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El Hospital Militar de Sariñena


sello hospital

Durante la guerra civil se instaló en Sariñena el hospital militar de referencia que atendía a los heridos del frente, especialmente de la sierra de Alcubierre y del cerco a Huesca. La casa solariega Penén-Paraled fue saqueada y requisada, alojando en sus dependencias el Hospital Militar de Sariñena.

A principio fue Hospital de las milicias del POUM para luego ser del ejército popular: el Hospital Militar de Sariñena – XI Cuerpo del Ejército.

El sello del Hospital Militar de Sariñena – XI Cuerpo de Ejercito – Administración aparece con la cruz de la Soberana y Militar Orden de San Juan de Jerusalén, de Rodas y Malta. Para el investigador monegrino Alberto Lasheras: “La cruz es un emblema con una gran carga de significado e historia desde el s.XII. Tiene un gran significado para el mundo cristiano y dado que la Orden realizaba actividades militares y hospitalarias, se ha ido utilizando como símbolo para identificar al personal militar y sanitario”. La cruz aparece envuelta entre ramas y con una corona mural con cuatro torres almenadas en la parte superior.

“Cada noche los comunistas del aeródromo que acogía la escuadrilla Alas Rojas tachaban las siglas del POUM de la fachada. Los del POUM, cada mañana las volvían a pintar.”

Manuel Grossi

Sariñena ocupó un lugar muy destacado en el frente de Aragón, punto neurálgico al que llegaban las tropas por ferrocarril desde Barcelona hacia el frente y al próximo aeródromo Alas Rojas. El aeródromo estableció su propia enfermería, bajo el mando del capitán médico Manuel Conde López, quien “estaba muy en contacto con el banco de sangre y hospital militar de Sariñena” (Alas Rojas Sariñena, Salvador Trallero). El hospital de Sariñena formó parte de los distintos hospitales del frente, especialmente de los hospitales de Grañen y Poleñino, además del hospital de evacuación del barrio de la Estación ferroviaria de Sariñena.

Interesándose por el paradero de un miliciano

El delegado político de la centuria 28 de la columna «19 de julio», destacada en un sector del frente aragonés, hace constar que se desea saber el paradero del miliciano Mario Garcés Bergés, herido el día 16 de agosto en Tardienta e ingresado en el Hospital de Sariñena.

Si está restablecido en esta fecha se solicita se incorpore a dicha centuria, por ser ésta la de las Cinco Villas (Zaragoza).

La vanguardia 22 de septiembre de 1936.

Entre los heridos que el Hospital Militar de Sariñena atendió, muchos fallecieron en el hospital y otros incluso llegaron ya cadáveres. Aquellos fallecidos que fueron inscritos en su respectiva “Acta de defunción” quedan recogidos en el trabajo de investigación: Hospital de Sariñena, fallecidos de guerra.

Los inicios del Hospital Militar de Sariñena.

Manuel Grossi, líder revolucionario al mando de la columna del Partido Obrero de Unificación Marxista POUM, llegó a Sariñena con la columna el 30 de julio de 1936. Grossi, en sus cartas, narra como las fuerzas del POUM dejaron organizado el hospital antes de su avance hacía el frente. El denominado “Hospital del POUM” llegó a ser un centro de los distintos hospitales de la zona, según Grossi. “Los médicos también pertenecían al POUM. Creo que ha sido uno de los centros hospitalarios más serios y mejor organizados que han existido en el Frente de Aragón en todo el período que ha durado la guerra”. 

En repetidas ocasiones, ha sufrido ataques nocturnos por parte del PSUC, y más concretamente venidos del Campo de Aviación, donde se encontraba como comisario general un tal Franco, que al caer la noche organizaba unas patrullas y se presentaba en el hospital con ademanes de fiera atemorizando al personal sanitario. 

Lo que resulta pintoresco es que el personal del hospital había pintado, con letras de un metro de altura el nombre del hospital, o sea HOSPITAL DEL POUM. Esto se relucía en los muros de la entrada. pues bien, cada noche los del Campo de Aviación (PSUC) se presentaban con escobas y pinturas y lo dejaban negro. Por la mañana los del POUM se las liaban y a la media hora las letras HOSPITAL DEL POUM volvían a quedar estampadas. Y… esto ha durado hasta que todo el resto de unidades del POUM se concentró en el sector de Huesca. Cierto que las letras desaparecieron, hasta el grueso de las ofensivas por parte del enemigo, y hasta que han sido reemplazadas las unidades de la 29 División, es decir, hasta que los del PC-PSUC, y la no menos participación de la CNT deshicieron nuestras milicias.

Manuel Grossi. Cartas de Grossi, Sariñena Editorial

En palabras de coronel Luis Alfonso Arcarazo, el Hospital de Sariñena correspondía a “Un hospital de campaña improvisado en julio de 1936 para prestar apoyo sanitario a las columnas milicianas llegadas desde Cataluña para controla la sublevación de las capitales aragonesas”. En la crónica de su intervención “El Hospital Militar de Sariñena (1936‐1938)”, en las jornadas “Sariñena en Guerra” y publicada en la revista “Suplemento Armas y Cuerpos” Arcarzo explica: “Se improvisó un hospital con algunas camas y un discreto quirófano, atendido por el personal sanitario de la población”. De aquella organización inicial se encargó el Consejo Municipal, hasta que el Comité de Milicias Antifascistas y el Comité de Guerra del Frente de Aragón, que radicaban en Barcelona, se hicieron cargo de la asistencia sanitaria de los combatientes desplegados en el Frente de Aragón. El hospital de Sariñena tuvo varias denominaciones en función de su dependencia. Con la militarización de las columnas y su dependencia de la Consellería de Sanitat i Asistencia Social pasó a denominarse Hospital Militar de las Milicias y del Ejército Republicano y desde junio de 1937 fue la Clínica Quirúrgica de  Sariñena. En aquel despliegue sanitario, fue imprescindible la llegada de sanitarios movilizados en la retaguardia catalana: cirujanos, traumatólogos, internistas, odontólogos, psiquiatras, practicantes o enfermeras. En otro punto el coronel Arcarazo explicó las dependencias que tenía el mencionado hospital, que incluía una máquina industrial para lavar y desparasitar la ropa de pacientes y soldados, ya que los parásitos era uno de los problemas que mortificaba a los combatientes en las trincheras”.

Un reportaje firmado por Manuel de Córdoba, en el periódico vespertino barcelonés “La Noche” y publicado el día 12 de septiembre de 1.936, detalla algunos aspectos interesantes. En su descripción del hospital va recorriendo los distintos departamentos: “Las enfermerías, el quirófano, las salas destinadas infecciosos, las dependencias auxiliares. Todo limpio, con pulcritud pregonera de una intervención femenina celosa del orden”. El artículo lo reproduce el historiador sariñenense Arturo Morera en la revista Quio nº75.

La ayuda y la biblioteca

Gracias al Socorro Rojo Internacional, por medio de donativos, se fue dotando de material a los hospitales del frente. También de material para las milicias que operaban en los diferentes sectores de guerra, de lo que da parte el diario La Vanguardia del miércoles 21 de octubre de 1936: “Los auxilios de retaguardia. Un camión de medicamentos y ropa para el frente aragonés”. Entre los muchos aprovisionamientos aparece “Los instrumentos de cirugía de los antifascistas de Perpiñán fueron repartidos entre los médicos de La Granja, Las Casas, Almuniente, Tardienta, Sariñena, Bujaraloz y Sástago”.

También existió un reparto de libros al frente y a los hospitales, estableciendo una biblioteca en el Hospital militar de Sariñena. En La Vanguardia de 19 de agosto de 1936 aparece el  reparto de libros a través de la Oficina de reparto mensual de libros. Por encargo del Comité Central de Milicias, Servicios Sanitarios, regentado por Javier Escoda, se efectuaron las siguientes remesas: “Hospital General de Cataluña, 130 obras; Hospital de Sangre de Tardienta, 20; ídem ídem de Bujaraloz, 20; ídem ídem de Sástago, 20; ídem ídem de Sariñena, 20; Clínica La Alianza, 120; Clínica de Barbastro, 15; Hospital Clínico, 118; Clínica Psiquiátrica, 30. Total, 493. Se espera recibir nuevas donaciones de libros destinados a los citados hospitales de sangre y casas de convalecencia”.

Libros para el frente y los Hospitales: La Agrupació d’Escriptors Catalaus, U.G.T., continúa activando la recogida y remesa de libros para el frente, hospitales de sangre y centros antifascistas, con la colaboración del Comité Sanitario, que tiene a su cuidado hace llegar los paquetes a su destino. Últimamente han sido repartidos los volúmenes siguientes: 1.200 libros a los hospitales de sangre de Angués, Siétamo, Puebla de Híjar, Bujalaroz y avanzadas del frente. 100 al hospital de sangre de Sariñena.

La Vanguardia, 22 de octubre de 1936

Además, en Sariñena se debieron realizar diferentes actos para recaudar fondos para el Hospital. Así aparece recogido por La Vanguardia, recogiendo la noticia con motivo de la visita del Coronel Villaba al frente de Alcubierre y luego a Sariñena “Allí se celebró una fiesta en el campo de aviación, en beneficio de los Hospitales de sangre. Hubo partido de fútbol, fiesta aérea y baile, y por la noche una velada artística en el teatro Romea. A todos estos actos asistió mucha gente de la localidad y alrededores (La vanguardia, martes 15 de septiembre de 1936)”.

El comité sanitario de guerra – Servicio de paquetes al frente

Ha regresado del frente la expedición organizadora del Servicio dirigido por el profesor Escoda. Se han montado oficinas de redistibución en Barbastro, Angües, Sariñena, Bujalaroz y Caspe, que ofrecen dar el máximo rendimiento.

La Vanguardia. 27 septiembre 1936.

El personal del Hospital Militar de Sariñena

El médico barcelonés Francesc Bergós i Ribalta estuvo al cargo del área sanitaria de Sariñena. Según el historiador Arturo Morera fue el encargado de organizar los puestos de socorro y curación en las columnas, así como los hospitales de Sariñena, Barbastro, Fraga y Caspe. Nombrado en 1936, por la Generalitat de Cataluña, como miembro del Consejo de sanidad de Guerra, se instaló en el frente de Aragón como jefe de los servicios sanitarios, dirigidos desde el Hospital Militar de Sariñena. Después de encargarse de la sanidad a la defensa civil, junto a Frederic Tarrida y Jaume Isern, ambos fueron destinados al área sanitaria de Sariñena (más tarde II cuerpo del ejercito). Francisco Bergós Ribalta fue designado, meses más tarde, jefe general de Defensa Civil, además “Con el grado de mayor de Sanidad Militar, organizó la evacuación de heridos en la retirada de Cataluña y después la sanidad del campo de Argelès” (Cos Militar de Sanitat). El historiador sariñenense Arturo morera cita a Bergós entre las muchas personalidades que estuvieron en sariñena durante la contienda:  “Médicos corno el creador de los hospitales de sangre, doctor Bergós, que tanto hizo por dotar con los mejores medios al hospital de Sariñena durante el dominio republicano” (La guerra del 36 en Sariñena. Revista Quio de Sariñena y Los Monegros nº 21″).

El sariñenense Daniel Millera Muro aparece como Administrador del Hospital y de Abastos, en la relación de individuos incursos en la ley de responsabilidades políticas. También aparece José Izco Martínez, miembro de UGT, como directivo del comité y administrador del Hospital.

En el Hospital Militar de Sariñena estuvo el Doctor Nogueras. Manuel de Córdova en “La Noche”, 12 de septiembre de 1936, escribió sobre Nogueras: “El doctor Isaac Nogueras fue a ocupar la dirección, desempeñando funciones dificilísimas; pero faltaba aún quien pudiera coordinar todos los trabajos, atender a los grandes y a los pequeños menesteres, escuchar a los peticionarios y enrolar a los que se ofrecían…”.  Isaac Nogueras Coronas fue un médico especialista en tisiología que creó dos sanatorios importantes en la provincia de Huesca. El primero, Boltaña, situado en un fértil valle, era adecuado para los enfermos que necesitaban un clima de mediana altura, y el de Pineta, en uno de los valles más pintorescos del Pirineo aragonés, hubiera podido muy bien competir, en cuanto a situación, aspecto y funcionamiento con los mejores de Suiza, ahora tan de moda. (Moises Broggí. Memóries d´un Cirurgiá). Al parecer, el doctor Nogueras venía de Barbastro donde había tenido problemas con el comité local, en Sariñena encontró protección gracias a la presencia de altos mandos que evitaron desmanes en la localidad. A pesar de ello, Nogueras estaba reclamado por el comité de Barbastro y, aunque estaba protegido, no se sentía seguro: “Más de una vez habían intentado capturarlo sin conseguirlo, gracias a la valiente y decidida oposición de la maestra y de otra gente de Sariñena” (Moises Broggí). Al final, el doctor Nogueras y su familia abandonaron Sariñena con Moises Broggí, solamente lo sabía la maestra y el capitán Conde de la guarnición. Una vez en Barcelona, Moises Broggí relata lo siguiente: “Nos despedimos con un fuerte abrazo, deseándonos mutuamente la mejor suerte. Me dijeron que lo tenían todo preparado para irse a Colombia” .

Aquella maestra fue Cristina Lana Villacampa, una joven comprometida que “presto servicios en el hospital rojo de esta villa, como directivo con gran entusiasmo” según las acusaciones franquistas tras la contienda. “A título de rumor intervino como dirigente en los saqueos de las casas del Sres. Torres y Castanera pudiéndose afirmar con certeza absoluta que tanto muebles como ropas que precisaron para el hospital de sangre rojo fueron sacados del establecimiento comercial de D. Joaquín Blasco Mirallas teniendo la certeza que todo ello era debido a sus indicaciones”. Joaquín Blasco Mirallas regentaba una tienda de muebles y tejidos que durante la guerra fue requisada, material que, en parte, debieron destinar para el Hospital. Joaquín Blasco Mirallas fue alcalde de Sariñena durante los primeros años de la dictadura. Además, el responsable de falange señaló sobre Cristina: “Algún tiempo administradora del Hospital Militar rojo, cargo que dejó voluntariamente al abrirse las escuelas para dedicarse a su profesión”. Manuel de Cordova quedó profundamente impresionado de Cristina Lana, llegando a reflejarlo claramente en su articulo sobre el frente de Aragón: “La maestra del pueblo es una aragonesa de temple, culta, cordial, humana y comprensiva. Sus nervios parecen de acero fìno. No conoce lo que es fatiga. Sus ojos -¡lindos ojos de aragonesa!- sonríen comprensivos. -No les daré mi nombre -nos dijo-, porque eso es lo de menor significación ahora. Lo que importa es que se percaten de la labor que nos  porque no habremos de desfallecer ahora que ya está hecho lo más importante. Vean, vean… Luego al despedirnos aún reiteró su negativa la maestrica. Conocedores de una de sus debilidades -las golosinas- apelamos a recursos heroicos para convencerla de que su resistencia suponía una puerilidad. No hubo medio, sin embargo de convencerla. Salimos del Hospital sin saber su nombre. La casualidad es a veces nuestra mejor auxiliar. Acertamos a pasar junto a unos chiquillos a quienes preguntamos: -¿Cómo se llama la maestra del pueblo?. Nos dijeron su nombre y no acertamos a recordarlo… – Los rapaces replicaron a coro:  – La maestra se llama Cristina Lana Villacampa – Una pitusa rubia, bonita como el sol, añadió: -¡Es más buena la maestra…!”.

En el diario de la enfermera australiana Agnes Hodgson (A una milla de Huesca, edición de Judith Keene y Víctor Pardo Lancina), aparece su testimonio con motivo de su visita al Hospital Militar de Sariñena. El 23 de marzo de 1937, Agnes se desplazó desde Poleñino a Sariñena con los dentistas Ramón y Moussons. Visitaron el hospital de Sariñena al que describe como “bastante grande, aunque el quirófano no está también como el nuestro”. En su diario anota que “el superintendente se ha quejado a Moussons de que los casos quirúrgicos que llegan aquí evacuados desde Vicién están, casi todos, infectados, mientras que los de Poleñino y Grañen evolucionan bien”. Otras citas, no directas con el hospital, señalan que el 24 de abril del mismo año, a las 11:30 solicitaron con urgencia, desde Sariñena, la ambulancia de Poleñino y el 21 de junio anotó el bombardeo sobre Sariñena, ocasionando daños en el aeródromo, “afortunadamente, los aviones no se encontraban allí, según cuentan”.

Reseñable es la presencia del  gran psiquiatra catalán Francesc Tosquelles Llauradó (Reus, 22 de agosto de 1912- Granges-sur-Lot, 25 de septiembre de 1994). Marxista republicano de sensibilidad libertaria, que ejerció como psiquiatra en el Hospital Militar de Sariñena, tratando en el mismo frente, “En estrecha colaboración con los médicos y cirujanos”, el miedo y la vivencia de la desestructuración de la guerra. Tosquelles es considerado el inventor de la “psicoterapia institucional” (Wikipedia), influyendo “poderosamente la pedagogía y la psiquiatría de la segunda mitad del siglo XX”. También actuó como ayudante de cirujano y médico generalista (Orígenes y fundamentos de la psiquiatría en España, Víctor Aparicio Basauri).

Otra figura muy destacable y a la vez olvidada es Tomás Tussó Temprado (Sariñena, 1892-Méjico, 1974), militante obrero de la CNT, ejerció la medicina dedicado a las clases populares. Durante la guerra civil  ocupó el cargo de regidor del Ayuntamiento de Barcelona, como consejero de higiene y sanidad. También fue miembro de la Federación Comunista Catalanobalear, del Bloque Obrer i Camperol y finalmente del POUM, en representación del cual fue regidor del Ayuntamiento de Barcelona. Acabada la guerra consiguió exiliarse a Marruecos y luego a México. Publicó algunos escritos en catalán “Necessitat d´una educació i d´una cultura obrera” en la revista L´Opinio y “Cal pendre posicions” en  L´Hora. Algunas fuentes lo citan exiliado en Francia, en la población de Lyon, departamento de Rhône (La maçoneria a l’exili: França, 1939. Josep Clara Resplandis).

Como estudiante, Jaume Planas Guasch fue enviado al frente como médico de batallón, en tren hasta Barbastro y luego al frente de Tardienta. Encontramos su testimonio en la “Memoria de la profesión “Consell de Col·legis de Metges de Catalunya”.Entrevista al doctor Jaume Planas Guasch hecha, por el doctor Francesc M. Domènec Torné y revisada por el doctor Lluís Daufí”. A pesar que se quería pasar al bando nacional, fue requerido para el Hospital de Sariñena. Al hospital habían ido a parar varios cirujanos del Servei d’Urgències de Barcelona y él fue reclamado por su condición de buen anestesista, estuvo durante 1937 y parte de 1938. También ejerció de cirujano operando al que denominó como “Cabecilla de Sariñena” y conocido como Pancho Villa: “Llevaba siempre dos o tres pistolas; era un tipo que vino herido con un vendaje y lo tuve que operar”. Jaume narra cómo al final hizo amistad con Pancho Villa, que éste salía con una chica que llamaban Petiforra y cuya hermana iba a hacer faenas al Hospital: “Les llevaba a todos de cabeza”. Jaume, además cita a Gonzalo Aguiló, un cirujano que fue destinado al hospital de Poleñino,  “Las ambulancias inglesas tenían una unidad que era el quirófano y una o dos que eran destinadas al personal: para dormir, para comer, para todo… Y esta gente iban con unos autobuses. El Aguiló estaba ayudando a las operaciones. Y cuando vino a Barcelona la ayuda inglesa, buscaron un cirujano e hicieron en Gonzalo Aguiló cabeza de la ambulancia inglesa”. Una vez en Poleñino, se escondió porque lo estaban buscando, su vida estaba en peligro. Gracias a la intervención de Pancho Villa, Aguiló fue destinado al Hospital de Sariñena para su seguridad.

Personal del Hospital de Sariñena, periódico Alas Rojas, nº 20 del 13 de febrero de 1937:

Miguel Villacampa
Angel Puyuelo
Jesús Acero
Lorenzo Mora
Pilar Cafareida
Agripino Fernández
Marina Lana
Jaime Isern
Jaime Vilaseca
Antonio Taverna
Salvador Casadellas
Manuel Gallego
Juan Moro
Domingo Pardo
Juan A. Escudero
José Buil
Antonio Zaragoza
Rafael Bellmunt
Julio Casabona
José M. Pano
Enrique Bretos
José Bretos
Pedro Cascales
Daniel Millera
Una antifascista
Manuel Escolá
Margarita Muro
Francisco Morén
Luis Marcó
Pedro M. Voltò
Rafael Manos
Nemesio Franco
José M. Gómez
José Oyos
Manuel Admelle
Mercedes Mur
Antonio Linares
Enrique Andreu
Pascual Rodríguez
Francisco Miró
Juan Llamas
Mercedes Morén
Elisa Martínez
Agustina Calvo
José Martínez
Gabino Geroma
Pilar Sesé
Mercedes Romerales
Fermín Orquín
Antonio Loste.
Una visita al frente aragonés

El Consejero-regidor de Gobernación del Ayuntamiento de Barcelona, don Hilario Salvador, acaba de realizar una visita al frente aragonés, de donde ha regresado entusiasmado y lleno de optimismo.

«Esta visita — comienza diciendo — la he realizado con el doctor Tusó, porque tenía como finalidad principal propagar entre los milicianos del frente las medidas profilácticas que son necesarias en los campamentos, (de un modo especial las que tienden a evitar que se presenten casos de tifus que, de propagarse entre los combatientes, pueden llegar a constituir un verdadero peligro.

Salimos el doctor Tusó y yo de Barcelona el martes último, a primera hora de la tarde,
marchando por Lérida directamente a la parte de Huesca para hacer noche en Sariñena, donde acampaba la columna que manda Jorge de Arquer, y pasando por Monzón.

Allí pudimos ya observar que los bravos milicianos guardan una inmejorable disciplina y que su organización es asombrosa por lo perfecta, llamando poderosamente nuestra atención el hecho de que sus componentes no son sólo hombres del trabajo manual, pues entre ellos hay un licenciado en Filosofía y Letras y un médico sueco que desempeña su cometido como tal médico, de un historial tan liberal, que además de haber participado en la gran guerra, fue también revolucionario en Rusia y ahora está con los amantes de las libertades de España.

La Vanguardia. 9 de agosto de 1936.

Otro altoaragonés que ocupó un cargo en el ayuntamiento de Barcelona fue Jesús Ulled Altemir, periodista y político oscense, que ejerció de teniente alcalde en 1931. Los hermanos de Jesús Ulled, Rafael Ulled (Sariñena, 1885 -Barcelona, 1937) y José Ulled (Sariñena, 1888-Barcelona, 1929) intervinieron muy activamente en la política catalana en las filas del Partido Republicano Radical de Lerroux. (Indagacions sobre llengua y literatura catalanes a l´Aragó, Hèctor Moret). Ver La saga Ulled Altemir.

En el Diario Oficial del Ministerio de Guerra aparecen diferentes nombramientos para Sariñena. Los primeros en el diario nº 19 (Valencia, 22 de enero de 1937), donde aparecen los nombramiento de los practicantes militares provisionales: Manuel Lacruz Espada, Jaime Duran Revira (27 julio 1936), Ramón Ortega Gómez (14 agosto 1936) C. Av. Saríñena (Campo Aviación)., Domingo Pardo Lacruz Hospital Sariñena (20 agosto 1936), Lorenzo Mora Buil Hospital Saríñena (20 agosto 1936) y Aurelio Gálvez Alberico Aeródromo Sariñena (25 agosto 1936). Como farmacéutico tercero provisional fue nombrado para ejercer en Sariñena a Juan Escudero (23 agosto 1936), Foz Casarramona,  Loste Bajardí (20 agosto de 1936) y Luis Marco Daks (19 octubre 1936). En el diario nº 212 (Valencia, 3 de septiembre de 1937) aparece el nombramiento de Domingo Pardo Lacruz para el Hospital Militar de Sariñena.

El sariñenense Manuel Lacruz Espada fue presidente del Casino de Sariñena y practicante del Hospital Militar de Sariñena, como auxiliar facultativo 2º y al parecer fue “Asimilado como teniente a los efectos de cobros”. Manuel fue acusado de ser administrador del Hospital Militar, hecho que negó. No huyó con la entrada de las tropas franquistas y continuó con su actividad en el hospital atendiendo a las tropas nacionales. En 1941, con 66 años de edad fue sentenciado a 2 años de inhabilitación y a 300 pesetas de multa (AHPHU_J_005622_002180). 

Antonio Loste Bardají, natural de Sariñena ejerció de farmacéutico y regentó la farmacia familiar. Su Expediente de Responsabilidades Políticas no le atribuye ninguna militancia, ni de partido ni ideológicamente. Aunque si se cita que mantuvo buenas relaciones con las autoridades durante la contienda, además de proteger a su hermana de quien tenía su tutela. Antonio fue encargado de la farmacia del Hospital Militar de Sariñena, pues la farmacia familiar, atendiendo a su expediente, fue incautada pasando a ser “Farmacia Militar del ejército rojo”.

Durante la guerra civil en la localidad de Sariñena ejerció la medicina Pedro Cascales Ballarín, médico de asistencia publico domiciliaria, que recibió acusaciones tras la guerra civil. La Jefatura Provincial de Sanidad solicitó a la villa de Sariñena informes políticos-sociales del doctor Pedro Cascales. También se investigó a Domingo Pardo Lacruz, practicante de Sariñena. Seguramente, ambos recibieron acusaciones por ejercer su profesión, en cumplimiento a su juramento Hipocrático de atender a todo herido o enfermo. Finalmente, quedaron libres de sospechas tras los informes políticos-sociales emitidos por las autoridades franquistas locales. Los dos profesionales siempre han contado con el respeto y el cariño de la población.

En las solicitudes de informes socio-políticos aparece Leopoldo Velazque Bosque, médico de asistencia pública domiciliaria que ejerció su profesión libre en Sariñena sobre el 18 de julio de 1936 (solicitud nº3970 de la jefatura provincial  de sanidad Teruel). También encontramos a Manuel Lacruz Espada, practicante de Sariñena de asistencia pública domiciliaria, y la matrona Jacoba Ainoza Ainoza.

En el frente

Ambulancia tiroteada por los facciosos

Sariñena, 17. Hoy, ha sido trasladada a esta población una ambulancia sanitaria tiroteada por los facciosos con verdadera saña. Hay en el techo los impactos de la metralla de un disparo de cañón que se hizo contra la misma y en uno de los costados más de veinte impactos.

Sanitarios prisioneros, de guerra

Sariñena, 17. Ayer, fueron hechos prisioneros once soldados de Sanidad de Guerra. Estaban en un corral de ganado situado en un monte a pocos kilómetros del pueblo de Tozos y muy cerca de Sariñena. Un destacamento leal se internó en campo enemigo y rodeó el corral, deteniendo a los once sanitarios, a un pastor y a un hijo de éste de once años. Los sanitarios estaban armados de fusiles y bombas de mano. Han hecho al mando interesantes manifestaciones.

La vanguardia, domingo 18 de abril de 1937.

Mario Angeloni. Abogado y político antifascista italiano, dirigente del Partido Republicano, había combatido en la Primera Guerra Mundial como oficial de Caballería, obteniendo en la batalla de Capporetto la Medalla de Plata al Valor Militar. Murió en el hospital de Sariñena de las heridas sufridas en la batalla de Monte Pelado.

Presencia italiana en la milicia española José María Blanco Núñez (Coord.)

http://www.antifascismoumbro.it/personaggi/angeloni-mario

El Hospital de Evacuación

En el barrio de la Estación de ferrocarril de Sariñena se instaló el Hospital de Evacuación, un centro desde el que se evacuaban heridos del frente a Barcelona. En el edificio, que había servido de Cuarto de Agentes del ferrocarril, aún pueden leerse las pintadas que aún lo identifican. “También había un tren hospital en uno de los muelles de la estación donde llevaban los heridos y los más graves los derivaban al hospital. Luis Porta se encargaba de llevar la ambulancia, iba a recoger al frente a los heridos para llevarlos al hospital, en una ocasión la ambulancia fue bombardeada y él se salvó, pero no los heridos que llevaba” José Porta Martín. El edificio continúa abandonado, reflejo de un barrio que gozó de gran actividad pero que ha ido decayendo profundamente. Durante la contienda tuvo un gran papel en la movilidad de tropas y conocido es el hecho de retirar milicianas del frente que ordenó Durruti, haciéndolas culpables de las relaciones sexuales que se producían en las filas a su cargo.

“Que recojan a las milicianas, sin dejar ni una; que las lleven a la estación de Sariñena y que las facturen a Barcelona en vagones precintados. ¿Lo oyes bien? ¡ Precintados!”

Yo fui secretario de Durruti, Memorias de un cura aragonés en las filas anarquistas.
Mosén Jesús Arnal

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Boletín oficial de la Brigada no.1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona 01/06/37

De Hospital a Auxilio Social

Al finalizar la guerra, en la casa Penén Paraled se instaló la casa del “Auxilio Social” y la sede de Falange. Años más tarde, la adquirió la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Aragón y Rioja, además ha albergado la biblioteca municipal, el sindicato de riegos, un comercio y un bar, actualmente es de titularidad privada. La enorme casa Penén-Paraled data del siglo XVIII, consta de tres plantas con una fachada clasicista de cuidada composición (SIPCA), junto a la iglesia parroquial constituye una seña de identidad patrimonial de Sariñena en el centro de la villa monegrina.

A la memoria de aquellos/as médicos/as, enfermeros/as y sanitarios/as, verdaderos héroes y heroínas de todas las malditas guerras.

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El molinero 4008


Al recuperar la memoria etnográfica de la villa de Sariñena aparecieron referencias sobre antiguos y desaparecidos molinos, retazos de nuestra historia que pasaron sin más, perdidos por los entresijos de la esquiva e inmaterial memoria. Pero cada detalle es capaz de reabrirnos una nueva ventana en el tiempo y destapar el arcón de recuerdos de la vieja cadiera monegrina.

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Ángel Ponz en la harinera de Sariñena.

La ventana la abrió Ángel Ponz Poderós buscando el antiguo molino de harina de Sariñena. Lo recordaba de su niñez, pasó muchos días de su infancia en el molino y, aunque estuviese en ruinas, esperaba reconocerlo.

Existía constancia de los desaparecidos molinos de aceite, uno por el camino de la residencia de la tercera edad, siguiendo la acequia del molino, y otro por donde ahora está el actual cine “el molino”, del que aún se conserva la enorme chimenea. Desafortunadamente, del molino de harina no teníamos referencia.

Al final, a raíz de los relatos de las vivencias de Manuel Olivan, surgió la huella del antiguo molino de harina de Sariñena, camino de los olivares hacia la estación de tren. (La guerra, sucesos)

“En uno de los bombardeos a Sariñena, Manuel se encontraba volviendo de recoger leña de romero del gallipuente, con su padre; leña para el molino de harina del camino de Los Olivares.” 

Ponz Minerva

Ángel Ponz esculpiendo a la diosa Minerva

Ángel Ponz ha vivido los últimos cincuenta años en Alemania, nació en Sádaba pero vino de joven a vivir a Sariñena. Su padre Antonio Ponz Beatove nació en 1900 en Tosos, donde  aprendió el oficio de molinero de la mano de sus padres Manuel y Jacoba, en el molino familiar. Pronto fue a trabajar de molinero a Sádaba, donde contrajo matrimonio con Adela Poderós. Luego vinieron a vivir a Sariñena y Antonio trabajó en el antiguo molino harinero. En el desaparecido molino, Ángel recuerda con ocho años ver cargar sacos de harina en los camiones.

Definitivamente, el molino se hallaba donde actualemente se encuentra la harinera de Sariñena, próxima a la estación ferroviaria. Ángel ha investigado y documentado la historia del antiguo molino, gracias a la ayuda de la Universidad de Zaragoza. Descubriendo también el esplendido tesoro patrimonial que constituye la actual harinera, un singular edificio construido en 1940 que deberíamos saber reconocer y conservar.

En Sariñena nacieron tres de los cinco hermanos de la familia Ponz-Poderós, vivieron en la calle Soldevila hasta que el avance de las tropas franquistas les obligó a huir a Monzón en marzo de 1938 y luego a Barcelona, cargando sus pertenencias en mulas. A pesar de no tener ninguna implicación política ni sindical, Antonio defendió la Republica contra el fascismo, participando en la Batalla del Ebro y en retirada fue destinado a Montjuich. Durante la estancia de la familia en Barcelona, Antonio se podía escapar a ver a los suyos “de vez en cuando recibían la visita del padre-soldado y ese día era un día de fiesta”.

Al finalizar la guerra la familia regresó a Sádaba, mientras que Antonio se retiró a Francia con su unidad militar. Permaneció en distintos campos de refugiados: Argelès, Le Vernet, Barcarés y Saint Cyprien.

Se alistó en la 116 Compañía de Trabajadores y, junto a sus compañeros, fue detenido por los alemanes en la primavera de1940. Fue trasladado primero al stalag VIII C y, en octubre, al XII D, desde donde escribió una última carta a su esposa Adela.

Tras la visita de la Gestapo, que identificó a los republicanos españoles, se formó un convoy que deportó unos 700 –entre los que se encontraba Antonio- hacia Mauthausen, en cuyo campo ingresaron el 25 de enero de 1941. A Antonio le adjudicaron la matrícula 4008 y unas semanas más tarde, el 8 de abril, fue trasladado a Gusen.

Ponz Beatove, Antonio

Antonio Ponz Beatove

El 8 de noviembre de 1941 se registró la muerte de Antonio Ponz Beatove, victima del fascismo en un campo de exterminio nazi. Su memoria y dignidad permanece en los recuerdos y en la historia, en el molino. Su memoria se materializa en la desaparecida rueda de molino y en la inadvertida harinera que tantas historias guarda.

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Escultura Santiago, Zaragoza. Ángel Ponz.

Ángel marchó con la primera inmigración a Alemania, y ahora ve cómo van llegando de nuevo. Ha trabajado la escultura de la piedra, especialmente del mármol, dejando su obra en varias restauraciones como en la catedral de Estrasburgo, los palacios de Mannheim, de Bruchhsal y de Schwetzingen, la iglesia jesuita de Mannheim y la imagen de santiago en la fachada de la parroquia de santiago de Zaragoza. Sin duda,  Ángel es un gran artista y escultor aragonés, ha trabajado la maestría de la piedra, hijo de molinero, fruto del sueño de quienes lucharon por un mundo mejor y acabaron muriendo entre los 186 peldaños de la maldita escalera de Mauthausem.

Ángel recuerda las corridas a los refugios durante la guerra civil y estar  presente en la plaza de la iglesia cuando tiraban de la soga para arrancar el retablo. Vivió su niñez en Sariñena y, sobretodo, los recuerdos permanecen en aquel viejo molino, en la memoria que no se resigna a desvanecerse en la soledad del olvido y vuelve a estar presente, a resurgir recordando y rindiendo sentido homenaje al molinero 4008.

Ponz proyecto Mauthausen

Proyecto escultura Mauthausen, Ángel Ponz.

Mientras me quede voz, hablaré de mis muertos.
Tan quietos, tan callados, tan molestos.
Mientras me quede voz, hablaré de sus sueños,
de todas las traiciones, de todos los silencios,
de sus huesos sin nombre, esperando el regreso.
De su entrega absoluta, de su dolor de invierno.
Mientras me quede voz, no han de callar mis muertos.

Marisa Peña

Zancarriana w

A la miliciana


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Uno de los muchos ratos descifrando la leyenda picada.

El 25 de agosto de 1936 murió Elisa García Saéz, miliciana antifascista que luchó en el frente de Aragón. En los últimos años ha habido un proceso de recuperación de su memoria, convirtiéndose en una figura que refleja la lucha feminista dentro de la revolución que supuso la república española. Recientemente Jordi Rabassa, en su magnifico artículo: Elisa García, la miliciana que todo el mundo olvidó, ha contextualizado y reivindicado la miliciana Elisa García en el papel que desempeñaron muchas mujeres en la lucha antifascista y por la libertad, antes y durante la Guerra Civil; un artículo de imprescindible lectura.

Elisa Garcia fue una miliciana, una luchadora contra el fascismo con las armas en la mano, con un compromiso y una formación militantes innegables.

…recordemos y reivindiquemos a Elisa García Sáez, una militante feminista y antifascista, pero trabajemos también para reconstruir, reformular y situar en un ámbito central de la historia las biografías de los miles de mujeres que, en este caso, vivieron desde diferentes posiciones la guerra civil, ya fuera en el frente o en la retaguardia. Sólo instalando sus biografías en el relato historiográfico hegemónico podremos reedificarlo sin discriminar a nadie, y así podrá ser completo.

Jordi Rabassa

Hoy, como siempre, su memoria sigue presente!.

– Mujer que te quieres libre

libre como el viento que quiere navegar

sin corset ni ajuar

siempre hay un destino por conquistar,

un sueño por el que luchar.

– Mujer que te quieres libre

con tu fusil partiendo al frente

donde la ilusión encontró la muerte

y el viento se detuvo ausente.

– Mujer sin amo ni patrón,

ni verdugo ni señor,

mujer que te quieres libre

mujer que te quieres.

– ¡Siempre antifascista y feminista!

que el aire que respiraste

es el viento que respiramos,

cuando el vendaval de la historia

se levanta portando tu memoria

que imborrable perdura

surcando los horizontes,

los mismos que contemplaste

soñando con ser libre,

¡luchando siendo libre!

Os Monegros

La guerra civil en la Cartuja de las Fuentes


Paseando por la Cartuja de las Fuentes, monasterio barroco aragonés de la comarca de Los monegros, se observan diferentes grabados en sus paredes, testigos escritos del paso de tropas en la Guerra Civil Española de 1936. Muchos milicianos escribieron su nombre y apellidos, aportando datos como la fecha y el cuerpo o regimiento al que pertenecían. El caso más conocido es el de Modesto Ramón, miliciano de Huesca y que perteneció al “Cuerpo de Tren de la 121 Brigada de la Columna Durruti”, firmado el 21 de noviembre de 1937. Su testimonio no significa la presencia de la columna de Durruti por el monasterio, pero si atestigua que pasó alguno de sus milicianos y, quizá, pudo estar el mismo Buenaventura Durruti.

También se puede leer la constancia de la Infantería “Cataluña, regimiento nº 1  03”, firmado por Miguel Vilamoro (¿Vilamorzo?) el veinte de diciembre de 1936. Además, por las paredes del monasterio, se encuentran diferentes testimonios que, con detenimiento y paciencia, pueden aportarnos valiosa información sobre su pasado durante la guerra civil. Pero no son las únicas marcas que encontramos en la cartuja, pues abundan firmas relativamente recientes, con tiza o labradas con algún tipo de punzón.

La cartuja de las Fuentes se encontraba cerca del frente de Aragón, en la sierra de Alcubierre, por lo que albergó primero tropas del bando republicano y en segundo lugar del bando sublevado.

En el monasterio, durante su uso como cuartel militar, cada capilla del claustrillo tenía una utilidad y sobre la entrada de algunas capillas aún se pueden leer los borrosos letreros: “Enfermería” (el lugar más frío y más apropiado para evitar infecciones y sanar), “Objetos requisados”, “Prohibida la entrada” o “2ª compañía”.

En la iglesia, encima de la puerta de acceso al claustrillo y la puerta de enfrente, aparece la referencia 2-G-22 que denomina al grupo de bombardeo 2-G-22. El grupo de bombardeo 2-G-22 estuvo dotado con bombarderos trimotores alemanes JU-52 y fueron pilotados por españoles al mando del coronel Gallarza, que operaban en un  aeródromo muy cercano a la  Cartuja, término municipal de Lanaja. En la relación de aeródromos de la guerra civil del Colectivo Republicano de Esuskal Herria aparece citado el de Lanaja. En sariñena se encontraba el aerodromo republicano de “Alas rojas”.

En “Las Batallas de Lanaja”, de Roberto Mateo Caballero, se cita que un avión con tripulación alemana chocó en 1938 con la torre de la iglesia de la Cartuja de las Fuentes, estrellándose en el desaparecido olivar junto al monasterio y resultando muertos los tripulantes del aeroplano. El accidente causo daños a la torre, que hoy en día presenta un chapitel muy deteriorado por los desperfectos causados por nidos de cigüeña.

                                                 * Fotografía de “Fotos y otras cosas”

Muchos daños se produjeron en el monasterio durante la guerra civil, pues se quemaron los maderos de las celdas de los cartujos y los escasos restos del mobiliario y del retablo, quemados para evitar el frío y poder cocinar, aunque solamente en un claustrillo se observa evidencia de haber hecho fuego sin haber provocado graves daños. Popularmente existe una falsa creencia sobre los visibles agujeros en los frescos de Fray Manuel Bayeu, no son orificios de balas sino, en realidad, agujeros de percheros y toalleros de cuando el monasterio fue, en un fallido (y desafortunado) intento, transformado en balneario.

La celda prioral albergó una cárcel cuando el monasterio pasó a manos del ejército sublevado. En sus paredes se puede leer el nombre y la fecha de milicianos presos, introduciéndose como “Camarada”. Según el blog de Carlos “Fotos y otras cosas” cree que la celda prioral fue utilizada como calabozo “para cumplir arrestos del personal propio, primero republicano y después de marzo de 1938, fascista”.

Un grafitti en una de las paredes del “calabozo” dice  “Gora Euskadi Askatuta”, parece actual, pero el Sr. Alberto Borrás, representante de la propiedad me aseguró que la inscripción pertenecía a la época de la Guerra Civil.

Fotos y otras cosas

Durante los primeros días del alzamiento militar se produjo el asesinato del administrador de casa Bastaras, familia propietaria del monasterio. El testimonio de lo sucedido aparece en el “Informe político social” a Francisco C. M. de Sariñena.

 “Según declaraciones de Mariano Grustán el informado salió con un grupo que salió de esta (Sariñena) a Lanaja con el fin de sostener el avance Nacional (en cuya ocasión cogieron a un falangista asesinándole un catalán que iba en el grupo, de cuyo sujeto nadie da datos). Manifestando, así mismo, que el informado acompañadote varias más fueron a la cartuja con el propósito de detener al señor administrador de Bastaras, al que no encontraron siendo detenido posteriormente por la escolta del comisario político del C. de aviación de esta villa y en octubre del 36 fue asesinado en el cementerio de esta villa por los mismos que los detuvieron”.

Francisco C. M. fue el encargado de las brigadas de trabajo de Sariñena (zona republicana), compuestas por detenidos  de derechas para realizar trabajos en el campo. Actuó de testigo favorable para algunos detenidos y mantuvo discrepancias con los dirigentes del comité. Hay testimonio que en el 36 votó a la derecha y ocultó en el monte a Bernardino Navarro, persona de derechas, que fue el director del Banco de Aragón de Soria.

Queda mucho por conocer sobre el episodio de la guerra civil en el monasterio, muchas historias que recuperar y mucho por investigar. El monasterio, como en muchos ámbitos, es una enciclopedia de los últimos 500 años: de arte barroco, de la saga familiar de los mejores pintores de España, de la guerra de la independencia, de la desamortización, de la guerra civil y de la posguerra, entre muchos temas. Quedan muchos capítulos por escribir y muchas historias que narrar.    

Publicau en Os Monegros el 17 de junio del 2014.

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Zancarriana w

La post guerra


* Prototipo de carro de combaste realizado en Barbastro que fue trasladado a Sariñena. Info: Foro Worldoftanks.

Conversaciones con Manuel Olivan Foj

Episodios de la memoria histórica de Sariñena, 3ª Parte.

Fue dura la guerra y fue dura la postguerra. Durante la dictadura, muchas mujeres de maridos republicanos encarcelados o muertos, para poder alimentar a sus hijos y sobrevivir, iban a recoger el carbón quemado que tiraba el tren en un terraplén de la vía. Aquel carbón aún servía y las mujeres acudían a recogerlo, les costaba llenar sacos que después debían de llevar hasta el pueblo, a más de tres kilómetros de distancia. Volvían negras, destrozadas por el peso y la distancia, y asustadas por no encontrarse con la guardia civil, quienes les quitaban el saco a las pobres mujeres, les hacían la vida imposible. Una cara más de la represión franquista. Manuel recuerda esconder los sacos en el carro cuando volvía con su padre de recoger leña, normalmente romeros, para el horno de pan. El saco lo vendían por unas tres pesetas, para aquellas mujeres tan represaliadas y humilladas era la única forma de sobrevivir.

A una mujer la iban a coger todos los domingos la guardia civil, la mujer de Manuel fue a coser para ellas. El padre estaba exiliado en Francia y el acalde les enviaba a la guardia civil todos los domingos, a ella y a sus hijas las llevaban al cuartel, ya no comían, y reiteradamente las interrogaban. Las marcaban, las sometían, las culpaban… la represión tuvo infinitas caras en la dictadura fascista de Franco.

En la postguerra existió el “Auxilio social”, unos comedores sociales para las personas que no tenían para comer. A muchos niños y niñas de republicanos cuando les tocaba la vez los mandaban de nuevo al final de la cola, a veces ni les daban comida. A los pobres niños los trataban con odio y desprecio, como basura, y simplemente eran sólo unos niños.

Manuel tuvo que ir a la escuela, recuerda que un día les hicieron rezar, solamente alguno sabía rezar, otros balbuceaban las oraciones y otros comenzaron a reír sin parar. A un amigo de Manuel, que no podía parar de reír, el cura le soltó un manotazo que le rompió las narices. Manuel salió en su defensa -si fuéramos hombres no te atreverías-  y el cura soltó un manotazo a Manuel, rompiéndole también las narices. Manuel escapó corriendo del cura, pero el fascismo se estaba instaurando, la represión y el adoctrinamiento debían de mantener el poder del régimen franquista.

Escuchar a Manuel es abrir la tapa del arcón de la memoria de la vieja cadiera sariñenense.  La historia siempre está presente, en el silencio es amarga y en su recuerdo está la verdad y la libertad, el conocimiento y la dignificación de quienes sufrieron  el fascismo. Queda mucho por contar, muchas historias que rescatar del olvido. Historias como la de “La Mala”, una mujer que al ver pasar los aviones nacionales exclamó -¡ojala os esnucarais, (desnucarais) que vais a matar a mis hijos!-, la escucharon los republicanos y la detuvieron, después de la guerra aún permaneció unos años en la cárcel. La cárcel de Sariñena se encontraba en la plaza de Mecin, donde estaba la casa de las monjas. Otra  mujer, la siñora Juana, con una trompeta llamó a la manifestación a las mujeres para manifestarse contra el secretario, fue detenida y fue un acto muy impactante llevado a cabo por una mujer.

Ha sido un gran honor escuchar, un placer recoger la memoria y una suerte de contar con Manuel. Persona de un enorme carácter afable y familiar, gracias Manuel por compartir tus recuerdos.

Publicau en Os Monegros el 25 de octubre del 2013.

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Zancarriana w

* 31 de Octubre del 2013

Repasando lo recopilado para la elaboración de los “Apuntes etnográficos de Sariñena”, me he encontrado la memoria a las mujeres carboneras de la post guerra.

“Recuerdan como iban mujeres a recoger el carbón quemado a las vías del tren. Al carbón quemado y muy seco se le decía cagacierros. Las mujeres pobres lo cogían para venderlo. A muchos maquinistas les daban pena aquellas mujeres y les tiraban alguna vez viguetas de carbón, se lo disputaban entre ellas.”

La guerra, sucesos


        * La laguna de Sariñena conlos pirineos al fondo.

Conversaciones con Manuel Olivan Foj

Episodios de la memoria histórica de Sariñena, 2ª Parte.

Las colectividades no funcionaron bien en Sariñena. Una colectividad ocupó las tierras de casa Castanera (casa Mirallas). La familia de Manuel no vendió sus mulas, las mantuvieron para trabajar sus tierras, otros labradores vendieron sus mulas a la colectividad. Faltaba mano de obra, dos quintas de jóvenes habían marchado a la guerra, más de 80 chicos perdieron su vida en la guerra. A los jornaleros les pagaban unas 10 pesetas, que para entonces estaba muy bien. Otros iban a trabajar al aeródromo de voluntarios, pero también les pagaban, la pista se hizo a mano, se amasaba la grava a mano. También muchas mujeres encontraron en el campo trabajo como cocineras. La presencia del campo de aviación aseguro la existencia de mucho orden por las calles de Sariñena, las continuas patrullas paraban pronto cualquier altercado. Había mucho militar, se hacía cine todos los días y en el salón de cine se hacían bailes, los soldados tenían dinero.

Un piloto del bando nacional, despegó del aeropuerto de Zaragoza para sobrevolar tras las líneas enemigas. Cometieron el error de partir sin repostar combustible, por lo que se quedó sin el combustible teniendo que aterrizar al lado de fuerzas republicanas. El piloto fue arrestado y trasladado al campo de aviación de Sariñena, lo presentaron ante el comandante Reyes del aeródromo “Alas rojas”.  El joven piloto fue interrogado por el comandante, para corroborar su versión se hizo entrar a varios pilotos del campo y ante  la sorpresa de todos se dio un fuerte abrazo con un antiguo compañero de la escuela de aviación de Madrid. A los pocos meses, fue cambiado por un piloto republicano preso por las tropas nacionales. Se escuchaban los bombardeos al campo de aviación y como contestaban con las ametralladoras.

Su hermano, Julián Olivan Foj marchó a Barbastro de donde partió al frente de Huesca. Las últimas noticias que tuvieron fue que estaba luchando en el frente de Teruel. Julián perteneció a la 28 división de Ascaso, 127 brigada 3er batallón 4ª compañía. Manuel se enteró que en la localidad de Sarrión, provincia de Teruel, se enfrentaron contra las tropas italianas. En la batalla quedaron atrapados por los tanques italianos y se libró un tremendo enfrentamiento de los milicianos, a cuerpo descubierto, contra los acorazados. Murieron muchos milicianos, ante una muerte segura se echaron encima de los tanques, disparaban por cualquier hueco, fue algo atroz, los tanques se tuvieron que retirar llenos de cadáveres por dentro, algunos republicanos lograron sobrevivir. Pronto tocaron a medianoche que el frente lo habían roto, las tropas nacionales avanzaban sin resistencia. Se formaron pequeños grupos de republicanos para enfrentarse a las tropas nacionales, para frenar su avance. Uno de aquellos hombres fue Miguel, “uno del pueblo de Sariñena”, quien contó a Manuel lo que le sucedió aquella noche.  Iban en la oscuridad, campo a través, hasta que llegaron a un barranco donde oyeron voces, se acercaron lentamente, intentando pillar desprevenidos al enemigo, pero pronto reconoció una voz familiar, era Julián Olivan, su amigo de Sariñena; después de saludarse y compartir la escasa información los grupos se despidieron. Fue la última vez que alguien vio a Julián con vida. Años más tarde, a Manuel, uno del pueblo le contó que un guardia de la prisión de Santoña había conocido a un tal Julián de Sariñena. Nunca más se ha sabido nada de él.

En uno de los bombardeos a Sariñena, Manuel se encontraba volviendo de recoger leña de romero del gallipuente, con su padre; leña para los del molino de harina del camino de  Los Olivares. Los del molino se criaban un tocino con los desperdicios, su cuñado era el molinero y fue voluntario en el campo de aviación. La leña la llevaban para la matacía. Pero pasado el puente del río y llegando ya al pueblo, sintieron el ruido de la aviación. Se acurrucaron al costado de una aguadera, que conduce el agua a las balsas. Manuel recuerda que en los días soleados y claros las bombas brillan, aquel día la vio brillar terriblemente esplendida en el cielo. –Papa, ya han tirado una bomba– y al momento sintieron una gran explosión muy cerca de donde estaban. Tenían una mula muy asustadiza que siempre tenían que atar para que no se espantase, pero esa vez ni se movió. El aeroplano volvió a pasar rasante, quizá lo que antes vio como objetivo enemigo lo distinguió claro, ellos se refugiaron en una paridera cercana de casa Torres. También cayó una bomba detrás de la iglesia, en casa de Barrieras, causando daños materiales.

El gran bombardeo fue atroz. Murieron algunas personas, casi todo el pueblo escapó a las masadas del campo. El zumbido, el estruendo y seguido la tierra temblaba;  por si se derrumbaba el tejado se colocaban los colchones encima. Manuel recuerda que estaban sin comida en el monte y tuvieron que ir con su padre al pueblo en busca de comida. Al llegar al puente sobre el Alcanadre se encontraron a las tropas republicanas preparando la retirada. El puente estaba preparado para ser dinamitado. Les dejaron pasar, les apartaron las ametralladoras,  los soldados abatidos reflejaban una dura derrota, algunos aún permanecían por el pueblo, replegándose y defendiendo unas posiciones ya perdidas. Por la calle de la avenida no podían subir, los escombros cortaban el paso, subieron por el camino de las torres, pero a la altura de las antiguas escuelas ya no pudieron pasar con el carro. La calles se encontraban llenas de enrona (escombros), pero consiguieron llegar hasta su casa y coger un saco de harina de unos 100 kilos que su padre llevo encima entre la enrona y los maderos que cubrían las calles. Manuel cargo en un roscadero un pequeño tociner(cerdito) y después cargaron algunos víveres que pudieron coger. Volviendo con el carro, éste se enrolló con unos cables de luz de un tendido caído, las mulas tuvieron que emplearse a fondo para vencer y romper los cables. Al pasar el puente, que dinamitaron en el último momento, huían los soldados republicanos en formación de dos líneas a cada lado de la calzada, en medio pasaban los camiones y vehículos con las ametralladoras, a ellos los dejaron ir en medio.  El abuelo de Manuel permaneció en el pueblo durante el bombardeo, sobrevivió de casualidad, la casa se derrumbó y tan sólo quedo el hueco donde permaneció, entre la puerta y la escalera de la casa; vio un poco de luz y esgarrapando (escarbando) pudo escapar. Un vecino murió por las ametralladoras, era Perifollos.

             Continuará…

Publicau en Os Monegros el 18 de octubre del 2013.

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Zancarriana w

Conversaciones con Manuel Olivan Foj


                    * Manuel Olivan Foj

Episodios de la memoria histórica de Sariñena, 1ª Parte.

Juegos interrumpidos por la guerra

Manuel Olivan Foj nació en Sariñena en el año 1927, ha trabajado como agricultor y ha sido militante del Partido Comunista. Conserva una esplendida memoria, la guerra civil la vivió con 9 años, pero hay episodios que los recuerda como si hubiesen sucedido ayer. Manuel refleja la mirada de una persona integra, honesta y de fuertes convicciones. Narra la historia con absoluto respeto, con sinceridad, con nostalgia de una juventud interrumpida por la guerra, hubo tragedia pero también tuvo su lugar la felicidad. Sirvan estas palabras como reconocimiento al ejemplo de tantas personas, como Manuel, que mantienen en su memoria el dolor que tanto se sufrió por una guerra que después instauró una terrible dictadura que oscureció los aires de libertad que soplaron en su juventud.

La familia de Manuel regentaba un horno de pan en la calle del muro (Ronda San Francisco), cerca de la plaza de la iglesia. Vivió la guerra mientras jugaba en la plaza con sus amigos, recuerda el trasiego de tropas, las fiestas, los bombardeos y varios hechos muy marcados en la historia de Sariñena. Recuerda como se llevaban al cura detenido, Manuel se encontraba jugando en la plaza. Al cura le habían ordenado en varias ocasiones que no debía celebrar misa, pero él contestaba mal, no reconocía la autoridad y a regañadientes cerraba la iglesia. Era un cura joven, al anterior lo querían mucho en el pueblo, Mosén Pedro murió antes de la guerra, era muy mayor. Un día, el joven cura, a la media hora de cerrar la iglesia por orden de ayuntamiento, la volvió a abrir para realizar misa. Cuando entró la comitiva del ayuntamiento le encontraron una pistola escondida, lo apresaron y se lo llevaron; más tarde, lo asesinaron en el cementerio.

En aquellos tiempos enterrar costaba mucho, el enterrador era mayor y las fosas las tenía que picar a mano. El cuerpo del joven cura lo quemaron, fue la solución más fácil. También quemaron los cuerpos de unos treinta falangistas que atraparon y fusilaron en la sierra de Alcubierre. Relatan que los cuerpos al quemarse parecían encogerse y el enterrador asustado vio como algún cadáver se sentaba, infundiendo un miedo desconocido para un hombre muy curtido en el oficio de enterrador.

Tras la guerra, el enterrador permaneció preso cuatro años, el pobre nunca se había significado, simplemente lo encerraron por ser enterrador. Antes de la guerra muchos zagales iban de rabadanes, a veces tan sólo por un trozo de pan al día. Cuando el enterrador contaba con once años acudía como rabadán a una finca de Moncalvo, en el lugar permanecían por periodos de unos quince días; así que tenía que ir al pueblo en busca de provisiones cada cierto tiempo. Una vez volvía con la burreta cargada de pan, patatas, judías, aceite… que el amo del ganau, el siñor Pedro Salavert les había proporcionado. Al pasar por unos corrales escachados cerca de la viña de Portera (a la salida del pueblo dirección Pallaruelo), le salió al paso un gitano -¿ande vas chiquer? ¡trae to p´aca!-, y le arrebató toda la comida. Entonce, el joven enterrador, agarró la vara de pastor (con la que cazaban alguna liebre) y lo pilló por detrás, arreándole un garrotazo que lo dejó muerto. Preocupado retornó al pueblo para contárselo al siñor Pedro, quién además era el alcalde, -¡siñor, siñor, lo he muerto!- . Quedaron en tirarlo al brazal de los Estopañales, nadie lo había visto, así que si lo escondía bien y nadie lo veía, de lo acontecido nadie se enteraría, y así ha sucedido durante años.

Cuando fueron a quemar todo lo de la iglesia ofrecieron la madera para el horno de la familia de Manuel. Su madre se negó rotundamente, aunque la tirasen al río. Para tirar el altar ataron una soga a un santo y una veintena de hombres se pusieron a tirar, el altar era tan fuerte que solamente se rompió el santo. Muchos zagales dejaron sus juegos para ver lo que hacían. Todo se quemó, todas la imágenes y altares de la iglesia.

Cuando se produjo el alzamiento militar, Luis el capitán de la Guardia Civil del puesto de Sariñena telefoneó a su hermano, el teniente coronel de la Guardia Civil de Huesca. El encargado de la telefonía de Sariñena, Mariano López Javierre, espió las conversaciones. Luis le contó a su hermano la situación en Sariñena, mala para los sublevados. Luis recibió la orden de bajar hasta Fraga e ir sublevando los cuarteles hasta Huesca, Luis le trasladó a su hermano que no había incidentes y que no querían exponer sus vidas. Pero era una orden y la tuvo que acatar, así que se montó en un coche junto a otros guardias civiles y se dirigieron hasta Monzón. Ahí les recibieron unos vecinos que montaban guardia, les dejaron pasar y les dijeron que realizaban una patrulla rutinaria. En Binefar también se encontraron a varios vecinos haciendo guardia, pero pronto se percataron que los estaban esperando y viéndose atrapados pensaron en disparar, pero sabían que no tenían escapatoria, además tenían familia y debían velar por ella. Al final dejaron marchar a todos menos al capitán Luis, lo encarcelaron en Barbastro y lo fusilaron al poco tiempo, en el mes de agosto.

 Al mando del cuartel de Sariñena se quedó un Brigada, pronto un comité de personas del ayuntamiento les hizo entregar las armas. El brigada tenía un hijo que marchó de voluntario a la columna de Durruti. Eran una familia numerosa y pidió al ayuntamiento sustento, se quedaba sin nada al dejar el puesto, así que lo contrató el ayuntamiento y se dedicó a supervisar y organizar las guardias que se hacían en el pueblo.

En Lanaja había varios obreros que se encontraban realizando las obras del canal de Los Monegros. Aquellos obreros supusieron para Lanaja una entrada de ideas sindicalistas, compartían conversaciones con las gentes del lugar cuando se tomaba un café o cuando se juntaban para tomar un chaterde vino. A unos dos o tres días de comenzar el alzamiento militar, dos sobrinos falangistas de una casa de Lanaja, subieron desde Zaragoza con dos camiones junto a unos 6 u 8 falangistas. Detuvieron a unos 16 trabajadores y sindicalistas del canal, los subieron a los camiones y comenzaron su regreso a Zaragoza. Los camiones se detuvieron en la plaza del pueblo de Alcubierre, donde antes existía un frontón. Ahí fueron rápidamente fusilados los 16 obreros, pues los falangistas sabían que dos camiones habían partido desde Sariñena para interceptarlos. Los falangistas no tuvieron tiempo de rematar los cuerpos, de dar el tiro de gracia y así, uno de los trabajadores, sobrevivió haciéndose pasar por muerto entre los cadáveres de sus compañeros.

       Continuará…

Publicau en Os Monegros el 11 de octubre del 2013.

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Zancarriana w

Homenaje a la miliciana


Homenaje a la miliciana

En este 14 de abril, día de la conmemoración de la proclamación de la segunda republica Española, nos hemos reunido para homenajear a la miliciana Elisa García Sáez. Elisa nació un 22 de septiembre de 1916 en Cataluña, en su juventud fue militante activa del sindicato UGT y a los 20 años no dudo en coger el fusil y partió al frente de Aragón en una columna de la CNT.

“Ella no aceptaba un papel no militar para las mujeres ya que entendía que tenían que combatir igual que los hombres y sólo correspondía a los cobardes rechazar la lucha armada.”

Murió el 24 de agosto de 1936, en el hospital republicano de Sariñena, debido a las heridas  causadas por un bombardeo días antes en  el frente de Tardienta.

“Elisa García Sáez, era una mujer comprometida con los valores de la libertad, de la clase trabajadora y la igualdad de la mujer”.

Fue enterrada en Sariñena y en la dictadura franquista su memoria fue arrebatada a golpe de martillo y cincel, de su lapida hoy en día no se pueden leer unas frases que un alcalde franquista de Sariñena mandó borrar. Pero hoy su memoria esta en nuestro corazones, la llevamos con nosotros, hoy Elisa García Sáez “estás muerta y no lo estás”, estás viva en la eternidad de la memoria de los hombres y mujeres libres, con la dignidad suficiente como para reconocer los valores por los que luchaste y que los que continuaremos luchando.

Recordamos las palabras que Elisa escribió en una carta a su madre: “no paséis pena por mí; procuraré que no me pase nada: pero por si casualidad me sucediera algo, pensad que otros como yo también habrán caído. Si yo supiera que dando mi vida se podría terminar con los asesinos de la clase trabajadora, gustosa la daría. Si os dijeran que la lucha no es propia de las mujeres, decid que el cumplimiento del deber revolucionario corresponde a toda persona  que no sea cobarde”.

Estás muerta y no lo estás.

En esta fría tumba

nuestros rojos corazones laten

y dan calor.

Estás muerta y no lo estás.

Con mis pies en el suelo

y el puño en alto

¡Igualdad y libertad!

Estás muerta y no lo estás.

Soñaste un mundo por el que luchar

tenemos un mundo por el que luchar

tu valentía es luz en nuestro camino

No lo estás y estás viva.

Presente por siempre:

 “Elisa García Sáez”

La democracia ha fracasado, es la dictadura de los mercados, de los especuladores, de los poderosos y los ricos, la dictadura del capitalismo. El pueblo ha de recuperar el poder, no reblar contra los poderes opresores. Por el feminismo, el antifranquismo, el antifascismo, por la libertad ¡Por siempre en nuestra memoria! ¡Viva la Republica!.

Publicau en “ Os Monegros el 14 de abrl del 2012.

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Zancarriana w

Renuncia a la dirección del C. de I. de la Guerra Civil de Robres


Renuncia a la dirección del C. de I. de la Guerra Civil de Robres

* Imagen: C.I. Guerra Civil en Aragón, Robres.

Víctor Pardo Lancina, escritor y periodista oscense, ha renunciado a la dirección del Centro de Interpretación de la Guerra Civil de Robres y a continuar con la actividad institucional relacionada con el proyecto “Patrimonio y Guerra Civil en Los Monegros”.

Las diferentes discrepancias con la comarca de Los Monegros, por el cierre temporal del centro de interpretación, las desavenencias con el alcalde de Robres por no aplicar la ley de memoria histórica y su participación en las últimas elecciones generales en la “izquierda de Aragón”, han desencadenado una animadversión hacia la persona de Víctor Pardo, especialmente por parte del presidente de la comarca de Los Monegros, que han motivado la decisión de su renuncia a la dirección del centro.

Con la ruptura unilateral de la comunicación, una postura antidemocrática, intolerable y deplorable,  se manifiesta el carácter sectario y déspota impropio de los representantes políticos de la comarca de Los Monegros. Tanto trabajo durante tantos años choca con la actitud, de los actuales dirigentes comarcales, de intentar callar la memoria y la verdad, asumiendo los valores del sistema fascista del franquismo de someter a los vencidos al silencio. Ante esta situación se ha producido la renuncia y el Centro de Interpretación de Robres y el programa de recuperación de la memoria corre un gran peligro de desaparición.

Desde estas líneas agradecemos el trabajo que ha realizado Víctor Pardo Lancina y le apoyamos en su honrosa y digna renuncia, demostrando que el valor personal y humano está por encima de las circunstancias.

Víctor Pardo ha querido concluir esta etapa despidiendose con la fresca ironía de un poema de José Agustín Goytisolo:

“Por mi mala cabeza”
“Por mi mala cabeza
yo me puse a escribir.
Otro, por mucho menos,
se hace guardia civil.

Por mi mala cabeza
creí en la libertad.
Otro respira incienso
las fiestas de guardar.

Por mi mala cabeza
contra el muro topé.
Otro levantó el muro
con los cuernos, tal vez.

Por mi mala cabeza
solo digo verdad.
Por mi mala cabeza
me descabezarán.”

¡Un saludo compañero!

Publicau en “ Os Monegros el 18 de enero del 2012.

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