico se instaló el hospital de Poleñino y el de Grañen: “El hospital de Grañén, instalado al comienzo de la contienda bélica, fue el primero de la ayuda sanitaria británica en España, de ahí el calificativo de “inglés”. Dependía del  SMAC (Spanish Medical Aid Committee) y se creó bajo los auspicios del Dr. Hyacinth Morgan (asesor médico del TUC, Trades Union Congress); junto a él Isabel Brown (líder comunista con experiencia en comités de este tipo, considerada La Pasionaria del movimiento de ayuda británico). El Hospital ingles de Grañen, Castiella Hernández J. Jesús.

Médicos, medicas, enfermeras, conductores de ambulancia… numerosos voluntarios sanitarios abandonaron sus vidas para venir a ayudar a la guerra civil española, una solidaridad y heroicidad que a muchos les costó la vida.

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Almas Vivas, de Editorial Milenio.

Significativo y excepcional es el testimonio y fondo fotográfico de Alec Wainman, un joven ingles que se alistó en la British Medical Unit (BMU) como conductor de ambulancias. Alec partió de Barcelona el 7 de septiembre de 1938 al frente de Aragón. Su primera parada fue en Sariñena, donde se quedó sorprendido por el “Porrón” una forma muy higiénica de beber vino del que escribió: “El novato casi invariablemente se atraganta al primer intento, y por tanto es siempre aconsejable practicar con vino blanco en vez de tinto para evitar unas manchas feas y reveladoras en la ropa”.

 Para instalar el primer hospital británico del frente de Aragón les asignaron una granja escuela en Grañen: “Para empezar, el corral estaba ocupado por un montón de estiércol de dos metros de alto”, relata Alec en sus memorias. Al líder anarquista local Pancho Villa le propusieron la retirada del estiércol “Se mostró sorprendido y comentó que siempre había estado allí”. La unidad la componían el Dr. Kenneth Sinclair Loutit, Rosita Davson, Mary Slater, Derry Atkinson, Margot Miller, Emmanuel Julius (Conductor de ambulancia) y cirujanos catalanes. Emmanuel Julius abandonó el BMU y se unió a los milicianos en el frente de Alcubierre, donde encontró la muerte.

Alec resalta la falta de comida y “el aceite rancio”, una vez trataron que les hirviesen unas mazorcas de maíz, pero no tuvieron éxito, “Gracias a los paquetes de comida que  mandaban desde casa sorteaban el hambre”. En el hospital, los primeros atendidos fueron enfermos en vez de heridos “La gonorrea era el principal enemigo”. Además, el interesante relato de Alec narra combates en la sierra de Alcubierre, la presencia de Brigadistas Internacionales de la Columna Thaelmann en Tardienta y su toma de la ermita de santa Quiteria, un bombardeo sobre Tardienta y un combate aéreo sobre Grañen.

Alec se permite rendir homenaje a las enfermeras inglesas Mary Slater, las Annie Murray, las Margaret Powell y las docenas de enfermeras inglesas “Que valían su peso en oro”. Almas vivas. La Guerra Civil Española en imágenes. Serge Alternês, Alec Wainman. Textos de Paul Preston, Josep Fontana, Juan Manuel Bonet, Ernest Alós y Teresa Ferré.

Entre sus fotografías aparecen milicianos y milicianas, voluntarios y voluntarias de los hospitales de Grañen y Poleñino (La Guerra Civil, vista por un cuáquero inglés, El País).  Entre aquellos retratos aparece Liesel Carrit, una miliciana que Alec describe: “Nació en Mottek, había huido de Alemania con su familia rumbo a Gran Bretaña. Su cuñado resultó malherido mientras conducía una ambulancia en Brunete, a resultas de lo cual murió”. Liesel Carrit  fue fotografiada en Grañen el 14 de septiembre de 1936 por Alec Wainman.

El testimonio de la enfermera australiana Agnes Hodgson también resulta excepcional, la mirada de una mujer y enfermera y sus vivencias en la guerra de España. Agnes Hodgson recogió en su diario sus memorias en los hospitales monegrinos de Grañén, Poleñino y Sariñena: “A una milla de Huesca, edición de Judith Keene y Víctor Pardo Lancina”.

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El papel de la mujer en las milicias, su participación en la lucha en primera línea de frente, nunca ha sido lo suficientemente visualizado. Es el caso de la miliciana catalana Elisa García Sáez, cuya figura y memoria cada día es más conocida y reconocida. El caso de las Brigadistas Internacionales no es una excepción, pero sin duda su estudio e investigación pueden aportar luz a su olvido.

 

Las Brigadas Internacionales y la batalla de Perdiguera

Georgette Kokoczinski (Georgette Léontine Roberte Augustine Kokoczinski) “La Mimosa” fue una miliciana anarquista de origen francés que en septiembre de 1936 vino a España a luchar en la guerra civil. Enrolada en el Grupo Internacional de la Columna Durruti, Georgette llegó al frente de Aragón donde se ocupó, junto con las militantes anarquistas alemanas Augusta Marx y Madeleine Gierth, de la enfermería y de la cantina (Georgette Kokoczinski La Mimosa).

La Mimosa

Georgette Kokoczinski murió el 17 de octubre de 1936 durante la batalla de Perdiguera, junto con otras enfermeras y decenas de voluntarios y activistas extranjeros y franceses, entre ellos Roger y Juliette Baudard, Yves Vitrac, Bernard Meller, Jean Delalai, Suzanne Girbe, Louis Recoulis, René Galissot, Jean Albertini, Jean Giralt, Raymond Bergé y Henri Delaruelle. Georgette fue capturada por las tropas franquistas, fusilada con otros compañeros y, según ciertos testigos, su cuerpo fue quemado en una granja. Según el testimonio de Antoine Giménez, habría sido capturada con Augusta Marx y ambas fueron evisceradas y, desnudas pero aún con vida, fueron lanzadas en primera línea del frente donde perdieron definitivamente la vida rematadas.

Georgette Kokoczinski escribió un diario durante su estancia en la Península, que fue encontrado después de su muerte y recopilado por Fortin; se conserva en el International Institute of Social History (IISH) de Amsterdam. En mayo de 1937, en su homenaje, un grupo francófono de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) del distrito barcelonés de Gracia, al que pertenecía Fortin, tomó el nombre de “Mimosa”.  

documentalismomemorialistayrepublicano.wordpress.com

Aquel 15 octubre de 1936, el Grupo Internacional de la Columna Durruti participó en la batalla de Perdiguera, donde las tropas republicanas trataron de tomar la localidad. Lo relata Isidro Benet en La batalla de Perdiguera un completísimo trabajo de investigación realizado por los “Los Guimenologues” Antoine Gimenez, Souvenirs de la guerre d´Espagne”. Isidro fue uno de los cuatro o cinco españoles que se integraron en el Grupo Internacional, compuesto por unos  150 milicianos y milicianas. Tras la llegada de tropas nacionales y ser superados, varios miembros del Grupo Internacional quedaron atrapados durante la retirada. Refugiados en un pajar, este fue quemado mientras los que trataron de huir fueron tiroteados. El articulo cuenta con valiosos relatos de Constantino Escuer y testimonios de su tío Mariano y Pepe Maestro de Perdiguera.

Imágenes facilitadas por Constantino Escuer.

“La batalla de Perdiguera es una de las más documentadas de la zona”, señala Constantino Escuer: Hubo muchos muertos del Grupo Internacional, y los franquistas también hicieron buena escarda entre los suyos a base de fusilamientos para escarmentar a futuros desertores o soldados que abandonaran su puesto.”

Telegrama de la batalla de Perdiguera. “Los Guimenologues”

Constantino Escuer: «Pues Mariano que testimonia recuerda haber visto a las dos milicianas detenidas, que eran llevadas andando rodeadas de soldados [paseadas por el pueblo ] y el cree que las llevaron a interrogar a la comandancia. En las varias ocasiones que ha nombrado este hecho, siempre ha hecho mención a que le parecieron dos mujeres muy hermosas y que llevaban correaje (me imagino que para llevar pistola). Lo que ocurrió con ellas, solo son suposiciones suyas, nada sabe de cierto, pero imagina que las volvieron a llevar delante del pajar y que las mataron allí delante, seguramente para demostrar a los ocupantes del pajar que nadie saldría con vida de allí. Asegura que nunca oyó hablar a nadie del hecho de que fueran destripadas ».

“Según La Revue Anarchiste, eran cuatro las mujeres que murieron este día en Perdiguer : Mimosa, Augusta y las dos francesas Juliette Baudart y Suzanne Girbe. Las mujeres prisioneras que tenían correaje pueden ser las milicianas Suzanne y Juliette pues Mimosa y Augusta eran enfermeras”.

“El militar ordenó que se pusieran todos a cantar el cara al sol”, pues la mujer (Suzanne Girbe) gritó “viva el comunismo !” y fueron fusilados todos.” Antonio Cugota.

Gimenologues.org

Grupo Internacional de la Columna Durruti

 El grupo internacional de la Columna Durruti, contaron varios cientos de luchadores: franceses (Centurie Sébastien Faure ); Alemanes, italianos, búlgaros, belgas, escandinavos, africanos y norteafricanos, norteamericanos, neozelandeses, asiáticos, … »

Grupo Internacional de la Columna Durruti

El Grupo Internacional de la Columna Durruti se creó en Barcelona en julio 1936, fue a partir de la celebración de las Olimpiadas Populares, unas olimpiadas en contraposición a las Olimpiadas de Berlín. Fueron muchos los militantes anarquistas que se unieron al Grupo Internacional, dividiéndose en dos grupos: los alemanes llevaron el nombre de Centuria Erich Müsham y los francés el de Sébastien-Faure. En septiembre de 1936 confluyeron conformando la 1ª Centuria del Grupo Internacional. Louis Berthomieu fue el delegado del Grupo Internacional de la Columna Durruti . Louis murió el 16 de octubre en la batalla de Perdiguera, siendo sustituido por Saíl Mohamed (1894-1953), uno de los primeros voluntarios extranjeros en unirse a la Columna Durruti.

El Grupo Internacional sufrió un gran número de bajas en la batalla de Perdiguera, como ya hemos comentado anteriormente. Antoine Giménez lo recogió en sus memorias “Del amor, la guerra y la revolución”, narrando hechos como los de la batalla de Perdiguera.

Antoine Giménez es el nombre que adopta en España el italiano Bruno Salvadori, desertor del ejército fascista del Duce, hombre de mil oficios entre lo que sobresale el de ganapán errante en una juventud que le llevó en varias ocasiones a pisar las cárceles italianas, francesas y españolas por su radical activismo ácrata. Llegó a España en las primeras semanas de la Guerra Civil y se enroló con el grupo de internacionales de la columna Durruti que combatió en Pina de Ebro, Quinto, Farlete y la Sierra de Alcubierre, si bien al igual que su correligionario suizo (Albert Minnig) abominó del proceso de militarización. Cuando abandonó España en 1939 lo hizo en compañía de una viuda de Peñalba, Antonia Mateo Clavel y su hija Pilar, con las que compartirá el resto de sus días afincados en Marsella.

Recuerdos de amor y de guerra. Sobre el libro de Antoine Giménez
Carlos Bravo Suárez

Brigadistas Internacionales en el frente de Tardienta

Golda Weid, del Partido Comunista Alemán, participó en la preparación de las Olimpiadas Populares de Barcelona de 1936. Golda estuvo en el frente de Tardienta donde, el 13 de agosto de 1936, contrajo matrimonio con Max Friedemann. Ambos formaron parte del Grupo Thälmann del que Max Friedemann fue comandante. “En septiembre (Golda) se fue al frente de Grañén en Aragón. Trabajó de agente de enlace para la administración municipal, de enfermera y de intérprete para una unidad sanitaria” (Las internacionalistas alemanas en lucha contra la guerra y el fascismo en España,1936-39  Ingrid Schiborowski y Anita Kochnowski, Coloquio Internacional de Paris Solidarias 1936-1939). En febrero de 1939, Golda y Max abandonaron España, en Francia pasaron por el campo de concentración de Gurs y tras su huida se unieron a la Resistencia francesa, en 1946 regresaron a Alemania.

En Tardienta también sucedió un episodio bélico que causó numerosas bajas al Grupo Internacional de la Columna Durruti:  “Una desastrosa batalla que hizo que casi la mitad de los 102 voluntarios internacionales murieran o resultaran heridos de gravedad”. En aquella batalla estuvo Helmut Kirschey (1913-2003) un anarquista Alemán que en febrero de 1937 se unió al Grupo Internacional “Nunca antes había tenido tanto miedo en mi vida, estaba tan asustado que me cagué en mis pantalones” (Grupo Internacional de la Columna Durruti).

En Tardienta fue constituida, en diciembre de 1937, la Compañía Botwin,perteneciente al Batallón Palafox de la XIII Brigada Internacional Dombrowski. La compañía nació en honor al líder comunista polaco Naftalí Botwin que fue condenado a muerte en 1925. La compañía estuvo formada por voluntarios, en su mayoría judíos, muchos de ellos polacos. (Botwin. Un homenaje a los judíos olvidados de las Brigadas Internacionales).

“¡Camaradas soldados! ¡Camaradas oficiales y comandantes de la Brigada Dombrowski! ¡Camaradas voluntarios judíos!

Hoy, 12 de diciembre de 1937, se ha añadido a nuestra gloriosa y gran familia antifascista, la Compañía Naftali Botwin. Desde nuestra llegada a las tierras de España, nuestra brigada, y todos nuestros voluntarios, hemos sido primero como Compañía, más tarde como un batallón y ahora como Brigada, una gran familia fraternal compuesta por todos los combatientes: polacos, alemanes, ucranianos, bielorusos, judíos, húngaros, españoles y muchos más.

Todos nosotros, antifascistas, sin distinción de nacionalidad o convicciones políticas, estamos firmes en nuestra convicción de luchar duramente contra el fascismo, el racismo y el antisemitismo; de esforzarnos por liberar al pueblo de España y a la humanidad de la bestialidad fascista y la esclavitud. Los antifascistas de todos los países os asisten en esta lucha por vuestra libertad y la nuestra. (…)

En Madrid, Guadalajara, Brunete y Zaragoza, allá donde nuestra brigada se encontrara, luchó siempre contra el enemigo mortal de la humanidad: el fascismo. Los voluntarios judíos siempre han estado en primera línea, dando ejemplo con su heroísmo y conciencia anti-fascista.

En honor al gran número e importancia de los voluntarios judíos de la Brigada Dombrowski, y para conmemorar a aquellos combatientes judíos que han caído por la libertad, hemos decidido que la Segunda Compañía del Batallón Palafox sea conocida como Compañía Judía Naftali Botwin.

Botwin es el nombre de un trabajador judío de Polonia quien sacrificó su vida en la lucha contra la reacción y el fascismo, luchando heroicamente y muriendo heroicamente, sentenciado a muerte por un tribunal fascista. Su nombre es un símbolo, y su vida un ejemplo, del esfuerzo de la población judía en busca de vuestra libertad y la nuestra, un símbolo de la solidaridad internacional y la hermandad entre las naciones”.

Las memorias de Francesc Roca Matamoros, Memòries de l´exili, en su Traslado a Albero Alto da cuenta de le presencia de la 13 Brigada Internacional cubriendo el frente de Tardienta a Almudevar. Francesc Roca narra que el día 20 de diciembre de 1937 recibieron la orden de salir para el frente de combate, para ir a relevar a la 13 Brigada Internacional, conocida como la Brigada Dombrowski.

La saga Ferrer

Lily Ferrer fue nieta de Francisco Ferrer, un pedagogo anarquista y librepensador Español que fue ejecutado tras los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona de julio de 1909 (Wikipedia). Lily nació en París en 1906, fue una militante anarquista y librepensadora que vino al frente de Aragón como miliciana sanitaria (Saga Ferrer Guardia), supuestamente integrada en el grupo Sebastián Faure: “Un contingente de anarquistas franceses y anarquistas italianos que integraban la Columna Durruti durante la Guerra Civil Española, nombrado así por el teórico anarquista francés Sébastien Faure” (Wikipedia). Lily volvió a Francia tras su paso por la guerra de España. 

“En un viejo monasterio cerca de Barcelona, actualmente transformado en guardería infantil, se encuentra la nieta de Francisco Ferrer [..] Esta mujer, regresó del frente de Zaragoza porque no ha sido capaz de soportar las escenas atroces que acontecen cada día en el campo de los rebeldes que maltratan a la población civil, asume actualmente las funciones de enfermera..”

(L`Humanité 29-8-1936, Saga Ferrer Guardia).

En el frente aragonés también estuvo el hermano de Lily Ferrer. Quico Ferrer nació en parís en 1907 (Saga Ferrer Guardia) y estuvo luchando en el frente de Huesca por el sector de Tardienta: “Esta noche se ha luchado fuerte en la Sierra de Alcubierre y en la ermita. [..] Esta victoria ha sido posible por una fusión de Mando de la División Carlos Marx y Ascaso” (Manuel Gutierrez Diario de un miliciano).

“El 2º grupo de franceses más numeroso combatiendo en las milicias fue el de la columna Ascaso, con 25 miembros, casi todos adscritos al batallón italiano, columna de anarquistas y republicanos que tomaron el nombre del socialista Giacomo Matteotti a mediados de agosto -luego Giustiza e Libertà-, y entraron en combate en la batalla de Monte Pelado, 28 agosto. También, Ferrer “.

Saga Ferrer Guardia

Quico resultó herido en la primavera de 1937 en el frente de Tardienta “Día 17, sábado [..] Se dice ahora que la Columna Ascaso es la que más hombres perdió en el ataque a la ermita y que la traición tuvo lugar en el campo de aviación de Sariñena [..] Dicen que delante de la ermita aún quedan compañeros heridos abandonados, en agonía monstruosa, gritando desesperadamente que los salven..” (Manuel Gutierrez Diario de un miliciano). Quico fue hospitalizado en Barcelona donde, a los pocos días, fue tiroteado por la calle por ser militante de la CNT (Saga Ferrer Guardia).

George Orwell

El archiconocido escritor y periodista británico George Orwell estuvo luchando en el frente de la sierra de Alcubierre, durante los meses de enero y febrero de 1937 integrado en las milicias del Partido de los Trabajadores de la Unificación Marxista (POUM). Sus vivencias quedan reflejadas en su obra Homenaje a Cataluña, que inspiró la película Tierra y Libertad de Ken Loach.

Georges Kopp fue el capitán de la milicia del POUM a la que perteneció Orwell. Natural de Rusia, Georges vino desde Bélgica, donde había vivido 25 años, como voluntario para luchar en el bando republicano. Georges fue comandante del 3er Regimiento, División Lenin, unidad de la milicia que perteneció al  POUM.

Tanto Orwell como Kopp sirvieron en la milicia del POUM sin pertenecer a las Brigadas Internacionales.

En el frente con George Orwell también estuvo Willian Krehm, escritor, periodista y activista político, uno de los 16.000 canadienses Brigadistas Internacionales que vinieron a luchar a la guerra de España. El poeta John Cornford (1915-1936) estuvo en la Sierra de Alcubierre, en la parte de Leciñena con una columna del POUM, con Manuel Grossi. Enfermo fue a Barcelona, regresó a Inglaterra y volvió al frente andaluz, muriendo de un balazo en una trinchera por Córdoba. Era de buena familia, británico y biznieto de Darwin (Alberto Lasheras).

En el frente de Huesca se llegaron a encontrar hasta 30 voluntarios británicos (Las Cartas del Batallón Británico. Nacho Blanes, Adrián Sánchez castillo y Paul Quinn). Muchos  se integraron en las milicias del POUM tras haber participado en las Olimpiadas Populares de Barcelona de 1936.

Otros Brigadistas en el frente de Los Monegros

El general republicano de origen polaco Karol Wacław Świerczewski, conocido como General Walter, ejerció en las Brigadas Internacionales. En octubre de 1936 asumió la Jefatura de la XIV Brigada Internacional en Albacete, sede del Cuartel General de las Brigadas Internacionales. El general Walter pasó por el frente de Aragón entre noviembre de 1937 hasta marzo de 1938, cuando avanzaba el bando nacional. Walter realizó fotografías entre las que aparecen unos desfiles en Torralba y Robres.

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Felicia Browne fue una artista inglesa que murió en el frente de Tardienta a los treinta y dos años, el 25 de agosto de 1936. Felicia fue alcanzada por un francotirador cuando acudía en auxilio de un compañero. “¡Soy militante del Partido Comunista Británico y puedo combatir como cualquier hombre!”, la Indomable Felicia Browne consiguió integrarse en las milicias y luchar activamente. Murió el 25 de agosto, un día después que Elisa García Sáez, miliciana herida en Tardienta días antes. Quizá Feliciana y Elisa se conociesen, quizá la dibujase. (Drawings and papers of Felicia Browne).

En los registros de defunciones del Hospital Militar de Sariñena aparece la defunción de tres Brigadistas Internacionales. Es el caso de Eugen Wayuer, perteneciente a la columna Thaelmann que falleció en el lugar de la estación de Sariñena el 24 de octubre de 1936 a consecuencia de “Luchando contra el fascismo”. El Batallón Thälmann estuvo integrado en las Brigadas Internacionales y acompañó a la columna Durruti en el frente de Aragón. Su nombre fue un homenaje al líder comunista alemán Ernst Thälmann. El 25 de julio de 1936 “Una nueva columna de 1.500 hombres organizada por el P.S.U.C., al mando del dirigente José del Barrio, que incluía a la Centuria alemana Thälman, la primera unidad extranjera que intervino en España, se dirigió a Sariñena y a la Sierra de Alcubierre y quedó incorporada a la de Durruti” (Manuel Gutierrez Diario de un miliciano).  Siptime Jacques, de veintisiete años, fue teniente de las brigadas internacionales mixtas 110 1ª Brigada 4ª compañía. Falleció en el Hospital militar de Sariñena el 6 de septiembre de 1937 a consecuencia de una herida de bala en el abdomen. Joao Amputo das Heresnatural de Sao Martinho (Portugal) falleció el 23 de octubre de 1936, a consecuencia de heridas por arma de fuego.

Los eremitorios de la sierra de Alcubierre

Por la sierra de Alcubierre existen una serie de eremitorios que pertenecen a una orden religiosa denominada Hermanitos de Jesús de Carlos de Foucauld,  una serie de cuevas excavadas en la vertiente de Farlete que son empleadas como cuevas-ermitas para el retiro espiritual. Su ubicación en la sierra de Alcubierre, según relata Juan Izuel, responde a un hermano de dicha comunidad que fue Brigadista Internacional durante la guerra civil. Aquel brigadista “Conocía a la perfección la Sierra de Alcubierre, donde el frente de Aragón se estabilizó durante casi dos años, y propuso este “desierto” de Los Monegros como alternativa al sahariano. Y aquí se vinieron los hermanitos” (Los eremitorios de Farlete, Juan izuel).

En recuerdo a todos aquellos hombres y mujeres que en su conciencia social y solidaridad acudieron a luchar contra el fascismo.

Si al combate marchamos con arrojo 

para España obtendremos libertad.

Morirán los fascismos sangrientos,

en España habrá ya felicidad;

morirán los fascismos sangrientos,

en España habrá ya felicidad.

María Alegre Peralta


Mucha gente se vio obligada a emigrar en busca de trabajo por distintas zonas de España, entre ellas Ángela Peralta Solanas, natural de Castelflorite, que trabajó sirviendo para una casa de Tarrasa y su marido Antonio Alegre Soldevila, natural de Belver de Cinca, que se dedicó a llevar una cuadra de vacas, a cuidarlas, arreglarlas, ordeñarlas…

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María Alegre Peralta

Fruto de aquel matrimonio nació en 1932 María Alegre Peralta, en Tarrasa, pero con el estallido de la guerra volvieron a Los Monegros, donde se alojaron en casa de los abuelos maternos de Castelflorite. “Dispues”, un amigo de su padre, un montañés, instaló una vaquería en Belver de Cinca y su familia se trasladó allí para trabajar en ella. También tenían tierras por Belver de Cinca, por los “Royeros” y el soto,  con un carro tirado por “bueys” acarreaban “alfalce” para las vacas.

En Belver de Cinca María fue a la escuela, pero como eran cinco hermanos tuvo que dejar la escuela para ayudar a su madre. “No vayas a la escuela que hoy no me encuentro bien”, Ángela sufría de males que le dejaban en cama muchos días. María quería ir a la escuela, le gustaba mucho, pero no tuvo más remedio que quedarse en casa a trabajar, ir a comprar, lavar, fregar, cuidar los animales de las cuadras…

Molían mucho, “enparece” que iba a moler a un molino que estaba “indo” por la carretera de Osso de Cinca, recuerda María. En el molino molían alfalfa, maíz, ordio… con lo molido hacían una pastura para las gallinas y los pollos. María se acuerda cuando iba a buscar a casa a los arrieros, su padre anotaba todo bien y lo controlaba todo.

“Vente, aquí se gana mucho más que en el pueblo”. María tenía una amiga que había ido a servir a Barcelona y le animó mucho a que también ella marchase. Así que María se animó y fue a servir a una casa de Tarrasa. Estuvo dos años, ella tendría unos 19 años y le tocó hacer de todo. A María le gustó mucho la vida en la ciudad: “Había un gran ambiente”.

A los dos años, María se volvió a Albalate. Su padre estaba de encargado en una vaquería, cercana a Albalate, en una finca donde había unas diez casas. Su padre tenía muy buena mano para el manejo de las vacas, mucha experiencia. Las trataba cuando estaban enfermas y cuando se hacían alguna herida les hacía “pegaos”. Recogía malvas por el campo, las hervía en agua, las trituraba y las espolvoreaba pimienta. Cuando ya lo tenía bien preparado, colocaba el preparado en un paño y lo aplicaba en la zona, lo ataba y lo aseguraba bien. Con aquel remedio las heridas de las vacas sanaban bien, las rozaduras, los granos…

En el baile conoció a quien fue su marido Joaquín Luna Hernández. María se casó con Joaquín en el mismo Albalate y se marcharon de viaje de novios a Barcelona durante un mes. María se casó de negro, con un traje que ella mismo hizo “La tela era muy bonita y tenía un brillo precioso”. Lo confecciono gracias a todo lo que había aprendido con la Paulina: coser, bordar…

El matrimonio se  asentó en Albalate, en casa de los suegros de María. Joaquín era labrador y llevaba las tierras, mientras María trabajaba en casa, iba a buscar almendras, a “escoronar” con un machete la remolacha… Se hacía en invierno, hacía mucho frío, María se llevaba un saco con algo de paja para ponerse de rodillas y amortiguar la dureza del suelo y el frío. Antes se recogía mucha remolacha que se llevaba a la azucarera de Monzón. Se sembraba más o menos en septiembre u octubre y si salían 2 o 3 en el mismo sitio había que clarecerla.

Joaquín realizó un curso para ser mayoral de pueblos de colonización, lo hizo en Gimenells. Al principio no lo llamaban hasta que al final le dieron como destino Mélida, un pueblo de Navarra. Estaban haciendo Rada y cuando lo acabaron fueron a vivir al pueblo. Estuvieron 10 años en Rada y allí nació su segunda hija y el hijo. Tuvieron tres hijos, dos chicas y un chico. Joaquín, como mayoral, se encargaba de controlar si iban bien los lotes, si lo trabajaban correctamente “Todo tenía que ser por escrito y luego el perito lo revisaba cada mes”, recuerda María.

Ellos no tenían lote pero si corral donde criaban animales y 1 o 2 tocinos que mataban cada año. María guarda muy buenos recuerdos “Allí salían muy buenas cosechas”. A los diez años volvieron a tierras oscenses, instalándose en el pueblo monegrino de Cantalobos donde Joaquín continuó ejerciendo de mayoral. El pueblo ya estaba construido, igual llevaban cinco años viviendo la gente. En Cantalobos han vivido más de 30 años y ahora los recuerdos de María nos han llevado a recorrer su historia, de esfuerzo  y trabajo.

Ahora tiene 86 años y goza de una excelente salud y memoria. Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.